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Con ocasión del Día de la Madre, el reportaje central de la Revista Viernes No. 607 está dedicado al trabajo invaluable y poco conocido de las comadronas en Guatemala. Se enfoca en la cosmovisión maya, en la que un nacimiento es tránsito sagrado que involucra familia, naturaleza y ancestros. Las comadronas son las guardianas de este proceso, ejercen un rol que no nace de libros, sino de un llamado espiritual.
Este destino de ellas suele revelarse desde la juventud a través de sueños simbólicos que funcionan como una formación progresiva. La investigadora Timotea Reynoso definen esta labor como vocación espiritual para resguardar la vida física y emocional.
En la Guía de libros se presentan títulos dedicados al Día de la Madre, mediante aportes de Felipe Ortega con su obra Y si me toca ser… madre soltera, impreso por la Tipografía Nacional y en la que se expone una breve y accesible lectura para aquellas mujeres que viven una relación de pareja.
La sección Jóvenes talentos se cuenta la historia Alexa Mieschel, una artista mutifacética que a sus 19 años se consolida como ejecutante
Director General: Edin Hernández
del fagot en orquestas sinfónicas juveniles y muestra toda una trayectoria en su formación artística donde combina, música, canto, actuación, danza y ballet.
En la Entrevistase expone la obra de la experimentada fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, Premio Princesa de Asturias, quien revela que sus imágenes no copian la realidad, sino capturan lo que siente ante un mundo que, en blanco y negro, la asombra.
En esta edición tambié se ofrece la Biografía de Erick Frías, un guatemalteco-mexicano, director, actor y docente que promueve el teatro musical en el país desde hace 19 años, quien aguarda el esteno de su proxima obra Jhon Boy.
En la Huella chapina se plasma la trayectoria del músico académico Roberto Pérez Chamalé, un pianista que desarrolla su arte en Moscú, Rusia, donde fusiona interpretaciones clásicas con creaciones que reivindican su herencia ancestral cultivada desde su natal Pochuta, Chimaltenango.
En la columna de Salud mental se puede leer una reflexión en torno a la madre guatemalteca vista como el mito de la perfección, pero se olvida apreciarla con el sentido humanitario del que es poseedora.
Subdirector técnico: Miguel González Moraga
Coordinación de Información: Mario Ramos
Editor: Hugo Sergio Del Águila
Redactores: Narcy Vásquez, Isa Enríquez y Pablo Cahuec
Diseño Gráfico: Juan Rene Chicoj
Diseño Portada: Tania López
Diagramación: Sulhema Pacheco y Diana Guerra
Corrección: Pedro Meda, Mynor Reyes, Servando Pineda y Amado Monzón
Digitalización: Freddy Pérez
El Paraninfo Universitario alberga la muestra pictórica Arte que transforma, colores que cuentan La actividad marca los 20 años de la Escuela Superior de Arte de la USAC. Estará abierta durante el mes de mayo, de 9:00 a 15:00 horas.
TrovaJazz, en la zona 4, se viste de fiesta para celebrar a mamá con un concierto especial de Valtrez, a partir de las 21:00 horas; las entradas estarán disponibles en preventa por Q75 y el día del evento a Q100, y se pueden adquirir en viveloonline.com
Bajo la dirección del maestro Vinicio Quezada, la Orquesta Sinfónica Nacional presenta el concierto de gala Nos vamos a Zacapa. La Concha Acústica de esa cabecera departamental será el escenario de este encuentro musical, que dará inicio a las 19:00 horas.
El Teatro de Bellas Artes abre sus puertas para un viaje a través del tiempo. Mediante recorridos guiados, se pueden descubrir su metamorfosis: desde sus orígenes como cine de época hasta convertirse en epicentro de artes. De lunes a viernes, de 9:00 a 16:00, en avenida Elena y 15 calle de la zona 1.
El Museo Popol Vuh organiza la velada Tresvoces, una historia, un recorrido guiado donde la narrativa se multiplica. Aquí piezas selectas cobrarán vida a través del análisis de expertos. La cita es a las 19:00 horas, en el edificio del museo (zona 10). Admisión: adultos Q30; estudiantes y guías Q15.
Saurom, grupo de folk metal, llegará a Guatemala con su gira ElPrincipito, en el Teatro Lux (6a. avenida y 11 calle, zona 1, a partir de las 19:00 horas; las entradas estarán disponibles en TicketLivecon localidades desde Q500 y parqueo en la Torre de Estacionamiento, en la 11 calle y 5a. avenida.
Para celebrar su primera década de servicio, el Club Rotario Guatemala La Reforma invita a un concierto de cámara en beneficio de la Orquesta Sinfónica Juvenil Intercultural. La velada exhibirá un repertorio a las 19:00 horas en la Alianza Francesa (zona 13). Donación de Q150.
Guatemala, viernes 8 de mayo de 2026
En ¿Y si me tocara ser madre soltera?, de las ediciones de la Tipografía Nacional, escrita por el doctor Felipe Ortega, se presenta una breve y fácil lectura que pretende ser una guía clara para aquellas mujeres que se encuentran ya en una relación o están en búsqueda de una.
Ortega se centra, sobre todo, en los elementos y situaciones que pueden ocurrir en la vida sentimental de ellas y sus parejas. Sostenido en la base de la inclinación natural de todo ser humano en la búsqueda del amor y la compa ñía, desea advertir de los peligros de relaciones sentimentales sin controles o límites adecuados, que en algunos casos puedan carecer de valores, así como describe sus desenlaces. De igual manera, sirve como un aporte del doctor a los padres de familia que quieran aconsejar a sus hijas para construir una buena vida matrimonial. Este libro es de pronta lectura para orien tar a las jóvenes en la etapa del noviazgo o del matrimonio temprano con la intención de advertirles del peligro de convertirse en madres solteras si no atienden una serie de elementos y situaciones que se dan en la vida sentimental. • Pablo Cahuec


