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Bit谩cora de un viajero en Jap贸n

Rumbo al pa铆s del Sumi-e Tabi Tabi Jap贸n

2013 FEBRERO

La guía de Asia y Oriente en México

No.91 CONTENIDOS -ESPAÑOL02 EVENTOS 04

Rumbo al país del Sumi-e Bitácora de un viajero en Japón

COLUMNAS 14 20

MEX-PLOR EL ESTILO DEL ESTE

Y CHEQUE MÁS

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@tabitabitoyo

tabitabitoyo.blogspot.com ¡Queremos saber de ti! Envía tus preguntas, ideas y sugerencias a:

tabitabitoyo@gmail.com También mándanos una foto de tu viaje por Japón o Asia y lo que quieras compartir con nuestros lectores. Acerca de Tabi Tabi TOYO Es una guía con información de interés acerca de México y países aledaños, está dirigida a la población japonesa y asiática en que radicada en México, así como al turista japonés y mexicano que quiere viajar por Asia. Tabi significa ´viaje´, Tabitabi sería ´con frecuencia´ y TOYO es ´Oriente´ en japonés. Sus ejemplares mensuales son distribuidos en la Embajada del Japón en México, en Cámara Japonesa de Comercio, en Asociación México Japonesa, A.C., la mayoría de las empresas japonesas, hoteles, tiendas y restaurantes japoneses del D.F., Puebla, Cuernavaca, Cancún, Guadalajara, Querétaro, Jalapa y Monterrey etc.

EN PORTADA: Okutama, aun perteneciendo al distrito administrativo de Tokio, es una zona de montañas con aguas termales y tiene una tradición particular de casas vernáculas. por: Ikuo Kusuhara

El otro día, en enero, un fuerte frío golpeó el este de Japón y la nieve afectó mucho a los transportes públicos. Al mismo tiempo, parece que México también está temblando de frío. Para calentar el ambiente, les traemos reportajes "hot", tanto de Japón como de México. El reportaje principal de este mes es de Mario Ramírez, conductor del programa de radio en línea Kinoko Power, sobre su primer viaje a Japón. Espero que les inspire ganas de viajar . Y los de Joel Nava, nuestro columnista, les muestran las escenas culturales del D.F. Espero que les agrade. Que tengan buenas vibras... y no por el frío, sino por los impactos culturales. -Los editores Directora Editorial / Ritsuka Hasegawa rhasegawa@viajestoyomex.com Editor / Sannosuke Atarashi satarashi@viajestoyomex.com Colaboradores / Everardo Lucas, Hanako Yuzawa, Joel Nava, y Mario Ramírez Corrección de estilo / Ikuo Kusuhara Tabi Tabi TOYO es una publicación mensual, editada por Toyo Marketing, S.A. de C.V. Campeche 217, Col. Hipódromo Condesa, Del. Cuauhtémoc, C. P. 06100, México, D. F. Tel. (55)5564-3180 / 5584-5410 Fax. (55)5564-8227 / 5564-2618 Esta revista no se hace responsable del contenido e información en los espacios publicitarios de los anunciantes. anunciantes. Edición 91 Año 9, Febrero 2013. Prohibida la reproducción total o parcial de esta revista sin autorización por escrito de Tabi Tabi TOYO.

■“Ukiyo-e: Imágenes del mundo flotante” Continúa hasta Abr. 25 Museo de Arte Carrillo Gil Av. Revolución 1608, esquina Altavista, Col. San Ángel, México D.F.

