Madres trabajadoras Derechos para las empleadas de hogar Edita HOAC - Nº 127 - FEBRERO 2011 - III ª Época - 0,60 € - Suscripción anual: 6 €
Políticos a sueldo contra el bien común
así lo vemos Los políticos ejercen un trabajo que ha de estar justamente remunerado en el momento actual y que garantice sin duda su futuro, evitando situaciones de desprotección en las que se puedan encontrar. Lo que no vemos de ninguna manera justo son los «privilegios» de los que gozan nuestros políticos por dedicarse a la gestión pública y que suponen un agravio comparativo con el resto de la ciudadanía. Es conocido que los parlamentarios gozan de beneficios especiales a la hora de cobrar sus pensiones, acumular distintos sueldos, convertirse en consejeros de entidades privadas, etc... La política debería ser un noble ejercicio al servicio del bien común, a salvo de intereses particulares y de favores personales. Hacen falta representantes públicos con vocación de servicio, y no con ansias de poder y riqueza, que resultan irritantes para la mayoría de los ciudadanos, sobre todo para los más empobrecidos.
la calle
Despertamos en el año 2011
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erminamos las Pascuas, esperemos un buen año, me dice Mª Carmen, y yo le digo: «A mí me gustaría que se celebrase un poco más el día del Bautismo de Jesús». Ella me pregunta «¿por qué?». Pues porque no lo valoramos los que nos decimos cristianos, los que a través de la Iglesia fuimos bautizados. No lo tenemos en cuenta siendo el don más grande que nadie pueda darnos, Y Dios nos dio, con un poquito de agua, un manantial de Agua Viva, para cumplir con la gran dignidad de ser los enviados para crear este mundo con Justicia, Paz y Amor de hermanos. Y Mª Carmen dice: «No nos metamos, que ya ni muchos padres bautizan a sus hijos». «Bueno, bueno, vamos a pensar en positivo». Hay también una buena parte de personas y organizaciones que han despertado. En Cáritas, abrumados y admirados, han conseguido atender a muchas personas, gracias a la ayuda de los que no tienen mucho, precisamente. Hay más formación en solidaridad, un esfuerzo por ser testigos de Dios, trabajando por su Reino. ¡Ánimo, esperanza y que consigamos abrir el grifo que despierte a tantos como necesitamos! A. Berges
Ser madre trabajadora, una heroicidad Trabajar y tener hijos no conjugan bien para las mujeres españolas. En realidad, no es compatible para la sociedad española en general, a pesar de que nada bueno se puede esperar de un país envejecido.
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ontratar a madres o mujeres que quieren serlo, no está entre las prioridades de los empresarios españoles. Sólo el 23% de las empresas quiere emplear a más madres en 2011 (el año pasado el porcentaje estaba en el 38%). De hecho, España es el tercer país del mundo (por detrás de Sudáfrica y Alemania) donde más ha descendido la intención de los empleadores de dar empleo a mujeres con hijos o con la idea de traerlos al mundo, según un estudio elaborado por la firma Regus. La media de hijos por mujer en España, con datos de 2008, era de 1,44 según la investigadora del CSIC Margarita Delgado, una cifra de las más bajas de la Europa comunitaria, según datos de Eurostat. Lo que contrasta con las encuestas que indican que hay un significativo grupo de familias que afirman no haber tenido el número deseado de hijos. En España, el 52,9% de las mujeres en edad de trabajar tiene un empleo remunerado, una tasa de las más bajas de Europa. A más hijos, menos trabajo, según revela el estudio de «Mujeres y hombres en España 2010» del INE. «El problema es que la gestión social del cuidado se ha trasladado a las unidades familiares y apenas hay permisos retribuidos. Con el modelo laboral que tenemos, los trabajadores deben estar disponibles totalmente para el mercado laboral y hay una mano invisible que se ocupa del cuidado de los niños y del trabajo doméstico», explica la politóloga Laura Nuño, que dirige la cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, quien habla de «chantaje emocional» a las mujeres: «El Estado, el mercado y los hombres se resisten al cambio y se sigue sobrentendiendo que el cuidado es una obligación moral de las mujeres, se les hace un chantaje emocional tremendo, sea consciente o inconscientemente».
