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Revista viernes 119 29012016

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Lola Flores

Archivo

veinte aĂąos despuĂŠs

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Portal

Guatemala, viernes 29 de enero de 2016

Auro

Editorial A principios del siglo pasado, Miguel de Unamuno, el pensador español de la llamada Generación del 98 (“No soy fascista, no soy bolchevique, soy un solitario”), decía en una carta a Enrique Gómez Carrillo que aunque apreciaba mucho sus crónicas, consideraba superfluas sus frecuentes alusiones a conquistas y devaneos amorosos, pues a su juicio, la vida galante y sobre todo las luces parisinas, empobrecían el espíritu. Luego de haber leído las crónicas De Marsella a Tokyo, Unamuno le escribe a Gómez Carrillo: “Se lo he de decir claro, muy claro. Su prolongada residencia en París creo que es la peor educación para penetrar en almas de pueblos extraños. El cosmopolitismo -y el de París es pura mentira- es lo más opuesto a la universalización, así como el cultivo del exotismo literario y artístico, es un puro engaño (...) En ninguna parte es tan estrecho como en París el abrazo de la soberbia con la ignorancia.” Estas y otras referencias relacionadas con la atmósfera cultural que respiraba el llamado “Príncipe de los cronistas”, se encuentran consignadas en Mi vida con Enrique Gómez Carrillo, publicada por esta casa editora en 2008 y que reseñamos aquí. “A través de los comentarios íntimos de la autora nos enteramos de las razones por las que el escritor guatemalteco logró seducir al público español y francés de inicios del siglo pasado, tanto con su personalidad arrolladora, como con una escritura moderna y ágil”, anota la poeta Aída Toledo en la presentación de la obra. Quedan nuestros lectores invitados a la cita con uno de los modernistas guatemaltecos más destacados.

DIRECTORIO Director General: Héctor Salvatierra. Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo. Edición: Otoniel Martínez. Diseño Gráfico: Héctor Estrada, Scarlett Pérez y David Estrada. Asistencia editorial: Marco Sajquim Digitalización: Boris Molina. Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén. Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández.

Mi vida Góme ISBN:978-99939-60-03-6

n esta edición de carácter biográfico, la Tipografía Nacional presenta un documento de la escritora peruana Aurora Cáceres, sobre su experiencia amorosa y textual con el escritor guatemalteco. De acuerdo con quienes lo han leído, el libro tiene, entre otros méritos, el de ayudarnos a descifrar un carácter, permitiéndonos llegar hasta el alma del personaje estudiado. Y es que la autora que conociera y conviviera con Gómez Carrillo a principios del siglo XX, elabora con la técnica del diario y de las cartas, una semblanza del “Príncipe de los cronistas”, en donde se mezclan la pasión por el hombre y la admiración por el escritor. En los primeros encuentros, la autora, queriendo conocer el lugar donde aquel vivía en París, recibió de este, quién sabe si con afán disuasivo o galante, un artículo de Amado Nervo que describía el minimalismo de su refugio: “Gómez Carrillo pertenece ya a la Legión de Honor. Acaban de concederle ce petit bout de ruban rouge, que tanta significación tiene en Francia. Con este motivo, ayer, de paso por la rue Laffitte, subí a saludarlo a su alegre, luminoso y… poco amueblado tercer piso. -Mientras no pueda tener un mobiliario espléndido –me dijo- he resuelto no tener más que esto –y me mostraba un sofá, un escritorio, una cama, un lavabo y… una petaca de viaje. (…) Pero en cambio qué profusión de recuerdos en los muros, tapizados de retratos, de japonerías, de cartas postales y de grabados. (…) Y sobre todo, muchas mujeres de las que han vuelto loco a París. Cleo de Merode le dedica su carita oval y sus bandos modernistas; madame du Gast, sus pomposas y firmes epaules rosadas; Sara Bernhardt, su perfil judío; la Rejane, su busto elegante; la Otero, su asendereada beldad; Liane de Paugy su fisonomía discutiblemente literaria. (…) Gómez Carrillo ha divulgado en América y en España la belleza y el poder prestigioso de la moderna literatura francesa, ha sido un plenipotenciario intelectual de Francia ante América”.

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refugiados

formarán un equipo que desfilará en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río el 5 de agosto, con el objetivo de enviar al mundo un mensaje de esperanza.


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ora Cáceres:

Cuento 119

con Enrique ez Carrillo

El cooli de Calcuta

Fotos: Archivo y Willy Estrada

Del brazo de Gómez Carrillo, la escritora peruana Aurora Cáceres conoció el deslumbrante París nocturno de principios del siglo pasado.

Las cifras Archivo

2 mil

100 años tienen residuos de té que fueron hallados en China, lo que modifica las fechas de inicio del consumo de la bebida en el mundo, según Scientific Reports.

Archivo

Un buscador occidental llegó a Calcuta. En su país había recibido noticias de un elevado maestro espiritual llamado Baba Gitananda. Después de un agotador viaje en tren de Delhi a Calcuta, en cuanto abandonó la abigarrada estación de la ciudad, se dirigió a un cooli para preguntarle sobre Baba Gitananda. El cooli nunca había oído hablar de este hombre. El occidental preguntó a otros coolíes, pero tampoco habían escuchado nunca ese nombre. Por fortuna, y finalmente, un cooli, al ser inquirido, le contestó: --Sí, señor, conozco al maestro espiritual por el que preguntáis. El extranjero contempló al cooli. Era un hombre muy sencillo, de edad avanzada y aspecto de pordiosero. --¿Estás seguro de que conoces a Baba Gitananda? -preguntó, insistiendo. --Sí, lo conozco bien -repuso el cooli. --Entonces, llévame hasta él. El buscador occidental se acomodó en el carrito y el cooli comenzó a tirar del mismo. Mientras era transportado por las atestadas calles de la ciudad, el extranjero se decía para sus adentros: “Este pobre hombre no tiene aspecto de conocer a ningún maestro espiritual y mucho menos a Baba Gitananda. Ya veremos dónde termina por llevarme”. Después de un largo trayecto, el cooli se detuvo en una callejuela tan estrecha por la que apenas podía casi pasar el carrito. Jadeante por el esfuerzo y con voz entrecortada, dijo: --Señor, voy a mirar dentro de la casa. Entrad en unos instantes. El occidental estaba realmente sorprendido. ¿Le habría conducido hasta allí para robarle o, aún peor, incluso para que tal vez le golpearan o quitaran la vida? Era en verdad una callejuela inmunda. ¿Cómo iba a vivir allí Baba Gitananda ni ningún mentor espiritual? Vaciló e incluso pensó en huir. Pero, recurriendo a todo su coraje, se decidió a bajar del carrito y entrar en la casa por la que había penetrado el cooli. Tenía miedo, pero trataba de sobreponerse. Atravesó un pasillo que desembocaba en una sala que estaba en semipenumbra y donde olía a sándalo. Al fondo de la misma, vio la silueta de un hombre en meditación profunda. Lentamente se fue aproximando al yogui, sentado en posición de loto sobre una piel de antílope y en actitud de meditación. !Cuál no sería su sorpresa al comprobar que aquel hombre era el cooli que le había conducido hasta allí! A pesar de la escasa luz de la estancia, el occidental pudo ver los ojos amorosos y calmos del cooli, y contemplar el lento movimiento de sus labios al decir: --Yo soy Baba Gitananda. Aquí me tienes, amigo mío. Anónimo de la India

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Abecedario

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Francisco Prieto* l ser humano es un compuesto de razón y sentimiento, pero la modernidad ha llevado a la radical racionalización de la existencia. La represión de las inclinaciones humanas y de la sensibilidad, hasta el punto de poner en duda que sean naturales, es el mal que sucede al hombre cuando asume que todo está, en principio, permitido si su inteligencia le basta para contravenir las leyes y los poderes. En Occidente, el Führer, el Duce -hasta el general Franco con todo y su mentalidad ultrapragmática, estampó su rostro en las monedas y los timbres fiscales proclamándose caudillo por la gracia de Dios-, Stalin, Fidel Castro con aquello de que la revolución es inmortal, Pol Pot, Chávez que se vuelve pajarito y como un espíritu santo tropical le sopla mensajes al caudillo Maduro… Cómo olvidar la sacralización de Eva Perón en el edificio del senado argentino, del sarcófago en el que fue, ya embalsamada, conducida al camposanto. Sin embargo, si bien no pocas gentes del pueblo llano eran atrapadas en la ola de la adoración, la mayoría de las personas del común conservaban el buen sentido aparte de no pensar ni por asomo que lo merecían todo, que su destino podía ser el que se atribuía a los poderosos.

