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El Vocero edición 4 de febrero de 2023

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> SÁBADO, 4 DE FEBRERO DE 2023

El escultor Víctor Cott Negrón en plena acción escultórica. >Suministrada

Víctor Manuel Cott Negrón,

nuestro primer escultor por excelencia Wilbert Pagán, PhD >Especial para Hábitat

Vista de los bancos que lucen como hechos en madera, en el Parque Luis Muñoz Rivera, San Juan. >Foto de Puertoricopuebloapueblo.org

Víctor Cott Negrón también fue contratado para trabajar detalles escultóricos en el Capitolio de Puerto Rico, San Juan. >Archivo

Cuando se comenzó a definir cuáles serían los símbolos nacionales de Puerto Rico, en el siglo XIX, se crearon obras encargadas a escultores europeos, ya que aún el arte escultórico no se había desarrollado en la Isla. Ejemplo de ello son las dos estatuas creadas a Cristóbal Colón, una hecha en mármol por el escultor italiano Achilla Canessa (1894), para ubicar en la ciudad de San Juan, y la otra realizada en bronce por el escultor A. Coll y Pi (1896), para ser ubicada en el pueblo de Mayagüez. Llegado el siglo XX, el País contaba con cientos de escultores puertorriqueños y extranjeros que se habían destacado por sus obras. Los trabajos de estos artistas se encuentran exhibidos en edificios públicos, privados, plazas, iglesias, monumentos y cementerios. Escultores que contribuyeron con el desarrollo de las artes en la Isla. De estos grandes escultores pocos estudios han abordado la obra de Víctor Manuel Cott Negrón. Nacido en el Barrio Collores, de Juana Díaz, el 15 de enero de 1898, Cott Negrón, comenzó a trabajar en el oficio de modelar barro desde temprana edad. Conociendo el oficio, se dio a la tarea de hacer figuras humanas clásicas en la escuela. Ya en su adolescencia, estando en el pueblo de Ponce, se codeó con distinguidos arquitectos y maestros de obra, que le enseñaron a realizar trabajos en yeso. Entonces, con apenas 16 años (1914), trabajó activamente en una de sus primeras obras en yeso, las

cuatro estatuas conmemorativas de la recién inaugurada Plaza Francisco Degetau, en la ciudad de Ponce. Las esculturas se ubicaron en los alrededores de la antigua Fuente de los Querubines, trabajo que hizo bajo la dirección del arquitecto ponceño, Francisco L. Porrata Doria. Estas esculturas de grandes proporciones y sentadas bajo un gran podio denotan su estilo tosco, con el que podemos reconocer que aún no era muy diestro en la materia. No obstante, su trabajo fue reconocido e inmediatamente recomendado para trabajar con el reconocido arquitecto, Alfredo Braulio Wiechers Pieretti. Su encomienda era crear en yeso todos los ornamentos arquitectónicos decorativos en las superficies internas y externas de la Logia No. 7, diseño de 1917, ubicada en la calle Salud, esquina Campos en Ponce. Para la ejecución de este trabajo en yeso el escultor en ciernes usó distintas técnicas. El molde lo utilizó especialmente para la arquitectura en frisos repetidos, como los adornos, trompas, pechinas, etc. En muchos espacios, los motivos ornamentales arquitectónicos se hicieron directamente en la obra —como columnas, pilastras, capiteles, arcos, púlpitos, molduras, cornisas, escaleras, sepulcros, etc.— propios del estilo neoclásico. Los espacios predilectos eran los encuadres de la parte superior de los muros, los capiteles, celosías y frisos. Ya con la experiencia adquirida con estos dos grandes arquitectos ponceños, Víctor Cott y su hermano José, se trasladan a San Juan, en busca de nuevas oportunidades y para conocer al gran escultor italiano, José Albrizio, quien tenía la encomienda de hacer varios


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