■YUKATA Matsuri Feb. 3, 10, 17, 24, Mar. 3 y10 11:00 a 14:30 hrs. Asociación México Japonesa, salón de clase de kimono Fujiyama 144, Col. Las Águilas, México D.F. Venta de juegos completos de yukata a precio especial. Incluye todos los accesorios necesarios (faja obi, zuecos geta, etc.) para que luzca con ella en esta época de calor que viene pronto. Los precios van de los $1500 hasta $1700. Se reciben pedidos con un día de anticipación a la clase y se entrega la yukata con los accesorios de mejor combinación ya armada. Visite la página web: beauty.geocities.jp/akanefuji2008 Si le gusta alguna yukata, contacte al e-mail: kimonoakanefuji2007@msn.com (en japonés o español) Clases de confección de yukata Podrán participar las primeras diez personas en llegar. El curso consta de cuatro clases dentro de las fechas arriba mencionadas (más una clase de recuperación). El costo del curso es de $1,000, más $1,000 de materiales. ■Carnaval de Bahidorá Feb. 16 12:00 hrs a Feb 17 18:00 hrs. Parque Natural Las Estacas Km. 6 de la carretera Tlaltizapán-Cuautla, Morelos Detalles en: bahidora.com 02

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■Ambulante Gira de Documentales Feb. 8 al 21 México D.F. Feb. 22 al 28 Estado de Puebla Muestra itinerante que recorrerá once estados del 8 de febrero al 9 de mayo. Detalles en: ambulante.com.mx

■Festival del año nuevo chino Feb. 9 al 17 Calle Dolores, entre Indepandencia y Artículo 123, Centro Histórico, México D.F. El 10 de febrero dará inicio el año 4711 del calendario chino, que corresponde, de acuerdo a su astrología, al año de la Serpiente. En estas fechas, en las calles del pequeño barrio chino del Centro Histórico de la ciudad de México, se realizan celebraciones con presentaciones de danza y la colocación de puestos. ■XXXIV Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería Feb. 20 a Mar. 4 Palacio de Minería Tacuba 5, Centro Histórico, México D.F.

Feria organizada por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Rumbo al país del

Sumi-e

texto y fotos: Mario Ramírez (Co-locutor de Kinoko Power) www.kinokopower.com

Diciembre 11 del 2012

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eropuerto de Narita. Han transcurrido casi catorce horas de vuelo desde San Francisco y la aeronave por fin comienza a descender. Todas las semanas, meses de planeación, los múltiples contratiempos, los planes con los amigos, la revisión de las guías de viajero, los cuatro años de estudiar el idioma y los tres años de conducir un programa dedicado a la música y cultura de este país finalmente me han llevado hasta este momento. ¡Por fin estoy en Japón! Y sin embargo, todo me parece tan irreal que siento como si estuviera entrando en un sueño. 04

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¿Habrán sentido todos los japoneses que visitan México lo mismo que experimento yo ahora? ¿Se habrán sentido intimidados por el caos, el ruido y la extraña forma de expresarse de mis paisanos? Si es así, hoy puedo decir con certeza que los comprendo un poco mejor y los respeto aún más. “Son pocos los viajeros que toman la precaución de llevar un diario donde anoten sus experiencias”, me comentó alguna vez Araceli Tinajero, autora de Kokoro, una mexicana en Japón. Con esas palabras aún haciendo eco en mis oídos, traté de llevar una bitácora de mi primera visita a ese país. Y aunque la crónica de mi breve estancia no sea comparable con los de aquellos que llevan años, incluso décadas viviendo en Japón, es aún así mi voz la que queda plasmada en estas páginas y los invita a revivir juntos este viaje, ¡así que pónganse cómodos y acompáñenme!

Diciembre 14, Tokio.

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dificios de todas formas, de todos tamaños, empalmados, apelmazados, casi encima uno de otro. Y en cada esquina, en cada callejón, un detalle, una cortina, un extraño símbolo me saluda. Los gélidos días anuncian la pronta llegada del invierno. En esta época del año, el sol comienza a ponerse alrededor de las cuatro de la tarde y, una vez que la oscuridad la envuelve, Tokio se transforma en la famosa ciudad de neón que puebla nuestra imaginación. Aún no me acostumbro a compartir la acera con tantas bicicletas. No obstante, es admirable el lenguaje secreto en el que peatones y ciclistas se entienden para no estorbarse ni entorpecerse el paso. Una muestra más del orden que impera en esta metrópoli. Sin ese orden, sospecho que esta ciudad