Vanas ilusiones

Las cosas, empero, han cambiado. En la medida en que la idea y la vivencia de Dios abandona a los seres humanos, más y más se entregan a ilusiones vanas: vencer el envejecimiento, imaginar que el hombre ha conquistado otros planetas en los que se podrá hacer la América, que nuevos medicamentos derrotarán al cáncer, a la cirrosis, a la hepatitis B, que corazones artificiales reemplazarán a uno demasiado usado. Los intelectuales, por su parte, proclaman que pronto terminará la historia y quedaremos instalados en un presente sempiterno. Así los hombres y las mujeres conoceríamos una renovación genética y dejaríamos de odiar, de asesinar: habríamos alcanzado la paz perpetua. Uno no puede dejar de exclamar: “¡Qué inocencia!” Sucede que vivir en el presente perenne es propio de la vida animal. En el humano equivale a negar la libertad, el proceso de autodeterminaciones sucesivas, vivir como si cada quien fuera el primer hombre y la primera mujer. Vivir, entonces, sin pasado y sin porvenir. Claro que alguien tiene que dirigir el tinglado, los que acapararían la plusvalía, los que dispondrían de los avances médicos para retardar o suprimir, si llegare el caso, el envejecimiento, de una alimentación variada, de una educación esmeradísima que les llevara a encontrar una y mil satisfacciones más o menos renovables en la contemplación y el gozo de las diversas artes, el erotismo y aun la meditación para domesticar el yo y en la ataraxia renovar energías. Desde las cúpulas se vigilaría que los seres humanos no se reprodujesen sino lo estrictamente necesario: no deben contribuir a agotar el agua ni las reservas de animales para la nutrición destinadas a la satisfacción de las élites. Ahora serían profilácticamente liquidados. Para la reproducción de los poderosos, estaría hecho el cálculo de hijos por pareja y sirvientes que amamantaran, educasen física e intelectualmente, estos últimos prisioneros en sus mansiones para que el saber no se pudiera

Del super hombre a Superman


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de la existencia y en la añoranza de algo que estaba olvidado: la muerte, de ser posible, sin pasar por la enfermedad. Los hombres se lanzarían, entonces, a la guerra en fervor de santidad. Cobrarían conciencia de no poder ni saber vivir en paz. Algunos, ciertamente muy pocos, es posible que mirasen hacia los extraños reductos, aún llamados por unos pocos monasterios, donde unos seres extraños vivían, al parecer, felizmente en el presente, sujetos todavía a la enfermedad, a la muerte, y observarían, acaso, que en el momento final cantaban dichosamente porque la eternidad que parasitaban se haría, muy pronto, realidad. Dejemos en suspense el desenlace de ese escenario inventado. Seamos realistas y pongámonos en el aquí y el ahora. Los seres humanos han venido desterrando a Dios de sus vidas. También y desde antes, olvidaron al Diablo y, sin embargo, el mal persistía y buscaban, cada quien desde su campo de trabajo, una explicación.

Vida para unos pocos

expandir. Y así hasta vencer a la muerte, cuando ya no sería necesaria la reproducción: seres, en efecto, a perpetuidad. Recuerden la humorada que pone Gracián en El Criticón: “Ay vida, no debías empezar, pero ya que empezaste, no debías terminar”. Yuval Harari, científico israelí, dice a José Gordon, escritor mexicano: “estamos en el umbral de otro gran cambio relacionado con la posibilidad de diseñar la vida misma, intervenir en ella de maneras consideradas impensables hace tan sólo unos años”. Impedidas de hacer la guerra, porque supondría el fin del paraíso, las inteligencias mismas empezarían a entrar en un periodo de esclerosis avanzada. Tal vez en un momento dado se anunciaría una amenaza en un planeta que había resuelto un siglo atrás el problema del agotamiento de recursos naturales y del exceso de población en la Tierra. La guerra daría estímulos para seguir viviendo porque se empezaba ya a estar harto

El asunto es terrible para la mayoría de los hombres, aquellos que son mayoría y no pertenecen a los pocos afortunados: sentirse y saberse soberano y comprobar que su vida no interesa, ni siquiera a quienes viven cerca, saberse, por tanto, perfectamente prescindible. Todo en torno suyo anuncia la vida para unos pocos. Es el reino de las existencias indiferenciadas como en el mundo animal. Así como los seres humanos juegan hoy a la bolsa porque se aburren, y rinden tributo a la fecundidad del dinero y a la extensión de dominio -también porque se aburren-, en la sociedad considerada perfecta, trasladada desde la Tierra a Marte y a alguna luna de Júpiter, tornarían a la guerra para sacudirse la modorra. En fin, tanto inventar para retornar a algo peor que lo que se había dejado atrás. Luis Buñuel hace decir a un personaje un tanto fantasmal de su película La Vía Láctea: “El miedo a la ciencia y el horror de la tecnología harán por hacerme aceptar la idea absurda de Dios”. En lenguaje simple: cuando no había inodoros nadie los podía extrañar ni los necesitaba, no estaban en la perspectiva humana. Su invención los volvió una necesidad y no tenerlos es algo impensable. A medida en que la tecnología hace la vida más agradable y el trabajo más productivo y eficiente va, progresivamente, dando lugar a la divinidad del progreso, del confort, de placeres diversos y entonces la muerte se vuelve algo que es necesario olvidar, una afrenta hecha al hombre. Y cuando los hombres ensoberbecidos, decretan la muerte de Dios ya ni siquiera hay afrenta ni rebelión, sino la necesidad de terminar con la muerte misma. Y una vez vencida la muerte, quién sabe cuánto tiempo después, algunos seres excepcionales concienciarían la tristeza sin fondo de la orfandad. No tener contra quién rebelarse, no tener a quién dar gracias, prisionero de un sí mismo que ha agotado todas las posibilidades de dar color a la vida, que quedó erradicado de eso que los hombres y mujeres de hoy en día llamamos todavía amor. Amar es un deslumbramiento ante la belleza de un ser que invita a la total entrega, un sentimiento que aparece cuando el otro nos descubre

nuestros límites que son, precisamente, los que nos han ligado a él, algo imposible de construirse si no es desde la oscura raíz del grito, o sea, desde la contingencia, las renuncias, el dolor. Con un profundo agradecimiento los amantes, curados de la soledad particular al haber creado una soledad compartida, reproducen la vida y van dando forma a una existencia en su camino hacia la muerte. Será necesario que cada cual ponga las bases para desarrollar su auténtico quehacer, el de cada quien como persona, el de esa otra persona que es, en esencia, un matrimonio. En resumen: si no hay qué agradecer, si no hay contra quién protestar, a quién maldecir o a quién encomendarse, si no hubiere, por otra parte, un fin que mueva a la acción y al moldeamiento del ser en función de una axiología determinada, estamos ante el final de la humanidad. Y, tal vez, sea el inicio de ese camino el que, sin darnos cuenta, hemos comenzado a diseñar. Finalmente, si algo sería imprescindible a las minorías multinacionales de ese hipotético pero no imposible futuro sería la generación de esclavos. Los robots o los cyborgs, los engendros que se anuncian, o sea, una especie de mestizaje de ser humano y máquina, no parece que puedan llegar a tener conciencia de culpa, aunque sí de errores. Los errores significarían alejamiento de los fines para los que fueron creados y programados.

