El décimo mandamiento tiene que ver con la adoración de “cosas” y para los que piensan como Darío, las personas también son “cosas”. Las ocupan para su deleite y placer, les encanta relucir con ellas como ornato del momento, pero siempre llega un día cuando la novedad se acaba. Entonces, las desechan y se buscan a otra. El apóstol Pablo observa que la codicia es una forma de idolatría (Colosenses 3:5). Y lo es, porque, igual que la idolatría que se menciona en el segundo mandamiento, la codicia es un afecto desproporcionado por los objetos. Pero hay una diferencia: el segundo mandamiento dice que no debemos dar más importancia a las cosas creadas que a Dios. Este nos dice que tampoco debemos valorarlas por encima de los derechos de otras personas, ni valorar a la gente en términos del beneficio que podemos obtener de ella.
El Superhombre “Superman” ha sido una figura popular desde que apareció por primera vez en 1938. Y ¿por qué no? Más veloz que un disparo, puede saltar sobre el rascacielos más alto; jamás falla ni se equivoca, y nunca adivina porque siempre sabe; es el más fuerte, el más brillante y el mejor en todo lo que hace. ¿Le gustaría ser Superman? ¡Es fácil! Solo mande $50 dólares a la compañía “Costume Craze” en Lindon, UTA (EE.UU.), y a vuelta de correo recibirá un traje completo, incluyendo una capa para volar y un pecho de plástico esculpido con inmensos músculos. Pocas personas, en realidad, estarían dispuestas a andar en la calle con semejante atuendo, pero hay otra manen en que Recursos Escuela Sabática ©