de caóticas formas y dimensiones colapsaría. Es un orden que se aprende a seguir aunque uno no esté acostumbrado. No tirar basura en las calles, respetar los semáforos, guardar silencio en el subterráneo, esperar formados nuestro turno, mantener nuestra izquierda en todo momento, inclusive en las escaleras eléctricas. Reglas sencillas que hacen la vida en esta ciudad más llevadera. Hoy inicio el día haciendo una visita al santuario Meiji (Meiji-jingu). Es una mañana soleada y los árboles que adornan los jardines y caminos resplandecen con los últimos colores del otoño. El santuario, dedicado a la memoria del emperador Meiji, destaca por su austeridad. Su gran patio interior y sus columnas y paredes de madera desnuda armonizan a la perfección con la naturaleza circundante. En los jardines adyacentes al santuario, algunos adultos presumen sus equipos fotográficos de larguísimo alcance en espera de captar hasta el último detalle de las aves que trinan incansables desde las copas de los árboles. Yo, en cambio, prefiero seguir contemplando el espectáculo de tonalidades ocres y doradas y caminar por los mismos senderos que el emperador y su consorte solían recorrer.

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Tokio es, sin duda, una ciudad de extremos contrastes y, así como existen parajes imperturbables como el Santuario Meiji, existe la otra parte, la del Japón actual e hipermoderno. Sólo me basta cruzar una calle y súbitamente estoy en Takeshita-dori, la meca de la moda juvenil de Harajuku. Por ser un día laboral, las “lolitas” y los cosplayers están guardados en sus oficinas; pero ello no es impedimento para que las tiendas de ropa vean sus locales colmados de posibles compradores. Abrumado por la cantidad de tiendas que saturan la vecina calle de Ometesando, vuelvo sobre mis pasos con dirección a Shibuya, donde me he quedado de ver con Masaaki, mi amable anfitrión en esta ciudad. La caminata me permite disfrutar un poco más de la tranquilidad que brinda el Parque Yoyogi. Sin embargo, conforme me aproximo a la estación de tren, esa tranquilidad se va viendo sustituida por el intenso barullo de la metrópoli. Los rascacielos y las tiendas se multiplican sin cesar y, al llegar al cruce múltiple, quedo atónito ante la cantidad de luces, comercios y personas que transitan por este neurálgico punto. Cual turista atolondrado, me zambullo en el río de gente y experimento la sensación de cruzar la intersección múltiple en todos sus sentidos. Indudablemente, la culpa es de Sofía Coppola, por transformar un acto tan trivial en algo exótico. Cerca de la estación, algunos turistas brasileños se toman una foto junto a Hachiko, el perro fiel, cuya estatua luce los colores del Club de futbol Corinthians. Observo mi reloj y determino que aún tengo tiempo antes de reunirme con mi amigo, por lo que decido explorar la tienda de discos más cercana y conocer de cerca los últimos lanzamientos de la segunda industria musical más grande del mundo. La noche llega pronto y con ella la promesa de una reunión de ambiente internacional; sólo me basta decir que soy mexicano y enseguida aparece algún japonés pronunciado el ¡hola, mucho gusto!, para darme a entender que sabe algo de español. Tal como lo imaginé, esta es una ciudad cosmopolita. Lástima que las fiestas terminen alrededor de las once.

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Diciembre 16, Kamakura.

