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Profesiones 203

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ENTREVISTA A MARÍA ÁNGELES DURÁN, CATEDRÁTICA DE SOCIOLOGÍA E INVESTIGADORA DEL CSIC

«Es fundamental que las profesiones piensen en conjunto en la redistribución de los cuidados» Elisa McCausland ¿Por qué es necesario para su concreción normativa una definición sobre qué es el cuidado? La palabra «cuidado» procede del latín «cogito», que quiere decir pensar. Se trata de una palabra que, desde siempre, se ha utilizado en distintos sentidos. Desde actividades muy físicas de transformación hasta permanecer pendiente de algo desde la distancia. Y eso hay que resolverlo porque, cuando se trata de dictar leyes, de decidir presupuestos o concretar indicadores para poder compararlos internacionalmente, o en el tiempo, tiene que estar muy claro qué es lo que se está midiendo. Cuando se habla de cuidado en el ámbito sanitario se suelen utilizar las definiciones más restrictivas, mientras que en el ámbito educativo se tienen en cuenta acepciones mucho más amplias, como las relativas a estimular a los niños pequeños o estar atentos para que no les suceda nada dañino. Es decir, según el ámbito profesional con el que se esté trabajando se tiende a aplicar una definición distinta, algo que además varía dependiendo del país. También hay otras dimensiones del cuidado, como las afectivas, que tienen mucho que ver con el ámbito profesional de la psicología. Incluso hay otra faceta importante, la de la integración social, que cubren, entre otros, las profesionales del trabajo social. Mi requerimiento desde hace décadas al respecto es que un organismo internacional —que tenga capacidad de convocatoria y que, al mismo tiempo, se convierta en una referencia internacional— elabore un catálogo de vocabulario- Es significativo que, aún siendo una preocupación relativamente novedosa para la agenda pública, todavía no haya un claro consenso al respecto, y es imprescindible. No podemos elaborar indicadores si cada cual se mueve de base a partir de un concepto distinto. Desde tu experiencia y conocimiento especializado en la materia, ¿cuál sería la definición necesaria para poder abordar la cuestión del cuidado a nivel normativo en nuestro país? Ahora mismo la definición imprescindible de cuidado es la referida a aquella actividad o actividades que un sujeto no puede realizar por sí mismo y son esenciales para su propia supervivencia. Se trata de una definición super restringida que podría adecuarse bien al ámbito sanitario. Pero, en el día a día a la ciudadanía no le preocupa solamente eso. Si tomamos el caso, por ejemplo, de un gran dependiente por Alzheimer, éste requiere cuidados durante las veinticuatro horas del día: necesita compañía, atención, vigilancia, y eso no son realmente ya actividades físicas de transformación de su entorno, pero a efecto del coste —para la familia y/o para la entidad privada o pública que lo atienda— es tan importante como el hecho mismo de darle de comer o aplicarle un apósito. Este ejemplo se refiere a la definición mínima —actividades imprescindibles para la supervivencia—; pero si solo diéramos la mí18 g Profesiones

nima no habríamos hecho nada más que empezar. En el tema tanto de los niños como del envejecimiento la atención y la compañía son enormes consumidoras de tiempo y, por tanto, hay que tenerlas muy en cuenta. A partir de aquí, ¿qué estrategia de futuro se podría plantear, teniendo en cuenta, además, la asignación de género que arrastran los cuidados desde siempre? Los indicadores más fáciles de hacer son los que tienen como fuente los datos demográficos, y los datos demográficos tienen la enorme ventaja de que suelen ir acompañados con unas proyecciones bastante buenas que no tienen ningún otro tipo de indicador. En esos indicadores puede perfectamente distinguirse la oferta y el consumo del cuidado por género —también por clase social y por edad, que es tan importante como el género—, y nos permite anticipar con bastante aproximación cuál va a ser la demanda en una región o en un país determinado; no solo la presente, sino la de dentro de diez, quince o veinte años. Una demanda debida a la edad, porque el cuidado está segmentado en ese tipo de indicadores: el cuidado que necesitan los niños, los jóvenes adultos, la población de edad intermedia, las personas mayores, y las muy mayores. Los datos demográficos permiten distinguir muy bien tanto quienes proveen cuidados como quienes potencialmente podrían proveerlos. De este segundo grupo, proveedores de cuidados, se puede calcular la cantidad de personas que va a haber en un determinado grupo de edad —por ejemplo, mayores de ochenta años—, si son hombres o mujeres…, pero también nos permite saber cuántas personas van a estar fuera del mercado de trabajo y, en ese sentido, disponibles para el cuidado, y durante cuánto tiempo. Aquí es donde vamos a encontrar que prácticamente todas estas personas son mujeres; mujeres que en el momento actual están fuera del mercado de trabajo porque están ejerciendo trabajo de cuidados, que normalmente es «no remunerado». ¿Cómo ves a futuro la fuerza de un movimiento social que pide una redistribución más justa del trabajo de cuidar? Teniendo en cuenta que, para todos los países desarrollados que ya han hecho una transición demográfica, lo que va a producirse en los próximos años es un aumento de la demanda, es decir, un aumento de la necesidad de cuidados debido al envejecimiento, el tema es importante. Los países que todavía no han hecho una transición demográfica hacia la madurez todavía tienen un bono bueno a su favor, y es que tienen todavía mucha población en las edades intermedias que pueden cuidar y tienen poca población en las edades muy mayores. A su vez, han restringido mucho el número de niños. Como ves, los dos extremos de la pirámide son siempre los que más cuidados necesitan. nº 203 g mayo-junio 2023


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