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Regiones Musicales de Colombia

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Regiones musicales de Colombia: Diversidad con entonaciรณn. **** 3


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Regiones Musicales de Colombia: diversidad con entonación Editor Enrique Castro Vásquez Diseño editorial Nombre Estudiante Nombre Estudiante Nombre Estudiante Ilustración (en caso de manejarla) Pedro Ramírez Ossa Fotografía portada Nombre de quién la tomó / Crédito de fotógrafo Primera edición Noviembre de 2020 Copyright © Editorial Alfaguara Av. Mare de Deú de Lorda, 20 08034 Barcelona Tel. 93 205 40 00 Fax 93 205 14 41 Medellín ISBN:369-54-985-3256-5 Impreso en China Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea por medios mecánicos o electrónicos, sin la debida autorización de la editorial. Sinopsis de la contraportada tomado de “Los estudios sobre la historia de la música en Colombia en la primera mitad del siglo XX: De la narrativa anecdótica al análisis interdisciplinario” Sergio Ospina Romero

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Índice

Presentación ___________________________________________________7 1. Llanos Orientales y Amazonas: sus tonos infinitos de sol _______9 2. Pacífico: ritmos a son de marimba ____________________________21 3. Andina: sonidos y cantos con olor a café ______________________35 4. Caribe: tierra de música y baile _______________________________47 Referencias Bibliográficas ______________________________________56

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Presentación Los artículos contenidos en este libro constituyen en su conjunto una muestra de cierta representatividad del campo de los estudios sobre los géneros musicales en Colombia. Están aquí algunos investigadores de obligada referencia en sus campos como Carlos Miñana en cuanto a músicas indígenas andinas e historiografía del folclor, o Adolfo González y más recientemente Jorge Nieves sobre música y cultura popular costeña. Profesores universitarios que desde años recientes han estado configurando sus publicaciones e investigaciones como Hugues Sánchez sobre historia musical en el Magdalena Grande o Beatriz Goubert sobre hibridaciones y pedagogías en músicas urbanas y campesinas. Michael Birenbaum desde su tesis doctoral se ocupa de las intersecciones entre política y música en el Pacífico. Mauricio Pardo indaga sobre la música de tambores en Santa Marta. Profesoras de una nueva generación como Alejandra Isaza sobre música colonial en Medellín, Alexandra Quintana sobre discriminación de género y mujeres músicas en los festivales de gaitas y Lorena Aja sobre tensiones de la intercuturalidad de las músicas en San Andrés. Jóvenes profesionales que incursionan en los temas sociomusicales a partir de sus monografías de grado como Deibys Carrasquilla sobre los efectos en lo local de la globalización de la música del Caribe, Juan Sebastián Rojas sobre las migraciones y recepciones de músicas y músicos de gaita de San Jacinto a Bogotá, Alejandro Cifuentes sobre una temática análoga sobre la chirimía chocoana y Cesar Alejandro Montoya sobre las dinámicas actuales de la música de tambor en Uré una pequeña población de afrodescendientes. La diversidad de temáticas y enfoques teóricos de estos artículos hacen parte de la multiplicidad que presenta hoy la investigación internacional sobre música y sociedad. Este libro apunta en la dirección de impulsar el desarrollo de estos estudios en Colombia y en su inscripción en el correspondiente campo académico internacional.

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CapĂ­tulo 1 Llanos Orientales & Amazonas: sus tonos infinitos de sol


Llanos Orientales & Amazon Historia de la música llanera zolana en el siglo XX puede encontrarse en la creciente popularidad del liquilique y la canción joropo o pasaje. También se ha presentado el intercambio esporádico con el interior colombiano.

El folclor Llanero, uno de los más puros y auténticos que le quedan a Colombia, es un folclor básicamente mestizo, una destilación de rasgos tanto españoles (especialmente andaluces) como nativos de América que comenzaron a interactuar en el siglo XVI con los primeros encuentros entre misioneros e indígenas, no obstante, el contacto externo que siempre ha existido. Durante la Colonia, la influencia ininterrumpida de Venezuela fue evidente en la aparición de elementos africanos como el ritmo distintivo sincopado del joropo y la celebración del «Tiempo de Negreras» en Arauca. La influencia vene-

Se puede afirmar que la música llanera es patrimonio de Colombia y Venezuela, ya que en la frontera esta música se escucha y se ama por igual en los dos países. De allí que una canción llanera diga: “Colombia y Venezuela son dos naciones hermanas, por eso yo he pensado que, si logro que ella me quiera, se unirán más nuestras tierras, seré el dueño de dos almas” 10


nas: sus tonos infinitos de sol Evolución de la música llanera Hay dos dimensiones de la música llanera: la urbana y la campesina. La campesina, es la música original. La que narra las vivencias del campo, las injusticias de los políticos, los amores de verdad… Es la música criolla que para los más tradicionales no se debe mezclar con el género urbano, pues lo consideran muy lejano a la esencia musical original. La música llanera es universal siendo criolla, y conserva el lenguaje verdadero del campo, así como sus ritmos, instrumentos y todo el ambiente necesario para que sea tradición, argumentan los radicales, afirmando que no

necesita volverse urbana para ser reconocida. Sin embargo, es reconocido el hecho de que los cultores de la música llanera urbana, poseen gran amor por este género, a lo que le suman su creatividad, a veces más trascendental que la música llanera campesina. Exponentes como Reinaldo Armas, Luís Silva, Ignacio Rondón, Arnulfo Briceño, demuestran que el género se puede difundir a niveles que van allá de la frontera colombo venezolana, sin olvidar sus raíces y su esencia.

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En los últimos cuarenta años el impacto del interior sobre el folclor llanero se ha vuelto cada vez más penetrante. La inmigración de miles de guates hacia los Llanos ha generado una nueva valoración de la música y los bailes llaneros y, con la llegada de las telecomunicaciones modernas, las estaciones de radio y televisión en Bogotá regularmente presentan joropos y galerones.


