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Edición 218 revista viernes 02022018

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Guatemala, viernes 2 de febrero de 2018

Gabriel Ánge

Editorial

Monografía

En uno de los apartados de esta edición, un experto forestal explica que el sistema boscoso simula una verdadera red neuronal en la que todos los elementos están interconectados. Estos elementos incluyen

l autor nació en Ojos de Agua del Yajal, Río Hondo, Zacapa, el 3 de febrero de 1910. Autor prolífico y periodista, miembro destacado de los Tepeus, o Generación Literaria de 1930. Su obra, enraizada profundamente en lo guatemalteco, comprende una serie de libros en los que lo nacional es una constante. Dice Alfonso Enrique Barrientos, que “la vocación antropológica y etnográfica de Gabriel Ángel Castañeda lo ha inclinado a profundizar sus investigaciones lingüísticas al punto de haber descubierto mediante geonimias y toponimias, los restos de verdades incuestionables acerca de nuestra guatemalidad, como él la llama, y que se remontan hasta los olmecas.” Su labor investigadora lo ha llevado además al campo histórico, producto de lo cual son sus valiosas monografías sobre Esquipulas (1965), Teculután (1971) y Quetzaltenango (1974), en donde el autor proyecta su exaltada pasión por la patria. Ahora con su monografía sobre la ciudad centenaria de Gualán, continúa con su constante espíritu investigador buceando en la geografía, la lengua, la historia y el folclor de nuestros pueblos.

no solo los mecanismos de reproducción, defensa y alimentación propios de las plantas, sino los suelos, considerados también como un complejo sistema vivo. De esa cuenta, cuando se habla de bosques, se tiene que hacer referencia a la totalidad de formas de vida que lo habitan: desde pájaros e insectos, hasta mamíferos y fantasmas, sin olvidar por supuesto el agua, el clima... y, cómo no, los grupos humanos. Y es que, históricamente, estos se han colocado en el pedestal evolutivo más alto de todos los reinos, lo que a todas luces ha ido en detrimento no solo de las demás especies sino de los mismos grupos humanos. En efecto, es cada vez más evidente que la jerarquización antropocéntrica del mundo se ha convertido en un mecanismo que está amenazando el conjunto de formas de vida que componen el planeta. Ese factor humano, que a costa del futuro ha desatado una furiosa carrera por el bienestar, es, a la vez, la última esperanza que le queda al hábitat planetario para recuperar el equilibrio. Quizás aún estemos a tiempo. Archivo

DIRECTORIO Director General: Pavel Arellano Arellano

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Subdirector General Técnico: Rodrigo Carrillo Edición: Otoniel Martínez Diseño Gráfico: Héctor Estrada Digitalización: Boris Molina

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Semblanza

Marco Polo

Patente El 29 de enero de 1886, Karl Benz obtuvo la patente alemana número 37435, del que se considera como el primer vehículo de la historia diseñado para ser impulsado por un motor de combustión interna.

Nació el 15 de septiembre de 1254 en Venecia, República de Venecia. Hijo y sobrino de mercaderes venecianos a los que acompañó en uno de sus viajes (1260) desde Bukhoro, en Uzbekistán, a China, donde permanecieron durante algunos años en Kaifeng, capital oriental del emperador mongol Kublai Jan, y regresaron a Venecia en 1269. Dos años más tarde realizan su segundo viaje a China, por tierra desde Acre (Israel) a Hormuz, en la entrada del Golfo Pérsico; desde allí, hacia el norte, a través de Irán hasta el río Oxus (Amu-Darya), en Asia Central. Posteriormente ascendieron por el Oxus, cruzaron Pamir y llegaron a la región de Lob Nor, en la provincia de Sinkiang (Xinjiang Uygur), en China, y por último cruzaron el desierto de Gobi y llegaron a la corte de Kublai Jan, por aquel entonces en la ciudad de Shangdu (Shang-tu), China, en 1275. Fueron los primeros europeos que visitaron la mayoría de los territorios que recorrieron durante su viaje. Formó parte del cuerpo diplomático de Kublai Jan, y durante tres años fue gobernador de la ciudad china de Yangzhou (Yangchow). Su padre y su tío fueron consejeros militares del emperador. Permanecieron en China hasta el año 1292, cuando partieron como escoltas de una princesa china en un viaje por mar hasta Irán, donde llegaron a través de Sumatra, el sur de la India, el océano Índico, y el Golfo Pérsico. Continuaron después por tierra más allá de Tabriz, en el noroeste de Irán, por la costa este del mar Negro, y de Constantinopla. Llegaron finalmente a su ciudad, Venecia, en 1295. En 1298 fue capitán de una galera veneciana en la batalla que enfrentó a las flotas de Venecia y Génova. Fue apresado por los genoveses. Durante su encarcelamiento dictó a un compañero el relato de sus viajes. En 1299 fue puesto en libertad y volvió a Venecia. Su obra Los viajes de Marco Polo es probablemente el libro de viaje más famoso e influyente de toda la historia. Fue la primera toma de contacto con la realidad de China, además de las primeras noticias sobre otros países como Siam (Tailandia), Japón, Java, Cochinchina (en la actualidad una parte de Vietnam), Ceilán (Sri Lanka), Tibet, India y Birmania. Sirvió de modelo para elaborar los primeros mapas fiables de Asia que se hicieron en Europa, y despertó en Cristóbal Colón el interés por el Oriente, que culminó con el descubrimiento de América en 1492, cuando pretendía llegar al Lejano Oriente que había descrito. Marco Polo falleció el 8 de enero de 1324.

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Abecedario

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Cuba, Cataluña y la Fotos: Archivo

Muchos emigrados catalanes desarrollaron intereses económicos y políticos en Cuba.

En las noches de verano, en los pueblos de la costa de Cataluña, Cuba es todavía un recuerdo y una nostalgia. Lioman Lima* n recuerdo que huele a ron quemado y una nostalgia que suena a la música de las habaneras, mientras el mar rompe y la gente se reúne a cantar viejas historias: las memorias de los abuelos que se fueron a la guerra o a buscar fortuna a Las Antillas. En Cataluña, como en el resto de España, Cuba perdura como una vieja herida, como un lejano “paraíso perdido”. Pero lo que muchos desconocen es cómo se vivió la historia del otro lado. Y es que más de un siglo antes del referendo separatista, de las huelgas y las manifestaciones que se han hecho frecuentes en esa región de España, el ideal de la independencia, al menos como hoy se concibe, comenzó a gestarse a miles de kilómetros de la Península Ibérica.

