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Los Diez mandamientos

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UN NOMBRE SIN IGUAL El tercer mandamiento No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano (Éxodo 20:7)

S

ería imposible olvidarlos. Era una familia muy unida y entusiasta que conocimos mi esposa y yo en Puerto Barrios, Guatemala. Cuando los visitamos en su hogar, con la cortesía que caracteriza a los guatemaltecos, uno por uno se pusieron de pie y se presentaron. La primera en hacerlo fue la madre: —Carmen Reyes, para servirles —dijo con cierta timidez. Nos explicó que su esposo no estaba presente porque ya no vivía con la familia. Cuando conocimos la Palabra de Dios, él se molestó mucho y se fue —agregó con tristeza. Entonces, se presentaron los hijos: —Su servidora, Isabel Reyes —dijo la mayor. —Ramón Arias —dijo su hermano, un joven apuesto de unos 17 años. —Ana María Reyes —dijo tímidamente la siguiente. Y así, entre sonrisas y bromas que hacían entre ellos, continuaron hasta que todos se presentaron. Nos intrigó el hecho de que no todos tenían el mismo primer apellido. Pero ellos, ni tímidos ni avergonzados, pronto aclararon el asunto: Recursos Escuela Sabática ©


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