Géneros Musicales Para su ejecución e interpretación, se halla dividido en cuatro grandes fracciones fundamentales a saber:

El ritmo de pasaje Esta es una modalidad, vale decir, la otra cara del corrió y los dieciocho golpes recios. Mientras que los golpes recios se ejecutan con especial énfasis en los bordones y tenoretes del arpa o de la bandola, el pasaje se ejecuta con mucha más influencia de las cuerdas primas o requintos y su letra es un tanto noble, suave y su interpretación bastante cadenciosa. El pasaje es una canción romántica, en donde se habla de cosas sensibles, tiernas, bellas y amargas, presagia el romance, sentencia el olvido total o implora el perdón. También la flora, el paisaje, los ríos, los palmares, los morichales, los in-

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mensos centros de sabana, los esteros, las cañadas, las madreviejas, los bongos, las curiaras, los caballos salvajes y los toros criollos que pitan en los bancos de sabana cuidando sus madrinas de ganados. Los pasajes también hablan de los problemas del mundo, y asuntos del momento, pero son los temas folclóricos, es decir los costumbristas, los que perduran y se hacen parte de la historia de una región perpetuándose, porque en él se transmite la historia de generación en generación.


El Joropo: Danza y MĂşsica. FotografĂ­a tomada de https://antojandoando.com/explorando/el-joropo-danza-y-musica/

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El contrapunteo El folclor llanero se enriquece con esta modalidad que requiere de mucha habilidad musical y mental, pues se hace entre dos copleros que se confrontar con versos improvisados y hacen rimar su canto con gracia, humor, y conocimiento de un tema específico. Las coplas deben terminar en una de las cinco vocales para que rimen y no puede cambiar la letra terminal sin previo permiso que se debe pedir cantando al adversario y si este no lo concede no se cambiara; si un coplero cambia la letra sin permiso de su contendor, habrá perdido la

confrontación. El marco musical lo hace regularmente el arpa, la bandola llanera, el requinto o el bandolín y el ritmo usualmente es el pajarillo, la quirpa, la guacharaca o la periquera. El tema de las coplas tampoco se puede cambiar, pues el que lo cambie pierde puntos frente a los jurados cuando se está en concurso. Generalmente gana el contrapunteo, aquel coplero que mayores conocimientos tenga de la vida y costumbres de los Llaneros, ingredientes que requiere estar ayudado indudablemente de una extraordinaria agilidad mental

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y facilidad de expresión para dibujar las cosas sin perder el ritmo, la afinación, la letra terminal, la vocalización y sin titubear en el hilo de la conversación.


El poema llanero o poesía

Este sí es indiscutiblemente la más tradicional y cuidada de las modalidades del rico folclor llanero. Pertenece a los consagrados poetas y es la poesía o poema, la página inmortal de un folclor que allí tiene su máxima convergencia. El poema es el legado cultural que los poetas de una generación dejan a los venideros y estos toman esas poesías como soporte para inspirar las suyas y así sucesivamente. La poesía Llanera, es muy exigente, pues exige cuidadosa rima y celosa estructuración formativa para que sea verdadera poesía.

La poesía Llanera registra los grandes acontecimientos de la historia, para perpetuarlos. Las vivencias, los pronósticos y las más severas críticas a los errores cometidos. Allí en la poesía Llanera reposa el máximo sentimiento de las gentes de esta inmensa región pues sus poetas han compuesto canciones que nunca pasarán de moda y son el testimonio imborrable de un transcurrir histórico que nadie quiere olvidar o pasar desapercibido.

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El corrío

El corrió es una modalidad de las más antiguas y autóctonas de este hermoso folclor, se trata de una historieta ocurrida a determinada persona ya en su vida privada o en el trabajo y sobre este acontecer, los poetas y copleros se inspiran para relatar ese acontecimiento en rima artística ya sea en prosa seguida por una sola letra que puede ser por ejemplo la A o cualquiera de las cinco vocales, como puede ser en décima o poética y se interpreta en los parrandos llaneros que celebran en la sabana. El corrío representa justamente la idiosincrasia del hombre Llanero, su altanería, su temperamento recio, su agresivo valor frente a los peligros, su rudeza para domar al caballo salvaje, el toro bravo cimarrón y para dominar inclusive a las fieras silvestres. También se expresa en el Corrió, la comprobada nobleza del Llanero, su resignación para vivir una región diferente a las demás zonas del país, su generosidad, hospitalidad y acentuado compañerismo. Los corríos también se inspiran en historias de amor, en honor a las diferentes especies de fauna silvestre, pero especialmente a una muy popular, al GAVAN y las COROCORAS. Otro sin fin de corríos surgieron de la época terrible que vivió la llanura colombiana con ocasión de la violencia partidista de la década del cincuenta, eventos que componen la enorme variedad de corríos llaneros, es decir, el corrió como las demás modalidades artísticas propias de esta inmensa llanura, hacen parte de su propia historia.)

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¡Así es una fiesta llanera! Fotografía por Evans/Three Lions / Getty Images

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“Letras que le cantan a la inmensidad de los llanos orientales, la belleza de sus mujeres y la viveza de sus tradiciones.�

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La palabra joropo viene del arĂĄbigo Xarop que significa jarabe. FotografĂ­a tomada de https:// www. brizanthahotelcampestre. com/es/ noticias/ cultura-del-joropo-en-colombia


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CapĂ­tulo 2 PĂĄcifico: ritmos al son de la marimba


