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Tercera Época
Septiembre, 2021
n día todo termina para todos, cosa bien sabida. Un acontecimiento que se asume de diferentes maneras: con aceptación, con resistencia, con represión, o por vía de la sublimación, entre otras. Francisco Toledo pertenecia a quienes viven aceptando que la vida es una condición circunstancial, contingente y, sobre todo oportuna, o de oportunidad podría decir con mejor sentido. Francisco Toledo vivió trabajando, actuando, creando, para dar un sentido transcendental a la existencia, a la existencia en sentido general, la suya y la de los otros: realizando una obra plástica para enriquecimiento de nuestro estar en el mundo y dedicando, dando una parte de su vida a la creación (sí, también creación) de condiciones de posibilidad de una vida digna, para los otros, tarea nada fácil y en buena medida al amparo de su prestigio. Sin embargo, quienes le conocieron desde su infancia pueden dar fe de que su concepción de la vida comprendía, necesariamente, la existencia de “yo y el otro”, de yo en el otro, de el otro en mí, o como lo he afirmado: asumiendo que “el otro también soy yo”. Desde esta perspectiva, es fácil comprender el lugar que corresponde a Francisco Toledo en La Historia y la dimensión de la gratitud y del reconocimiento que le debemos. .
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Como afirmó El Colegio de Oaxaca, Francisco Toledo es un Benemérito Oaxaqueño, auténtico “Héroe a la altura del Arte”. Han pasado dos años de su partida y su obra continúa viva, no solamente los espacios culturales por él creados, sino también en los logros en beneficio de tanta gente, conocidos muchos por la difusión de la lucha que con frecuencia desarrolló; sentidos y disfrutados otros más por los beneficios recibidos, como es el caso de las integrantes del Frente de Mujeres del Estado, a quienes apoyó con su caracterísca humildad, discreción y grandeza. Valga para nombrarlo la paráfrasis conque bien se expresa nuestro recuerdo: ¡Francisco Toledo, Amigo de la Razón y de la Humanidad!
César Mayoral Figueroa
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SUMARIO
comunicante Septiembre de 2021
DIRECTOR: César Mayoral Figueroa (Fundador) CONSEJO DE ASESORES: Alberto Ruy Sánchez, Margarita Dalton Palomo, Adolfo Castañon, Jorge Bustamante, Jorge Pech Casanova, Rosa Martha Mayoral Chávez, Pierre-Arnaud Le Gerinel, Marcos Figueroa Calvo. COLABORADORES: Jorge Pech Casanova, Manuel Matus Manzo, Cruz Alejandro, Julieta Mayoral Figueroa, Raul Antonio Corzo Llaguno.
EL COLEGIO DE OAXACA Álamos 228 Colonia Reforma Oaxaca, Oax. C.P. 68050 México Tel.: 951 5030123 Correo: cooax@prodigy.net.mx
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Editorial
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Jorge Pech Casanova v Toledo, su compañía perdurable 4 Manuel Matus Manzo v Francisco Toledo como lector 10 Julieta Mayoral Figueroa
v Breve Remembranza
Cruz Alejandro
v Retrato a la Calavera de Francisco Toledo 13
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MUNDO POÉTICO César Mayoral Figueroa ___
v In memoriam
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v Recuerdo
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v Francisco Toledo. 16
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v Tamín Toledo
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v La Obra Plástica de Francisco Toledo 18
Raul Antonio Corzo Llaguno
v Francisco Toledo en la Prepa 24 COLABORADORES
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ILUSTRACIONES Cruz Alejandro; César Mayoral F. Cocntraportada:http://www.oaxaca.me dia/cultura/ofrece-el-iago-ciclo-deconferencias-sobre-arte/
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Jorge Pe c h Cas anova
Toledo, su compañía perdurable La presente evocación integra un texto reciente con otros dos publicados hace veintiún años, cuando algunos estábamos convencidos de que Francisco Toledo viviría para siempre.
UN APRESURADO RECUENTO BIOGRÁFICO
El artista Francisco Toledo nació el 17 de julio de 1940, año complicado para México. Entonces el presidente Lázaro Cárdenas dejaba el poder y se veía forzado a nombrar como sucesor a un militar que era visto como seguro aliado de los Estados Unidos, Manuel Ávila Camacho. Contra él se postuló Juan Andreu Almazán, ex general que se definía como “anticomunazi” para marcar su distancia frente al presidente y sus políticas de izquierda. El niño Francisco Benjamín López Toledo no se enteró, pero un mes después de su alumbramiento, el país fue sacudido por el fraude electoral del Partido de la Revolución Mexicana (el futuro PRI) contra el candidato opositor Andreu Almazán, quien perdió a 150 de sus partidarios asesinados por matones al servicio del partido oficial. Los seguidores del opositor burlado quisieron levantarse en armas, pero su líder prefirió evitar un baño de sangre y cargó para el resto de su existencia con acusaciones de traición y cobardía. Para cuando Andreu Almazán murió en 1965, todavía amargado por su derrota electoral, el joven Francisco Benjamín, nacido por casualidad en la colonia Tabacalera del Distrito Federal, estaba consolidando con su regreso a México una brillante carrera artística iniciada en 1960 en París, donde lo descubrió su paisano Rufino Tamayo junto con otro genial artista, Rodolfo Nieto. Para entonces, el hijo de Francisco López Oroz4
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co y de Florencia Toledo Nolasco ya era conocido como Francisco Toledo, pintor y grabador de raro talento. Acaso el racismo y el clasismo imperante en el medio artístico de la capital mexicana hizo demorar el reconocimiento al arte de Toledo. No figuró con prominencia en el movimiento de la Ruptura, al cual pertenecía por razones cronológicas. Tampoco su paisano Nieto fue recibido con mucho entusiasmo por el grupo de artistas que dominó las galerías a partir de 1966. Nieto, cuyo don para la pintura era acaso mayor que el de Toledo, declinó en aquel ambiente. Moriría prematuramente en 1985, tras haber abandonado la pintura. Francisco Toledo, en cambio, trabajó sin descanso para perfeccionar su arte. A fines de la década de 1970 ya era un creador con gran reconocimiento, sobre todo, por su actitud frente a las causas sociales. Mientras sus contemporáneos de la Ruptura evadían involucrarse en cuestiones políticas, pese al sacudimiento que comenzó con la matanza de Tlatelolco, Toledo empezó a interesarse en causas sociales. Para iniciar, en Juchitán, ciudad de origen de su familia, Toledo fundó la Casa de la Cultura en 1971, junto con los poetas Macario Matus y Víctor de la Cruz. Diez años después, al remontar en 1981 el movimiento de la Coordinadora Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI), con la cual surgió el primer ayuntamiento socialista en Juchitán, Toledo financió ediciones literarias e históricas para apoyar al movimiento, asediado por el aparato priista. Además, el pintor invitó a un nutrido grupo de artistas e intelectuales nacionales a realizar ac-
