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SEMINARIO SOBRE LA OBRA DE SIGMUND FREUD Dr. Adolfo Miguel Zonis

CLASE 4: COMPLEJO DE EDIPO

Tutelandia, por Tute -1-

Introducción “Me atrevo a decir que si el psicoanálisis no pudiera gloriarse de otro logro que haber descubierto el complejo de Edipo reprimido, esto solo sería mérito suficiente para que se lo clasificara entre las nuevas adquisiciones valiosas de la humanidad.” S. Freud (1940) “En efecto, aquellas comunicaciones de esclarecimiento le han despertado las huellas mnémicas de sus impresiones y deseos de la primera infancia y, a partir de ellas, han vuelto a poner en actividad ciertas mociones anímicas. Empieza a anhelar a su propia madre en el sentido recién adquirido y a odiar de nuevo al padre como un competidor que estorba ese deseo; en nuestra terminología: cae bajo el imperio del complejo de Edipo1. No perdona a su madre, y lo considera una infidelidad, que no le haya regalado a él, sino al padre, el comercio sexual.” 2 Es un proceso a través del cual culmina la sexualidad infantil, es decir, se trata de un momento evolutivo que hay que atravesar, que está filogenéticamente determinado, pero que la interacción con el medio (los padres) a partir de fenómenos identificatorios, condicionará la singularidad con la que cada sujeto la despliegue, incluyendo las vicisitudes diferentes en el hombre y en la mujer. Es decir que nos vamos a ocupar de un particular momento de la evolución psicosexual del ser humano. El descubrimiento de que hay un desarrollo de la sexualidad que empieza con el mismo nacimiento y que esto tiene una importancia trascendental en el desarrollo y estructuración del aparato mental ha sido uno de los aportes mas significativos del psicoanálisis al conocimiento humano. ¿Porque se llama así a esta etapa? Toma como modelo, como metáfora para explicar que sucede en este momento de la vida, a una obra de Sófocles3: “Edipo Rey”. Edipo Rey es una leyenda de un antiguo rey que, sin saberlo mató a su padre y se casó con su madre, sacándose

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[Esta parece ser la primera ocasión en que Freud empleó la frase en una obra impresa. Por supuesto, estaba familiarizado con el concepto desde mucho tiempo atrás —cf. La interpretación de los sueños (1900a)— y lo había denominado “complejo nuclear” en Sobre las teorías sexuales infantiles (1908c), y en las Cinco conferencias sobre psicoanálisis (1910a) 2 “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre" (1910) 3 Dramaturgo griego del 490 A.C.

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luego los ojos como castigo. La teoría psicoanalítica extrajo del mito la posibilidad de comprensión de la red de relaciones existentes en el triángulo padre-madre-hijo. El Edipo de Sófocles es ya el hombre obligado a aceptar las leyes que impone la cultura. Freud ubica el proceso edípico entre los 3 a 5 años. Hacia el final de los 5 años, es como si la sexualidad infantil se apagara y es lo que se conoce como periodo de latencia. Al final de éste comienza la pubertad, en la cual este complejo de Edipo es reactivado, revivido en el inconciente. El complejo de Edipo se presenta regularmente como simple positivo, amor al sexo contrario y rivalidad con el mismo sexo, como simple negativo, amor al mismo sexo rivalidad hacia el contrario. Siendo lo más común el completo que incluya una serie que va del positivo al negativo, en virtud de la bisexualidad humana.

Consideraciones previas: Así como los distintos órganos y sistemas del cuerpo siguen su desarrollo evolutivo, hay que entender que el aparato mental también lo hace.

Como vimos en clases anteriores, consideramos dos vertientes: 1. Cómo es el desarrollo, del aparato mental, es decir de la estructura psíquica. 2. Como es el desarrollo pulsional, es decir de la energía con la que el aparato funciona, la libido. ¿Y por qué nos interesa esto? Porque el Complejo de Edipo marca la culminación de la evolución de la libido desde sus formas más primitivas (oralidad) hasta la genitalidad y porque en la estructura del aparato psíquico se da una importante modificación como consecuencia del pasaje por el Complejo de Edipo. En la evolución de la libido, ustedes conocen distintos estadios: oral, anal y llegamos a un estadio que nos interesa, el estadio fálico. Cada estadio está caracterizado por la relevancia que adquiere una zona erógena. Por razones genéticas, distintas zonas van adquiriendo relevancia.