Pacífico: ritmos a Una guía para acercarse a la diversidad Lo que se conoce como el Pacífico colombiano se extiende desde la frontera con Panamá (Pacífico norte) hasta los límites con Ecuador (Pacífico sur). La zona que más presente está en el imaginario de los colombianos es la franja que corre entre la Cordillera Occidental y el océano. Otra, menos conocida, está compuesta por el valle del río Cauca, al sur de la ciudad de Cali, y por el valle del río Patía, al sur de Popayán (Pacífico interandino). Esta vasta región es el hogar de numerosas comunidades campesinas negras queen su mayoría se ganan la vida como agricultores y

pescadores de los ríos vecinos y del mar, y como asalariados y pequeños comerciantes en los puntos semirurales. Por siglos, la música tradicional ha sido parte de su cotidianidad en los caseríos, los municipios medianos y, más recientemente, también en ciudades como Cali, Medellín y Buenaventura, donde muchos migrantes han echado raíces. Con un patrón musical común de melodías, acompañamiento y percusión que se organiza en formatos propios de cada subregión, escuchar y hacer música es algo que se percibe y se vive como una 22

tradición central y definitoria de la identidad cultural afropacífica colombiana. A pesar de esta relevancia, es poco lo que se conoce al respecto fuera del territorio mismo, o entre las nuevas generaciones que han crecido en las ciudades. El relativo aislamiento geográfico y simbólico de la mayor parte de esa región frente al resto del país, y la poderosa atracción de otros complejos culturales (la región Caribe, por ejemplo), mantuvieron esas tradiciones musicales por fuera de las prioridades de la investigación universitaria y de un


a son de marimba trabajo de documentación sistemática (salvo algunas excepciones de intelectuales y conocedores, como la célebre “expedición cultural” al Pacífico sur que lideró Delia Zapata Olivella en los años sesenta con el apoyo del Instituto Popular de Cultura de Cali, o el estudio sobre los bailes de juga del norte del Cauca que hicieron Jaime Atencio Babilonia e Isabel Castellanos en la Universidad del Valle en 1982). surgieron en Colombia a finales de los años cincuenta y se concentraron en las músicas andinas colombianas y los géneros bailables del Caribe. En los catálogos, la música del

Pacífico estaba representada exclusivamente por la figura de Néstor Urbano Tenorio, conocido como Peregoyo, un intérprete y compositor de Buenaventura que ganó renombre nacional en 1961 con su versión de “Mi Buenaventura”. Esa pieza había sido compuesta como un cadencioso lamento de aires antillanos por Petronio Álvarez Quintero, un maquinista de tren versado en los ritmos caribeños. Ansioso por entrar en la movida de la música bailable, y con buen olfato de arreglista comercial, Peregoyo eliminó la guitarra original, aceleró el 23

tempo y grabó la pieza con un formato de orquesta de baile. El sonido brillante de los metales se complementó con la voz de Marquitos Micolta, quien, como Petronio, miraba más hacia Cuba que hacia la música de marimba que interpretaban los campesinos en los esteros vecinos al puerto. La canción se volvió un éxito y permaneció por décadas como ícono de la música popular de la región. Solo hasta el año 2000 la música del Pacífico volvió a sonar a nivel nacional con “La vamo a tumbá”, del grupo chocoano Saboreo.


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Si esto ha pasado con la música popular hecha en el Pacífico, que se supone tiene mayores posibilidades de difusión, no sorprende entonces que el desconocimiento de las músicas tradicionales sea incluso mayor.

Un proceso social Cada uno de ellos recibe un nombre diferente según la subregión y está asociado a prácticas musicales particulares.

Una buena estrategia para aproximarse a esa diversidad desconocida es pensar la música a partir de los diferentes contextos de interpretación y escucha. En contraste con las músicas comerciales, las músicas tradicionales surgen y se mantienen como parte de procesos sociales más amplios, donde el foco no siempre es la música. En las subregiones del Pacífico colombiano, hay tres contextos principales en los que aún se interpreta y se escucha música tradicional: las celebraciones en torno a vírgenes y santos, los espacios de interacción festiva con amigos y familiares, y los rituales funerarios.

El primer contexto son los encuentros de personas que se congregan para adorar a un santo, al niño Dios o a la Virgen María. Se trata, ante todo, de celebraciones religiosas con una sección inicial muy solemne que deriva luego en una fiesta. Están, por ejemplo, las fiestas de San Francisco de Asís en Quibdó (Pacífico norte), las balsadas de la Virgen de la Inmaculada Concepción y la Virgen de Atocha (Pacífico sur) y las adoraciones del niño Dios (norte del Cauca y sur del Valle).

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FotografĂ­a tomada de http://archivo.bitacoraeafit.com/dos-documentales-eafitenses-celebran-la-cultura-afro-del-choco/

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En estas celebraciones priman las canciones con textos religiosos. Aquí son las mujeres quienes lideran tanto la preparación (imágenes, velas y altares) como la interpretación de los cantos, que tienen en su mayoría una estructura responsorial. Uno de los géneros del Pacífico sur son los bundes (“Velo qué bonito”; “Al alba”; y las jugas (“San José bendito”), mientras que en el Pacífico interandino se escuchan las jugas (“Salve reina y madre”) y un amplísimo repertorio de recitaciones o “las” que recrean pasajes del nacimiento de Jesús. El segundo contexto es la fiesta, que, con mucha frecuencia, le sigue a la festividad religiosa. Quizás el más conocido es el currulao del Pacífico sur, que en otros tiempos era llamado “baile de marimba”: un espacio donde se cuentan chistes y cuentos, se bebe licor, se come en abundancia, se canta y se toca la marimba. (Es frecuente que los géneros musicales y los contextos donde se interpretan tengan el mismo nombre, como en este caso y otros que veremos más adelante.) Una tradición equivalente en el norte del Cauca eran las

quemas, una serenata colectiva que se llevaba a una casa como gesto de desagravio entre familiares y amigos, y que terminaba al amanecer con la participación de los vecinos y todo aquel que quisiera unirse. Lamentablemente, no hay registros recientes de esta forma de reconciliación a través de la música. Los géneros tradicionales de los espacios festivos del Pacífico sur son los currulaos (“Adiós Margarita”; “Quítate de mi escalera”) y sus variantes de bambuco viejo (“A Guapi”, “Mirando”): bere jú, pango y patacoré. Están 26

también las jugas profanas (“Ronca canalete”; “La guayabita”), el torbellino y la rumba (“La memoria de Justino”). Aquí los varones tienen más protagonismo, principalmente por la interpretación de la marimba. Es usual que el mismo marimbero sea quien lleve la voz principal y quien lidere al grupo, integrado por instrumentos de percusión y voces. Para el caso del Pacífico norte, el compositor e investigador quibdoseño Leonidas Valencia propone una diferenciación entre los géneros propios y los influenciados.