En 1898, al terminar la Guerra Hispano-Cubana-Estadounidense con la firma del Tratado de París, España perdió sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. La política del “último hombre y la última peseta”, por la que Madrid pretendía conservar Cuba, costara lo que costara, dejó a la corona española endeudada, deprimida y en crisis. Algunos catalanes, como José Miró Argenter, Josep Oller Araga o Gabriel Prat combatieron junto a los cubanos en la guerra contra la corona.

No fue una regla general.

“A finales del siglo XIX, cuando la Guerra de Cuba, no todos los catalanes estaban de acuerdo con la independencia de la isla, había muchos que tenían negocios y perder Cuba era también perder ese negocio”, explica el historiador Joan Esculies, profesor de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC, por sus siglas en catalán). La independencia de Cuba generó entonces algunas simpatías, pero sobre todo, muchos recelos entre los catalanes, especialmente, entre los que perdieron sus cuantiosas propiedades y riquezas en la isla. Muchos no le perdonaron esta derrota a la Monarquía, como antes tampoco le habían perdonado la abolición de la esclavitud en isla.

Y es que el tráfico de esclavos era una tarea tan catalana en Cuba que hizo popular por ese entonces una cuarteta que decía: “En el fondo del barranco/ canta un negro con afán: / ay, Dios, quien pudiera ser blanco/ aunque fuera catalán”.

Cuba catalana

Ya por esos años eran comunes en la isla los apellidos de ascendencia catalana, desde los Partagás hasta los Bacardí o los Sardá, estirpes emblemáticas de quienes habían hecho fortuna allí y establecido negocios, cuya opulencia todavía tienen eco no solo en la mayor de las Antillas sino en el Caribe y sus alrededores. Muchos abandonaron la antigua colonia después de la guerra y regresaron a Cataluña con las alforjas llenas del dinero que habían hecho sus familias allí por siglos en el comercio del tabaco, el azúcar y, también, la esclavitud. Fueron muchos de ellos quienes, al regreso, impulsaron el movimiento de renovación política y cultural de finales del siglo XIX y principios del XX que dio origen al nacionalismo catalán moderno y a fenómenos como el modernismo. Pero otros tantos se quedaron del otro lado y, desde ese entonces, comenzaron a pensar que lo ocurrido en Cuba bien podía replicarse en Cataluña.


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a bandera estelada

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Migración catalana a Cuba 1. Del siglo XV hasta finales del XVIII. 2. 1780 al 1860 (la gran oleada). 3. 1860 a 1898 (cae la población tras el inicio de las guerras de independencia de Cuba). 4. 1900-1929 (reanimación y caída por la crisis económica de 1929). Fue en ese tiempo cuando, inspirados por la independencia de la isla, muchos de los emigrados catalanes vieron en ese hecho el ejemplo de lo que querían para la tierra que abandonaron años atrás. “La Habana a inicios del siglo XX fue quizás la ciudad más catalanista del mundo fuera de Cataluña”, explica el historiador Joan Manuel Ferrán Oliva, autor de La saga de los catalanes en Cuba. “No significa que Cuba haya sido la cuna del independentismo catalán, porque esto es una lucha de siglos, pero sí es cierto que a inicios del XX fue desde aquí donde se gestaron, organizaron y financiaron muchos de los principales eventos y organizaciones que defendían esta corriente en Cataluña”. Según cálculos de este investigador, para 1925 aún residían 17 mil catalanes en la isla, la mayor comunidad fuera de España.

Independentismo cubano

Fueron muchos de ellos quienes se convirtieron en el principal soporte internacional de la “causa independentista” en el extranjero. “Tras la guerra comienzan a organizarse grupos nacionalistas radicales en La Habana y Santiago de Cuba, que aspiraban a que Cataluña también pudiera independizarse del Imperio español”, comenta Esculies. De acuerdo con el académico, este momento coincidió con la aparición en Cataluña de un movimiento denominado “catalanismo político organizado”, que era básicamente una propuesta para reformar España. Pero los emigrados catalanes en la isla pusieron un acento grave al movimiento: ya no solo era preciso que se descentralizara el poder desde Madrid, sino que Cataluña “también podría (y debería) ser libre”, como lo había sido Cuba. Surgieron así en la isla asociaciones y grupos que abogaban de forma directa por la indepen-

Cataluña vive un intenso proceso de ajustes en su relación con la monarquía española.

dencia de Cataluña, como el Club Separatista Número 1 de La Habana, el Club Separatista Número 11 de Santiago de Cuba, el Grop Nacionalista Radical Cataluña o el Blok Nacionalista Cathalonia de Guantánamo. En su libro Catalans d’Amèrica per la independencia , Víctor Castells explica que estas organizaciones, muchas de ellas secretas, buscaban promover que “la libertad llegara a través de las colonias o las comunidades americanas”, como había ocurrido antes en Irlanda. “Estos emigrados comenzaron a publicar revistas de corte independentista en La Habana y colocaban en los balcones de los centros y las asociaciones catalanas una senyera (la bandera amarilla con cuatro barras rojas, emblema de Cataluña) con una estrella blanca, como la que tenía la cubana”, explica Esculies. Fue este el primer diseño, el más primitivo, de la “estelada” (estrellada, en español), la bandera insignia del separatismo catalán, que se inspiró, según el especialista, en la cubana. Pero la semejanza entre las banderas no quedó ahí.

