N°2 Revista Río Negro

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REVISTA_VIRTUAL RIONEGRO /////// N째 02 1

COLECTIVO RIO NEGRO

http://www.colectivorionegro.blogspot.com/


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INICIO

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Bienvenidos a este segundo número, agradecemos nuevamente el material que todos los colaboradores han decidido compartir con nosotros y con los lectores, nos mantenemos en la misma línea en pos de la difusión, y en la búsqueda de la comunicación entre todos nosotros creadores que por diversos motivos hemos sentido la necesidad de mostrar el producto o el reflejo de lo que somos, o de lo que jamás fuimos. Las redes sociales crecen, abundan las revistas, movimientos, y a veces puede parecer nimio el interés de la divulgación de la creación artística y cultural en relación a la abundancia de la misma, pero así como abunda afortunadamente el interés por el comprendimiento de cada una de nuestras realidades, desafortunadamente abunda el engaño y el adormecimiento que muchos medios propagan y proponen como estilo de vida, generalmente aquellos medios con un poder más expandido (descuido o ley natural, sólo nosotros lo sabemos) Es por eso la insistencia periódica en un fin con un objetivo claro, difusión, en este, nuestro mundo herido, caritativo, y obtenido a puños y a alegrías momentáneas y pequeñas revelaciones, ¿y para qué, y por qué? Pues por nuestra soberanía, para tomar la vida que nos pertenece. 4


A continuación la revista, agradecemos sus posteriores

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críticas e inquietudes. Muchas Gracias, siempre de ustedes:

Colectivo RíoNegro 5


INDICE 000102-

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INICIO………………………………………………………………………………………..……………04 RESEÑA: Bruno Jordán…………………………………………………………………………….08 POEMARIO………………………………………………………………………………………………14 02-1 / Privado………………………………………………………………………………..…….15 02-2 / ***Cana…………………………………………………………………………………...18 02-3 / Alguien en el país de las maravillas……………………………………….….19 02-4 / Lo que eres…………………………………………………………………………..…..20 02-5 / Las calaveras en la oscuridad……………….……………………………………22 02-6 / Pequeña alegoría……………………………………………………………………...25 02-7 / Noche de pensar……………………………………………………………………….26 02-8 / Silencio y luego Ángel…………………………………………………………….….26 02-9 / Palabra……………………………………………………………………………………...27 02-10 / Testigo…………………………………………………………………………………….29 02-11 / 7 Letras 1 Envidia…………………………………………………………………....30 02-12 / Cumplo con informar…………………………………………………………….…32 02-13 / Años maduros…………………………………………………………………..…….33 POESIA+VISUAL……………………………………………………………………………….………34 03-1 / El pretencioso arte llamado arte (y su derrota)………………………….35 03-2 / Exi-stenc(d)-ialectica………………………………………………………………….36 NARRATIVA…………………………………………………………………………………………….38 04-1 / El regalo……………………………………………………………………………..……..39 04-2 /Cabaret……………………………………………………………………………….……..43 04-3 / Me tranquilizó…………………………………………………………………………..56 ARTE+VISUAL………………………………………………………………………………………….63 IMPRESIONES+OTROS…………………………………………………………………………….68

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001 RESEÑA: BRUNO JORDAN Bio

Bruno Jordán (Águilas, Murcia, 1958). Nacido en una familia de pescadores, es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Murcia, periodista, escritor y orientador laboral. Ha ganado varios premios literarios, entre los que destaca el José María Valverde –de cuyo jurado formaron parte Rosa Regás, Manuel Vázquez Montalbán y José Agustín Goytisolo- y el Emilia Pardo Bazán. Investigador activo, trabaja con las posibilidades del lenguaje poético introduciendo elementos visuales, pictóricos, fotográficos y técnicas de diseño gráfico por ordenador. Dirige la revista Poe+ y el periódico Alteridad. Ha publicado Mi nombre es Nadie (Opera Prima, 2000). Poética. La poesía está en la vida; el resto son huellas, señales, cicatrices… poemas. 8


CONJUNCIÓN COPULATIVA 9


MONIGOTES 10


LINKS// La direcci贸n de su blog es http://brunojordan1.spaces.live.com/ Link de entrevista: http://solidaridaddigital.discapnet.es/SolidaridadDigital/Noticias/Cultura%20y%20o cio/DetalleNoticia.aspx?id=7913 Link de trabajos visuales: http://www.flickr.com/photos/bruno_jordan/

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VIDEO//// http://www.youtube.com/watch?v=ITK8spayNd8

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002POEMAR_IO POEMARI O/ POEM_ARIO /POEMARIO 14


Privado

Decidí no contestar las cartas que me recuerdan deudas del pasado Y decidí no tomar el teléfono más sino para blufear.

“pero escribí y el crimen fue menor, lo pagué verso a verso hasta escribirlo, porque de la palabra que se ajusta al abismo surge un poco de oscura inteligencia y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados”

No pienso pensar más En que le debo cosas a medio mundo Y que ese medio mundo es nada más Que una mujer frágil con nombre de poeta.

ENRIQUE LIHN. PORQUE ESCRIBI.

Y pensar que no pretendo entender hoy y ayer En que todo no es más que una espera, Espera Alejandro Sala de espera

Hoy me corté el pelo y me afeité Decidí no tomar más, Decidí no fumar más Y decidí que algún día podría pensar En dejar el sexo ocasional

Espera el fruto maduro Del rubio color de la llama que pendía en la rama ¿Recuerdas hermano Machado?

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Espera tu turno, Saca tu ticket, estamos para servirte

Y aunque todos se queden perplejos Solo importa ahora no quedarme espantado y y atónito ante el espejo Que me espera en mi pieza antes de acostarme Y poder mirando mi pellejo Reconocerme después de mucho tiempo

Espera-nto (¡que espanto!) que es un idioma que no converso, ni leo, ni escribo Y que no pretendo entender Sino para traducir cualquier folletín Que anuncie cosas de poca importancia

Ahora que comprendo que después de todo Ser ateo no es solo romper con la madre iglesia Sino darse cuenta que el paraíso tampoco existe Y que no se puede buscar ni atrás ni adelante, Ni contigo ni sin ti, Ni pagándote ni huyendo,

Espera-nto (y espanto) Espera-ndo aquí me tenéis una sensación que de una vez por todas Me pueda ayudar a sanar Hoy me corte el pelo y me viene bien el corte Pero más me viene el corte que le doy ahora mismo al asunto

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Juguemos a que no existen las prendas generales Y que ahora puedo empezar a mentirme de nuevo Y decirles a todos que tú ya no moriste ni morirás Pero que puedo declararme libre por el solo hecho de que cerré la puerta.