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l automóvil deportivo se desplaza con rapidez sobre la autopista. Al volante se encuentra Yohei; sentada a su izquierda va Hanako, su mujer. Yo voy en el asiento trasero, donde Mie me hace compañía. Los cuatro platicamos (o, mejor dicho, ellos platican mientras yo trato de seguirles el paso) acerca de los sucesos del día. La conversación gira en torno a varias cosas, entre ellas, las elecciones que ese mismo domingo se llevan a cabo para elegir a los nuevos miembros del congreso y, por ende, al nuevo primer ministro. Vientos de cambio soplan en la isla-nación. Ahora nos dirigimos hacia Kamakura, pequeña localidad ubicada al suroeste de la capital y de la cual sólo he leído en mi libro de texto de japonés. La atmósfera del poblado contrasta enormemente con el agitado ritmo de la capital. Al igual que nosotros, el fin de semana ha invitado a incontables personas a visitar el sitio donde se posa sentado el Gran Buda de Kamakura, frente a cuya figura se retratan emocionados docenas de turistas. Para mi sorpresa, descubro que la estatua es hueca en su interior; por dentro, curiosas inscripciones —cuyo significado es ininteligible incluso para el japonés promedio— tapizan sus amplias paredes de bronce. Nos dirigimos luego al templo Tsurugaoka Hachiman-gu, el principal santuario del lugar. Como tantos otros de la religión sintoísta, éste también exhibe un color rojo brillante que destella aun más cuando es bañado por la luz del sol. Frente a su altar, donde las personas vienen a pedir por la salud de sus seres queridos, Hanako me instruye sobre la forma correcta para orarle a las deidades y luego me persuade de conocer mi fortuna por medio de un o-mikuji. Espero que la pequeña tira de papel, en cuyo encabezado se puede leer “suekichi” (fortuna por venir), aún cuelgue del alambre donde lo dejé doblado. De vuelta en Tokio, el trío me invita a degustar una especialidad culinaria propia de la capital, el monjayaki. Como todo platillo que incluye el “yaki” en su nomenclatura, el monja se prepara con todos sus ingredientes fritos a la plancha, resultando en una poco uniforme pero deliciosa revoltura. Cuando la mezcla comienza a quedarse pegada al metal se forma el okoge, “lo quemadito”, cuyo sabor constituye la parte más codiciada del curioso platillo. Y así, raspando el okoge con unas diminutas espátulas de metal, entre risas y sorbos de cerveza y aguardiente shochu, culmina mi primera visita a la capital del este. FEB2013 07

Diciembre 18, Osaka.

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ejé Tokio hace apenas un día. La capital amaneció fría, lluviosa, triste. Abordo del Shinkansen, los pasajeros, acostumbrados de sobra a semejante maravilla tecnológica saborean sus desayunos, leen algún diario o se acomodan en sus asientos para tomar la siesta. Yo, espero ansioso tomar una foto del monte Fuji (Fuji-san), pero el mal tiempo ha envuelto a la famosa montaña en un velo de densa neblina por lo que, resignado, me deslizo también en el sueño. Poco más de dos horas después, me encuentro en la que otrora fuera la capital mercantil de la nación, pero primero debo encontrar la forma de salir de la estación de tren. La estación de Osaka no debe tomarse a la ligera; un inmenso complejo subterráneo colmado de establecimientos comerciales de todo tipo, sus múltiples salidas y conexiones lo convierten en un auténtico laberinto que exige una gran reserva de paciencia para el recién llegado. “En Japón —le comento más tarde a una amiga que reside en Osaka— necesitas el mapa, del mapa, del mapa”. Dejo mi austero pero cómodo hospedaje cerca de la estación Dobutsuenmae y me encamino unas cuantas calles hacia el norte, hacia Shinsekai, “el Nuevo Mundo”, desde donde asoma su punta la torre Tsutenkaku. ¿Cuál es esta fascinación de los japoneses por construir torres en cada ciudad? En realidad no lo sé. Shinsekai resulta ser un barrio cuya modernidad pareciera provenir de alguna década lejana, como si los últimos veinte años le hubieran pasado de largo. O tal vez aún es muy temprano para que los anuncios bañen de luz a sus calles y pongan fin a esta aparente decadencia, acentuada por el cielo gris de la tarde.

