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Revista Viernes 11082017

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En portada: Sin título. Obra de la serie Músicos, acrílico sobre tela de Nelson Escobar.

Portal Editorial Historia es constancia palpable de movimiento, ya se trate de dinámicas sociales, eventos geológicos o disturbios atmosféricos. En el caso de los movimientos tectónicos, su registro queda como memoria del desastre, tanto en la conciencia social como en los muros. Pero la conciencia del desastre produce también otro impulso supremo: el afán reconstructivo, el rescate del derrumbe y la incesante forja del futuro. Muestra fehaciente de este impulso es el traslado de la capital guatemalteca al Valle de la Asunción, como documenta en este número el arqueólogo Mario Tejada Bouscayrol, coautor de un libro de próxima aparición que transita los llamados caminos reales entre el Virreinato de la Nueva España y la entonces Capitanía General de Centroamérica. En este traslado, con las heridas aún abiertas por el más reciente derrumbe, se puede, sin embargo, visualizar amaneceres más allá del polvo y la ceniza, del duelo o la tristeza. En efecto, detrás de esta formidable empresa, al tiempo que se percibe la larga sombra de las luchas de poder, también se constata un indoblegable espíritu ciudadano que, hoy por hoy, mantiene vivo su compromiso con la construcción del futuro.

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina Biblioteca de la Tipografía Nacional: Thelma Mayén Hemeroteca del Diario de Centro América: Álvaro Hernández

Guatemala, viernes 11 de agosto de 2017

Alfonso Enrique

Enrique Góm

Cuenta larga

Gal

Empleando una cuenta vigesimal modificada, este sistema de registro calendárico identifica los días ocurridos desde la fecha correspondiente al 11 de agosto de 3114 a. C., en el calendario gregoriano. La ilustración muestra un detalle de la cara este de la estela C en Quiriguá, con el mítico dato de la creación en 13 (0) baktún, 0 katún, 0 tun, 0 uinal, 0 kin, 4 Ahau y 8 Cumkú .


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Cuento 195 Las medias rojas

Barrientos

mez Carrillo

lería

Yo he visto en el extremo Oriente, playas de azul y de oro, en las cuales las ondas parecen juguetonas encajeras que se ríen haciendo y deshaciendo los tenues flecos de sus labores… Yo he visto montañas milenarias llenas de arrugas, cubiertas de pústulas, que agonizan en el abandono… Y lo único que no he visto nunca, ni en la Tebaida macabra, ni aún en las orillas del Mar Muerto, es un paisaje difunto, un paisaje quieto, un paisaje invariable…”, escribe Enrique Gómez Carrillo. Libertad para el vuelo es su consigna personal y estética. Abandono del ancla para surcar los mares inmensos y volver cada día con las cuartillas bajo el brazo: un cuento, una crónica literaria, el artículo periodístico siempre urgente, la reposada palabra de una crítica. Todo eso en la prosa de su emocionado velero. He aquí un libro para no detener el paso: grávido de información y leve para la cita puntual con un viajero impenitente que, en este valiosísimo estudio de Alfonso Enrique Barrientos, alcanza puerto seguro con las alforjas llenas de la pedrería memorable e irrepetible de sus andanzas. Delia Quiñónez de Tock

Archivo

Cuando la rapaza entró, cargada con el haz de leña que acababa de merodear en el monte del señor amo, el tío Clodio no levantó la cabeza, entregado a la ocupación de picar un cigarro, sirviéndose, en vez de navaja, de uña córnea color de ámbar oscuro, porque la había tostado el fuego de las apuradas colillas. Ildara soltó el peso en tierra y se atusó el cabello, peinado a la moda “de las señoritas” y revuelto por los enganchones de las ramillas que se agarraban a él. Después, con la lentitud de las faenas aldeanas, preparó el fuego, lo prendió, desgarró las berzas, las echó en el pote negro, en compañía de unas patatas mal troceadas y de unas judías asaz secas, de la cosecha anterior, sin remojar. Al cabo de estas operaciones, tenía el tío Clodio liado su cigarrillo, y lo chupaba desgarbadamente, haciendo en los carrillos dos hoyos como sumideros grises, entre lo azuloso de la descuidada barba. Sin duda la leña estaba húmeda de tanto llover la semana entera, y ardía mal, soltando una humareda acre; pero el labriego no reparaba: al humo, ¡bah!, estaba él bien hecho desde niño. Como Ildara se inclinase para soplar y activar la llama, observó el viejo cosa más insólita: algo de color vivo, que emergía de las remendadas y encharcadas sayas de la moza… Una pierna robusta, aprisionada en una media roja, de algodón… –¡Ey! ¡Ildara! –¡Señor padre! –¿Qué novidá es ésa? –¿Cuál novidá? –¿Ahora me gastas medias, como la hirmán del abade? Incorpórase la muchacha, y la llama, que empezaba a alzarse, dorada, lamedora de la negra panza del pote, alumbró su cara redonda, bonita, de facciones pequeñas, de boca apetecible, de pupilas claras, golosas de vivir. –Gasto medias, gasto medias –repitió, sin amilanarse–. Y si las gasto, no se las debo a ninguén. –Luego nacen los cuartos en el monte –insistió el tío Clodio con amenazadora sorna. –¡No nacen!… Vendí al abade unos huevos, que no dirá menos él… Y con eso merqué las medias. Una luz de ira cruzó por los ojos pequeños, engarzados en duros párpados, bajo cejas hirsutas, del labrador… Saltó del banco donde estaba escarranchado, y agarrando a su hija por los hombros, la zarandeó brutalmente, arrojándola contra la pared, mientras barbotaba: –¡Engañosa! ¡Engañosa! ¡Cluecas andan las gallinas que no ponen! Ildara, apretando los dientes por no gritar de dolor, se defendía la cara con las manos. Era siempre su temor de mociña guapa y requebrada, que el padre la mancase, como le había sucedido a la Mariola, su prima, señalada por su propia madre en la frente con el aro de la criba, que le desgarró los tejidos. Y tanto más defendía su belleza, hoy que se acercaba el momento de fundar en ella un sueño de porvenir. Cumplida la mayor edad, libre de la autoridad paterna, la esperaba el barco, en cuyas entrañas tantos de su parroquia y de las parroquias circunvecinas se habían ido hacia la suerte, hacia lo desconocido de los lejanos países donde el oro rueda por las calles y no hay sino bajarse para cogerlo. El padre no quería emigrar, cansado de una vida de labor, indiferente a la esperanza tardía: pues que quedase él… Ella iría sin falta; ya estaba de acuerdo con el gancho que le adelantaba los pesos para el viaje, y hasta le había dado cinco de señal, de los cuales habían salido las famosas medias… Y el tío Clodio, ladino, sagaz, adivinador o sabedor, sin dejar de tener acorralada y acosada a la moza, repetía: –Ya te cansaste de andar descalza de pie y pierna, como las mujeres de bien, ¿eh, condenada? ¿Llevó medias alguna vez tu madre? ¿Peinóse como tú, que siempre estás dale que tienes con el cacho de espejo? Toma, para que te acuerdes… Y con el cerrado puño hirió primero la cabeza, luego el rostro, apartando las medrosas manecitas, de forma no alterada aún por el trabajo, con que se escudaba Ildara, trémula. El cachete más violento cayó sobre un ojo, y la rapaza vio, como un cielo estrellado, miles de puntos brillantes envueltos en una radiación de intensos coloridos sobre un negro terciopeloso. Luego, el labrador aporreó la nariz, los carrillos. Fue un instante de furor, en que sin escrúpulo la hubiese matado, antes que verla marchar, dejándole a él solo, viudo, casi imposibilitado de cultivar la tierra que llevaba en arriendo, que fecundó con sudores tantos años, a la cual profesaba un cariño maquinal, absurdo. Cesó al fin de pegar; Ildara, aturdida de espanto, ya no chillaba siquiera. Salió fuera, silenciosa, y en el regato próximo se lavó la sangre. Un diente bonito, juvenil, le quedó en la mano. Del ojo lastimado, no veía. Como que el médico, consultado tarde y de mala gana, según es uso de labriegos, habló de un desprendimiento de la retina, cosa que no entendió la muchacha, pero que consistía… en quedarse tuerta. Y nunca más el barco la recibió en sus concavidades para llevarla hacia nuevos horizontes de holganza y lujo. Los que allá vayan, han de ir sanos, válidos, y las mujeres, con sus ojos alumbrando y su dentadura completa… Emilia Pardo Bazán /España