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La mente elabora, con las sensaciones provenientes del cuerpo y las percepciones del mundo externo, ciertas teorías a las que llamamos fantasías. Estas fantasías le permiten al infantil sujeto organizar los estímulos, es decir, se hacen preguntas y se dan respuestas. En el estadio fálico se desarrollan entonces teorías relacionadas con el pene y con el clítoris. Por lo tanto, las fantasías fálicas se dan tanto en los nenes como en las nenas. Mientras no hay estímulos suficientemente importantes de la uretra y sus alrededores, la mente no se interesa por ellos. Cuando empieza a interesarse, construye teorías y, en estas teorías, las actitudes de los padres y sus propias percepciones adquieren un significado que antes no tenían. Caractericemos, entonces, a la Etapa Fálica: 1. Todos tienen un genital, el genital masculino. 2. La zona erógena es el pene o el clítoris y allí se concentra la mayor excitación sexual. 3. Hay desconocimiento de la vagina (aunque la nena tenga sensaciones vaginales estas no tienen efectividad psíquica). 4. En este estadio la forma de satisfacción es autoerótica, por masturbación pero la excitación involucra otros objetos es decir las fantasías corresponden al Complejo de Edipo. y de allí su importancia. (autoerotismo con representación de objeto)

EL COMPLEJO DE EDIPO EN EL VARÓN Esquema del psicoanálisis (T. XXIII Pag.189) “Cuando el varoncito (a partir de los dos o los tres años) ha entrado en la fase fálica de su desarrollo libidinal, ha recibido sensaciones placenteras de su miembro sexual y ha aprendido a procurárselas a voluntad mediante estimulación manual, deviene el amante de la madre. Desea poseerla corporalmente en las formas que ha colegido por sus observaciones y vislumbres de la vida sexual, y procura seducirla mostrándole su miembro viril, de cuya posesión está orgulloso. En suma, su masculinidad de temprano despertar busca sustituir junto a ella al padre, quien hasta entonces ha sido su envidiado arquetipo por la fuerza corporal que en él percibe y la autoridad con que lo encuentra revestido. Ahora el padre es su rival, le estorba el camino y le gustaría quitárselo de en medio. (…) Este es el contenido del complejo de Edipo, que la saga griega ha traducido del mundo de la fantasía del niño a una presunta realidad objetiva.” -4-

“La madre ha comprendido muy bien que la excitación sexual del varoncito se dirige a su propia persona. En algún momento medita entre sí que no es correcto consentirla. Cree hacer lo justo si le prohíbe el quehacer manual con su miembro. La prohibición logra poco, a lo sumo produce una modificación en la manera de la autosatisfacción. Por fin, la madre echa mano del recurso más tajante: amenaza quitarle la cosa con la cual él la desafía. Por lo común, cede al padre la ejecución de la amenaza, para hacerla más terrorífica y creíble: se lo dirá al padre y él le cortará el miembro. Asombrosamente, esta amenaza sólo produce efectos si antes o después se cumple otra condición. En si, al muchacho le parece demasiado inconcebible que pueda suceder algo semejante. Pero si a raíz de esa amenaza puede recordar la visión de unos genitales femeninos o poco después le ocurre verlos, unos genitales a los que les falta esa pieza apreciada por encima de todo, entonces cree en la seriedad de lo que ha oído y vivencia, al caer bajo el influjo del complejo de castración, el trauma más intenso de su joven vida.” “La castración tampoco falta en la saga de Edipo, pues la ceguera que Edipo se inflige como castigo tras descubrir su crimen es según el testimonio de los sueños, un sustituto simbólico de aquella…” “Los efectos de la amenaza de castración son múltiples e incalculables; atañen a todos los vínculos del muchacho con padre y madre, y luego con hombre y mujer en general. Las más de las veces, la masculinidad del niño no resiste esta primera conmoción. Para salvar su miembro sexual, renuncia de manera más o menos completa a la posesión de la madre, y a menudo su vida sexual permanece aquejada para siempre por esa prohibición. Si está presente en él un fuerte componente femenino, según lo hemos expresado, este cobra mayor intensidad por obra del amedrentamiento de la masculinidad. El muchacho cae en una actitud pasiva hacia el padre, como la que atribuye a la madre. Es cierto que a consecuencia de la amenaza resignó la masturbación, pero no la actividad fantaseadora que la acompaña. Al contrario, esta, siendo la única forma de satisfacción sexual que le ha quedado, es cultivada más que antes y en tales fantasías él sin duda se identificará todavía con el padre, pero también al mismo tiempo, y quizá de manera predominante, con la madre.”