De la Editorial Cultura, del Ministerio de Cultura y Deportes, Hogar, Dulce Hogar es una novela que retrata con sensibilidad y realismo el tránsito de la infancia a la adolescencia, la juventud y, finalmente, la vida adulta de su protagonista, Albertito, quien crece entre El Salvador y Guatemala.
A través de su historia personal, la obra construye también un retrato íntimo de la sociedad guatemalteca, mostrando sus calles, costumbres y la lucha cotidiana de muchas familias por sostener el hogar, pagar estudios y enfrentar las dificultades económicas del día a día.
La figura del padre, un coronel de carácter rígido, marca la formación de Albertito. Su disciplina severa y la constante tensión en la relación con su esposa Carmen reflejan un ambiente familiar cargado de exigencias, conflictos y emociones intensas. Sin embargo, entre discusiones, dureza y desencuentros, también emergen el amor filial, la ternura y la pasión humana.
• Pablo Cahuec
“Es linda mi mamá; es una fantástica cocinera, una excelente malabarista, una gran pintora; también es fuerte, es bella y acogedora; suave y enérgica, es supermamá y me hace reír mucho, pero hay algo aún mejor que todo eso”.
Así se describe en este hermoso relato. Desde todas sus perspectivas este escritor logra amarrar la admiración hacia los sentimientos que envuelven a las madres. Este es un libro infantil que congenia con cualquier edad, ya que las mamás son los personajes importantes en la vida, las que resuelven; son heroínas que sienten y también lloran. El libro nos lleva por los sentimientos de las madres, muestran fortalezas y vulnerabilidades, sus momentos de angustia y de juego. • Ángel Elías-FCE

Una madre, de Alejandro Palomas, es una novela emotiva que retrata a Amelia y sus lazos familiares a través de una cena de Nochevieja. Ella, de 65 años, logra su deseo de reunir a toda su familia con la esperanza de mantenerlos juntos pese a los conflictos y heridas que arrastran. Con humor, ternura y sensibilidad, la historia muestra a una madre que sostiene a los suyos y mueve los hilos de sus relaciones en medio del caos, para unirles y protegerlos. Disponible en Sophos. Esta novela reflexiona sobre el amor familiar, la fragilidad humana y la posibilidad de sanar desde el afecto cuando se cree en la bondad de cada persona.• Pablo Cahuec

Textos: Isa Enríquez
Fotos: Prime Video y Netflix



ste documental no es cómodo ni pretende serlo. Se adentra en la historia de LasRastreadoras de El Fuerte, un colectivo de madres en Sinaloa, México, que frente a la indiferencia institucional, han convertido la búsqueda de sus hijos desaparecidos en una labor diaria hecha y con sus propios medios. Entre 2016 y 2019, el director José María Espinosa acompañó de cerca a estas mujeres, y construyó un retrato que va más allá del registro periodístico y al apostar por una mirada íntima que confronta al espectador con una realidad difícil de ignorar en la vida de Latinoamérica.
En el centro aparece Mirna Medina, fundadora del colectivo, cuya voz articula una lucha profundamente humana. Las rastreadoras, responsables de localizar restos de más de 200 personas, trabajan sin apoyo y en condiciones de riesgo constante, en un contexto marcado por la violencia social y el abandono estatal. Aun así, siguen adelante.
“A todas las familias que padecen un dolor similar al nuestro, quiero que sepan que no están solas. La violencia y la delincuencia no tienen madre, pero los desaparecidos, sí. Aquí estamos nosotras para ayudarlas. Bienvenidos sean todos los apoyos que puedan brindarnos y sepan que no nos vamos a detener”, expresa Medina.


La cinta Lascosasporlimpiar ( Maid, nombre en inglés) podría haberse quedado en un drama predecible sobre la precariedad, pero alcanza la complejidad en los matices. Le sigue a Alex, interpretada por Margaret Qualley, una joven madre que escapa de una relación abusiva y empieza de cero limpiando casas por horas mientras intenta mantener la custodia de su hija. En ese recorrido aparecen no solo las grietas del sistema (burocracia, desigualdad y vivienda), sino también gestos concretos que hacen la diferencia, como una trabajadora social que la orienta o una empleadora que decide darle una mano. Esta disponible en Netflix. Sin idealizar su lucha, Maid muestra lo complejo que es sostenerse cuando todo parece en contra. Confronta la dureza de la situación con la fuerza de una madre imperfecta y, sin perder cercanía, construye una historia profundamente humana.