«Hacen falta políticas sociales como las denominadas en los países anglosajones "family friendly policies", es decir, amistosas para la familia, que la ayuden», opina Joaquín Arango, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, especialista en inmigración y demografía. «Son políticas sociales que se justifican por sí mismas porque el bien de los hijos es un bien de interés público. Pero además pueden ser muy eficaces. Hacen falta más guarderías públicas y una política fuerte que concilie la vida familiar con la profesional, con excedencias adecuadas, permisos de maternidad y paternidad relevantes, flexibilidad horaria en los trabajos...», prosigue Arango, para quien además hacen falta «otras medidas como una mayor seguridad laboral, la disminución de la precariedad y de los contratos de poca duración, la promoción de los contratos a tiempo parcial, como hay en Holanda». Cristina López
Quiénes hacemos el ¡Tú! Coordina: Mª Dolores Medina Colaboran: José Ignacio Gámez, A. Berges, Roger Torres, A. A. Maestre, Chipola, Francisco Porcar, José Luis Palacios, Cristina López, Gregorio Burgos y Antonio Hernández. El ¡Tú! se imprime en papel couché de 100 gr/m2, ecológico, 100% libre de cloro y de otros compuestos sulfurosos. Nuestra dirección: Periódico ¡Tú!, Alfonso XI, 4 -4º, 28014 Madrid, y nuestros teléfonos son: 91 701 40 80, y 91 522 74 03 (fax) Edita: Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). Depósito legal: M.40919–1996 La tirada de este número ha sido de 12.000 ejemplares.
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política en zapatillas
Empobreciendo S
i los precios suben un tres por ciento y el Gobierno sube el salario mínimo un uno por ciento, el Gobierno nos está empobreciendo. Y si los salarios pactados en convenios han subido un uno y medio por ciento, estos pactos nos están empobreciendo. Si congela las pensiones, nos está empobreciendo. Si congela el sueldo de los trabajadores de la administración pública, nos está empobreciendo. Si quita la ayuda de dos mil quinientos euros por nacimiento de un hijo, está empobreciendo a muchas de nuestras familias que no sabremos qué hacer para atender a las necesidades del recién nacido, y otras se lo pensarán antes de tenerlo. Si quita el subsidio de cuatrocientos veintiséis euros a los parados, nos está condenado al hambre y a la desesperación. Si el Gobierno sube la luz y los Gobiernos, central autonómicos
y locales, suben los impuestos, las tasas, el Metro, los autobuses, el IBI, etc. nos están empobreciendo. Si, además, se están poniendo dificultades para tener derecho a una pensión, prolongando la edad de jubilación, aumentando el número de años cotizados
para tener derecho a la misma y aumentando el número de años para calcular su cuantía, el Gobierno no sólo nos está empobreciendo ahora, sino que está poniendo las bases para que lo sigamos siendo en el futuro por siempre jamás. Si, en esta situación, el Gobierno consiente que haya leyes que autorizan a la Banca a quitarnos nuestra vivienda cuando, por ser pobres, no podemos pagarla, nos está machacando después de habernos empobrecido. En una situación de paro y precariedad, todas estas medidas, tan racionales ellas, y todos los responsables de tomarlas, tan racionales ellos, son el exponente más claro de la inmoralidad y la deshumanización que nos acompañan y en la que convivimos sin poner muchos reparos. Empobrecer es inmoral; callar ante ello, también. A.A. Maestre
cultura
Barreras