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Al comienzo, el niño desarrolla una carga libidinal por su madre (que va a ser el prototipo de una relación de objeto no narcisista). En tanto que con el padre se relaciona identificándose con él. ¿Qué significa esto? En todo aparato psíquico hay una representación mental de los distintos objetos que satisfacen sus necesidades, huellas mnémicas (hm) de objetos de la acción específica. Pero, a su vez, estos hm tienen una carga (una energía que Freud llama libido cuando se refiere a las pulsiones sexuales o interés si se refiere a las de autoconservación). Entonces, sobre los hm representación del pecho materno se deposita una gran cantidad de energía libidinal. En tanto que para la relación con el padre describe otro fenómeno que es la identificación primaria. Es decir que la representación del padre abarca toda la representación, muy precaria todavía, que el sujeto tiene de sí mismo. Estamos hablando de los primeros meses de vida. Siguiendo el modelo oral canibalístico, es como si el bebe incorporara la representación del padre y él mismo se transformara en el padre. No queda claro por qué estos diferentes modos de relación, lo que sí queda claro (para la teoría freudiana al menos) es que se hereda la disposición a ordenar las percepciones, se hereda la disposición a construir un Complejo de Edipo; cómo lo va a hacer cada uno dependerá de sus propias circunstancias personales (series complementarias). Por lo tanto, hay un componente filogenético y otro ontogenético en esta Identificación.

Percepción del objeto -

Relación de objeto -

Perdida de objeto

OBJETO Parte del objeto Parte del yo

Gran parte del objeto Pequeña parte del yo

Parte del objeto gran parte del yo-ello

_____________________________________________________________ Nacim.. Identif. primaria Identif . secundaria imtroyeccion YO

Sin objeto/ se pierde

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Identificaciones (Explicación del gráfico del Dr. Brudni) Entre lo que describe en el capítulo III de “El yo y el ello” y el capítulo VII de “Psicología de las masas” está todo lo que Freud sabe sobre el tema. Nos interesa un sector de estos temas que van a tener que ver con el superyo. Primero, no hay yo o hay un yo demasiado rudimentario. Las pulsiones desde el ello invisten objetos. Pero, a su vez, estos objetos son percibidos, es decir hay percepciones que parten de estos objetos. Mientras no hay yo no hay relación de objeto. En ese tiempo, hay percepciones del objeto con investiduras del ello que dejan huellas mnémicas, esto constituye lo único con que cuenta para su formación el aparato. Cuando exista un yo capaz de hacerse cargo de una manipulación de la libido, estos objetos serán parte de una relación, mientras tanto hay investiduras del ello que dejan hm. Freud llama identificación primaria a este conjunto de hm que va constituyendo casi la totalidad del aparato en formación. Cuando ya existe un yo que decide a quién y con cuánta libido investir a los objetos, hablamos de elección de objeto. Por supuesto que de estas elecciones de objeto parten percepciones de las quedan hm, que constituyen identificaciones, pero que son secundarias (porque son posteriores a la elección de objetos) y se dan mientras está la relación de objeto. Estas identificaciones imprimen sus características al yo, pero no con la intensidad que imprimen las primarias Las identificaciones primarias implican a todo el aparato o si se quiere a todo el yo rudimentario y a todo el objeto. Las identificaciones secundarias imprimen parcialmente al yo y a una parte del objeto. Cuando el objeto debe ser resignado en la evolución normal del bebé, toman una gran parte del objeto y lo incluyen en el aparato, reactivan las identificaciones primarias, que se separan del yo y forman una parte independiente del yo que se va a llamar super yo que mantiene una relación de objeto dentro del aparato, con el yo. Sigamos con el Complejo de Edipo en el varón. Estas relaciones con el padre y la madre durante un tiempo subsisten juntos, hasta que la intensificación de los deseos sexuales que el niño experimenta por su madre y la percepción de que su padre es un obstáculo hace surgir lo que denominamos Complejo de Edipo simple positivo. Es decir que la relación con el padre se torna hostil y trata de suprimirlo para ocupar su lugar junto a su madre. La relación con el padre -7-

se torna ambivalente y con la madre afectiva. Pero como en la base de todo el desarrollo psicosexual hay una bisexualidad originaria, el varoncito, muestra una actitud femenina hacia su padre y celos y hostilidad hacia su madre. A esto llamamos Complejo de Edipo simple negativo. El reconocimiento de la diferencia sexual anatómica, (es decir cuando se hace conciente la diferencia de los sexos), determina la aparición de una amenaza, la amenaza de castración. Esto significa que estando en la etapa fálica, la observación de que alguna persona tiene pene y otros no, es entendido como que el que tiene pene puede perderlo. Hay experiencias anteriores de perdidas, el pecho, las heces, etc. pero ninguno alcanzo un significado tan importante como la posibilidad de perder el pene. Por lo tanto cualquier amenaza anterior adquiere ahora un significado especial y además le da crédito. De manera que la satisfacción del Complejo de Edipo tanto en su forma positiva o negativa implica para el niño una herida en el narcisismo porque si ama al padre supone ser mujer y no tener pene. Si ama a la madre el padre se lo va a cortar. Por lo tanto, se renuncia al Complejo de Edipo, frente a la amenaza de castración culmina el Complejo de Edipo en el niño.

