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NĂşmero 6. Agosto 2013

delatripa: narrativa y algo mĂĄs

Revista

Narrativa y algo más Número 6. Agosto 2013. Es un proyecto de la Catarsis Literaria El Drenaje, editada en Mérida, Yucatán. Revista de circulación mensual. Dirigida por Adán Echeverría (romeolobos@yahoo.com.mx). Consejo Editorial: Angélica Santa Olaya, Alejandra Aké Sustersick, Joelia Dávila, Cristina Leirana, Roberto Cardozo, Jorge Manzanilla, Mario Pineda Quintal y Édgar Damián.

Contenido La gran comilona Andrés Galindo ................................................... 3

Frente a la página en blanco Nadia Contreras ............................................... 72

Helena Daniel Ferrera .................................................. 13

La despedida Alfredo Yanez .................................................... 73

Los himnos de Yucatán. Apuntes históricos José Juan Cervera ............................................ 14

Dos narraciones Angélica Santa Olaya ....................................... 75

Un caso de elemental justicia Juan Machín ..................................................... 17

Clint Eastwood y la moral Luis Valdez ........................................................ 76

El amor cortés en El amor es una droga dura Arely Jiménez .................................................... 20

La pureza más grande Víctor Garduño Centeno .................................. 78

Cuestión de enfoque José Manuel Ortiz Soto ................................... 25

A esa altura de la tarde no se distinguía el

La implementación del Programa de Acción del Segundo Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo Lucila Sánchez García ...................................... 28 Entrégame, amor, tu corazón Alejandro Ipatzi ................................................ 33 Narraciones César Rito Salinas ............................................ 36

ruido de las balas. Jorge Bettancourt Castro ................................. 81 Descubriendo el eco de los Paniagua Susana Mota López .......................................... 83 Esos tus ríos de agua viva Adán Echeverría .............................................. 87 Nos vemos en el slam Mario Pineda Quintal....................................... 89

Sofía Gonzalo Vilo ..................................................... 40 Baby, mommy and me Evelyn Santos ................................................... 42 Tacuba Yadira Jiménez .................................................. 45 Tres narraciones Dina Grijalva ................................................... 48 Amar hasta la muerte Roberto Cardozo .............................................. 54 Al maestro, con cariño Montserrat Macías ........................................... 55 No llores por mi, Argentina Roger Vilar ....................................................... 56 Erotismo: Libertad a través del cuerpo, de la voz y la palabra delatripa: narrativa y algo más Blanca Vázquez ................................................ 69

Imágenes portada e interiores de la Artista

Xchel Granados

La gran comilona Andrés Galindo

E

sta historia comienza en algún lugar de Insurgentes, de cuyo nombre no quiero acordarme.

Estas historias siempre comienzan en lugares como esos, en colonias muy acá, en la Roma, o en la Condesa, o en el Centro, o en Coyoacán, o hasta en Tepito. Yo me pregunto por qué chingados no inician en algún lugar al Oriente de Ciudad Esperanza; ¿por qué no en Iztacalco?, ¿por qué no en la colonia Ramos Millán? Pero no. Así es la literatura, siempre los mismos putos lugares comunes. Aquel día estábamos en el bar de siempre; con la misma música, el mismo desmadre, la misma cerveza porque no alcanzaba, porque no alcanza para más. Acababa de conseguir que una revista de medias tintas publicara mis primeros cuentos. No es que me crea muy acá, pero con los primeros cuentos me fue chido. Conseguí que me leyeran. Luego de eso, me casé y formé familia. Dinero siempre he tenido apenas para ir pasando los días; se sabe que los artistas, o los que nos lo creemos, siempre andamos bien jodidos 1. Lo digo no por presumir, sino porque algo tiene que ver en la historia, como se verá2. Aquel domingo fui el primero en llegar a "La barratetomas", nombre de nuestro distinguido rincón dentro del bar "Guau". Que yo recuerde nunca jamás ningún cabrón o puta usurpó nuestro muy querido sitio. El día que el puñal del Erick y su banda lo intentaron, los integrantes de la respetable Barratetomas

los sacamos a punta de patadas en el culo. Cuenta la leyenda que esa noche el Apache se tiró al Erick tres veces sin zacate. El Apache era de esos güeyes muy mamá dolores, muy machines, que en noches de luna llena, con los güevos hinchados hasta la madre, se cogía a cualquier puto que se le pusiera enfrente. Y ahí estaba yo con mi primer caguama de la noche. Divagaba mi mente entre la sublime idea de Dios y mis intensas ganas de ir a cagar. Lo primero porque siempre quise estudiar teología, sólo que nunca lo hice; y lo segundo simplemente porque tenía ganas de cagar, pero era el caso que me parecía de lo más ingrato ir a cagar con una reflexión de lo más profunda en la cabeza. Pensaba: "qué tal si a media caca descubro que soy el mehacías redivivo, y le jalo a la cadena y ahí va toda mi pútrida existencia a caer al drenaje cósmico de esta muy culera ciudad. No mames, eso no puede ser…". En eso estaba cuando llegó la Puerca. A la Puerca no le apodábamos así nomás por su voluminoso trasero o por sus megatetas XXL. La neta es que la Puerca ya estaba bajando la lonja… al suelo, pero con todo, traía su buen pegue en lo de Sullivan. Le decíamos la Puerca por sus (para nosotros, castos y puros3) poco ortodoxas formas de practicar su santo oficio. Como digo, se hizo presente la Puerca en la Barratetomas: -¡Hola, mi rey! Venía como siempre tan linda, con su vestidito entallado y escotado, lleno de

1 Salvo los que practican el honestísimo deporte de lo políticamente correcto. 2 Ni pedo dijo Alfredo, hay que seguir el remolón cannon: todos los elementos tienen que tener una función en la narración, de tal manera que no queden hilos sueltos. Eso, por cierto, se me hace una reverenda mamada, ya que no puedes escribir como se te hinche el palo. 3 La Puerca añadiría: "gatos, bola de putos". delatripa: narrativa y algo más

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lentejuelas; parecía la luz que ilumina las tinieblas de mi pensamiento; con su sonrisa de labios rojos como mi alma, tan cachonda. -Hola, esa mi Marranita. -¿Qué onda, pagas el hotel? -Cámara, nomás deja me termino mi chela y me echo una caca. -¿Una lluvia dorada, mi rey? -No empieces con tus chingaderas. -¡Oh, no aguantas nada! Nomás tantito. -Nel, pinche Puerca, si te pones en ese plan mejor nel. En eso estábamos cuando entra echando madres el Apache, todo sudado, con la camisa hecha jirones, y todo él hecho un pinche demonio de esos de quítate que te parto la madre. -¿Qué pedo, pinche Apache? -le pregunté¿Qué tranza, por qué tan excitado? -¿Qué tranza, esa mi Puerca? -saludó el Apache4- ¿cómo ves si horita nos echamos un palenque pa bajar la tirria. -Me late un menag atruá -propusó la querida y entrañable Puerca. Y el Apache: "pus sepa la chingada qué es eso pero cámara"; y yo: "nel, yo paso"; y el Apache: "las nalgas por el retaso"; y yo: "no juegues, mejor cuéntanos por qué vienes tan emputado". -Pues nada, estaba la banda en el Chopín, en una esquina, acá, tomando la chela, ¿no? Y pus que se nos acaba el varo pa más chelitas. Y que me dice el Pelos: "¿qué pedo, ese pinche Apache, láncese por las fiadas, no?" Y pus, cámara carnal, que me lanzo a la tiendita de

la otra cuadra. Y todo iba chido, hasta que ese culero de la tienda se puso pendejo, y que "nel, no te las llevas si no me pagas". Y que le digo "chale, ñero, si quieres te dejo mi reló de orégano". Y el güey ni madres que aflojaba las guamas; y ya me había cagado el pájaro5. "Al chile, culero, o las aflojas o te rompo tu reputísima madre"; y que le rompo su madre. Lo malo fue cuando se dejó caer la poli; y pus a correr. -Bueno, pus ahora vamos a pedir una cubeta, ¿no? -propuse, pero la Puerquísima ya le estaba trabajando el negocio clandestino al Apache, o sea que ya la tenía más tiesa que un chito de tres días. Y en eso estábamos cuando entra la Reina, ¡mi Reina! La Reina, extrañamente, era la mejor amiga de la Puerca. Le decíamos la Reina porque así se llamaba; además, en el nombre llevaba la fama. La Reina era una verdadera Reina; creo que era la vieja más codiciada de todo el bar. No había güey que pisara el Guau sin que le pusiera los ojos encima. Digo que era extraño que la Reina fuera la mejor amiga de la Puerca porque la Reina no practicaba el mimo santo oficio que ella. Pero la Puerca la quería bien a la Reina; aunque creo que la Reina no correspondía con todas a los auxilios de la Puerca. Y es que, andando en el desmadre juntas, más de un gandalla se quiso pasar de pendejo con la Reina; y la Puerca: "no, papito, ella no talonea; mira, si quieres yo te consigo otra amiga, pero ella no; o si quieres yo te hago un descuento, pero a ella no me la toques, que es santa". Pero no todos los ojetes entendían, y es cuando teníamos que salir en defensa el Apache y yo. Y pun pun pun, patadas y trompones; y sáquese a chingar a su madre, culero; saque

4 Porque eso sí no se puede negar, el Apachísimo era bien educado con las damas. 5 "Cagado el pájaro", en este caso, funciona como metáfora. Ver más adelante la nota 16.

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pa' las chelas, que si no "aquí guárdame este fierrito". Y el Apache hacía como que se sacaba un arma de debajo de la chamarra, aunque en realidad nunca traía nada; y pues al pobre incauto no le quedaba más que aflojar el billete. Y el Apache, que siempre fue un salvaje de corazón, hasta que se hizo testigo de Jehová: pun pun pun, "órale, güey, por pinche puto". ¡Ah! pero el único, entre toda esa perrada, que tenía derecho, aunque limitado, sobre la Reina era yo. Y pues sí, la mera verdad es que la Reina, ¡mi Reina!, me traía como loco. Cada vez que la veía entrar en el bar sentía que el corazón me daba un vuelco; y me palpitaba cada vez más y más rápido, como que se me quería salir del pecho junto con el alma toda. Sólo yo podía decirle "¿qué onda, mi Reina, cuándo nos juntamos?". Y nos hubiéramos juntado si ese culero de la tele no la hubiera encandilado, o si yo hubiera escrito el Nobel; pero la suerte me deparó mejor destino. Por su parte, el Apache como que no la llevaba chido con la Reina; porque el Apache, para la Reina, era un "naco, naquísimo"; y no le permitía que le llamara "mi Reina"; ese honor, ya lo dije, sólo estaba reservado para mí. Tan chido la llevaba con la Reina que, según ella, éramos novios; quesque porque yo sí era un hombre de bien6, y que tenía ambiciones como ella. Pero la verdad es que yo nunca me la terminé de creer; como que me decía "no mames, güey, por qué una reina como la Reina se fijaría en un pobre diablo como tú". Ah, la inseguridad, madre del desamor. Como dije, el Apache y la Puerca estaban haciendo negocio cuando entró, deslumbrante,

como siempre, la Reina: -¡Cochinos! Por qué no se van a otro lado. -Hola, mi Reina -saludé. -Hola, poeta, ¿has escrito muchos versos para mí hoy? -Con la luna filtrándose entre las cortinas de un hotel, con suave música de fondo, te los podría grabar en la espalda. Pero mientras… -Ya vas a empezar. Mejor vamos al cine; hoy está una donde sale Oliverio Girondo. Al ver truncado el alimento para la nutria7 con la Puerca, por culpa del Apache, tuve que decir que sí. -Sí, pero primero déjame ir al tocador. -Yo soy el tocador -terció el Apache. -Pues tócame esta -contesté raudo y veloz. -Soplas, carnal. Y otra vez estábamos en esas cuando llegó el Piojo. El Piojo era, muy a mi pesar, mi pupilo. Entonces no era lo que es hoy, sino un pinche puberto cuya inquebrantable decisión era la de ser poeta, y de los mejores. Y yo: "Nel, morro, que no vez que en este pinche país de caca ya nadie lee poesía. La neta es que te vas a morir de hambre". Y el Piojo: "pues me vale madres, yo quiero ser poeta, como el Paz, o el Sabines, o el Benedetti; quiero cantarle a la banda, al barrio, a los atardeceres y a la luna llena…" Y yo: "¿no te gusta Borges?" Y él: "¿quién? No mames". El caso es que ese día el Piojo me llegó con el periódico de antier: que hoy8 se presenta el nuevo libro del poeta del momento,

6 …pendejo, porque al final no la supe conquistar. Ella quiso quedarse, cuando vio mi tristeza, pero ya estaba escrito… 7 Ver El lado oscuro del corazón. 8 O sea aquel lejano día que cuento. delatripa: narrativa y algo más

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Tonathiú Álvarez, en una casona de aquí cerquita.

fuerza de chingadazos en diferentes bares del rechoncho mundo, y no de los peores.

-Ya lo sabía, un valedor de la reva Underground me lo dijo. El pedo es que es con rigurosa invitación.

Ese épico domingo ya estaba completa la banda de la Barratetomas, decidiendo qué hacer o a quién chingar para pasar la noche. Todos igualmente desarraigados, todos mal pedo, huérfanos, abandonados o escapados de casa por la ilusión de una mejor vida.

-¡Uh! pus qué mal pedo, yo que tenía un chingo de ganas de ir. -No pasa nada, Piojo, usté no se agüite, ya verás que cuando yo sea de la crema y nata de la cultura made in mex, me lo jalo para todos lados. -Pus jálame ésta -volvió a terciar el Apache. -El chimuelo9, ahí viene -dije, para no quedarme atrás. Pero en efecto, venía el Chimuelo10, como siempre, pellizcándole las nalgas a cuanta vieja le estorbara en su lento caminar. Viejo, mi querido viejo, ahora ya caminas lento… El Chimuelo era un ruco colombiano a todísima madre. Era como nuestro padre. No siempre se juntaba con nosotros, porque decía que ya no estaba para esos trotes; pero era chido cuando lo hacía. Era de esos rucos que en sus años habían salido a rodar mundo. Aunque ahora, como todos algún día, había sentado cabeza. Lo malo es que se fue a juntar con una pinche vieja sebosa con un carácter de no mames11. Pero el Chimuelo aguantaba a la gorda porque mal que bien lo mantenía, y le compraba sus grapas y sus libros, que eran sus dos únicos placeres en la vida. Cuando lo conocimos ya le decían el Chimuelo. Y es que, según él, se había ganado el sobrenombre a

9 Léase: orificio anal. 10 Léase: persona falta de una o más piezas dentales. 11 O sea, de la chingada, ojetísimo.

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Y entonces el Chimuelo, que nunca sabíamos como se sacaba los conejos del sombrero, dijo: -Miren, mis niños, acá me encontré seis invitaciones para la recepción de un tal Tonathiú Álvarez. -¡No mames, pinche Chimuelo! -dije sorprendido, porque nunca me acostumbré a las sorpresas del ruco, -¿cómo que te encontraste? ¿ladronde sacaste esos putos boletos? -¡Oh!, ya vez, uno que es cabrón. Pero quita esa cara de caca mal lograda y vámonos todos para la fiesta. Va a ver brindis y todo el pedo; chance hasta unas grapas me logro. Todos estuvieron de acuerdo en ir a echar desmadre a lo del poeta y su nuevo libro, así que me excusé para ir al excusado. -Que todo salga bien, carnalito -me alentó el Apache. -Por qué no vienes a cerciorarte. -Yo voy, si quieres, papi -intervino la Puerca soltándole por fin la bragueta al Apache, que no había dejado de acariciar en toda la plática. -Mejor apúrate, poeta -reclamaron a dúo el Piojo y la Reina.