El sentido de culpa

Lo que humaniza a los hombres y a las mujeres, aun a los niños, es el sentido de culpa. Desde la culpa se da el impulso a la Trascendencia. Una de las características comunes a los animales es la carencia de sentido de culpa. El animal porque no es libre es, en esencia, inocente. Si observamos con atención el comportamiento humano en lo que va de este siglo XXI, podemos reparar en que el hedonismo y el relativismo moral preponderantes van de la mano con el ocultamiento sistemático de la muerte, el sinsentido del sacrificio, la ligereza en las producciones literarias y cinematográficas, prácticas religiosas fincadas en el objetivo de evitar el dolor, de desconcienciarse en la negación del yo. Veamos todo esto desde la raíz: la cuestión de fondo es la radical racionalización de la existencia. He aquí algo contra natura habida cuenta de que el ser humano es un compuesto de razón y sentimiento. La pura racionalidad y el asesinato de las inclinaciones naturales hasta el punto de poner en duda de que lo sean es, a juicio mío, el mal que sucede al hombre cuando asume que todo está, en principio, permitido si es lo bastante listo como para burlar los poderes establecidos. Cuando rige la pura racionalidad se duda de todo; el ser humano va, progresivamente, despojándose de toda forma de autocontrol en función de valores superiores. Lo que por siglos era espontáneo ha dejado, de pronto, de serlo: tener hijos; velar por los padres; considerar la vida humana en el ámbito de lo sagrado y, por lo mismo, no considerar el aborto una posibilidad deseable ni el suicidio y la eutanasia como alternativas ante situaciones de vulnerabilidad; sacrificarse por el bien de nuestros próximos, algo que, por cierto, exige una buena convivencia, de ahí que se atente contra ella evitándola en la medida de lo posible

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iernes en una especie de combate a la cotidianidad (el súper héroe no tiene vida cotidiana). Así, cada vez más los hombres y las mujeres del común que se asumen como espectadores; son, en esencia, espectadores de la vida que han desertado de esta, y ello ante la imposibilidad de ocupar un rol de preponderancia en sociedad. La sociedad del espectáculo lo permite a precios accesibles: deportes en los estadios y a través de la televisión y de Internet, películas a placer, conciertos de todo tipo y por todas las vías, hasta en el auto, sexo virtual, ejercicio en casa y con accesorios para mantenerse en forma, todo, en fin, invita a la alienación, a vivir fuera de sí hasta perder la posibilidad misma de poseer un yo diferenciado. Más y más los hombres y las mujeres, como los animales y los niños, dependen de estímulos exteriores porque han matado los que surgen del interior; con la desaparición paulatina del medio rural y semirrural se fue desvaneciendo lo que permanecía de vínculos comunitarios y de conservación de valores de solidaridad: conciencia de origen y de destino. Nada que ver, por otra parte, estos hombres de hoy con la muerte de Dios y el súper hombre de Nietzsche. Aquí campea la voluntad de poder, una lucha despiadada consigo mismo, una penetración en el mundo circundante, un nihilismo aliado con una extraña luminosidad que es un llamado a la acción para destruir toda vulgaridad; en todo caso, un sacudimiento de las conciencias cansadas ajeno a toda esperanza, de ahí el trasfondo nihilista. Nietzsche vivió antes que Barrès, D’Annunzio, Spengler, Unamuno y Buñuel, todos, sin embargo, compartiendo una sensibilidad herida, un desencanto que era necesario remontar. Nietzsche fue el contestatario absoluto, de ahí ese llamado al súper hombre y de ahí que no pueda establecerse relación alguna con los conformistas de hoy, para quienes la construcción del súper hombre es ajena, no tiene consistencia ni visos de realidad, simplemente sueñan y desplazan a la fantasía inverosímil de Superman su indecente sentirse bien cuando el análisis más somero les haría enfrentar una situación penosa: ni siquiera se sienten bien.

Misión de la Universidad

Un somero análisis de la historia de las civilizaciones nos muestra que hay siempre 10 justos, por lo menos, en cada sociedad -en el relato bíblico de Sodoma y Gomorra, la familia de Lot al menos-, pero también que ninguna se libra de ese invierno de la cultura que ahoga a cientos o miles de justos. Nunca, sin embargo, se había llegado a tal grado de autosuficiencia en el hombre medio, a tal indiferencia ante la existencia del mal, a esta pérdida progresiva del espíritu de caridad que cedió el lugar a la filantropía organizada. Nunca tampoco existieron las élites de poder organizadas y entrelazadas impidiendo cualquier movilización popular, ahogándola a corto o mediano plazo. Nunca antes las casas editoriales se habían despojado de editores de calidad, ni el pensamiento organizado en sistemas de pensamiento había cedido el paso al imperio del mercado en lo que toca a los periódicos y la radio y televisión pero, lo que es aun más peligroso, tampoco las universidades habían desertado de las humanidades como elemento motor y nuclear en todas las facultades.

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“No es bueno que el hombre esté solo”, dicen que dijo Dios, y es que sólo la convivencia solidaria encamina a la fraternidad y hace ver que, como escribió Gide en su diario, “elegir es renunciar”. ¿Adónde llevará todo esto? Pues bien, no detecto, tampoco, a lo largo de la historia de la humanidad una arremetida concertada contra Dios, movimientos organizados en pro del ateísmo. Dios, y específicamente el Dios personal y único, se ha vuelto el Enemigo. Vale recordar que cada vez más y más, el Dios negado es ese Dios personal y único de las religiones monoteístas. Y entre los judíos, los cristianos y los musulmanes aumentan los que se han desplazado hacia posiciones de fondo panteísta.

La última palabra

El rostro del Homo Byte muestra divorcio de los sentimientos.

Saber más del universo pasa por acrecentar el conocimiento del yo.

En “Misión de la Universidad”, conferencia pronunciada allá por los años 30 del siglo pasado, Ortega y Gasset decía que las universidades tenían, en primer lugar, un deber para con la cultura y, en segundo, debían ocuparse de las profesiones y que sólo hasta el final quedaría la investigación. Investigar en los terrenos de la ciencia sin una sólida cultura es un peligro letal. Estar expuestos todos a las redes sociales sin una fuerte estructura de ideas y de creencias es ser objetos de manipulación in extremis. No veo, tampoco, ningún otro movimiento en la historia que busque liquidar la idea misma de familia, su existencia viable, y la familia, no se olvide, es la que garantiza la protección de la vida privada. Comprobamos, por el contrario, el crecimiento en progresión geométrica de mujeres y hombre solos, lo que en el llamado primer mundo y muy especialmente en Europa ha alcanzado una dimensión alarmante.

Me remito, como una vía para experimentar que no tenemos por qué perder la esperanza, a un cuento de sabiduría honda y entrañable de Graham Greene, The Last Word. En él se lee que el último Papa ya ni siquiera sabe qué es ser Papa. Es prisionero de un gobierno dictatorial de alcance mundial. Pero es también un hombre al que un accidente borró la memoria. El general al que se ha encomendado la orden de ejecución y que conoce la historia considera que vale más, en efecto, matarlo. Él permanece atado a un libro, al libro sagrado. Presiente que lo van a ultimar y busca el consuelo en el libro, lo único a lo que permanece vinculado. Lo abre como para ganar fuerza y sucede que la página que aparece ante sus ojos es, precisamente, la que leía una y otra vez a lo largo de su vida consagrada. Lee: “Estaba en el mundo y el mundo fue hecho por Él pero el mundo no lo conoció”. Nadie sabía ya quién era el Papa, qué era un Papa. —¿Quiere matarme, verdad? —Sí. El viejo sintió un alivio, para nada miedo. Dijo al militar: “Usted me mandará adonde he querido ir en los últimos veinte años”. —¿A las tinieblas? —Oh, las tinieblas que yo concebía no eran la muerte. Eran una ausencia de luz. Usted, sin embargo, me mandará a la luz. Le estoy agradecido. El militar le ofrece de comer y de beber pero el viejo sólo le acepta una copa de vino. Cuando el anciano Papa tuvo la copa entre sus manos, en una lengua que el militar no entendía, susurró: “Corpus domini nostri…”. Y concluye el narrador el relato así: “Cuando su último enemigo bebió el cáliz, disparó. Entre la presión sobre el gatillo y la explosión una extraña y escalofriante duda cruzó su mente: ¿es posible que aquello en lo que ese hombre creyó sea verdad?”. Sonreír amorosamente en medio de la adversidad es entrar por la puerta estrecha pero sólo al asumir la puerta estrecha, se iluminan las tinieblas y la soberbia es aplastada, la soberbia que se traduce en la negación del otro, en creer que tenemos el derecho a todo, que somos autosuficientes y que podemos prescindir de los demás. Y sólo ese impulso fraterno puede devolver la vida a los humillados y ofendidos que se multiplican hoy a lo ancho y largo del mundo. Después de todo abatir la soberbia desde la amistad es haber construido el Reino en nosotros. *Revista de la Universidad de México