EL COMPLEJO DE EDIPO EN LA NIÑA En el desarrollo psicosexual, la niña pequeña está no solo obligada a cambiar su primer objeto sexual, una mujer (la madre) por un varón (el padre) sino que también debe cambiar la zona erógena dominante del clítoris a la vagina. Esta es una diferencia importante del varón. Otra diferencia significativa es que, así como en el varoncito el reconocimiento de la diferencia sexual anatómica pone fin al Complejo de Edipo en virtud de la amenaza de castración, en la mujer es lo que lo posibilita. Aquí no hay angustia de castración, lo central es la envidia fálica. La aceptación de la castración posibilita el Complejo de Edipo en la mujer. Parecería entonces que el Complejo de Edipo se da en el varón durante la fase fálica y culmina junto con dicha etapa. En tanto, en la mujer se iniciará una vez finalizada dicha etapa. Por eso la fase fálica en la mujer se la considera preedípica aunque en realidad no es estrictamente así, ya que como vimos se trataría del Complejo de Edipo negativo que precedería al Complejo de Edipo positivo porque, dada la bisexualidad originaria, el Complejo de Edipo es siempre positivo y negativo. Lo que destaca Freud es que, para la niña pequeña, el padre durante el Complejo de Edipo -8-

negativo no es más que un rival molesto, aunque su hostilidad hacia él no alcanza nunca la intensidad característica del varón. Hay que destacar que el hecho de una etapa f��lica con especial excitabilidad clitorídea no implica que no hay sensaciones vaginales. De lo que se trata es de la sucesiva predominancia de las zonas erógenas. Para la mente, las sensaciones vaginales no tienen significación hasta el reconocimiento de las diferencias sexuales anatómicas. Esta excitabilidad clitorídea sucumbe por condicionamiento genético como toda zona erógena. Pero a esto se agrega la visión de los genitales masculinos. Esta “envidia del pene” puede subsistir como celos o desprecios por la mujer. La disminución de la fuerza de la zona erógena clitorídea da lugar a que la libido se desliza a una nueva posición y con el objeto de tener un niño (que reemplaza el deseo del pene) toma ahora al padre como objeto de amor, mientras la madre se convierte en objeto de los celos. (Ver “Trasposiciones de las pulsiones especialmente del erotismo anal” Pág. 10) De manera que, a partir del reconocimiento sexual anatómico, la niña pequeña puede seguir tres caminos: 1. Rechazo general de la sexualidad. 2. Aferrarse a la masculinidad amenazada en la esperanza de conseguir un pene y la fantasía de ser un varón (complejo de masculinidad). 3. Llevar una actividad femenina normal en la que toma al padre como objeto. En 1933, en la 33ª conferencia “La feminidad” (T XXII), Freud desarrolla su mayor investigación sobre la sexualidad femenina. Transcribo solo unos párrafos pero sugiero leer el articulo (con la mayor benevolencia posible): “Laboriosas indagaciones nos han proporcionado una información de tipo muy diverso, para la cual al menos es fácil procurarse el material. Es esta: ustedes saben que es muy grande el número de mujeres que hasta épocas tardías permanecen en la dependencia tierna respecto del objeto-padre, y aun del padre real. En tales mujeres de intensa y duradera ligazón-padre hemos hecho sorprendentes comprobaciones. Sabíamos, desde luego, que había existido un estadio previo de ligazón-madre, pero no sabíamos que pudiera poseer un contenido tan rico, durar tanto tiempo, dejar como secuela tantas -9-