Dijo una voz popular14: caga feliz caga contento pero, cabrón, cágate adentro. Todo iba bien en la presentación del poetilla de moda: "quiero agradecerle a mis papis que tanto me apoyaron; a mi novia, a quien dedico este humilde poemario; a mis amigos de la editorial, a los amigos de mi novia, al perro, al perico… y a todos los presentes porque sé que les gustó mi libro, y sí no lo han leído, pues léanlo, que sé que les va a gustar…" Mientras, nosotros entrándole a las copitas de vino y a la barra libre de canapés y otras botanas; ¡chida la fiesta! Pero luego la honorable Barratetomas se fue dispersando y ya no supimos unos de otros hasta que, en la delegación, algunos, reconstruimos los hechos. Yo me quedé junto a la mesa de los canapés porque traía la lombriz atrasada; por lo del vino no había problema, de vez en vez pasaba un mocito con una charola llena de copitas. Y ahí estaba yo muy a todo dar hasta que llegó a entrevistarme aquel afamado columnista de literatura. El Apache (alguien contaría después) se había puesto a hacer negocio con un gay que había conocido en lo de Caballeros. Pero eso fue después de cooperar en el plan siniestro de la Puerca, quien encontrando tan pinchemente aburrida la reunión de intelectos, se había puesto a hacer de las suyas. Le había propuesto al Apache llenar una de esas charolitas tan monas que se encontraban en la barra libre nada más y nada menos que de bolas de mierda; ¡zaz! Y ahí van los muy

culeros como no queriendo la cosa a robarse un par de charolas con todo y botanas. Y se fueron yendo a los sanitarios. Años después contaría la Puerca que ese día, por la mañana, se había empacado un par de tamales con champurrado, y por la tarde un par de chiles rellenos de frijoles refritos. El buen Chimuelo se había ido a saludar a lo que parecía un viejo camarada de aventuras. Lo de "camarada" quedó en entredicho cuando el Apache y yo tuvimos que socorrerlo de la madriza que le estaba acomodando el otro ruco. El Chimuelo estaba con nosotros hasta que a lo lejos diviso a su antiguo camarada. Al verlo, se encaminó pasito a pasito, apoyado en su bastón, hasta que se le puso enfrente al susodicho cristiano. -¿Qué tal Gabo, te acuerdas de mí? -Cómo no me voy a acordar de ti, Chimuelo. Tú me robaste a la mujer de mi vida. -Eso es cosa del pasado, mi buen Gabo. -Esas cosas no se olvidan. -Pero si hasta te hice un favor, esa mujer era una güila, hija de su… Y no terminaba de hablar el Chimuelito cuando sobre su arrugado rostro se incrustó un arrugado puño. La Reina y el Piojo se habían puesto a platicar muy orondos con un dizque productor de telenovelas; y el güey ya estaba haciendo labor con la Reina: "qué linda y qué guapa estás. ¿Vienes con tu hermanito? ¡ay, qué linda jovencita, tan bonita. Te puedo conseguir un papel en la próxima de Luis de Llano. Pero hazme un favor: manda a tu hermanito por

12 …quién me presta una escalera para subir al madero para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno… delatripa: narrativa y algo más

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las copitas de vino, para brindar por el placer de conocerte". "Cámara, perro", se dijo el Piojo y se fue por las copitas. Lo malo fue que regresó con una charola llena de copas rebosantes de espumeante y cálido elíxir de la súper Puerca, "nomás pa' hacer la maldá".

me hablen a lo pendejo cuando estoy comiendo. Pero hay una cosa que me jode todavía más: me emperra que se metan con mis gustos personales; y Henry Miller, ese sí que era mi ídolo, hasta que comencé a leer a Joyce.

Pero antes de que se armara la grande, yo, muy acá, como si el mundo no estuviera a punto de caerse entero, como en un paraíso de comida y bebida, seguía refinándome uno, dos, tres… canapés de salmón con queso, acompañados de su riguroso vinito blanco. Entonces fue que llegó el afamado Andrés G., columnista de literatura y otras minucias del arte, que, además, ya andaba medio pedo. Esto lo digo para que no me echen a mí la culpa, porque, como dije, yo estaba plácidamente disfrutando de las botanitas.

Con todo, no quise perder el control tan rápido y traté de ser amable:

-¿Qué usted no es el de "La gran comilona"? -interrogó el buen Andrés G. -Ese soy yo -respondí, cordial hasta donde se puede cuando a uno lo interrumpen en el clímax de la alegría y el regocijo-. ¿Qué usted no es Andrés, el que escribe esa columna dominical en el Independiente? -El mismo, joven. Mucho gusto -y me tendió la mano-. Además de "La gran comilona", he leído un par de cuentos suyos. No me parecen malos, pero no cree usted que debería de ser un poco más original. Creo que usted maneja temas que ya han sido demasiado trabajados. Yo creo que su escritura le debe mucho a Henry Miller. Si no mal recuerdo, en uno de sus cuentos usted afirma explícitamente ser ferviente lector de Miller; ¿no cree que eso ya es exagerado? ¿por qué no buscar su propia vena? Hay un par de cosas que, más que molestarme, me emputan sobremanera: que me interrumpan cuando estoy leyendo y que 8

delatripa: narrativa y algo más

-Dígame, caballero, ¿cuántos libros de Henry Miller ha leído usted para aventurar tan puntual reflexión? -Bueno, no me declaro un experto, pero es labor de oficio, ya sabe; hay que leer de todo para lo de la columna cultural. Contestando a su pregunta, he revisado Trópico de Cáncer, El coloso de Marushi, y ahora estoy con Sexus. -Con el debido respeto, señor, pero no cree usted que su lectura es muy pobre como para hacer juicios tan a la ligera. Yo he leído ocho novelas de Miller, una autobiografía y dos biografías no autorizadas, además de las cartas a… -Razón de más para suponer que usted ha estado recortando palabras de Miller para adjudicárselas a su persona. Pero si no quiere, no hablemos de sus fuentes literarias. ¿No le parece que la literatura urbana y contestataria está pasada de moda? Ya nadie lee a Revueltas, y a nadie le interesa la trova, salvo a idealistas como usted. Debería escribir novelas de amor y desamor, eso es lo que se vende. No desperdicie su talento. -¿Qué tiene que ver Revueltas aquí?pregunté al borde del desquiciamiento. Además, Miller no era un activista, y yo no quiero serlo. Si hablo de trova nueva en lo mío es porque me gusta esa música, muy al margen de la lucha social a la que le canta. En cuanto a la literatura urbana..., el caso es que usted ha leído mis cuentos…

-Labor de oficio. En este trabajo uno nunca sabe lo que los editores le van a pedir; hay que estar preparado para todo. En este negocio hay que venderse como puta. ¿Me entiende? Hágame caso, sus cuentos urbanos sirven para que los pubertos del Chopo se entretengan un rato y luego se limpien el trasero con la tinta de mala calidad. -Lo mismo que la sección dominical; nomás que el culo se lo limpian esos pinches universitarios que se creen muy acá -contesté alzando la voz, más que encabronado. -No perdamos la compostura, muchacho. Lo único que le pido es que se esfuerce un poco más y que se ponga a hacer buena literatura. -¡La voy a hacer… pero con sus nalgas, pinche crítico de mierda! -grité y le solté una patada en los güevos. Y ahí fue donde comenzó todo el desmadre que nos llevaría a la delegación. Durante la noche que pasamos enjaulados casi todos13 los miembros de la honorabilísima Barratetomas y algunos de los que estaban en la recepción, trabé amistad con la mujer más hermosa14 que haya visto jamás. Magdala, que tal era y es el nombre. Me contó aquella noche, y me lo ha recontado entre risas y carcajadas durante todo este tiempo, que ese día asistió a la presentación del nuevo libro del poeta de moda, con un par de tías y dos amigas de las tías, que a su vez eran amigas del dueño de la editorial. El caso fue que las tías se habían pasado, muy a lo discreto, un par de charolas llenas de canapés a su mesa. Tan monas se veían esas dos charolitas repletas de canapés de salmón-queso, adornadas con sendas bolitas de caca marca Apache-Puerca. "¿Qué

serán, qué serán esas bolitas?", preguntaban, "¿y qué es ese olor tan peculiar? ¿Será el queso o el salmón? ¿Un canapecito? Bueno, pues nos lo echamos…" Y ahí va una de las tías, con la boca llena de mierda, a soltar sobre la mesa todos los malditos canapés que se había tragado durante la noche, provocando una fabulosa reacción en cadena sobre sus tres acompañantes. Para desgracia del buen Andrés G., buena parte del río de baba, vino, canapés y mierda, fue a dar hasta el piso, de tal modo que un pendejo mesero que pasaba en ese momento con una nueva dotación de canapés y otras botanas, no se dio cuenta y… justo cuando le acababa de propinar tremendo patadón al crítico de arte, caen sobre su cabeza ambas charolas meseriles. Reaccioné raudo y veloz y di un salto hacia atrás para no mancharme; pero justo en ese momento iba pasando detrás de mí el mocito de los vinos. Como una fila de dominó. Más bien como cuando uno se levanta de la cama con el pie izquierdo, te golpeas con la pata de la cama en el dedo gordo, pisas al gato, te tropiezas con los calzones tirados a medio pasillo, llegas al baño y te sientas tan sólo para darte cuenta de que no hay papel. Y entonces gritas con toda el alma: "¡Esto ya valió madres! Estaba ayudando a levantarse al mocito cuando llega el Piojo como desesperado: -¡Ese Max, le están dando en su madre al Chimuelo! -¡Esto ya valió madres! Lánzate por el Apache, córrele en chinga, güey. Y ahí voy a auxiliar al pobre Chimuelito, que ya se lo estaban agandallando a

13 "Casi todos", porque ya jamás volvimos a ver a la Reina, al menos en vivo y a todo color. 14 Pero también la mujer con más pasión por la vida. delatripa: narrativa y algo más

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bastonazos un par de ruquitos, así como no queriendo la cosa, sin que nadie se diera cuenta. El Piojo encontró al Apache con un maricón tratando de hacer bisne: "Entonces papasote, ¿cuánto me cobras por empujarme las tripas?", "me late tu Rolex y tu camisa de seda, ¿cómo vex?". "Deja a ese puto, pinche Apache, que se están madreando al Chimuelo". Y al Apache que más que coger putos lo que le gustaba era romper madres, y más si se trataba de hacerle el paro a un buen valedor, no se le hizo tarde para salir hecho un verdadero satanás pateando y madreando a cuanto cristiano se le pusiera enfrente. Pun pun pun, mocos mocos mocos, pinches ruquitos manchados; en un dos por tres me los despaché. El mal pedo fue cuando se dejaron caer una bola de guaruras. Pun pun pun, en un dos por tres ya me tenían en el suelo. En el suelo estaba cuando llegó el Apachísimo repartiendo puños y patadas a los montoneros. Uno, dos, tres, cuatro no podían contra la demoledora humanidad del Apache. Como todas las peleas que empiezan en un lugar y acaban en otro, lo nuestro comenzó en un extremo del salón y, cuando menos nos dimos cuenta, acabó justo encima de la mesa de las tías que no acababan de limpiar el río de vómito. Muchos años después me contaría la Puerca que mientras nosotros nos dedicábamos a armar borlote, ella se había puesto a vender su cuerpo al jefe de meseros. Fue sorprendida por éste en el acto de llenar las copitas con su fulgurante elíxir. Y es que para poder llenar las copitas, la muy Puerca tenía que cargar el tanque; así que tomaba y llenaba, tomaba y 15

"Cagó el palo", funciona aquí en modo literal. Ver nota 5.

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…algo extraño, de esos que te dan risa…

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delatripa: narrativa y algo más

llenaba. Lo malo fue que se puso bien peda nomás de puro vino tinto. Y ya peda, le dio flojera seguir dando tanta vuelta del baño a la mesa, así que se acomodó tras de una plantita, de esas muy monas que ponen en los salones, que parecen de verdad pero que son la pura piña porque son del más vil plástico, y se puso a mear con las copitas bajo las piernas; cuando salió de la cocina el jefe de cocineros, la Puerca ni se inmutó. Nada más se levantó la falda y le mostró tamaño peluche al jefe. El jefe, que al parecer era un canalla vale madres, decidió hacer caso omiso del desmadre que se armaba en el salón y se llevó a la Puerca a lo de Caballeros. El súper mal pedo fue que a la Puerca se le ocurrió practicar una más de sus acostumbradas bestialidades y… -¡¡Pinche vieja puta, me cagó el palo!!15salió corriendo el jefe de jefes de donde los Caballeros, y la Puerca tras él gritando que le pagara, que no fuera hijo de su puta ratera madre, "si es que la tienes, güey". En medio de ese inmenso mar de golpes y patadas, vómito, meados y caca estábamos cuando la vi. Todo pasaba tan rápido, y me pareció que el tiempo se detenía, sólo para dejarme ver su hermosura. Era como la mismísima Beatriz de Dante sobre el infierno, nada más que sin ropa, como Dios la trajo al mundo. Estaba sentadita en medio del salón, de ese gran desmadre en el que nosotros, los mortales, nos revolcábamos como cerdos en su chiquero. Fumaba un cigarro16 de lo más plácida, como si no hubiera nada más importante en la vida que el hecho de estar ahí, observando desde las alturas toda esa marejada de putrefacta carne humana. En verdad que parecía una diosa sentada sobre su nube celestial.

Así conocí a Magda. Esa noche, en la delegación, me platicó que ya no aguantaba el yugo infame de las tías, que había quedado huérfana de madre a los seis, que al papá ni sus luces porque las tías siempre le habían vendido la idea de que "ese era un hijoeputa que nada más uso a tu madre"; que no la dejaban salir ni a la esquina, y que ya estaba hasta el copete de ser la santa virgen, porque el mundo entero se podía ir al infierno, que lo que ella quería era vivir. Esa noche, sin más ni más, y por increíble que parezca, se desnudó. Había sido su grito liberador, como respirar lo más hondo posible y después gritar: "¡¡Estoy viva!!". La escena duró unos cuantos segundos. Afuera aullaban cada vez más cerca las sirenas de los cuicomoviles. En un abrir y cerrar de ojos teníamos la horda de polis bloqueando las salidas y apañando a medio mundo17. Como siempre, no todos pudieron ir a la delegación; yo, afortunadamente, sí. Al día después del juicio final, con una resaca de los mil demonios, le pregunté a Magda que qué pensaba hacer ahora. Respondió que no sabía, que nunca había trabajado y que no tenía amigas con quien ir, ni esa libertad se le otorgaba por miedo a las malas influencias. Le dije que se mudara a mi departamento en lo que encontraba algo mejor, que con lo de la renta no había problema, que donde come uno comen dos. Pero ella no se quedó un día; se quedó dos o tres años hasta que juntos nos movimos al oriente de la ciudad. Con ella aprendí a no contar las horas, ni los días, menos los años. Después de esa noche la Puerca ya no fue la misma; decía que le faltaba su hermanita la Reina. "Comencé a sentir que la vida se me 17

acababa en esta mugre Ciudad Esperanza", me confesó cuando volvió de Tijuana; porque después de esa noche no aguantó mucho por acá y se fue a talonear a la frontera, de donde regresó más o menos un par de años después; la habían querido violar "unos hijos de puta reconocidísimos asesinos", que la poli ya sabía quiénes eran, pero les tenían miedo, como siempre. Y regresó ya no para venderse, sino para ser la dueña y señora de una Sex Shop. El Apache también estuvo ausente un par de años. Sucedió que en uno de sus tantos desmadres me lo enrejaron durante ese tiempo. ¿De que se le acusaba? De violación. La burocracia se esmeró en que el juicio durara todo ese tiempo para que el muy perro, que ya tenía fama en los bajos fondos, le fuera bajando a su desmadre. Al final no se le pudo comprobar nada en contra y salió libre. Pero, como bien se sabe, mientras tanto los reos lo habían desvirgado, "por violador". Fue que el gran Apache reflexionó y se puso a leer la Biblia de los testigos de Jehová. Ya nunca fue lo mismo. Hace un par de meses, después del funeral del Chimuelo, fuimos a despedir al santo Apache, que se iba a Colombia de misionero. Al Chimuelo le pasó encima un microbús; y ahí quedó, como todo buen perro vagabundo. Hasta en la muerte se portó como el mejor amigo, porque a mí y a Magda nos heredó una casita, sacada de sabe Dios, al oriente de la ciudad. Hasta pronto mi buen Chimuelo, que Dios te bendiga y te tenga paseando por todos los rincones del cielo, que te siga dando tus grapitas y te deje leer el Libro de la vida y de la muerte, y ahí espero encontrarte cuando me vaya.

Al Apache, que todo el tiempo estuvo hecho un cancerbero rabioso, tuvieron que aplacarlo, a punta de macanazos, entre cinco polis. delatripa: narrativa y algo más

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A la Reina hace unas dos o tres semanas la vi moviendo su plastificado cuerpo en un programa de TV. El comunicador decía que era la becaria del año y no sé que tantas cosas. Y ella con sonrisa Colgate: "gracias a todos por votar por mí. Max, te mando un besote donde quiera que estés". La verdad es que ya no importa, creo que nunca importó.

tiempo pasé de lavaplatos a pinche y de pinche a pinche cocinero. Y creo que no me va tan mal, aunque nunca se me quitó lo pelado. Magda también estudia y trabaja. Por las mañanas estudia fotografía y por las tardes es secretaría en un hospital del gobierno. Es cansado, al llegar la noche ella descansa a mi lado, mis ojos en su costado18.