Un musical con los clásicos de ABBA, Meryl Streep y un enredo amoroso que, en el fondo, pone en el centro la relación entre una madre y su hija a punto de casarse. Estrenada en 2008, la película es tremendamente imperfecta; sin embargo, se ha convertido en un clásico querido por muchos espectadores. Ambientada en Grecia, la historia sigue a Sophie, quien, a días de su boda, invita en secreto a tres antiguos amores de su madre, Donna, con la intención de descubrir quién es su padre. La decisión desata un torbellino en la vida de su progenitora, que recurre a sus mejores amigas y excompañeras de banda mientras todo se desborda durante la semana previa a la boda. La recomendación coincide con listados como el de la periodista cultural Cristina Blanco y el rankingde Elle, sobre películas para ver en el Día de la Madre.
Guatemala, viernes 8 de mayo de 2026

Su mayor deseo es graduarse de la universidad y ser licenciada. Estudia educación musical en la Universidad del Valle de Guatemala y quiere dedicarse a la docencia. Principalmente en música, aunque también le interesan las artes plásticas y podría desarrollarse en ambas áreas.
es una
multifacética, de 19 años. Forma parte de agrupaciones de música académica que desarrolla con profesionalismo. Es locutora, dibujante y actriz en formación. Ha estudiado las bellas artes en academias de Guatemala.
Texto: Isa Enríquez
Foto: Jesús Alfonso
Alexa Mieschel es una joven artista guatemalteca de 19 años, cuya trayectoria se construye desde lo multifacético: es fagotista, percusionista, actriz de teatro, locutora y dibujante, además de integrar la Orquesta de Flautas de Guatemala. Es bachiller en educación musical y se inició en este arte con canto y guitarra; después, estudió piano y, desde donde sabe leer partituras. En este trabajo cuenta su historia, influencia familiar y sus sueños.
Cuando era niña empezó en teatro, haciendo papeles pequeños como CaperucitaRoja. Luego, pasó por academias donde combinó maquillaje y actuación, y también artes plásticas. Más adelante, estudió danza y ballet. Siempre fue un ir y venir entre distintas disciplinas, pero el arte se volvió constante en su vida, comentó.
El comienzo
En 2018 empezó de manera formal en la música. De manera paralela, siguió en el teatro, incluso durante la pandemia. Más tarde se involucró en la producción escenográfica.
Estudió un bachillerato en educación musical donde conoció el fagot, “que me llamó mucho la atención por su sonido. Es un instrumento complejo, pero confirmé
Guatemalteca que cuenta con formación en teatro, danza y artes plásticas, centra su desarrollo en la interpretación instrumental
que era lo mío. Formé parte de la orquesta municipal, fue un proceso exigente, pero logré graduarme con buen promedio”, recordó.
Luego, se integró a distintas agrupaciones: la Orquesta Nacional de Flautas, la Orquesta Juvenil Municipal y bandas juveniles. También tiene actuaciones en conciertos importantes, entre ellos un sinfónico dedicado a la agrupación española Gipsy Kings, efectuado en la ciudad de Guatemala, hace algún tiempo.
Alexa, su nombre artístico, ahora forma parte de varias bandas y también ha apoyado la producción de espectáculos.
La influencia familiar Preguntada sobre la influencia de la familia, Alexa subrayó que ha sido fundamental: “Mis papás siempre me apoyan, me acompañan a los ensayos y presentaciones. Creo que todo ha sido una combinación de constancia y las oportunidades que he buscado”, resaltó orgullosa.
En torno a la diferencia entre una orquesta sinfónica y una de flautas, dijo que en la primera hay cuerdas y variedad de instrumentos, lo que genera un soporte sonoro más amplio.
En la orquesta de flautas es distinto, porque hay menos instrumentos graves, así que muchas veces le toca asumir ese rol con el fagot.
“Eso implica más responsabilidad y también enfrentar momentos donde voy prácticamente sola”, explicó la joven artista.
Mujer Ángel es uno de sus trabajos más destacados en blanco y negro.

viernes


La artista transitó del cine a la fotografía. Proyectos como Los que viven en la arena y Juchitán de las Mujeres reflejan su exploración de la identidad mexicana. Con exhibiciones en recintos como el Centre Pompidou, Francia, y el galardón de la talla del Pre-
mio Hasselblad, su legado es referente mundial. De su vasta producción sobresalen las capturas en el baño de Frida Kahlo. En ese espacio logró inmortalizar la vulnerabilidad de la pintora con una carga emocional que la estremeció.