Tres banderas

Hacia 1914, llegó a La Habana un marino mercante proveniente de Chile que cambiaría nuevamente el diseño y el significado de la “estelada”. Vicenç Albert Ballester, que había sido

miembro del Fomento Autonomista Catalán y cumplido cárcel por organizar actos de corte independentista, encontró en Cuba no solo un movimiento radical a favor de la separación de España. “Para él y sus compañeros de la Unión Catalanista, la independencia de Cuba fue también un ejemplo de lo que podría pasar en Cataluña. De ahí que al ver estas banderas que se colocaban en las asociaciones y ver la bandera cubana se inspiró en ellas para hacer este diseño de la estelada que vemos hoy”, explica Esculies. Ya con anterioridad, los independentistas puertorriqueños también se habían inspirado en el diseño de la bandera cubana, ideada por Narciso López en 1850, para crear la bandera de su país. “Es en este momento en el que comienza el independentismo catalán. O sea, será para inicios de la década de 1920 cuando comienza a tomar fuerza una propuesta más cercana a lo que entendemos hoy por independentismo”, comenta el profesor de la UOC. Ferrán Oliva, por su parte, explica que para 1922, Francesc Macià, un catalán que había sido teniente coronel del Ejército español, crea un partido denominado Estat Catalá (Estado Catalán) que utilizará la bandera de Ballester como emblema. “Unos años después en 1928, Macià vuelve a Cuba y aquí tiene lugar la primera Asamblea


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Existe un vínculo histórico entre los movimientos independentistas de América y la Península Ibérica.

Constituyente del Separatismo Catalán, que tuvo lugar entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre de 1928 y es cuando se proclama la estelada como la bandera oficial de la República catalana”, comenta. Según el especialista, esta reunión tomó como modelo la asamblea independentista de Guáimaro, la primera reunión constituyente de los mambises, los cubanos que se rebelaron contra el dominio español. Durante esta reunión los emigrados, junto a Macià, fundaron el Partido Separatista Revolucionario Catalán y aprobaron la Constitución Provisional de la República Catalana o Constitución de La Habana, el primer documento que daba “forma legal” a la “nación independiente”. “Fue en realidad un documento político más que jurídico y de alguna forma fue una

Las barras y la estrella solitaria en el pabellón de Cataluña remiten a su génesis caribeña.

reafirmación de un congreso de emigrados catalanes celebrado en 1922 en La Habana que tuvo entre sus principales conclusiones que se consideraba que Cataluña tenía derecho a la independencia absoluta”, indica Ferrán Oliva. El historiador cubano asegura que uno de los principales motivos para que este evento emblemático tuviera lugar en Cuba no fue solo el papel simbólico que tuvo el país en el imaginario independentista catalán. “En realidad se trataba también de que los emigrados catalanes en Cuba estuvieron entre los que más fondos aportaron a la causa independentista casi hasta mediados del siglo XX”.

Fondos catalanes

Según Ferrán Oliva, más de 47 por ciento de los recursos económicos recibidos por Estat

Catalá durante el régimen de Primo de Rivera (1923-1930), provinieron de los emigrados en Cuba. Sin embargo, al caer el gobierno de facto en España, Macià renunció a proclamar la independencia catalana y aceptó reformar el gobierno autonómico con la Generalitat. Según Ferrán Oliva, un grupo de emigrados de Santiago de Cuba se enojó tanto con la decisión de Macià que descolgaron su retrato de las sociedades catalanas y le retiraron la presidencia de honor de las mismas. “La comunidad exiliada de La Habana también se molestó mucho con este hecho. Y es que generalmente, la diáspora es más radical que la gente que vive en el propio país, porque la gente que se queda está más cerca de la realidad de lo posible y el que está afuera siempre tiene un discurso más idealizado. De ahí vino ese desencanto”, explica Esculies. El apoyo, según ambos especialistas, continuó incluso durante la Guerra Civil, aunque igualmente muchos emigrados reclamaron a sus compatriotas por no haber hecho más por salvar la República. Sin embargo, entrado el siglo XX, la ruta de los catalanes independentistas en Cuba se pierde en los nubarrones turbulentos que se forman en los inicios de la revolución castrista de 1959. “No creo que hubiera muchas simpatías entre el independentismo y el régimen de Castro, aunque sí que las hubo entre algunos partidos y gobiernos de izquierda catalanes”. “De hecho, está la estelada con el triángulo rojo. Es un bandera que se creó inspirada por los partidos marxistas, aunque ya para esa época el independentismo de los emigrados cubanos había dejado de ser lo que fue”, concluye Esculies. *BBC


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Gavetas

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Hemeroteca del Diario de Centro América

José Joaquín Pardo DCA, 24 de enero de 1935.El lunes anterior celebró su sesión ordinaria la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, para tratar asuntos relacionados con la marcha de la institución, entre ellos el que se refiere a la comisión encargada a don Joaquín Pardo, secretario 1º de la entidad. Se trata de la búsqueda de la documentación que posee Guatemala en los archivos de la capital y que se refieren al período previo a la emancipación política de España, así como otros relacionados con hechos posteriores a aquel momento histórico. El secretario 1º cumplió su cometido haciendo selección de documentos y papeles, trabajo que ha llevado a cabo en más de un año de labores diarias y con acotaciones y notas del propio señor Pardo. La Sociedad de Geografía e Historia ha recibido el paquete de documentos con más de 2 mil cuartillas, lo que servirá para su publicación en la “Biblioteca Goathemala”. En la misma sesión se acordó conferir una condecoración al señor Pardo, creada por Acuerdo Gubernativo del 25 de julio de 1926, como premio a sus trabajos en favor de la historia de Guatemala, la que le será entregada en sesión del 25 de julio del presente año.


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Reporte en V

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Plan Portugal Fotos: Archivo

Se trata de crear espacios de encuentro y colaboración.

Unir y convertir a los miembros de los grupos afectados en protagonistas de su propia recuperación, es una de las metas.

En algunos casos, la legalización y regulación de sustancias prohibidas ha reducido los índices de criminalidad.