¿Yo? Bueno, acá, pasando la vida. Dejé de ir al bar Guau. Estudió el cuarto semestre de Letras inglesas en C.U. Al salir trabajo en la cocina del Sanborns de los azulejos. En poco

Ixca Cienfuegos, alias el Piojo, mañana presenta su segundo libro de poemas en un salón al norte de la ciudad. Magda y yo, por supuesto, estamos invitados19.

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Todas las cosas tratamos

cada uno según es nuestro talante. Yo lo que tiene importancia, ella todo lo importante. Es cansado, por eso al llegar la noche ella descansa a mi lado, mis manos en su costado. 19

No creo en los finales felices, esa es la vida que hoy llevamos, mañana quién sabe; la vida sigue y sigue y nunca sabes cuándo la fortuna te será favorable. Mientras, tenemos que aprender a vivir con lo que nos da la vida, pero siempre con ganas de vivir más y más, con pasión, con furia.

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delatripa: narrativa y algo más

Helena Daniel Ferrera

M

e gustaba Helena porque parecía una muñeca. Sus ojos, su mandíbula, sus hombros delgados, todo en ella estaba dispuesto como en cuidadosa manufactura. La verdad yo adoraba su vagina; su vagina estrecha e irritante y su boca de acrílico que me lloraba suplicando "Libérame Álvaro, libérame Álvaro, y arráncame este gusano que roe mi cabeza, yo siento cómo muerde aquí en mi cabeza." Entonces yo la tomaba del pecho y me masturbaba con ella hasta que amaneciera, hasta que lentamente perdiera el brillo en los ojos y se le gastara la vida. Eventualmente, como suele ocurrir en estos casos, al cabo de los días tuvimos tres hermosos hijos. Ellos me recordaban mucho a su madre, tenían esa mirada intensa que hacían olvidar su enfermedad degenerativa, que hacían de sus noches de insomnio y dolores de cabeza, un infierno menos insoportable y angustioso. Sin embargo, una mañana al regresar del trabajo, encontré a Helena en su camastro bronceándose. -¿Y los niños?- pregunté preocupado del silencio inusual que hacía en el interior de la casa.

efecto, sus cuerpos flotaban inertes en medio de las hojas amarillas, con sus cabellos largos cubriendo sus preciosas caras. Desde luego, me abalancé llorando, incrédulo de lo que veía, gritándole a Dios que no fuera verdad, que me los devolviera. No sé con qué fuerzas salí de la piscina. Suavemente fui acomodando a los niños uno por uno en el suelo. Una rabia tremenda me embargaba. Helena se acercó y me abrazó amorosamente del cuello. Sus ojos tenían esa expresión de infinita ternura. Por qué lloras, me dijo, ¿No se ven preciosos? Pongámoslos en la mesa y vistámoslos de muñecas, se verán aún mejor. La tomé de la cintura y sin que se diera cuenta, saqué el arma y le disparé en el vientre. Me miró a los ojos asombrada, como agradecida de que la hubiera asesinado. Por fin podría enterrarse en las vitrinas pobladas de recuerdos; observando, tal vez, mis andanzas de gusano, escuchando a ratos mis vehementes respiraciones de corazón de pila.

-En la escuela- respondió con una sonrisa que me pareció cariñosa. -Helena -le tomé con fuerza de la manoEso no es posible, hoy es domingo. Comencé a buscarlos y sin saber por qué, me dirigí a la piscina, una alarmante corazonada me decía que allí estaban. En delatripa: narrativa y algo más

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Los himnos en Yucatán. Apuntes históricos José Juan Cervera

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os himnos que se interpretan en las ceremonias cívicas, o en circunstancias que se aproximan a ellas, son parte sustantiva de nuestra historia. Tienen el propósito de exaltar los valores patrióticos a través del canto que evoca las grandes gestas nacionales, o la expresión regional de ellas a través de la figura de sus héroes y personajes ilustres. Se proponen transmitir y preservar, en las nuevas generaciones, el sentimiento de admiración y respeto que todo ciudadano debe a los forjadores de su nación. Por tal motivo, cumplen una función didáctica y, por ello, hondamente formativa. Semejantes antecedentes sugieren la importancia de conocer el proceso de su gestación, atendiendo lo que las fuentes informativas de otras épocas puedan comunicar al respecto. De modo especial, los periódicos -algunos de ellos de hace más de un siglo- son portadores de datos valiosos para acercarnos a las condiciones de vida de las sociedades en que se escucharon por vez primera. La efervescencia libertaria que en el siglo XIX llevó a la emancipación de muchos países hispanoamericanos caló hondo en el ánimo de los mexicanos de distintas condiciones sociales, aun cuando las contiendas políticas dividiesen a los ciudadanos en facciones que enarbolaban principios de distintos matices ideológicos, si bien éstos se distribuyeron, en términos generales, entre los liberales y los conservadores. Esta lucha, por sí misma, permitía distinguir con cierta nitidez los valores que guiaban las posiciones respectivas, y por ello creaba un clima propicio para la 1

circulación de cantos enérgicos y combativos. La impronta de La Marsellesa había cundido trascendiendo centurias y demarcaciones geográficas, porque los frutos de la Ilustración seguían cosechándose en países que la tomaron como modelo de sus aspiraciones colectivas. Incluso entre los grupos identificados con fuerzas intervencionistas o reaccionarias surgió el afán de componer algún himno. De tal modo, las huestes del Imperio de Maximiliano tuvieron en Yucatán un bardo que exaltara su injerencia en los asuntos del país, del mismo modo que los hijos de la República entonaron, años después, un himno que pusiera en claro la firme defensa de sus instituciones legítimas. El autor del himno imperialista fue José García Montero, y se publicó con el lacónico título de "Himno" en la sección de variedades de La Nueva Época, periódico del Gobierno de Yucatán, el 13 de junio de 18641. En su segunda estrofa dice: Celebremos unísonos todos el arribo del gran soberano que ha llegado cual buen mejicano a brindarnos la oliva de paz; esa aurora de paz celebremos, celebremos con gran regocijo que la patria ha adoptado ya un Hijo que su honor y su gloria será.

A García Montero le atribuye Jesús C. Romero, en un artículo de la Enciclopedia Yucatanense, los cambios aplicados a la

José García Montero, "Himno", La Nueva Época. Periódico del Gobierno de Yucatán, Mérida, tomo I, núm. 85, 13 de junio de 1864, p. 3.

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delatripa: narrativa y algo más

composición escrita por Manuel Palomeque Solís y editada inicialmente en el periódico oficial La Razón del Pueblo el 5 de julio de 1867 bajo el epígrafe "Himno nacional", al que seguía la siguiente anotación: "Presentado por su autor el C. Manuel Palomeque en la festividad popular con que Mérida solemnizó el triunfo definitivito de la República."2 Romero supone lo que al principio se refiere basándose en una nota que apareció en el mismo órgano de prensa con fecha 2 de septiembre de 1870, que únicamente informa la interpretación de un himno a Yucatán escrito por García Montero, a cargo de un grupo de aficionados durante una velada que efectuó la Sociedad Artístico-Recreativa en el local de la sociedad La Unión. Sin embargo, no señala que se trate del himno oficial del estado, como por decreto del 14 de septiembre de 1868 se considera la obra de Palomeque, ni indica que ésta hubiera sido modificada, lo que hace pensar en una equivocación de parte de Romero.3

olvidarse que Palomeque se identificó con el partido liberal desde la época de su juventud en que escribió el hoy conocido como "Himno Yucateco",4 en tanto que García Montero recibió del Comisario Imperial, José Salazar Ilarregui, el nombramiento de síndico del Ayuntamiento de Mérida en 1864.5

Jorge Ignacio Rubio Mañé señala que fue el mismo Palomeque quien suprimió algunas estrofas de su himno y las sustituyó por otras, de acuerdo con la información que le confió Andrés Sáenz de Santa María, médico y escritor conocido también como el Duque de Heredia, quien guardaba en su archivo el manuscrito original del himno y le explicó que éste decidió modificar, "moderadas las pasiones del momento", aquellos versos por considerarlos ofensivos. No debe

En ocasiones, la prensa yucateca incorporó a sus paginas la letra de otros himnos patrióticos, como el de la república de El Salvador, que La Revista de Mérida publicó el 16 de septiembre de 18907 y que se entonó por primera ocasión el 15 del mismo mes correspondiente al año 1879. Por su parte, La Ilustración Yucateca insertó en su edición del 30 de mayo de 1897 la partitura del Himno Nacional Cubano8, más conocido como La Bayamesa, obra de Pedro Figueredo,

Otro himno de aliento liberal del que se tiene noticia es el que el pedagogo y escritor Rodolfo Menéndez de la Peña dedicó al general Manuel Cepeda Peraza en 1882 al cumplirse un aniversario más del deceso del ilustre militar republicano, recordado también como creador del Instituto Literario del Estado. A él se refiere en los siguientes términos: El que la Escuela redentora crea donde se forma el libre, el ciudadano; el que del pueblo en la callosa mano pone los instrumentos de la idea.6

2

Manuel Palomeque, "Himno nacional", La Razón del Pueblo. Periódico Oficial del Estado Libre y Soberano de Yucatán, Mérida, año I, núm. 5, 5 de julio de 1867, pp. 3-4.

3

Alberto Valdés Inchausti, "Un himno imperialista y una contestación republicana", Memorias de la Primera Semana de la Historia de Yucatán, tomo II, Mérida, Ediciones de la Universidad de Yucatán, 1978, pp. 27-48.

4

[Jorge Ignacio Rubio Mañé], "La juventud liberal de Yucatán y el himno yucateco. 1862-1868", Boletín del Archivo General de la Nación, tomo III, México, abril-mayo-junio de 1962, pp. 315-326.

5

José Esquivel Pren, Historia de la literatura en Yucatán, tomo V, México, Ediciones de la Universidad de Yucatán, 1975, p. 174.

6

Rodolfo Menéndez de la Peña, "Al general Manuel Cepeda Peraza", Revista de la Universidad de Yucatán, Mérida, año XI, vol. XI, núm. 62, marzoabril de 1969, pp. 105-107.

7

"Himno patriótico de los salvadoreños", La Revista de Mérida, Mérida, año XXII, núm. 2121, 16 de septiembre de 1890, p. 3.

8

"Himno Bayamés", La Ilustración Yucateca. Semanario Ilustrado de Ciencias, Bellas Artes, Literatura, Modas, Variedades y Anuncios, Mérida, núm. 15, 30 de mayo de 1897, p. 5. delatripa: narrativa y algo más

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compuesta en 1868. 9 En tanto, El Eco del Comercio dio a conocer a sus lectores la letra de un himno de esencia libertaria, el de los anarquistas de Barcelona que inicia con el verso "Hijo del pueblo, te oprimen tus cadenas".10 Ermilo Abreu Gómez, nacido en 1894, evoca entre los recuerdos más gratos de su niñez la presencia de su vecino Fernando Pérez, "don Fernando el artista", quien cantaba con entusiasmo lo mismo fragmentos de ópera y zarzuela que aires populares, pero le pedía a su mujer, pianista consumada, que le tocara La Marsellesa cada vez que él llegara a su casa.11 Esta predilección dice mucho del espíritu que nutrió a los integrantes de aquellos sectores de la sociedad yucateca que hallaron en torno a los valores del progreso un sentido profundo de la vida. En los primeros años del siglo XX, Yucatán fue uno de los estados que contribuyó a hacer más llevadera la vejez de Jaime Nunó (1824-1908), autor de la música del Himno Nacional. Español de nacimiento, cuando Antonio López de Santa Anna lo conoció en La Habana de regreso a nuestro país para asumir la presidencia que por largos años ocupó, lo invitó a venir a él para dirigir la organización de las bandas militares de música. Aceptó y en su momento participó en la convocatoria para la composición musical de nuestro canto patriótico, la que, como se sabe, ganó. Sin embargo, después de un tiempo abandonó el país; muchos años después, en 1901, la delegación mexicana que visitaba la Exposición Panamericana de Búffalo, Nueva York, lo encontró en condiciones precarias, gestionando

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que Porfirio Díaz lo invitara a México. Así lo hizo.12 Y regresó una vez más a nuestro país en 1904, al cumplirse cincuenta años de la creación del Himno Nacional.13 En ese tiempo surgieron algunas iniciativas para apoyar a Jaime Nunó y así asegurar su sustento. Una de ellas fue la del licenciado José Martínez, que desde las páginas del semanario La Opinión Liberal, editado en San Miguel de Allende, Guanajuato, pidió la colaboración del público y de las autoridades con ese propósito. Dio como ejemplo el caso del autor del himno nacional de Alemania, quien recibió una pensión anual hasta su muerte en 1873. Enmarcó este llamado a sus lectores en lo que denominó "el movimiento filantrópico de la prensa", uno de los valores que, sin duda, tendrían que recuperar muchas publicaciones periódicas de la actualidad. En 1905, Guillermo de Landa y Escandón, gobernador del Distrito Federal, propuso que las Juntas Patrióticas de todo el país, que organizaban los aniversarios de la Independencia nacional, aportaran un diez por ciento de sus ingresos para ayudar a Nunó. Pidió a sus pares de las demás entidades federativas que contribuyesen a ese esfuerzo promoviéndolo de inmediato. Braulio A. Méndez, gobernador interino de Yucatán en sustitución de Olegario Molina, lo hizo saber entre los jefes políticos y los ayuntamientos del estado.14 Conviene destacar también que, en décadas relativamente más cercanas a la actual, como fue la de 1970, las autoridades educativas impulsaron el conocimiento y la interpretación de nuestros

Helio Orovio, Diccionario de la música cubana. Biográfico y técnico, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1992, pp. 174-175.

10

"Himno de los anarquistas", El Eco del Comercio, año XII, núm. 1190, 9 de junio de 1891, p. 3.

11

Ermilo Abreu Gómez, La del alba sería…, México, Ediciones Botas, 1954, pp. 119-125.

12

Miguel Galindo, Nociones de historia de la música mejicana, Colima, Tip. De "El Dragón, 1933 [Reimpresión facsímil CENIDIM, 1992], pp. 694605.

13

"Nunó, Jaime", Enciclopedia de México, tomo X, México, SEP, 1988.

14

Archivo General del Estado de Yucatán, Fondo Poder Ejecutivo, Sección Gobernación, Serie Asuntos de Gobierno, Mérida, Año 1903, Caja núm. 397.

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himnos en las escuelas oficiales. Así lo ponen de manifiesto algunos números de la Gaceta Audiovisual, que editó el Centro Estatal en Yucatán de la Dirección General de Educación Audiovisual y Divulgación de la SEP. En mayo, septiembre y noviembre de 1973 publicó, respectivamente, el Himno Yucateco15, el Himno Nacional16 y el Himno a Felipe Carrillo Puerto17, con letra y música. Tratándose del segundo, incluyó también el Reglamento de ceremonial militar relativo a su ejecución e interpretación. 15

Los presentes apuntes constituyen una incipiente contribución para estimular el interés que pueda despertar el conocimiento de los antecedentes históricos de nuestros himnos y de su importancia en la formación de nuestros valores cívicos, relacionándolos con los datos, muchas veces evasivos, que las fuentes impresas de otras épocas brindan al respecto. La reflexión sobre el pasado nacional para cimentar nuevos logros así lo reclama.

"Himno Yucateco", Gaceta Audiovisual, Mérida, Centro Estatal de Educación Audiovisual de Yucatán, mayo de 1973, p. 3.

16

"Himno Nacional", Gaceta Audiovisual, Mérida, Centro Estatal de Educación Audiovisual de Yucatán, septiembre de 1973, pp. 2-4.

17

"Himno a Felipe Carrillo Puerto", Gaceta Audiovisual, Mérida, Centro Estatal de Educación Audiovisual de Yucatán, noviembre de 1973, p. 3.