Entre los primeros están el abozao, el levantapolvo, el porro chocoano, el son chocoano, el tamborito, el saporrondó. Los segundos son versiones locales de géneros europeos instrumentales e incluyen mazurcas, jotas, polkas, contradanzas y la danza chocoana. En el valle del Patía se encuentran el bambuco patiano y el son patiano, este último con claras influencias antillanas; al norte del Cauca, las jugas o fugas, con temáticas campesinas que se adaptan a melodías comunes a la mayoría de agrupaciones. El tercer contexto social son los velorios. Los de los niños, conocidos como gualíes en el Pacífico norte, chigualos en el Pacífico sur y bundes en el Pacífico interandino, se realizan cuando muere un pequeño menor de siete u ocho

años, y la música le imprime a este episodio doloroso un sentimiento de esperanza, pues se considera que el niño murió “con el alma pura”. En algunos casos, el cuerpo del difunto se cubre con flores y se canta y se baila a su alrededor. El velorio de los adultos, en cambio, sí se vive como un evento trágico, ya que el mayor conoció el pecado. En estos casos se reza durante nueve días (novenario) y se canta alabaos en la última noche. En el caso de los velorios de niños, el género principal es el bunde, que está presente en las tres subregiones y donde las voces aparecen acompañadas por una base de percusión sobria. En los velorios de adultos se interpretan los alabaos, melancólicos cantos a capela que suelen incluir textos tomados de 27

la antigua poesía popular hispánica y en los cuales se exponen polifonías (varias voces con melodías complementarias) de alto nivel de elaboración (“Qué bonita está la tumba”).


Los instrumentos La organología o conformación instruNidia Cóngora: Líder social y cantora. La nueva maestría colombiana. Foto tomada de Revista Arcadia. mental es otra tipología útil para acercarse a los ritmos del Pacífico. La primera es la de los instrumentos de percusión: bombo, cununo (un tipo de tambor vertical) y guasá (un sonajero cilíndrico de madera y semillas secas) para el Pacífico sur; tambora (en ocasiones con platillo), redoblante y maracas para el Pacífico interandino; y bombo, redoblante y platillo de latón para el Pacífico norte. En segundo lugar, están los instrumentos de ritmo armónico, que son la base que acompaña la melodía. En los valles interandinos están el contrabajo, el tiple, la guitarra y la tuba (para los conjuntos de vientos); en el norte, el bombardino, y en el sur, la marimba (cuya función de acompañamiento se conoce como “bordón”) y las flautas de algunos conjuntos presentes en la zona del río Napi, cerca de Guapi, Cauca (en este formato el acompañamiento percusivo incluye el triángulo). Por último, se encuentran los instrumentos melódicos, que suelen ser los más reconocidos porque tienen a su cargo el sonido con que se identifican las piezas y se tatarean, y porque han recibido un amplio despliegue mediático en los últimos años. El más visible es la marimba de chonta del Pacífico sur, que tradicionalmente el constructor afina a oído y comparte su papel con las voces. Están también las flautas de la zona de Napi, los clarinetes del Pacífico norte, la trompeta y el clarinete del norte del Cauca, y los violines del Pacífico interandino. 28


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En el contexto y la dinámica de festivales como el Petronio Álvarez en Cali o el Eleazar Carabalí de Santander de Quilichao, la competencia obliga a que haya formatos estandarizados que limitan el número de instrumentos por cada categoría. Sin embargo, en la práctica tradicional y cotidiana eso se relativiza y los conjuntos se integran según la disponibilidad de los participantes.

Una última categoría posible es el de los roles individuales. Están aquellas personas que intervienen de forma directa en la práctica musical (las cantoras ocupan un lugar preponderante, al igual que los intérpret es vocales masculinos, llamados chureadores en el Pacífico sur) y los intérpretes de los distintos instrumentos complementarios. Muchos de ellos asumen con el tiempo un rol paralelo que es fundamental: ser maestros de música. Por generaciones, la transmisión del conocimiento musical ha sido posible por la participación de los jóvenes en

Los actores de la música

los distintos contextos musicales. Allí se acercan a cada instrumento guiados por los músicos más experimentados, en una relación maestro-discípulo que se mantiene vigente hasta hoy. Otro rol es el de constructor de instrumentos. Muchas de las músicas del Pacífico se interpretan con instrumentos acústicos, hechos de forma artesanal a través del cultivo, selección, adecuación y ensamble de materiales selváticos: madera de palmas y bambúes (marimbas y violines de guadua), madera de árboles con cueros 29

de venado y cerdo montés (bombos y cununos), guadua y semillas (guasás). Este es un saber tradicional que se mantiene en secreto dentro de la familia del constructor.


El escenario actual Los varios elementos de este espacio sociocultural (contextos sociales, géneros musicales, instrumentos y roles) son la expre sión de modos de ser y relacionarse con el mundo que son pro pios de las comunidades rurales y semirurales del Pacífico afro colombiano. Son también el resultado de una larga historia de adaptación y apropiación de un entorno difícil. Sin embargo, las transformaciones de la Colombia actual han hecho que muchos de los contextos de interpretación descritos aquí se desdibujan. Eso ha afectado las prácticas musicales, sobre todo las festivas. Además, los migrantes a las grandes ciudades han tenido que adaptar las celebraciones religiosas y los funerales al nuevo en torno. Eso también ha incidido en lo musical. Aun así, con el tiempo ha habido cambios positivos como el viraje de las universidades a la investigación, documentación y enseñanza de repertorios tradicionales, y la paulatina apertura de espacios para el Pacífico en las rutas de circulación de la industria musical (pensemos en el triunfo de Herencia de Timbiquí en Viña del Mar en 2013, o en el debut de Canalón en el festival de rock Glastonbury en Inglaterra, en 2017). Festivales como el Petronio Álvarez en Cali, el Festival Centro en Bogotá o la noche afro de la Feria de las Flores de Medellín contribuyen a eso, y al conocimiento y valoración de un universo musical que es parte fundamental de nuestra cultura. yt

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Foto: Carlos Miguel Varona


“Son de marimba y zapateo, quejido de ancestro, sinfonía de manglares, las mujeres te bailan, los hombres te beben, te gritan, te buscan, la noche te conversa con sus voces de tambores.”