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Abecedario

El establecimiento de una nueva capital permitía al rey de España consolidar su poder absolutista con las “Reformas Borbónicas” iniciadas por su padre, Felipe V, y que no se habían logrado imponer en Guatemala y otras provincias de ultramar debido a la resistencia de las oligarquías locales y las órdenes religiosas, que veían amenazados sus privilegios.

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Fundación Guatemala d

Mario Tejada Bouscayrol* or orden del capitán general, el Ayuntamiento de Guatemala se trasladó al nuevo asentamiento y realizó la primera sesión el 2 de enero de 1776. Se acordó designar a dos regidores para supervisar la construcción del Ayuntamiento y su cárcel, además de las obras de introducción de agua. Fueron nombrados otros dos para el abastecimiento de víveres y suministros para la ciudad, uno más encargado de la carne y otro comisionado para velar por la limpieza y mantenimiento de las calles y el mercado. Se le ordenó al maestro mayor de Obras, Bernardo Ramírez, trasladarse al nuevo asentamiento y permanecer allí mientras duraran los trabajos de construcción de la ciudad. También se acordó el traslado de los archivos y documentos municipales “al establecimiento de la Ermita”. Los terrenos aledaños a los pueblos, estancias y cofradías que se encontraban en el Valle de la Ermita serían comprados para el nuevo asentamiento. Finalmente, en el Acta de Fundación de la Ciudad de Guatemala se notifica que el padre prior de Santo Domingo adquirió un hato de bueyes y novillos que llegarían para el momento de la feria, celebrada el 15 de agosto.

Traslado obligado

La primera sesión del Ayuntamiento fue celebrada en una construcción temporal de materiales perecederos, y los servicios religiosos se realizaron en la iglesia del Cerro del Carmen. El primer asentamiento formal se estableció en la llamada Parroquia Vieja. Los planos topográficos le fueron encargados al ingeniero Luis Días Navarro y las medidas al agrimensor José Gregorio Rivera. Con las Cédulas Reales aprobando, estableciendo ordenanzas y dando el nombre a la nueva capital, esta se volvió oficialmente la Nueva Guatemala de la Asunción. A pesar de la cédula que emitió el rey revocando los títulos y privilegios a la Antigua Guatemala para evitar que su población permaneciera en el antiguo asentamiento, esto no disuadió a los vecinos, y el nuevo capitán general Matías de Gálvez tuvo que recurrir a la coerción para que se hiciera efectivo el traslado masivo de los pobladores. Mandó soldados a sacar a las personas de sus casas y destruir las tomas de agua de toda la ciudad. Estas medidas tampoco lograron hacer que todos se trasladaran a la nueva capital; algunos permanecieron en la Antigua y otros decidieron establecerse en Quetzaltenango, donde tenía lugar un auge económico debido a su posición estratégica en el cruce de

los Caminos Reales de Los Altos y de la costa (Taracena Arriola, 1999). Los españoles y ladinos recién trasladados de la Antigua formaron el primer municipio español en Quetzaltenango, cuyo Cabildo fue integrado por hacendados y comerciantes españoles. Según Taracena, muchos de los artesanos que prefirieron asentarse en Quetzaltenango mantuvieron contacto comercial con los que permanecieron en la Antigua Guatemala. Para 1797 todavía no se había establecido en la Nueva Guatemala ningún tejedor, mien-

tras que en la Antigua quedaban alrededor de mil; los demás habían emigrado a Quetzaltenango y sus alrededores. Entre 1773 y 1779 se llevó a cabo el trazado de la ciudad de Guatemala de acuerdo con las Ordenanzas Reales. El oidor Francisco Robledo dictó las ordenanzas para los alcaldes y la distribución de barrios y cuarteles de la ciudad. En ese período se inició la construcción de las obras de introducción de agua y edificios del gobierno colonial, las viviendas de los funcionarios de la Corona y vecinos acomodados, y