Un caso de elemental justicia Juan Machin

J

uliana me esperaba en la salida del aeropuerto, exactamente como lo habíamos planeado (a ambos nos encantaba planear): con lentes oscuros y sandalias; la delgada y semitransparente tela de un pareo azul era lo único que la cubría. Debajo de la tela, su cuerpo desnudo y depilado. Yo vestía un short y una camiseta, sandalias y lentes oscuros, según habíamos acordado. Bien "playeros" ambos. A las 6 de la mañana en el aeropuerto de México y a unos cuantos grados centígrados sobre cero, era bastante extraña mi apariencia, pero ya en el aeropuerto de Managua y al medio día, no llamaba la atención. Crucé presuroso la calle. Nos dimos un beso apasionado, mientras le acariciaba el derrière discretamente por encima del pareo. Una corriente de aire levantó levemente su falda y Juliana se tapó precipitadamente,

bastante preocupada de dejar al descubierto su pubis o sus nalgas. Caminamos como siempre, Juliana unos pasos delante de mí, para que pudiera disfrutar de la cadencia de su paso, su apariencia inocente y provocativa, adivinando su tierna y firme desnudez. Abrió la cajuela y rápidamente deposité mi maleta. Cubiertos por las puertas abiertas de su auto, nos besamos nuevamente y nos acariciamos con avidez. Juliana se sentó y abriéndome la bragueta, hábilmente tomó mi pene y comenzó a lamerlo, besarlo, chuparlo. Yo le acariciaba los senos, los hombros, el cuello. Se levantó, se puso de espaldas, inclinándose sobre el asiento y alzándose la falda hasta la cintura. Mientras la penetraba furiosamente se desató el pareo, lo tomé y se lo puse como una mascada alrededor del cuello, mostrando su cuerpo completamente desnudo. Mirando por delatripa: narrativa y algo más

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encima del auto, vigilando para no ser sorprendidos, apretaba con fuerza sus caderas o acariciaba sus pechos y la besaba en el cuello. Me encantaba la imagen que me ofrecían sus rotundas nalgas, la curva de sus caderas, su larga espalda y su perfil helénico. Justo antes de terminar me retiré, y rápidamente Juliana se dio vuelta para recibir en cara y boca mi descarga caliente. Intenté penetrarla de nuevo sobre el asiento, pero pasó el auto de vigilancia, se detuvo justo enfrente de nosotros y nos abordó un policía. Juliana trató de cubrirse llevando el pareo a sus pechos. Le expliqué que éramos pareja, que teníamos meses de no vernos y que no pudimos aguantar más. Se rió a carcajadas y nos mostró una cámara de video, donde tenía grabados todos nuestros encuentros con sus diferentes caracterizaciones, desde el primero, hacía unos 6 meses, en que Juliana se disfrazó de colegiala, con su falda tableada y a cuadros. En rápida sucesión se veía a Juliana como Trinity de lentes oscuros, con su gabardina negra y botas; como cantante de RBD con su falda de mezclilla, blusa blanca y corbata roja: como porrista, sexoservidora, tenista, Shakira en camisón, vampiresa... Ni Juliana ni yo nos habíamos dado cuenta nunca que nos estuvieran grabando, aunque sospechábamos que, tal vez, en algunas ocasiones, las personas que esperaban el autobús, fuera del estacionamiento, nos habían visto (o adivinado más bien) de lejos, a través de unas pequeñas ventanas. Le deslicé discretamente al policía un billete de 20 dólares, mientras

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delatripa: narrativa y algo más

Juliana lloraba y prometía no volver a hacerlo. El policía nos dijo que podíamos seguir haciéndolo, que los videos eran un éxito y circulaban ya por Internet en una página de dogging, pero que debíamos dejarlo grabarnos de más cerca. Al decir esto, le arrebató de un tirón el pareo a Juliana y comenzó a filmarla, mientras ella gritaba e intentaba taparse inútilmente con las manos y se metía al auto. Yo empujé bruscamente al policía, subí al carro y cerré la portezuela. Nos alejamos lo más rápido que pudimos. Juliana me hizo prometerle, en ese mismo momento y entre sollozos, que buscaríamos ayuda psicológica. Ya sus amigas de la Universidad le habían advertido que era una locura esa afición que teníamos a hacer el amor en los lugares públicos más insólitos, lo mismo en baños que parques, taxis que playas, pasillos, albercas y un muy largo etcétera. Acepté ir a terapia esa misma semana. El psicoanalista, desde la primera sesión, relacionó mi parafilia (así la llamó él) al hecho innegable de que siendo niño, seguramente, me había enfrentado a lo que Freud llamó Urszene, la escena originaria. Es por eso que, desde entonces, Juliana y yo ya hacemos el amor normalmente, como debe de ser: en la cama, en la intimidad de nuestro cuarto, pero bajo un gran retrato de mis padres. Puedo decir que indudablemente se trata de un sencillo caso de elemental justicia.

delatripa: narrativa y algo mรกs

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El amor cortés en El amor es una droga dura Arely Jiménez No ay otra colación para mi sino tener tu cuerpo y belleza en mi poder. Fernando de Rojas

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omo indicaba Rulfo, el amor es uno de los temas centrales en la literatura, al igual que la vida y la muerte; resulta inmanente al hombre el tratarlo. En El amor es una droga dura de la autora Cristina Peri Rossi el lector se encuentra, quizá, frente a la obra más cruda y sensible sobre la postura del hombre respecto al amor, ese ente químico, espiritual y sexual planteado en la novela, que atendiendo a la línea posmoderna, combina elementos de distintas épocas: máximas de la filosofía romana, pinturas de Courbet y de Ingres, etcétera. Pese a la conjunción de elementos tan diversos, la historia mantiene un tópico de la época medieval: el amor cortés, el cual cuenta con las siguientes características, según Lillian Von Der Walde Moheno: Del feudalismo procede la consideración del servicio de amor. Se da una transposición del concepto de vasallaje al amante, y la dama se convierte en "señor"; y tal como sucedía en la realidad, este siervo de amor se sitúa en un nivel inferior jerárquicamente. Es más, la dama se concibe como un ser lleno de perfecciones y, en este sentido, moralmente superior al hombre.1

Además, hay que recordar que esto se presentaba en las clases altas, es decir, la nobleza. También se hace mención de la búsqueda del placer sexual, pese a la influencia religiosa que

puede haber en el amor cortés: "el amor cortés lleva implícito el goce erótico concreto (sensorial y físico) como retribución, por más que un sector de la crítica haya creído que en él sólo hay deseo de alcanzar la unión de dos almas, por ser un ‘amor platónico’, exclusivamente ideal."2 El amor cortés tiene dos vertientes: amor mixtus y amor purus. Según Andreas Capellanus se entienden de la siguiente manera: El amor "puro" es el que une los corazones de dos amantes con toda la fuerza de la pasión; consiste en la contemplación del espíritu y de los sentimientos del corazón; incluye el beso en la boca, el abrazo y el contacto físico [...] con la amante desnuda, con exclusión del placer último, pues éste está prohibido a los que quieren amar puramente. Se llama "amor mixto" al que incluye todos los placeres de la carne y llega al último acto de Venus. [...] éste también es un amor verdadero y digno de elogio; incluso se dice que es causa de todo tipo de bienes aunque por él amenacen muy graves peligros.3

Finalmente y siguiendo la línea divisoria de afecciones del amor cortés, aparece el amor hereos, el mal de amor o el amor no correspondido: …el amor no correspondido produce una enfermedad de índole melancólica, que afecta la vitalidad de quien la sufre (vapores venenosos "suben", puesto que son producidos

1

Von Der Walde Moheno, Lillian. "El amor cortés", en "Espacio Académico" de Cemanáhuac, III: 35 [junio 1997], p. 3

2

Ibídem.

3

Capellanus Andreas/ Andrés el Capellán, De amore / Tratado sobre el amor, introd., ed. y notas de Inés Creixell Vidal-Quadras, Barcelona: El Festín de Esopo, 1985 (Biblioteca Filológica, 4).

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delatripa: narrativa y algo más

por la concupiscencia, e inflaman el cerebro). La verdad de este mal mental es indudable, y hasta los moralistas tienen que aceptarla. Varios manuales médicos describen el padecimiento con amplitud y señalan las posibles curas (la muerte del paciente puede sobrevenir si éstas no se llevan a efecto). El nombre técnico es "hereos".4

Aún cuando el amor cortés reconsidera la postura de la mujer en la literatura, no deja de ser, de acuerdo a Von Der Walde, una visión totalmente masculina. De esta misma manera, se podría leer El amor es una droga dura, que más que hablar de Nora, el objeto de deseo del protagonista, Javier, aparecen los distintos niveles de subjetividad del enamorado, en los cuales la amada escapa a su imaginación una y otra vez. El libro inicia con una cita de Platón: "El amor es quien ama, no lo amado." Retomando el punto de vista masculino, la narración se centra en quien posee la noción del deseo, Javier y su mirada moran principalmente El amor es una droga dura, y de manera casi insospechada, como una grieta incómoda, Nora y su realidad. Javier, un fotógrafo famoso y rico, es alcohólico, cocainómano y promiscuo; luego de sufrir una angina, pasa un tiempo de sosiego y deslindamiento de todas sus dependencias cuyos efectos eran principalmente químicos. Abandona pues, el ambiente urbano que permeaba sus decisiones y vive tranquilamente en las zonas rurales hasta que vuelve a la ciudad. Cabe resaltar que el personaje de la ciudad en la novela es de seria importancia y se describe a partir de animalizaciones: "La ciudad devoraba a gran velocidad la fama y el prestigio profesional. La ciudad era una gran loba hambrienta, y deglutía, consumía vorazmente objetos y personas."5 Al regresar a la ciudad, Javier mira por primera vez

a Nora, y desde allí parece sufrir un flechazo, un indicio del hereos: "Conocía este pánico: lo experimentó unos segundos antes de la angina de pecho. Pero ahora no parecía venir de su corazón, sino de otra parte de su organismo, posiblemente de su cerebro."6 Esta reacción recuerda a Calisto, que en La Celestina, sufre de locura por Melibea y ésta se cristaliza cuando al morir su cabeza queda partida en tres partes. La relación de Javier con Nora pasa por los derivados del amor cortés como si fueran secuenciales. El amor purus predomina en la novela ligándolo con el lapso de tiempo en que Javier corteja a Nora, además, el síndrome de Stendhal es uno de los pilares temáticos, Javier al ser fotógrafo se ve imbuido continuamente por la contemplación artística y compara a la acción de observar a Nora con la enfermedad padecida por Lacan, quien contemplaba en secreto "El origen del universo" de Coubert. De la misma manera, Javier observa patológicamente los retratos que hace de Nora. Por otra parte, Nora es una mujer aguerrida que busca ser quien maneje sus relaciones quizá por venganza más que por gusto, aquello la convierte en una señora, pues para el amante cortés, o vasallo, es imposible obtener a la señora. Sin embargo, hay distintas cuestiones que rompen con las características del amor purus, y son, en primera, la situación económica de Nora, que Francisco, el psicólogo compañero de Javier, califica como precaria, y que Nora no cumple del todo con la perfección que tiene la señora, así como lo expresa Javier en una ocasión: Cuando la vio aparecer, sufrió un estremecimiento. Había cambiado completamente de apariencia, a tal punto que le costó reconocerla. […] Llevaba una minifalda amarilla, extremadamente corta, que Javier no dudó en calificar de completamente

4

Von Der Walde Moheno, Lillian, ídem.

5

Peri Rossi, Cristina. El amor es una droga dura. Debate, México, 2003 (primera edición 1999). Pág. 50.

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Peri Rossi, Cristina. Op. Cit. Pág. 21. delatripa: narrativa y algo más

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vulgar, debajo unas medias negras con rombos y una blusa blanca, escotada, con finos tirantes. Además mascaba chicle.7

Javier, en cambio, cumple su vasallaje sufriendo la ausencia de la amada y la imposibilidad de tener relaciones sexuales con ella, embriagado en distintos vicios, pero el más grande de ellos es el deseo de poseer a Nora: Ahora, cuando experimentaba un agudo síndrome de abstinencia, no sabía bien qué necesitaba: no sabía si su sangre, sus vísceras, su cerebro, sus pulmones, su hígado, su corazón, necesitaban una raya de cocaína, un gran vaso de ron o una gran dosis de Nora.8

El fragmento anterior resume con precisión la aparición del hereos, pero químicamente y quizá de manera más atinada que en los manuales médicos medievales, Peri Rossi relaciona el aumento de endorfinas en el sistema nervioso por el amor con el aumento ocasionado por drogas como el alcohol, la cocaína y el cigarro; de ahí que el libro se titule "El amor es una droga dura". El amor purus en esta novela sufre una metamorfosis radical, ya que por principio, no se da un encuentro espiritual entre los personajes, Javier no está interesado en conocer a Nora, aunque ella revela aleatoriamente, distintas fragmentos de su vida que explican sus actitudes reacias: El enamorado sólo desea hablar de amor; cualquier otro tema le parece insoportable, superfluo, vano e irrespetuoso. Pero comprendió que tenía que hacer algún esfuerzo por demostrar interés en la vida de ella. ¿Cómo era posible estar tan enamorado de ella y, sin embargo, no sentir ningún interés por su vida?9

La búsqueda del encuentro sexual afecta mayoritariamente las acciones del protagonista. Pese a aquello, Javier no logra ver desnuda a Nora,

7

Peri Rossi, Cristina, op.cit., Pág. 51.

8

Peri Rossi, Cristina, op.cit., Pág. 75.

9

Peri Rossi, Cristina, op.cit., Pág. 122.

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ni siquiera cuando se logra el placer último, es decir, cuando se pasa al amor mixtus. Aún cuando Javier evoca en varias veces lo que sería poseer a Nora y lo describe detalladamente, en el instante en que sucede, Nora apenas es mencionada, el acto sexual se consuma en principio por y para Javier. Después de poseer a Nora, las afecciones maníacas de Javier cesan, pero aún continúa deseándola. Francisco, que trató de ver el caso de Javier de manera realista apoyado en citas de Freud y demás datos científicos, como a su manera lo hace Sempronio con Calisto, se torna en otro contemplador atacado por el síndrome de Stendhal y roba un retrato de Nora a Javier. Finalmente y para concretar, la novela retoma el concepto del amor hereos, el vasallo amante, la idealización de la amada y la innegable búsqueda del acto de venus, desechando el tópico benéfico que prevalecía en las intenciones del caballero y el encuentro espiritual entre vasallo y señora. Es más atinado conectar a Javier con Calisto que con el vasallo que representan los poemas de Jorge Manrique, es decir, El amor es una droga dura no retoma la idealización más que para evidenciarla, de cierta manera se podría pensar que así como el amor cortés es parodiado en La Celestina, Peri Rossi hace una reflexión cruda, honesta y pese a todo tremendamente poética y habitada de metáforas, de las actitudes dependientes de un hombre frente al objeto del deseo en la actualidad.

Bibliografia Von Der Walde Moheno, Lillian. "El amor cortés", en "Espacio Académico" de Cemanáhuac, III: 35 [junio 1997], México, 1997. Capellanus Andreas/ Andrés el Capellán, De amore / Tratado sobre el amor, introducción, edición y notas de Inés Creixell Vidal-Quadras, Barcelona: El Festín de Esopo, España, 1985. Peri Rossi, Cristina. El amor es una droga dura. Debate, México, 2003.

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Cuestión de enfoque José Manuel Ortiz Soto

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ramos unos cabrones, no tengo duda. Para una joven mujer cuyo esposo -indocumentado en los Estados Unidos- hacía meses no mandaba un peso, no era fácil trabajar fuera de casa y cuidar de sus hijos. Así que mamá se apuraba a darnos de comer y, después de mandarnos uno por uno al baño, nos encerraba en la habitación más grande, la única de ventana a la calle. El sonido grave de la llave echando el seguro a la puerta tenía una mezcla de abandonada felicidad. Sé que no faltará quien diga que no son formas de criar a un hijo -a cuatro para ser precisos- y que una tipa así no merece el calificativo de madre, sino la cárcel, y que su esposo no quiera saber nada de ella. Para nosotros, aquella rutina de las tardes significaba todo, menos maltrato. Al vernos solos, lo primero que hacíamos era correr las cortinas con discreción y entreabrir las hojas de la ventana. Una ráfaga de viento -a veces fresco, otras tibio- nos recibía con la complicidad de otros ocho ojos al acecho. Sí, éramos unos cabrones que siempre encontrábamos la forma de divertirnos. Para cuatro pillos con iniciativa, no había mejor escondite que una ventana en apariencia cerrada. Si no pregúntenle al perro del vecino, que recibía con regularidad la andanada de piedras que escupían nuestras resorteras.