Poema “Currulao” - Elcina Valencia Córdoba

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CapĂ­tulo 3 Andina: sonidos y cantos con olor a cafĂŠ


Andina: sonidos y cantos con olor a café Introducción La música de la región Andina colombiana que conocemos actualmente surge como una mezcla entre los cantos de las poblaciones indígenas y el intercambio con la cultura negra y española. Géneros como el Bambuco, la Caranga, la Guabina, el Pasillo y el Torbellino, no son más que una fusión de culturas que a lo largo de varios siglos se establecieron en el imaginario del pueblo colombiano. Estos estilos musicales están ligados a otras manifestaciones artísticas como la danza, y a festividades religiosas y seculares. La región Andina se sitúa en el centro de Colombia y se divide en tres cordilleras llamadas Central, Occidental y Oriental. Su nombre se deduce por su ubicación dentro de la Cordillera de Los Andes. La región andina colombiana con sus montañas, valles, mesetas, es un escenario en donde quinientos años de historia han originado una cultura mestiza, la que fue pauta para el surgimiento de una idea de nación. Es allí en donde, a mediados del siglo XIX, hacen conjunción tres instrumentos que de algún modo se vuelven representativos de esta zona del país: el tiple, la guitarra y la bandola, instrumentos que por aquella época amenizaban las tertulias en los campos y ciudades.

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Música en la época prehispánica

Podría decirse que la música tradicional colombiana se ha mantenido en un estado de supervivencia, ya que son pocos los valores musicales que permanecen en la memoria y tradiciones de la sociedad colombiana en el presente, y antes de haberse convertido en una mezcla intercultural europea y americana, las músicas aborígenes consideradas como el elemento originario que permitió la conformación de la etnia colombiana se dividen en tres grandes familias: Chibcha, Caribe y Arawak. (López, 2002) estas culturas tuvieron grandes avances en aspectos como el agrícola, la pesca, orfebrería, cerámica

entre otros. Pero fueron impactadas por el sometimiento español en el siglo XVI en el cual predominó la dominación española sobre las tradiciones aborígenes destruyéndolas casi por completo, en la actualidad en algunos territorios aislados del país, se encuentran grupos de aborígenes que mantienen su música originaria intacta. Se determinó que pueblos andinos precolombinos como los Chibchas usaban flautas, trompetas de cerámicas, maracas y tambores como instrumentos musicales. Con ellos interpretaban sencillas melodías que eran acompañadas por cantos y bailes. La música era parte indispensable de las labores de la jornada diaria al igual que en eventos religiosos o bélicos.

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Origen e interpretación de los estilos musicales andinos En ese período surgen la música característica de la zona andina: Bambuco, Caranga, Guabina, Pasillo y Torbellino. En todos hay una fusión de estilos españoles, indígenas y negros. Dichos estilos musicales se consideran como exclusivos de la región Andina porque su interpretación no se asemeja a otros ritmos del territorio colombiano, por lo que se confirma su origen en esta zona. Cuando la agrupación no era la Chirimía se usaba a la Murga. Esta última estaba más vinculada a las inter pretaciones europeas pues se trataba de un grupo pequeño o incluso una orquesta de instrumentos de cuerda con tiples, bandolas, requintos y guitarras. Bambuco

de nuestro país, fue la “banda sonora” Se interpreta en un que se usó para celetempo de 6/8 con brar la entrada de los cuerdas y flautas y libertadores a la casobre ellas se canpital de la república, tan coplas. Este esla independencia del tilo musical va de la mano con un tipo de Perú y por ende la baile que lleva el mis- dominación de Amémo nombre y ambas rica latina, desde el son la manifestación siglo XIX se comienza más característica de a nombrar al bambuco como ritmo los Andes. autóctono nacional. El bambuco ritmo de Como se había menla región cundiboya- cionado anteriorcense, hizo parte del ment la música tradesarrollo histórico dicional popular 38

colombiana es lo que es, con base a la música e influencia europea, una versión propia una intención de transformar una herencia musical y darle un aire autóctono. Lo que hizo popular y emblemático al ritmo bambuco ha sido su aire popular, y la intención de los nativos de hacer algo propio que representara lo que era en

todas sus facetas al pueblo colombiano, no ha sido fácil que no se impongan arbitrariamente ritmos extranjeros que desean derrocar al bambuco en el caso que cita el maestro Roberto Velandia en un artículo que realizo para la Nueva Revista Colombiana de Folclor “ Los ritmos de Cundinamarca, el bambuco cundinamarqués y la rumba criolla, antillana”


Guabina y Tiple. Foto: Cortesía Mauricio Olaya.

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Estas piezas eran interpretadas por agrupaciones instrumentales llamadas Chirimía en los que se empleaban instrumentos como tambores, maracas y flautas traveseras de caña.

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Guabina Torbellino La segunda expresión en popularidad de la zona andina, también es mestizo, aunque con acentuadas características indígenas. Su instrumental es particularmente complejo en la región de Santander, pues consta de requinto, tiple, flauta de caña rústica o capador, chucho, pandereta, carraca, quiribillo, esterilla, zambumbia y, a veces, concha de armadillo. Se danza en pareja, pero a veces se agrega un segundo hombre a la pareja ya conformada. Se agregan variadas, jigangas o juegos coreográficos, como por ejemplo la escoba, la manta, las perdices y otros.

Es un ritmo que se toca al final de las faenas del campo y en las fiestas rurales de los Andes. La guabina es un canto vocal con musicalización y género musical colombiano propios de la Región Andina de Colombia presente en los departamentos de Antioquia, Santander, Boyacá, Cundinamarca, Tolima y Huila, en los cuales se practican y constituyen diferentes muestras representativas del ritmo. La palabra “guabina” se utiliza para referirse a una persona simple; para llamar a un tipo de pez en los llanos orientales; y como nombre para una herramienta usada por los campesinos para castigar a los animales domésticos. Los instrumentos básicos para la ejecución de una guabina son el tiple, la carra 40

ca, el capador, la pandereta, el requinto, la esterilla, la bandola y el chucho o alfandoque. Como atuendo para bailarla la mujer lleva una falda muy larga, unas botinas, un sombrero y un extenso velo negro. Referencias históricas mencionan a la guabina desde finales del siglo XVIII, siendo muy popular entre los alfareros y canteros santafereños durante la época de aguinaldos navideños, y en los bailes del campo. Era un ritmo muy rechazado por la iglesia por tener un estilo de baile de pareja cogida. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el romanticismo forma parte esencial en las composiciones de las guabinas. Así, empezaron a ser creadas guabinas románticas y amorosas, como la obra de Alberto Urdaneta, Guabina chiquinquireña.