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de la Nueva de la Asunción

Fotos:Archivo

Bernasconi, un arquitecto italiano, se encargó del diseño neoclásico de la Catedral frente a una plaza rodeada de portales.

resistencia al traslado, pugna que duró 6 años, hasta que sucesos externos vinieron a cambiar la situación. En primer término, en 1779 falleció el virrey de la Nueva España, Antonio de Bucarelli. El ministro del Consejo de Indias y visitador real, José de Gálvez, durante su recorrido por la Nueva España dejó establecido que el presidente de la Real Audiencia y capitán general del Reino de Guatemala fuera ascendido al cargo de virrey de la Nueva España tras la muerte de Bucarelli. Para ocupar el cargo en Guatemala designó a su hermano, el mariscal Matías de Gálvez. Martín de Mayorga, por su parte, al asumir el Virreinato en México, interrumpió el traslado de la capital, dejando inconclusa la construcción de la Nueva Guatemala. El correo especial por medio del cual se le informaba el nombramiento de virrey de la Nueva España, recorrió en tan solo 8 días las 400 leguas que separaban a la ciudad de México de la Nueva Guatemala. Según consta en los registros, salió de México el 4 de abril y llegó a Guatemala el 11 del mismo mes. El jinete era un andaluz de nombre Francisco Varo, correo real con amplia experiencia en cabalgatas de larga distancia; para realizar el recorrido tuvo que cambiar de cabalgadura en cada posta y descanso del Camino Real.

Situación de guerra

de algunos de las capas medias. En estos mismos años se llevó a cabo la construcción de la primera parroquia y el traslado y asentamiento de los “Pueblos de Indios” que mantenían a la ciudad: Jocotenango, Ciudad Vieja y San Pedro Las Huertas. La Villa de Guadalupe se trasladó a los alrededores de la ciudad de Guatemala, junto al camino de “Incapié” (sic), hasta 1808. Con el fin de asegurar el abasto de víveres y mantener las comunicaciones y controles administrativos, el capitán general Martín de Mayorga giró instrucciones para que se mantu-

vieran en buen estado los caminos, en especial los Caminos Reales que conducían a México. Después de los terremotos de 1773, estos quedaron muy deteriorados, por lo que fue necesario emprender reparaciones. En 1779, De Mayorga envió una orden a todos los alcaldes mayores del Reino por donde pasaba el Camino Real, para que se encargaran de arreglar los tramos de mal camino en sus respectivas jurisdicciones. El capitán general realizó grandes esfuerzos para la fundación de la nueva capital y mantuvo una tensa relación con el arzobispo por su

De esa cuenta, el traslado y la construcción de la nueva capital quedaron en manos del nuevo capitán general Matías de Gálvez. El cambio de mando se produjo cuando estallaba la guerra con Inglaterra. Se extendieron las hostilidades a las costas del Caribe del Reino de Guatemala, por lo que tanto el virrey como el capitán general se vieron en la necesidad de combatir. Con tal propósito, De Mayorga destinó fondos y pertrechos para las campañas en las costas del Caribe del Reino de Guatemala. Debido al conflicto bélico se volvió más imperante aún mantener las comunicaciones abiertas, por lo que la Real Audiencia giró órdenes para que los Caminos Reales se conservaran en buen estado. Matías de Gálvez se encargó de dirigir la campaña contra los ingleses, distrayendo parte de la atención que le estaba dedicando a la construcción de la Nueva Guatemala. Aún así, dedicó tiempo a la edificación de la ciudad y dictó medidas enérgicas para el abandono forzado de la población remanente de la Antigua Guatemala y su asentamiento en la Nueva Guatemala de la Asunción. Durante su gobierno se inició de manera formal la construcción de la mayoría de los edificios gubernamentales. Carlos III comisionó los planos del centro al arquitecto Bernasconi, quien realizó un diseño neoclásico con la Catedral frente a la plaza rodeada de portales con columnas del mismo orden. Para el centro de la plaza diseñó una fuente decorada con esculturas de caballos y un templete en el medio. Cuando Carlos IV fue coronado se colocó una estatua ecuestre en el interior del templete. En 1779 dejó la mitra de Guatemala el arzobispo Cortés y Larraz, después que el rey aceptara su renuncia. Según el arzobispo, la renuncia era una carta sin fecha que había redactado años antes. El capitán general se apoderó de este documento y lo envió al rey, quien tuvo entonces la oportunidad de retirar al arzobispo que se oponía al traslado. Para sustituirlo nombró como prelado de Guatemala a don Cayeta-

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unos y maldecían otros…”. En el momento de su arribo “la nueva ciudad apenas estaba más que delineada… No había otra iglesia formal que la antigua parroquia. Los monasterios de monjas residían en la arruinada y los de los religiosos ocupaban en la nueva unos ranchos miserables de paja…”. El primer acto oficial del nuevo arzobispo fue convocar a la primera sesión del Cabildo Eclesiástico en la nueva capital. Seguidamente dio instrucciones para el traslado de los religiosos que aún se encontraban en la Antigua Guatemala: “el Arzobispo Cayetano Francos y Monroy verificó, personalmente, que todos los objetos de arte de las iglesias fueran traídos cuidadosamente a la Nueva Guatemala de la Asunción…” Se encargó también del traslado de los archivos de la Curia, los cuales transportaron en “las carretas de bueyes, que con gentes de cuidado, se envió todos los papeles del archivo…”; trasladaron “… centenares de objetos, libros, papelería, manuscritos musicales, colección completa de actas capitulares, colección completa de Cédulas Reales…”.

Fondos propios

Mapa de los caminos reales ejecutado por Jacques Bellin en 1754.

no Francos y Monroy. Este mandó su nombramiento y las bulas papales que lo acreditaban como arzobispo metropolitano de Guatemala, con poder para que lo representara el deán de la Catedral, presbítero Juan Carró, e instrucciones de realizar un cabildo para tratar lo referente al traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción. Mientras tanto, el arzobispo recién nombrado desembarcó en Veracruz el 24 de agosto de 1779, y de allí se dirigió a Oaxaca para seguir su ruta a Guatemala. El 7 de octubre de ese año llegó a la Hacienda Argueta, en la Alcaldía Mayor de Sololá, donde se encontró con Cortés y Larraz, que se dirigía a España.