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La implementación del Programa de Acción del Segundo Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo (2005-2015) desde una perspectiva del desarrollo autónomo, autogestivo y multiétnico Lucila Sánchez García1

L

a firma de convenios, declaraciones y creación de organismos para la defensa de los derechos indígenas, constituye la primera etapa para hacer realidad los objetivos del Programa de Acción del Segundo Decenio Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo (2005-2015)2. Sin embargo, la segunda parte es la más difícil de cumplir, es decir, hacer realidad las metas propuestas. Desde esta perspectiva, los logros alcanzados hasta ahora, en favor de los derechos de las poblaciones indígenas, se deben, no tanto a la presión ejercida por los indígenas en pro de sus derechos, sino más bien a los siguientes dos sucesos. El primero fue la coyuntura de intereses económicos y políticos, nacionales e internacionales, en el territorio y recursos naturales de las poblaciones indígenas, lo cual hizo que el mundo volteara a verlos. El segundo se debió a la discusión, que desde los años 50, comenzó en los círculos académicos y organismos internacionales respecto al tema indígena. Esto tuvo como

consecuencia la firma de numerosos convenios, creación de organismos especializados y organizaciones no gubernamentales para la defensa de los derechos indígenas. Sin duda alguna, esto constituye un gran avance, pues se ha logrado la difusión internacional de las culturas y problemáticas indígenas. Sin embargo, hace falta incluir a los indígenas en estos procesos, ya que cualquier legislación en materia indígena necesita ineludiblemente de la participación de las poblaciones indígenas. El problema es la falta de información que ellos tienen acerca de la existencia de estos medios y las condiciones desventajosas que les impiden actuar en pro del respeto a sus derechos3. Incluso existen indígenas que no saben que tienen derechos y mucho menos cómo hacerlos valer. Entonces, ¿cómo involucrar a los indígenas en este proceso? Por un lado, se deberán realizar acciones para el desarrollo de las capacidades de los indígenas, es decir, dotarlos de herramientas para

1

Delegada Juvenil de México en el 62° Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad del Mar (UMAR). Maestra en Ciencias Educativas por la Universidad Regional del Sureste (URSE).

2

En 1957 se firmó el Convenio (Nº 107) sobre poblaciones indígenas y tribales, el cual constituyó el primer instrumento internacional que enunció sus derechos, así como las obligaciones de los Estados respecto a ellos. En 1982 el Consejo Económico y Social, creó el Grupo de Trabajo sobre las Poblaciones Indígenas y en el año 2000, estableció el Foro Permanente para los Pueblos Indígenas. En 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la resolución 48/163, proclamó el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (1995-2004) y en el 2004, con la resolución 59/174, proclamó el Segundo Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (2005-2015), que comenzó el día 1 de enero de 2005.

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Si bien existe participación de algunos pueblos indígenas en foros nacionales e internacionales, ésta es limitada por el desconocimiento de los propios indígenas, de la existencia de estos medios para contribuir a su desarrollo y defensa de sus derechos.

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que ellos logren, por sí mismos, un bienestar que les permita una vida digna y plena. Las herramientas que los indígenas necesitan para el desarrollo de sus capacidades son básicamente tres: salud, educación e ingreso, características que, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, constituyen el desarrollo humano4. Por consiguiente, el desarrollo de sus capacidades les permitirá generar un desarrollo autónomo, autogestivo y multiétnico en las poblaciones indígenas. Es necesario un desarrollo autónomo por que éste ha de crearse desde el interior de las mismas comunidades indígenas. Deberá ser autogestivo por que las propuestas para el mejor cumplimiento del Plan de acción para el Segundo Decenio de las Poblaciones Indígenas, deben provenir de ellos mismos, quienes conocen mejor que nadie sus problemáticas, esto es, deben convertirse en gestores de sus propios intereses. Por último, deberá ser un desarrollo multiétnico, ya que el desarrollo debe ser encaminado de acuerdo a los usos y costumbres de cada comunidad indígena con el fin de preservar su patrimonio cultural, en otras palabras, el desarrollo no debe significar un cambio drástico en sus formas tradicionales de vida. Para lograr el desarrollo de las capacidades de los indígenas y por consiguiente, hacer realidad los objetivos del Segundo Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas, propongo las siguientes acciones:

A nivel Nacional: a) Fomentar el servicio social comunitario entre los estudiantes de bachilleratos y universidades. En vez de prestar servicios a una institución gubernamental (como comúnmente se hace), se deberían brindar cursos de

alfabetización a comunidades indígenas. Para ello, el Estado deberá financiar la estancia de los jóvenes en las comunidades indígenas, para que ellos tengan la oportunidad de convivir directamente con los habitantes. Esto ayudará no sólo a mejorar la educación de los indígenas, sino también servirá para lograr una mayor conciencia entre los jóvenes respecto a esta temática. b) Utilizar la red de maestros de educación indígena para difundir la información respecto a la defensa de los derechos de las poblaciones indígenas. Los maestros de educación indígena bilingüe son la mejor vía de información en este caso, ya que al estar en contacto directo con las problemáticas de las poblaciones y conocer además su lengua nativa, podrán comunicar de manera eficaz la información correspondiente5. c) Adecuar los programas educativos a la cosmovisión indígena mediante la creación de libros de texto especiales y gratuitos para la población indígena. Actualmente existen algunos libros en lenguas indígenas, pero al haber tantos dialectos (variantes de la lengua), es difícil crear libros especializados en las lenguas autóctonas de cada población. Otro problema es que muchas lenguas indígenas no cuentan con un alfabeto o sistema escrito. Por tales razones, propongo adecuar los libros de texto en español a la cosmovisión indígena, es decir, diseñarlos acorde al ambiente donde se desarrollan los estudiantes indígenas. El inconveniente de los libros de texto en español, es que están diseñados para la población urbana, con ejercicios y dinámicas ajenas a la forma de vida de las poblaciones indígenas. Por eso, sería favorable editar libros de texto especiales y gratuitos para la población indígena, en donde además, se incluyan temáticas tendientes a la preservación de sus culturas.

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El desarrollo humano según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) consiste en "la libertad y la formación de las capacidades humanas, es decir, es la ampliación de la gama de cosas que las personas pueden hacer y de aquello que pueden ser. Las libertades y derechos individuales importan mucho, pero las personas se verán restringidas en lo que puedan hacer con esa libertad si son pobres, están enfermas, son analfabetas o discriminadas, si se ven amenazadas por conflictos violentos o se les niega la participación política".

5

El Estado por su parte, deberá brindar previamente cursos a los maestros indígenas respecto a este tema, para que ellos puedan reproducir la información al interior de las comunidades donde laboran. También es preciso que el Estado remunere el esfuerzo de los maestros que participen en estas acciones, con el fin de incentivarlos y hacer que un mayor número de maestros se unan a esta causa. delatripa: narrativa y algo más

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d) Construir una Casa del Estudiante Indígena. Para hacer realidad un desarrollo autónomo y autogestivo, la educación es la mejor herramienta para el desarrollo de las capacidades, por eso es de vital importancia contar con una base intelectual propiamente indígena. Para ello, es necesario fundar una Escuela Nacional Indígena que de cobijo a los mejores estudiantes indígenas de México mediante el otorgamiento de becas que aseguren la continuidad en sus estudios6. e) Reformar las constituciones de los Estados donde exista población indígena significativa. Actualmente los Estados con mayor porcentaje de población indígena son: Yucatán (59.2), Oaxaca (47.9), Quintana Roo (39.3), Chiapas (28.5), Campeche (26.9) e Hidalgo (24.5)7. Sin embargo, existe una divergencia entre las constituciones estatales, respecto al reconocimiento de la composición étnica plural de su población, a la autonomía de las poblaciones indígenas y el respeto a sus usos y costumbres8. f) Realizar un Pacto Indígena Nacional. Frecuentemente se piensa en las poblaciones indígenas como un ente homogéneo, no obstante, existe una gran heterogeneidad entre ellas. Actualmente existen numerosos casos de problemas territoriales entre comunidades indígenas, lo cual les lleva a rivalidades que no permiten lograr un desarrollo regional conjunto. Por eso, es de vital importancia re-

solver las diferencias entre las comunidades indígenas para crear una unidad que permita la mejor organización entre ellos9. g) Crear un capítulo etnoecológico en la Constitución Federal. Si bien, la Ley General del Equilibrio Ecológico (art. 8) y la Constitución Mexicana (art.15) dan facultades a los municipios sobre el uso de sus recursos naturales, también es cierto que se carece de una legislación que impida la concesión de estos bienes a empresas extranjeras. En estos casos, las comunidades no tienen participación alguna en el proceso de toma de decisiones, ni en el control de la extracción de sus recursos.

A nivel Internacional: a) Fomentar los convenios internacionales entre comunidades indígenas de diversas partes del mundo. Si bien ya existen algunos ejemplos de convenios internacionales entre comunidades indígenas, es necesario fomentar este tipo de prácticas para lograr una mayor unidad y cooperación entre las poblaciones indígenas de todo el mundo10.

Esto también es con el fin de dar a conocer la existencia de este tipo de medios para la defensa de sus derechos, ya que la firma de pactos internacionales es una práctica desconocida en la mayoría de las comunidades indígenas.

6

Esta propuesta la retomo de la Casa del Estudiante Indígena que se creó en 1924 durante el período del Presidente Calles, sin embargo, a través de los sexenios, no se le dio continuidad a este proyecto.

7

Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas [PDF]. 1ª Ed., México, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2006- [Citado el 18 abril de 2007]. Disponible en Internet: http://cdi.gob.mx/index.php?id_seccion=1916

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Esto se hace evidente, por ejemplo, en la diferencia entre las Constituciones Estatales de Oaxaca y Chiapas. Mientras en la Constitución de Oaxaca se reconoce la composición étnica plural y el derecho a la libre determinación de los pueblos expresada en su autonomía (art.16) y la jurisdicción indígena ejercida por las autoridades comunitarias de acuerdo con los usos y costumbres de los pueblos y comunidades (art. 112), en la Constitución de Chiapas se reconocen los municipios libres (art. 3) según lo establecido en el artículo 115 de la Constitución Federal, es decir, no se reconocen los usos y costumbres, ni la autonomía de los pueblos y comunidades indígenas.

9

Un ejemplo latente se encuentra en la Sierra Sur de Oaxaca. Desde hace más de 100 años, existe un conflicto territorial entre cinco comunidades vecinas: Santiago Amoltepec, San Mateo Yucuntidoo, Santa Cruz Zenzontepec, Santa María Zaniza y Santiago Textitlan. Este problema ha sido causa de más de 200 asesinatos entre los habitantes de las mismas comunidades. Una muestra de ello se dio el 16 de abril de 1986, fecha en la que habitantes de Santiago Amoltepec, asesinaron a 28 personas de Santa María Zaniza.

10

Véase ejemplo del Acuerdo de Comercio y Desarrollo de 1995 "La reunión del Cóndor y el Águila" entre lakotas canadienses y otomíes huastecos mexicanos en Durand Alcántara, Carlos Humberto, Los Pueblos Indios hacia el nuevo milenio, 1ª Edición, México, D.F., Universidad Autónoma de Chapingo, 2005, p. 482.

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b) Mayor coordinación de las dependencias gubernamentales de los Estados con organismos internacionales dedicados a cuestiones indígenas. Es necesaria una mayor vinculación y cooperación de las dependencias gubernamentales con los organismos internacionales, para trabajar sobre proyectos conjuntos en materia indígena. Un ejemplo fructuoso de ello, es el Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas de México 2006, el cual es resultado del trabajo conjunto del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). En este sentido, propongo realizar un estudio anual internacional de las condiciones de vida de las poblaciones indígenas mediante el Índice de Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas (IDHPI)11.

Sin duda alguna, la participación de la sociedad civil y los jóvenes será de vital importancia para el cumplimiento de estas propuestas. Sin embargo, percibo una sociedad civil pasiva en relación a las problemáticas de los pueblos indígenas. Una evidencia de ello es la indiferencia hacia estos temas en nuestra sociedad12. Por ello, propongo rescatar la visión de fraternidad de los pueblos indígenas y retomar la organización social basada en la comunidad y la solidaridad 13. Una forma de acercar a la población no indígena hacia estos temas, podría ser mediante la realización de festivales escolares y actividades académicas el 9 de agosto, día internacional de los pueblos indígenas. Otra forma sería realizar una serie de intercambios temporales entre estudiantes indígenas y no indígenas, con el fin de que ambas partes conozcan y hagan conciencia sobre la realidad del otro.

Bibliografía ÁLVAREZ, Francisco. (Comp. 2001) Capacidades, libertades y desarrollo: Amartya Kumar Sen. Teorías Políticas Contemporáneas. Valencia: Máiz, R. BARABAS, Alicia Mabel. (2003) Los pueblos indígenas de Oaxaca. Atlas etnográfico. (1ª Ed.) México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. DURAND ALCÁNTARA, Carlos Humberto. (2005). Los Pueblos Indios hacia el nuevo milenio. (1ª Ed.) México, D.F.: Universidad Autónoma de Chapingo. RAMÍREZ GARCÍA, Eduardo (2001) Derecho y Cultura. (Vol. 1, Núm. 3) México, D.F.: Órgano de Divulgación de la Academia Mexicana para el Derecho, la Educación y la Cultura.

Electrografía Conservacionistas e Indígenas confluyen [HTML]. Costa Rica, Universidad Nacional Heredia- [Consulta realizada el 17 de abril de 2007]. Disponible en Internet: http://www.una.ac.cr/ambi/Ambien-Tico/114/ Quan.htm Constitución Política del Estado de Campeche. Cámara de Diputados LX legislatura H. Congreso de la Unión. [Consulta realizada el 18 de abril de 2007]. Disponible en Internet: www.cddhcu.gob.mx/comisiones/asunindi/ campec.pdf Constitución Política del Estado de Chiapas. Cámara de Diputados LX legislatura H. Congreso de la Unión. [Consulta realizada el 18 de abril de 2007]. Disponible en Internet: http://www.cddhcu.gob.mx/bibliot/ infolegi/consedos/constitu/chiapas.htm Constitución Política del Estado de Oaxaca. Cámara de Diputados LX legislatura H. Congreso de la Unión. [Consulta realizada el 18 de abril de 2007]. Disponible en Internet: http://www.cddhcu.gob.mx/bibliot/ infolegi/consedos/constitu/oaxaca.htm Constitución Política del Estado de Quintana Roo. Cámara de Diputados LX legislatura H. Congreso de la Unión.

11

Véase la construcción de este índice en el Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas, Op. cit. p. 266-272

12

Si bien existen organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles encargadas de realizar acciones para mejorar el bienestar de los pueblos indígenas, éstas son una minoría comparada con la población total mundial.

13

Un ejemplo de ello es la concepción de la Guelaguetza en el Estado de Oaxaca. La palabra "Guelaguetza" significa compartir. Esto se demuestra en las fiestas patronales de los pueblos indígenas donde las personas ayudan al Mayordomo (anfitrión) a soportar el gasto que implica realizar esta festividad. La ayuda que se ofrece puede ser en especie (tortillas, frijol, refrescos, etc.) o con mano de obra. Este apoyo se brinda con el compromiso de que el Mayordomo devuelva la ayuda cuando los demás lo necesiten. Otro ejemplo es el "tequio", es decir, un servicio voluntario de las personas pertenecientes a una comunidad para realizar una obra por el bien del pueblo. delatripa: narrativa y algo más

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[Consulta realizada el 18 de abril de 2007]. Disponible en Internet: www.cddhcu.gob.mx/bibliot/infolegi/ consedos/constitu/qroo.htm Constitución Política del Estado de Yucatán. Cámara de Diputados LX legislatura H. Congreso de la Unión. [Consulta realizada el 18 de abril de 2007]. Disponible en Internet: www.cddhcu.gob.mx/camdip/coord/ cooryuc1/consind.htm Estudios sobre Desarrollo Humano [PDF]. 1ª Ed., México, D.F., Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2003- [Consulta realizada el 12 de abril de 2007]. Disponible en Internet: http://saul.nueve.com.mx/serie/ index.html Guía de Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas [en línea]. Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. [Consulta realizada el 12 de abril de 2007). Disponible en Internet: http://www.ohchr.org/spanish/issues/indigenous/guide.htm

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Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas de México [PDF]. 1ª Ed., México, Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, 2006[Citado el 18 abril de 2007]. Disponible en Internet: http://cdi.gob.mx/index.php?id_seccion=1916 Informe sobre Desarrollo Humano 2005: La cooperación internacional ante una encrucijada ayuda al desarrollo, comercio y seguridad en un mundo desigual [PDF]. New York, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, 2005- [Consulta realizada el 18 de abril de 2007] Disponible en Internet: undp.org.mx Programa del Segundo Decenio de las Poblaciones Indígenas del Mundo (2005-2015) [PDF]. Organización de Naciones Unidas (ONU). [Consulta realizada del 15 de abril de 2007]. Disponible en Internet: www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/ second_decade_poa_es.pdf

