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Conceptosdetur

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Fuente: PROINVERSIÓN. En internet: http://www.proinversión.gob.pe

La siguiente lectura consiste en un antiguo reportaje realizado por el periodista Pedro Felipe Cortázar al empresario y político Emilio Guimoye, uno de los primeros inversionistas que desarrollaron la agricultura en Bagua en la década de 1950. Empresarios audaces y emprendedores como lo fue Guimoye siguen siendo necesarios en la Región Amazonas. «Como en una sensacional jugada de póquer, Emilio Guimoye lanzó sobre el tapete verde de la selva alta de Bagua (Amazonas), toda su notable fortuna, fruto de años y años de duros esfuerzos. Todo el mundo ha querido juzgar así el gesto magnífico de Guimoye: una emocionante y arriesgada jugada de suerte con la vida. «Pero no es así. Si fue cierto que Emilio Guimoye en verdad arriesgó toda su fortuna en Bagua; no es cierto que lo hiciera como un simple juego de azar. Su gesto fue mucho más profundo que un impulso de cábala a las aspas de una ruleta, que un ‘pálpito’ en las carreras o que un golpe de cubilete. El gesto de Emilio Guimoye fue un gesto de fe en el país. Fue un arriesgado impulso de empresario moderno con espíritu de aventura, de servicio y progreso. Fue un riesgo calculado fríamente, con audacia y optimismo. «Porque Emilio Guimoye Hernández fue siempre así desde que, como buen chalaco, vivaz y mataperro, corriera de chico por las calles del Callao. El ‘chino’ Guimoye, aquel muchachito desgarbado que nació en el Callao el 8 de agosto de 1891, siempre fue así: audaz. Cuando murió su padre comenzó a trabajar como empleado de una casa de comercio con un sueldo de 60 soles mensuales. «Toda su fortuna, era una pequeña propiedad de sus padres. Un atesorado legado familiar. De aquellos que suelen conservarse siempre ‘para defenderse en la vida’. Guimoye, según lo relató sentado en su escritorio del décimo piso del Edificio Caucato, vendió a buen precio su propiedad. Cogió el dinero, se fue a Chincha y puso una empresa de luz eléctrica. Ganó dinero y puso una empresa de teléfonos. «Obviando con una sonrisa el relato de sus esfuerzos, sólo habló de ‘lo que fui haciendo con mi trabajo y mis utilidades cuando me iba bien’. Enmarcó las cejas sobre sus ojos ligeramente oblicuos y se pasó la mano sobre su largo y lacio cabello. Narró rápidamente ‘lo que se acuerda’. Fue agricultor en Chincha y en Pisco. Como típico chacarero peruano de buena cepa criolla ‘engordó al caballo con sus propios ojos’. «Compró progresivamente las haciendas Topará, Caucato, Hoja Redonda y Pozuelos; y arrendó San Jacinto, La Mencía, Manrique y otras. Fue un agricultor de gran éxito en el algodón. «En el campo industrial también le sonrió la fortuna en sus golpes de azar. Estableció una industria vitivinícola en Chincha (La Victoria y Sunampe); una fábrica de aguas gaseosas; una fábrica de ropa; la pesquera San Andrés; la Sociedad Nacional de Pesca de Máncora; una fábrica de plásticos; una fábrica de chicles, una agencia de aduana en Pisco é ‘innumerables otras actividades que no me acuerdo’. «Con toda esta sólida fortuna; dueño de un reconocido prestigio; bien pudo dedicarse a gozar del éxito de sus esfuerzos. Pero un día, a los 64 años de edad, vendió toda su fortuna y la invirtió en la selva alta de Bagua. La lanzó así, como lo ha querido ver toda la gente estupefacta, en un gran golpe de azar. ¿Por qué lo hizo? «Siempre con su invariable sonrisa amable y sencilla, don Emilio simplemente dijo: ‘Estuve presidiendo la delegación a la reunión del Comité Consultivo Internacional del Algodón, en la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), Roma, en el año 1951, cuando conocí a un hombre muy interesante. Se trataba del Director de la Universidad de Florencia quien, por disposición de Mussolini, buscó en los países de la Tierra cómo ubicar a la gente desplazada por la sobrepoblación. Él estuvo dos veces en el Perú y recomendó tres zonas


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