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uchos jóvenes trabajadores tienen empleos tan precarios, les cuesta tanto encontrar un empleo, o están tanto tiempo pasando de empleos eventuales al paro para volver a otro empleo eventual, que van a tener en el futuro muchas dificultades para acceder a una pensión de jubilación digna, no van a cotizar lo suficiente. Esta situación empeorará con la reforma del sistema de pensiones que se está planteando. Es una barrera que hemos levantado que divide a las personas. Muchos trabajadores están prácticamente condenados a no salir de empleos precarios, mal pagados, con jornadas interminables, sin seguridad, disponibles para lo que sea. Hay sectores de la economía que funcionan prácticamente sólo con estos empleos. Es otra barrera que divide a los trabajadores; unos con menos derechos que otros, con menos oportunidades de vida. Bastantes mujeres trabajadoras sufren también esta barrera. Muchos de esos trabajadores precarios son inmigrantes que sólo encuentran empleo en sectores laborales donde la precariedad es la norma. Otra barrera que divide a las personas según su origen. Hace unas semanas se debatió en el Parlamento Europeo una normativa para consagrar legalmente esta barrera contra los trabajadores inmigrantes: para
ellos salarios más bajos y menos derechos. De momento no se ha aprobado. Pero el sólo hecho de que se haya planteado es un escándalo y una vergüenza. Estas y otras barreras son el resultado de la perversión de una economía que parece que sólo puede funcionar levantando barreras, destrozando la vida de las personas para ganar dinero. A unos pocos les va muy bien así. Pero seguramente lo peor es que muchos hemos asumido esto como lo normal. Lo humano sería indignarnos y rebelarnos, pero nos da tanto miedo que nos paraliza. Es más, en algunos casos, como el de los inmigrantes, esas barreras hasta nos parecen bien. Necesitamos aprender que para construir humanidad sólo hay un camino: romper barreras, no levantarlas ni escondernos detrás de ellas. Francisco Porcar
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la ventana del mes
El debate del empleo doméstico
Propuestas a tres bandas No querían quedarse de brazos cruzados a la espera de que el gobierno y los sindicatos lleguen a un acuerdo para regularizar el servicio doméstico. Lo que ha hecho el Servicio Jesuita de Migraciones (SJM) ha sido juntar a las partes implicadas (trabajadoras, familias e intermediarios) para que conozcan las demandas y propuestas de cada cual y exploren soluciones para dignificar un trabajo crucial en numerosos hogares.
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uando no hay obligación de llegar al consenso, ni de resolver problemas puntuales, la capacidad de diálogo es muy grande», admite Begoña Arias, coordinadora de Formación y Empleo de Pueblos Unidos, una de las seis entidades que tienen los jesuitas en España orientadas a los inmigrantes. Con la colaboración de Intermón Oxfam, a través del proyecto «Abriendo mundos», el SJM puso en marcha la iniciativa «De la casa a la mesa del diálogo social» en un intento por buscar nuevas fórmulas para mejorar las condiciones de trabajo de las empleadas de hogar, la mayoría mujeres inmigrantes. Además del centro ubicado en el barrio madrileño de La Ventilla, participaron los de Barcelona (Migra Studium), Bilbao (Ellacuría), Red Íncola (Valladolid), Sevilla (Voluntariado Claver) y Valencia (CeiMigra). Desde hace años vie-
nen prestando acogida y servicios a los inmigrantes, además de promover la convivencia e integración en sus ámbitos de actuación. En las seis ciudades se celebraron desde marzo de 2010 «mesas compartidas de diálogo» por las que pasaron unas 250 personas. La convocatoria se había difundido entre las personas que conocen los centros pero también por los colegios y asociaciones de la zona donde se ubican. Como trabajadores que ofrecieron su testimonio y propusieron soluciones, participaron mujeres vinculadas con anterioridad a la red de entidades del SJM –que presta un servicio de intermediación–, además de personas pertenecientes a las asociaciones que históricamente se dedican a la promoción de las trabajadoras del hogar y la defensa de sus derechos y reivindicaciones, como la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Bizkaia o la asociación de Valladolid.