El padre Juan Carró (1808), secretario del arzobispo Francos y Monroy, narra la travesía que realizó con el arzobispo en su viaje a Guatemala. Cuando se refiere al Camino Real que conduce a Guatemala dice: “La fragosidad de unos terrenos que asustan con sus cortaduras profundas a que suelen seguirse ríos caudalosos con y más comúnmente montañas elevadas que suben y bajan como por escaleras…”. A principios de 1780, llega el arzobispo Cayetano Francos y Monroy a Guatemala y, según el padre Carró, “encuentra… un pueblo... envuelto en las acaloradas discordias sobre la traslación de la ciudad, que aprobaban

Ordenó la construcción de los conventos de monjas, financiando personalmente su construcción, siendo los primeros el de las Capuchinas y Belén. Dio gran impulso a la construcción de la nueva ciudad, financiando también el establecimiento de otros edificios religiosos y obras públicas. El padre Carró dice al respecto: “… costeaba la conclusión y cubierta de las monjas capuchinas… ayudaba semanalmente para la Parroquia de San Sebastián y para otras muchas que estaban empezando… costeando las construcciones según el juicio que formaba de su necesidad y mayor importancia…”. En 1781 aprobó los planos de la nueva catedral, iniciándose su construcción el 25 de julio de 1782. Ordenó que las reliquias de san Víctor y santa Reparata, que se encontraban en la Catedral de la Antigua Guatemala, fueran trasladadas para alojarlas en la nueva Catedral. Mientras esta se encontraba en construcción, designó la iglesia de Santa Rosa como catedral provisional “única que se hizo entonces según reglas de buena arquitectura” (P. Juan Carró). Para decorar la nueva Catedral, ordenó la elaboración en Cádiz de “dos blandones de oro”. A partir de 1780 apresuró la construcción del Colegio Tridentino y la del Colegio de San José de los Infantes en 1781. Un año más tarde construyó el hospicio y en 1789 fundó los colegios de San Casiano Mártir y San José de Calazanz. Además de financiar la construcción de los colegios, costeó su mantenimiento y proveyó a los niños de “trajes decorosos”. También contribuyó para la fundación del hospital y donó al Ayuntamiento fondos para llevar a cabo sus obras. En 1780 brotó una epidemia de viruela y destinó una considerable suma para contribuir a su erradicación. Para el momento de su muerte (1794), ya se habían concluido o se encontraban avanzadas la mayor parte de los edificios principales de la Nueva Guatemala. Durante su episcopado transcurrieron los gobiernos de los capitanes generales Matías de Gálvez, su hijo Bernardo de Gálvez y Bernardo Troncoso Martínez del Rincón. *Arqueólogo


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Gavetas

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Hemeroteca del Diario de Centro América

Decano del istmo DCA, 2 de agosto de 1934.- Hace 54 años que, gracias al esfuerzo del ilustre Marco J. Kelly vio luz pública en Guatemala este diario que se ha distinguido en el periodismo nacional por su labor de orientación, condensando en su larga existencia la historia del movimiento político y literario del país. Por su antigüedad, Diario de Centro América es el decano de la prensa del istmo, contando en su trayectoria con períodos admirables, cuando aceleraban su marcha el entusiasmo de pensadores como Milla y Lainfiesta, prosistas que legaron a las generaciones centroamericanas páginas admirables, por la corrección del estilo y elegancia de la forma. Ha pasado a la historia la prensa violenta e intemperante, para dar paso a los periódicos de pensamiento, de acción constructiva, propulsores del beneficio nacional. La prensa no es un instrumento de disociación, sino un vínculo de acercamiento entre los pueblos.


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Reporte en V

Guatemala, viernes 11 de agosto de 2017 Fotos: Archivo

Los sistemas educativos han experimentado grandes y acelerados cambios en las últimas décadas.

Grietas en el paradigma José Antonio Marina* n Teoría de la Ciencia, se denomina paradigma a grandes marcos teóricos universalmente reconocidos que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos conceptuales, problemas y soluciones a la comunidad científica. Cambian cuando el paradigma vigente es incapaz de resolver algunas cuestiones y aparece otro más potente y más eficaz. El paradigma newtoniano, por ejemplo, fue sustituido por el paradigma relativista. En sentido estricto, hay muy pocos cambios de paradigma. En educación, a lo largo del siglo XX se fue gestando un cambio de paradigma educativo. La escuela tradicional fue sustituida por la escuela nueva. Este término fue acuñado por Edmund Demolin en 1898, consagrado con la fundación en 1921 de la Liga Internacional de las Escuelas Nuevas, y perfilado por muchas iniciativas que lo han convertido en el paradig-

Después del paso de la educación tradicional a otra más moderna, al autor de esta nota le da la impresión de que estamos ante otro cambio fundamental en la óptica académica. ma que ha sustituido al tradicional, al que se le llama modelo estándar (OCDE), instruccionista (Papert), reproductivo (Bourdieu), etcétera. También cambió la consideración jurídica del menor, como ha mostrado María de la Válgoma en ¿Padres sin derechos, hijos sin deberes?. El paradigma cambió porque el tradicional no resolvía muchos problemas educativos. Mantenía un modelo pasivo de aprendizaje, el maestro era el referente supremo y única fuente

de información, se descuidaba la autonomía del alumno, no se reconocían los derechos del niño, y no se atendía a la diversidad. Creo que el paradigma moderno, al que debemos muchas cosas importantes, se está resquebrajando, lo que me hace presagiar que más pronto que tarde habrá un cambio de paradigma. Una manifestación del paradigma moderno fue la pedagogía libertaria, fundada en la idea de libertad del alumno. Tuvo su culminación en Summerhill, la escuela fundada por Alexander Neill. El niño, decía, aprende lo que le interesa, por eso hay que dejarle a su aire. La pedagogía debe ser negativa: “Vive y deja vivir” (Neill, A., Summerhill. México, FCE, 2010). No debe obligarse a los niños a ir a clase o a estudiar. Ya lo hará y aprenderá muy deprisa cuando le interese. La pedagogía radical de Neill se basa en el interés como gran motor educativo. La didáctica o los métodos pedagógicos son intrascendentes. Ochenta años después, Zoe Neill, la hija conti-


