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La Huella del Coyote 98 / Especial Aniversario Preparatoria Xochicalco

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EXPERIENCIAS DE UN DOCENTE COYOTE

La Prepa: la mejor etapa en la formación académica Giselle Alonso Palacios Rodríguez*

La preparatoria es una de las mejores etapas en la vida académica de un estudiante, no sólo por la cantidad de conocimientos de distintas áreas que se imparten en esta etapa si no también por las oportunidades que se nos brindan como estudiantes para aprender a ser independiente, desarrollar habilidades blandas que nos permiten crecer de manera integral no sólo para enfrentarnos al reto que implica la etapa universitaria, si no para poder enfrentarnos a los retos propios de la vida y nuestro contexto. Cuando somos estudiantes, no nos percatamos de lo que nos aporta la preparatoria, tendemos a enfocarnos en la cantidad de materias que tenemos, en los trabajos, en las áreas de oportunidad de nuestros docentes (porque como seres humanos, todos las tenemos) en las tareas y en los aspectos que como adolescentes nos abruman y nos toman tiempo que podríamos invertir en algo que es de nuestro agrado. Recuerdo que mi etapa de preparatoria fue peculiar, logré experimentar lo que ya he mencionado, momentos un tanto desagradables, pero a la vez momentos gratificantes, actividades, concursos, presentaciones, salidas con mis compañeros de clase, pero, sobre todo, logré hacer amistades que aún prevalecen, logré conocer a personas que han aportado tanto a mi vida y que hasta el momento representan parte importante de ella. Esta experiencia es lo que me llevó a tomar una decisión importante en mi vida: impartir clases en preparatoria. Como docente, mi formación inicial fue en la enseñanza de idiomas, lo que me permitió laborar en

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preescolar, maternal, primaria, secundaria y universidad, desde antes de egresar de mis estudios de licenciatura y a corta edad; sin embargo, durante mis primeros años en la docencia, no tuve la oportunidad de impartir clases en preparatoria. Me dediqué por algunos años a la educación básica y no puedo negar que disfruté cada momento con ellos, trabajar con niños es sumamente divertido, pero requiere mucha paciencia. Pasaron un par de años para que comenzara a trabajar con adultos, e inicié impartiendo clases a un grupo de señoras que se infartaron al saber que tenía 22 años y que efectivamente, yo sería su maestra. Recientemente me había mudado de nuevo a Ensenada, acababa de cerrar un ciclo impartiendo clases en la Escuela Normal para Maestros cuando recibí una llamada de Universidad Xochicalco, ¡me invitaban a impartir clases en Centro de Idiomas! Sin dudarlo acepté y me embarqué en la experiencia que me llevaría a iniciar mi labor en Preparatoria. Llevaba tan sólo un semestre en Xochicalco cuando me hablaron de Preparatoria y me preguntó el entonces coordinador académico ¿te gustaría impartir clases en Preparatoria? A pesar de estar un tanto temerosa, pues escuchaba de compañeros docentes de distintas escuelas que, “dar clases en Preparatoria es cosa de otro mundo”, decidí aceptar la oferta y verlo como una oportunidad más de crecimiento. No puedo negar que, al principio, temí no contar con las habilidades suficientes para ser docente de ese nivel; mi primer grupo representó un reto, al ser un grupo numeroso y conformado con personali-


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