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Gavetas

Gómez Carrillo

Imagen del escritor, aparecida en el DCA del 9 de junio de 1931.

DCA, 9 de junio de 1931.- El señor Guillermo Batres, colaborador del Diario, nos cuenta que conoció al cronista en 1924. “Cuando llegué a París, a quien primero busqué fue a mi camarada Alfredo Sierra Valle. Quería saludarlo, rogándole me llevara a casa de Gómez Carrillo, pues quería rendir pleitesía al ilustre guatemalteco”. Nos refiere el amigo Batres que Gómez Carrillo vivía en una casa cerca de la Magdalena, uno de los sitios más pintorescos y más apacibles de París. “Desde que tras la trágica bohemia el escritor llegó a normalizar su vida, buscó la casa mencionada y nunca la desmanteló a pesar de sus excursiones por el extranjero. Allí llegaban a verlo los literatos más famosos de Francia, los de Hispanoamérica y de otros lugares. Su casa era una Meca y en ella privaba como reina y señora su esposa Consuelo, una extraordinaria dama salvadoreña”. Batres dejó París y cuando volvió cuatro años más tarde a buscar al cronista, abrió la puerta su esposa Consuelo quien le dijo que por recomendaciones médicas el escritor no podía ver a nadie pero que por tratarse de un paisano tendría que verlo. El hombre se encontraba muy mal. Ocho días antes había abandonado el sanatorio en que se había recluido. “La cabeza se sostenía insegura sobre los hombros arrogantes. Me dijo a media voz: Quiero que mis últimas líneas sean para una compatriota. Voy a escribir un pensamiento para tu hija Marina. Después de esto creo que ya no haré más. Le llevé un álbum y allí puso una frase alada y ligera como todo lo que salía de su pluma”. Uno de los deseos de Gómez Carrillo, nos dijo el señor Batres, era sanar para volver a Guatemala y saludar a sus camaradas de los primeros días de literatura. No pudo realizar ese sueño en virtud de que se encontraba muy pobre, sin esperanzas de obtener el dinero suficiente para el viaje. “A fin de llenar su presupuesto, en las tardes, después de su trabajo literario, se veía en el caso de trabajar unas cuantas horas en la oficina del Consulado argentino. En caso de curarse, Gómez Carrillo se proponía ir a Marruecos. –Voy a editar el libro más notable de mi vida –decía- y con el producto iré a Guatemala, sólo así podré regresar a mi terruño de cielo azul como una capa de luz”.

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Reporte en V

Guatemala, viernes 29 de enero de 2016

Francisco Martínez Mojica y el CRISPR:

Reinventando la genética

Francisco Martínez Mojica, el investigador que dio los primeros pasos necesarios para la edición del genoma con la nueva herramienta CRISPR.

La nueva herramienta de edición del genoma se considera ya la gran panacea en el campo de la biología y la medicina. Abrumado por la atención que está recibiendo, Francisco Martínez confiesa que ni siquiera tiene móvil, se muestra humilde: “No creo que haya hecho tanto como para merecer esto. Yo solo hice lo que había que hacer en su momento”. Jesús Méndez * l acrónimo CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats), algo así como Repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas, está revolucionando ya la biología y la medicina: es la llave para editar de forma sencilla y accesible casi cualquier rincón del genoma. Estas tijeras moleculares prometen revitalizar la terapia génica y revolucionar los tratamientos del cáncer o el Sida. Incluso podría aplicarse para manipular la información genética de embriones humanos. Las expectativas son tan amplias que se ha desatado una auténtica lucha por obtener los

derechos de la patente. Dos de sus pioneras, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, recibieron el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2015, y todas las quinielas apuntan a que tarde o temprano ganarán también el Nobel. Pero la historia no se limita a ellas. Bajo el nombre Los héroes de CRISPR, un reciente artículo publicado en la revista Cell por Eric Lander, director del Broad Institute del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), repasa la trayectoria de 12 científicos claves en su desarrollo. Y el primero de ellos es Francisco José Martínez Mojica (Elche, 1963), ahora profesor de Microbiología en la Universidad de Alicante. Con él empezó todo. La primera alusión al CRISPR, que consiste en secuencias de ADN presentes en muchos microorganismos, tuvo lugar en 1987, cuando un grupo de investigación japonés las encontró por azar mientras descifraba el genoma de una de las bacterias más comunes. Sin embargo, apenas se les dio importancia. Unos años después, el por entonces doctorando Martínez Mojica las volvió a encontrar mientras analizaba el genoma de la arquea Haloferax mediterranei, un microorganismo presente en las salinas de Alicante. Intrigado por su presencia, comenzó una serie de investigaciones que le llevaron a identificarlas en muchos otros organismos y a desentrañar su papel en la biología: son autovacunas microbia-

nas, fragmentos de virus y otras partículas que se alojan en el genoma de las bacterias como una memoria de la infección. Él no lo sabía aún, pero estaba dando el primer paso de una nueva revolución.

¿Cómo se encontró con las secuencias CRISPR?

Yo estaba haciendo mi tesis en una línea de investigación sobre modificaciones genéticas que provocaba la sal en ciertas regiones del genoma de la arquea. Esto alteraba el comportamiento de las proteínas que cortan ADN. Al estudiar una de estas regiones vimos que había unas secuencias espaciadas de forma regular. No sabíamos que existieran secuencias parecidas en ningún otro organismo, ni siquiera conocíamos el artículo del grupo de Japón. Por entonces no había Internet, y el acceso a la información era mucho más complicado. Inmediatamente nos dimos cuenta de que lo que habíamos visto podía ser importante.

¿Por qué pensaban que esas secuencias tenían que ser importantes?

¡Porque tenían muchísimas! Y estos microorganismos no se pueden permitir el lujo de tener ornamentos en su genoma. Todo lo que tienen está aprovechado. Después vimos el artículo de los japoneses, que las encontraron en una bacteria intestinal.


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Guatemala, viernes 29 de enero de 2016 Archivo

En los años siguientes se fueron publicando los genomas de más microorganismos y comprobamos que estaban presentes en muchos de ellos. En el año 2000 las definimos como una familia, y por entonces las llamamos SRSR, las siglas en inglés de “repeticiones cortas regularmente espaciadas”.

“Para legislar sobre los problemas éticos de CRISPR no solo tienen que estar los políticos y los científicos, sino también la propia sociedad”

¿Cuándo descubrieron su función, que funcionaban como un sistema de defensa?

En el año 2003, en una de las secuencias vimos que había un fragmento de un fago, un virus que infecta bacterias. Entonces volví a buscar en todas las secuencias disponibles y encontré fragmentos así en muchas más.

que hablaba de mí para revisarla, y apenas tuve que cambiar una fecha.

¿Se corre el riesgo de concentrar el mérito en unas pocas personas y olvidar a otras que también contribuyeron?

