Series
NÚMEROS
52
minutos menos de televisión al día consumimos en agosto. ¡Vivan las vacaciones!
31 %
de los internautas del mundo está suscrito a alguna plataforma de streaming.
Arcane y la guerra del fin del mundo
La animación adulta de Netflix combina la épica sucia con un dibujo arrebatador. texto Alberto N. García
[Com 00 PhD 05], profesor titular de Comunicación Audiovisual y crítico cultural
96—Nuestro Tiempo julio 2022
Una niña se tapa los ojos ante el horror. Canta para escapar mentalmente. Fuego, devastación, golpes. La guerra en la parte baja de la ciudad es lo más cercano al infierno. La pequeña Powder va de la mano de su hermana mayor, Vi. Acaban de quedarse huérfanas. Vander, el corajudo Vander, las recoge para ejercer de papá sustituto a partir de ahora. A lo lejos, tras el humo y la sangre, se atisban los relucientes edificios de Piltover, la parte de arriba de la metrópolis, donde moran el lujo, la razón y la cohesión social. Este portentoso prólogo se clausura con los puños de rabia de Vi, ese resentimiento que ha alimentado
tantos traqueteos a lo largo de la historia. No es casualidad que el malvado Silco se regodee, más tarde, en la retórica de la revolución: «El poder, el poder real, no llega a aquellos que nacieron más fuertes, más rápidos o más inteligentes. No. Llega a aquellos que harán cualquier cosa para lograrlo». La colisión entre estos dos mundos es la columna vertebral de esta fascinante serie que ha reventado la animación adulta de Netflix. Pocas veces forma y fondo concitan tanta sintonía. Arcane ofrece una historia violenta y áspera, a veces complicada de seguir en sus meandros narrativos,