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Revista Industria Conservera 114

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Historia de la industria conservera

Las conservas de pescado en la Guerra Civil española (2ª parte) Mariña López Rodríguez, Museo ANFACO de la Industria Conservera

Otro hándicap de la industria conservera convertida en industria bélica fue el tradicional empleo de mano de obra femenina, esta no se vio sacudida por las bajas de los que eran llamados a luchar al frente. Se trataba de una mano de obra especializada que tradicionalmente y desde antes de la revolución industrial era gran conocedora de la materia prima que elaboraban, manipuladoras expertas del producto en fresco y de la maquinaria, que estañaba , cortaba y cerraba con profesionalidad . Además, las mujeres recibían menores sueldos que los hombres así que los niveles de productividad, unido a la abundancia de costera de sardina, contribuyeron de forma eficaz a la maquinaria de guerra. La mayoría de las empresas del sector mar ubicadas en Galicia en la guerra engordaron sus beneficios y se reconvirtieron en artículos de primera necesidad, proteínas del mar, necesarias y baratas para una población hambrienta y sufridora, pero esta coyuntura favorable tan solo fue un espejismo que duro lo mismo que la contienda. Por otra parte, mientras las fábricas enlataban alimento o fabricaban armas a ritmo frenético, en la zona republicana las comisiones formadas por los sindicatos de obreros incautaban las fábricas y flota. Durante el periodo de la Guerra Civil en Asturias (julio de 1936 - octubre de 1937), en Candás, uno de los centros conserveros más importantes de la época, de las ocho conserveras existentes la producción se concentró solamente en tres, con una producción cada vez más restringida, según se iban agotando las reservas de materias primas, algo que los sublevados contrarestaron gracias a los aliados alemanes y portugueses. En la zona de Cantabria y País Vasco (donde no se produjeron colectivizaciones), algunos empresarios se refugiaron en Francia, escapando de la guerra y de las represalias dirigidas contra ellos con sus

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fábricas saqueadas. La industria en la zona republicana quedo prácticamente desmantelada, fruto de la improvisación e inmadurez y las diferencias organizativas de la revolución social comenzada espontáneamente tras el golpe militar, y como se apuntó anteriormente, al estrangulamiento que supuso el pacto de no intervención de las potencias mundiales que aunque en la práctica no fuera totalmente efectiva como demuestran las celebérrimas Brigadas Internacionales al auxilio de la República, en la teoría abortó cualquier ayuda oficial y estatal a los leales quedando estos sin suministros para poner en funcionamiento la industria de esta zona, mientras que los estados totalitarios si acudieron en ayuda de los golpistas, a través de ayudas militares tanto Italia como Alemania y de suministro de materias primas necesarias, sobre todo Alemania. Miltarización, centralización, autoridad, disciplina y supeditación de la economía a la guerra en la zona sublevada resultó que en las plantas gallegas la actividad se multiplicaba durante los años de la Guerra. Excedente sardinero, mano de obra no movilizada, suministro asegurado de alimentos a los ejércitos y poblaciones liberadas, y las decisivas relaciones comerciales existentes con los grandes aliados de Franco: Italia y Alemania, Portugal. Los aliados aportaron el apoyo logístico necesario para que el ejército bajo la autoridad de Franco instaurara su régimen totalitario pero además Alemania, Italia y Portugal eran tradicionalmente dos grandes países consumidores de conservas de sardina y de anchoa con los que ya existía una estrecha relación comercial, por lo tanto, se alcanzaron acuerdos comerciales que incluían a la conserva y el suministro de la hojalata cuyo desavastecimiento www.anfaco.es


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