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Luna Córnea 15. Trayectos

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Lázaro pestañea con insistencia. John se dolerá, a destiempo, de su fl ema anglosajona.' La siguiente escala en los círculos del progreso porfiri sta son las vegas cafetaleras de Valle Nac ional, en Oaxaca. El regreso en barco hasta Veracru z y de ahí en tren a la estación El Hule pro logan los últimos ochenta kil ómetros río arriba, a caballo, vadeando hasta cinco veces el Papaloapan. El difícil acceso es cerrojo de un infierno laboral que consume alrededor de quince mil trabaj adores nuevos cada año. " Al sexto o séptimo mes empi ezan a morirse como las moscas en el invierno, y después no vale la pena conserv arlos", pontifica Antonio Pla, admini strador de las pl antaciones de los Balsa. " Resulta más barato dejarl os morir; hay muchos más en los lugares de donde éstos vinieron"! También entrevistan al alcalde de Valle Nacional, Manuel Lag unas, y a Rodolfo Pardo, el Jefe Político del Distrito, quienes presumen el sistema enganche, un procedimiento autori zado por el gobierno y con tarifas fe rrov iarias subsidi adas gracias al cual un hombre sale en cuarenta y cinco pesos y las mujeres y niños en sólo ventidós cincuenta. 'T odos los propietari os prefi eren muchachos", comenta Lagunas. " Para plantar son tan buenos como los hombres ... duran más y cuestan menos". 10 Casi todos los trabaj adores forzados de las plantaciones y monterías del sureste son indios. En cambio Valle Nacional se surte de mesti zos que colecta en el centro del país. Lo que no obsta para que las teorías justificatorias del trabajo forzado apelen a la naturaleza perezosa del indígena. Si muchos "yaqui s" no son yaquis y los chinos de Yucatán son coreanos, qué más dá que los galeotes del tabaco sean mesti zos. También por fal encia o vocación se pertenece a las razas inferiores. Tras los fantas mas de la huelga de 1907 , visitan la fábrica textil veracru zana de Río Bl anco, y ya de regreso en la ciudad de México con-

José Guadalupe Posada. Grabado. Trislísimas lamelllaciones de un enganchado, ca . 1908.

modo de obligarles a hacer lo que un o qui ere. ¿Qué otro medi o hay para imponer la disciplina en las fin cas? Si no los golpeáramos no harían nada"· Entre carcaj adas cómplices, otro hacendado grande y majestu oso como un cantante de ópera justi fica los casti gos corporales por el proverbial masoquismo de las víctimas: "Tenemos que casti garl os. Así es su naturaleza, lo piden".' En un os cuantos días entrev istan a di versos hace ndados, entre ellos Enrique Cámara Zavala, pres idente del gremio finquero. Vi sitan la plantación de San Antonio Yaxc hé y presencian e l casti go a Rosanta Bajeca, un mozo yaqui azotado con cuerdas de henequén mojadas, por incumplir la cuota de dos mil pencas di ari as . Por último se apartan del cognac y los habanos para conversar con un grupo de mujeres traídas desde Sonora. Refu gio, una joven chicoteada, muestra con pudor un aso mo de las cicatrices mientras balconea la cru z de su género: "Cuando los hombres yaqui s son azotados, mueren de vergüenza. Pero las mujeres podemos resistir ser golpeadas; nosotras no morim os .. ." Las transterradas ex igen que el peri odi sta anote en su cuaderno los nombres y direcciones de padres, hijos y maridos. Por si va a Sonora dicen. Roto el hielo, ellas lloran a piern a suelta.

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