Empezando el milenio, Portugal aprobó una legislación contra la drogadicción que revertía por completo los principios que han estado vigentes durante el último siglo. No es una cuestión de ley, sino de cultura. Héctor G. Barnés*

ada vez que se habla de países que han tenido éxito con su política sobre drogas, suelen aparecer los nombres de Uruguay, Holanda o Canadá. Sumamente interesante resulta el ejemplo de Portugal, que comparte unas cuantas características con países como España, más allá de la cercanía física. El país luso ha conseguido rehabilitar a un gran número de pacientes de enfermedades relacionadas con el consumo de drogas, al mismo tiempo que ha reducido el consumo. La clave no se encuentra tanto en la descriminalización del consumo y la posesión de drogas que se aprobó en abril de 2001 —la legislación española es parecida—, sino en un potente programa de índole social de apoyo al ciudadano. “Al trasladar el tema de la posesión personal totalmente fuera del ámbito de la aplicación de la ley y llevarlo al campo de la salud pública, Portugal ha dado al mundo un significativo ejemplo de cómo las políticas nacionales pueden operar para beneficio de todos”, señala en el informe Políticas sobre drogas en Portugal de la Open Society Foundation, Kasia MalinowskaSempruch, su directora de Programas sobre Drogas. Esto ha permitido que el número de muertes por VIH y sobredosis se reduzca, al mismo tiempo que muchos adictos, ya fuera de las cárceles, reciban tratamiento. Como recuerda Fernando Henrique Cardoso, presidente brasileño entre 1995 y 2002, Portugal fue pionera a la hora de implantar una política antidrogas que contravenía los principios que habían imperado durante el siglo anterior, basada en la persecución del consumidor. “En vez de insistir en medidas represivas que en el mejor de los casos resultan inefectivas, y contraproducentes en el peor, Portugal optó por un enfoque audaz que favorece políticas más humanas y eficientes”, prosigue el socialdemócrata que siguió los pasos portugueses de despenalización en su propio país.

“Se trata de combatir la enfermedad, no a los enfermos”, suele explicar Joao Goulao, el que algunos medios como The Guardian consideran el “zar portugués de la droga”,… por haber estado al frente de dichas políticas a través del Serviço de Intervençao nos Comportamentos Aditivos o nas Dependencias (Sicao), durante los últimos 20 años y haberse convertido en su principal valedor fuera de sus fronteras. Entre las medidas se encuentra que la detención por posesión de drogas no figure en el historial o que el consumidor pueda saldar su deuda con una multa y enrolándose en programas de tratamiento de su adicción.

Dos países, una frontera

La situación de Portugal es una de las más semejantes a nuestro país. Como recordaba Johann Hari, autor de Tras el grito, ambos países probablemente compartan “una generación perdida”, la de los 80, devastada por la heroína. La epidemia de drogadicción fue incluso peor en el país vecino, donde hasta el uno por ciento de la población llegó a caer en sus redes. Como España, Portugal acababa de salir de una larga dictadura marcada por la prohibición y se topó ante una nueva realidad —y un mercado que pasaba por la puerta de su casa— para el que no estaba preparado ni social ni culturalmente. Como destaca Susana Ferreira en el periódico inglés, el cambio no se produjo por una mera cuestión legal, sino por un cambio cultural que afectó la manera en que se percibía a los adictos, considerados por mucho tiempo, como simples yonkis. El cambio vino desde abajo hacia arriba, a partir de médicos, trabajadores de servicios sociales y psiquiatras que aplicaron sus propios métodos de ayudar a los que lo necesitaban, a veces introduciendo programas innovadores como el de la metadona. Uno de ellos era el propio Goulao, médico de formación que se especializó en el tratamiento de la drogadicción junto a Álvaro Pereira, un doctor de familia en la zona del Algarve, una de las más devastadas por esta crisis. Fueron ellos quienes abrieron el primer Centro de Atendimento a Toxicodependentes, donde ofrecían ayuda médica y psicológica a los adictos y enfermos que lo solicitaran. El ejemplo fue seguido por otros doctores, tanto especializados como de cabecera, que comenzaron a abrir sus propios centros. El éxito mostró que era un acercamiento mucho más eficaz, tanto para los propios consumidores como para el resto de la sociedad, que demonizar las drogas y meter en la cárcel a adictos y traficantes, que llegaron a representar casi la mitad de la población penitenciaria. Además, permitía reducir los casos de hepatitis C, cáncer de hígado y cirrosis que estaban arrasando con las cuentas públicas. Goulao aporta otro interesante factor sociológico para explicar que Portugal terminara siendo uno de los primeros países en


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sobre la eficacia del programa portugués. En ella recordaba que los datos deberían llevar a otros países a replantearse un marco en el que el consumo y la posesión de drogas están perseguidas como un crimen y que es evidente que no está funcionando. Es un principio que, como dice Hari en su ensayo, lleva vigente casi un siglo, cuando Henry Aslinger, de la Oficina Federal de Narcóticos, dio inicio a la guerra contra las drogas, basándose en la prohibición y la demonización. “¿Por qué continúa esta guerra, cuando se ha visto que no funciona?”, se preguntaba el autor.

Reducción de daños

Un paciente toma su dosis de metadona en una clínica de rehabilitación de Lisboa.

implantar esta política: que, a diferencia de lo que ocurría en otras sociedades, en las que las drogas perjudicaban ante todo a las clases bajas, en el país del gallo, algunas de las familias más ricas también sufrieron sus consecuencias. “Hubo un momento en el que no había ninguna familia que no hubiese sido afectada”, recuerda. Los beneficios se han dejado notar también en la labor de la policía, como subraya el informe de la Open Society Foundation, que ya no se

centra en el tráfico a pequeña escala, sino que apunta a los grandes traficantes.

Perdiendo la guerra

“Nuestros datos muestran que, en todos los aspectos posibles, el marco de descriminalización de Portugal ha sido un sonoro éxito”. Es una frase de Glenn Greenwald, el periodista que destapó el caso Snowden, que en 2009 realizó una investigación para el Instituto CATO

Experimentos como el portugués recuerdan que el paradigma más popular tan solo favorece la difusión de enfermedades, la estigmatización de los adictos, la inseguridad en las calles y el beneficio económico de las mafias y ocasiona grandes costos a los Estados, que invierten mucho dinero en perseguir y castigar un negocio multimillonario que, de ser regulado, produciría ingresos que se pudieran reinvertir en educación sobre drogas. Sin embargo, la mayoría de los países son muy cautelosos con la adopción de programas semejantes. Durante los últimos años, el mayor avance se ha producido en la legalización de la marihuana, generalmente con fines terapéuticos. Llamativamente, Goulao no está de acuerdo con esto, ya que su programa no distingue entre drogas “buenas” y “malas”, sino que se centra en el efecto que estas tienen en el usuario. Hay algo que Portugal ha tenido claro: que ya que es imposible erradicar las drogas, debemos centrarnos en reducir sus efectos. O, como recordaba Hari, “invertir en programas para darle la vuelta a la vida de los adictos, consiguiéndoles trabajos y casas”, como hicieron nuestros vecinos. *El Confidencial

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Los programas de rehabilitación buscan reducir los efectos del consumo de drogas, más que perseguir a los consumidores.