Carranga Se interpreta con tiple, requintos, guitarras, dulzainas y guacharacas. Lo interesante de esta pieza no reside en lo musical sino en sus letras de corte burlesco y su doble sentido en temรกticas vinculadas a la vida diaria.

Torbellino. Tomado de https://www.costumbres.org/

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Pasillo Es un vals más acelerado y es un género musical y danza folklórica autóctona de Colombia. A fines del siglo XIX pasó de Colombia a Ecuador y a América Central, donde adquirió carácter folclórico en Panamá y en Costa Rica; ​posteriormente se extendió y popularizó en Nicaragua y El Salvador.​ En cada una de estas naciones tiene características regionales propias. En Venezuela se le conoce como valse​y en Perú el pasillo ecuatoriano goza de relativa popularidad, principalmente en el norte del país. Según el musicólogo Guillermo Abadía, "La denominación de “pasillo” como diminutivo de “paso” se dio justamente para indicar que la rutina planimétrica consta de pasos menudos. Así, si el “paso” corriente tiene un compás de 2/4 y una longitud de 80 centímetros, el “pasodoble” como marcha de infantería tiene un compás de 6/8 y una longitud de 68 a 70 centímetros. El “pasillo”, en compás de 3/4 tiene una longi

tud de 25 a 35 centíme- hasta vertiginoso en su forma coreográfica. tros". En Colombia y Ecuador El pasillo surgió duran- recibió el nombre de pasillo y en Venezuela te la época indepenconservó el de valse.​La dentista en los Andes exigencia de su interneogranadinos como pretación exigió una aire y danza de la liceleridad que puso en bertad, pues se originó como expresión de prueba a los bailarines alegría en el momento más diestros y se conde la independencia​en virtió en una “pieza de resistencia” en que un las primeras décadas del siglo XIX como una bailarín, después de tres o cuatro ejecucioadaptación del vals austriaco, variación que nes quedaba físicamente agotado. Era de determinó un cambio rítmico. El movimiento rigor en los salones el uso del pañuelo en se hizo acelerado y 42

mano para no impregnar de sudor a la dama, ya que se trataba, no de una danza suelta popular sino de un baile “cogido” en que la pareja estrechamente abrazada por la cintura debía girar velozmente muchas veces hasta provocar el vértigo; eran frecuentes los desmayos en estos saraos muy concurridos. Llegó a ser un símbolo musical del mestizaje hispanoamericano.


El pasillo se extendió a finales del año 1998 hacia Centroamérica, haciendo su primera escala en Panamá, que en ese tiempo hacía parte de Colombia. Fue llevado por militares y altos funcionarios del gobierno, convirtiéndose en uno de los bailes de preferencia de la aristocracia tanto urbana como rural del istmo. Desde Ecuador llegó a ser popular en Perú y otros países de Suramérica. En sus inicios el pasillo era solamente instrumental y su ejecución se basaba en los tres instrumentos básicos de la música andina: bandola, tiple y guitarra a veces complementados con violín.

Posteriormente aparece el pasillo vocal que incluye letras de gran contenido poético e incluso son poemas musicalizados como "Sombras", de la poeta mexicana Rosario Sansores y musicalizado por el ecuatoriano Carlos Brito; "Mis flores negras" poema del colombiano Julio Flórez cuya versión musicalizada se atribuye al ecuatoriano Carlos Amable Ortiz, y "Adoración" del ecuatoriano Genaro Castro musicalizado por el también ecuatoriano Enrique Ibáñez Mora.

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“Danzas, cantos, ritmos prehispánicos con colores autóctonos colombianos y olor a café son las maravillas que envuelven a la región Andina.”

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Festival Bambuco. Blog de Viajes Red Bus. Tomado de http://artesaniaskyra.com/blog/?p=114

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CapĂ­tulo 4 Caribe: tierra de mĂşsica y baile


Caribe: tierra de música y baile Punto de partida La región Caribe en Colombia es cuna de algunos de los ritmos más destacados del continente suramericano. Al norte, Valledupar, capital del departamento del Cesar, es conocida por ser el corazón del vallenato, género musical declarado por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, que cuenta al son del acordeón, la caja (tambor pequeño de cuero de chivo) y la guacharaca, leyendas y mitos populares. La tierra del Cacique Upar, nombre del líder de la etnia Chimila que gobernaba la región, hoy es cada vez más conocida por ser la sede del Festival de la Leyenda Vallenata. Con más de media década desde su fundación reúne una vez al año a trovadores, cantantes, compositores y acordeoneros de Colombia y el mundo, para disputarse el título de Rey Vallenato, otorgado por jurados al mejor intérprete del acordeón. La tradición musical se vive desde muy corta edad. La academia de Andrés ‘El Turco’ Gil, un hombre visionario que creyó en la posibilidad de alejar a los niños de la violencia a través de la música, es el promotor de los ‘Niños del vallenato’. Un conjunto de jóvenes, entre mujeres y hombres, de todas las edades que se han dedicado a llevar la cultura vallenata hasta todos los rincones del planeta.

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En 1999 fueron recibidos por el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, en una presentación especial en la Casa Blanca, y desde ahí han pasado por numerosos escenarios internacionales como la Residencia de Los Olivos en Argentina, el Palacio de la Moneda en Chile o la Casa Imperial de la princesa Itaki en Japón.

lombia: el Carnaval de Barranquilla. Una obra considerada por la UNESCO como Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad que combina entre carrozas, comparsas, disfraces, música y baile, un espectáculo majestuoso que viste a la ciudad y a las más de 90 mil personas (nacionales e internacionales) que llegan entre enero y marzo para estas festividades.