Y de ahí el periplo para intentar publicarlo. Lo mandaron a varias de las revistas más importantes, sin éxito. ¿Por qué?

Sí, lo mandamos a cuatro de las revistas más importantes, incluida Nature, pero lo rechazaron en todas. Los comentarios de los revisores y los editores eran muy negativos. Era algo tan tremendo que les costaba mucho creérselo. Unos decían que necesitábamos demostrarlo con más experimentos, otros nos dijeron que no era original, que ya se había descrito antes. Yo protesté diciendo que era algo muy grande y que no se había descrito nunca, pero me dijeron que no interesaba para la revista.

Al final se publicó en el Journal of Molecular Evolution, una revista menos conocida...

Sí, llegó un momento en que estábamos muy desencantados, y pensamos que lo que teníamos era demasiado importante como para dejarlo en un cajón. Siete años más tarde, uno de los revisores que nos rechazó el artículo me pidió perdón, me dijo: “Lo siento pero, sinceramente, es que no me lo podía creer”.

¿Podía intuirse en aquel momento su posible aplicación como una herramienta de cortapega genético?

No. Se sabía que funcionaban como un sistema de interferencia, pero no cómo ocurría ese mecanismo: el corte de ADN que rompe a los virus y que a su vez permite la edición del genoma. Para lo que sirvió fue para llamar la atención de la comunidad científica. Un campo que estaba muerto despertó, haciendo que muchos grupos se interesaran por él hasta llegar a comprender su mecanismo y desarrollar las aplicaciones.

Sí. Ellas tuvieron varias ideas geniales: una fue simplificar la técnica; otra, la mejor que tuvieron en mi opinión, fue incluir las palabras “edición de genomas”, tener esa intuición. En cualquier caso, un premio a una persona es tremendamente injusto. A dos y a tres, también. En este caso, un premio a diez personas estaría más cerca de la justicia.

¿Y en esas diez se incluye a usted también? Las investigaciones apuntan hacia una verdadera cantera de nuevos hallazgos.

contactaron conmigo para ver si nos poníamos de acuerdo en un nombre común. Yo les di varias opciones, incluida la de CRISPR, que fue la que se escogió porque era la más completa: corresponde a las siglas en inglés de “repeticiones cortas agrupadas regularmente y separadas en forma de palíndromo”.

¿Qué opina sobre la posibilidad de patentar una técnica así?

Bueno, la patente será solo para el caso de que se obtenga un beneficio económico. Para la investigación se encuentra a libre disposición en un repositorio público denominado Addgene. Sobre la política de las instituciones a la hora de patentar, en otros países funcionan así, uno de sus principales cometidos es conseguir patentes. Nosotros tenemos otra mentalidad.

¿Y usted o su institución no tendrían derecho a participar de ella?

Para mí, fue en 2011, cuando el grupo de Virginijus Siksnys, de Lituania, demostró que podía transferirse el sistema de una bacteria a otra radicalmente diferente, y que funcionaba. Eso probaba que podía usarse porque era activo en otros huéspedes. Los microbiólogos tenemos claro que ese fue un trabajo fundamental.

No, no. Las patentes se piden cuando se tienen evidencias de una aplicación muy clara. Nosotros ya no tenemos derecho a ella. Tampoco derecho moral: yo considero que nosotros no hemos contribuido de manera directa al desarrollo de estas técnicas. Yo estoy muy satisfecho con lo que hemos hecho, porque ha permitido llegar hasta aquí, pero si a ellos no se les hubiera ocurrido utilizar estas herramientas para la edición de genomas, estaríamos igual que antes. No podemos mirar demasiado hacia atrás.

¿Cómo surge el término?

¿Hay conflicto de intereses?

¿Cuál fue el punto de inflexión para llegar a la revolución que supone CRISPR?

Nosotros las habíamos llamado SRSR. Pero poco después un grupo en Holanda las definió con el acrónimo SPIDER. Entonces

Sí, hay un claro conflicto de interés, pero no tengo aún una opinión al respecto. En mi caso, el autor del artículo en Cell me mandó la parte

Yo no quiero hablar de mí mismo. Si alguien considera que sí, estupendo.

Otro tema es el de la financiación. Usted estuvo varios años sin recibirla, a pesar del campo que había iniciado. ¿Por qué?

Porque no di la talla. En ese tiempo no conseguimos publicar apenas nada, estábamos dando palos de ciego. El problema es que el dinero está muy limitado en investigación, pero el poco que hay debe darse a los que estén demostrando rendimiento. Afortunadamente, desde hace unos años he vuelto a conseguirla.

Los inicios de CRISPR tuvieron lugar con investigaciones de gente muy joven, con proyectos arriesgados sin apenas hipótesis definidas previas. ¿Falta fomentar esa visión?

Claro, de joven es cuando uno más se arriesga. En España se está haciendo una cosa muy buena, como son los proyectos Explora, que financian grandes ideas pero que son muy arriesgadas, que no tienen garantía de que salga nada. Cuando lo vi se me saltaban las lágrimas, me dije: ‘¡Por fin!’. Eso abre puertas a descubrir cosas importantes.

¿Qué opina sobre sus repercusiones éticas?

Yo soy microbiólogo, puedo dar mi opinión, pero como la puede dar cualquiera de la calle. No tengo una idea formada. Lo que tengo claro es que si se quiere aplicar en algún momento tiene que seguir habiendo investigación. Cuándo y dónde nacerá un niño CRISPR no lo sé, pero ahora lo puede hacer casi cualquiera. Para legislar sobre ello no solo tienen que estar los políticos y los científicos, sino también la propia sociedad.

*Sinc

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Contando el tiempo Mario R. Loarca Pineda * n buen día cundió la noticia en el pueblón alteño: la ingenua púber acababa de liarse en férvido amasiato con el propietario del pequeño negocio de joyas y relojes donde laboraba como encargada del mostrador. Era la relojería Brooklyn situada en la calle Real del Calvario. Es que la pobrecita toda su vida fue como una niña candorosa, sin malicia. Acuérdese cómo la protegía el papá acompañándola a todas partes mientras la mamá se quedaba en la casa haciendo el oficio y cuidando a la hija mayor. Me imagino que ella sintió que el cielo se le abría, tal vez supuso que el dueño del negocio era un potentado y que si lo complacía le iba a resolver su situación económica y hasta la de sus papás, que ya estaban grandes. Recuerdo la figura de Martita, una morenita con gafas, humilde y respetuosa que acostumbraba saludar recitando el nombre de cada quien en diminutivo y que era vista por mi madre y mi tía con cierta lástima o compasión. Una vecina, que había actuado como madrina de graduación de la cándida amancebada, emitió sentencia adoptando cierto tono moralista muy de su agrado: ¡Bien pudo haber estudiado una carrera en vez de enredarse con semejante viejo tan feo, envaselinado, lujurioso y, encima de todo, casado y con hijos! Ellos vivían con muchas limitaciones, fíjese que don Gumersindo tuvo que vender una panadería que tuvo allá por el barrio de la pila cuache. El pobre bebía y agarraba fuerza, así fue descuidando su negocio hasta que se quedó sin nada. Por eso acabó haciendo espumillas y ofreciéndolas en las tiendas de los naturales, gentes que tienen la pésima costumbre de regatear todo. Es cierto, ahora recuerdo que la repostera de la Casa Suiza le encargaba unas espumillas enormes que después decoraba con gelatina de frambuesa y crema batida, le quedaba un pastel frío que llamaba merengue, bastante empalagoso para mi gusto.