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***Cana

Los ojos del viejo que me mira cansado, No de años, De canas

Tengo casi 30, Y tengo una cana Voy a ser canoso, pienso Voy a ser viejo Ya soy un poco viejo No de años, De canas Un viejo, con la cabeza llena de canas Aunque no he contado los pelos de la cabeza Si es cierto que son como 10.000 Es 10.000 veces más viejo que yo No de años, De canas Algún día voy a ser así, seguro Con una cabeza 10.000 veces más blanca Y con esos ojos del viejo Que me mira con sus ojos Con 10.000 canas en sus ojos 10.000 canas más que yo

Por Alejandro Luis Polanco Ramírez 18


Alguien en el país de las maravillas

Es la misma cosa Así es Esta ahí, dentro, oculto No lo aceptas Sale fuera Enloqueces Seria mejor que no estuviese ¿De que hablamos? Es la misma cosa Algo Alguien Es la misma cosa

Donde todo puede ocurrir Donde llorar esta bien Donde odiar es aceptable Donde tu corazón puede tener botón de apagado Todo lo que tienes dentro Es la misma cosa Todo esta fuera Lo ves, Es imposible negarlo No puedes retractarte Solo puedes aceptarlo No quieres, Gritas ¿De que sirve? Nunca, es una palabra muy fuerte Pero nunca logras superarlo ¿Por qué? ¿Solo por que ahora lo ves? ¿Seria mejor si habitase furtivo?

(¿Por qué lo escribo de esta manera? no lo se. Creo que así debe ser. Yo solo lo pienso e intento plasmarlo en estas palabras.)

Por Francisca Valenzuela Herrera 19


Lo Que Eres

me e dado cuenta con impresión...

Que triste es cuando mi mente trata de dominar al sabio corazón me hace actuar como un demente confundido sin ninguna razón

Que por tus pasos en el asfalto gris con tu belleza alegras todo esto se transforma en un arco iris la vida por ti cobra sentido

Pero que alegría es cuando nuevamente apareces tu amor y el corazón va procediendo a tomar mi verdadera razón

Por lo que eres por dentro y fuera me e dado cuenta que... Eres el sinónimo de belleza te lo digo yo que te e buscado siempre lo e sabido con certeza porque nunca quedaras en caducado

Es por eso que... A cada paso, en cada caminar trato de seguir tus huellas si ciego me llego a quedar tu latir seguiré al escuchar

Es mas te aseguro que inspiraste a dios a crear a los atardeceres tu belleza ayudo a crear al arte por eso vuelve loco a todos los seres

Por lo cual en cada observación que te e hecho con detención

Pero te debo informar que...

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Me siento inútil al solo escribir este poema que ni se te compara es que eres de eterna describir como tu inspiración que no para con lo que tu me haces sentir.

Por Pancho Tález 21


Las calaveras en la oscuridad

El fuego en mí... No se ha cumplido la promesa de mi muerte, mujer, y tu voz comienza a borrarse de los colores de mi mente para esta nueva vida, más seguro de mis pasos, de la crueldad y la inocencia de los fantasmas del desierto, de la tristeza del viento rozando los ojos dormidos de los animales muertos en la carretera... Díganme ahora, mujeres de mi memoria, ¿quién es esa niña con la cara sucia que está llorando en los montes?, ¿es uno de los colores de tu espíritu o la conclusión de la sangre que he perdido? ¿pueden escuchar mis conversaciones con la oscuridad?, o sólo ríen como siempre semidesnudas en las calles cantando o susurrándose entre ustedes sobre quién será la próxima víctima en la ciudad y quién se rendirá en la mitad de la noche para ver la marcha triste de los ángeles recitando las letras del pavimento...

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Ha pasado el tiempo y he perdido todo por poner mi fe en el azar, pasó el tiempo de mi nostálgica adolescencia y el del reencuentro con la muerte, pasó el tiempo de los grandes amores: mi alma dio su último gemido ante los rostros sabios de las calaveras, pasó el tiempo de los pasajes de tierra húmeda en manos de desconocidas ansiosas por sentir estallar pronto el amanecer en sus pupilas; ellas siguen ahí y sus rostros son cada vez más fuertes... Ahora nuevas voces de mujeres cansadas, más jóvenes y sabias que yo de las que no me atrevo a tentar su oscuridad me muestran el barrio que no pude ver antes detrás de las cruces candentes de la revolución, sus manos que en las épocas del miedo hacen temblar la madera y los cuerpos de los animales muertos bajo las sombras de los árboles... ¿Quién eres?, ¿cuál es tu nombre?, debes tener una voz y un nombre, ¿quién eres?, ¿cuál es tu nombre?, las voces no cesan y mi corazón se fatiga, derramo algunas lágrimas y el camino se hace más claro, pienso en el camino y siento mi carne amarga, después de mucho tiempo las ruinas de la ciudad, parte de las nuevas calles en donde se disputa entre la sangre nueva el deber y la venganza, mis límites quebrarse otra vez y volver a la confusión de la noche; se abren los pasajes a la fuerza, se llenan de flores y de escritos que hablan de libertad y violencia

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y voy a buscar al lugar más alto del monte que creo con voz de niño y de hombre, natural, la oportunidad junto a los rayos del sol para tomar lo más pequeño y eterno sobre la tierra, un par de ojos oscuros y emocionados... El fuego en mí, el fuego en ti, a la ciudad nada le importa, ni tu infancia ni la mía, ni el dolor en los rostros de las rocas, la melancolía de haber nacido frente al mar y recordarlo sin obtener respuestas... ¿Qué haces planeando canciones para el futuro? rompe tus venas, quiebra tu voz esta noche conmigo... Los corazones de las aves se desangran sobre las piedras que ellas escogieron para morir peleando por sobrevivir, en mis sueños vuelven a existir aquellos imperios iluminados siempre por los ojos serenos del misterio.

Por Javier Flores

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PEQUEÑA ALEGORÍA He ahí el cuervo Merodeando cielos desconocidos Cruza el arcoíris de la mesura Es el zorzal tras la penumbra Que da viajes por nubes recónditas Mientras, una bandada de imaginación Se posa en la copa de un sauce llorón

He ahí el cuervo Merodeando el mar agónico Descubriendo por casuales goteríos Al zorzal ya muerto tras la mañana Disculpando al resto por su paciencia Mientras, encima vuestro Ya el peso de la tarde no tiene reminiscencia.

He ahí el cuervo Merodeando tierras arables Por el regocijo sin sentido Es el zorzal tras la noche Virando por flores marchitas Mientras, a lo lejos una estampida Atraviesa zonas ya recorridas

Por Paolo Orozco 25


Silencio y luego ángel

Noche de pensar

Melancólica la luna Que se cierne en mi nocturno Y que me habla en mí ser sin retorno Como recuerdo de la cuna Bellamente las mil luces Que en mi ventana centellan Solo ellas me ciegan Tal como sagradas cruces Y la vida atormenta Cuando el corazón rememora Y la pena no aminora Más solo se hace más lenta

En el silencio se escucha la épica época Hecha de roca y paja y caminar poco, Del triste y cruel loco, Y lo que salía de su boca. Acaso en tal ocaso Mientras cesa el mundo De prisa y risa, ¿En rotundo, Se siente del ángel paso?. Y si, se oye de los cielos su volar Los ciclos de agitar de sus alas Como humano y divino, bien ralas Las plumas de oro forjadas de luz solar.