En Valledupar, el acordeón es tan importante en su cultura que cuenta con múltiples representaciones artísticas en la ciudad. Una de ellas es la Casa Museo del Acordeón, administrada por ‘Beto’ Murgas, famoso compositor de la Guajira (departamento vecino), que se ha dedicado a contar la evolución de este instrumento y los diferentes formatos en donde se ha reproducido la música vallenata.

Sus ritmos más representativos, típicos además del folclor costeño, son la cumbia, la puya, el jalao, el garabato, el chandé, el porro, el bullerengue, el mapalé, el merecumbé, la guaracha y la Champeta, siendo esta última reconocida en toda la región Caribe por ser un género musical originario de las zonas afrodescendientes de la ciudad de Cartagena, en el departamento de Bolivar, vinculado con la cultura del corregimiento de San Basilio de Palenque.

El acordeón es un elemento indispensable en las ‘Parrandas’, como se les llama coloquialmente a las fiestas de pueblo características de esta cultura. Son celebraciones que exaltan a los amigos, al amor o a la vida, en donde más que bailar se contemplan los aires románticos de este instrumento: la puya, el merengue, el son y el paseo.

Este último, conocido como el primer pueblo libre de América, fue declarado por la Unesco como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, por conservar algunas de sus tradiciones. Su lenguaje (Palenquero), la comida y su música, compuesta sobre todo por tambores que aprenden a tocar los jóvenes desde muy pequeños.

Un poco más al sur, bordeando el mar Caribe, es posible vivir la fiesta más importante de Co

Un grupo con proyección internacional es Kombilesa Mi, que significa ‘Mis amigos’ 49


en español, es una fusión del Rap Floclórico Palenquero, interpretado por nueve artistas que se dedican a preservar y difundir sus tradiciones a través de la música. Sus canciones se cantan en lengua palenquera y se acompañan al son de los tambores.

Al igual que ellos, el grupo de ‘Las alegres ambulancias’ tiene representación internacional. Conformado en su mayoría por adultos mayores afirman que toman su nombre, entre otras cosas, porque las personas les abren camino cuando pasan por las calles

por la alegría que transmiten con sus cantos. Sus ritmos los caracteriza el sonido del Lumbalú, conocido como un ritual funerario de su cultura en donde intervienen danzas y cantos para honrar a los muertos, pero con tambores que hoy en día alegran

Acordeón. Tomado de https://www.travellocal.com/inspiration/blog/757/in-the-spotlight-beto-murgas

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a personas de todas partes del mundo en sus giras por el extranjero. A una hora de Palenque se encuentra Cartagena, o el “corralito de piedra”, que también se destaca por ser cuna de importantes eventos musicales como el Festival de Música Clásica o el Hay Festival, y por su variedad de bares y discotecas con ritmos para todos los gustos. Aquí la cultura y la gastronomía se fusionan como por ejemplo en tures donde llevan a los turistas a tomar clases de salsa y champeta luego de un recorrido alusivo al patacón, que termina en “donde Fidel” uno de los bares del centro histórico más famosos de la ciudad para poner en práctica los pases aprendidos.


Ritmos en el litoral musical Cumbia Ritmo caliente y el más característico de Colombia. Es de origen negro, lo mismo que el candombe uruguayo-argentino. La palabra cumbia parece derivar del término bantú cumbé, ritmo y danza de Guinea Ecuatorial. Es una danza de carácter erótico. Sus temas son el amor, el trabajo, los pescadores, temas narrativos y semiépicos. La cumbia posee contenidos de tres vertientes culturales, principalmente indígena y negro-africana y, en menor medida, blanca (española), siendo fruto del largo e intenso mestizaje entre estas culturas. “Ello explica el origen en la conjugación zamba del aire musical por la fusión de la melancólica flauta indígena gaita o caña de millo de las etnias cunas y koquis, respectivamente, y la alegre e impetuosa resonancia del tambor africano.

En la instrumentación están los tambores de origen negro africano; las maracas, el guache y los pitos (caña de millo y gaitas) de origen indígena; mientras que los cantos y coplas son aporte de la poética española, aunque adaptadas luego. Presencia de movimientos sensuales, marcadamente galantes, seductores, característicos de los bailes de origen africano. Las vestiduras tienen claros rasgos españoles: largas polleras, encajes, lentejuelas, candongas, y los mismos tocados de flores y el maquillaje intenso en las mujeres; camisa y pantalón blanco, pañolón rojo anudado al cuello y sombrero en los hombres. A partir de la década de 1940, la cumbia comercial o moderna se expandió al resto de América Latina, tras lo cual se popularizó en todo el continente siguiendo distintas adaptaciones comerciales, como la cumbia argentina, la cumbia boliviana, la cumbia chilena, la cumbia dominicana, la cumbia ecuatoriana, la cumbia mexicana, la cumbia peruana, la cumbia salvadoreña, la cumbia uruguaya y la cumbia venezolana, entre otras.

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La cumbia es madre de muchos ritmos como el porro, la gaita, la chalupa, el bullerengue, el garabato, el chandé, la tambora, el berroche, el paseo, el son, la puya, entre otros. E ​ xisten varias modalidades regionales de la cumbia: cumbia sampuesana, soledeña, cienaguera, momposina, sanjacintera, cartagenera, cereteana, banqueña, magangueleña, entre otras.

Currulao Es un ritmo típicamente negro. Se toca con marimba de origen africano (especie de xilofón). Tradicionalmente se conoce como el viejo bambuco, y es una danza orientada hacia el cortejo. Su origen está estrechamente relacionado con la cultura descendiente africana de la región. La palabra currulao alude a la palabra "cununao" que es una referencia a los tambores de origen africano que juegan un papel importante en el folklor de la región del Pacífico colombiano, los cununos. También tiene una parte en los bailes típicos de Colombia. Currulao es el estilo de baile más popular para muchas comunidades afrocolombianas a lo largo de la costa del Pacífico. Tiene características que resumen las influencias africanas traídas durante el período colonial por los mineros en las cuencas de los ríos del occidente del territorio. En la práctica, es posible observar referencias de un rito sacramental de fuerza ancestral y magia en currulao. 52

Merengue o merecumbé El merecumbé es un estilo musical colombiano creado por Francisco "Pacho" Galán que combina la cumbia y el merengue colombiano. El término es una contracción de las palabras merengue y cumbia. "El merecumbé es una síntesis, una mezcla de la cumbia autóctona con el merengue del departamento del Magdalena, y no del merengue dominicano. Claro está que las melodías del merecumbé están basadas en manifestaciones folclóricas musicales de la Región Caribe” (Pacho Galán).