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Características enfrentadas de ambos paradigmas w PARADIGMA TRADICIONAL w Centrado en el enseñar w Educación pasiva y memorística w Educación centrada en el maestro w Educación directiva w Educación centrada en el conocimiento w Favorece la docilidad y la norma w Aprendizaje individual w Relación con el saber w Relación de sumisión entre discípulo y maestro w Enfatiza los contenidos w Motivación extrínseca w Énfasis en el deber

w PARADIGMA MODERNO w Centrado en el aprender w Educación activa, constructiva w Educación centrada en el alumno w Educación no directiva w Educación centrada en la persona w Favorece la autonomía y la creatividad w Aprendizaje cooperativo w Relación con la vida w Relación de afecto y camaradería w Enfatiza los procesos w Motivación intrínseca w Énfasis en el deseo

La educación tradicional, con el maestro como figura y la enseñanza como tarea central, dio paso a la educación moderna enfocada en el alumno y en el aprendizaje.

nuadora de Summerhill, ha escrito un libro titulado Summerhill hoy (Valencia, Litera, 2012).

rabieta más propia de un niño de dos años para conseguir lo que quieren”.

Exceso de indulgencia

El adulto tirano

Las cosas han cambiado. Neill padre intentaba liberar a los niños de la represión familiar. La hija se encuentra con que la educación familiar actual peca de un exceso de indulgencia, a consecuencia de lo cual los niños dejan de adquirir las referencias necesarias para limitar sus deseos. Por ello, la orientación de Summerhill ha de ser más disciplinaria y centrada en la tutoría en el aula, “enseñando a los niños que no pueden hacer siempre lo que quieren, que también tienen que prestar atención a los derechos y a los sentimientos de los demás. Un pequeño cambio de papeles que Neill hubiera encontrado interesante”. No me parece un pequeño cambio, sino un cambio radical. “Antiguamente —continúa— los niños que estaban enfadados con sus padres tendían a ser algo introvertidos y callados, y a menudo les llevaba mucho tiempo pasar por el usual patrón Summerhill de liberación, pero en los últimos años he visto llegar a la escuela a muchos niños que tratan a sus padres con ira y autoritarismo, que los desafían abiertamente, les insultan a voz en grito o escenifican una

En Francia, Françoise Dolto tuvo una influencia poderosa en la escuela. También pensaba que toda imposición era castradora. No había ni siquiera que insistir al niño para que se lavara, porque ya descubriría la necesidad de hacerlo. Didier Pleux, un pedagogo experto, publicó en 2002 De l’enfant roi a l’enfant tyran, y 10 años después, un estudio sobre lo que había ocurrido a esos niños: De l’adulte roi a l’adulte tyran. El estudio era una descripción de los fallos del paradigma moderno. En el ínterin, publicó Generation Dolto, sobre los problemas que ha planteado ese modo de entender la educación. Otra característica esencial del paradigma de la escuela moderna es estar centrada en el niño. William Damon, autoridad mundial en psicología infantil y pedagogía, escribe: “Fue un avance científico cuando se introdujo hace casi un siglo. Nos permitió comprender que los niños no son simplemente pequeños adultos, sino que tienen una perspectiva propia sobre el mundo, así como sus propias necesidades de desarrollo. Nos permitió reconocer las formi-

dables habilidades y disposiciones con las que nacen los niños (…). Pero cualquier verdad puede convertirse en imitación grotesca de sí misma si se lleva demasiado lejos o se saca de contexto. “Vivimos en un tiempo en el que la ética centrada en el niño se ha convertido en una justificación de todo tipo de prácticas de crianza excesivamente indulgentes. Ha centrado nuestra atención en capacidades indefinidas tales como la autoestima del niño, en lugar de sobre fuentes sustanciales de orgullo como el logro o la responsabilidad. Al final, la premisa que una vez fue válida — centrarse en el niño — ha sido utilizada (o utilizada de forma impropia) para favorecer que los niños y los adolescentes de hoy en día estén centrados sobre sí mismos”.

Inculcar autoestima

Refiriendose a la autoestima, un autor poco sospechoso de no ocuparse del mundo afectivo ha escrito páginas muy duras. “Ejércitos de profesores norteamericanos, además de los padres, se esfuerzan por inculcar la autoestima a los niños. Eso puede parecer bastante inocuo, pero el modo en que lo hacen a menudo erosiona el sentido del valor del niño.” “Al hacer hincapié en lo que el niño siente, a expensas de lo que él hace —aprender, perseverar, superar la frustración y el aburrimiento, abordar los obstáculos—, padres y profesores están haciendo a esta generación de niños más vulnerables a la depresión” (Niños optimistas, Ed. DeBolsillo, 2005). El paradigma de la escuela nueva muestra grietas que hacen pensar en un posible derrumbe. ¿Supondrá eso volver al paradigma tradicional? ¿Volveremos a “la letra con sangre entra”? ¿Copiaremos los modelos orientales? No. Los cambios de paradigma siempre suponen un progreso, no un retroceso. Al futuro paradigma, hasta encontrarle un nombre, lo he denominado paradigma ultramoderno, porque está más allá de la modernidad y de la posmodernidad. De su posible contenido les hablaré otro día. *El Confidencial

Las limitaciones del aprendizaje pasivo son superadas con modelos participativos.


