suicidas: también es cierto en relación con la “mini— violencia”, esos machetazos verbales que nos damos casi todos de vez en cuando. Alguien tiene que tomar la decisión deliberada de romper el círculo vicioso, de tragarse el orgullo y pasar por alto la ofensa. Y Jesús está diciendo a sus seguidores que debemos ser ese “alguien”. Un amigo mío que es consejero matrimonial dice que algunos de los pleitos más destructivos empiezan por asuntos triviales: —Si fueras más organizada, podrías decirme dónde están las llaves. —¡Ay, no me digas que las volviste a perder! ¡Y ahí van! Ninguno de los dos está dispuesto a romper la cadena, así que la situación muy pronto se sale de control. El apóstol Santiago se refería precisamente a eso cuando escribió: “Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!” (Santiago 3:5). La agresividad pasiva expresada con dejar de hablarse, dar la espalda a alguien o hacerle mala cara, no es menos dañina que gritar. No importa la forma en que lo hagamos, una conducta dura y carente de bondad resultará inevitablemente en más de lo mismo. 2. Es la única manera de poder mantener el control de la situación. Cuando respondemos a un acto negativo con enojo, odio y deseos de venganza, estamos entregando un dispositivo de control remoto a otra persona. Estamos dándole el privilegio de apretar los botones pan determinar nuestros sentimientos y reacciones. Jesús quiere librarnos de esta tiranía y devolvernos nuestra autonomía junto con la paz mental.
Recursos Escuela Sabática ©