ocasiones para fijaciones y predisposiciones. Durante ese período el padre es sólo un fastidioso rival, en muchos casos la ligazón-madre dura hasta pasado el cuarto año. Casi todo lo que más tarde hallamos en el vínculo con el padre preexistió en ella, y fue trasferido de ahí al padre. En suma. llegamos al convencimiento de que no se puede comprender a la mujer si no se pondera esta fase de la ligazón-madre preedípica..Ahora querremos saber cuáles son los vínculos libidinosos de la niña con la madre. He aquí la respuesta: son muy diversos. Puesto que atraviesan por las tres fases de la sexualidad infantil, cobran los caracteres de cada una de ellas, se expresan mediante deseos orales, sádico-anales y fálicos. Esos deseos subrogan tanto mociones activas como pasivas; si se los refiere –cosa que debe evitarse en lo posible– a la diferenciación entre los sexos, cuya emergencia es posterior, se los puede llamar masculinos y femeninos. Además, son por completo ambivalentes, tanto de naturaleza tierna como hostil-agresiva. Estos últimos suelen salir a la luz únicamente después que han sido mudados en representaciones de angustia. No siempre es fácil pesquisar la formulación de estos tempranos deseos sexuales; el que se expresa con mayor nitidez es el de hacerle un hijo a la madre, así como su correspondiente, el de parirle un hijo, ambos pertenecientes al período fálico, bastante extraños, pero comprobados fuera de duda por la observación analítica. El atractivo de estas indagaciones reside en los sorprendentes descubrimientos que nos proporcionan. Por ejemplo, ya en este período preedípico se descubre, referida a la madre, la angustia de ser asesinado o envenenado, que más tarde puede constituir el núcleo de una paranoia. Dirijamos ahora nuestro interés a este problema preciso: ¿A raíz de qué, pues, se va a pique {se va al fundamento} esta potente ligazón-madre de la niña? Sabemos que ese es su destino habitual: está destinada a dejar sitio a la ligazón-padre. Tropezamos entonces con un hecho que nos indica el camino a seguir. En este paso del desarrollo no se trata de un simple cambio de vía del objeto. El extrañamiento respecto de la madre se produce bajo el signo de la hostilidad, la ligazón-madre acaba en odio. Ese odio puede ser muy notable y perdurar toda la vida, puede ser cuidadosamente sobrecompensado más tarde; por lo común una parte de él se supera y otra permanece. Sobre esto ejercen fuerte influencia, desde luego, los episodios de años posteriores. Pero limitémonos a estudiarlo en la época de la vuelta hacia el padre y a indagar sus motivaciones. Escuchamos - 10 -

entonces una larga lista de acusaciones y cargos contra la madre, destinados a justificar los sentimientos hostiles del niño; son de muy diverso valor, cuya ponderación no omitiremos. Muchos son racionalizaciones manifiestas; queda a nuestro cargo hallar las fuentes reales de la hostilidad. Al fin, el amor tendrá que sucumbir a la hostilidad acumulada. O bien uno puede desautorizar esa ambivalencia originaria de las investiduras de amor y apuntar que es la particular naturaleza de la relación madre-hijo la que con igual inevitabilidad lleva a la perturbación del amor infantil, pues aun la educación más blanda no puede hacer otra cosa que ejercer compulsión e introducir limitaciones, y cada una de estas intromisiones en su libertad tiene que producir en el niño, como reacción, la inclinación a rebelarse y agredir. Creo que el examen de estas posibilidades podría volverse muy interesante, pero interviene de pronto una objeción que empuja nuestro interés hacia otro rumbo. Todos estos factores —las postergaciones, los desengaños de amor, los celos, la seducción con la prohibición subsiguiente— adquieren sin duda eficacia también en la relación del varoncito con su madre, pero no son capaces de enajenarlo del objeto-madre. Si no hallamos algo que sea específico para la niña y no se presente en el varoncito, o no lo haga de igual modo, no habremos explicado el desenlace de la ligazón-madre en aquella.

Creo que hemos hallado ese factor específico, y por cierto donde esperábamos hallarlo, si bien en forma sorprendente. Donde esperábamos hallarlo, digo, pues reside en el complejo de castración. Y en efecto, la diferencia anatómica [entre los sexos] no puede menos que imprimirse en consecuencias psíquicas. Pero fue una sorpresa enterarse, por los análisis, que la muchacha hace responsable a la madre de su falta de pene y no le perdona ese perjuicio.”

En síntesis, la situación edípica, es una idea que aparece mencionado tempranamente en la obra de Freud, pero que queda definitivamente conceptualizada en 1925, en Consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica. Esquemáticamente se presentaría de este modo:

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En el varón: Angustia de castración Sepultamiento del C. de Edipo Aparición del superyo Prehistoria del C. de E

Oral 1 Oral 2 Anal 1 Anal 2 Fálica Complejo de Edipo

Latencia

Pubertad

En la niña: Prehistoria del C. de E.

Aparición paulatina del superyo

Envidia del pene

Oral 1 Oral 2

Anal 1 Anal 2 Fálica

Complejo de Edipo Latencia

Pubertad

ANEXO: SOBRE LAS TRASPOSICIONES DE LAS PULSIONES (en particular de el erotismo anal) (1917 T XVII pág. 115) Posiblemente escrito en 1915. Lo esencial del artículo ya estaba agregado a “Tres Ensayos” (1905). Varias de las conclusiones provienen del “Hombre de los Lobos” (1914). Antecedentes teóricos importantes: “Carácter y erotismo anal”, “La predisposición a la neurosis obsesiva”, “Debate sobre el onanismo”, “Introducción del Narcisismo”, “Juanito”, “La interpretación de los sueños”, “Sobre las teorías sexuales infantiles”.