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Contando el tiempo

Guatemala, viernes 11 de agosto de 2017 Fotos: Archivo

—El Fundador de esta fue Iuan Croz Religioso de la Serafica Horden, Natural de La Señoria d GNOBA Como se ve, esas inscripciones dan razón del año en que se edificó la iglesia, de su fundador y de la persona que ayudó a la ejecución de la obra. Probablemente serían hoy esas las únicas noticias que se conservasen acerca de aquel suceso, si no existiere un manuscrito de 25 páginas que las da tan amplias como puede desearse respecto a ese pequeño pero interesante y antiguo santuario, anterior, con mucho, a la fundación de la ciudad. Intitúlase el manuscrito Testimonio de los instrumentos auténticos sobre el origen de las dos santas imágenes: del Carmen en el cerro de la Hermita, y del Viejo en el pueblo de este nombre. Con advertencia de que poco despues de compulsado el presente testimonio se perdieron los originales. A 12 de Octubre de 1806. Aunque el testimonio lleva en la carátula la fecha de 1806, la información se había seguido en 1762, a instancia de don Juan José Morales Rox y Alfarol, que cuidaba por aquel tiempo de la iglesia del cerro del Carmen, tenía en su poder los papeles viejos y poseía otras noticias curiosas relativas al mismo asunto, que se agregaron a las diligencias.

Un genovés llamado Juan

El nombre fue acuñado a principios de la época colonial, cuando al conquistador don Héctor de la Barreda le fue otorgado dicho valle en calidad de repartimiento. Esta fotografía data de 1875.

La ermita del cerro del Carmen

Sobre una colina poco elevada, al noreste de esta capital, hay una pequeña y antigua iglesia, cuya historia es poco conocida por la generalidad de los habitantes de Guatemala. Ella dio nombre al valle en que se edificó esta ciudad, que lo tomó, a su vez, de aquel, viniendo a llamarse La Ermita, con cuya denominación aún se designa a Guatemala en algunos pueblos circunvecinos.

José Milla y Vidaurre*

obre la puerta de la sacristía de esa iglesia, hay una lápida, o mejor dicho, tres mal unidas lápidas, en las cuales con trabajo puede descifrar el curioso observador las siguientes inscripciones, que copio textualmente: —El que alludo AL fundador de esta Casa Fue El Ylltre. Dn. Anto Maria Creber y D. Justiano Conquistador.— —La Birgen Madre de Dios Concebida sin pecado original: — 1620 (Aquí un signo: dos ramas entrelazadas y las iniciales IHS en el centro).

De todo ello aparece que, algunos años antes de 1620, vino al Reino de Guatemala un genovés llamado Juan Corz, y no Croz, como dice la inscripción que he copiado arriba, de quien también hace mención el padre Vásquez en su Crónica de Guatemala. El referido genovés había hecho su visita a los santos lugares y al volver de su peregrinación, pasó por la ciudad de Ávila, en España. Como supiesen las religiosas del convento de Santa Teresa de dicha ciudad que Corz proyectaba venir al Reino de Guatemala, lo llamaron y le recomendaron trajese una imagen de Nuestra Señora del Carmen, que la santa fundadora había destinado para estas comarcas. Otra imagen de Nuestra Señora en el misterio de su concepción inmaculada, que Santa Teresa tenía también en su oratorio, fue entregada por la misma santa a un hermano suyo que vino de gobernador a Nicaragua, y es la que menciona el manuscrito con el título de Nuestra Señora de la Concepción del Viejo, porque fue en el viejo León donde se quedó la efigie. Vásquez da una noticia más circunstanciada del carácter y virtudes del genovés Juan Corz que la que se encuentra en el manuscrito que me ha suministrado datos para esta relación; pero este es más abundante en detalles respecto a la fundación de la iglesia del cerro del Carmen. Hablando de Corz, dice el cronista: “Era este sugeto (sic) de suave y espiritual conversación, bien dispuesto en la corpulencia, hermoso de rostro, affable (sic), humilde, comedido y que con pocos años pasaba de los cuarenta.” Tanto la Crónica como el manuscrito agregan pormenores acerca de la vida contemplative y penitente del fundador de la iglesia del cerro; pormenores que no carecen de interés, por referirse a una persona cuya memoria está unida al templo más antiguo de Guatemala. El piadoso varón aceptó el encargo de las religiosas de Ávila y trajo consigo la imagen, haciendo la travesía desde España hasta nuestras costas del norte, en la nave llamada María Fortaleza, donde fue recibido por caridad. Habiéndose internado en el país, fijó su residencia entre


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Guatemala, viernes 11 de agosto de 2017

Teresa de Avila (Santa Teresa de Jesús), donó a principios del siglo XVII una imagen de la Virgen del Carmen a Guatemala, enviándola por medio de su emisario Juan Corz.

unos peñascos, a orillas del pequeño río de Las Vacas, colocando la imagen de la Virgen en la cavidad de una peña y tomando él alojamiento en una cueva próxima, donde hacía vida eremítica y penitente. Por entonces había un pueblo en este sitio, conocido con el nombre de Rincón de la Leonera y sus familias principales eran las de los Morales, Valeros, Hincapiés, Aldanas, Justinianos, Toledos, Ocampos, Colindres, Dardones, Barreras, Portocarreros, Ávilas, Mejías y Mayorgas, primitivos habitantes de la que con el tiempo vino a ser capital del Reino.

El ardid

Aquellos sujetos y los demás del vecindario, sabedores de la existencia del ermitaño y de la imagen que en su poder tenía, determinaron avocarse con él y proponerle la edificación de un santuario para colocar la efigie. Llevaron a cabo su propósito, y como sabían la condición del ermitaño y que difícilmente se dejaba ver, recurrieron al ardid de formar un semicírculo que tenía por centro la gruta donde estaba retraído el genovés y, estrechándolo poco a poco para que no se escapase, lograron avistarse con él. Enterado de los designios de los vecinos, condescendió gustoso y, dispuesta una solemne procesión se trajo la imagen al punto donde hoy está edificada la iglesia que llamamos la Parroquia Vieja, que, por supuesto, no existía entonces. Levantose allí

La historia del cerrito del Carmen está íntimamente ligada a la de la fundación de la capital guatemalteca.

lugar a que la malevolencia asestara sus tiros al piadoso varón, a quien “levantaron un gran testimonio” según expresa el manuscrito, aunque sin decir cuál hubiese sido este. Voló la calumnia por todo el lugar, perjudicando gravemente el concepto del ermitaño en el ánimo de aquellas gentes, de lo cual él se acongojó sobremanera, pidiendo a Dios remediase aquel daño. Mientras más ocupados andaban los vecinos en comentar la supuesta falta del genovés, estalló un gran incendio que lo abrasó todo, sin que fuerzas humanas alcanzasen a atajarlo. Los pajonales estaban tan crecidos que cubrían a un hombre montado a caballo y así, proporcionaron poderoso alimento al fuego. La iglesia quedó destruida, como todo lo demás, habiéndose logrado sacar la imagen, fabricándosele una enramada con hojas.

