204
MOYA POR LOS OTROS
LA NUBE ESTÉRIL
en abril de 1955, por encargo del Programa Integral del Valle del Mezquital, Rodrigo Moya y el periodista Ricardo Toraya realizaron un recorrido de varios días por la región ñañú. En la época, el Mezquital representaba la antítesis del milagro mexicano: el lugar jamás alcanzado por la bonanza económica que vivió el país en los años cuarenta y cincuenta, el sitio que no conoció «los logros de la Revolución mexicana»; «donde hasta el maguey, que es la planta más generosa de México, es avara con el otomí», como escribió Antonio Rodríguez en su novela La nube estéril, drama del Mezquital, publicada en 1952 por la colección Amigos del Café París. Las imágenes que recogió Moya en aquel periplo constituyen el exacto equivalente fotográfico de las descripciones que urdió Rodríguez en su pieza literaria. Las mujeres que se agolpan ante una toma de agua, retratadas por el fotógrafo, podrían ser las tejedoras de ayates de santhé –el ixtle otomí– que en la novela padecen «una sed inextinguible». El niño descalzo que se afana con el lápiz sobre su pupitre podría muy bien ser Pedro, el personaje que en la historia de Rodríguez pasa la infancia en el Internado Indígena Fray Bartolomé de las Casas de Ixmiquilpan y encuentra, inscrita en uno de sus muros, la frase que dará sentido a su vida: «Cada estudiante del internado debe convertirse en misionero para redimir al pueblo otomí».
Valle del Mezquital, Hidalgo, 1955.