Por Carlos Felipe Osorio Parra 26


Palabra

Puedo ser pelícano ___________________Majestad de las caletas _________Aurora ___________________Mancha de luz en las mañanas _________O una pipa ___________________Que ornamente el rostro de un ajedrecista‟

Seré entonces Palabra ____________________Díjome la tinta Con su voz espesa ________________Despidiéndose del tintero Y mientras yo me llevaba una mano a la boca Repasando el inicio de un texto en mi cabeza tantas veces ensayado Interrumpió mis cavilaciones con las suyas:

Me quedé pensando un segundo Pues el inicio ensayado tantas veces Comenzaba a borrarse de mi cabeza Y cuando me apure a escribirlo Y la pluma ya casi besaba al papel Irrumpió su voz de nuevo ______________________Como perforando en mis oídos:

„Volveré ________Si quieres __________________Poeta amigo A ser agua que parte en dos las piedras ____Escarabajo que pulula en la hojarasca ____O la flor que emula el vestido de las viudas

„Discúlpame ____________Poeta ___________________Que interrumpa tu trabajo Pero te insisto _____________¡No tengas miedo! Seré lo que quieras que sea

Puedo _______También ________________Ser otras cosas Ajenas a mis orígenes ___________________Si así lo deseas

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-¡Oh! No No te equivocas ¡Anda! Pruébame

¿Fuego? __________Seré vela ___________________Dragón ____________________________E infierno

Y antes de irme a dormir Escribí una sola palabra En letras grandes y claras:

¿Dios? __________Seré el que quieras de esos ¿Tiempo? __________¡Ja! __________Seré Chronos _______________________Dalí ____________________________Y Einstein Imagina todas las posibilidades que encierro Vamos _______¡Te desafío!‟ En ese momento todo estaba perdido con mi texto Durante el discurso lo olvidé por completo Dirigí mi mirada a la punta de la pluma Y (sin dejar entrever la rabia) dije: -Tú puedes ser lo que quieras ¿Me equivoco?

Por Matías Muñoz Carreño 28


TESTIGOS Dos pequeños testigos, en tu mejilla izquierda me contarán de tus historias más íntimas.. aquellas que tapaste con cal y aveces todavía suelen penarte me contarán cuantas veces los sumergiste en saladas lágrimas me contarán... te juro que me contarán. Voy conquistando desde tu mejilla hasta tu menton.. ponlo en mi hombro y haz con mi cuerpo tu música Revive a Vivaldi, entre el sudor y la música de nuestros cuerpos Envidiará tu Viola la intensidad y extasis, mientras tus dos lunares serán testigos de tu nueva intimidad...

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7 LETRAS 1 ENVIDIA.

Y viviendo en la noche, solo el color de tus ojos me recordará lo que solía ser el día...

Mi teclado protesta ante el gaste de sus letras, Por la fuerza, la L fue i, mientras la S una c... Otras cinco letras fueron despojadas de sus formas originales Quién sabe si el destino incluya las letras t, la m y la penúltima vocal, Quién sabe... si todo el puto teclado se vuelve negro... Negro como la sombra que dibujaremos en nuestro primer beso Una repitente sombra, a envidiar por el sol... Que ni temprano por las montañas, ni en lo más alto del cielo será.. Será testigo de lo que pasa aquí... Solerá marcharse por las tardes, hasta liquidar nuestra sombra ... Hasta que aquel bastardo envidioso no regrese más,

Por Ricardo Padro

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Cumplo con informar

la llavecita pálida que gotea en el jardín roñoso/tu nombre malgastado es una herida/una improvisada forma de inaugurar el llanto/ la herida es herida de su propia herida

Del vidrio al vidrio hay una consideración escasa/penitente y deshabitada/ aparece un espasmo leve/ levísimo incluso sobre la cama (esponja de abuelos muertos/ brillo de sacristía cuando vuelve la mano al callo de los ojos) escucho hojear un libro mientras quince hombres eyaculan al cielo esperando la redención de las tristes putas/ el país se esconde en una piedra breve/ el país cabe en una mano que se cierra/ cumplo con informar que desde hoy todo es herida/ hallazgo de nada entre los cuerpos indescifrablemente apabullados/

Por Ricardo Sánchez Orfo 32


Años maduros

El tiempo, sí, aquel con sus absurdos numeritos, esa pequeña cosa que has olvidado Me escribes un elogio y tantas otras cosas

A eso llegamos

Pero el tiempo envejece

A la esterilidad creativa

Se diluye nuestro aroma, pero no muere

A esa voluntad cercenada por ese pensamiento que tiraniza y que es un constante agobio

Siempre amanece nuevamente Un respiro creativo, con una letra desprendida.

Un extravío extra celeste trae a veces bullentes dichas No hay tiempo, amar es el recuerdo y es tiempo Jugando como nunca a ser presente Culpamos al señorito tiempo Figura tal recalcitrante con sus ojeras, arrugas, carcajadas y devaneos Los que dibujan este rostro y estos versos ¿Qué sueñas amigo?

Luis Ricardo Antimán Mella

¿Lo has pensado?

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003POESIA+VISU_AL POESIA VISU/AL POES_IA VISUAL /POESIA VISUAL 34


POR CÉSAR CASTILLO El pretencioso arte llamado arte (y su derrota).

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Exi-stenc(d)-ialectica

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004NARRATI_VA NARRATI V A/ NARRA_TIVA /NARRATIVA 38


El regalo. Aquella tarde, como de costumbre el padre regresaba de su jornada de trabajo, quizás no fuese lo que él hubiese deseado y en mucho distaba de sus predicciones de antaño, pero se conformaba. Tal vez no se convirtió en el destacado médico que descubriría la cura del cáncer y los males que atañen a la sociedad, ni mucho menos, en el hombre idealista que cambiaría el mundo o en el exitoso abogado que defendería los derechos de los más desposeídos, pero al menos lo confortaba poder laborar como obrero de construcción y poder llevar el pan a su casa y más aún, contemplar la sonrisa cándida de sus hijos a la espera de su llegada. Su mujer lo esperaba con la cena dispuesta, era una mujer muy esmerada, que desvivía por su marido e hijos, juntos compartían gratamente en familia y no les bastaba nada para ser felices. Sus hijos eran su orgullo y depositaban todas sus esperanzas en ellos, para ambos la mejor convicción y su mayor legado era la educación que les podían otorgar. Tras levantarse del comedor, el padre se dirigió a la sala de estar y encendió el televisor en el noticiario habitual, pero lo apagó en seguida; nada nuevo, más muertes, violencia y delitos. Al fin y al cabo prefería evitarles tanto pesar a sus hijos, no quería que develasen el sin sentido ingrato de la vida, aún eran niños y sus sueños sí podrían cambiar el mundo. En efecto, su hijo menor se encontraba a su lado, estaba absorto dibujando, en lo que a simple vista parecían meros garabatos, sin embargo, cuando todos en la casa se habían ido a dormir, el padre tomó el cuaderno de dibujos y quedó contemplándolo. Tras breves segundos sonrió.