«Las mujeres no han sabido, ni querido ajustar las tareas ni repartirlas con el hombre, hemos desviado las tareas a otras mujeres». 4
Las familias, las empleadoras directas o indirectas, acudieron, si bien no en un número masivo, sí al menos con afán constructivo y mostraron «ganas de aportar», como reconoce Begoña Arias. Por último, asistieron entidades de intermediación sin ánimo de lucro relacionadas con Cáritas, parroquias y asociaciones que se dedican a poner en contacto a demandantes de empleo doméstico con las familias que requieren sus servicios. Para la representante de Pueblos Unidos, «el mayor impacto que ha tenido la iniciativa ha sido el cambio en el planteamiento. Todos los sectores han
estado presentes. No sólo las trabajadoras interesadas en mejorar sus condiciones, también las entidades que intervienen en el sector y que no les han quitado la voz, y las propias familias. Cada cual ha podido hacer sus planteamientos según sus necesidades y posibilidades». Las trabajadoras han podido «hablar con sus jefes, pero sin serlo real y directamente», además desde una «visión de realidad grande» que aportaban las familias y las entidades. Con la llamada «crisis de cuidado», cada vez hacen falta más trabajadores en el servicio doméstico que además han de hacerse cargo de tareas cada
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vez más delicadas. Una de las empleadoras reconocía, en el encuentro de Sevilla que «las mujeres no han sabido, ni querido ajustar las tareas ni repartirlas con el hombre, hemos desviado las tareas a otras mujeres». La profesora de la Universidad de Valencia y autora de «Luces y sombras del recurso al empleo de hogar», Isabel Pla, afirma que «la solución mediante la utilización de las empleadas de hogar significa encerrar el problema de conciliación en un círculo femenino y deja un eslabón de la cadena (las empleadas) sin solución alguna. En definitiva, el empleo de hogar genera una situación de dependencia asimétrica entre mujeres que constituye un escenario óptimo para observar cómo las desigualdades derivadas de la división sexual (las desigualdades inter géneros) se presentan atravesadas por las de clase y etnia (desigualdades intra género)». Denunciaba una empleada de hogar que «las dos partes no son igual de vulnerables. Somos
las trabajadoras las más vulnerables por la precariedad, la situación de esclavitud». Pero tampoco la normativa actual ni los prácticas habituales que se están dando satisfacen del todo a las empleadoras puesto que «entregamos las llaves de nuestra casa y dejamos al cuidado de nuestros hijos e hijas y mayores en manos de una “desconocida”». El hogar, lugar donde se desarrolla este trabajo, acaba en muchos casos dando lugar a fatales equívocos. Así esta ocupación tan delicada aparece como «algo más que un trabajo pero algo menos que un empleo», hasta que resulta, a veces, como decía una trabajadora en el Centro de Pueblo Unido de Madrid que «unas te sacan hasta el último juguito y otras te hacen herederas». Con la crisis, las condiciones de trabajo han empeorado, «aceptamos muchas de nosotras condiciones infrahumanas de trabajo, casi esclavitud, porque no se vislumbran más opciones y no hay trabajo». Las entidades intermediadoras, sin ánimo de lucro pero con conciencia de la situación de indefensión casi absoluta que pesa sobre estas empleadas, están empezando a cuestionarse su papel. En el centro Migra Studium de Barcelona, una representante de estos colectivos aseguraba: «ahora, ante la crisis no está tan claro, algunas entidades rechazan ofertas poco éticas, pero a veces las ofrecemos a alguna mujer con muchos problemas económicos previo aviso de que es una oferta totalmente indigna». Desde hace años, las entidades de defensa de los derechos de las trabajadoras (por ejemplo, la Plataforma de Asociaciones de Trabajadoras del Hogar, a la que pertenecen entre otras Cáritas de Albacete, Mensajeros de la Paz o las Religiosas de María Inmaculada), ante la imposibilidad de lograr una