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Algunas consideraciones sobre el simbolismo X Conf. 1915 (TXV) “La esencia de la referencia simbólica es una comparación, pero no una cualquiera. ¿De dónde surgen? De cuentos tradicionales, de lo chistes, del folklore (es decir, el saber de las costumbres, usos, refranes y canciones de los pueblos, del lenguaje poético y del coloquial. Se presenta por doquier y en muchos lugares lo comprendemos sin mas instrucción. Hay un conocimiento inconciente de conexiones conceptuales, comparaciones entre objeto diversos que llevan a que puedan reemplazarse de manera constante uno por otro.” En este trabajo retoma esa investigación que había quedado en la enunciación descriptiva e intenta dar una explicación teórica. El conocimiento de las organizaciones pregenitales de la libido, teorizado a partir de la experiencia clínica, ubicó una etapa en la que el sadismo y el erotismo anal tienen un papel rector. Las preguntas, entonces, son: ¿cuál fue el destino de esas pulsiones anal eróticas cuando se establece la organización genital definitiva?, ¿sobreviven como tales pero reprimidas?, ¿son sublimadas?, ¿se consumen en cualidades de carácter o se incluyen en la nueva conformación de la sexualidad regida por el primado de los genitales? Aclara que el material para estas elucidaciones proviene de las regresiones estudiadas en procesos analíticos (metodología). Encuentra que en las producciones del inconciente (sueños, fantasías, síntomas, ocurrencias) los conceptos caca (dinero-regalo)-hijo-pene son fácilmente permutados entre sí. Es decir, esos conceptos son tratados en el inconciente como si fueran equivalentes entre sí y se pudiera sustituir sin reparos unos por otros. En el trabajo sobre la “Carácter y erotismo anal” se extiende más en considerar la relación entre caca y dinero. Plantea que el aseo, el orden, la formalidad parecen ser por formación reactiva contra el interés por lo sucio, en tanto es menos nítida la relación de la pertinacia con el interés por la defecación. Sin embargo, es observable la actitud porfiada del lactante ante la defecación, la palmada en las nalgas (vinculadas al erotismo anal) para quebrar esa terquedad y volverlo obediente. También es notoria la popular modalidad de desafío que consiste en “tocar el culo” o en mostrar el “trasero”. En cuanto al interés por dinero y la defecación, también hallamos raíces conocidas en el lengiaje cotidiano. Se llama “roñosos” a las personas avaras. Sin embargo, como en todo símbolo, el origen de esta relación es más profunda y arcaica, proviene de antiguas culturas,

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mitos, supersticiones. En la neurosis como en los sueños es como si las palabras adquirieran una expresión figural o se restableciera sus antiguo significado. Es como si lo mas valioso que el hombre ha conocido y lo menos valioso que arroja de sí llevó a una identificación entre oro y caca. Además, el interés erótico por la defecación se va extinguiendo con el desarrollo evolutivo y es sustituido por nuevos intereses como el dinero, antes inexistentes. En el trabajo que hoy nos ocupa hace otras consideraciones. Plantea que la caca es el primer “regalo”, una parte de su cuerpo de la que el lactante solo se separa a instancias de la persona amada, y con lo que le testimonia su ternura. Allí se le plantea al niño una primera decisión entre la actitud narcisista y el amor al objeto, o entrega la caca por amor o la retiene para satisfacción autoerótica o, más tarde, para afirmar su voluntad. Con esto queda establecido el desafío (terquedad) que nace de una porfía narcisita en el erotismo anal. Entonces, el siguiente significado de la caca no sería “oro”-“dinero”, sino “regalo”. El dinero que el niño posee es siempre un regalo, de esa manera transfiere luego el interés del regalo al dinero (un paciente traía el dinero en un sobre con la racionalización de que así preparaba sus pagos). Otro decía que él no manejaba dinero, que sólo me podía dar cheques o hacer una transferencia bancaria. En relación al vínculo entre “hijo” y “pene”, encuentra que a ambos se los llama “el pequeño” (válido tanto para el hombre como para la mujer). Dentro del Complejo de Castración, lo que en el varoncito es “angustia de castración” en la nena se llama “envidia del pene”. En el análisis de algunas mujeres, Freud observó regresiones a este estadio (producidas por ciertos fracasos como mujer, posiblemente debidos a una fuerte disposición masculina). Sin embargo, en otras no aparece la envidia del pene sino que los síntomas neuróticos están ocupados por el deseo del hijo. Es decir, sienten el deseo del hijo como sustituto del pene denegado. Esta sustitución se realizó ya en la infancia (en esto contribuyen las series complementarias). ¿Qué pasa con ese deseo de pene cuando no están dadas en la vida posterior las condiciones para las neurosis? Se muda en deseo del varón como portador del pene. En Introducción del Narcisismo (Pág.86), plantea que en algunas mujeres narcisistas, frías ante el hombre, hay un camino que las lleva al pleno amor de objeto y es a través del hijo. Aquí también aparece el hijo como subrogado del pene. En algunos sueños de mujeres que iniciaban - 14 -