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Esa noche fue la más placentera de todas, se entregó sobrecogido al maravilloso mundo de los sueños. En primera instancia sólo se apercibía una nebulosa, no se lograba ver nada más allá que la abundante niebla que cubría todo en derredor, obstruyendo la visión, pero a medida que avanzaba, ésta comenzaba a despejarse. Así pudo observar algunos matices, los primeros vestigios de los árboles, la implacable luminosidad de la aurora, que destelló paulatinamente en radiantes rayos de sol, que descubrieron un campo atiborrado de caminos, rodeados por una naturaleza fantástica e inusual, pero lo que más llamó su atención fue el reflejo sutil de una silueta a la orilla de un lago. Al principio confiado en que era una ilusión proyectada por su imaginación, simplemente la dejó pasar, no obstante, cuando continuaba su caminar, ésta se apareció nuevamente frente a sus ojos, ahora estaba sólo a unos pasos de ella, y ya no podría eludirla. Se armó de valor y decidió enfrentarla cara a cara, se acercó a pasos furtivos, hasta que ya había adquirido la confianza necesaria y apresuró su caminar, cuando estaba sólo a dos pasos de ella, ésta se volteó y le sonrió. Anonadado ante tal mohín que le habían hecho, no le quedó más que responder del mismo modo, no tardó mucho en percatarse en que era la figura de un niño y entre más lo observaba se daba cuenta que tenían cierto parecido, sin lugar a dudas, era su hijo. Cuando se percató de ello, quiso abrazarlo, pero el niño había desaparecido y frente a él sólo se encontraba el lago. El calor era sofocante y no resistió la tentativa de bañarse a la orilla de tan cristalinas aguas y cuando se disponía a hacerlo, saltó hacia él una imagen peculiar, era el reflejo del niño que había visto hace un rato atrás, pero era imposible que estuviese bajo el agua de esa forma y en una reacción instintiva estiró su mano, pero ya era tarde cuando se dio cuenta que era su reflejo.

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Los primeros rayos de sol atravesaban los pliegos de las cortinas y daban en su rostro, a su lado se encontraba dormida su mujer y en el dormitorio contiguo, sus dos hijos. El día comenzaba como de costumbre, el desayuno ya había sido servido y luego llevaría sus hijos al colegio, acompañado por su esposa, que al igual que él, iba camino al trabajo. Sin embargo, no pudo olvidar el sueño de aquel día, sus esperanzas se restituyeron y le renovaron sus ansias por el trabajo y ver la sonrisa de sus hijos a su llegada. Cuando éstos a la hora acostumbrada, lo vieron entrar por la puerta, corrieron a su encuentro y él los asió sobre sus hombros. Tras el cesar de la euforia que provocaba su regreso, les dio un regalo, éstos muy felices por la novedad, se lo agradecieron y, no bien se los entregó los abrieron, sus rostros se iluminaron angelicalmente cuando los tuvieron en sus manos. Ese día continuarían dibujando a su antojo.

José Patricio Chamorro. 41


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CABARET Se cumplían 2 años de la muerte de Helena, pero Camille aun no se acostumbraba a la idea. Habían sido once años de una relación en la que fueron inmensamente felices. Aprendieron a compartir, a respetarse, a ceder y a escuchar, a escapar de la rutina y a alimentar la ilusión, a ir en rumbos similares apoyandose mutuamente, a disfrutar de momentos simples, del silencio en compañia. Helena esperaba ansiosa el regreso de su amada. Por su parte, Camille llevaba siempre alguna sorpresa para Helena. Cada tarde lluviosa de invierno, ambas preparaban el acostumbrado ritual. Camille pasaba a la licorería por vino de camino a casa, mientras Helena apartaba algunos muebles de la sala de estar para generar más espacio. Al llegar Camille se despojaba de su abrigo en medio de incontenibles besos para Helena que había acumulado durante todo el día y entre risas, pasión y juegos lograba ponerse algo de vestir más cómodo. Luego venía encender la chimenea, la música, abrir cortinas y ventanas para que el lugar se impregnase de humedad de invierno. Lo ultimo era que Helena pagara la luz y Camille sirviera el vino. Los preparativos habían terminado. Habían sido llevado a cabo meticulosamente, sagradamente; dejando en sus bocas sonrisas complices al realizar cada una de las actividades. Era como si fuese un secreto de estado, el más grande tesoro, una maldad de niños pequeños carentes de aventuras. Ahora solo faltaba dar rienda suelta a ese alocado amor que ambas se juraban. Pasaban hora sentadas en la alfombra junto a la chimenea. Conversaban de tantas cosas como podían recordar, guardaban tantos silencios como podían disfrutar, bebían el vino que les apetecía y jamás pusieron límites para nada. Sus corazones estaban en sintonía y como unicos testigos existentes de lo que allí ocurría, estaban el candente fuego y el aroma a invierno.

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Había sido una relación perfecta, que para pesar de Camille, no se olvidan en un abrir y cerrar de ojos. Y ahora... ahora que el destino le había negado a Camille la posibilidad de seguir amando, ella había quedado sumida en la nada. Todo su precioso universo fue enterrado junto al cadáver de Helena. Aun por las noches, antes de salir de la oficina, se quedaba unos minutos con el retrato de Helena en sus manos - ese que limpiaba y arreglaba minuciosamente cada mañana al llegar, ese que aun ocupaba un lugar sagrado en su escritorio - y liberaba una que otra lágrima; esa era su forma de despojarse de tanto dolor. Si al menos hubiese tenido la oportunidad de despedirse o de llevar flores a su tumba tal vez las cosas hubiesen sido menos dolorosas e incluso menos traumáticas, pero después del accidente, la familia de Helena culpó tajantemente a Camille y decidió cremar los restos de la chica, prohibiendo a Camille presenciar el acto y ocultándole el paradero de las cenizas de su amada. Cuando era niña y adolescente Helena solía practicar ballet. Desde muy pequeña inició sus pasos en aquel arte. Practicaba su pasión con energía y dedicación. Jamás se le vió doblegarse a pesar de su corta edad y de lo dificultoso que pudiera parecerle esa disciplina. Era una niña común y feliz , hasta que un día desafortunado se le descubrió una desviación en su creciente columna vertebral, lo que le impidió seguir bailando y por muchos años se mantuvo fuera de ese ambiente. Cuando conoció a Camille, sus ganas de volver al escenario y mostrarle su gran pasión, la llevaron a retomar la danza a pesar de las advertencias de los médicos y los reclamos de sus padres.

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Al fin llegaba el gran día en que los dos amores de Helena estarían reunidos en un mismo lugar: el ballet y Camille. Helena había forzado mucho su cuerpo para lograr la perfección, pero se sentía revitalizada. El telón se abrió, la música comenzó y con ella el más hermoso baile que Helena pudiera interpretar... 1,2,3 piruetas asombrosas, el público expectante, intento fallido de una cuarta pirueta y el cuerpo de Helena se vió caer del altísimo escenario, mientras el público se levantaba de su asiento y Camille corría hacia ella... Cuando llegó a su lado, Helena estaba inconsciente. Lo siguiente fueron un sinnúmero de riesgosas operaciones en la columna, que el cuerpo de Helena no pudo soportar y que sepultaron a Camille en un mar de culpas propias y ajenas. Se ensimismó desde entonces. Rebeca que entraba a la oficina en el momento en que Camille lloraba con el retrato en sus manos, se acercó a Camille suavemente, tocó su hombro casi con miedo y reuniendo valor para pronunciar palabra susurró, Vamos Camille, es hora de comenzar a olvidar. ¡Yo jamás podré olvidar Rebeca!, dijo Camille casi gritando y mirando a Rebeca con cierta ira en sus ojos. ¡Helena está muerta, asúmelo de una vez, ya no puedes hacer nada!, utilizando un tono más alto que Camille. Camille volteó y dió una bofetada a Rebeca, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas incontrolables una vez más. Le reclamó su falta de tacto y le insultó cruelmente. Descargó en Rebeca toda esa ira y frustración que sentía por haber perdido a Helena. Explotó en lluvia de ofensas que no tardó en retirar, pués pudo darse cuenta de su error. Después de todo no era Rebeca la culpable de lo ocurrido y aunque debió hacer un gran esfuerzo por ahogar su llanto, sacar la voz y esconder su rabia, finalmente sacudió su cabeza y dijo,