Un Telefunken

Fíjese que un día don Gumersindo llevó un radio viejito al taller de mi papá, era un Telefunken de los años treinta. La reparación salió en Q 15 y lo tuvo que pagar su hermano, uno que era tenedor de libros porque al pobre señor ya no le alcanzaba. Mi papá dijo: a lo mejor este aparato sea el único medio de entretenimiento que tiene este desdichado hombre para poder oír las noticias y los programas musicales de la TGD y la XEW. Me acuerdo que hace mucho, cuando la calle todavía era de tierra y casi no pasaban carros miré que doña Chenta criaba ratones blancos en unas jaulitas de madera. Las gentes lenguonas aseguraron que los guisaba en recado amarillito y que se los comían como que fueran conejos, con tamalitos de maíz negro. Doña Chenta nunca salía de su casa, ni siquiera para ir al mercado. Se decía que siendo muy joven se la había llevado un turco comerciante de telas que vivía en Comitán de Domínguez. Parece que procrearon un par de hijos pero después de un tiempo se dejaron y ella regresó solita. Aquí conoció a don Gumersindo que había puesto su pequeña panadería y le iba regular. Esos hijos mexicanos de doña Chenta todavía vinieron a consolarla cuando la

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La abander

pobrecita ya vivía posando en el asilo Luisa de Marillac, un poquito antes de que falleciera. Anteriormente, el mentado Eulogio vivía en unión de hecho con una canchona de Zacualpa que era mayor que él y lo tenía bien sometido, de pie con jeta. Se llamaba Virginia y tuvieron dos hijas. Cuando Eulogio se metió con la patoja, la señora y sus hijas decidieron trasladarse a los Estados Unidos. Por eso fue que Eulogio aceptó casarse con la Martita, pero sólo por lo civil. No, no fue por honrarla sino que él siempre ha sido muy machista y seguro que quiso presumir de haber agarrado una patoja que podía ser su hija. Francamente la esclavizó, no sólo la hizo su mujer sino su criada. Ella tuvo que aprender todos los quehaceres del hogar, aunque Eulogio tuvo que pagarle a una cocinera mientras Martita estuvo criando al montón de güiros que concibió. Parece que el hombre espantoso no la dejaba ni salir a la puerta, que la pobre se mantenía barriendo, trapeando y lavando montones de ropa sucia, contaban que se había puesto bien gorda, puro tonelito. Más de diez años se pasó la infelíz encinta y amamantando. Si no andaba panzona andaba cargando muchachitos. Prefirió encerrarse en una casa de la colonia Rosario que Eulogio le

Un rincón de flores era el mundo de Martita.


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rada

Fotos: Archivo

Aquellas calles idílicas escondían historias de dolor como la de Martita, la abanderada.

compró a un sastre que era agiotista, uno de aquellos viejos avaros que fingen vivir en la lipidia. Tuvo tres pares de gemelos y un varoncito que nació de último, como dos o tres años antes de que contrajera la enfermedad que se la llevó. A veces la Martita -para escapar del trajín- se iba a pasar unos días con su hermana la cieguita y sus tías viejitas, allá en la cuesta que va para El Chirriez. Eulogio y sus hermanos, todos relojeros y joyeros, tomaron la fea costumbre de meterse a un lupanar cada dos o tres semanas. Allí libaban en exceso y satisfacían sus deseos carnales. El lunes amanecían bien crudos y no era raro que abrieran el negocio hasta el martes, ya estando medio sobrios. La pobre Martita le aguantó malos tratos y sobretodo las humillaciones que él mismo y sus familiares le hacían. Ellos se consideraban familia de abolengo y le restregaban en la cara que sólo era la hija de un bolito que sobrevivía frabricando espumillas. ¡Pobre la Martita, yo creo que nunca disfrutó de su niñez ni de su juventud! Ni siquiera conocía la capital y cuando Eulogio la llevó se quedó deslumbrada al encontrar tantas cosas distintas del mundito en que vivía. Otra que la hizo sufrir fue la Virginia, la primera mujer de Eulogio, que dió en atalayarla

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por las esquinas del rumbo para insultarla y sopapearla delante de los mirones que nunca faltan. Una vez le quebró una sombrilla en la espalda y otra le apretó el pescuezo como que fuera una gallina desplumada. Para esquivarla, la Martita agarró la costumbre de caminar por cuestas y callejones donde trajina muy poca gente y sólo chuchos callejeros encuentra uno. Algo había escuchado de esta auténtica tragedia mediante las hermanas Zunum, que eran vecinas del relojero y ahijadas de mi tía. Ellas lo contaban todo como si se tratara de un melodrama radiofónico mexicano de los años sesenta. Mi tía se tomó la tarea de orientar a la Martita para que acabara sus estudios de secretaria administrativa en el INSO, cosa que logró e incluso llegó a ser una de las abanderadas en los desfiles de septiembre.

Promesas de relojero

Le insistía en que entrara al CUNOC y que siguiera alguna carrera que le gustara, porque la muchacha demostró ser una buena estudiante. Pero fue por ese tiempo cuando empezó a trabajar como dependiente en la relojería y mire todo lo que padeció por haber cedido a las propuestas indecorosas del relojero tan mañoso. Mi tía se sintió defraudada al escuchar los cuentos que le llevaban las Zunum, pero pienso que no la condenaba. Sólo repetía, como murmurando: ¡Patoja bruta, haberse metido con un viejo enano y libidinoso! La Martita nunca volvió a acercarse por la casa ni a darle la cara a la tía cuando se cruzaban en el mercado o en la iglesita de San Juan de Dios. De seguro que se sentía muy avergonzada o manchada, como si fuera una de esas pecadoras públicas que aparecen en la biblia. ¡Pobre ser, que triste vida la que tuvo! De plano que fue el viejo mañoso, por promiscuo, quien le contagió esa enfermedad tan horrenda. Ojalá que en su próxima reencarnación ya no le toque padecer tanto.

¿Y no se ha fijado como se le puso la cara el veterano indecente? La tiene toda llena de manchas y cubierta con unos vellos como de marrano, ha de ser el castigo de Dios por tantas calenturas en la cama, como dijo la tía de usted. Fíjese que ella recordaba que cuando nació la Martita, con ayuda de doña Trini la comadrona, sus papás vivieron el acontecimiento como un milagro de la virgen de Chiantla a la que le habían rogado tener más descendencia. Al saberlo, tuvo la sensación de hallarse delante de Santa Ana y San Joaquín los progenitores de la Virgen María, que ya eran de edad avanzada igualito que los papás de la Martita.

Un camión de carga

Don Gumersindo y doña Chenta tuvieron otra hija bastante mayor que la Martita, a quien nunca se la miraba porque era cieguita y la mantenían alzada, como decían las Zunum. La pobre lucía muy pálida porque nunca le daba el sol. Contaban que había aprendido a leer con el sistema de Braylle y que incluso medio tocaba el violín. Hubo un salesiano tico que fue párroco del Sagrado Corazón por algunos años, un buen sacerdote, que acostumbraba visitar enfermos y discapacitados en sus casas. Él iba seguido a platicar con la cieguita, imagino que le daba la comunión y le leía un pasaje bíblico o algo parecido. Después de la cieguita don Gumersindo y doña Chenta tuvieron un varoncito que estudiaba la primaria en el Jesús de la Buena Esperanza, se llamaba Ismael, parece que un día se salió a la hora del recreo y un camión de carga lo atropelló mero enfrente del colegio. Murió al instante. Viera cómo lloraban los pobres señores, se quedaron desconsolados, creo que por eso deseaban tanto tener otro hijo y así les nació la Martita, que sólo vino a padecer a este mundo. * Escritor altense


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Tragaluz

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Los personajes de las más emblemáticas series de t

Viej Aloña Fernández Iarrechi* l 31 de diciembre de 1999 fuimos muchos los que echamos la vista atrás. Emocionados quizá porque eran nuestros primeros recuerdos, hicimos balance de aquella década y de nuestra corta vida, esa que los peores augurios del efecto 2000 amenazaban con llevarse por delante. Y vimos pasar frente a nuestros ojos el sujetador cónico de Madonna, las olimpiadas y a Los vigilantes de la playa haciendo de ellos algo más excitante de lo que en realidad eran. Y las horas frente al televisor las habíamos pasado con Dawson’s Creek, Melrose Place, Salvados por la campana o los, aún frescos, Simpson.