Entrégame, amor, tu corazón Alejandro Ipatzi

D

ecido darme una ducha mientras ella reposa en la cama del motel. Generalmente no suelo bañarme en los hoteles, pero esta vez lo hago porque después de la acción quedé demasiado salpicado. Palmeo mi cintura, mi panza. Me recuerdo que van varias veces que prometo ponerme a hacer ejercicio para reducir esa lonjita que me impide cerrar aquellos pantalones que me gustan mucho. Desde donde yo lo veo mi pene es pequeño. Dicen que un hombre siempre verá su pene más chico de lo que es. Bueno, también lo he visto a través del espejo y sigue sin parecerme la gran cosa. Como sea, sabe cumplir con su misión y eso es lo importante. Me gustaría preguntarle a ella qué opina, pero está tan quieta en la cama y yo aún no me lavo el cuerpo. Abro las llaves de la regadera. Siempre me confundo con cuál es la caliente y cuál la fría. No me ayuda que a veces las llaves tengan "C" y "F", y otras digan "C" y "H"; porque las primeras son Caliente y Frío y las otras Cold y Hot. Parece que aquí no hay agua caliente. Bueno, de cualquier manera no me gusta tan caliente. Casi todo lo prefiero frío. El café, la comida; cosas que usualmente se sirven calientes, las prefiero frías. ¡Ah!, el agua está realmente fría. Me tallo el cuerpo para quitarme la viscosidad. No me gustan esos jaboncitos que huelen a percudido. Prefiero simplemente la acción de las manos y la fuerza de la regadera. El pelo, por hoy vale la pena mojarlo, hace un rato sentí que

estaba pegajoso. Ni modo. Todo yo acabo completamente mojado. Poco a poco me voy sintiendo limpio otra vez. La suciedad se desliza hacia abajo por mi pecho, mi vientre, mis testículos, mis piernas y finalmente remolinea entre mis dedos justo antes de deslizarse por los agujeros de la coladera. Sentirme limpio me da nuevas energías, me despierta los instintos. Es tan fastidioso que el placer esté inevitablemente vinculado a esas humedades que pegostean el cuerpo. Eso le resta atractivo. Pero no hay como un buen regaderazo para recuperar la excitación. Nena, estés o no lista, ahí voy de nuevo. Completamente desnudo, con una respetable erección que me enorgullece, paso nuevamente al cuarto de la cama. Ahí está ella. Me espera completamente distendida en la cama. Las piernas abiertas, los brazos en cruz. Sus ojos fijos en mí. Su postura es tan desmadejada. Qué diferencia con la compostura que guarda todo el tiempo en la oficina. El cabello recogido, los lentes colocados sobre la nariz por debajo de las cejas, el traje discreto aunque eróticamente modelador. Las zapatillas de medio tacón siempre limpias, la pierna cruzada. Toda ella un forzado intento de elegancia y refinación. Pero aquí está ahora, tal cual es, sin artificios, sin poses. Plena, absolutamente entregada a mi pasión. Antes de abalanzarme a su cuerpo doy un lento rodeo a la cama. Me acaricio arriba y abajo el pene, sonrío, tiemblo, recuerdo. delatripa: narrativa y algo más

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Ella no me hacía caso en los primeros acercamientos. Se negó cuatro veces a salir a tomar una copa conmigo. No bebo, me explicó por fin. ¿Un café? Bueno, sólo uno. Ese café puso de manifiesto que no tengo mucho que decir cuando la otra persona me gusta. Creo que se aburrió un poco porque la cita no duró más de dos horas. Pero tuvo la amabilidad de decirme que se la había pasado bien y al acompañarla a su departamento se despidió de beso en la mejilla.

se estaba arrepintiendo de aceptar salir conmigo y de venir aquí. Pero el taxi ya se había ido, así que siguió caminando, ya sin ganas, era evidente. Pero la conocía. Sabía que se acostaba con el Jefe, que se había ido de fin de semana con algún otro compañero de oficina. Sabía por los chismes de las secretarias que no le costaba mucho acceder a tener sexo con cualquiera. Por eso me gustaba. De lo contrario nunca me habría atrevido siquiera a mirarla de reojo en los pasillos de la oficina.

Ya para la siguiente estaba preparado; la película escogida, el restaurante contratado, el tema de conversación ensayado y mi ánimo elevado por lo que pudiera presentarse.

Es que es tan difícil hoy en día elegir a la mujer adecuada. He tenido mis malas experiencias. Experiencias realmente estresantes, traumáticas. Mujeres que no acceden a cualquier cosa por mucho que se digan open mind. Y a mí me cuesta tanto acercarme a ellas. No sé, es demasiado el temor al rechazo. Creo que el mundo nos la ha puesto difícil a los hombres al dejarnos toda la responsabilidad de la seducción. En cambio es tan de agradecerse que ellas se muestren receptivas, que simplemente sonrían y digan sí. Que no se anden con hipocresías cuando nosotros no les somos indiferentes.

Y, afortunado de mí, todo se presentó estupendamente. Llegó puntual, vestida para la ocasión; menos rígida que en el trabajo. Con el cabello peinado en ondas, la blusa desabotonada y zapatillas abiertas. Bonitos dedos, pensé. Bonita sonrisa, bonita silueta. Me sentí satisfecho de ver el efecto que causaba en los otros hombres en la fila del cine. Y luego, cuando se sentó en el restaurante, hacía mucho rato que estaba imaginándola desnuda. Esperé que no se notara mucho mi ansiedad por proponerle que fuéramos a un hotel. Acabamos de cenar; algo ligero para no sentirnos pesados a la hora del sexo y salimos, abordamos un taxi y al chofer le di una dirección. Había estado sudando todo el tiempo, mis manos estaban empapadas y ya tenía los laterales del pantalón húmedos de tanto secarme ahí las palmas. Por eso no le ofrecí la mano cuando abrí la portezuela para que saliera. El problema comenzó cuando a medida que avanzábamos ella aminoró el paso. Me miró un par de veces y ahí pude darme cuenta que 34

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El empleado del motel nos dio la llave sin fijarse a quién estaba atendiendo. Ella pasó por delante de mí rumbo a la habitación que nos tocaba. Parecía querer que todo terminara pronto. Así que entramos al cuarto, ella simplemente se quitó la ropa y ya. Pero así no. Yo no quería que esto fuera tan rápido. Quería que valiera la pena la espera. Quería poseerla profundamente, quería que me entregara su corazón, no sólo su cuerpo. Entonces lo hice. Besar, tocar, acariciar, susurrar frases al oído, son cosas que se hacen en estos casos para lograr que una mujer se entregue. Golpear, aprisionar su cuello, jalar sus cabellos, derribarla sobre la cama, arrancarle gemidos, hacer que dilate la mirada,

ver la sorpresa en sus ojos, la desesperación de la asfixia, de no poder gritar por ayuda, son cosas que yo hago para propiciar la entrega. Cayó sobre la cama, yo caí sobre ella. Pataleaba furiosa y aterrorizada. Arañó mi cara, me arrancó algunos cabellos, me sacó el aire un par de veces, me partió el labio. Se estaba resistiendo mucho más que las otras. Ellas simplemente se habían dejado hacer, paralizadas por el terror. Pero ésta, esta mujer que me había llamado la atención desde que entré a trabajar en la oficina, y por la que había dejado de buscar durante varios meses, me estaba confirmando que mi elección no había sido equivocada.

Así que me apresuré. Tomé la navaja que llevaba preparada en el bolsillo trasero del pantalón y comencé a hundirla en ella. Golpes, muchos golpes del acero en su cuerpo convulsionándose hicieron que acabara así de salpicado. Un tajo para el cuello y otro más para su pecho en busca del corazón y mis manos completamente empapadas con su sangre. Pero ahora ya estoy limpio. Tengo esta erección potente, la tengo toda a mi disposición y tengo su corazón entre mis dedos. Es momento de entregarnos al amor.

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Narraciones César Rito Salinas

- Zaira tiene novio.

Las piedras del arroyo Los niños miran un punto lejano. Federico García Lorca, Poema del cante jondo

Un vuelco en el vuelo parejo de las aves, así era cada mañana el pleito de las tres hermanas. Como si de las manos de un niño saliera entre el maizal una piedra certera sin sonido y sin sombra. Una piedra del arroyo del camino. Y el pájaro con el impacto perdiera substancia etérea y fuera cosa con pico y alas y sombra, patas con escamas. - Le voy a decir a mamá. El cuarto se llenaba de rasguños y patadas, pujidos y llaves chinas. El cuarto era todo oscuridad total con estrellitas. - Ni se te ocurra. La casa como el campo abierto donde los niños salen a tirar piedras a los pájaros y matar palomas y pichones. El campo donde corre libre el perro pinto, alejado de las miradas de los abuelos. Pinto saca la lengua de tanto sol y correr, dicen que los perros transpiran por la lengua. Ni una sombra en el campo donde esconderse del sol, las piedras, los pájaros y los niños que corren lejos de las miradas de los padres. La casa como un campo con flores y sombra y canto de aves. - Trompuda. La mayor de las hermanas se llama Zaira, las otras dos hermanas en la historia sólo se llaman hermanas. 36

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Y la luz de la mañana se abre a puñetazos y jadeos. Una bola hecha de tres cuerpos que ruedan en el piso lustroso, recién barrido. En la ventana entra el aire fresco de la mañana cargado de olores de azahar de la flor del naranjo. - Niñas apúrense porque se les hace tarde el desayuno. Los libros de quinto año de la primaria regados en el piso. Lápiz y sacapuntas, colores y libretas entran en combate silencioso. - ¿Quieres ser mi novia? - Si. La tarde no es más que canto de pájaros al volver de la escuela. Una pareja de niños, mujer y hombre, se retrasan del grupo que avanza entre empujones y silbidos. Mochila a la espalda. El campo abierto queda ahí enfrente, se abre desde los bordes de la calle hasta perderse en la mirada. Allá, bien lejos, donde se levanta la loma. Los pájaros vuelan de regreso al nido. La tarde es la hora en que destaca lo diminuto en el paisaje; el grupo de niños que regresa de la escuela, la punta de la loma, los pájaros. Los dos niños mochila al hombro que se retrasan del grupo y hay un veloz toque con las palmas de la mano. Paisaje eléctrico - Trompuda. Zaira con su hermana menor trenzada en pleito silencioso, mudo. La mamá entona una

canción de amor que sale desde la radio mientras arregla la mesa para el desayuno de la familia. - Zaira tiene novio. Los insultos duelen más cuando te lo dicen así, pegaditos al oído. Y el gancho al hígado pegado, muy en cortito, duele un friego. Y la rodilla clavada en el vientre quita el aire, la respiración. Y el dolor que hace que todo se oscurezca y se vean estrellitas. Como canto de pájaros en la tarde. - Le voy a decir a mi mamá. La más pequeña de las tres patea a los cuerpos que ruedan. Para ella no hay distingos, sólo la risita ahogada y la pierna izquierda que no se cansa de pegar a los cuerpos de sus hermanas que ruedan destrenzadas en el piso. Ríe y pregunta, ¿qué es un novio? - Si me regalas tu falda roja no digo nada. Los pájaros vuelven a cantar en el patio mientras el perro Pinto persigue una mariposa verde, la lluvia que nadie sabe de dónde sale vuelve a caer sobre los campos de labranza, las hermanas se arreglan para iniciar la jornada del día; bellas, tiernas como piedras pequeñas esparcidas en el arroyo del camino. Las tres hermanas sentadas a la mesa para tomar su desayuno. - Mamy, Zaira me quiere mucho, me regaló su falda roja. Una brisa ligera acaricia la frente de las tres, se entretiene en el mentón de Zaira y se escapa volando tras un pájaro de pecho amarillo. Los pájaros de la mañana, veloces como la mirada de un niño que se posa en el hombro de una niña, lejos, muy lejos de las piedras pequeñas del arroyo del camino.

Merolico Lo encadenó su mujer a un tanque de gas pero logró alcanzar la calle a rastras. Merolico ataca de nuevo. En sus días de la sobriedad vende pomadas milagrosas en una esquina de la central de abastos. Remedios infalibles contra todo dolor de espalda que tenga su origen en la inflamación del hígado, caídas, torceduras o congestionamiento en los riñones. Ungüentos que enderezan la mirada a los viejos que se enamoran de las adolescentes. En un tiempo fue ratero conocido, pero su mujer, sus hijas, lo quitaron de esa fea costumbre. Enderezó su vida, levantó patrimonio. En los días de la sobriedad limpia su terreno con el machete, lleva a su familia al templo evangélico, lee la biblia y cuida a sus nietos. Cuando agarra la borrachera su gente tiene que esconderle todo. El machete, la biblia, su camisa del domingo para la oración. Ebrio de mezcal pierde sus días en la calle del puente del arroyo. La bebida le hace olvidar familia, terreno, pomadas para el milagro. Se convierte en uno más de los presta diez o te pego. Lo tienen que amarrar con cadena a la puerta de su hogar. Desde ahí, desde la puerta, contempla el correr calmo de las aguas del arroyo, el paso lento del alcohol por su cabeza, los gritos sin enojo de la banda de borrachos del arroyo. A pan y agua le cura su familia la borrachera. De su puerta se levanta un día, bueno y sano, y aborda un camión que lo deja en la esquina del mercado de abasto donde realiza su comercio de aquella Pomada Milagrosa del Jorobadito.

- Si. delatripa: narrativa y algo más

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La Virgen callejera La Virgen del Carmen decidida a todo, con el niño en brazos. Sin mares y sin iglesia que la protejan en la esquina caliente de la ciudad. Acompañada por una puntual pistola Smith and Wesson, 38 súper. Para que ande con ella, y la proteja Dios y la corte celestial entera. Para que nada le pase. Para alejar todo mal y sus peligros. A lo cuídate que Dios te cuidará, como decía mi madre. Por eso anda la Virgen de los mares, patrona de todas las marinerías, tan quitada de la pena en la esquina caliente de la ciudad. Entre tanto loco, poeta, delincuente, golfas. Confiada y tranquila como debiera andar toda mujer por la faz de la tierra. Sin sobresaltos, sin amenazas. Con el niño entre los brazos. Y ese séquito de arcángeles bandoleros que la mira y la deja pasar, le abre paso. Que se quitan ante la luz de su rostro como perros que reconocen el peligro. Y la Virgen que camina y pasa, muy reina de todos los mares ella. Bella, así.

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Chon Un calcañar que tiene malo le hace arrastrar la pierna izquierda. Hace mucho tiempo sufrió de amores, pero ¿quién no pasó por eso? Las adolescentes que se besan con el novio al salir de la escuela saludan a la figura de un hombre flaco que anda a todas horas con una bolsa de mandado entre las manos. En la esquina de la frutería la otra tarde traía un alegato cerrado con el viento que toca la cintura de las mujeres. La mañana de hoy me saludó en la esquina del herrero. Buenos días, buenos días. Lleva amistad personal con puertas y ventanas verdes, cerradas a la noche y al día. Cuando llegan sus hijas a traerlo la gente lo extraña. Cuando nadie lo mira pasar con su bolsa del mandado circulan entre nosotros historias, "Chon está en la Cruz Roja". Todo queda en pura historia, Chon nos va enterrar a todos. En la bolsa de mandado lleva una reluciente botella de mezcal., anda con ella a todas partes, lo vemos. Chon pasa entre nosotros como la esquina del camión, la tienda, el nevero que hace sonar su trompeta de plástico.

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Sofía Gonzalo Vilo

H

icks abrió la puerta de su habitación y oprimió el delgado interruptor con un débil movimiento de su dedo índice. Allí, sobre la cama, cubierta por un hermoso vestido rosado, estaba su pequeña Sofía esperándolo. El le sonrió. - Mi chiquita -murmuró enternecido- mi bella delicia. Se subió a la litera y llegó hasta ella gateando. Cuando la tuvo a su alcance, estiró su brazo y acarició con suavidad su frente y sus mejillas. Miró con afecto aquellos ojos azules y luego la besó en la boca y en el pecho. - Cosita mía -volvió a susurrar- me encanta cuando estas así de cariñosa, no sabes como me haces feliz. Con mucha delicadeza y ternura, el comenzó a desvestir a Sofía. Primero, le quitó su vestido rosado, luego los zapatitos negros y, por último, la ropa interior. Cuando la tuvo por completo desnuda ante el, la recostó sobre la cama y comenzó a acariciarle las piernas y el pecho, mientras su boca iba y venia por aquel cuello delgado y fino. Ella no decía nada, tampoco se movía. Solo estaba allí y se dejaba acariciar y besar con docilidad, sin reproches Algo, sin embargo, lo obligo a detenerse, y con un poco de brusquedad retrocedió hasta llegar al clóset. Sacó un bolso negro que colocó sobre una silla de madera y después de correr el cierre, quedó a la vista una enorme cabeza. El la tomó e introdujo la suya dentro de ella. Esta cabeza era peluda y café, con 40

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grandes agujeros en la nariz, en la boca y en los ojos. Debajo de ella estaba el resto del cuerpo, también peludo y de color café, pero este sólo tenía un agujero entremedio de las piernas. Con aquello ya puesto, Hicks volvió a la cama. Allí todavía estaba Sofía, inmóvil y silente mirando hacia el techo. Quiso recomenzar con más besos tiernos y caricias; pero al final solo se dejo caer sobre ella, embistiéndola con fuerza. El colchón, algo débil, comenzó a moverse y a rechinar, mientras los horrorosos gemidos de él estallaban sobre la almohada y el oído de ella. Al rato se detuvo exhausto, con la respiración entrecortada. Se separó de Sofía con cuidado y se quitó la cabeza, para luego secarse con una toalla. Sintió una sequedad en la garganta y un pequeño calambre en el muslo derecho. Pese a esto, con la parte de abajo aun puesta, se fue a la cocina por algo de beber. Mientras se servía un vaso de jugo de fruta, oyó la melodía inconfundible de su celular y dejó el vaso a medio servir sobre la mesa del comedor. Hicks miró el número de la llamada, era Gómez. - ¡Hey! qué mierda pasa que no estay con Sofía -se escuchó al otro lado de la línea- El alemán esta esperando hace media hora. - Si, Juan…oye -trató de explicar Hicksestaba a punto de conectarme…. estaba ya...

