EL MÉDICO ASESINO
El año de 1952 fue del Médico Asesino. Fue el primer luchador en presentarse en las arenas mediáticas, abiertas para la lucha libre ese año. Televisión, cine y foto cómic fueron los medios que potencializaron la imagen y popularidad del malévolo galeno del ring, que resguardaba bajo su máscara negra, la identidad de Cesáreo Manríquez González. Algunas versiones periodísticas indican que Cesáreo nació en Torreón, Coahuila, ciudad en la que vivió desde los cinco años y en donde se hizo luchador, pero el dato encontrado más preciso, señala la fecha del 27 de agosto de 1920 y a la ciudad de Chihuahua, Chihuahua, como primeras coordenadas biográficas de este personaje. Cesáreo Manríquez trabajó en Torreón como chofer de un autobús de pasajeros y, buscando otros horizontes, realizó diferentes labores. El destino lo llevó al antiguo Palacio de los Deportes de esta ciudad. Allí el promotor, Giraldo del Hierro, le dio su primera oportunidad en el mundo de la lucha libre, pero aún no como gladiador. Cesáreo se encargó en un comienzo de llevar el tiempo de los combates y de hacer sonar la campana para anunciar el principio y fin de cada caída. Por su corpulencia y altura, el joven campanero llamó la atención del promotor y de los matchmakers, quienes le recomendaron que entrenara lucha libre, así que “por puro gusto y en sus ratos de ocio” el joven se alistó para su desempeño en el entarimado debutando a los veinte años en la lucha con el sobrenombre de “Don Cesáreo”. “Don Cesáreo” comenzó a destacar y, como es natural para muchos luchadores de la región de La Laguna, migró a Monterrey, ciudad en donde había mayores oportunidades en este medio. Ahí conoció a Jesús Garza Hernández, el exitoso promotor del norte, quien lo incluyó en su equipo de selectos luchadores. Este encuentro es el que a la postre disparará a Cesáreo hacia la fama, pues el promotor regiomontano lo rebautiza con el mote de “El Médico” para luego añadirle el de “Asesino”, adquirido durante una gira por Guadalajara con el promotor Elías Simón, en 1950. Jesús Garza fue reclutado por Emilio Azcárraga Vidaurreta para que se encargase de su proyecto de llevar la lucha libre a Televicentro para su transmisión y presentación en vivo. Con este propósito, Garza trajo a la capital mexicana algunos elementos de probado éxito en las plazas norteñas. Las funciones comenzaron el 12 de enero de 1952. Semanas después, más exactamente el 9 de febrero, debutó allí el terrible Médico Asesino, acompañado de Wolf Rubinski y enfrentándose a Enrique Llanes y a la Tonina Jackson. En un acto de asepsia cromática, El Médico Asesino cambió su oscura máscara por una blanca –así lucía mejor en cada función frente a las cámaras televisivas y fotográficas–. Puñetazo, tras puñetazo, estableció su reinado, en el que hizo del cuadrilátero el quirófano en el que anestesiaba a sus rivales con sobredosis de rudeza. Su tratamiento
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