El primer mandamiento nos insta a amar a Dios y colocarlo en el centro de nuestra existencia, y el segundo aclara más en qué consiste esto. Ahora, el tercero toma en cuenta a los dos primeros, y nos dice: ¿Qué decisión tomarás al respecto? ¿Aceptarás la invitación que te extiende tu Padre celestial? ¿Lo vas a colocar en el centro de tu existencia? ¿Te unirás a su familia, llevando su nombre e imitando su carácter?
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