tividades en la Casa de la Cultura animada por los poetas Matus y de la Cruz. En 1982 la actividad de Toledo en Juchitán cesó abruptamente cuando él, de la Cruz y el fotógrafo Rafael Donis fueron atacados por una turba de priistas que intentó asesinarlos. Además, viendo la corrupción en que habían caído varios líderes de la COCEI, Toledo se desencantó de la ciudad de sus padres y se mudó a la capital oaxaqueña, donde comenzó una intensa actividad para fundar instituciones culturales. Su primera fundación en 1988 fue el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el IAGO, que perdura como un extraordinario centro cultural desde el cual Toledo impulsó la creación de más centros culturales, bibliotecas y museos comunitarios, acciones de conservación ecológica y proyectos literarios que aún se preservan. Del IAGO se desprendieron instituciones como el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, la Cineteca Pochote y el Centro de las Artes San Agustín. Desde el IAGO, Toledo también estaba al pendiente del buen funcionamiento del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca y del Centro Cultural Santo Domingo. En 2001 impulsó la reconstrucción de la antigua fábrica de textiles de Vistahermosa, en la comunidad de San Agustín Etla, para establecer el Centro de las Artes San Agustín (CASA), y al pie del cerro, donde estuvo la planta de electricidad del pueblo, instaló su Fábrica de Papel artesanal, un proyecto productivo y artístico muy exitoso. El CASA es el mayor centro cultural que Toledo impulsó en Oaxaca, y uno de los más bellos e imponentes que existen en México. El activismo que el artista desplegó durante veinte años lo limitó en su producción artística, de por sí exigente. Luego de su magna muestra de 1985 “Lo que el viento a Juárez”, Toledo abandonó la pintura durante más de dos décadas, reservando su talento para el dibujo y el grabado. En 1998 comenzó a crear una gran obra para la esca-
lera del Museo de Arte Contemporáneo, pero desechó el proyecto y ordenó destruir lo que había creado. En el año 2000, al cumplir 60 años, presentó su exposición retrospectiva más importante en el Museo Reina Sofía de Madrid, titulada sencillamente “Francisco Toledo”. Sólo hasta 2007 Toledo emprendió otra obra monumental, La Lagartera, concluida en 2008 en la ciudad de Monterrey: una escultura en resina, fibra de vidrio y arena coloreada que mide 24.5 metros de largo, diez de ancho y tres de alto, con un peso de 18 toneladas. Estuvo a punto de renunciar a su creación, cuando los materiales escasearon y tuvo que posponer la realización del trabajo, el último que realizó a gran escala. En 2008 Toledo encargó al arquitecto Mauricio Rocha el diseño de un edificio para la Facultad de Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. El proyecto, financiado por el artista filántropo, obtuvo un premio internacional por su belleza e innovaciones constructivas. Sin embargo, la corrupción imperante en la universidad pública introdujo graves deficiencias en la edificación. En 2010 ya evidenciaba indicios de daño estructural, y para 2012 hubo que demoler parte de su sección superior. Construido en un suelo pantanoso sin dotarlo de drenaje adecuado, el foro hundido se convertía en un estanque en temporada de lluvias. Aprovechando la pandemia de 2020 y 2021, las autoridades universitarias han restaurado discretamente la construcción, dotándola de vigas que apuntalan la estructura a la cual afectan temblores y movimientos del suelo pantanoso en que se alza. Durante su vida, Toledo tuvo que resignarse a ver cómo se deterioraba su aportación a la Universidad, pero los estudiantes y docentes de la Facultad no olvidarían su espléndida contribución. En septiembre de 2014, la desaparición y posible asesinato de 43 estudiantes normalistas en la ciudad de Iguala, Guerrero, causó una profunda división en la sociedad mexicana. El crimen, hasta la fecha sin
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aclarar, evidenciaba la participación conjunta de narcotraficantes, autoridades policiales, militares y civiles del estado. Los adictos al régimen justificaron y hasta celebraron el terrible secuestro; el resto de la comunidad mexicana se enlutó con la ausencia de aquellos estudiantes. De entre las muchas manifestaciones de pesar, la de Toledo cautivó la imaginación del pueblo: en la Fábrica de Papel de San Agustín elaboró 43 papalotes, cada uno con la efigie de uno de los estudiantes arrebatados a sus hogares, y en la calle que da al Instituto de Artes de Oaxaca convocó a un grupo de niños a volar los papalotes en memoria de los desaparecidos. Fue un gesto cuya sencillez, belleza y potencia trajo algún consuelo ante el siniestro suceso. El mismo año en que la desaparición de los normalistas hirió a la nación, Toledo había emprendido su campaña “El maíz de nuestro sustento”, con una exposición de fotografías intervenidas y un amplio despliegue de materiales impresos para defender el maíz criollo contra los cultivos transgénicos promovidos por laboratorios transnacionales. A esa campaña dedicó el artista un enérgico empeño en los últimos años de su vida. En 2015 Toledo sorprendió de nuevo a la nación con una muestra de su generosidad: donó al Instituto Nacional de Bellas Artes el gran acervo de obras de arte y libros de su Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, el símbolo de su filantropía artística y cultural. Toledo se mantuvo reacio a volver a la pintura, alegando que no era pintor sino dibujante y grabador. Pero en 2016 retomó los pinceles y otros instrumentos para crear su serie de dibujos Pinocho, y al año siguiente presentaría los 120 autorretratos sobre tela y otros soportes que tituló Naa Pia’ (Yo Mismo). Fue la despedida del artista a su obra mayor, quizá sintiendo que el tiempo se le agotaba. Se había repuesto de un cáncer, pero el pronóstico médico era reservado. A finales de Agosto de 2019 se difundió el rumor 6
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de que una enfermedad grave aquejaba a Francisco Toledo. Con incredulidad, sus incontables admiradores recibieron la noche del 5 de septiembre de 2019 la noticia funesta: el cáncer combatido desde algunos años atrás había vencido al artista. Esa noche, en las calles aledañas al hogar donde falleció el pintor, grabador, escultor y filántropo, varias personas refirieron haber presenciado la aparición de numerosas mariposas negras, tarántulas y otras alimañas en sus patios, como si un gran despliegue de energía negativa se manifestara tras el deceso de Toledo. Una semana después del fallecimiento, sin que el gobierno del estado ni la Universidad Autónoma de Oaxaca supieran rendir homenaje digno al artista, un grupo de estudiantes de Bellas Artes le dio una hermosa despedida al maestro y benefactor. Esa tarde recorrieron el andador Macedonio Alcalá con máscaras que reproducían personajes pintados por Toledo. Los estudiantes de arte y su maestro Enrique Gijón llegaron ante el atrio del templo de Santo Domingo, encendieron globos de Cantoya y los liberaron al cielo transparente. Los blancos globos de papel se perdieron de vista en el firmamento, mientras la gente que preguntaba por ellos recibía esta respuesta: “Van a darle nuestros recuerdos al maestro Toledo”.