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Contando el tiempo

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Luis Pedro de Aguirre:

un abogado influyente

Pese a que nació en España y

Fotos: Archivo

celebró su primer matrimonio en el puerto de Cádiz, la vida de este personaje se desarrolló más que todo en el Reino de Guatemala. Christophe Belaubre y Jorge H. González Alzate* l nacimiento en España, en 1778, no tuvo mayor influencia sobre su vida, porque solo tenía dos meses cuando su padre trasladó a la familia a dicho reino con el fin de servir en el puesto de alcalde mayor de Verapaz (1779-1789) y después el mismo cargo en Totonicapán (17951802). De hecho, Aguirre vivió su infancia en las tierras mayas de Guatemala en contacto con la población indígena. En un folleto, publicado en 1800, asevera a propósito de los indígenas de Guatemala: “Tengo algunas noticias positivas de la vida trabajosa que pasan y del abandono en que mueren”. Fue criado por su madre junto con su hermano, Francisco Javier, nacido en Cobán en 1789 y que fue ministro general del Estado de Guatemala en 1838. Su padre, además de las ganancias que le producían el cargo de alcalde mayor, era un comerciante muy activo, por lo que el niño, sin duda, creció en un ambiente protegido y privilegiado. Sabemos, por otra parte, que tenía otro hermano llamado José María, que era dueño de una hacienda de cacao en 1830. No tenía ni siquiera 20 años en 1797, cuando Aguirre defendió por dos ocasiones varias conclusiones de derecho civil y canónico en la Universidad de Guatemala. Al parecer, Aguirre, aunque bien educado en casa, no tenía interés en seguir largos estudios universitarios, por lo que no consiguió una licenciatura en Derecho. En esa época de su vida estaba viviendo en la capital y aspiraba a entrar al servicio del rey, por lo que prestaba servicios gratuitos con la idea de llamar la atención de los oficiales de la Real Hacienda. Por ejemplo, despachó la relatoría de los negocios de dicha administración durante la ausencia, por achaques, del propietario del cargo, adquiriendo cierta experiencia durante seis meses, cuando asistía a las juntas de trabajo. Al regresar, el propietario acordó que continuase Aguirre en el despacho de los expedientes.

Durante el régimen colonial, el sistema de otorgamiento de mercedes y reconocimientos estaba determinado por el mayorazgo, que favorecía a los primogénitos.

Imagen del Palacio de la Capitanía General de Guatemala en 1678. El edificio albergaba la Caja Real, la cárcel, el cuartel del Batallón de Dragones, la Sala de Armas y las casas de los oidores.


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Portada de la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

Algunos funcionarios peninsulares durante la Colonia tenían una postura crítica en cuanto al tratamiento que se dispensaba a los habitantes de las regiones ocupadas.

Bien estimado por sus superiores, el joven pudo incluso servir de conjuez en “ciertos asuntos de gravedad”, y eso porque faltaban jueces para atender dichos casos. En 1799, el presidente de la Audiencia lo comisionó para realizar una leva de vagos (reclutamiento) lo que hizo a satisfacción. Se acercó entonces al grupo de 12 personas que estaba apoyando la idea de consolidar en la capital del Reino una academia de dibujo y asumió el cargo de consiliario en octubre de 1800.

Formidables desigualdades

Cuando fungía como secretario interino del Consulado de Comercio, Aguirre redactó una memoria sobre el fomento de la agricultura y del comercio publicada por Beteta, pero este folleto, al parecer, no se conservó y solo quedan unos extractos publicados en el Correo Mercantil de España y sus Indias, y que localizó la historiadora Catherine Poupeney-Hart. En este trabajo, Aguirre decía, a propósito de la desigualdad entre indígenas y españoles: “No hay razón para que seamos tan inhumanos, que permitamos, sin condolernos, una distinción tan formidable entre individuos de nuestra misma especie”, y estaba convencido que “son capaces de un perfecto gobierno económico, y susceptibles de quantas reglas quieran dictarse para una Nación culta”. Cabe mencionar también que en esta época Aguirre consideraba que era necesario abolir el tributo por “lo inestimable que será para un indio la exención del tributo”. Dicha sensibilidad en lo relacionado con los asuntos sociales y públicos se confirmó poco tiempo después, cuando quiso formar parte de la Hermandad de Caridad, que se acababa de formar para asumir el control del Hospital de San Juan de Dios, en detrimento de la Iglesia. Este puesto que ocupaba todavía en 1827 prueba que el compromiso suyo fue bastante sincero. Actuó como secretario y después consiliario de la Hermandad. Al mismo tiempo seguía prestando varios servicios a los diferentes tribunales de la Audiencia, hasta que en 1803 fue nombrado abogado fiscal en el Cuerpo de Artillería del Reino. Los propios negocios comerciales de su padre (quien fue prior del Consulado en 1805) y su buena integración en los círculos

de poder de la ciudad lo llevaron a trabajar para el Consulado de Comercio. Expresó entonces el interés de arreglar el archivo de la institución. La fecha clave de la primera etapa de su vida es el 5 de agosto de 1803, cuando fue admitido a la corporación de Abogados de los Reales Consejos. Queda por esclarecer por qué, en esa época de su vida, Aguirre otorgó un poder especial a favor de don Juan Ramos, presbítero del Arzobispado de Sevilla, aunque es posible que se tratara de recuperar un derecho a mayorazgo. En todo caso, su carrera jurídica se estaba consolidando debido a éxitos como el nombramiento recibido del rey el 25 de junio de 1807 para el cargo de asesor del Consulado de Comercio.

