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Autohistoria 53

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( H is toria con autos ) Je e p R ojo

Perdido

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arios días con la mente en blanco. Imperiosamente necesitaba una historia, y que fuera muy buena, para calmar a mi editor. Ya estaba atrasado, y las excusas, se me habían agotado. Estaba frente a mi computadora cuando el timbre de casa sonó estentóreamente tres veces. ¿Quién carajo será tan temprano que viene a joder? Pensé mientras buscaba las llaves y me encaminé hacia la puerta. Al mirar por la mirilla lo vi. Era Beto. “¡Sos vos!”, le dije algo fastidiado mientras le abría la puerta. “¿A quién esperabas? ¿Al presidente?”, me dijo en un tono jocoso que no me calmó nada. “Te fui a buscar al bar, pero no estabas. Don Manolo me dijo que no apareces hace días”, encima me cuestionaba que no había ido al Bar La Amistad. Le conté que, entre la falta de una idea para la historia, y lo gélido de los días, me había quedado en casa. “Bueno. Tengo un datazo que te servirá para tu historia”, eso me gustó y comencé a dejar de estar enojado por todo. “¿Cuál es esa historia?”, le dije en todo desafiante. “Servime un café con leche. Traje medialunas de La Ideal”, me ordenó. Sabía de mi predilección por esas media

lunas. Ya con la taza humeante se largó a contarme su historia. La noche anterior había estado con Don Eulogio, el jardinero de la Quinta Aguirre, en la parrilla El Resorte. Luego de regar una parrillada con un par de botellas de vino de la casa, el viejo parquero soltó la lengua y le c o n t ó c ó m o con el Viejo Aguir r e habían t a piado, en la casona, un Jeep IKA del año 1958. Lo miré con ojos del dos de oro. Había escuchado, de borrachines del bar, esa leyenda urbana de un Jeep oculto en la Casona Aguirre. Pero nunca le había dado importancia. Ahora venía Beto a confirmar, de


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