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Perdóname Rebeca, no quise dañarte, pero sabes que aun duele tanto, ¡aun pesa tanto la culpa, ella solo vivía para darme gusto, yo debí impedirselo, debí cuidarla, yo debiera ser la muerta, no ella!. Rompió en llanto al terminar de hablar. Tranquila, seca tus lágrimas. Dijo Rebeca pasándole un pañuelo y abrazando a Camille. Terminó su frase diciendo, ¡Tengo una idea!. Voy a llevarte a un lugar para que cambies de aires y hagas nuevas cosas, no quiero verte llorar, quiero que te recuperes. Déjame intentarlo. Rebeca, que aunque bella era malvada en demasía y cuya mente se encontraba siempre al borde de la demensia, guardaba tras ese aparente gesto de amistad, un retorcido secreto. Recurrentes aberraciones venían a su cabeza, sugerentes imágenes aterradoras para el comun de la gente. Idealizaciones de Camille recorriendo el cuerpo de Helena, imaginar el momento en la que ésta perdia la vida la llevaban a niveles orgasmicos desmesurados. Cada noche al menos 5 orgasmos múltiples azotaban su cuerpo, se masturbaba incansablemente inventando situaciones de muertes diferentes para Helena y en todas ellas veía a Camille disfrutar del frio cuerpo del cadáver. Le excitaba inexplicablemente incluso visualizar a Camille entre sus propias piernas, sufriendo, llorando mares por su amada muerta, lamiendo su sexo con desesperación y manchandole la pubis de rimel corrido a causa de las lágrimas. Cuanto placer le daba el sufrimiento de su amiga, cuanto ella misma llegó a amar a Camille en sus momentos de angustia. Tan macabra era su mente, que se había propuesto hacer infeliz a Camille, solo para disfrutarla en sus momentos de dolor. Camille no tuvo más opción que ceder ante la insistencia de Rebeca. Rebeca, siempre he sabido que tu sentido común no es tu mayor virtud, pero... ¿Traerme a un cabaret?, Preguntó desconcertada, llevando su mano derecha a su sien.

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Prometiste que me darías una oportunidad... ¿si?, ¡¡por favoooor!!, Suplicó Rebeca, mientras parpadeaba rápidamente. Ven, vamos a divertirnos. Rebeca emocionada abrió la puerta de par en par. Era un lugar menos vulgar de lo que Camille se imaginaba, pero aun así tenía un aspecto desconfiable. Era una costrucción bastante antigua. Por su fachada se le catalogaba como cabaret facilmente. Al entrar podían verse muchas mesas algo ocultas por la oscuridad del lugar y el humo de cigarrillos. Al fondo podía divisarse un escenario con miles de luces coloridas sobre él, que daban un espectáculo casi abrumante. La música sonaba a todo lo que daba. En el momento en que Camille cruzó la puerta, un silencio extraño se produjo, incluso se escuchaba el sonido de sus tacones al pisar, aunque la música no se había detenido. Las miradas cayeron sin contemplaciones sobre ella. Camille era una mujer que no pasaba inadvertida, ella destacaba entre la multitud. Más alta que el promedio, pero sin sobrepasarlo demasiado, delgada, de tez muy blanca, nariz refinada, labios rosados y un ligeramente ondulado cabello largo que recogía en una alta cola de caballo y que tenía la misma tonalidad dorada de sus ojos. Su belleza era hipnotizante. Evidentemente guapa, pero era su garbo, su elegancia, delicadeza y distinción lo que enfocaban en ella las miradas. Era una mujer que llena los espacios en cuanto llega, una mujer que en vez de caminar parece flotar en el aire. Casi salida de un cuento de hadas. Para no llamar más la atención, Camille sostuvo el brazo de Rebeca y le condujo al primer asiento libre que encontró. Una vez que todo mundo volvió a lo suyo, se acomodó en la mesa, al mismo tiempo que se acercaba a ella una chica voluptuosa en ropa diminuta para ofrecerle algo de beber. Una primavera sin alcohol para mi, por favor. Dijo Camille sin mirar a la chica, sintiéndose

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algo sonrojada al saberla en esas fachas, y profundamente incómoda, pues quería salir rápido de allí. ¡Que va cariño, olvida eso!, que sean 2 whiskys en las rocas. Guiñándole el ojo a la camarera y sabiendo que Camille no bebía. ¡Rebeca!, ¿Quieres matarme?... ¡Lo prometiste! Con un tono de niña pequeña decepcionada. Camille, que no tenía fuerzas para defender su voluntad, sólo se limitó a cumplir los deseos de Rebeca. Aun dentro de su asombro al verse sentada en aquel lugar oscuro de dudosa reputación, bebió el licor que no tardaron en traer. Al no ocurrirsele que más hacer, se dejó llevar por la insistencia de Rebeca y pronto perdió la cuenta de la cantidad de whisky que bebió, pero éste ya empezaba a pasarle la cuenta. Ligeramente mareada quiso levantarse de la silla, coger su cartera e irse, pero Rebeca la detuvo diciendo que aun faltaba lo mejor, finalmente la convenció recordandole que no podría conducir en ese estado. Volvió a sentarse resignada, mientras las luces cambiaban su rítmo y los aplausos desenfrenadados causaban estruendos en sus oídos. Música, humo... un espectáculo típico de cabaret y "ella" bailando. Camille quedó impresionada por la belleza de la bailarina, entre todas, esa chica destacaba notablemente. Por un momento la bailarina fijó sus ojos que se ocultaban tras un antifaz, en los ojos de Camille, y a pesar de que en su vida había estado con muchas mujeres, e incluso hombres, jamás había visto belleza semejante, jamás se había perdido en unos ojos, jamás había sentido verdadero interés por una persona. ¿Qué tenían esos ojos de especial?, ¿Por qué le era tan irresistible esa mujer?, ¿Quién era?, ¿Que haría una mujer como ella en un lugar como ese?. Fueron preguntas que la cabeza de Isabella no pudo evitar generar. Se llama Isabella y es una de las chicas más cotizadas del lugar, pero ella no es sólo una bailarina de Cabaret, ella no se conforma con eso, ella es de las que cobra por el amor que entrega. ¿Entiendes,