Ermita del cerro del Carmen en 1875.

una pobre ermita y en ella se colocó la efigie, volviéndose el genovés a su retiro. A lo que dice el manuscrito, al día siguiente fue el vecindario a adorar la imagen y con gran sorpresa encontró que había desaparecido de su nuevo templo. El ermitaño y los habitantes del pueblo llenos de zozobra, comenzaron a buscar la imagen y la encontraron en el hueco de la peña donde antes la tenía el genovés. En aquella época en que la fe cristiana estaba en todo su vigor, atribuyose a milagro la traslación de la imagen y se consideró que el sitio donde se levantara el santuario no era el que convenía. Diéronse a buscar lugar más a propósito en los alrededores y, observando el cerro, fue elegido por el ermitaño que creyó encontrar alguna semejanza entre la modesta colina y el Monte Carmelo, que él había conocido durante su peregrinación a la Tierra Santa. Con mucha diligencia desmontaron el cerro y en su cima construyeron un cajón de mezcla con su cojinete y campanario. Fabricaron un palenque, dice el manuscrito, para que habitase el ermitaño y cuidase de la iglesia, a donde acudía a todas horas el piadoso vecindario, a tributar culto a la imagen de la Madre del Redentor. Sucedía que muchas de las gentes del pueblo, se quedaban algunas veces a pasar la noche en el rancho del ermitaño, especialmente en tiempo de lluvias y aquella circunstancia dio

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Mateo intercesor

Pero no fue lo peor el incendio, pues al siguiente día se desarrolló una epidemia tan terrible, que amenazaba acabar con la población en pocos días. Entonces recurrieron los vecinos a la intercesión del evangelista san Mateo, a quien juraron por patrón, celebrando fiesta solemne, con la asistencia de los caballeros y demás moradores del lugar. Reconciliado el ermitaño con el vecindario, este se ocupó activamente en la reparación del templo que se techó de teja y quedó concluido en 1620, cuya fecha se inscribió en la portada. Don Antonio de Justiniano, uno de los conquistadores, cooperó eficazmente con la reedificación, por lo que se consignó su nombre, aunque erróneamente escrito, en las lápidas destinadas a perpetuar la memoria de aquel acontecimiento. La iglesia del cerro del Carmen permaneció por espacio de un siglo, hasta 1720, cuando, podridos ya los maderos, se construyó de medio canon tal cual existe hasta ahora. No se dice cuál haya sido la causa que hizo dar a la ermita del cerro la forma caprichosa de una especie de fortaleza que en ella se observa. Los campanarios son dos pequeñas torres almenadas en las cuales están figuradas, de mezcla, las bocas salientes de los cañones, y lo demás del edificio, tiene cierto caracter de construcción militar, verdaderamente extraño en una ermita. *Escrito en 1865


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Tragaluz

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Frida Kahlo.

Gran Moyas. De la serie Escritores. Técnica mixta.

Gabriel García Márquez.

Neruda.

Madre e hijo. Serie Campesinos. Acrílico sobre tela.

Nelson Escobar:

sus múltiples Estuardo Salvatierra Mata*

rtista guatemalteco de la plástica contemporánea, ha desarrollado su técnica autodidacta basada en los principios de los artistas del impresionismo. Gran parte de su trabajo se basa en las interpretaciones que realiza de artistas del Barroco europeo, principalmente los temas enigmáticos de Caravaggio. Su inclinación a investigar el arte de diferentes épocas lo ha llevado a conocer artistas de otros géneros que llaman su atención y también interpreta las diferentes técnicas de sus pre-

cursores como por ejemplo su etapa de trabajo en el género del “arte bruto” o “arte marginal” impulsado en los 40 por el artista francés Jean Dubuffet y otros. Su obra básicamente figurativa demuestra su calidad innata en el manejo del dibujo y la soltura en sus trazos con buen dominio de diversas técnicas, principalmente el acrílico. Nelson ha participado en varias exposiciones colectivas en el medio nacional, en espacios como Galería El Túnel, Bienal de Arte Paiz, elaboración de carteles publicitarios para la Fundación Soros, y Fundación de Arte Paiz, Galería CAOS, etcétera.


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Fotos: Galería Caos y Luis Aguilar

El trompetista. Serie Músicos. Acrílico sobre tela.

s facetas La temática musical, que es otra de sus pasiones, se manifestó en una de sus primeras exposiciones personales titulada Afro-América en donde exploró el movimiento del blues y el jazz, plasmando su visión con colorido y libertad que dan vida a sus lienzos. De igual manera podemos mencionar otra faceta de arte que lo lleva a explorar sus raíces y en donde refleja la actividad del campo de diferentes regiones de su país de origen. Como lo mencionamos anteriormente es un personaje polifacético, y mantiene una práctica del dibujo que maneja con propiedad y soltura y de donde nacen sus obras de perso-

najes de todo tipo cargados con una influencia y una técnica de origen europeo con raíces alemanas, para elaborar tatuajes, denominada Trash Polka, caracterizada por la mezcla entre realismo y basura según el concepto de sus creadores, pero que resulta de contrastes opuestos que finalmente armonizan. Nelson Escobar ha heredado su talento artístico a sus dos hijos, quienes han demostrado sus capacidades en el arte del medio nacional y para enriquecer su acervo han logrado también recibir instrucción académica que enriquece sus potencialidades en el arte. * Director de Galería Caos

Sin título. De la serie Campesinos. Acrílico sobre tela.