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En subterráneo me dirijo hacia el que indiscutiblemente es el principal atractivo de la ciudad: el emblemático castillo de Osaka. Su interior hace la función de museo en honor a su constructor, Hideyoshi Toyotomi, una de las principales figuras del Japón feudal. Aquí también se resguarda el registro del dramático final de su clan a manos de las fuerzas del shogun Ieyasu Tokugawa. Como muchos otros edificios del Japón antiguo, el actual castillo es una reconstrucción de una versión anterior. A pesar de ello, caminar dentro de sus muros de roca y examinar sus fosas, torreones, patios y paredes, hacen a uno retroceder 400 años en el tiempo. El observatorio, en la parte más alta, permite una panorámica entera de la ciudad. En términos meramente cuantitativos, puede que Osaka no ofrezca tantos atractivos como otras ciudades del archipiélago; puede que simplemente me haya faltado tiempo para explorarla con mayor detalle. Sin embargo, si de algo estoy seguro, es que sus habitantes trabajan, respiran y viven su ciudad con orgullo y agrado. Soy testigo de su mundialmente famosa cordialidad y de su paciencia para con la luz roja del semáforo, cualidad que comparten con los mexicanos sin saberlo.

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Diciembre 19, Kioto.

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nte mí se levanta la gran puerta torii que indica la entrada al Fushimi Inari Taisha, templo famoso por sus cientos, probablemente miles de puertas color bermellón. El sol casi se ha puesto en el horizonte y, aunque hubiera preferido contemplar este lugar a plena luz del día, pienso: “ya estoy aquí, ¡qué más da!”, y comienzo mi ascenso al Monte Inari. Las puertas, alineadas a lo largo del camino a escasos centímetros una de otra, hacen que el sendero se asemeje más a un túnel de diseño fantástico. Aunque ocasionalmente me topo con otros turistas en la dirección opuesta, es el graznido de los cuervos y el aullido de los monos lo único que interrumpe el silencio que predomina en la montaña. A menudo el camino es interrumpido por pequeños santuarios resguardados por zorros de roca. Alguien, no sé quien, ha adornado las figurillas con prendas de 10

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color rojo. No puedo evitar sentir algo único, casi mágico en toda esta experiencia. Me toma cerca de dos horas subir y bajar desde la cima, con sólo puertas y zorros de piedra vigilando mi paso solitario. Desde lo alto, la ciudad que sirviera durante mil años como morada de la familia imperial se manifiesta en toda su luminosa magnificencia. Si bien la vertiginosa atmósfera de otras ciudades niponas también se hace presente a lo largo de la avenida Shijo-dori, allí abajo se concentran, literalmente, miles de santuarios; algunos de ellos considerados auténticos tesoros de la humanidad, como el Kinkaku-ji, el Pabellón de Oro cuyo incendio fuera novelado por el célebre Yukio Mishima. Brillando resplandeciente sobre un cuerpo de agua, el Kinkaku-ji exige ser admirado detenidamente desde todos los ángulos posibles. Un ejemplo apenas de la augusta herencia de esta nación.

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Diciembre 22, Nara.

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unos cuantos pasos de la estación Kintetsu-Nara, en la esquina de uno de tantos corredores comerciales, se ubica el Fukusushi (“el sushi de la fortuna”). A mi lado se sienta Takaaki, un joven más o menos de mi edad con quien entablé amistad vía internet. Del otro lado de la barra del diminuto local, el dueño y chef del establecimiento, a quien Takaaki familiarmente llama “Taisho” (Gran Jefe) prepara meticulosamente, pieza por pieza, cada uno de los bocados que componen el menú de diez especialidades que hemos pedido. Los pequeños vasos de cerámica, o “choko”, rebosan de sake caliente y, mientras la bebida de arroz fermentado mitiga el frío y calienta nuestras cabezas, ambos bromeamos y comemos plácidamente los exquisitos platillos que el Taisho ha preparado para nosotros. Risueñamente, Takaaki comenta en japonés: “Esto es la felicidad, ¿no es así?”. No puedo hacer otra cosa mas que asentir.