Mapalé El Mapalé es un ritmo afrocolombiano de danza. Su nombre proviene del pez teleósteo Cathorops mapale, cuyos movimientos muy rápidos fuera del agua, en la playa, se comparan con la agilidad y fuerza de quienes danzan. Este baile nació como canto y danza de labor de los pescadores, que se realizaba, acompañado de tambores, como diversión en la noche, después de terminar la jornada. Surgió en la costa del Caribe colombiano gracias a la influencia cultural de los africanos traficados como esclavos durante la conquista de América y que, cuando conseguían huir de sus captores fundaban quilombos o comunidades en lugares alejados, como el Palenque de San Basilio, donde afirmaban su herencia cultural. Nacido en el Caribe, fue introducido en tiempos pretéritos a lo largo de las orillas del río Magdalena. Actualmente se baila también en comunidades afrocolombianas del Pacífico. En sus orígenes la danza de labor fue ejecutada en las noches y acompañada con toques de tambores yamaró y quitambre, las palmas de las manos y el canto. Con posterioridad se produjo una transformación de su temática, atribuyéndole un énfasis de regocijo con carácter sexual y asignándole la evolución frenética que hoy presenta. La coreografía actual mantiene rasgos de su esencia africana en la parafernalia, tanto en el vestuario, que es en extremo sencillo, como en la presencia del machete, instrumento de trabajo utilizado para el procesamiento del pescado.

Bailarines del grupo Candela Viva muestran su folclor y ritmos afro-colombianos por la Torre del Reloj en Cartagena, Colombia. Tomado de http://www.tellittomewalking.com/los-ritmos-de-colombia-mixtape-vol-ii/

Porro El porro es como una cumbia rápida. Es un ritmo musical de la región caribeña colombiana, tradicional de los departamentos de Córdoba, Bolívar, Atlántico y Sucre. Posee un ritmo cadencioso, alegre y fiestero, propicio para el baile en parejas. 53

Se ejecuta en compás de 2/2 o, como se le dice popularmente en América, compás partido. Es una música fiestera popular que generalmente es interpretada por bandas conocidas como "bandas de viento" en la región caribe y en el resto de Colombia como "papayeras".


En cuanto al origen de la voz “porro” se conocen dos hipótesis principales: la de que proviene del porro, manduco o percutor con que se golpea al tambor o bombo y su acción o porrazo y la que sostiene que es derivada de un tamborcito llamado porro o porrito con que este se ejecutaba.

Vallenato Se interpreta tradicionalmente con tres instrumentos: el acordeón diatónico, la guacharaca y la caja vallenata (pequeño tambor cónico de un solo parche con anillos de tensión). El vallenato también se interpreta con guitarra y con la instrumentación de la cumbia en cumbiambas y grupos de millo. El vallenato tradicional fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación por el Consejo Nacional de Patrimonio del Ministerio de Cultura y está incluido en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en la lista de salvaguardia urgente por la Unesco.

El vallenato o música vallenata es un ritmo musical autóctono de la Región Caribe de Colombia con su origen en la antigua provincia de Padilla (actuales sur de La Guajira, norte del Cesar y oriente del Magdalena). Tiene notable influencia de la inmigración europea, ya que el acordeón fue traído por pobladores alemanes a finales del siglo XIX, y la métrica sigue la tradición española. El componente de los esclavos afrocolombianos está presente con la caja vallenata, especie de tambor que en gran medida le da el ritmo a la melodía del acordeón. Lo indígena se evidencia con la guacharaca. Su popularidad se ha extendido hoy a todas las regiones de Colombia, a países vecinos como Ecuador, Panamá y Venezuela, y a más alejados como Argentina, México y Paraguay. 54


“Si se quema el Monte Dejenlo quemá Que la misma selva Vuelve a retonar” Canción ‘Si se quema el monte’, tradicional. CD Etelvina Maldonado. 55


Referencias bibliográficas

Almario, Óscar. 2001. “Tras las huellas de los afrodescendientes.” Acción colectiva, estado y etnicidad en el Pacífico colombiano, ed. Mauricio Pardo. Bogotá: Colciencias/ICANH. Arocha, Jaime. 2000. “Los afrocaribeños del litoral pacífico.” Cultura y región, ed. Jesús Martín Barbero, Fabio López de la Roche, Angela Robledo. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Aristizábal, Margarita. 2002. “El festival del Currulao en Tumaco: Dinámicas culturales y construcción de identidad étnica en el litoral pacífico colombiano.” Tésis de maestría, Facultad de Comunicación, Universidad del Valle. Birenbaum Quintero, Michael. 2005. “Acerca de una estética popular en la música y la cultura de la champeta.” Colombia y el Caribe, ed. Zoila Sotomayor O. Barranquilla: Ediciones Uninorte Chaves, M. (2011). La multiculturalidad estatalizada. Indígenas, Afrodescendientes y configuraciones de estado. Instituto Colombiano de Antropología e Historia: 9-24. Jaramillo, J. (s.f). Campesinos de los Andes. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Recuperado de: revistas.unal.edu.co Koorn, D. (1977). Folk music of the Colombian Andes. Washintong: Washington University. Recuperado el 21 de octubre de 2017 de: books.google.es Miñana, C. (2006). Entre el Folclore y la etnomusicología en Colombia. Bogotá: A Contratiempo. Recuperado de danzaenred.com Ocampo, J. (2006). Folclor, costumbres y tradiciones colombianas. Bogotá: Plaza & Janes. Recuperado el 21 de octubre de 2017 de: books.google.es Sevilla, M. (2018). Una guía para acercarse a la diversidad musical del Pacífico. Revista Arcadia, Edición 154.

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Regiones Musicales de Colombia by JOSE MIGUEL ARIAS - Issuu