Resistiendo la ocupación

Luego obtuvo permiso para viajar a España, lo que lo llevó primero a Sevilla, en la Villa de Hinojos, lugar en el que se encontraba cuando las tropas francesas invadieron la península. Según varios testigos de dicha villa, Aguirre demostró entonces un gran celo colaborando en el reclutamiento de tropas y alentando a los jóvenes a resistir la ocupación. Durante ese viaje, que se alargó seguramente más de lo previsto debido a la amenaza francesa, Luis Pedro de Aguirre conoció a María Concepción de Bernabé y Suárez, con quien se casó el 24 de octubre de 1810 en el puerto de Cádiz, seguramente antes de retornar a Guatemala. A finales de ese año, María Concepción solicitó una licencia de viaje para reunirse con su marido, a quien le dio por lo menos dos hijos: Francisco Javier, quien hizo su vida en España, y un tal Antonio del cual no contamos con datos. Según otra fuente, sabemos que el padre de María Concepción era un viejo amigo del propio padre de Luis Pedro. El viaje parece haber sido fatal para Antonio y su madre porque Aguirre volvió a casarse el 30 de enero de 1813 con Isabel María Alvarez de las Asturias y Arroyave, hija de uno de los abastecedores de carne de la ciudad. El matrimonio representaba sin duda una gran oportunidad de afianzar el estatus de la familia Aguirre, puesto que su mujer aportó 50 mil pesos en dote al fallecer sus padres. Como lo demostró la investigadora Evelyn Sánchez, dicha alianza representaba en sí un

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desafío hacia la Corona porque Aguirre actuaba a la sazón como oidor honorario (desde 1811) y dicha unión implicaba una pérdida de autonomía del Gobierno con respecto a los intereses locales de las familias de poder de Guatemala. El presidente Bustamante consideraba eso con reprobación: “El oidor honorario Don Luis Aguirre está relacionado casi con todas las familias del lugar, es casado con una hija de esta Ciudad de muy extensa parentela y no había dado en este gobierno iguales pruebas de lealtad”. A pesar de haber obtenido el puesto de oidor honorario, Aguirre persistía en su intento de conseguir lugar en una Audiencia del Imperio. Su nombre aparece, por ejemplo, en un listado de pretendientes para una magistradura en Cuba. Obtuvo el cargo de comisionado en la Dirección de Correos “para intentar aclarar la situación en la que se encontraba dicha administración” y como asesor jurídico del consulado seguía devengando 500 pesos al año. Trabajaba en varios pleitos jurídicos para recobrar deudas o defender los intereses de sus clientes ante los tribunales; por ejemplo, a favor de don Pedro Salcedo (1804), don Eugenio Manuel Toledo (1810) y don Juan Moreno y Herrera (1815). Su posición social estaba entonces bien asegurada y las pruebas del respeto público se multiplicaban por lo que, durante la experiencia gaditana, fue nombrado en 1814 como individuo de la Junta Provincial de Censura al lado de Juan José Batres, Antonio Robles, Manuel de Talavera, Diego Batres y Francisco Xavier Barrutia. Volvió a ocupar dicho cargo en 1820. A resultas de la desorganización archivística que caracterizó la época federal, los detalles de la vida de Aguirre durante esos años son poco conocidos. Existen indicios de que su actividad jurídica no disminuyó y que estuvo en capacidad de negociar por lo menos una casa a Basilio Porras por 6 mil 500 pesos en 1822. Aguirre había comprado la casa en subasta pública y obtuvo entonces 2 mil pesos al contado y los restantes pagaderos en un año a 6 por ciento con prohibición de gravarla. El papel político que tuvo Aguirre durante esa época queda por investigarse. *Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica


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Tragaluz La culpa de casi todo lo que ha pasado en los últimos 250 años la tiene un libro. O no exactamente un libro, pues acabó constando de 28 volúmenes y 18 mil páginas de

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La Enciclopedia

catástrofe edi

texto, fue escrito por más de 130 autores y se publicó a lo largo de más de 20 años, entre 1751 y 1772. Ramón González Férriz*

e trata de La Enciclopedia, subtitulada Diccionario de las ciencias, las artes y los oficios, cuyos responsables principales fueron Denis Diderot y Jean le Rond d’Alembert. Además de ser la obra que cambió para siempre la manera de pensar sobre casi cualquier cosa —de los sentimientos a la economía, de la religión a la botánica—, se convirtió en una de las mayores catástrofes de la historia de la edición. Este mastodonte empezó siendo el proyecto para traducir una enciclopedia inglesa en dos volúmenes. Sus promotores consiguieron reunir dinero de futuros clientes y el trabajo se puso en marcha, pero los problemas aparecieron enseguida: el editor acusó al traductor contratado de no saber francés, su sustituto fue despedido por vago, y finalmente se quedaron al mando de la obra los jóvenes Diderot —que estaría al frente de ella hasta su conclusión— y d’Alembert —que la abandonó en 1758—. Ellos mismos escribieron muchas de las entradas —llegaron a ser 72 mil—, pero también encargaron y luego editaron las de algunos de los más afamados intelectuales de la época, como Voltaire, Rousseau y Montesquieu, además de las de otros pensadores desconocidos, varios de los cuales trabajaron a un ritmo inhumano.

Máquina de guerra

Una antología de todas esas entradas ha sido publicada ahora por la editorial Debate, con traducción y edición (ambas estupendas) del novelista Gonzalo Torné, en un bonito volumen de 400 páginas. En su época, el propósito de La Enciclopedia fue poco menos que contener todo el conocimiento existente en ese momento. Pero, además, pretendía ser una machine de guerre, como se la llamó: la obra que permitiera a las ideas ilustradas expandirse y penetrar en todos los rincones posibles de la Francia monárquica (aunque entonces no llegó a tener muchos lectores). Como señala Fernando Savater en el magnífico prólogo de esta edición, los enciclopedistas eran revolucionarios, pero hasta cierto punto. Eran pensadores “sosegados y eruditos, que nunca se propusieron derrocar la monarquía ni expropiar a los ricos. Todos ellos pertenecían (…) a la burguesía y a las clases populares, aunque había algún miembro de la baja nobleza

Grabado de un taller de impresión publicado en La Enciclopedia, de Diderot (siglo XVIII).

infiltrado entre ellos (…). Los enciclopedistas no se proponen derrocar el orden vigente (…), sino refundarlo todo basándolo en principios racionales”. La tradición y la rigidez religiosa debían dar paso a la ciencia, el estudio y el acceso de los mejores a los altos cargos del Estado. “Esta obra —escribió Diderot— producirá seguramente con el tiempo una revolución en los espíritus y espero que los tiranos, los opresores, los fanáticos y los intolerantes no ganarán. Habremos servido a la humanidad.” Quizá Diderot se dejara llevar por el entusiasmo, pero lo cierto es que al final la revolución se produjo y La Enciclopedia sin duda hizo un gran servicio a la humanidad, si bien no, por supuesto, a quienes participaron en ella: Diderot acabó en la cárcel, Voltaire en el exilio, Rousseau marginado, D`Holbach sin poder publicar sus ideas con su firma a riesgo de perderlo todo. Con algunas excepciones, la Iglesia católica y el Estado pusieron todas las trabas que les fue posible al proyecto y persiguieron a sus autores, que además acabaron peleados entre sí. Para conocer los entresijos de la elaboración de la obra, la mejor historia, además de accesible, es Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiem-

Un total de 28 volúmenes y 18 mil páginas de texto. Un libro recopila las mejores entradas de La Enciclopedia.