«Aceptamos muchas de nosotras condiciones infrahumanas de trabajo, casi esclavitud, porque no se vislumbran más opciones y no hay trabajo» regulación legal, acordaron unos mínimos que las empleadoras con suficiente conciencia deberían aceptar. Pero las circunstancias a veces son insuperables. En el diálogo de Valladolid, un representante de las entidades de intermediación aseguraba que ponían énfasis en «la constante reivindicación de los derechos laborales de las empleadas de hogar», pero asumía que «en ocasiones, las propias empleadas “negocian” condiciones por debajo de lo establecido». Sin embargo, también en Valladolid, respondía una trabajadora: «En la agencia de colocación somos tratadas como instrumentos, objetos, y no como sujetos, como personas». Los debates en las seis ciudades donde el SJM tiene sus centros se han transformado en 24 propuestas repartidas en cinco bloques que están recogidas en «De la casa a la mesa del diálogo social». Algunas de ellas se podrían resolver si llegan a buen puerto las negociaciones entre los sindicatos y el gobierno para equipar el régimen especial de las empleadas de ho-
gar con el general. Incluso la Organización Internacional del Trabajo, en su anterior conferencia celebrada en junio de 2010, acordó adoptar una normativa internacional que regule el empleo doméstico a nivel nacional. Pero Begoña Arias advierte que «el cambio de régimen es una apuesta importante, no sé cómo será de difícil lograr que se cumplan las reivindicaciones de las trabajadoras, tal y como está hoy en día el mercado laboral, pero hay que tener en cuenta que el cambio de régimen no es el único problema ni la única solución». De ahí el empeño del SJM, dando voz a todos los agentes implicados y teniendo en cuenta la necesaria dignificación de un colectivo que arrastra siglos de humillación, de promover vías de confluencia de los intereses y principios que están en juego. José Luis Palacios Más información: http://hoacgetafe.wordpress.com http://www.ath-ele.com/ http://www.caritasalamanca.org/372.0.html
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¿quién es? Verónica Sambou, empleada de hogar
«Tenemos miedo a perder el empleo» Verónica Sambou, senegalesa de 41 años de edad, madre de cuatro hijos, llegó a España hace más de dos años. Vive en Parla (Madrid) pero trabaja como empleada de hogar, cuidando una bebé a la que enseña francés y a cargo de las tareas de la casa, en la capital. Es miembro de un equipo de la HOAC en la diócesis de Getafe. –¿Qué le impulsó a dejar su país? –Buscaba una vida mejor y como mi marido ya estaba en España me animó a venir y probar. Yo tenía trabajo en Senegal y dejé allí a mis cuatro hijos, al cuidado de los abuelos. –¿En qué condiciones trabaja? –Trabajo de ocho de la mañana a ocho de la tarde, de lunes a viernes. Tardo hora y media en ir y otra hora y media en volver del trabajo. Así que paso 15 horas fuera de mi casa. La familia para la que trabajo me paga 750 euros. La Seguridad Social la tengo que pagar yo. Ella es abogado y él arquitecto. Se van de casa a las nueve y vuelven a las siete. –¿Cómo es el trato con la familia que la emplea? –Me tratan bien. Tenemos confianza, paso mucho tiempo con su hija pequeña. Una amiga me habló de esta familia y como mi marido lleva en paro dos años acepté el empleo. Cuando le hablo de que me suba el sueldo, porque ha subido el transporte, la luz, el alquiler…, o de reducir las horas, me dice que ellos llevan dos años sin subidas de sueldo, incluso con bajadas, y que no pueden cambiar sus horarios.
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–¿Cómo se pueden mejorar las condiciones de las empleadas de hogar? –En el parque conocí a una dominicana que estaba interna de lunes a sábado y cuidaba de tres niños por 800 euros al mes. Con la crisis la cosa está todavía peor y las familias no quieren mejorar las condiciones. Es difícil hablar de mejoras, porque tenemos miedo a perder el empleo. –¿Podría el Gobierno, a través de una ley, hacer algo? –Sí, creo que sí. Si el Gobierno hace algo será bueno para nosotras, porque las empleadas de hogar sufren mucho. La gente nos puede ayudar. Pero nosotras en el trato directo con las familias, poco podemos hacer. Hay que hablar con los gobernantes, con los que contratan y explicarles cómo vivimos y cómo evitar que exploten a las trabajadoras. –¿Cómo conociste la HOAC? –En abril de 2009, a través de un compañero senegalés, oí hablar de la HOAC. No nos pusieron ningún problema para ir a las reuniones. Lo que pasa es que con mi horario no me queda tiempo para preparar las reuniones. El sábado lo dedico a hacer las comidas de la semana, el domingo a ir a misa y a descansar. Cuando llego a mi casa entre semana son las
Verónica Sambou es la segunda por la derecha.