EL ALBOROZO ANTE LA MUERTE En el año 2000, Francisco Toledo cumplió 60 años de edad y fue celebrado con sendas exposiciones retrospectivas de su obra en la Galería Whitechapel de Londres y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, donde los europeos descubrieron con azoro a Toledo el pintor, dibujante, grabador y escultor, un experimentador que lo mismo tomaba como soporte de su creatividad un lienzo que un huevo de avestruz o un esquisto con fósiles marinos. Sin embargo, durante prácticamente un decenio, Toledo había dejado la pintura para concentrarse en las diversas empresas civiles y culturales reseñadas.
Además, es notable el trabajo del pintor como ilustrador de ediciones memorables; estos libros, en sí mismos, son otras tantas exposiciones fascinantes: Manual de zoología fantástica, de Jorge Luis Borges; Nuevo catecismo para indios remisos, de Carlos Monsiváis; Los hombres que dispersó la danza, de Andrés Henestrosa, y Cuento del conejo y el coyote, relato popular istmeño adaptado por Víctor y Gloria de la Cruz. Con posposiciones y detenciones que le eran habituales desde el inicio de su carrera pictórica, Toledo no abandonaba el arte visual. Su exposición Gráfica 1998-1999 comprobó la energía que el artista nacido en 1940 reservaba para su actividad creativa, no interrumpida por sus laboriosas iniciativas civiles. Por medio de Gráfica 1998-1999, un año antes de que Europa celebrase el acercamiento a la vasta obra tolediana, el público mexicano pudo recuperar al artista en una de las facetas más tempranas de su actividad creativa: el grabado, que comenzó a practicar hacia 1957 en la Escuela de Bellas Artes de Oaxaca. Como lo reconoce el mismo maestro, sólo Leopoldo Méndez y José Guadalupe Posada han realizado mayor número de grabados que él en la historia del arte mexicano. Francisco Toledo continuó su labor como artista gráfico en París, Nueva York y la ciudad de México, hasta que la pintura lo reclamó para una larga temporada de exploraciones que alcanzaron su plenitud en la serie Lo que el viento a Juárez, dentro de la cual pintura, escultura y técnicas mixtas se confabulan en un espléndido juego de formas y materias para interpretar irónicamente la historia de México y las obsesiones particulares del pintor. Una de esas obsesiones era el temor de Francisco Toledo a la muerte, bien conocido entre sus íntimos. Tragedias familiares signaron la temprana experiencia del artista y volcaron en su ánimo la obsesión por la muerte. Muchos comparten tal
aversión y la expresan sin ambages, o bien la conjuran por omisión: evitar la mención de la muerte usurpa la función del talismán o del elíxir de la inmortalidad en quienes huyen de la finitud y alientan, en el fondo de sus convicciones, el conocimiento de su condición perecedera. Pero el artista no rehuye la conciencia de su destino; ante la certeza de su muerte, próxima o distante, puede amargarse, entenebrecerse o acobardarse; también puede asumir la serenidad y aun la despreocupación, pero la indiferencia o la inconciencia le están vedadas. Con ironía, el creador exalta la vida en tanto afronta la extinción, y eso lo distingue de otros seres. Su nostalgia de la muerte puede ser indócil pero subsiste; mientras viva, y aun después, recreará nuestra mortalidad. La muerte como elemento festivo es una de las obsesiones toledianas, menos política y más íntima que las famosas calaveras de Posada. Varios ejemplos de su obra reiteran esa fascinación por el icono emblemático de lo perecedero mexicano, la calaca, transformado en motivo de relajo, de burla, de gesto contra la mortalidad que sobre todos pende. Muertes fusiladas con un cañón, muertes que nadan a contracorriente, que luchan con sus víctimas o que son vencidas por ellas, que portan en todas sus apariciones —¿a su pesar?— un órgano generador de vida: el pene. Muerte que se deleita en su evolución escénica para animar los paisajes imaginarios que la acogen. Muerte que preside, condesciende a integrarse y retoma el sitio preferente en los misterios bufos que protagoniza, los dramas burlescos que el artista dibuja. La evidencia de la muerte en la serie de grabados tolediana no está dictada sólo por sus entradas a escena. Hay una ominosa presencia invisible que parece rubricar toda su producción gráfica. Los autorretratos del artista que pueblan la serie aducen, con su mirada de reojo a algo que está fuera de los límites del grabado, un temor al más allá que se descubre en los rostros desconfiados, angustiados o pesarosos de todos los Toledos que Francisco Toledo re-
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trató. Donaire del hecho artístico. Y sus figuras arrancadas del folclor (el chapulín, la iguana, el conejo, el sapo, los mosquitos) se universalizan porque, como todo ser vivo, están amenazadas por la muerte en la serie de grabados. Inclusive, en una de las imágenes, el conejo medroso ha de actuar como escanciador de sus congéneres para un par de leones que devoran, precisamente, conejo. El portador de la muerte de su especie ha de servirla a quienes la propician, ha de ser el factotum para los enemigos de su sobrevivencia. ¿No es, de alguna manera, el papel del ser humano, en su indefensión ante los poderes del libre mercado, ser el proveedor de su propia carne al apetito de corporaciones leoninas? La muerte como personaje de estas escenas se corporiza y humaniza, sin perder su