Guatemala, viernes 8 de mayo de 2026


Polifacético artista mexicano-guatemalteco, de 53 años de edad, y 41 de trayectoria, es licenciado en artes escénicas por Bellas Artes, comunicador por la Universidad del Tepeyac. Desde su llegada a Guatemala se ha consolidado como un referente en la dirección, producción y actuación para cine, teatro y televisión
El eco de los pasos sobre la alfombra de una academia de actuación en Guatemala no es solo ruido ambiente; es el sonido de la formación. Allí, entre espejos que han visto nacer a cientos de personajes se encuentra el actor de teatro musical y cine Erick Frías. Observa, corrige y guía, no solo habita el escenario; lo analiza, produce y, sobre todo, lo respeta. Entrevistarlo en el estudio es entender que el arte, más que un chispazo de inspiración, es una disciplina de alto rendimiento donde cuerpo y mente se sincronizan.
El teatro musical ha sido testigo de su evolución. Mexicano de nacimiento, pero guatemalteco por elección desde 2007, ya su nombre es un referente en las carteleras de teatro.
Erick Frías, actor y docente, integra su herencia mientras fortalece el cine local
La historia del intérprete comenzó hace cuatro décadas en Televisa, México. Cumplía un turno de 16:00 a 20:00 horas. Sus padres fueron claros al decirle que el arte era un camino, pero el estudio era el cimiento.
Esa estructura mental lo llevó a la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde a los 18 años participó en la opereta Chin Chun Chan.
Su filmografía en televisión incluye títulos destacados entre ellos La pasión de Isabela, donde compartió créditos con Lupita D’Alessio.
En el ámbito teatral formó parte del musical Vaselina, bajo la producción de Julissa, en la cual compartió escena conlos cantantes Thalía y Benny Ibarra.
Hace 19 años, lo que se inició como una visita familiar para conocer a su sobrino recién
Como docente el histrión se enfrenta al reto de desmitificar la inmediatez de las redes sociales. A sus estudiantes les enseña que un influencer debe provocar cambios y que el talento requiere proceso, investigación y salud financiera. “Un artista necesita tener resueltas sus necesidades básicas para poder concentrarse en crear”. Con proyectos en puerta como Corona de amor y muerte (donde interpretará a un
nacido, significó un cambio de paradigma personal y profesional. Guatemala, con su “pausa” necesaria frente a un momento de estancamiento en México, lo recibió con una velocidad vertiginosa. Lo que debían ser tres meses desembocó en casi dos décadas de “echar punta”.
Trayectoria
Ha explorado la densidad de Shakespeare al interpretar a Macbeth y Ricardo III , también ha brillado en la precisión de la comedia fina en La Suite del Plaza y en la energía de grandes musicales como Mamma Mia! Aguarda con entusiasmo el estreno de Jhony Boy, una producción guatemalteca de Paradox Studio GT, dirigida por Luis López. En este largometraje, la figura escénica asume un protagónico que describió como reto meticuloso de tres años de trabajo.
rey este mayo en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias) y próximas temporadas de Anita la huerfanita y Rock of Ages, en el IGA, Frías demuestra que el paso del tiempo es solo una evolución natural. En sus propias palabras, esta carrera es de “resistir, insistir e insistir”, y él lo hace con la misma pasión que aquel niño que cruzaba las puertas del Centro de Educación Artística, de Televisa, hace 41 años.
Cuando una mujer está en gestación, hay un espíritu que cuida al que viene”.
Marta Saloj Comadrona, San Lucas Tolimán

El uso del temazcal, un antiguo baño de vapor, es parte de la preparación que las parteras utilizan, así como otros conocimientos, en los cuidados de la futura madre.
Texto: Isa Enríquez
Fotos: Carlos Caljú
Hay noches en las que una casa se llena de silencio y de espera. En el ambiente, el viento se mueve entre los árboles y adentro una mujer respira mientras otra, con las manos tibias, sostiene el tiempo. No hay relojes. Hay calor, rezos, murmullos y expectativa. La partera no solo observa el cuerpo. Escucha algo profundo que viene de antes y que se activa cuando una vida está por llegar.
En la cosmovisión maya el nacimiento no es un hecho aislado. Es un tránsito que involucra a la madre, al bebé, la familia, la naturaleza y los ancestros. La comadrona habita ese cruce. Su conocimiento no empieza en libros, sino en una

Entre sueños, saberes milenarios y resistencia, las comadronas acompañan el proceso de traer vida desde el cuerpo y el espíritu
relación íntima con el cuerpo y la espiritualidad. Por eso, cuando una mujer entra en trabajo de parto, no está sola. Está acompañada por manos, palabras y memorias.
Llamado y sueños
Ser comadrona en Guatemala no es una decisión personal, en la mayoría de casos, según diversas investigaciones y las entrevistadas, es un llamado ancestral que se manifiesta mucho antes de que una persona acompañe su primer
Ser comadrona es una vocación que implica resguardar la vida”.
Timotea Reynoso Docente, USAC
parto. Este rol se revela a través de sueños, señales y experiencias que, en la cosmovisión maya, no son casualidad, son una forma de designación espiritual que luego es confirmada por guías y autoridades comunitarias.
Como recoge Timotea Viviana Tavico, investigadora de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), en su trabajo sobre las comadronas en nacimiento de niños en el municipio de Santa Cruz, Quiché, las comadronas “son personas respetables por sus conocimientos ancestrales… como un don que traen determinado o designado por el Creador”, es una vocación que implica resguardar la vida desde su dimensión espiritual hasta su manifestación física.
Marta Saloj, partera de Sololá, ejerce el oficio desde hace 40 años.
Guatemala, viernes 8 de mayo de 2026