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verdad Camille?, Aclaró Rebeca al ver el evidente asombro de Camille quien estaba embobada con los ojos verdes tras el antifaz, asíque solo asintió con la cabeza. Isabella bailaba sin dejar de contemplar a Camille, la miraba con un deseo que no se molestaba en ocultar, descaradamente bajó su mirada destinándola a las piernas de Camille, que estaban descubiertas casi por completo al resbalar su falda impulsada por su anterior intención de marcharse. Bajó del escenario, iba entera cubierta de noche; extendió su mano invitando a Camille a cogerla; ella cogió la mano de Isabella abandonando la comodidad de su silla; Rebeca las miraba horrorizada; Isabella liberó sus ojos del antifaz y rodeó la cintura de Camille con su brazo; la fuerza que ejerció Isabella puso en contacto ambos cuerpos; Camille rendida, se entregó por completo al beso de la bailarina. La mañana siguiente llegó cargada de confusión. Camille no podía creer que había pasado la noche con una completa desconocida, y no con cualquier desconocida, ¡sino que nada menos con una prostituta de cabaret!. Las medias, bragas y el corsé de Isabella estaban en el suelo confirmando los temores de Camille. Miró a su al rededor. Era un lugar bastante bonito, con una ambientación acorde a los fines con que había sido construído, a pesar de ello, era un sitio elegante, digno de cualquier dama de sociedad. Siguió el recorrido con los ojos, vió a Isabella que dormía junto a ella, se veía tan hermosa, tan diferente a la noche anterior, había dejado de ser el juguete sexual que jugueteaba cada noche sobre el escenario, ahora era simplemente una mujer; de esencia, sabores y colores semejantes al suyo. Se vistió rápidamente, dejó dinero sobre la mesita de junto y un papel en el mismo lugar que decía "Gracias". Cuando Isabella despertó, Camille se encontraba ya muy lejos, fumando un cigarro y bebiendo café. Al levantarse encontró el dinero, lo guardó como con cada cliente, pero ésta vez quedaba una extraña sensación en ella. La sustanciosa cantidad de dinero que había dejado Camille no le satisfizo. Daba más

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importancia a sus besos y caricias, al olor de su piel, al trato amable, a la delicadeza, a las curvas perfectas del cuerpo de Camille. Por primera vez podía decir que no había sido trabajo, sino... algo que no podía describir. Sacudió su cabeza para liberarse de dichos pensamientos y volver a sus quehaceres. Era un mundo turbio, competitivo e infinitamente triste y ella una mujer de un corazón de piedra, endurecida por la vida, inmensamente ambiciosa, marioneta del dinero y la buena vida, jamás hizo nada que no fuera para sacar provecho. Había renunciado al amor muchas veces, pues ella esperaba un pretendiente que le diera todos los lujos que ella pidiera. Años atrás había tomado una mala decisión. Siguió a un tipo que le prometía grandes riquezas. No tuvo mucho que pensar, ella vivía en un pueblito lejano del mundo, por lo que abandonó a su familia y puso su destino en manos del hombre que la condujo a ese mundo que aborrecía, pero que le daba su mayor anhelo, el dinero. Golpeaban la puerta de la habitación en que estaba Isabella. Tardó un segundo en reaccionar y abrió la puerta pensando que era Camille, pero no. ¿Puedo pasar?. Preguntó Rebeca cerrando la puerta tras de si. Isabella no entendía la razón que guardaba Rebeca para pedirle tal cosa, pero ya que la paga era buena, aceptó sin preguntar.

El reloj apuntaba las 5 menos cuarto de la tarde y Camille apuraba el paso para no retrasarse en su reunión, llena de papeles caminaba por las calles sin fijarse en nada más. Isabella salia entonces de una tienda y víctimas del destino ,en realidad presas de las intenciones de Rebeca, chocaron. Dejando caer todo cuanto traían en las manos. ¡Perdón!, que tonta soy, no vi por donde venía. Se disculpó Isabella agachandose a recoger las cosas.

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No te preocupes linda, con la prisa que llevaba no te he... Interrumpiendose de pronto y pareciendo recordar. ¡Oh, yo a ti te conozco, tu eres la chica de la otra noche!, ¿verdad?... ¡Que pena contigo!, es que no acostumbro a beber y mi amiga me... Dijo Isabella sin alcanzar a terminar la frase. No te preocupes, tranquila estoy acostumbrada. Interrumpiendo a Camille al verla sonrojada y... ¿Qué haces aquí?, ¿Cambiaste el color de tu cabello, verdad?, Preguntó Camille aun recogiendo las cosas del piso. Bueno, no soy bailarina de cabaret las 24 horas del día... y... si, lo tinturé. ¿Te gusta? Si, te sienta muy bién el pelo rojo, es solo que así me eres muy familiar, te pareces mucho a alguien que yo cono... interrumpiéndose a si misma. ¡Ay, perdón! , no quise incomodarte. Déjame recompensarte, acepta un café. Dijo Camille con tono insistente y sincero. Gracias por la invitación, pero tienes prisa. Si quieres volver a verme, sabes donde y como hacerlo. Diciendo esto, dió la media vuelta caminando con paso seguro, pués sabia que Camille la buscaría. Camille asistió a su reunión y como de costumbre demostró ser brillante en lo que hacía, pero su cabeza estaba puesta en Isabella, en sus ojos, en su antiguo pelo negro ondulado que ahora era tan semejante al de Helena, en sus labios rojos. No supo bién como acabó la reunión. Trece días después, la puerta del Cabaret volvió a abrirse para Camille y se formó la misma conmoción que la primera vez. Ahora no estaba bajo el efecto del alcohol asique su corazón latia apurado. Subió las escaleras, habitación 204 le habían dicho. Golpeó. Isabella no tardó en abrir la puerta. - Pensé que vendrías antes, pasa. Si, era la misma bailarina de la primera noche. Los mismos ojos verdes, la misma frivolidad, la misma ambición, pero algo había cambiado en ella, su pelo, tal vez su ropa o su perfume. Jamás había recordado tanto a Helena. Se liberó de aquella analogía muy pronto decidiendo no prestarle atención.

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Estos encuentros amorosos se mantuvieron clandestinos por mucho tiempo, Isabella recibiendo dinero de Rebeca quien la obligaba a cambiar su apariencia física e incluso su conducta; y de Camille. Mientras la propia Camille ignoraba lo que acontecía en sus narices. Lo cierto era que ya no podía negarse el parecido entre ambas... Helena e Isabella parecían una misma persona en algunos momentos. ¿ y como no parecerse, si Rebeca se esmeraba en que Isabella adoptara las costumbres de Helena, que usara su ropa, que aprendiera algunos gestos, que imitara su tono de voz?. A Rebeca parecía no importarle más que su propia satisfacción y no reparaba en nada para lograrlo. Dejaron de verse en el cabaret, ahora Isabella iba hasta la casa de Camille, cosa que no le desagradaba, porque era una casona enorme, antigua, lujosa. Ella bien podría adaptarse a aquel lugar. Seguía pareciendole extraña la actitud de Rebeca, pero estaba recibiendo mucho dinero y su ambición crecía cada día, además, aunque no se atrevía a confesarlo, ese juego le gustaba. Le traía recuerdos del pasado. 12 años tenía cuando su tía preferida se había metido en su cama una noche, quitandole todo rastro de virginidad a su cuerpo, dejandola insensible contra el mundo y sintiendo un fuerte deseo por las mujeres. Este juego le recordaba aquellos días en que su tía iba cada noche a mostrarle como “jugaban” los adultos, que aunque se esperaba que provocaran en ella un trauma, había generado lo contrario. Era un placer culpable y reprimido, que muchas veces la amargaba y avergonzaba. Pronto las visitas de Isabella fueron mas frecuentes, Camille ya no se conformaba con tenerla unas pocas horas, ella quería poseer a Isabella todo el día, cada día, cada instante. Los encuentros en su casa no bastaban, Isabella comenzó a ir a la oficina de Camille y a todos lados donde ella estuviera. Esque para