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Hace apenas unas horas llegaba a esta ciudad al este de Kioto y pensaba: “¿Quién dejó salir a los ciervos?”. Luego recordé que aquí el ciervo es considerado un emisario divino y, por lo tanto, un animal sagrado. La presencia de estos animales, a todas luces acostumbrados a la presencia humana, anuncia la cercanía al templo más famoso del lugar, el Todai-ji, ubicado en el corazón del Parque de Nara. El edificio actual es una reconstrucción de uno aún mayor, lo cual resulta difícil de creer dadas las inmensas dimensiones del complejo actual, el cual resguarda en su interior al Gran Buda de Nara. Sentado en flor de loto, el Buda cósmico parece marcarles el alto a los estupefactos visitantes que no pueden hacer otra cosa mas que admirar boquiabiertos a la imponente figura de bronce y al gran salón que le hospeda. En la parte posterior, la gente se arremolina alrededor de una columna en cuya base se abre un orificio del mismo ancho que una de las fosas nasales de Gran Buda. Se dice que quien logre pasar a través de la angosta abertura tiene asegurada la iluminación en la siguiente vida. Por una vez, agradezco estar delgado.

Diciembre 23, Tokio.

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scribo esto mientras me dirijo nuevamente al aeropuerto de Narita, a bordo de un tren ordinario de la compañía Keisei. El tiempo ha mejorado notablemente desde que dejé Kioto esta mañana y ahora el sol brilla nuevamente sobre un intenso azul. En el interior del carro nadie pronuncia una palabra, como de costumbre, y el característico traqueteo de las ruedas del tren sólo se ve interrumpido por la voz del operador que anuncia infalible el nombre de la siguiente estación. Al mirar por la ventanilla y contemplar por última vez las fugaces imágenes del campo japonés, hago el recuento de todas las vivencias anteriores y trato inútilmente de elegir la más sobresaliente de todas. ¿Fue acaso la mágica noche en Fushimi Inari, repleta de puertas torii rojas y zorros de piedra? ¿La magnificencia del Pabellón de Oro de Kioto, cuya imagen se refleja nítidamente sobre el pequeño estanque que lo rodea? ¿Qué tal el magnífico Gran Buda de Nara y su hermano menor en Kamakura? La tranquilidad de los jardines que rodean el Palacio Imperial de Kioto, cuya serenidad sólo se equipara a la que ofrece el Meiji-jingu, en Tokio. Y hablando de la gran capital nipona, atestiguar las grandes multitudes congregadas en sus ordenadas calles, mil veces más brillantes de noche que de día y enmarcadas por edificios de caóticas formas. La eficiencia y puntualidad de su transporte público,

cuyo desorbitado precio se refleja claramente en su excelso mantenimiento y valen cada yen gastado. El sabor de su comida, tan persistente en la boca. La aparente indiferencia de sus habitantes, más atentos a lo que sucede en las pantallas de sus dispositivos móviles que al maravilloso espectáculo que se despliega a su alrededor; quizás porque ya están acostumbrados, quizás porque atesoran más el silencio y tranquilidad que llegan a ofrecer sus gigantescas urbes. Mejor pienso en todas las personas que me apoyaron durante este viaje, que me abrieron las puertas de su casa en Tokio, que me hicieron “rey por un día” en Kamakura, que me llevaron a probar el auténtico takoyaki y o-konomiyaki de Osaka o me regalaron una noche de exquisito sushi y sake caliente en un localito perdido en Nara. A todos ellos, gracias; porque ni aún el más bello de los viajes es tal si no se tiene con quien compartirlo. Y a usted, estimado lector, espero que haya disfrutado este relato y que alguna vez tenga la oportunidad de visitar esta maravillosa tierra. Mas tampoco se lamente. Sospecho que, al igual que yo, todos los viajeros que visitan un país extranjero regresan con sus sentidos más aguzados y la capacidad de percibir con nuevos ojos la simpleza, el espectáculo y belleza natural de su propia tierra. Y créame cuando le digo que en México tenemos de sobra.