-Mentira -dijo el otro- Hace rato que ya "deberiai" haberte "conectao" ¿Acaso ya no "queri" trabajar? ¿Acaso…? - No -interrumpió Hicks- No es eso… Bueno… mira…Juan… yo… de eso quería hablarte... no se si sea una buena idea salir hoy, yo… - No me "vengai" con hueas rucio "culiao" -exclamó el otro- Ponte en línea, apúrate, no te conviene ponerte hueón, "voh sabi". Hicks suspiró y miró hacia el techo, apretó los puños. -No sé, Juan -insistió- Igual, como que la Sofía… como que está cansada. -¿Cómo va a estar cansada "ahueonao"? alegó Gómez, cada vez mas molesto- ¿De qué chucha me estay hablando? Ya partiste, que después del Jurgen viene Don Matsura. -¿De nuevo? -Si hueón, de nuevo, y agradece, que todavía no termino de pagar por esa mier... -Sofía -volvió a interrumpir Hicks- Se llama Sofía. -Bueno, Sofía… Me da igual como se llame. Harto cara que me salió la gracia, ni "vestío" traía, tuve que comprarle todo yo. Hicks guardó silencio y volvió a la habitación. Allí todavía estaba ella, inmóvil y en silencio, como siempre, dispuesta a todo, sin quejas, sin conflictos. El le sonrió y avanzó hasta la cama. -¿Me imagino que "andai" con la huea puesta, al menos? - Preguntó Gómez, aun al teléfono. -Si -se despertó Hicks- sólo falta colocarme la cabeza.

-Ya -suspiró el otro, más tranquilo- le voy a decir al Jurgen entonces, anda a prender la cámara y el notebook, apúrate. - Bueno, voy al tiro. Gómez cortó al fin y Hicks fue a encender el notebook y la cámara. Aquello no le tomaría más de algunos minutos. Al rato, y gracias al poder de la Internet, desde la pantalla, al otro lado del mundo, un tal Jurgen, de Dortmund, comenzó a saludarlo y a mandarle besos. -Gordo de mierda -Murmuró Hicks- Aparte maricón. Volvió a colocarse la cabeza peluda sobre la suya y se metió a la cama junto a Sofía. -Perdóname chiquita- Le susurró al oído. Acto seguido, la levantó con fuerza y la puso sobre él, con su pequeña entrepierna arriba de su miembro. Desde el computador, se escuchaban aplausos y algunas exclamaciones. Hicks comenzó a embestirla con movimientos rápidos y profundos. Después arremetió con mayor intensidad y los aplausos y los gritos del alemán se hicieron todavía más sonoros. -Bravooo -exclamaba el tal Jurgen- Bravoo. En la última arremetida, Hicks la embistió con tal fuerza, que uno de los brazos de la pequeña cayo al suelo. Esto, sin embargo, no lo detuvo, ni tampoco cuando la cabeza se desenroscó de su cuello. Todo era parte del acto, del negocio, y a Jurgen le fascinaba, chillaba desde el otro lado. - Los! -se le escuchaba gritar- Bitte, mach! Al final, Hicks terminó con lo que quedaba del cuerpo de Sofía sobre su pecho. No sabía delatripa: narrativa y algo más

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donde había quedado la cabeza y el brazo, pero ya no importaba. Sus ojos ahora estaban húmedos y sentía como si una mano gigante le estuviese apretando la garganta. El mundo era un lugar cruel. Se atrevió a mirar la pantalla del notebook una vez más. Allí estaba el alemán limpiándose y lanzando un papel hacia el piso. Bajó la vista de inmediato. Cuando levantó de nuevo la cabeza, la pantalla se había oscurecido por completo. Al rato volvió a salir una imagen, aunque esta

vez ya no era el gordo de Jurgen quien aparecía ante él, si no la cara de un viejo oriental de gruesas gafas. Don Matsura lo saludaba. Hicks se incorporó, y al instante comenzó a buscar la cabeza y el brazo. - Konishiwá- escuchó que le hablaban. Levantó la mano, mientras recogía la cabeza y el brazo, que habían caído a un lado de la cama.

Baby, mommy and me Evelyn Santos

Nuestras narices frías se juntaron, dos de ellas ligeramente rojas en la punta y la última, pequeñita me causaba una ternura infinita. La risa del bebé y sus piecitos de plantas sonrosadas, moviéndose sin cesar, me sacaron una sonrisa. Me hice un somnoliento ovillo al lado de mi amada, luego de contarle aquella fantasía del futuro.

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Tacuba Yadira Jiménez

amino hasta la estación del metro, compro un boleto -un poco arrepentida al ver la cantidad de personas que están en el andén esperando subirse-; entrar al vagón parece imposible, pero después de dos trenes lo consigo. Soy arrastrada por la multitud de gente hasta la esquina del vagón.

C

Esa esquina donde está él, alto, moreno, de aproximadamente 28 años, con las mejillas sonrojadas por el calor y el estupor del vagón con olor a tres de la tarde. Me empujan más y más hasta que quedamos de frente sin que haya espacio entre nuestros cuerpos; siento su respiración en el rostro, seguro él siente la mía. Huele muy bien, me es imposible dejar de mirar sus labios, que ahora quedan a la altura de mis ojos, siento ganas de besarlo ¿Qué me pasa? Intenta moverse pero sólo consigue llevar uno de sus brazos al tubo de arriba, al hacerlo, su mano roza mis senos accidentalmente, para mí fue una caricia y cierro los ojos. Seguro ya se dio cuenta, siento como desliza su brazo libre hasta llegar a la altura de mi pierna, ligeramente levanta mi falda, sin temor, como si supiera que lo estaba esperando ¡Qué fortuna traer una falda corta! Con la yema de sus dedos acaricia mi entrepierna, lo hace despacio, suave, eso ya no fue un accidente. Siento un gran empujón de las personas a mi alrededor, hemos llegado a la siguiente estación, pero pocas personas bajan, en el fondo lo agradezco. Me reacomodo, le sonrío e intento llevar mi mano libre a la bragueta de su pantalón, intento abrirla, pero no puedo, la sensación de placer me torna torpe y sólo consigo rozarlo por encima de

sus jeans, lo acaricio, siento su erección, lo duro de su deseo queriendo salir a encontrarme ¡Cómo quisiera tocarlo sin la mezclilla interponiéndose! Él me acaricia cada vez más arriba, siento sus dedos insistentes sobre las bragas, lo hace rítmicamente una y otra vez, queriendo entrar, romperlas, él sabe cómo hacerlo; me humedezco. Cierro los ojos y al abrirlos de nuevo lo miro, sé que está disfrutando tanto como yo, nos miramos con un deseo descomunal, las palabras no salen, no creo que sean necesarias, nos basta con saber que estamos gozando; sin pensarlo muerdo mi labio inferior, el roce de nuestros cuerpos me ha ruborizado, siento ganas inmensas de que eso continúe, y entonces… ¡Estallo!, algo explota dentro de mí, es lo más placentero que jamás haya sentido, se me escapa un alarido, quizá alguien lo haya escuchado, pero no me importa, me pierdo, y… La siguiente estación termina con aquello, la gente se mueve, quiere salir, nos empujan, apenas me da tiempo para acomodarme la falda, cuando intento tomarlo del brazo lo veo alejarse entre la multitud, las puertas se cierran… Se aleja, no puedo hacer nada ¿Cómo se llamaba? Quizá debía volver, tal vez me esperaría en el andén… ¿Mañana lo podría ver de nuevo? Probablemente sólo fue una casualidad que él estuviera ahí. Por lo pronto sonrío y pienso que esa fue la mejor "primera vez" que he tenido, mi primera vez… en el metro. delatripa: narrativa y algo más

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Tres narraciones Dina Grijalva

En las alas del deseo Cuando vio la hilera de tres asientos vacíos, exactamente contigua a los tres asientos en donde le había tocado ser la ocupante del medio, deseó que el pequeño avión emprendiera el vuelo y así libres siguieran esos lugares. Y la suerte le sonrió. Con permiso, y allá va. Está a punto de agotar la revista donde anuncian hoteles y sitios de ensueño que jamás visitará, cuando un joven le pregunta si puede sentarse en uno de los dos espacios que permanecen vacíos. Asiente distraída y ve al joven instalando su lap top y lo escucha diciendo que va a terminar un reporte o algo así. Cuando él se auto presenta y le extiende la mano sonriendo, me llamo Luis Ángel, ¿y usted? Ella lo observa por primera vez y bromea sobre lo apropiado de conocer un ángel en ese cielo de blanquísimas nubes. Le extraña que él quiera platicar con ella; como ya agotó la lectura, piensa que no estaría mal seguir la plática, para estar al tanto del mundo de los jóvenes, ya que cada vez platica menos con su hijo, que debe ser poco menor que este amistoso muchacho. Él cuenta que estudió en Monterrey y trabaja en la ciudad de México. En Monterrey conoció a su novia, quien vive en Chihuahua, por eso visita con frecuencia esa ciudad. Laura comenta que ella viaja al DF a un congreso de Pediatría; estará sólo tres días allí. Cuando el vuelo está a punto de terminar, a ella le extraña recibir un piropo de él. Ya próximos a aterrizar él le propone dividir tareas para garantizar alcanzar lugares juntos en el shuttle 48

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que los trasladará del aeropuerto de Toluca a la estación virtual de Santa Fe: mientras ella espera en la banda giratoria el equipaje, él le apartará lugar en el camión. Ella acepta percibiendo extrañada cierto tono de galanteo en el joven; en el trayecto del camión, esa intuición se confirma: ante su sorpresa, él le toma la mano y le propone salir esa noche a tomar una copa. Un leve cosquilleo de emoción recorre su cuerpo mientras valora la inesperada situación. Luis Ángel es muy joven, ella es una pediatra no muy lejos de la jubilación; pero él la invita con tanta naturalidad que decide aceptar. Al llegar a la estación virtual, toman un taxi juntos: el departamento de él está un poco de paso de la casa de la amiga donde Laura se hospedará. Cuando al acercarse al departamento, él le propone tomar una copa como preámbulo a la salida nocturna, ella asiente tratando de disimular el cosquilleo que recorre su cuerpo, cosquilleo donde la emoción y el deseo se enlazan. Ya dentro del departamento, mientras él sirve las copas de ron ella pregunta qué son los trozos de madera que están en el piso de la sala: es un juego de armar. Laura se sienta sobre el piso y trata de levantar un edificio con las maderas. Luis Ángel llega con las copas y se sienta a su lado. Entre sorbo y sorbo él rodea desde atrás su cintura y el milagro del primer beso se da. Y a ése siguen muchos otros. Ron y miel bajo su lengua fina. Él toma entonces mi mano y en el trayecto de la sala a su recámara una infinidad de besos se suceden. Así entramos a su recámara y empezamos el antiguo y ahora nuevo ritual

de desprender uno a la otra las prendas que separan nuestros cuerpos del anhelado abrazo íntimo. Empezó entonces el deslumbramiento y la delicia de mis dedos al tocar su suave piel. Nos recostamos en su cama de soltero y entonces fue su boca retornando una y otra vez a cada uno de los lugares de mi cuerpo, con un vaivén de ola que lame la playa. Y fue descubrir por debajo de sus cálidos labios nuevos placeres, vibraciones desconocidas de mi piel. Sus labios, sus manos, su piel toda tiene la suavidad de la seda, morosamente vamos graduando el lento conocimiento íntimo, ritmándolo con el de nuestro deseo, descubriendo de a poco los sitios en donde la humedad de los labios o el tacto de los dedos arrancan pequeños espasmos de placer. Me dejé amar con el gusto de un amor nuevo, escuchando frases nunca antes dichas, aprendiendo sutiles diferencias, saboreando cada minuto y cada nueva sensación, perdiéndome en un placer de lluvia al atardecer. Recordé que amar es una fiesta. Él es no sólo Ángel, es ola, estrella de mar, pájaro azul, todo lo bello reunido. Y de pronto ese suave placer de leve nube y de río dorado se convierte en un placer de mar embravecido, de frenesí, y es entonces el fuego y la sensación de infinito. Parecía que los dos habíamos esperado desde siempre este encuentro. Al momento de la despedida, me propuso intercambiar números de teléfonos y mails, para volver a vernos, aquí o en tu ciudad, me dijo. Convencida de que los milagros y los sueños sólo suceden una vez y con la convicción de que, como las estrellas fugaces, el placer intenso es breve, preferí que ese fuera un encuentro único. Al salir una tenue lluvia me envolvió.

Recuerdo siempre a mi Ángel como el dador de vértigos olvidados, regresándome a otros tiempos de invenciones y deslumbramientos en el mar de las sábanas. Y, sobre todo, recuerdo la seda de su piel con transparencia de luna. Ahora sé que siempre que mi tacto sienta la tersura de un pétalo de rosa y mis ojos contemplen el resplandor de la luna, evocaré el placer de tocar su piel y vibraré de nuevo rememorando con voluptuosidad nuestros cuerpos enlazados. Poseer esa tarde de lluvia el blanco y grácil cuerpo de Ángel fue como tocar el cielo; su cuerpo entre mis brazos es para mí la verdadera imagen del lujo.

Cumpleaños Es noche cálida. Doy los últimos toques a mi arreglo, contemplo mi rostro fresco por el baño recién tomado y aspiro el tenue perfume que he elegido para esta noche. Él llega y al instante un aletear de mariposas sube por mi cuerpo y siento en la cara el calor de su mirada. Bebemos una copa de cognac mirándonos a los ojos y el deseo vuelve aún más cálida la penumbra de la habitación. Se acerca a mí y su mirada llena mi alma de luminosidad. El abrazo se vuelve impostergable. Siento su falo -su bello falo- contra mi cuerpo. Casi flotando llegamos a la mullida cama y nos desvestimos una al otro con manos que palpitan de deseo. Siempre hay ese momento de fascinación, de encanto y dicha, cuando la última prenda de ropa cae y la piel suave que la intensidad del anhelo del placer vuelve transparente entre las sábanas ilumina la noche con luz propia. delatripa: narrativa y algo más

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Y es entonces como estar en el umbral del paraíso. Empecé a dejarme ir en la marea de besos, escuchando la suave música de fondo preparada con antelación, saboreando de antemano el placer que he esperado; música suave como el sinuoso cuerpo que él acaricia suavemente, con lentitud de leve ondulación de mar en calma primero y poco a poco con la intensidad de las grandes olas. Es una maravilla comprobar una vez más lo dúctil y cambiante que es el cuerpo en esos momentos sublimes de abandono suave, liviano, sumergiéndose en la imaginación del placer, sintiendo el roce de otra piel, ronroneando. Y luego es ese sentirse en otro tiempo, gozosa dejarse ir en el placer y navegar por sus aguas. Vibro y respiro el aroma de los jardines inmensos, de los jardines que no existen en la tierra, siento sus dedos deslizarse con sus dulces yemas sobre mi cuerpo. Nuestros cuerpos se entrelazan y su boca se apodera de la mía. Y es entonces cuando la cama se hace mar, sube y baja, hace serpentear las olas sobre la playa, una ola reemplaza a la otra; él me acaricia con su mano larga y sedosa. De pronto lo siento dentro de mí y, cuando grita mi nombre, el placer lo llena todo. Escucho entre sueños el timbre del teléfono. Todavía sumergida en la intensidad del gozo lo tomo en mi mano y lo abro: escucho una voz infantil: ¡Feliz cumple, abue! Entonces recuerdo que hoy cumplo 75 y siento la dicha de rememorar y vivir a plenitud el placer.

