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Artes
COORDENADAS
SERGIO BARRERA, CANTANTE
“NO HAY EDAD PARA COMENZAR A HACER LO QUE A UNO LE GUSTA” Trabaja en el Puerto de Buenos Aires y de grande comenzó a cantar como un pasatiempo. Ganó siete premios y participó de los programas de televisión Soñando por Cantar y Laten Corazones. Sergio Barrera hoy colabora en un proyecto en conjunto de música italiana: Mandolinata Blu. Su misión es llevar la lírica a los barrios y su sueño es llegar al Teatro Colón. Por LAUTARO NUÑEZ
Hay quienes piensan que para ser bueno en algo tenés que hacerlo toda la vida. Sergio Barrera también lo creía hasta que en 2006, a los 38 años y con un trabajo estable en un barco remolcador del Puerto de Buenos Aires, descubrió en el canto una forma de tener fuerzas para afrontar la recuperación de su hijo luego de un accidente. Once años después, su carrera dejó de ser un mero hobbie para convertirse en algo profesional: participó dos veces en programas de televisión, ganó los premios internacionales FestiVegas de Oro y Disco de Platino en el Festival de la Canción Latinoamericana de California y, dentro de los nacionales, tres años seguidos el Premio Raíces. Su carrera como tenor demuestra que siempre podés hacer lo que te gusta. -¿Cómo te acercaste a la música? -Yo llevaba a mi hija a un taller de canto que da la Municipalidad de Berazategui. Un día la fui a buscar y me quedé toda la clase. Ahí hubo algo que me gustó, entonces pregunté si yo,
que ya era grande, podía ir. El profesor me dijo que sí, me tomó una prueba, y desde ahí nunca más dejé de cantar. El tipo de música fue una elección mía una vez que empecé a ir porque siempre me gustó la lírica. Se dio la casualidad de que en el taller tenía una compañera muy chica, 13 años, que cantaba muy bien. Para la Muestra Anual Educativa, que se hace todos los años para exponer lo que se realiza en todos los talleres municipales, preparamos con ella la canción “Vivo per lei”, que a pesar de ser una canción popular, en la parte del hombre tiene algo de lírico. Ahí me convencí de que era lo que tenía que cantar. En ese taller estuve hasta 2009 y ahí comencé a tomar clases particulares. Me hubiera gustado estudiar en el conservatorio pero por una cuestión de trabajo nunca pude. -¿Por qué comenzaste a cantar? -Cuando empecé a hacer esto fue porque lo sentía como un cable a tierra. En ese momento lo que me propuse fue llevar la música a los lugares donde
la gente por lo general no tiene acceso. No por lo menos a este tipo de música. Una vez me invitaron a una fiesta de fin de año de un jardín en Villa Mitre (un barrio de Berazategui) y fue impresionante: la gente nunca había escuchado esta música y me agradecían por haber estado ahí, por hacerles escuchar esas canciones. Creo que lo que hago con la música es un humilde aporte que puedo efectuar a la sociedad. La música en sí es un aporte pero no sólo la que hago. Poder llevar una banda de rock, que muchos chicos se enganchen con eso y vean ahí un futuro hacia donde caminar, en una realidad que muchas veces no te da esa posibilidad, creo que es algo muy importante. -Si dividiéramos tu carrera en etapas, la primera es la que te abre las puertas de la música, y la segunda inicia en 2009, cuando empezás a tomar clases particulares ¿Cómo fue esa decisión? -Fue dura. Habíamos formado un vínculo de amistad muy fuerte con los chicos