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texto y fotos: Joel Nava Polina (Periodista y Socio de Garros GalerĂ­a) garrosgaleria@garrosccr.com tel.(55)5584-1918

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inalizaba ya la entrevista con Gonzalo Martín del Campo cuando ambos aguzamos el oído para identificar la dulce melodía proveniente del pasillo. “Es un amigo mío… Enrique, de La Internacional Sonora Balkanera”, explicó con naturalidad quien junto con otros de sus tres socios crearon Café Trivoli, ubicado en el Corredor El Parián, en el 130-13 bis de Álvaro Obregón, en la Colonia Roma Norte del Distrito Federal. Personajes de la música de la estatura de Enrique Pérez, clarinetista, así como el director de orquesta Michel Nyman, asisten con regularidad al lugar en el que se puede disfrutar café orgánico del poblado de Atoyac de Álvarez, Guerrero; pero, además, de un singular concepto visual, auditivo y promocional del arte sonoro internacional. FEB2013 15

Y es que desde este lugar se gestan proyectos musicales a través de Sonidos y Tradiciones XXI A.C., que, por ejemplo, ha organizado y producido conciertos masivos como que el de la Michael Nyman Band que se realizó a finales del 2012 en el Monumento a la Revolución; o bien, colaborado también el año pasado, en el White Night Festival de la ciudad de Pern, en Rusia, donde llevaron a la Banda Regional Mixe. Café, discos del sello Independent Recordig, así como diseño de interiores convergen en este interesante sitio desde el cual puede el melómano adquirir música de Steven Brown —quien por supuesto conoce y ha estado en Trivoli—, Brian Eno, o música de Mr. Ho's Orchestrotica, quien junto con el percusionista Brian O’Neill y Sonidos y Tradiciones XXI tienen la misión de impulsar el rescate de la música de Juan García Esquivel, mexicano conocido internacionalmente por su apellido “Esquivel”, y es en la actualidad considerado en el mundo como “el padre del lounge moderno”. Conseguirán más información detallada desde sonidosytradiciones.com o soliciten más detalles al correo: solange.garcia@sonidosytradiciones.com

03-3344-0111

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ontrario a lo que una silla de playa pudiera representar a quien la ocupe, a un artista mexicano le ha brindado más trabajo que descanso. Y es que, luego de que Celso Zubire presentó una pieza de arte objeto con una silla “playera” que le valió la entrada al Salón de la Plástica Mexicana, la colaboración con ellos catapultó su quehacer como promotor de arte en México, pero también como un prominente miembro de su junta directiva. Su participación puede notarse, junto con la labor de otros artistas, en la programación y producción de actividades de exhibición de los más reconocidos creadores plásticos que actualmente producen obra en México, como por ejemplo, y dio a conocer en entrevista a Tabi Tabi TOYO, la que habrá “entre

el 24 enero y 17 de febrero de 2013, del artista Vladimir Cora en la calle de Colima 196, en la ciudad de México”. Éste es sólo un ejemplo de lo que Zubire tiene que realizar, más aquello que como creador hace con su inconfundible estilo cubista con temas de músicos de jazz, los gatos, cafeteras antiguas y un sinfín de íconos como el circo, sus afamados telones y murales que, en el circuito de St. Tammany Parish, pintó en restaurantes y centros de diversión nocturna en Luisiana, Estados Unidos. Originario de Puebla, Zubire tiene una formación académica de gran prestigio, habiendo estudiado en su momento arte en la afamada Academia de San Carlos y pulido su estilo en Nueva Orleans, Estados Unidos. FEB2013 17

Avezado siempre a las tendencias estéticas contemporáneas en México, su actividad como creador no sólo queda enmarcada en su quehacer como promotor, sino como actor principal en las que destaca de formas muy diversas; como la presentación de obra de una serie de conocidos toneles de tequila de una marca productora jalisciense —promotora del arte mexicano—, o vinculado en colectivos que exhiben todo tipo de conceptos en galerías mexicanas. Pueden conocer la obra del maestro Celso Zubire a través de facebook.com/celso.zubire, o bien, desde Garros Galería, sitio desde el cual, por cierto, este año comenzará a exhibir y poner en venta un original concepto plástico que dará una “nueva e interesante vida estética a las cocinas” a partir de la primera mitad del mes de febrero de 2013.