cualidad esencial de Señora-Señor del exterminio omnipotente, pese a los falos que la colocan en la posición de insólita portadora de regeneración. Si en alguna imagen es vulnerable, aun exterminable, la parca termina por imponer su dominio absoluto. No hay poderoso que esté eximido de ella, no hay dominador a quien su imperio no sujete. Quizá por ello la muerte en la gráfica de Toledo exhibe una constante sonrisa, una alegre certeza de que no hay potestad como la suya. El artista así lo entiende y, resignado, retrata esa muerte ufana, que es la suya y la de cada uno de nosotros. La representación tolediana de la muerte en estos últimos años de labor gráfica parece evolucionar de la mera estampa —en que el letal personaje se divierte y nos divierte (y entretiene, ante todo, al grabador)— a la narración presentada en su momento climático. Así, Muerte con canasto, de 1998, es una simple adaptación juguetona de una imagen a que los fotógrafos recurren: las vendedoras oaxaqueñas (no pocas esqueléticas) tocadas con rebozo y abriendo su canasto a la curiosidad del viandante. En Muerte con chapulines, del mismo año, los insectos emblemáticos que la muerte liberaba ahora danzan sobre ella, acaso perturbada
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por un retortijón o por el vómito de la cruda; y en Muerte pisando al sapo, también de 1998, el ominoso destino del batracio es mero pretexto para ilustrar la virtuosidad dibujística del autor. Uno de los grabados de 1999, Pulpo, muerte y cangrejo, presenta aún poca preocupación narrativa: la reidora muerte escapa al abrazo de un pulpo que se diría una calavera con tentáculos, mientras un cangrejo en el extremo izquierdo de la imagen balancea la composición y no parece tener otro motivo para hallarse ahí. Sin embargo, Muerte con puerta y pájaro es ya puesta en escena de una narración, congelada en el momento crucial: el esqueleto que amaga a toda carne invita a su mensajero, el tecolote, a cruzar el umbral donde lo inexorable está a punto de cumplirse. ¿Quién aguarda su fin, sin saberlo o demasiado apercibido, tras la puerta? Lo ignoramos, pero quizá la propia entrada a nuestro desenlace es la que se abre a nuestra mirada, y por ello el espectador recela ante esa muerte de sonrisa adversa. Chapulín peleando con la muerte despliega la batalla enrojecida de la criatura viva contra su aniquilación; batalla perdida para el viviente, batalla segura para la parca que parece disfrutar de la resistencia y el estrépito de la vida que se niega a desvincularse de este mundo de ira y fragor. La intensidad la da el color que envuelve a las figuras, pero también el dinámico trazo de su combate. Retrato de la vida exaltada por la perspectiva —la condena— de su fin cercano. Un par de grabados de 1999, Muerte con cuchillo e iguana y El cañonazo, podrían componer el relato de una lucha dispareja pero que, inopinadamente, gana la presa. En la primera imagen, la muerte se arrebuja en su sarape y blande un cuchillo en amago a la iguana que se yergue para defenderse; es una muerte rufiana y rural la que así acomete a su víctima, con un arma que, como en la conclusión de El Sur de Borges, “acaso no sabrá empuñar”.
¿Para qué emplearía la muerte un cuchillo, ella, que hiere con su simple roce? El segundo grabado acaso responde a esta interrogante: la iguana triunfa sobre una muerte en retirada, al partirla en dos con un disparo de cañón. A fin de cuentas, en el universo soliviantado por el artista, la criatura viva puede matar a la muerte; ella, por lo tanto, no hará mal en armarse contra la vida en este mundo que el arte arrebata a la mortandad. (Aparte, un comentario iconográfico es oportuno: aquí Toledo recompone elementos clave de su serie Lo que el viento a Juárez: el cañón, el esqueleto —que es, de algún modo, la historia irreversible— y la iguana, símbolo de pujanza vital, elemento genésico que se subleva contra la extinción.) Otro reptil, un lagarto, es el adversario que vulnera a la parca en Cocodrilo que muerde a la muerte, y aquí el figurón decididamente caricaturesco que personifica a la inexorable es nada menos que el propio Toledo, en uno de sus autorretratos más humorosos. Francisco Toledo, reproductor incansable del falo y su posibilidad gene-
radora, no dudó de endilgárselo hasta a la muerte, que es la proveedora de la nada, la negadora de la vida, en primera instancia, pero también la encargada de culminar el ciclo vital. Acaso la risa de la muerte (al menos en la obra de Toledo) no deba desconsolarnos o abrumarnos, porque es la promesa de continuación que todo ser fallecido lleva en sí. Ser alimento del gusano es una humillante perspectiva si a eso se reduce nuestro destino, pero si ha de ser el paso a una rehabilitación de la materia viviente, quizá debamos reír con y de la muerte, cuyo descarnado alborozo nos saluda desde los grabados de Toledo. Mientras la pintura se demoraba en poseer a Toledo, su punto de partida como profesional -el grabado, la gráfica- mantuvo el conjuro contra la muerte, contra las distracciones y las acometidas del poder que todo contamina de caducidad en Oaxaca y en el mundo. Ya entrado en la edad madura, a sus sesenta años de edad, el maestro juchiteco se observó en esta dinámica de ocaso y se tradujo en muertes sucesivas que lo amparasen contra la definitiva, la que se mira de reojo con aprensión porque es el límite insalvable de toda actividad.