Regresos confirmados

Mulder y Scully a la caza del misterio en Expedientes secretos X.

Las cadenas no se resisten a recuperar las producciones noventeras. Aprovechando el festival de revivals que se avecina nos planteamos qué grandes hits de aquella década deberían volver (o no).

Inmortalizados en 1998 por el grupo galés Catatonia en el tema titulado Mulder & Scully, la pareja de agentes especiales del FBI de Expedientes secretos X, fue para algunos la primera tensión sexual no resuelta de la pequeña pantalla. En otros cuantos consiguió despertar el interés por los alienígenas, y también había quien, simplemente, se enganchaba a la serie por sus teorías conspiranoicas. O porque en realidad era Scully la que mandaba. Qué más da. Ahí estábamos todos esperando a que llegase el prime time de los lunes para poner la tele y ver con qué caso nos sorprendía esa interesante pareja de investigadores. La caja tonta no ha querido poner sus ojos únicamente en una de las mejores producciones de los noventa, una década que dejó en el imaginario colectivo numerosas comedias familiares que siempre iban acompañadas de su correspondiente dosis de moralina. Así que Netflix resucitará el espíritu del San Francisco masculino de Full House, para darle un giro moderno y convertirlo, con suerte, en una histo-


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televisión, conocen un repunte por sus propios méritos. La nostalgia parece seguir siendo un buen producto de mercado.

Vuelven los noventa:

jas glorias televisivas ria feminista llena de amor fraternal. Y lo hará de la mano de Madres forzosas que llegará a su catálogo el próximo 26 de febrero. Pero no serán las únicas y, volviendo a las series míticas de la década, Twin Peaks también regresará. Si no lo impide David Lynch. O Showtime.

Urgencias. NBC. 1994-2009

Este nostálgico viaje al pasado es para las cadenas una apuesta segura, ya que genera una expectación mayor que la de una producción nueva y, prácticamente, garantiza unas buenas audiencias. Por lo que no sería de extrañar que en las próximas temporadas, series que creíamos terminadas se sumen a la moda, y regresen para teñir de melancolía la pequeña pantalla. Desde aquí, unas cuantas sugerencias, no vaya a ser que los cerebros pensantes de las cadenas de televisión pasen por alto algunas posibilidades. Se me ponen los pelos de punta al escuchar la sintonía de entrada de esta producción de la que podemos decir, sin ningún rubor, que le dio mil vueltas a todas las series ‘de médicos’ que han llegado después. Es cierto que para muchos solo fue esa serie en la que salieron George Clooney y Julianna Margulies, cuando nadie les conocía y ni soñaban con una alfombra roja. Pero Urgencias fue también el drama médico que ganó cuatro Emmys y un Globo de Oro, porque entre otras virtudes sabía combinar con acierto sus tramas, resultaba creíble, no trataba de ser morbosa e incluso se atrevía a equilibrarlo todo con algunas dosis de humor. El Dr. Carter, el Dr. Greene o la siempre severa Dra. Kerry Weaver eran personajes bien definidos, que llegaban acompañados de historias interesantes y realistas que se combinaban a la perfección con las tramas episódicas de la serie. Más allá de las negativas de algunos

de los componentes del reparto, o del dispendio económico que supondría reunir a los ya mencionados Clooney y Margulies, sumados a Maura Tierney ( The Affair) o Noah Wyle ( The Librarians), entre otros, no le veo mayores inconvenientes al regreso del mejor hospital de Chicago.

Frasier. NBC. 1993-2004

Ahora que cualquiera puede hacer un programa de radio, y llamarlo podcast , sería entrañable ver a Frasier Krane montando su estudio de radio en el salón de su casa, disfrutando de sus espectaculares vistas de Seattle. A los mandos técnicos del programa continuaría Roz, y en alguno que otro programa Martin, el padre de Frasier, Daphne, su enfermera, o incluso Eddie, el perro, podrían convertirse en invitados del podcast . Que por supuesto se situaría muy pronto entre los más descargados del país, algo que provocaría que el doctor se plantease regresar a una gran cadena de radio nacional. Todo eso, acompañado por supuesto por su habitual pedantería, su elevado concepto de sí mismo y la siempre necesaria presencia de su hermano Niles, tan irritante y snob como él. Al igual que su predecesora, para que Kelsey Grammer recuperase el personaje que interpretó durante dos décadas haría falta que la NBC vendiese hasta la última cámara. Y es que una de las razones de la cancelación de la producción, que con 37 galardones continúa ostentando el record de premios Emmy en la categoría de comedia, fue su elevado costo. Solo en la última temporada superó los 70 millones de dólares. Pero sería bonito que Grammer volviese a ser Frasier, aunque solo fuera para que algunos recuperásemos la amable imagen que teníamos de él y que Boss y

su rol de alcalde de Chicago se encargaron de borrar.

Friends. NBC. 1994-2004

Mi interés por el regreso de los seis adalides de la juventud a la pequeña pantalla no es cuestión de morriña, porque las innumerables reposiciones se encargaron de acabar con ella. Tampoco se trata de revisar si hay algo que se me haya pasado por alto, ya que gracias a la pasión con que se celebran los aniversarios es difícil que a la comunidad seriéfila se le escapase algo cuando en 2014 se cumplió una década del fin de la producción. O dos de su arranque. Friends debería volver simplemente para que todos pudiésemos comprobar si realmente merece ser la serie que todos recordamos, y engrandecemos con el paso de los años. También para adaptarse a los nuevos tiempos, aprovechar la ciudad de la que tanto presumía y salir de los decorados que todos recordamos. O para mostrar, sea cual sea su desenlace, cómo sobreviviría el entrañable grupo a esta época moderna, con sus conversaciones de WhatsApp, sus estados de Facebook y sus amorosas fotos de Instagram. Sobra decir, también aquí, que la empresa de juntar a Aniston, Schwimmer, LeBlanc, Perry, Cox y Kudrow parece imposible, también por razones pecuniarias. Las mismas que los separaron. Pero nadie sabe mejor que una cadena de televisión cómo despertar la expectación del público sin gastarse un centavo. Y hace unos días, la NBC anunció que el elenco se reuniría en un programa especial dedicado al veterano director James Burrows. La alegría no duró mucho, ya que Matthew Perry, o mejor dicho su agente, aclaró que el actor no acudiría porque se encontraba en Londres por motivos laborales. Schwimmer apuntilló que no habría reunión de Friends si uno de sus integrantes estaba fuera del país. *El Confidencial

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Ventanas

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Lola Flores:

veinte años de pena, penita, pena Víctor Núñez Jaime* ola Flores participaba en “Luces de España”, un espectáculo de bailaores, guitarristas y cantaores en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera (Cádiz), cuando el director Fernando Mignoni buscaba “una gitanilla” para su película Martingala. Era 1939, la Guerra Civil española acababa de terminar y aquella muchacha que aspiraba a cantar como Concha Piquer, a bailar como Carmen Amaya y a actuar como Ana Magnani, se presentó a las audiciones (acompañada por su madre) con la firme convicción de que el cine le ayudaría a consolidar su carrera artística. Cantó un tema de Estrellita Castro y dijo un monólogo incluido en la cinta Morena clara (“Con tu fe me santiguo y la tormenta apaciguo…”). Mignoni la eligió y Lola -el barroquismo irresistible, la fiebre del arte- se fue a Madrid dispuesta a comerse un buen trozo de la tarta de la gloria. Setenta y seis años después de aquella prueba, el dramaturgo Miguel Murillo y el director Ricardo Wang afinan los preparativos de Lola Flores, el musical de su vida, una obra sobre la cantante, fallecida hace 20 años, que se estrenó en diciembre pasado. “El proceso de escritura del libreto ha durado tres años. Está basado en la vida real de Lola, no en los rumores que se han ido diciendo por ahí, y en todo momento hemos contado con el apoyo y el asesoramiento de sus hijas Lolita y Rosario”, dice Wang. “La obra no es una simple biografía. Trata, sobre todo, de su temperamento y personalidad y el hilo conductor es su música”, añade Murillo.