Lo vivió así. “Desde los 12, 13, 14 años se me empezó a revelar que ese era mi don… fue por medio de sueños… ahí me hablaban. En ellos encontré una confirmación, una guía”. Lo que comenzó como una inquietud se convirtió en un camino que, con el tiempo, se afianzó en la práctica y en la relación con su comunidad.
Febe Huarcas, comadrona de San Lucas Tolimán, Sololá, con 45 años en el oficio, también recordó ese proceso como una formación progresiva y simbólica. “Primero, uno sueña con niños… después, vienen los sueños con embarazadas… luego el parto… después se sueña con recién nacidos”. En su relato, el aprendizaje ocurre por etapas, como si cada sueño abriera una puerta distinta dentro de un conocimiento que no se adquiere de golpe, sino que se revela de a poco.
Estas experiencias coinciden con lo documentado por Reynoso Tavico: “Mediante los sueños se puede tener noción si una mujer está destinada a ejercer el liderazgo de comadrona en su comunidad”; eso se entiende como una señal que define su rol y su responsabilidad “como guardianas de la vida”. Así, el conocimiento no se transmite solo de persona
mil comadronas hay en el país, según el registro del Ministerio de Sade Salúd Pública y Asistencia Social hasta abril de 2025.

a persona. Se revela, confirma y fortalece con la práctica, pero también forma parte de una herencia que ha acompañado a las comunidades, mucho antes de la medicina institucional.
Por eso, cuando Huarcas afirma al contar un roce con una profesional, “usted es médica occidental, yo soy médica ancestral”, no solo señala una diferencia en la forma de aprender, sino la continuidad de un saber antiguo, con sus propios métodos, criterios y formas de entender el cuerpo, la salud y el nacimiento. Un conocimiento que, lejos de ser menor, ha sostenido la vida en comunidades enteras por generaciones.
Cuerpo y conocimiento
El origen de las comadrona también explica la dimensión de su trabajo. No se limitan a atender el parto. Acompañan mental y emocionalmente a las mujeres, al entender que la gestación implica mucho más que un proceso biológico. “Cuando una mujer está en gestación, hay un espíritu que cuida al ser venidero y también acompaña a la comadrona”, dijo Saloj. En esa relación, el cuerpo es solo una parte de lo que está en juego, mientras lo invisible también guía, advierte y protege.
Desde los 14 años se me empezó a revelar mi don, fue por medio de los sueños... ahí me hablaban. En ellos encontré confirmación”.
Marta Saloj Comadrona
En comunidades q’eqchi’es, según documenta la investigación coordinada por Brenda Yat Co, y de la USAC, junto con Ereydida Juárez y Juan Rojas, basada en un trabajo de campo en Alta Verapaz, el embarazo se vive dentro de un sistema que buscan equilibrio. Por ejemplo, la sobada —una técnica de tacto corporal propia de estas especialistas— es una de las prácticas extendidas durante la preñez en que, a través de las manos, se busca aliviar molestias, pero también conocer la posición del feto y acompañar los cambios de la paciente. Este contacto crea un vínculo de confianza y permite detectar señales que, para ellas, el
cuerpo comunica. El calor es esencial, así como las hierbas, granos, rezos y amuletos que son parte del proceso. Ese mismo conocimiento se encarna en historias como la de Saloj, que acompaña embarazos con masajes, temazcal (baños de vapor ancestrales) y plantas medicinales. “Uno ya sabe cómo viene el trabajo, se siente y mira”, comentó al describir una forma de diagnóstico que no depende de tecnologías sino de la experiencia y tacto. Con su don ancestral, experiencia y sabiduría, tanto Huarcas como Saloj coinciden en que pueden identificar si el embarazo “va a buen ritmo, la posición del bebé y el estado de la mamá”.
Por ello, las mujeres, según la investigación de Yat, prefieren tener el alumbramiento en la casa, en posiciones como de cuclillas, con un banco de madera o sostenidas por otra persona. Huarcas lo confirma: “Cuando ya está lista, se inclina… el esposo la sostiene… así el bebé baja más rápido”. Para ella, el parto acostado dificulta el proceso, una percepción que coincide con los saberes tradicionales documentados.
El nacimiento, en este contexto, no es solo un evento biológico. Es una bendición ligada a la naturale -

za. Por eso se prepara el espacio, la comida, el cuerpo, la comadrona llega antes, observa, pregunta, acompaña.
Relación continua
El acompañamiento de las comadronas es constante. En las comunidades q’eqchi’es, según Yat, las visitas se mantienen en todo el embarazo y posparto. Observan el crecimiento del vientre, la posición en la que viene y síntomas; siguen el proceso de cerca.
Marta Saloj ha hecho esto por cuatro décadas. Ha atendido a mujeres en todos sus partos y ahora recibe a los hijos de esas familias. Su relación con los hogares no es momentánea. Es continua. Febe Huarcas también describe una práctica intensa, con aproximadamente 30 partos al mes, que en 45 años de partera, resultaría en 16 mil 200 niños. Esto le ha permitido desarrollar una lectura corporal precisa. “Nosotros, con las manos… hasta sentimos cuando un bebé trae la mano en la cabecita”, explicó.
Departamentos con mayor presencia
3,532 Huehuetenango
2,649 Alta Verapaz
2,333 Quiché
1,935 San Marcos
226