nueve y media y no me quedan fuerzas. –¿En qué te ayuda pertenecer a la HOAC? –Es una gran ayuda, me da ánimo y esperanza y me ayuda a cuidar la fe. También nos han ayudado económicamente, cuando lo hemos necesitado. La HOAC nos ha enseñado muchas cosas, a hablar de nuestros derechos, a conocer mejor la Biblia. –Ahora que ya sabes lo que España te ofrece, ¿crees que
hiciste bien al venir a este país? –Si llego a saber lo que me esperaba, me hubiera quedado en mi país, donde tenía trabajo. Mi marido tiró de mí y me vine. Mis hijos me echan de menos, a veces tengo ganas de volver, al ver las cosas tan difíciles y a mi marido sin trabajo. Tenemos esperanza en que las cosas cambien y mucha fe en Dios. José Luis Palacios
Aparato crítico Berlusconi le ganó a Gabilondo
«G
ran hermano» se ha comido a CNN+ o lo que es lo mismo, la telerrealidad (más chabacana) acaba con la información, Berlusconi barre a Gabilondo. Tras casi 12 años de existencia, la cadena española echó el cierre el pasado 30 de diciembre. No era rentable. Conviene recordar lo que un día dijo Ramonet: «Informarse cuesta. Es una actitud que supone esfuerzo y movilización. No es una tarea fácil y menos individualmente». Informar, con honestidad y rigor, sale muy caro, añadimos. La era de la información, que nos iba a hacer más sabios y más libres, al final ha resultado un fiasco. En realidad está sirviendo para darle más, todavía más, a los que tienen capacidad de invertir en costosas tecnologías, previa alianza con los que manejan los dineros, y menos, mucho menos para los críticos y disidentes. En medio, una masa anónima de individuos, sin gusto preferencial por la «telebasu-
¿Sabías que.. ? E
ra», pero que calla y otorga, que mira y asiente en silencio, hasta que abrumados y abúlicos se convierten en víctimas que cuentan y recuentan los amos del negocio. Ponerse a salvo de los tentáculos de las pantallas más cotizadas exige esfuerzo, pero merece la pena y a la larga «enriquece» más que tragar los precocinados que elabora el poder mediático. A veces, se sentirá sólo, pero menos tonto y mejor preparado para hacerse con las riendas de su propia vida. De gente como tú depende que las libertades de todos no se estrechen hasta asfixiarnos. Cristina López
La mirada justa
l poder adquisitivo de los españoles se sitúa por debajo de la media de la Unión Europea y está muy lejos de los Estados miembros donde la vida es más asequible, según un informe publicado por la Comisión Europea. n diciembre, el índice de precios (IPC) al consumo ha subido un 2,9%; los salarios pactados en convenio, hasta el pasado noviembre (último dato publicado), han crecido un 1,3%. os trabajadores han perdido poder adquisitivo en 2010, salvo aquellos que cuentan con cláusula de revisión salarial, que sólo representan el 45,6% de los casi 7 millones de trabajadores con empleo.
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Los mercados: ¡uy, qué miedo!
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alen noticias en los medios de comunicación social que te acobardan, pero que no se entienden, no sabes qué pasa. Una de ellas son los mercados. Que si los mercados desconfían de España, que si amenazan, que si exigen al gobierno y le obligan a hacer más «ajustes» y si no lo hacen, vendrán grandes males. Preocupado, salí un día corriendo al mercado de la esquina, el de frutas y pescado, a ver qué pasaba. Y la gente estaba tranquila haciendo cola y comprando. Claro está, este mercado no puede ser de esos mercados amenazantes; éstos tienen que ser otros. Pero, ¿cuáles?, ¿dónde están?, ¿quiénes los dirigen? No se dice. Son mercados anónimos, sin rostros, pero deben tener mucha fuerza. ¿Por qué no se dice cuáles son, quiénes mandan, quiénes los han elegido? Y vamos descubriendo que son los llamados mercados financieros internacionales, los grandes fondos de inversión, las enormes masas de dinero que compran deudas, bonos del estado, los fuertes capitales de bancos. Pero, ¿no tienen nombre y rostros? ¿Por qué son tan mandones?