sus relaciones sexuales aparecía el deseo de guardar consigo el pene que habían sentido, como fugaces regresiones desde el deseo del varón al del pene. Es totalmente entendible desde lo racional que desde el deseo del varón se pase al deseo del hijo, pero puede ocurrir que el deseo del varón sea independiente del deseo del hijo y sea reforzado por el viejo deseo del pene. Hay otro camino que, desde la pregenitalidad, es aplicado a la fase genital. El hijo es considerado como caca (lumpf en Juanito), como algo que se desprende del cuerpo por el intestino (Teorías sexuales infantiles, ver Tres ensayos). De esta manera, un monto de erotismo anal es extendido al niño nacido a través de él (es muy habitual que en el primer trimestre del embarazo haya constipación por temor a perder el hijo cuando va a defecar). Un testimonio de esta relación entre “hijo” y “caca” es la expresión “recibir como regalo” a un hijo. Ya vimos la relación entre caca y regalo.

Por lo tanto, una parte del erotismo anal se continúa con el interés por el dinero, en tanto que otra se transporta al deseo del hijo. La complejidad del tema es que en el “hijo” coinciden una moción anal erótica y una moción genital (envidia del pene). A su vez, el “pene” tiene una significatividad anal-erótica independiente del interés infantil. El “palo de caca” es el primer pene y la mucosa excitada es la del recto. Cuando el interés por la caca retrocede en la evolución normal, este interés se transfiere al pene. Si luego, en la investigación sexual infantil, se averigua que el hijo ha nacido por el intestino, el “hijo” pasará a ser el heredero del erotismo anal, pero el predecesor había sido el pene. Ver Gráfico pag.17 de la clase. Corresponde al artículo “Sobre las trasposiciones de la pulsion, en particular del erotismo anal” (1917 Pág. 122). En la mujer 1. Del erotismo anal surge el desafío como una reacción narcisista ante el reclamo de otros. 2. El interés por la caca, en la evolución hacia la relación de objeto, traspasa al regalo y luego al dinero. 3. Con la aparición del pene, la envidia del pene se desplaza al deseo del varón como portador del pene, antes todavía, el deseo del pene se había resignado frente al deseo del hijo que lo - 15 -

sustituye. Hay una analogía orgánica entre pene e hijo que se expresa mediante un símbolo común a ambos “el pequeño”. 4. Del deseo del hijo, la razón conduce al deseo del varón. En el varón: 1. Cuando el varón entra en el complejo de castración, el pene es discernido como algo separable del cuerpo y entra en analogía con la caca, que fue el primer trozo corporal al que se debió renunciar. Así entra el desafío narcisista en la constitución de este complejo. No le da tanta importancia a la analogía orgánica (entre el contenido intestinal “palo” de caca como precursor pregenital del pene) como al resultado de la investigación sexual infantil para la instauración de ese sustituto psíquico. 2. Cuando aparece el “hijo”, esa investigación infantil lo discierne como “lumpf” y lo inviste, con un potente interés anal-sádico. 3. El deseo del hijo recibe otro reforzamiento anal desde la experiencia social que el hijo se puede concebir como “regalo”. 4. Aquí también el símbolo “pequeño” establece una analogía orgánica entre pene e hijo (“me llora el nene”). Finalmente, los tres (columna de caca, pene e hijo) son cuerpos sólidos que, al penetrar o salir, excitan un trozo de mucosa (recto o vagina). Llama la atención, entonces, cómo esta armonía orgánica genera en el psiquismo, tras algunos rodeos, una identidad inconciente.

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VARON

Símbolo “pequeño”

HIJO

PENE

Narcisismo Complejo de Castración

“Lumpf”

EROTISMO ANAL Desafío

CACA

REGALO

DINERO

Fase de objeto

¿Qué es, desde el punto de vista estructural, el Complejo de Edipo en ambos sexos? Es una asociación de hm con investidura, es decir, cargada libidinalmente. Es decir, hm de objetos investidos que integran los caminos hacia la acción especifica. Pero estos hm están entrecruzados. Determinadas representaciones de objeto se oponen a otras representaciones de objeto. Por ejemplo, encaminarse hacia determinadas acciones especificas con mamá está interceptado con representaciones de papá. Estas constelaciones de hm caen bajo un proceso - 17 -