Al momento del nacimiento, todo se concentra. El dolor, la espera, la memoria. La comadrona sostiene el cuerpo de la madre, pero también sostiene algo más difícil de nombrar. Acompaña el paso de una vida que llega y de otra que se transforma. Huarcas lo describe como una conexión profunda con la mamá “Cuando le digo a la señora ‘pujá’, uno quisiera pujar también”. Por su lado, Saloj resalta el acompañamiento de los abuelos y los espíritus que, según dice, también están presentes.
Ahí, en ese instante, se cruzan los saberes, las generaciones y las formas de entender el mundo. El nacimiento deja de ser un procedimiento y vuelve a ser lo que siempre ha sido en estas comunidades. Un acto profundamente humano, colectivo y espiritual. Las que reciben al nuevo ser siguen ahí, incluso cuando el sistema no las mira del todo. Siguen llegando de madrugada, preparando el espacio, tocando el vientre, escuchando lo invisible. Siguen recibiendo vidas.
En cada niño que llora por primera vez, también se reafirma su lugar. No solo como quienes asisten un parto, sino como quienes cuidan el inicio mismo de la vida.
Esa experiencia se traduce en decisiones clave. Ambas reconocen cuándo un parto puede continuar en casa y cuándo debe ser referido
a un centro asistencial. “No se puede esperar”, dijo Saloj al hablar de complicaciones. Febe lo refuerza: “Las comadronas llegamos a saber

si una paciente no puede dar a luz… ahí la tienen que operar en hospital” (los cirujanos). Este criterio muestra que su práctica no está aislada, dialoga, a veces con tensión, con el sistema de Salud. Saloj recordó un caso en el que refirió a tiempo a una paciente con complicaciones. “La doctora me felicitó… me dijo: ‘así hay que trabajar’. Huarcas también ha intervenido en situaciones críticas, incluso cuando su conocimiento fue inicialmente cuestionado. “La doctora estaba nerviosa… usé una técnica nuestra… y la placenta bajó… después me ofreció disculpas”, recordó.
El peso de sostener vida
A pesar de su rol central, las condiciones en las que trabajan son precarias. Saloj lo resume con claridad a través de sus experiencias. Huarcas describe una realidad similar. Jornadas sin horario, salidas en la madrugada, trabajo bajo lluvia o sol. “Salimos con nuestras mochilas… con hambre, con sueño”. La remuneración es inestable. Muchas veces, simbólica: “A veces, solo Q20 nos dan”. Sin embargo, en sus comunidades el reconocimiento es otro. Son figuras de autoridad. Líderes. Mujeres a quienes se les confía la vida.
Datos recientes de Unicef muestran que miles de comadronas han sido reconocidas en distintos departamentos del país, lo que evidencia su presencia y su importancia en la atención materna e infantil.
29%
De los partos en el país son atendidos por comadronas, según datos de Unicef, 2024.
Guatemala, viernes 8 de mayo de 2026

Ilustración: Sergio Espada
Fue una destacada escritora e intelectual, reconocida como una de las �iguras brillantes y valientes de la literatura centroamericana del siglo XX. Criada en un entorno familiar de bagaje cultural desarrolló una pluma aguda que culminó en 1938 con la publicación de su obra Semilla de Mostaza. Esta novela histórica, impresa en los talleres de la Tipogra�ía Nacional y ambientada en la época colonial, sorprendió al mundo académico por su manejo del castellano, pero enfrentó a sectores de aquellos años que cuestionaron que una mujer fuera capaz de escribir una obra de tanta calidad. Defendió con dignidad su capacidad intelectual y se consolidó como la primera novelista guatemalteca y quien abrió el camino a las escritoras nacionales. Su legado perdura no solo en sus letras, sino como un símbolo de resistencia y excelencia frente a los prejuicios de su tiempo.
Más información disponible en este QR
De los cafetales de Pochuta,
Chimaltenango, a Moscú, Roberto Pérez
Chamalé redefine la identidad maya a través del piano en Rusia