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oda aquella persona que ocupa la web la ha mirado, la conoce y la ha leído. Sus estadísticas son asombrosas, si tomamos en cuenta que hay miles de millones de personas en el planeta que la ocupan como referencia principal de consulta de información en internet, y es, luego de las redes sociales, la que ocupa el quinto lugar en su utilización. Esto podría ser un halago para el humano, el cual en cierta medida poco a poco ha venido desestimando el conocimiento como una fuente de aprendizaje. Pero al igual que muchas personas que forman parte de Wikipedia, Leigh Thelmadatter apuesta a que su futuro en México tendrá una mayor firmeza, gracias al apoyo de quienes en primera instancia se lo negaron. 18 FEB2013

Y es que Thelmadatter, poseyendo actualmente el puesto de Wikipedia Regional Ambassador for Mexico, conoce de primera mano cómo algunas instituciones educativas rechazaron algunos proyectos educativos específicos emitidos por Wikipedia Education Program. Su tesón como investigadora y sus credenciales, que le aportan una maestría en lengua inglesa por la Universidad de Arizona, le abrieron, sin embargo, las puertas de una de las más prestigiadas instituciones educativas del país: el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Desde entonces, y gracias al ITESM, Thelmadatter creó el “Club de Wikipedia” en el campus Ciudad de México, sitio desde el cual, junto con algunos de sus alumnos del Laboratorio de Lenguas, comenzaron a dar los primeros pasos que dirigen un rumbo más preciso en la divulgación del conocimiento. Se

prevé, por ejemplo, reveló Leigh a Tabi Tabi TOYO, que el museo más importante de ciencias del país, como lo es Universum, haga un importante aporte a alguna de las organizaciones que aloja Wikipedia, como lo es GLAM: Galleries, Libraries, Archives & Museums (galerías, bibliotecas, archivos y museos). Eso no sería posible, como nos comentó Thelmadatter, si un “wikipedista” omite lo principal: el contacto con las personas. “Somos una organización que tiende redes humanas, y sustentan lo que todos vemos en un espacio virtual como lo es Wikipedia”. “Es muy importante, además, que las personas se percaten que nuestra meta se basa en la síntesis de información captada en medios impresos, libros, revistas, periódicos y, por supuesto, cuando es necesario, las mismas enciclopedias; pero además, las instituciones como la UNAM, por ejemplo, u otras instituciones privadas o públicas que han comenzado a colaborar…”, nos dijo en entrevista la Embajadora Regional de Wikipedia en México, e invitó a quienes estén interesados en participar con ella y la fundación Wikipedia a sumarse al esfuerzo que brinda al mundo la información que ella reproduce en inglés y que, poco a poco, los wikipedistas de todo el mundo han traducido en su lengua materna la misma síntesis basada en documentos impresos, temas relacionados al arte, la historia, las tradiciones y un sinfín de temas que nuestro país tiene para dar a conocer al mundo. Y es que esta norteamericana, Originaria de Carteret, Nueva Jersey, Estados Unidos, tiene un propósito muy claro en cuanto a que Wikipedia es una herramienta educativa de síntesis que jamás desbancará uno de los pilares de este proyecto, que este año cumplió doce, y que se basa en no publicar nada en la web sin antes haber cotejado que cada dato provenga de una fuente literaria, visual o audible. Actualmente en México hay 20 wikipedistas reconocidos…, luego entonces, ¿no crees, amigo, amiga lectora, que son pocos quienes aportan su mirada, su pasión por México, y que a través de ellos, el mundo deja de conocer lo que una nación como la nuestra, puede ofrecerle? Haz contacto con Thelmadatter a través de su cuenta de e-mail thelmadatter@hotmail.com y solicita informes para que sean cada vez más las miradas mexicanas las que aporten información destacada sobre nuestro país.

“Somos una organización que tiende redes humanas, y sustentan lo que todos vemos en un espacio virtual como lo es Wikipedia” FEB2013

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Tabi Tabi TOYO Febrero 2013 No.91