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Manuel Matus Manzo
FRANCISCO TOLEDO COMO LECTOR
Platicamos donde nos encontráramos, generalmente en la calle; en su casa era con mucha calma, pero casi nunca de la pintura, menos de su obra; no así de libros, que de eso tengo apuntes perdidos a mano en viejos cuadernos. De los libros era una pasión aparte en él, con una extraordinaria memoria. Pescaba cualquier cosa que mencionara el nombre de Oaxaca y sabía hacerlo con buen olfato. Todos los libros, cualquier libro, había pasado por sus ojos y por su cama. Le preguntaba un título y sabía dónde estaba, en qué estante estaba guardado. Siempre preguntaba qué estaba buscando, si nos veíamos en la biblioteca. Una vez rumbo a la biblioteca (del Iago) nos vimos en la calle. Preguntó qué buscaba. El collar de la paloma, le dije. Entonces me dio todas las señas del libro, de la época y lo que contenía. —Ah, es del siglo XI y refiere sobre el amor y el erotismo. Se escribió en España, antes que los árabes y musulmanes fueran expulsados. Leí la obra con más ganas y sin dejar de recordar todas las precisiones del buen lector. Por él conocí a otros autores, como Richard Ford y su escenario en Oaxaca de los setenta: La última oportunidad; igual que Cormac McCarthy con Meridiano de sangre, La carretera, Este no es país para viejos. No aparentó ser un enorme lector, cuando que era fundador de bibliotecas, donador de libros. Hay cosas comunes de la vida que se llevan gran parte de nuestras energías: vestirse, calzarse, arreglarse, ir a la moda. Toledo sabemos que se opuso a todas esas maneras por las que uno lucha por 10
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aparentar ante los ojos de los demás. De manera permanente fue un rebelde, hasta contra la comida. Nos arrastra lo inmediato, la apariencia, las presunciones, el colorido. Fue muy atento al sistema económico en la que la mayoría de la gente es arrastrada. En su figura tendremos siempre una oposición a lo superfluo. Lo conocí en los días más violentos del Ayuntamiento Popular de Juchitán, en los pasillos de la Casa de la Cultura por el mes de agosto de 1983. Después en Oaxaca nos acercamos cuando nos presentó a Carlos Monsiváis en el Bar Jardín del centro de la ciudad de Oaxaca. Éramos un grupo que hacíamos el periódico La Hora. Estuve desde un principio en la fundación de la biblioteca del IAGO, como lector, desde luego, y durante los demás años de existencia de esa institución fundada por Francisco Toledo. Nos encontrábamos en la Proveedora Escolar, en vida del profesor Ventura. Unas cuantas palabras eran suficientes, dos tres preguntas y era todo. Cuando ya traía algunos libros en brazo me preguntaba: —¿Ya leíste esta obra? —No. —Llévatela, la lees y haces la reseña para “libros de arena”. Generalmente era una novela. No recuerdo bien ahora si es el título del espacio que había en el Noticias para esa nota; no, era “El libro de arena”, en honor a Borges. Una de esas veces nos topamos entre los libros de la librería y me dijo:
—¿Ya leíste Las vidas de los animales? No preguntó eso, más bien mostró la obra: había en la imagen un puerco color de rosa que no me agradó. Me lo dio para que lo leyera e hiciera una reseña. Al ir a la Biblioteca a entregar el libro que fuera, llevaba mis dos hojas impresas. Esa vez me dijo algo singular. —Debes leer a este autor porque es el siguiente premio nobel. Se fue y me quedé pensando con la novela en la mano y lo que había dicho. Recuerdo que era el 14 de mayo de 2003. Cuál no sería mi sorpresa cuando en octubre o noviembre me entero que el galardonado era nada más y nada menos que J. M. Coetzee, el autor de aquella obra, el mismo del ¿pronostico? de Toledo. Debí haberle preguntado cómo lo sabía. Preferí dejarlo así, considerando que era un adivino.
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Julieta Mayoral Figueroa
BREVE REMEMBRANZA Un día de Mayo de
1997 se presentó el libro Nuevo Catecismo para Indios Remisos, de Carlos Monsiváis, con láminas del maestro Francisco Toledo en el MACO. El numeroso público se mostraba ávido por escuchar a Monsi, que prometía una velada de humor y sabiduría. Y en verdad que rebasó la expectativa de todos. Terminado el acto, me acerqué a un Monsi siempre sonriente, para pedirle su autógrafo y me dio la “excomunión fulminante”. Encantada, busqué a Toledo y lo descubrí, casi escondido, en uno de los pasillos del corredor con las manos en los bolsillos. Dudé, pues su fama de solitario y personaje inaccesible se me imponía. Respiré y pensé: si no me hace caso, no pasa nada. Llegando frente a él rápidamente le puse el libro y dije: Maestro, una ranita por favor. Levantó la cara, lo tomó y al ver la dedicatoria de Monsiváis, sonrió con gusto. Sólo vi un rápido movimiento con su pluma, me devolvió el libro y se dió la vuelta para perderse. Conservo el libro como recuerdo de un fantasma extraordinario.
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Cruz Al e j a ndro
Retrato a la Calavera de Francisco Toledo. Óleo sobre tela. 110 x80 cm. Autor: Cruz Alejandro.
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Mundo Poético 14
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Recuerdo “-Ya me quiero ir”, me dijo un día Francisco y me dio esta nota
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César Mayoral Figueroa
Francisco Toledo Las huellas de sus pasos en las calles De Oaxaca conservan la memoria De su mirada quieta, corazón amoroso Que atesoró en su vida con dolor. Nomás quedó el eco que resuena En el centro del pecho con el son Que dejaron ancestros con pasión Para seguir el sino de la estrella, Pues sí conviene un alma tierna al hombre Que sostiene un pincel y su tesoro de líneas Y colores igual que conviene un alma misma A aquel que porta un escalpelo para ver La otra cara del mundo y seguir Desde muchas arenas decantadas El polvo que celebra a los hermanos Que se hallaron en espacios que van Desde la cálida cintura de México Hasta la Tierra de la Lluvia y de las Nubes Llamando al Uno para recreación Del mundo con sentimientos Que se escuchan con los ojos Dejando un divino Don Como oráculo que perdura en el vuelo Del Dulce Cisne que nació en Avon Mientras quedan nuevas arenas para Continuar el camino en la Cuenta Larga Y escribir el glorioso Romance de Tamín Toledo.
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TAMIN TOLEDO Él te mira en el aula improvisada O esperando vender tu artesanía Palma transfigurada en chapulines Sombreros sopladores o canastos Barro que un día será tu morada Mientras escuchas orar a tu amante El lamento que recorre el mundo Desde Kenia hasta la vieja Antequera.