Texto: Narcy Vásquez
Fotos: R. Pérez
En las entrañas de San Rafael, una finca que exhala el aroma de los cafetales en Pochuta, Chimaltenango, la vida nunca calla. Allí, la brisa transporta la resonancia de una marimba al alba, los arrullos de una madre y las notas de un órgano parroquial. En ese paisaje sonoro creció Roberto Pérez Chamalé quien, desde los 9 años, descubrió en un disco del compositor Piotr Tchaikovsky que el mundo podía ser tan vasto como las 88 teclas de un piano. Aquel niño se consolidó como un pianista y musicólogo que cristaliza la añoranza por su tierra en una trayectoria académica y artística de exigencia técnica inquebrantable en ese país.
Beca en Rusia
La trayectoria del músico es una partitura de perseverancia. Aquella instrucción empírica que brotó a los 5 años, bajo la tutela de su hermano y el respaldo de misioneros polacos, desembocó en una disciplina férrea. Tras estudiar “a escondidas” de su familia en el Conservatorio Germán Alcántara y trabajar como pianista del Coro Nacional, una oportunidad en 2018 cambió su destino: una beca en Rusia. Adaptarse no fue solo cuestión de sobrevivir a inviernos de 38 grados bajo cero o aprender un alfabeto nuevo. Fue una colisión de exigencia creativa.
Para él, la interpretación no es solo ejecutar notas, es descifrar el mensaje del compositor. Esta exigencia lo llevó a estudiar un mínimo de seis horas diarias, a menudo alquilando pianos durante la madrugada para perfeccionar su técnica en tres especialidades: música de cámara, acompañamiento para cantantes y solista.
Cosmovisión en Xk’un
A pesar de la distancia, la esencia de Pérez Chamalé permanece anclada en sus raíces. Su trabajo
La
Se cimentó en el Conservatorio Nacional y la Universidad de San Carlos. En 2018 dio un salto al integrarse a la Academia Rusa de Música Gnessin. En 2023 obtuvo el primer puesto en el Concurso Internacional de Pianistas Acompañantes en San Petersburgo. El rasgo de su trayectoria es promover el repertorio nacional en escenarios exigentes de Europa, en donde fusiona lo clásico con creaciones que reivindican su herencia ancestral.
de investigación y creación se ha centrado en figuras como el compositor Jesús Castillo, pionero del nacionalismo musical guatemalteco. Pero va más allá: integra su herencia maya en sus propias creaciones.
Un ejemplo es su obra Xk’un (que significa murió, en kaqchikel). A través de ella, el músico reflexionó sobre la indiferencia social ante la muerte, al contrastar los recuerdos de su infancia en el pueblo con la realidad actual. Asimismo, su obra Requiem al infante indígena, premiada en Moscú, es una pieza para orquesta y soprano que utiliza siete idiomas mayas para narrar el dolor de una madre, construida sobre la base melódica de la canción de cuna que su propia progenitora le cantaba.
Tras completar su licenciatura en interpretación pianística y una maestría, ahora cursa el primer año de su doctorado en musicología con interpretación musical y cultural. Su vida es una mezcla de borsch (sopa de remolacha) y recuerdos de tortillas, de la estepa rusa y las montañas de Chimaltenango. El entrevistado no solo toca el piano; reinterpreta a Guatemala para el mundo, demuestra que la música académica puede tener rostro indígena, voz de pueblo y una excelencia que no conoce fronteras.
escuela rusa es muy estricta. El primer año sentía que no sabía nada, pero era
un proceso de autocrítica para percibir la música desde otro ángulo”.
JORGE SIERRA mondosonoro2003@yahoo.com.mx

El rock en Guatemala se inicia a finales de los años 60 del siglo pasado. Se grababa en situaciones precarias; los grupos tenían instrumentos poco sofisticados, pero su capacidad era buena para hacer covers. La música original apenas empezó a desarrollarse a principios de los 70. Pero había algo más que estas bandas tenían en común: todos eran hombres.
Se empezó a ver mujeres en el rock a finales de los años 80, cuando el grupo Sangre Humana incluía entre sus filas a Patricia González. Años después, en esos emblemáticos toques de Trash Attack que se realizaban, principalmente en el Salón de la Asociación de Ferrocarrileros, surgió la voz de Heidi Saisi Milian, conocida en el ambiente como Black Velvet, a la que estimo la primera mujer metalera y que estuvo al frente de la banda Karak.
En los años 90 afloraron más voces, como la de Isabel Ruano, del grupo Disidentes, o Claudia Armas, del grupo femenino de rock Shemesh. Ya en el año 2008 apareció otro grupo de rock femenino Miss Lilith, que inicialmente fue rock fusión oscuro instrumental, ahora ofrece canciones, integrado por Laura Rivera (guitarra), Christa Quijivix (bajo) y Marleny Ruano (batería). Por cierto, su material ya está en Spotify.
Una de las más poderosas voces que irrumpió en el primer decenio del 2000 en Guatemala, dentro del rockabillyy blues, es sin duda Mercedes Escobar, hoy egresada de Berklee College of Music, Boston, EE. UU. Posee un portento de voz que nos remite a Janis Joplin.
Y hoy en la escena se puede escuchar a las cantantes Ira Méndez (Ars Magna), a Renee Celada (Age of Insanity), que participaron en el Metal Masters este año, aunque igual se encuentra Beverly Peláez del grupo Novilunia. El pasado 25 de abril en Noches de Rockeras, en la zona 4, participaron tres grupos con cantantes o integrantes de mujeres como Axis, con la primera voz de Andrea Sosa; Ojo de Luna con Cecilia Aguilar, y Cuatro Púrpura con la voz de Carmen Maribelle Pérez. Esta corta galería de nombres femeninos en la historia del rock guatemalteco nos hace comprender que ellas quieren estar activamente en una escena dominada por hombres, pero resulta que son infracontratadas e infrapromovidas, por no decir infravaloradas, y por tanto tienen que luchar. Lo suyo es un acto de resistencia, es una fuerte necesidad de romper esos techos de cristal y a demandar más visibilidad. Muchas de esas voces rockeras son gargantas poderosas, con actitud, llenas de fuerza e intensidad, pero no gozan del apoyo y la oportunidad que se merecen.