Caminar bailando

Por su temperamento y personalidad,Lola Flores (1923-1995) ha conseguido la inmortalidad reservada a los privilegiados: ser una fuente inagotable de anécdotas y frases, presentes en el imaginario colectivo. Hija de un camarero y de una costurera, se ufanaba de haber aprendido a caminar bailando, de haberse aprendido las canciones de Imperio Argentina antes que las tablas de multiplicar y de haber “españoleado” por todo el mundo, desde Perú a Kasajtán. Lola -el cuerpo cimbreante, los ojos luciferinos e hipnotizadores, el rostro rabioso, el bronceado natural, la peineta, la bata de cola, el abanico y el arrebato- murió la madrugada del 16 de mayo de 1995 en El Lerele, su casa de La Moraleja (Madrid). Durante una veintena de horas, más de 150 mil personas pasaron frente

Archivo

Lola Flores nació en Jerez de la Frontera, Cádiz, el 21 de enero de 1923.

Se cumplen dos décadas de la muerte de La Faraona. Un musical sobre su vida evoca la carrera de una artista irrepetible. a ella -la mantilla blanca, el rosario entre las manos, los pies descalzos dentro del ataúd- para darle el último adiós. Había luchado durante 25 años contra el cáncer de mama, entre operaciones y tratamientos, pero negándose a que le amputaran un seno. Lola -los 18 de julio ante el Generalísimo (“No soy de Franco, soy de España”), recitadora de la poesía de Federico García Lorca, admiradora de Tina Turner, folclórica, actriz y hasta rapera, pasó 55 años de su vida serpenteando sobre los escenarios.

No se le resistió ni el Olympia de París, ni el Madison Square Garden de Nueva York. “No canta ni baila, pero no se la pierdan”, dijo de ella The New York Times. Se fue a México en 1952 y, entre otras, filmó ¡Ay pena, penita, pena! (1953) y La Faraona (1956), dos películas que la posicionaron entre el público iberoamericano. Cada gira, cada actuación, cada entrevista, elevaba su popularidad hasta la extenuación. Pero cuando los años 80 estaban por concluir, no tuvo más remedio que sentarse en el banquillo de los acusados por fraude fiscal. Entonces ella definió su nuevo estatus con el pañuelo en la mano y las lágrimas en los ojos: “Ya no soy Lola de España, soy Lola de Hacienda”. Pagó lo que el juez le ordenó y siguió trabajando. Como decía el escritor catalán Terenci Moix, “Era mucha Flores esa Lola”.

* El País


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Adeline Marcos, Sinc

Adeline Marcos/ Eva Rodríguez* Hemos sido por siglos guardianes de la Tierra. Por eso nos persiguen y nos criminalizan”, así comenzaba su discurso Encarnación Janamejoy, rectora de la Institución Educativa Agropecuaria Inga de Aponte (Colombia) durante la ceremonia de entrega de los Equator Prize 2015. Estos galardones, entregados en el marco de la 21ava cumbre del clima (COP21) en el teatro Mogador de París, fueron organizados por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP por sus siglas en inglés) y reconocen 21 proyectos locales de 19 países diferentes que buscan soluciones de desarrollo sostenible para las personas y la naturaleza en todo el mundo. Los asistentes al acto, conducido por el actor estadounidense Alec Baldwin, pronunciaron reivindicativos discursos sobre el papel fundamental de las poblaciones indígenas en la protección de la biodiversidad. “Es un reconocimiento para hacer visible la lucha de las poblaciones indígenas por la madre Tierra. Hay que liberar la Amazonía y las zonas de páramo de su uso ilícito y del narcotráfico”, dice Hernando Chindoy, líder del Resguardo Indígena de Aponte de la comunidad Inga en el municipio de Tablón de Gómez (Colombia). En plena zona de conflicto armado, su pueblo -con una población de 3 mil 600 personas- lucha por recuperar su soberanía y los derechos de sus más de 22 mil hectáreas de territorio ancestral. Gracias a un acuerdo con el gobierno del país, se ha diseñado un programa para eliminar de sus tierras las plantaciones de drogas, así como las guerrillas y el tráfico de droga que degradaban los ecosistemas y hacían insostenible el desarrollo. “Pero ahora también existe un problema con la minería, ya que estos terrenos son de los más solicitados para esta actividad”, añade Chindoy. En las más de 17 mil hectáreas que han quedado libres de guerrillas, consideradas ahora área sagrada, la comunidad se organiza en temas de salud, educación, restauración de los ecosistemas y sostenibilidad.

Reforestación del desierto

Como los Inga, otros pueblos se adaptan al cambio climático y mejoran su bienestar. Es el caso de otro de los premiados en Afganistán: Rural Green Environment Development . En una de las zonas más pobres y remotas del país, la organización trabaja en un área de mil 500 kilómetros cuadrados con 90 pueblos (más de 40 mil personas) para promover un modelo de desarrollo basado en la regeneración ambiental y la protección de la vida salvaje. Tras décadas de conflictos, inseguridad y explotación de los recursos naturales, la iniciativa permite ahora restaurar los ecosistemas desde una perspectiva comunitaria. Se han creado más de 6 mil empleos, construido canales de riego, 125 presas y 120 mil metros de terrazas. En total se han plantado más de 200 mil árboles. “Nuestras poblaciones ofrecen soluciones de verdad para luchar contra el cambio climático”, ha señalado la representante de la asociación afgana durante la entrega del premio. “No soy una experta en clima, soy doctora y madre. Cuando mi hijo se pone enfermo no puedo dormir ni comer. Ahora es nuestro planeta el que está enfermo, ¿cómo pode-

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El jefe Raoni, de la tribu Kayapó, fue uno de los galardonados en París.

Pueblos originarios y cambio climático

mos ni siquiera vivir sin intentar curarlo?”, ha manifestado. Como en muchos otros lugares, la explotación de los recursos está a la orden del día. El jefe Raoni de Brasil, también premiado con el proyecto del Instituto Raoni, la cara más visible del pueblo indígena Kayapó, ha destacado que “en su país se está haciendo mucha explotación de minerales y también por parte de las empresas hidroeléctricas, lo que supone una gran amenaza”. Gracias a su iniciativa, que lucha contra la deforestación ilegal en una de las zonas más remotas de la selva de la Amazonía, Raoni ha logrado proteger más de 2.5 millones de hectáreas de tierras indígenas. El proyecto trabaja en el refuerzo de la seguridad alimentaria y el sustento de más de 3 mil personas.

Todas las miradas en la COP21 Los pueblos indígenas son los grupos que menos contribuyen a los efectos de cambio climático pero sin duda los más afectados por sus consecuencias. «Gran parte de la solución de la crisis climática que se debate en la COP21 solo será posible con una relación transparente con los pueblos indígenas. Pedimos que se revisen

con urgencia las concesiones a industrias extractivas”, ha declarado Janamejoy. “Tenemos saberes milenarios que han sustentado la vida por generaciones. Nuestra tierra está llorando y sangrando, ¡protejámosla!”, ha continuado durante su intervención. Los representantes de estas comunidades indígenas han venido a París no solo a recoger un premio, sino a presionar a los países para llegar a un acuerdo. Piden un acuerdo ambicioso para el cambio climático que no se puede hacer sin el reconocimiento de las poblaciones. “Sus iniciativas son inspiradoras”, ha subrayado Naoko Ishii, directora del Global Environment Facility. Para Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace, los pueblos indígenas son los mejores protectores de nuestros bosques y de nuestra biodiversidad, pero “en todo el mundo están luchando por sus vidas”. Naidoo ha recordado la triste estadística a la que se enfrentan día a día: dos activistas ambientales son asesinados cada semana. “No se pueden violar sus derechos. Esto no parará hasta que se les reconozca y se les respete”, ha concluido el experto para quien el objetivo de 1,5 ºC es imprescindible para su supervivencia. *Sinc


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