La mañana ilumina el paso atento De la gente en las calles de Oaxaca La variada color y vestimenta Ya no extraña ni al propio ni al turista Sólo un hombre sencillo y distraído Altera el ritmo de tus pasos mientras Tú deseas ser correspondido con Su mirada transitoria y ajena Sabes que él en su corazón te lleva Como a un hermano anónimo y querido Ya te encuentre camino de la escuela O te halles en la banca de la plaza Central soñando con tiempos mejores O tu cuerpo se siembre cada día En el surco que acuna la semilla Del maíz de la esperanza prehispánica
Tocan campanas resuenan clarines Levantan su clamor valles y selvas Doquiera vuelves los ojos y ahí Tañen campanas responso infinito Mintiendo que se haya retirado Chico Toledo dejando cuitados A quienes claman desde todas partes Por un mendrugo de justicia y paz.
Dibujo y recorte, ‘nota personal’ de Francisco Toledo.
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César Mayoral Figueroa
La obra plástica de Francisco Toledo
La mayor recopilación de la obra de Francisco Toledo se encuentra en los muy bellos cuatro volúmenes publicados por Fomento Cultural Banamex, que dan una idea de la dimensión creativa de nuestro Toledo. Comprende una trayectoria que va de 1957 a 2017. Es un delicioso viaje con miles de estaciones que detienen la mirada y el pensamiento ya proparados con los ensayos conque se inicia la Presentación. Y esta cualidad de la exuberancia del siempre nuestro gran Artista le ubica a la par con los Grandes maestros del arte. No estamos frente a la recreación de un mundo, sino frente a la recreación de un Universo otro, para integrar, como es el caso de la concepción actual de la Astronomía, para integrar, digo, un Multiverso del Arte para la Historia. La obra de Francisco Toledo se encuentra también distribuida en muchas partes del mundo, tanto en Museos y Galerías, como en Instituciones diversas y en manos de propietarios particulares amantes de la susodicha obra. Entonces, frente a la imposibilidad de admirar, así fuera una mínima parte del universo de Tamín Toledo, queda la opción de recorrer los acervos que lo mantienen en la memoria documental.
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Sirve de gran guía para este viaje, el muy meritorio trabajo editorial de Banamex ya citado cuya es la presentación de Ernesto Torres Cantú, la Intoducción de Juan Rafael Coronel Rivera, y ensayos de Alberto Blanco, David Huerta y Gonzalo Vélez para el primer tomo. En el segundo volumen constan Edward Sullivan y Francisco Calvo Serraller. En el tomo IV Rosa Casanova nos obsequia su ensayo “El deslumbramiento de un adolescente” en el que vemos a Francisco Toledo en diferentes etapas de su vida, inmerso en su obra, como apunte biográfico y como tema de su producción: una sorpresa para muchos y un tesoro de instauración de autoconciencia para nosotros los espectadores. Este itinerario es una posibilidad, desde luego, porque hay otras más en sus Museos. Por otra parte es indudable que mucho de su trabajo está disperso y no será accesible. Me refiero, por ejemplo, a los dibujos, pinturas y fotografías que se perdieron o se encuentran en poder de las personas que se acercaron a él y los recibieron de sus manos como recuerdo de infinitos encuentros. A algunos nos consta que obsequió grabados o pinturas cuando se encontraba como alumno de la Escuela de Bellas Artes de aquel Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca. Eso sí nos queda el
recuerdo y el testimonio de sus compañeros. Y viene al caso porque desde el inicio de su formación ya tomaba excelentes fotografías de cuyas anticipadas calidad y significación bien pueden confirmar algunas anécdotas que nos divirtieron en sus momentos y que dan materia para otro espacio y otras voces. Solamene dos ejemplos de eso: una pintura, tal vez de 1956, con la imagen de una figura masculina joven sosteniendo una barra con pesas por encima de la cabeza en actitud de hacer ejercicio, quizá realizado con las pintruras de su estuche Windsor y Newon que fue la envidia de algunos compañeros, pues nadie más poseía tal tesoro. Es probable que el maestro de la Escuela de Bellas Artes se lo hubiera sugerido, pues el maestro Erasto García ya tenía bien identificada la potencialidad de Toledo. Valga como ejemplo la siguiente anécdota. En el tercer año del entonces Bachillerato en Ciencias y Humanidades (hoy tercer de secundaria) llegó el momento de hacer “dibujo de desnudo” y el Profesor Erastro dijo al grupo algo así: - La próxima semana vamos a dividir al grupo para comenzar a hacer dibujo de desnudo; otros van a continuar dibujando bodegones todavía. Tú Francisco Toledo (entre algunos más que la memoria no guardó) vas al grupo de desnudo.