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Camille no se trataba de simple deseo, ella creia haber empezado a vivir nuevamente, a amar, a desear a una mujer. Le obsesionaba todo de Isabella, había abandonado sus silencios y su prudencia. Detestaba saber a Isabella con alguien más, quería pagar todas sus horas para que nadie mas pudiese tocarla o mirarla y en efecto, lo hacía. El recuerdo de Helena la perseguía constantemente, pero era una conducta inconciente para Camille. Ya no distinguia entre ficción y realidad. Camille entraba al cabaret despues de mucho tiempo, pero ésta vez sin formalidades ni cortecía, subió corriendo la escalera y abrió la puerta de la habitación de Isabella. Rebeca, ¿Tu qué haces aquí? Preguntó Cmille con voz desconcertada e incredula. ¡Camille!, Helena y yo te estabamos esperando, vine a ayudarle a prepararte una sorpresa. Dijo con una paz que daba escalosfrios. Pero, ¿Qué dices mujer?, Helena está muerta, ella es Isabella... mi Isabella. Camille trataba de convencer a Rebeca de lo que estaba diciendo. Camille ya no distinguía bién lo que veían sus ojos, sentía tanta confusión en su cabeza, que solo pudo sentarse y llorar. Rebeca se acercó a ella, la abrazó y susurró en su oído, Lo sé, pero... ¿No te das cuenta?, Helena está hecha cenizas, el deseo y la pasión que existia entre ambas está ahora convertido en putrefacción. En cambio, Isabella está aquí... Está aqui para interpretarte los más hermosos bailes. Su carne es hermosa, sus piernas, su cuerpo entero es tan parecido al de Helena. Hasta su aroma se parece, sus labios se parecen. ¿Recuerdas cuanto te excitaba ver a Helena tumbada en la cama?, ¿Por qué no miras un poco mejor?, Isabella y Helena... ambas sobre un escenario muy alto, ambas cayendo accidentalmente al vacio, ¿A quién salvarías Camille? Camille que no disponía de cordura, se acercó a Isabella ,quien asustada esperaba tumbada en la cama y se abalanzó sobre su cuerpo, con su mente llena de funerales, accidentes, bailes, escenarios, cabellos

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negros y rojizos, ojos verdes, medias y corsés. Despojó su cuerpo de la ropa que llevaba y con un deseo animal comenzó a besar a Isabella, a recorrer su cuerpo con su boca, a respirar muy hondo el olor de su piel, a convertirla cada vez más en Helena. Rebeca, sentada en un sofá veía la escena y colaba sus manos bajo su falda, esaba húmeda, sedienta de placer que solo la nostalgia y sufrimiento de Camille podrían darle. Retorcía su cuerpo con gemidos ahogados cada vez que oía a Camille sollozar. Camille continuaba introduciendo sus dedos en el sexo de Isabella, viendo a Isabella, convirtiendola en Helena y recordando las palabras de Rebeca. Si, su cuerpo estaba en cenizas putrefactas. Comenzó a sentir un calor incontrolable en sus venas y a tocar el cuerpo de Isabella con repugnancia. Sentia asco de sus besos, de su piel, le molestaba cada razgo de Isabella, le clavaba la similitud de ambas como cuchillos en la cabeza. Dirigió sus manos al cuello de Isabella y sin medir su fuerza comenzó a apretarlo. Era como si su alma se hubiese marchado de pronto y se hubiese convertido en una vestia bizarra y despiadada. Rebeca estaba completamente fuera de si. Quería mas placer, asique se acercó a la cama y besó los hombros de Camille, quién soltó el cuello de Isabella que estaba morada por la asfixia, pero aun con vida; para besar los labios de Rebeca, la besó apasionadamente al principio, cerró sus ojos, rodeó la cintura de Rebeca con sus brazos, la arrojó a la cama, acarició su sexo, sus senos, su pecho, su cuello y sin contemplación alguna, apretó sus manos hasta que el cuerpo de Rebeca dejó de resistirse y se entregó por completo a la muerte. Camille despertó de su trance algo aturdida y sin saber bién que había hecho, Isabella que ya se encontraba recuperada, abrazó a Camille fuertemente para que pudiera romper en llanto. Por primera vez Isabella estaba haciendo algo sin pedir nada a cambio.

Por Isabella Crokaert

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Me tranquilizó. El sonido inconexo de la música, el televisor de al lado y el impacto me tranquilizó. La noche estaba en su cenit y transitaba paralelo a mis movimientos, el estruendo movilizo a todos hacia la ventana que daba hacia la calle, una camioneta cuatro por cuatro se acaba de hacer mierda en la esquina, a esa hora hay poca locomoción y no fue directamente en la calle principal, poco a poco empezaron a llegar gente al lugar sumándose a la ya ingresada multitud que observaba por las ventanas del edificio como si estuvieran mirando un partido por la tele. -Uhh hueón parece que le pego a otro auto…allá, allá -Cachaste… -…Sí, si cache… -Hueón, llama al 133… -No, si demás que ya llamó alguien… Todos hablaban a la vez, la maldita música resuena en mis oídos, tras el shock inicial luego de unos minutos todos retoman sus posiciones. No tenía nada que hacer esta anoche y además, y además ya había rechazado bastantes noches como esta. Había algo en el aire no sé, desde el Jueves que ando como así, no conocía a ninguna de las personas que estaban aquí, bueno quizás a una que otra, amigos del Toro, me había tomado varios combinados de ron y no quería arruinar la noche. -Arriba el ánimo -Quiero un cigarro-busco en el bolsillo de la chaqueta la cajetilla que compre el otro día. -No puedo fumar acá verdad-pregunte.

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-No, pero anda al balcón. -Vale. Maldito vicio, hace tiempo que no fumaba tanto, de aburrido no más empecé, a parte se veía bien en mi boca, desviaba la atención de mi apariencia a otro lado. Había unas cuantas nubes y algo de estrellas, parece que va llover. Estoy solo en el balcón, junto el ventanal para disminuir el ruido, observo a la ambulancia llegar, hace como diez minutos que llegaron los carabineros, parece un par de personas caminaban por allí cuando la cuatro por cuatro embistió a toda velocidad al Peugeot, ahora les toman declaraciones, debió ser el exceso de alcohol, el conductor de la camioneta se mueve como loco dando explicaciones al oficial, lo encuentro gracioso y suelto una risa medio malvada, ya no me conmueve nada, ni siquiera el pobre conductor que están tratando de sacar del auto, desde cuándo que estoy así, el jueves había respondido el mail que le envié hace una semana atrás, quizás eso sea, quizá sea el alcohol o la distancia que nos separa, ciento veinte siete kilómetros para ser exacto, nunca fui bueno descifrando códigos, nunca supe diferenciar un te quiero verdadero de uno de despedida de carta, había algo en su sonrisa, algo en su figura frágil y decaída, había algo que definitivamente no podía leer de sus ojos, podría llamarla ahora mismo, pero probablemente se enojaría por lo tarde y por mi estado, cuanto odio este maldito estado, puedo ser todo, callado, miserable, masoquista pero nunca suicida, sin embargo había algo en la altura el viento, mire hacia abajo, siete pisos más abajo, había algo ajeno a mí que me daba cierta tranquilidad, no debí haber venido a este carrete. -Que haces acá tan solo-escuche detrás de mí. -Ah…qué-digo.