Cuatro monumentos exaltan a las mujeres y su papel de madre y sostén de la sociedad
Texto: Pablo Cahuec
Fotos: Carlos Caljú
En Guatemala la figura materna ha sido inmortalizada en distintos espacios públicos como símbolo de amor, protección y origen de la vida. En la capital, en la avenida La Reforma, zona 10, así como en la colonia Castillo Lara, zona 7, y en la colonia Diez de Mayo, zona 1, se levantan monumentos dedicados a la madre cada uno con estilos y épocas distintas, pero con un mismo propósito: rendir homenaje a la mujer que
representa el núcleo del hogar y la formación de la sociedad.En otros lugares como Mazatenango, Suchitipéquez, se conservan esculturas que también la exaltan. Reconocer a las mamás, sus sacrificios y el don de dar vida es un acto que trasciende generaciones. En el país existen muchas efigies dedicadas a la maternidad, distribuidas en plazas, calles, avenidas y parques, convirtiéndose en parte del paisaje urbano y de referencia de los guatemaltecos.
Esta imagen fundida en piedra y arena, fue inaugurada en los años 6O en la colonia Diez de Mayo,

Uno de los más vistosos homenajes inaugurado en 1971, está situado en la colonia Castillo Lara,



Guatemala, viernes 8 de mayo de 2026




En Guatemala, el Día de la Madre suele celebrarse con un despliegue de afecto. Las calles se llenan de flores, los restaurantes desbordan y las redes sociales se inundan de mensajes a la figura de la “madre abnegada”. Sin embargo, bajo este manto, a menudo se esconde una exigencia silenciosa y devastadora: el mandato de la perfección. La sociedad ha tallado en piedra una imagen de la maternidad que exige constancia, sacrificio y capacidad de carga que, por momentos, parece sobrehumana.
Para comprender el impacto de esta presión en la salud mental, es preciso volver la mirada hacia el pensamiento de Donald Winnicott (1896-1971), pediatra y psicoanalista británico, quien revolucionó la forma de entender el vínculo materno-filial. Con una lucidez que desafía el paso del tiempo. Este especialista introdujo el concepto de la “madre suficientemente buena”.
Esta efigie engalana el parque central de la ciudad de Mazatenango,
Para Winnicott, la búsqueda de la “madre perfecta” no es solo un error, es una trampa. El psicoanalista observó que los niños no requieren de una figura inmaculada que nunca se equivoque o se canse y que siempre posea la respuesta correcta. Por el contrario, la perfección excesiva, lo que él llamaba “la madre perfecta”, puede resultar incluso dañina, ya que impide que el niño experimente la realidad, las pequeñas frustraciones y, eventualmente, la independencia.
La “madre suficientemente buena” es aquella que, a partir de una adaptación profunda a las necesidades de su hijo, es capaz de fallar de manera leve y gradual. Estas pequeñas fallas, lejos de ser un fracaso, son las que permiten que el niño desarrolle su propia personalidad, sus propios límites y su resiliencia.
Oportunidad para la reflexión
¿Por qué es esto vital? Porque la maternidad es con frecuencia una carrera de resistencia en solitario. Muchas asumen la crianza, la gestión del hogar y el sustento económico sin una red de apoyo que las respalde. En este contexto, la presión por ser “perfectas” se convierte en un factor de riesgo, que alimenta sentimientos de culpa ante cualquier error o momento de agotamiento humano. Esta fecha debería ser una oportunidad para la reflexión sobre la corresponsabilidad. Si aceptamos, siguiendo a Winnicott, que el niño no necesita una madre heroica, sino una presente y humana. Ellas no necesitan flores que se marchitan al día siguiente, requiere de un entorno social que le permita ser “suficientemente buena” sin que eso implique sacrificar su propia integridad física o emocional.
Liberar a las madres de la perfección es, en última instancia, el regalo más grande por ofrecer. Significa validar su humanidad, reconocer su derecho al descanso y comprender que el bienestar de la infancia depende de una sociedad que, por fin, decida compartir la carga de cuidar la vida.
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Recopila investigaciones de la autora, en la Universidad de San Carlos, hacia los ochenta, preparadas para el bicentenario de la colocación de la primera piedra de la Catedral Metropolitana (1782-1982).
La Dra. Josefina Alonzo pasó a la academia privada y la obra quedó entre sus papeles.
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