extenso. Aquí comentaré sólo algunos aspectos, seguramente provocadores, sobre una significación de gran trascendencia y, a mi juicio, no siempre comprendida. Me refiero a la “dimensión significante del Falo”. Para esto valen un antecedente en la infancia de Toledo: una imagen del anuncio del producto Emulsión de Scott que su padre conservaba enmarcada y colgada de una pared de su casa. Esa imagen llamaba mucho su atención y recordaba con nostalgia que experimentaba extrañeza y fascinación frente a la misma, volviendo a ella con frecuencia. Jamás supo el destino de la imagen y fue hasta unos cincuenta años después que recibe con alegría el regalo de un ejemplar de dicha imagen, entre otras de la época, y que conservó para el acervo del IAGO, donde debe hallarse, y con las que Toledo organizó una exposición alguna vez. Es muy obvia la semejanza de la imagen con algunas obras de Toledo, desde luego tomando los elementos figurativos y de composición para integrarlos en lo que he denominado la dimensión F: el pez y la figura humana, por una parte, y la distribución u organización que tienen. Luego Toledo hará un despliegue grandioso para dotarlas de un sentido tras-
Huelga decir algo sobre la inconformidad del resto de los varones excluidos de tan esperada actividad y la decisión que tomaron como protesta, muda pero muy significativa: conmutaron el resto del curso por otro de esgrima que oportunamente llegó a ofrecer un Capitán del Ejército. Lo acertado que estuvo el Profesor lo confirma el que Francisco era uno de los pocos que salían con él a pintar paisajes, donde buen uso hacía Francisco de su estuche Windsor y Newton. De la obra ya la crítica de arte se ha ocupado in
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cendental. Son dos dimensiones para una aprehensón o intelección del sentido: una superficial para examinar los formantes figurativos, y otra “profunda” para una aproximación al sentido significante que es lo que produce la impresión estética y su efecto de trascendencia en el expectador. En tratándose del nivel de superficie, en toda obra se muestran elementos de línea o de color que corresponden a lo que es explícito o de significado quasi denotativo. Luego, basta interrogarse en lugar de qué se halla tal figura y se llega una significación otra, como ocurre con la metonimia o con la metáfora. De hecho estas son sus funciones en el arte en general. Tal es el caso del pez de la propaganda de la Emulsion de Scott que Toledo recordaba. Primero es un pez; luego es la representación de las vitaminas y minerales que aporta el producto, o también figurando la parte por el todo o sinecdoque. Luego, si se recurrea la extensionalidad de los términos, se utiliza una figura para represenar cualidades o propiedades, atribuidas o supuestas, como cuando la valentía se figura como león. En la obra Mujer y pescado, 1972 de nuestro Benemérito, en que se
insinúan dos pescados y dos mujeres, una que se insinúa como sirena, todas en una relación de “intersección” o superposición. Los dos formantes ilustran también ambos órganos genitales. Está también el movimiento de líneas y formantes que agregan nuevas significaciones. E\n síntesis, esta obra, en su aparente simplicidad, como juguetona, produce en un espectador paciente un cúmulo de significaciones con un estado de consciencia complejo llamado “impresión estética”. En su dimensión sublime, nos la obsequia Francisco Toledo, como lo hacen los grandes artistas. Limitando este ensayo a lo que me atrevo a de-
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signar como la dimensión F en la obra de Toledo; dimensión una entre otras más, por supuesto. Y esto quiere decir que la obra de Toledo requiere de otras plumas de mayor magnitud y competencia, a las que espera. En el campo del Psicoanálisis F es un significante que designa al falo simbólico, que designa el papel que desempeña el pene en la vida de todo sujeto, en esa estructura que se denomina el Fantasma, resultante o efecto de la realidad construida discursivamente en concordancia con el deseo o los deseos inconscientes. El Fantasma puede representar una escena de integración del Sujeto en el campo del deseo (propio y del otro). Bastaría esta nota precedente para mirar otra vez el cuadro Mujer y pescado y dar a nuesro inconsciente la posibilidad de contsrucción de su escena o su Fantasma. Entonces se ve que una mujer camina, otra mujer con las piernas abiertas muestra su sexo en actitud yacente. O bien se trata de una mujer que se muestra en diferentes posiciones o situaciones: vestida y desnuda, caminando y nadando (sirena) en sentido horizonal, corriendo en sentido vertical. Además, para dar concordancia al pescado que más bien tiene aspecto de pez, es decir, como si estuviera vivo, el conjunto está integrado en sus movimientos dando la significación de actividad; hay dinamismo, pues. El pez, los peces, son metáforas fálicas obvias, como puede observarse en muchas representaciones de Toledo en su obra. Basta observar la estructura de sus cuerpos para constatar el nivel metonímico o metafórico. En seguida pensar en el contenido conceptual o discursivo para una intelección que halague al intelecto. Es claro que Toledo no siempre recurre a figuras por su semejanza, sino a la abstracción ex trema, como para darle otra vuelta de tuerca a nuestras limitaciones. Valga para lo dicho el cuadro Mujer atacada
por peces/ Mujer acosada por peces, 1972 para propiciar un acercamiento desde esta perspectiva. El título mismo de la obra tiene dos significacio-
de otra pierna más grande, flexionada, que se prolonga por el muslo en ángulo como de otra mujer sentada con piernas abiertas. A la altura de la mitad
nes machistas complementarias, aunque no necesariamente concurrentes. Peces-falo atacan; Peces-falo acosan; lo hacen en cardumen. La mujer ¿es sólo mujer? Observando la cabeza se tiene la impresión de una quimera con partes marinas, con un gesto que se diría de complacencia, con la mano izquierda acariciando a uno de los peces. Pero… ¿hay sólo una mujer? Junto a la pierna derecha de la mujer en ropa interior se ve la imagen
del brazo izquierdo de la mujer acosada se observan dos imágenes circulares como pezones y, en posición simétrica al supuesto muslo derecho una zona oscura parece remedar la otra pierna de la segunda mujer. Todo en la sombra. Bien puede decirse: una mujer está siendo acosada y una mujer está siendo atacada. Estas conjeturas son una “lectura parcial”. Para incluir otros formantes que pueden sustituir a los peces véase el Autorretrato 64, 1964:
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Si los peces son metáforas fálicas igual pueden serlo las figuras que forman la cara del Autorretrato y esto nos conduce por el camino de aquello que representan. Desde luego el carácter simbólico de peces, rayas u otras figuras elongadas contienen un significado arbitrariamente asignado, aun el pene representado muchas veces es un símbolo para representar otra cosa. En el Arte ayuda el “conexto” en el que se ubican. En México es sabido que al pene se le designa como “reata” en el lenguaje coloquial. Pues Toledo nos lanza tal descconstrucción en una pinturaSin título de 1970
notativo y con frecuencia en un contexto gráfico de erotismo, es la multiplicidad de lo que falta o de lo que se desea y que no puede obtenerse si se tiene presente que el objeto del deseo en la mayoría de las veces es obtenido en forma de un subrogado. Vale para esto lo que se dice del amor como el “dar aquello de que se carece a uno que no lo es”. Así puede afirmarse en el cuadro de mujer atacada/acosada: quien siente amarla sólo le da aquello de que carece y es que ella no es… lo que el dador supuso. Aplicada esta perspectiva a algunos aspectos (por lo menos) de la obra de Toledo, puede afirmarse que el genio de nuestro ilustre Francisco expresa de múltiple forma la relación o la posición que mantiene cada uno en su fantasma. Se trata de la dimensión F de la obra de Francisco Toledo (o quizás debería escribir Francisco). Sirva para ilustrar esto último el maravilloso sombrero que se muestra en la siguiente página, en el que se puede observar en la superficie exterior y superior de la copa un gran disco de reminiscencias solares que se continúa con un falo que derrama su eyaculado a los lados de la misma copa, en un ambiente oscuro en que se insinúan los contornos de chapulines y sapos, para seguir por el ala, donde ya se observan los chapulines “vivitos y coleando”. Una gran síntesis del no menos gran mito de la creación, salida de la pluma y el pincel del creador Francisco Toledo.
en la que un campesino azota a un buey. No se trata de tomar los formantes figurativos en su acepción que la vista capta sino de una significación que los trasciende con carácter polisémico. Por eso nos preferimos aquí a la dimensión Fi (F). No se trata de peces, ni de muchos otros objetos en la obra de Toledo sino de otra cosa siempre; sino de la realidad construida discursivamente en el campo del deseo. Por eso el erotismo manifiesto en mucho de la obra tolediana, erotismo que es una metáfora del amor, como bien afirmó Octavio Paz en la su libro La Llama Doble. Y puesto que no se trata de eso en el campo del significado de22
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Y lo que sigue ya es Historia.
