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LLEGÓ LA HORA DE CUMPLIR

Estamos adportas de una crisis generalizada que nos va a retar como país y a nosotros, como empresarios, en nuestro sector. Los altos índices inflacionarios con cifras de dos dígitos y el precio del dólar, ya por encima de los cinco mil pesos, nos plantean desafíos que quizás muchos de nuestro gremio nunca han vivido, ni siquiera en plena época de pandemia. Por eso, este llamado es específicamente para el Gobierno encabezado por el presidente Gustavo Petro, a que recoja sus planteamientos de campaña y adopte las estrategias que nos favorezcan a todos los colombianos, incluido el sector empresarial del país, pues, como él mismo lo ha dicho, no existe una política industrial en nuestro territorio y ya es hora de diseñarla, compartirla con los gremios e implementarla luego de consensos y acuerdos generales. Porque con la situación que se avecina somos vulnerables, en especial, quienes hemos trabajado por años para aportar al desarrollo de Colombia.

Nuestro sector, el de la importación, transformación y comercialización del acero y su cadena de valor, por ejemplo, necesita urgentemente políticas claras en cuanto a regulación, porque unas veces tenemos salvaguardias, otras veces tenemos anti dumping, pero siempre hace falta establecer un juego mucho más claro de reglas, especialmente arancelarias. Y con respecto a los precios de los insumos que compramos y vendemos, que cada vez están más altos, nos vemos obligados a ser mucho más eficientes en el uso del acero para sortear con mayor eficacia esta situación que se nos viene para 2023. Los empresarios de este país no somos enemigos de los objetivos que propenden por el progreso de nuestra nación, por el contrario, podemos dinamizar su cumplimiento y a todo nivel: en el sentido social, como generadores de empleabilidad para la población; en el sentido económico, porque aportamos tributariamente y somos cumplidores de la normatividad y las leyes; y hasta en el sentido ambiental, porque es bien sabido que en el sector acero, que representamos a través de Camacero, nuestro material es totalmente reciclable, y si se nos apoya en la creación de pautas claras establecidas, podemos orientarlo hacia una meta de reducción de emisiones en muy poco tiempo.

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Cabe recordar que el precio ascendente del dólar no solo responde a la macroeconomía mundial sino también a las expectativas económicas que se están planteando sobre el gobierno de Colombia. Por eso, es prioritario tener en cuenta cómo se afecta al empresariado con cada reforma que se lleva a cabo y si, finalmente, el objetivo es lograr que los colombianos salgamos adelante y superemos la crisis o que cada día los pobres sean más pobres y tengan menos oportunidades debido a la desbandada de la inversión nacional y extranjera que podría darse y afectaría, directamente, el desarrollo, crecimiento y evolución del país.

El mejor indicador con respecto a este tema es que las cifras de construcción ya están cayendo al 8% y, como consecuencia, si la tendencia sigue a la baja, en nuestro gremio prevemos un 15% menos de consumo de acero para cerrar 2022, con respecto al año pasado. Incluso, a los constructores de vivienda de interés social tampoco les dan las cuentas, con todo y que ese sector tiene tanta dinámica y consumo en Colombia; es más, como resultado del nuevo precio del dólar, ningún proyecto de interés social ahora es viable.

Creo representar a mis colegas al decir que la pobreza en este y en cualquier país del mundo solo se reduce al apoyar el sistema empresarial y al crear políticas que lo hagan crecer y prosperar para beneficio de todos.

Por eso es tan urgente que los gobernantes elegidos en democracia, sus asesores, ministros y equipos de trabajo, piensen en lo que más le conviene al país más allá de las tendencias políticas, porque Colombia somos todos y las acciones y medidas de unos repercuten en nuestra economía y en la vida de esta y las generaciones futuras a corto y mediano plazo. Presidente, el destino de un país está en sus manos y es con la colaboración y disponibilidad de todos que se saca adelante. Solo así, el beneficio será verdaderamente social y cobijará a los que menos tienen, es cierto, pero también a quienes han dedicado sus años a forjar empresa honestamente y con trabajo duro. Sin olvidar, claro está, a los que siendo extranjeros han creído en el potencial de una nación y traído sus capitales para contribuir a la prosperidad.

David Barros C. DIRECTOR EJECUTIVO

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