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-Puedo hacerte compañía-pregunto aquella voz femenina. -No veo el por qué no-digo, y suspiro humo prolongadamente. -¿Tienes fuego?-dentro del departamento suena High and Dry, esto debe ser obra del Cristian. -Si-busco en el bolsillo de mi pantalón y no lo encuentro-Emm…creo que tenía. -No importa-dijo, mostrándose por primera vez. -Toma-le paso mi cigarro para encender el suyo. Se pone a mi izquierda y pega una bocanada de su cigarro, ahora la veo de perfil, tiene el cabello rojizo y una chaqueta de cuero. -Buen tema-dice. -Sí… ¿te gusta Radiohead?-asiente con la cabeza. Se me ocurren miles de canciones para describir todo esto, pero no encuentro ninguna. Ambos nos quedamos mirando el horizonte sin decir nada, siempre un hombre de pocas palabras y supongo que esta no sería la excepción. -Tú eres el amigo del Jaime-preguntó. -¿Perdón?-luego recuerdo que el Toro se llama Jaime-Jaja, sí. -De qué te ríes. -De nada-en realidad no sé por qué me estaba riendo. Otro silencio más. -¿Por qué no estás adentro con los chiquillos?-me atrevo a preguntar. -Me aburrí. -Ah. -¿Y cuál es tu excusa? -¿Yo?-pregunto idiotamente, considerando que somos solo nosotros los que estamos acá-

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No sé. No podía irme así como así, pero estaba asteado de todo esto. Hablamos un buen rato, sabía cómo terminaría todo esto y no quería terminar así. -Ya…me voy-dije-un gusto. -Deberíamos juntarnos uno de estos días. -Eh, sí-dije, no muy fríamente, arrojo el resto de cigarro al suelo y lo piso. Entre a la sala, hice algunas señas con las manos y me fui, el Carlos había sacado la guitarra y estaba en el sillón junto a buen montón, mientras en la otra esquina habían dos locos comiéndose. -Vamos Seba, tócate algo. -Otro día. No quería admitirlo pero estaba mal, a medida que bajo por esas escaleras aquel ruido que deje atrás se volvían reverberaciones lejanas y confusas. Se escuchan personas conversar a otro lado de las puertas, perros ladrar afuera. Al llegar a la calle, deambulo un rato, el semáforo de la esquina estaba completamente destruido, busco la calle principal y quedo en una esquina, siempre me gusto la ciudad en general, no sé como acá pueden odiar tanto Santiago, adoraba tomar el metro e ir sin rumbo. Recuerdo que me gustaba ir a la estación Sotero del Río, esta estación está hecha para sentarse y leer, pensé. Una razonable pared luego de la salida del andén, no sé si el arquitecto haya pensado igual, un día me senté apoyado en la pared, saqué un libro de Benedetti y me puse a leerlo, mientras los amantes se besaban y en una especie de pacto silencioso, yo no los molesté y viceversa. La gente bajaba en oleadas intermitentes, algunos me observaban, otros simplemente pasaban a mi lado, en ese tiempo recuerdo

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que la iba a dejar a esta estación cada vez que podía, eso fue mucho antes de haberte dicho lo que sentía por ti, una vez incluso alguien me preguntó dónde estaba la salida, pasaste y no me viste, bajaste por las escaleras mecánicas y te esfumaste de a poco, los amantes también se habían ido y una persona usó el teléfono público de al lado mío, a pesar de que escuchaba música no me gusta escuchar las conversaciones de los demás, así que me hice a un lado definitivamente Sotero del Río fue construida para sentarse a leer un rato. Ella llegaba siempre temprano, se sentaba en el lugar de siempre y se disponía a escuchar su música el tiempo que fuera necesario para que el alba iluminara el pasillo donde se encontraba la sala que nos tocaba, leyendo quizás un librito de Santiago a cien palabras, esperando que algún extraño se sentara a su lado, por unos cuantos meses yo fui ese extraño, por un tiempo fuimos confidentes, ella podía contarme todo y yo igual, extraño esas conversaciones. Veo mi reloj, son las una y doce minutos. Me abisman los recuerdos, hay pocas personas en el paradero, aún no han sacado a la camioneta ni al Peugeot, la ambulancia ya se había ido y aún quedan unos rastros de sangre en la calle. Busco en el celular su número, pero no me atrevo a marcarlo, desde cuando escribo mensajes que no envío, me recuerda una película de animación japonesa que vi una vez en internet, y cuyo nombre no me acuerdo en la cual los personajes nunca se dijeron lo que se sentían el uno por el otro, ambos se distanciaron y años después se cruzan en un paso del tren que solían cruzar en su juventud, pero apenas se dan cuenta, ambos quedan en distintos lados de la vía, el tren pasa y el personaje se da cuenta de que era ella la que había cruzado, se detiene esperando claro que ella también se halla dado cuenta de que era él, el tren pasa y ella no estaba. Siento un peso en pecho y un dolor inexplicable, desde que fui, no he podido dejar de pensar en ella, ella dijo que yo solo era su mejor amigo y que dejáramos las cosas como

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están. Tengo que dejar de mirar hacia atrás, la vida continúa y depende de mí que las cosas marchen, dejare atrás al maldito alcohol, el pucho, a las lecturas en Sotero, al joven que chocaron, a los recuerdos. Saco el celular marco su número, escucho un ruido, no lo vi al auto venir. Trató de hacerle el quite a la camioneta. -Alcohol de mierda-miro al cielo, hay nubes, el viento me tranquiliza. -Aló, ¿Aló?, ¿Seba?...alguien.

Por Cristóbal Castro 61


005ARTE VISU_AL ARTE VISU A L/ ARTE VI_SUAL ARTE/VISUAL 62


APOCALIPSIS 2 POR CARLOS FELIPE OSORIO PARRA

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PLAZA DE ALARMA POR CARLOS FELIPE OSORIO PARRA

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MUJER MIRANDO EL SOL POR CARLOS FELIPE OSORIO PARRA

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CUADRA ÑUÑOINA POR PAOLO OROZCO

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IMPRESIONES/// AGRADECIENDO SU VISITA. ESTE ESPACIO SE LLENARA LOS MEJORES COMENTARIOS DEL BLOG Y DE LA SECCION “DINOS LO QUE PIENSAS”, CADA NUMERO AGREGARA MAS DE SUS IMPRESIONES, HASTA QUE NO HAYA ESPACIO. ASI QUE SEAN CREATIVOS, LOS ESPERAMOS. 68


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A todas las voces En la creación de este segundo número agradecemos a cada uno de ustedes el tiempo y la voluntad de enviarnos sus trabajos, la colaboración del escritor español Bruno Jordán con sus creaciones de poesía y poesía visual, y la de todos quienes también se han integrado recientemente al colectivo con una mayor o menor cercanía, proponiendo ideas y haciéndose cargo de la coordinación de la revista, de la recepción de materiales y la comunicación con sus aportadores, y de las actividades del blog. Agradecemos también a quienes nos han seguido y referenciado a lo largo de estos meses, a nuestros críticos, y a todas las voces 70


//Continuemos avanzando.

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REVISTA VIRTUAL RIONEGRO /////////_///// SEPT-OCT 2010 72


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