de represión primaria (el sepultamiento del C. de E.). Como consecuencia, estos caminos a la satisfacción de deseos edípicos dejan de existir, se renuncia a esas representaciones de objeto como objetos de satisfacción sexual y dejan entonces de integrar el camino a la satisfacción pulsional. Se ubican ahora como una parte diferente del yo, el superyo. ¿Qué ocurre con esas pulsiones que estaban invistiendo esos objetos? 1. Parte son inhibidas y sublimadas, es decir, es energía que se aplicó a habilidades y fines no sexuales. 2. Parte van al yo y refuerzan rasgos de carácter masculinos o femeninos. 3. Parte son aceptadas por el aparato como placer preliminar de la genitalidad. 4. Parte se conservan reprimidas. Dan lugar a las fijaciones, represiones secundarias y van a dar síntomas, sueños etc. Es decir, la disposición a la neurosis. 5. Parte del vinculo con el objeto queda como ternura, es decir, despojado de meta sexual. En relación a los objetos con los cuales el sujeto estaba en relación a través del Complejo de Edipo y sin saber cómo se encarnan, se disuelve la relación de objeto y se produce una identificación: la que mencionamos como tercer momento, es decir, con pérdida del objeto.

Represion Primaria (Verdrangung) “Desplazamiento y Sustitución” 4 ¿Que significa sustitución y desplazamiento? Es algo que desplaza a otra cosa y ocupa su lugar. Un barco que pesa dos mil toneladas, desplaza dos mil toneladas de agua, o sea, ocupa el lugar de dos mil toneladas de agua. En psicoanálisis, ¿qué sustituye y desplaza a qué otra cosa en la represión primaria? Son conjuntos de representaciones que sustituyen y desplazan a otros conjuntos de representaciones.

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Versión del Dr. Ricardo Avenburg publicado en los libros del Primer Congreso Argentino de Psicoanálisis y en su libro “Psicoanálisis: Perspectivas Teóricas y Clínicas”. Editorial Publicar. Bs As, 1998.

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En la culminación del Complejo de Edipo (en el hombre), el conjunto de experiencias que concluyen con el convencimiento de la posibilidad real de castración a partir de la visión del genital femenino, sustituye y desplaza al conjunto de representaciones de deseo que tienen a la madre como objeto sexual.

La representación de la castración sustituye y desplaza la representación de la madre deseada.

Cada vez que aparezca un deseo sexual referido a la madre, surgirá la representación del genital castrado, lo que determina que la excitación sexual se ponga de manifiesto como angustia. De no lograr reprimir esa excitación sexual, surgirán los síntomas como transacción. Volviendo al modelo del barco, el agua desplazada hará presión sobre el barco tendiendo a ocupar su lugar y esto es lo que hace que se mantenga a flote. ¿Qué pasa en un naufragio? La estructura se rompe y no puede mantenerse a flote. ¿Qué es el naufragio del Complejo de Edipo? La estructura se hunde y se va a pique pero, dice Freud, esta es la solución ideal, es decir, no lo que se da en forma habitual. ¿Ideal para quienes? para el súper yo, representante de la cultura. El naufragio del Complejo de Edipo es imprescindible para la culturalización.

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Resumen La teoría psicoanalítica extrajo del mito de Edipo la posibilidad de comprensión de la red de relaciones existentes en el triángulo padre-madre-hijo. El Edipo de Sófocles es ya el hombre obligado a aceptar las leyes que impone la cultura. Es un proceso a través del cual culmina la sexualidad infantil, es decir, se trata de un momento evolutivo que hay que atravesar, que está filogenéticamente determinado, pero que la interacción con el medio (los padres) a partir de fenómenos identificatorios, condicionará la singularidad con la que cada sujeto la despliegue, incluyendo sí, las vicisitudes diferentes en el hombre y en la mujer. Estas diferencias son descriptas a partir de la etapa fálica, los efectos de la ansiedad de castración, la envidia del pene, las distintas formas identificatorias con las figuras edípicas, y las singulares particularidades de la disolución del complejo de Edipo, con el establecimiento del Super yo como modificación estructural del aparato psíquico. Para ello, incluyo una explicación del Profesor Brudni acerca de las distintas formas de identificación, transcribo unos párrafos de la conferencia 33, “La feminidad”, porque en ese trabajo, la última conceptualización sobre este tema, Freud pone mucho énfasis en la ligazónmadre-preedìpica, que me parece de gran importancia clínica. Agrego además una síntesis del artículo “Sobre la transposición de las pulsiones en particular de el erotismo anal”, para ampliar lo de la ecuación simbólica heces-regalo- pene-niño, y una explicación de la represión primaria, a mi juicio, muy esclarecedora del Profesor Avenburg.

Autoevaluación 1. ¿Qué caracteriza a la etapa fálica en ambos sexos? 2. ¿Cuál es la relación entre la etapa fálica, el complejo de Edipo y la formación del Super yo en el varón? 3. Describa las diferencias de esa relación en la mujer. 4. ¿A raíz de qué se disuelve (en la evolución ideal) la potente ligazón madre preedípica? 5. ¿Desea hacer algún comentario acerca de la clase?

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complejo de edipo