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a:

itorial

Fotos: Archivo

Jean Jacques Rousseau y Thomas Hobbes.

pos irracionales, del escritor Phillipp Blom, en Anagrama. La lectura del volumen preparado por Torné es una delicia (aunque tiene sus espinas: hay algunas páginas arduas). Los enciclopedistas eran irónicos y juguetones, en parte para sortear la censura, escritores finos y de una cultura… enciclopédica. En la entrada Economía política se lee: “La ley es una voz celestial que le dicta a cada ciudadano los preceptos de la razón pública y le enseña a actuar de acuerdo con unas máximas que bien podría suscribir su propio juicio y que nos empujan a obedecer sin entrar en contradicción con nuestros anhelos de libertad”. En la entrada Pasiones: “¡Qué triste es el retrato de un hombre reducido a sus pasiones! Rodeado como está de trampas, zarandeado por tantos vientos contrarios a la dirección correcta, ¿cómo va a llegar a puerto? Y, sin embargo, la solución a sus problemas sería sencilla si quisiera adoptarla: moderar las pasiones, dejarse guiar por la luz de la razón, ser constante, ser prudente”. La Enciclopedia generó toda clase de reacciones. Contribuyó a poner en marcha la

Voltaire, a la izquierda, en la corte de Federico II, autor del célebre lema del despotismo ilustrado “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. (Adolph von Menzel, 1850)

democracia, el liberalismo y la mirada científica a la realidad, y seguramente sin el pensamiento ilustrado no habría surgido el marxismo. También contribuyó a que se desatara la sangrienta Revolución francesa, un conflicto que sus autores no deseaban, al menos no de la forma en que se produjo (es probable que a Marx tampoco le hubiera gustado que, en su nombre, se construyera el comunismo soviético tal como se hizo, pero las únicas consecuencias seguras en la vida son las no planeadas). El rechazo al pensamiento ilustrado engendró el Romanticismo, y este a su vez dio pie a hermosos poemas y a disparatadas ideas políticas que luego se reflejarían en ciertos aspectos del fascismo. Casi es posible asegurar que cualquier idea que circule en la actualidad se puede considerar ilustrada o antiilustrada (y no, no todas las buenas ideas son ilustradas). Hoy, existe una corriente de izquierda que interpreta la Ilustración y el enciclopedismo como movimientos meramente burgueses y excesivamente tímidos. Esa es la tesis del últi-

mo premio nacional de ensayo, La lucha por la desigualdad›: una historia del mundo occidental en el siglo XVIII, de Gonzalo Pontón (editorial Pasado y Presente): “En el fondo, la Ilustración fue una élite de intelectuales y políticos que desde el principio quisieron controlar la educación y la información”, afirmó Pontón en una entrevista posterior a la concesión del premio. Y en un reciente libro, Nueva ilustración radical (Anagrama), Marina Garcés reprochaba a la Ilustración original, precisamente, su falta de radicalidad. Sea como sea, el mundo hoy se parece al que los enciclopedistas deseaban. Democrático, pero no revolucionario, dominado por la forma de vida burguesa, entusiasta de la tecnología y la ciencia, frívolo, laico y permisivo. A las madres a veces se las quiere y a veces se las detesta, pero todos somos hijos de La Enciclopedia. Y esta nueva antología es la opción más acertada que tiene un lector de lengua castellana para acercarse a ella. *El Confidencial


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Ventanas

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El bo

Fotos: Archivo

Un bosque en el que todos sus ejemplares son adultos, en el que no hay árboles jóvenes, en el que faltan otras formas de vida o estas tienen poblaciones anormalmente bajas, son ecosistemas que esconden la más silenciosa de las extinciones.

on “bosques de muertos vivientes”, como les han bautizado los biólogos; lugares donde está “colapsado” el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos necesaria para que esta tenga lugar. Y es que las interacciones de beneficio mutuo entre seres vivos conforman “redes mutualistas” en la naturaleza que cuando se rompen por la ausencia o la disminución de alguno de ellos provocan esta silenciosa muerte conocida como el “síndrome de bosque vacío”.

Condenados a morir

En las interrelaciones de la masa vegetal, los árboles más viejos funcionan como guardianes y protectores que no solo simbolizan un cobijo para los seres humanos sino para los ejemplares más jóvenes de su hábitat. El árbol crece y en su crecimiento aprende. Envejece y en su envejecimiento, enseña.

Son “bosques con plantas, pero sin animales, condenados a degradarse y desaparecer en un futuro inmediato víctimas de esa falta de seres vivos que cumplen en ellos funciones ecológicas fundamentales”, ha explicado en una entrevista Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana (España). De hecho, en bosques defaunados “se ha documentado la pérdida de hasta tres cuartas partes de su potencial de almacenamiento de

Luciérnagas y biodiversidad Las luciérnagas, especie de insecto luminiscente, son consideradas un indicador clave para conocer el estado de conservación de los bosques húmedos y su biodiversidad. Entre más luciérnagas habiten, más conservados están los bosques”, aseguró la bióloga Isabel Trejo Aguilar, del posgrado de Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Trejo reconoce el papel de las luciérnagas en la evaluación del estado de conservación de los bosques en su estudio Caracterización de la complejidad estructural forestal en México por medio de percepción remota: un acercamiento a la biodiversidad.