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Ra u l An t o n i o Co r z o Ll a g u n o
Francisco Toledo en la Prepa Hoy, en este amanecer lluvioso, domingo 5 de septiembre, viene a mi memoria el fallecimiento de Francisco Toledo, a quien recuerdo entrañablemente como compañero del primer año del Bachillerato que estudiamos en el Instituto Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca. Eramos unos niños cuando coincidimos en la cátedra de Geografía Universal que impartía el Licenciado en Derecho Alberto H. Von Thaden. Entonces Francisco, en lugar de atender al maestro, se dedicaba a dibujar y a elaborar una especie de historieta. No parecía importarle el conocimiento geográfico sino más bien dedicarse a lo que le gustaba: el dibujo. También le encantaba la fotografía y era poseedor de una magnífica cámara Kodak retina de 35 mm. Y por cierto, esa afición a la fotografía, sobre todo de la mujer desnuda, y su temprano erotismo, expresado por lo demás en toda su obra, me llevan a narrar la siguiente anécdota. Toledo vivía en una casa de asistencia en la que hizo amistad con la hija de la dueña, una amistad que era esencialmente fraternal, lo que le llevó a convencerla para que accediera a permitir que posara para que la fografíara desnuda Ella aceptó la propuesta de buen grado. Esa fotografía de la bella joven desnuda la llevó Toledo al Instituto, pero sucedió que al mostrársela a su gran amigo Luis Felguérez, este se la arrebató y se dedicó a mostrarla a un buen número de los compañeros de la Prepa. El hecho llegó al conocimiento de un joven mayor que nosotros que estudiaba la Licenciatura en Derecho y provocó que este joven reclamara a Toledo su acción y le diera un golpe. Después de tal acontecimiento, Francisco Toledo dejó de asistir a la Prepa para continuar asistiendo solamene a la Escuela de Bellas Artes, en donde era tal vez el alumno más destacado, por lo que podíamos percibir.
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“Nota” para César Mayoral, de Francisco Toledo, 2006.
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Colaboradores v Jorge Pech Casanova
v Julieta Mayoral Figueroa
v Raul Antonio Corzo Llaguno
Yucateco de nacimiento,vive en Oaxaca y es Coordinador del Taller de Literatura de El Colegio de Oaxaca. Poeta, narrador y traductor ha sido Coordinador de exposiciones del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca. Colaborador de varias publicaciones literarias. Becario del Centro Yucateco de Escritores. Premio Estatal de Ensayo Carlos Echánove Trujillo 1999 de la Bienal Literaria 1997-1999 por El lector y su sombra.
Contemporánera de Francisco Toledo en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado se graduó como Licenciada en Derecho y se declara siempre admiradora de la obra de Toledo. Forma parte del Taller de Literatura de El Colegio de Oaxaca.
Compañero de generación de Francisco Toledo en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado. Estudió Arquitectura, manteniendo una gran pasión por las letras, por el Arte en general y una cercanía constante con Francisco Toledo. Durante un cuarto de siglo dirigió el Comité para la Construcción de Escuelas con ejemplar dedicación y esmero. Forma parte del Taller de Literatura de El Colegio de Oaxaca y ha colaborado en la ilustración de Vaso Comunicante.
v
Manuel Matus Manzo
Estudió Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la maestría en Creación Literaria en la Universidad de Texas, El Paso. Ha sido profesor investigador en el Instituto de Investigaciones en Humanidades de la Universidad Autónoma Benito Juárez, de Oaxaca. Ha colaborado en varias revistas de su estado natal, tales como Cantera Verde, Ditxa (1988), Guchachi’Reza (19851990) y Huaxayacan, así como en Tinta Seca, de Cuernavaca, Trashumancia, de Guadalajara, Correo Literario, de Monterrey, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, de El Paso, Texas y en Talachas (1987), Umbral, La Hora y en el suplemento “El Buho” (1991), de Excélsior, en la Ciudad de México. Es cuentista, novelista y poeta. Sus cuentos recogen historias que giran alrededor de la mitología y las costumbres populares del Istmo de Tehuantepec.
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v Cruz Alejandro Nació en la ciudad de Oaxaca y desde muy temprana edad tuvo la inquietud por las Artes plásticas. Su formación autodidacta la reforzó con los Maestros Librorio Navarrete y Román Andrade Llaguno, en Talleres de artes plásticas en la Fac. de Bellas Artes, UABJO, y en la Academia de San Carlos. Su trabajo es reconocido por las características que van de lo costrumbrista y el realismo, hasta lo poética del abandono. Parte de su obra se compone de murales y ha trabajado la gráfica. Su primera exposición colectiva fue en 1989. Ha expuesto en diversas partes del Estado de Oaxaca, ademá de otros Estados. Estados, así como en Los Ángeles, Montreal y París.
v César Mayoral Figueroa Fundador y Director de Vaso Comunicante. Su formación ha incluído: la Medicina, la Filosofía, la Semiótica, la Filosofía, la Literatura, el Psicoanálisis, las Artes plásticas y la Música. Es autor de diversos ensayos y poemas; autor de los libros Tractatus minimo Philosophicus, La Ontología después del Psicoanalisis, Haiku en Oaxaca, La Pasión según… y Por amor a Wislawa También ha incursionado en las artes plásticas. Es profesor de El Colegio de Oaxaca, miembro del Taller de Literatura y profesor del Instituto de Formación Musical “Maurice Ravel”.