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Los Diez mandamientos

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SE VOLVERÁN COMO ELLOS El segundo mandamiento No te harás imagen, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni las servirás; porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos (Éxodo 20:4‐6).

Habíamos salido de madrugada. Pronto quedaron atrás las luces de la ciudad y continuamos el viaje a través del túnel de luz creado por las lámparas de nuestro automóvil. Durante un largo rato no se escuchaban más que el ruido del motor y el zumbido de las ruedas sobre el pavimento. Por fin, el horizonte comenzó a matizarse de carmesí, anunciando que se aproximaba el día. Entonces lo vimos: un borde finísimo y centelleante de luz que se asomaba tras la colina oriental. No se veía movimiento pero, de alguna manera, continuó deslizándose hasta que, de pronto, había salido todo el disco solar, y ya era de día. Nuestro primogénito fue el que rompió el silencio que habíamos guardado mientras admirábamos el espectáculo. David, un niñito de apenas cuatro años, nos sorprendía muchas veces con sus observaciones curiosas. Recursos Escuela Sabática ©


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Los Diez mandamientos by Igreja Adventista do Sétimo Dia - Iglesia Adventista del Séptimo Día - Issuu