Esta situación, un tanto misteriosa, me ha traído a la memoria unas intuiciones y afirmaciones de la enseñanza de la Iglesia que quieren mirar la realidad con profundidad. ¿Pueden ser aplicadas a esa situación antes descrita? Veamos qué dice la encíclica «La Preocupación social de la Iglesia»: «Es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más rígidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros» (nº 16). Más adelante, los llama estructuras de pecado, porque se dejan llevar por el afán de ganancia exclusiva y por la sed de poder, con el propósito de imponer la propia voluntad, a cualquier precio. Consecuencias: no sólo los individuos pueden ser víctimas; pueden serlo también las naciones (nº 36-37). ¿Esta mirada ética puede ser aplicada a los llamados mercados financieros? Me parece que sí. Así funcionan y actúan. Por eso, deben ser denunciados y desenmascarados. Gregorio Burgos
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l hecho de que el coste de la vida suba mientras los salarios bajan implica que los empresarios aumentan sus beneficios. Desde hace décadas en nuestro país, la renta salarial pierde peso a favor de las ganancias del capital y las desigualdades van en aumento.
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evangelio en la calle
Así va el mundo
¿Limosnas? No
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na entidad bancaria ha repartido unas bolsas de comida entre los más pobres de las ciudades y pueblos en donde tiene sucursales. Estos alimentos iban destinados a sus empleados pero con la crisis este año los han destinado a los «más necesitados». Distintas asociaciones están multiplicando sus esfuerzos para recoger alimentos y ropas, almacenarlos en dispensarios e ir dándoselos a «los pobres». Claro que sí: la beneficencia siempre se pone de moda en épocas de mayores necesidades. Hablando de estas cosas con un amigo le dije: ¿Por qué esa entidad bancaria en lugar de las bolsas no libera de la hipoteca de la vivienda a alguno de tantos como están echando a la calle y por qué los esfuerzos de esas asociaciones «tan caritativas» no se dedican a la promoción, cultura y a una mayor justicia? Esta respuesta apunta, sin duda, al verdadero problema y…, a la solución. Lo demás son parches, ocultamiento de la situación y, lo que es peor, justificación de nuestra mala conciencia. Así de claro. Recuerdo hace muchos años a nuestro querido consiliario Tomás Malagón arremeter contra, lo que él decía: magnificencia, beneficencia y munificencia (por no hablar del paternalismo y asistencialismo). Parece mentira que a uno le venga ahora a la memoria aquello, lleno de rabia e idea, del marqués tristemente célebre que primero creó los pobres y después organizó la beneficencia para socorrerlos. ¡Qué horror! Pero recuerdo, sobre todo, que en el Evangelio la limosna es compasión, justicia y entrega de la misma vida en un silencio total: la viuda dio todo lo que tenía (Lucas 21, 3-4), las primeras comunidades ponían en común lo que poseían (Hechos 4, 32-35), Jesucristo sitúa en el centro no el dar, sino el darse, entregar la propia vida en servicio de la comunidad (Juan 15, 12-15) y afirma que la mano derecha no se entere de lo hace la izquierda (Mateo 6, 1-4). ¡Con parches: o no vamos a ningún sitio o le hacemos el juego a esta organización tan inhumana de la sociedad o nos justificamos con demasiada facilidad! Antonio Hernández-Carrillo
Mohammad Bouazizi, un univesitario de 26 años se autoinmoló después de que la policía le prohibiera seguir la venta de alimentos, con la que sobrevivía. «Queremos pan, agua y a Ben Ali fuera», se oía en las manifestaciones que acabaron con el presidente de Túnez en Arabia Saudí. Desde los años 50, los gobernantes de Medio Oriente y el norte de África han entregado alimentos básicos subsidiados, como pan, leche y huevos, para mantener en calma a las masas. Pero ahora las cuentas no salen. La mezcla de pobreza, alto desempleo, disparidad económica y creciente coste de vida ha convertido a la región en un barril de pólvora. «Los tunecinos y los argelinos están hambrientos. Los egipcios y los yemeníes están justo detrás de ellos», escribió el analista Mishaal Al Gergawi en el periódico «The Gulf News», de Emiratos Árabes Unidos.
Novedad
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