Explicó que este estudio consiste en el análisis y observación de ambientes boscosos, particularmente en Xalapa, capital del oriental estado de Veracruz, que se caracterizan por ser húmedos y con condiciones ideales para las luciérnagas. Con la observación de la vegetación, identificó que en la capa más baja de los árboles es en donde se ubica la mayor concentración de luciérnagas. “Si disminuye la zona boscosa, disminuye la cantidad de luciérnagas”. Las especies indicadoras, como las luciérnagas, permiten “estudiar los ecosistemas, los podemos observar y son fácilmente medibles”, explicó.

El estado de salud de la especie indicadora es una señal del estado de salud general del ecosistema. En este caso, dan cuenta de “la conservación de los bosques y su biodiversidad”, enfatizó. La experta indicó que el mayor impacto para las luciérnagas son las luces urbanas de noche, porque en la noche se comunican entre ellas con una coordinación de señales de luces que hacen la hembra y el macho. Trejo reconoció que es posible la convivencia entre el ser humano y las luciérnagas, siempre y cuando haya una zona forestal bien conservada a los alrededores de las áreas urbanas.


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osque vacío carbono”; es decir, “los árboles siguen allí, pero no sus funciones ecosistémicas”, ha señalado. “No existe ni una sola especie en todo el planeta que viva sola, sin interrelacionarse con otras especies”, asegura Jordano; es el caso del depredador y la presa o del parásito y el hospedero; todos ellos conforman “la arquitectura de la biodiversidad”. Por eso, para este biólogo “se deben tener en cuenta las relaciones ecológicas o la diversidad de interacción cuando se aborda la pérdida de biodiversidad de un ecosistema”. Porque, si bien hay hábitats que persisten de manera adecuada aunque se pierdan determinadas especies, en otros casos “esas especies son fundamentales para el correcto funcionamiento del ecosistema, que sin ellas colapsa por completo”.

El papel de las aves

En el caso de las aves, aunque la mayor parte de ellas son insectívoras, existe un segundo grupo formado por las frugívoras, que se alimentan de frutos carnosos, flores, néctar, polen o tubérculos, y que “son las responsables de diseminar las semillas” a través de sus heces o por regurgitación, ha explicado Jordano. “Son las jardineras del bosque, y sin ellas colapsaría por completo la regeneración natural de muchos de ellos, como los bosques tropicales”, aunque también en el bosque mediterráneo entre un 50 y un 70 por ciento de las especies leñosas producen frutos carnosos y dependen de la diseminación por animales frugívoros. Y cualquier factor que intervenga en la pérdida de la funcionalidad ecológica de las especies, ya sea por su extinción o porque su densidad sea residual, pone en riesgo ese equi-

librio; “los lobos están en Sierra Morena, pero no ejercen una función ecológica en ese ecosistema”, ha señalado el experto. Jordano se ha referido a la alteración del hábitat de las especies frugívoras, que necesitan áreas grandes de campeo; “si se fragmenta el bosque, esas especies no podrán subsistir, y con ellas el propio bosque”. “Si disminuye muy fuertemente la cantidad o abundancia local de aves frugívoras, el proceso de dispersión de la planta colapsa, los frutos maduros se secan en ella o se los comen los roedores, los herbívoros matan a la plántula y no hay un proceso de dispersión de la semilla que sea efectivo”. Para este investigador, abordar el problema a escala global “es desalentador”, porque se trata de sistemas muy complejos de relaciones entre especies, y el número de especies es muy elevado en un ecosistema, desde artrópodos e insectos polinizadores, hasta vertebrados polinizadores o frugívoros. “Estamos perdidos si pretendemos enumerar cada interacción, tenemos que entender la complejidad para enfocar cuáles son las interacciones más centrales dentro de la propia red, qué grupos de especies no podemos perder bajo ningún concepto”, ha afirmado. Y en este sentido, ,“ya existen líneas de investigación, ese abordaje ya se está teniendo, hay frentes que se están abriendo, pero falta su aplicación”. Para Pedro Jordano, el síndrome de bosque vacío es “una forma insidiosa de extinción, que no es perceptible, a no ser que miremos con una lupa; los árboles pueden estar allí, pueden ser árboles adultos, que florecen, que dan sus frutos y estos caen al suelo, pero allí no germina ni una sola semilla”. *Ecoportal.net

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En la garganta profunda de los bosques, los cada vez más delgados hilos de agua que corren son quizás una de las últimas esperanzas de renovación de la biodiversidad.

Árboles adultos cuidan de los pequeños El ingeniero forestal alemán Peter Wohlleben dirige una explotación forestal respetuosa con el ambiente y trabaja para retornar a la naturaleza los necesarios bosques primigenios. Afirma que los árboles están conectados a través de las raíces, y pueden distinguir las raíces de otras especie e, incluso, de los diferentes ejemplares de su misma especie. Un bosque es un superorganismo, como un hormiguero. Juntos crean un clima local equilibrado. Cada árbol es importante para la comunidad y el bosque actúa en consecuencia: a los ejemplares enfermos el resto les proporciona los nutrientes necesarios para que sanen.

Según él, los árboles pueden competir ferozmente con otras especies, pero también entablar amistad y vigilar que ninguna rama demasiado gruesa crezca en dirección del otro. Los árboles igualan sus debilidades y sus fuerzas. A través de las raíces tiene lugar un intercambio activo. El que tiene mucho cede y el que tiene poco recibe ayuda. A través de las raíces los árboles adultos entran en contacto con los más jóvenes y les proporcionan azúcar y otros nutrientes. Podría decirse que los árboles bebé son amamantados. Los adultos forman ese espeso techo sobre el bosque y solo dejan pasar un tres por ciento

de luz para que los pequeños no crezcan demasiado rápido, es lo que los expertos forestales desde hace generaciones llaman educación. El crecimiento lento es condición para que luego se alcance una edad avanzada. La ciencia ya no discute la capacidad de los árboles para aprender queda por resolver dónde almacenan lo aprendido y cómo lo rescatan. Muchos botánicos sostienen que en las puntas de las raíces tienen estructuras similares al cerebro. De hecho, sabemos que los árboles tienen memoria, son capaces de registrar y distinguir las temperaturas en ascenso de la primavera, y en descenso durante el otoño.


Sully/JUanRe


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