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Ventanas

Guatemala, viernes 11 de agosto de 2017 Fotos: Archivo

Pérdidas irreparables:

Rius y Avilés

No sólo hemos perdido a Rius,también a Jaime Avilés, espléndido cronista, notable editorialista y autor de Desfiladero, posiblemente el hombre más libre que haya conocido, a quien quise mucho y siempre me encantó leer por su soberbia y su capacidad de transgresión. Monsiváis lo consideraba un genio. Elena Poniatowska*

ace unos días hablé con Rius en su casa de Cuernavaca. Su voz lenta era la de un enfermo cansado y ya un poco harto, pero su cabeza estaba lúcida, centrada. Lo acompañaban Micaela, su mujer, y Citlali, su hija. Por cierto, los tres vivían en el Paseo de Citlali (en honor a Citlali), a la sombra de un árbol maravilloso. Los muros de la recámara de Rius cubiertos de libros también le hacían buena compañía. Es a lo que me dedico ahora, a leer, me dijo en alguna visita con El Fisgón y con Jesusa Rodríguez: Mira, alcánzame a Marx para criticarlo. Hace años, en El Hábito, Jaime escribió muchos de los guiones de las obras de Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, y era fácil verlo a la una de la madrugada en el cabaret. Los tres eran cómplices y se reían felices de las miles de funciones en las que deshicieron a nuestros sucesivos gobernantes y se burlaron de toda nuestra cursilería. Jaime se enojó con el subcomandante Marcos y escribió un libro: Adiós cara de trapo, y sus crónicas fulminantes en La Jornada quedarán para siempre como la memoria del gran periodismo. Traducido al italiano y al francés, sus obras Manicomio del poder y Nosotros

Este maestro de la tinta china no se andaba con medias tintas y la intensidad con la que abrazaba las causas justas no lo cegó nunca para señalar sus errores.

estamos muertos lo convirtieron en uno de los críticos más ácidos de los poderosos. Nos llueve en nuestra milpita, dice El Fisgón. En un solo día se nos van dos guerreros, dos inteligencias, dos críticos indispensables. La muerte de Eduardo del Río, Rius, es irreparable. Michoacano como José María Morelos, Lázaro Cárdenas, el cardiólogo Ignacio Chávez, el pintor Alfredo Zalce, el caricaturista Rogelio Naranjo, el Premio Nobel de la Paz Alfonso García Robles y los hermanos Gabriel y Alfonso Méndez Plancarte, y Melchor Ocampo, Rius fue uno de nuestros grandes pedagogos, el más amado, el más celebrado. En 1954 lo acogió la revista Ja-já, pero fueron Los Supermachos y luego Los Agachados, publicados a finales de los años 60, los que lo convirtieron en el Rius que nos guió. Rius fue nuestro Piaget, nuestro Freinet de la escuela activa, Ivan Illich su vecino en Cuernavaca, Skinner el padre del conductismo, Pes-

talozzi, Montaigne y Federico Froebel, todos hechos croqueta. Rius fue, sin proponérselo, uno de los grandes educadores de México del siglo XX. Él me educó, él me enseñó, por él soy la luchadora que soy, declaró Jesusa Rodríguez en un gran homenaje en El Estanquillo, y confirmó que lo devoró desde niña. “Cuando estaba en sexto de primaria me dejaron una tarea de civismo sobre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y se me ocurrió hacer precisamente una historieta a la manera de Rius. Los copié uno a uno, casi los calqué y me saqué 10. Los monos dibujos de Rius convirtieron a la caricatura en escuela. “Nadie más creativo y sobre todo más mexicano con sus Supermachos y sus Agachados. Me hacía reír a carcajadas con sus comentarios en boca de algún personaje popular y eso aligeraba la lección que nos daba en cada número. Rius siempre dio en el blanco. Tam-


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15 Foto Carlos Cisneros

El caricaturista Kemchs; Carlos Monsiváis; Rafael Barajas, El Fisgón; Eduardo del Río, Rius; Paco Ignacio Taibo I, y Bulmaro Castellanos, Magú, en 1991.

bién leía yo a Germán Butze y devoré La familia Burrón, de Gabriel Vargas, pero quien más me enseñó y más sigue enseñándome es Rius. Soy su fan incondicional y le rindo pleitesía”. Los libros de Rius fueron mucho más que los de un gran caricaturista pues enseñó, informó y politizó a millones de mexicanos. Después de su libro Cuba para principiantes, en defensa de la revolución castrista, publicado en 1965, Rius le puso agua a su vino y se echó para atrás. Casi 30 años más tarde, en 1994, honrado a carta cabal, hizo pública su decepción en Lástima de Cuba, y aclaró que su Cuba para principiantes era la obra de un novato. Todos los moneros amaron a Rius por su capacidad, pero también por su modestia. Secuestrado en 1968, fue uno de los santos de Rafael Barajas, El Fisgón, que creyó más en él que en la Virgen de Guadalupe. Y yo creo más en El Fisgón que en Dios padre. Todo lo que sé y sabré jamás de marxismo se lo debo al Marx para principiantes. Las historietas de Rius sobre la divinidad de Jesús, Cristo de carne y hueso, Jesús alias el Cristo, El católico preguntón, La Iglesia y otros cuentos, Puré de papas, Cada quien su Dios y La Biblia, esa linda tontería, que asegura que Moisés no existió, me quitan el sueño pero hago todos los esfuerzos del mundo para ya no ser tan babosa. Durante años tuve sobre mi máquina de escribir Olivetti una calcomanía de Los Supermachos, que luego se convirtieron en Los Agachados, así es que pensé en Rius mañana, tarde y noche. “¡Ah, trae usted a Los Supermachos!”

me decían hasta en Estados Unidos, porque de esa historieta se vendieron 250 mil ejemplares semanales. Rius fue el más entrañable de los caricaturistas y su vastísima obra no sólo es la educación política de los mexicanos sino su educación sentimental. Qué bueno que Los Supermachos se encuentren ahora en una enorme exposición en los pasillos del Metro Zapata, al lado de La familia Burrón, de Gabriel Vargas. Qué bueno que su esposa Mica y su hija Citlali, que lo han acompañado, puedan visitarla porque se sentirán arropadas por Calzonzin y Doña Eme, y seguro sonreirán ahora que todos necesitamos un motivo para sonreír.

*La jornada

Los dibujos de Rius siempre mostraron su gran sentido de la economía visual, lo que los dotaba de fuerza didáctica.


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