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Alcoba y plaza Era una época de mi vida donde todo parecía salir mal. Me había sumergido de lleno en la campaña electoral, convencida de que el destino de la nación estaba en juego y no era sólo un slogan de campaña. Ese año viví el proceso que mi amigo Fer describe como el frenesí del este sí. La verdad, la verdad sí creía que ahora sí, el país y la gente que siempre pierde, ganaría. Pero al día siguiente de las elecciones el título del artículo de uno de mis analistas favoritos fue "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", nunca pensé que casi iba a odiar un minicuento; pero así fue. Y como en cuento rulfiano, todo iba de mal en peor; y aunque mi tía Jacinta ya tenía años de haber muerto, el sábado comenzó a llover como nunca. En la madrugada escuché un estruendo terrible que me hizo saltar de la cama y correr a ver la habitación de mis hijos; al percatarme que nada extraño pasaba allí, comprendí que el ruido había sido en el lado contrario de su recámara. Y al regresar a mi cuarto y asomarme por la ventana vi algo que aún hoy parece imposible: se había derrumbado el patio de mi casa. La mesa tan mona con su sombrilla azul celeste ya no estaba allí. Las sillas, lavadora, ropa tendida, triciclos de los niños corrieron la misma suerte y sucumbieron la madrugada del derrumbe. La casa parecía flotar extrañamente en el vacío. Por si fuera poco, pocas noches después, los temidos ladrones entraron a robar mi casa -flotando y todo, fue objeto de la visita de los amantes de lo ajeno, como los llamó el empleado que pocos meses atrás me había entregado las llaves de mi entonces flamante (y no flotante)- casa nueva.

Mi matrimonio también parecía ir a la deriva, no parecía flotar sino hundirse. País, casa y, lo que un tiempo quise ver como amor fou, eran un verdadero desastre. Por eso cuando me invitaron a viajar a la ciudad de México para participar en una reunión nacional de mujeres que acudirían de todos los sitios para organizar el boicot al nuevo (y viejo) régimen, fue una ventana que se abrió para alejarme de la catástrofe. Y vaya que -al menos por unos días, ¡pero, qué días!- me olvidé de toda pesadumbre y tristeza. Tras intensas reuniones para conspirar contra el gobierno y acordar que seríamos las mujeres quienes encabezaríamos las protestas por todo el país; se organizó un convivio con bebidas, bocadillos y baile. Y allí llegó él. Pero, él ¿quién es? Lleva por nombre Diego y cuando llegó a ese convivio su mirada distraída al posarse sobre mí se volvió alerta, intensa, como si de repente hubiera descubierto por qué el destino la había llevado esa noche a casa de Leticia; con sorpresa nos reconocimos. Habíamos sido camaradas diez años atrás en la ciudad de mi eterna nostalgia: Puebla, la ciudad diseñada por los ángeles. Cuando nos conocimos él nos contó de su crisis de pareja y que le parecía que la monogamia debería desaparecer. Recordé, sobre todo, su mirada de deseo, mirada que yo, entonces, recibí e ignoré por estar viviendo mi época de amor loco. Esa noche, su mirada renació. Bailamos y bebimos mirándonos a los ojos; reconocién-donos, reencontrándonos. Diego conservaba el rubio de sus cabellos, encendido como el trigo nuevo de abril. Al día siguiente las tres integrantes de la delegación de cada estado, debíamos regresar a nuestras ciudades a retomar nuestras vidas y organizar el boicot. Cuando él me invitó a quedarme unos días, percibí en su voz el deseo

enlazado con una dulce ternura que me desarmó. Inventé una excusa para no regresar -ignoro si mis camaradas de partido me creyeron o no, pero no me importó tanto- y viví tres maravillosos días. Esa tarde me despedí de mis compañeras, agradecí a Leticia su hospitalidad y me instalé en el departamento de Diego. A mí siempre me ha gustado hacer el amor con música. Si bebo una o varias copas de vino blanco espumoso en los minutos previos al encuentro, la magia puede ser total. Esa noche no necesité música, ni copa, ni sábanas perfumadas para vivir el paraíso. Al entrar a la recámara vino hacia mí y la mirada de sus ojos verdes reconfortó mi alma. Mientras me hablaba con ternura empezó a desvestirme lentamente; a la vista de mi cuerpo desnudo, Diego enmudeció y vi un relámpago de deseo estremecer su cuerpo. Nos amamos, en silencio y con voracidad, convertidos en un solo ser, maravillados de encontrar nuestra plenitud. Nos amamos ajenos al tiempo, indiferentes al mundo, embriagados de un placer salvaje que sólo pausábamos para ir aún más lejos, cuando húmedos y cansados nuestros corazones latían como si fueran a estallar. Nos amamos sin dormir ni comer, sin saber de nada más allá de nosotros. Y pasó la noche y llegó el día, y un atardecer encendido y de nuevo la noche protectora de los amantes. Al amanecer del segundo día mordisqueamos las reservas del refrigerador de Diego y reanudamos nuestras caricias y de nuevo él me posee, y luego de un rito largo, muy largo, quedamos con nuestros cuerpos entrelazados, acariciándonos de nuevo, con dulzura infinita. Parecía que los dos ansiábamos desde siempre ese encuentro. Deseé quedarme allí la vida entera, pero a los tres días descubrimos que la cama delatripa: narrativa y algo más

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parecía ser un mar; parecíamos nadar en nuestros líquidos mezclados. Durante esos tres días y esas tres noches sólo existieron el placer y la ternura que Diego me brindó. Sólo existimos nosotros dos embelesados y cautivos de nuestros sentidos. Aún hoy recuerdo las yemas de sus dedos recorriendo mi cuerpo y revivo el momento preciso en que sus labios se posaron por vez primera en mi sexo y una explosión de gozo me sacudió entera. Recuerdo hoy la llamarada entre mis piernas y la impresión de vivir latiendo al ritmo del universo.

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Regresé a mi ciudad siendo otra. Vibré entonces al ritmo de las mujeres que entusiastas y rebeldes asistieron -convocadas por mí y mis dos compañeras- a la primera marcha de mujeres realizada en la historia de Culiacán. Fue esa una jornada de protesta tan llena de energía y vitalidad femeninas, que su culminación en un espontáneo baile agitando cacerolas y sartenes, en plena Plaza pública, se convirtió en noticia internacional.

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Amar hasta la muerte Roberto Cardozo

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os han enseñado que la necrofilia es una práctica parafílica que raya en el horror. Aunque, una sociedad como la mexicana, solía vivir en armonía con la muerte. Calaveritas, día de muertos, la Catrina; todas estas representaciones con las que cotidianamente convivimos y que incluso lo hacemos en todas las expresiones artísticas. Una sociedad a la que en pocas palabras, podemos llamar: necrofílica. En los últimos años, esta muerte con la que bailábamos, a la que amábamos, a la que le cantábamos, ha olvidado lo tanto que la veneramos y nos ha mostrado esa cara descarnada, fría y terrible en las primeras planas de los periódicos de todos los días. A diario podemos ver sus cuencas vacías mirándonos fijamente. La vemos a los ojos y ella nos mira sin más respeto a través de esas cuencas vacías tan extrañas, como ausentes de esa vida con la que la conocíamos y nos sonríe sardóni-camente. Se ha olvidado de nosotros, o quizá nos reclama que la volvamos a ver como antes, que volvamos a bailar con ella, que le cantemos, que la amemos de nuevo. Es en la muerte en la que se han inspirado muchas historias de amor en forma de canciones, poesía, cuentos. Eros y Tánatos siempre han caminado cogidos de la mano. La muerte misma ha representado el clímax del erotismo, la culminación del placer. La muerte chiquita, como dicen los franceses. El erotismo es una manera de enfrentar a la muerte, en nuestra necesidad y búsqueda de hacernos eternos, de vencerla. Hace un tiempo, leí un cuento llamado Ánimas Benditas (Cuento Necrofílico), que me impactó por la manera en que Ana María Vázquez, la autora, nos lleva a explorar la muerte desde ese punto de vista tan 54

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mexicano como es reírnos con ella, venerarla, abrazarla, hacerle el amor. Javier camina con ella, cuenta los pasos, observa lentamente, sabe. Va descubriendo y recordando, porque la muerte la llevamos en la memoria. Él se sabe de ella, huye hasta que las situaciones lo van llevando a enfrentarla; entonces comienza a vivir de verdad. Es en el lenguaje cotidiano, en voz de Javier, en letras de Ana María, que vamos descubriendo esa parte necrofílica nuestra, cuando Javier recorre poro a poro la piel de Elena en la morgue. "No pudo ni quiso detenerse. Quitó por completo la sábana para mirar su cuerpo desnudo: la piel en su lugar, firme, con un tacto de agua fresca."

Ánimas Benditas (Cuento Necrofílico) es un viaje festivo de la mano con la muerte a través de los símbolos que la autora nos va dejando encontrar entre las líneas. Las veladoras, el gato negro, la morgue, el frío, la soledad. Nos recuerda que a la muerte se le hace el amor mientras se le venera. Javier va caminando por esa delgada línea entre el erotismo y la pornografía, más allá de la locura. Está convencido, enamorado, vivo. Elena también logra trascender porque la muerte está más viva que nunca y ávida de ser amada. Amar hasta la muerte, a la muerte enamorada.

Al maestro, con cariño

Montserrat Macías Y rutinariamente se acuestan juntos, como lo han hecho las alumnas y los profesores desde que el mundo es mundo. ELVIO E. GANDOLFO

Enfriamiento Me fue irreconocible cuando la vi entre el humo artificial y las luces multicolores. No tenía ni un ápice de la que yo conocía, no era la misma con esa plasta de maquillaje, los senos escapando del escote, el pantalón entallado. Le hacía falta el cabello recogido, la falda, los zapatos bajos. Me reconoció de pronto en el mar de jovencitos que agitaban el cuerpo y vino a mi encuentro. ¡Profesor!, exclamó apenas me tuvo cerca, sus pechos contra mi torso. En la discoteca, con el clamor de la música y su encanto de mujer fatal, ya no era mi alumna, no me excitaba igual, sin el candor de niña buena que me masturbaba en mi cubículo cuando todos se habían ido, ya nada de ella me interesaba.

Mordiendo el anzuelo No fue fácil convencerle, se retraía como un gatito asustado cuando me acercaba; las palabras, el toque ligero y oculto de nuestros dedos para que el resto de las personas en el salón no se enterarán, parecían no funcionar como lo esperaba. Una y otra invitación para salir, rechazada, uno y otro encuentro postergado, quedaba la sonrisa, el intento de diálogo, el interés disimulado, la risa tonta cuando nos topábamos en algún pasillo. Hasta que el maestro cedió a la seducción.

La alumna de diez Obtuve un diez en Historia. Él dice, con la risa de un maniático, que soy la mejor alumna, que sólo yo entendí la lección. Hace dos semanas aprobé el semestre gracias a él, no fue difícil el examen. Acostarme con él en el asiento trasero de su auto mientras su esposa le llamaba al celular. Él así me lo había recomendado, "Mira, Irina, para ser una alumna de diez en matemáticas sólo ven un rato a dar una vuelta en mi coche, no tardaremos mucho". Él dictó la lección, yo obedecí, ahora le duele que hice lo mismo con el profesor de Historia, y bueno, quién lo entiende, ¿es que nadie le dijo que la alumna siempre supera al maestro?

Contra el pupitre Mis manos hicieron un viaje por sus senos; yacía en el piso el suéter, más allá la mochila. Le aparté el cabello del rostro, la besé, sus labios tenían la dulzura del brillo labial. Había sido un deleite desabotonarle la blusa, subirle la falda y acariciarle los muslos. Todo en su interior era cálido, como introducirse en una flor que apenas brotó; no decía mi nombre, decía mi profesión, "maestro, maestro", con la respiración entrecortada, boqueando. Ahora le ha confesado al director que abusé de ella contra el pupitre, no es verdad, fue contra el pizarrón. delatripa: narrativa y algo más

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No llores por mi Argentina Roger Vilar

celero. Meto el pie. "De Lobo para Drakus. Cambio". Meto el pie. No sube el coche. En el Bordo de Xochiaca. El basurero más grande de América. "De Lobo para Drakus. Apóyame. Gran operativo contra travestis putas en el centro. Avenida Salto de Alvarado". La luna llena cae sobre las montañas de mierda, de perros muertos, de cartas de amor suicidas, sangre vieja en latas de cocacola, de cadáveres, de narices de payasos mártires, de mujeres violadas. Coño, el coche no sube. Meto el pie, hasta el fondo. Resbalan los neumáticos. "De Lobo para Drakus. Cambio". "Cállate, primero tengo que salir de aquí antes que me maten". "¿Qué, Drakus?" Que los seres de la basura matan, asesinan, salen en las noches, de piel amarilla, llena de manchas y úlceras, compañeros de las ratas, de las cucarachas, de día hurgan en los desechos, seleccionan el plástico, todo lo que se pueda vender, en la noche merodean con navajas y cuchillos mohosos, en busca de forasteros suicidas, de reporteros como yo, que entran a su territorio en busca de noticias, de cargamentos de cocaína tirados aquí, de cadáveres de secuestrados cuyas familias no pagaron el rescate, de una niña con 47 puñaladas, como ésta que acabo de fotografiar, vestida de blanco, con sedas y holanes, tirada en el fango y con alguna historia trágica y sangrienta que tendré que investigar. Por dinero. Por más dinero. Los pepenadores reciclan papeles viejos, cartones; yo, la carroña espiritual, y ésa se paga mejor, sobretodo la fotos del ángel blanco apuñalado entre los vómitos de perro, del querubín que

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no me protegerá, ahora que los seres de la basura se acercan, los veo, procesión de sombras bajo la plata lunar. El coche no quiere subir. "De Lobo para Drakus, de Lobo para Drakus, buena nota, colorida, como 50 putos disfrazados de mujer, Puente de Alvarado, ven, haz el reportaje" ¿Reportaje? Reportaje seré yo en pocos minutos. Reportero que buscaba noticias se convierte en noticia. Me queda un último recurso. El Recurso del Método, diría Alejo Carpentier con su voz de rana francesa, el método del delito, tengo una sirena de patrulla en mi coche y torreta con luces azules y rojas. Abro la portezuela. Instalo el subterfugio. "De Lobo para Drakus. Lo que te estás perdiendo, un travesti disfrazado de Galadriel, la Dama Blanca de Lothorien, le ha sacado una navaja a la policía y jura convocar a un ejército de elfos". Prendo la sirena. El ruido es ensordecedor. Parece que un ejército de policías está invadiendo el Bordo de Xochiaca. Mis resplandores rojos y azules iluminan a los seres de la basura; ante mí semejan extraños fantasmas, uno de ellos tal vez robó a un payaso y viste un inflado pantalón de rayas verdes y naranjas, casaca roja cubierta de hojarasca, multitud de chicles pegados, unos alambres en lugar de botones. Su cabeza es deforme, un viejo golpe del que se salvó, el cráneo se hunde en maraña de cabellos empegostados que relumbran en rojo y azul, como una galaxia arcaica que acaba de emerger del abismo del tiempo. Junto a él cuatro más. Un enano prieto, cabeza enorme, saco de traje remendado y

sucio que arrastra sobre las inmundicias, empuña un machete gigantesco, recuerdo de los genios árabes que salían de lámparas astrales empuñando la ingente cimitarra. Luego un tuerto con una barra de hierro en la mano, y un paralítico en silla de ruedas, que agita sus manecitas de pajarito enclenque y chilla amenazas, pide comida, pide mi muerte, acaso para devorar mi carne en compañía de las legiones de cucarachas y gusanos cuya hambre se oye trepidar cual un aguacero subterráneo. ¿Con cuántos cadáveres habrán saciado su hambre los seres de la basura? ¿Cuántas veces han salido de cacería en esta selva de hongos y setas violáceas creadas por la misma modernidad que los expulsó de las ciudades? No hay respuestas en esta frontera con la muerte. Tan sólo le meto todo el volumen a la sirena, no logro asustarlos, transitan entre las luces azules y rojas, sus caras se bifurcan en arcoíris asesinos, empiezan a golpear el coche, rompen los cristales, un fuerte resbalón de los neumáticos, algún milagro mecánico, arranco en el último momento, escuchó un crash, un aullido de lombriz dentada, quizás demolí lo que quedaba del paralítico, encuentro un sendero entre las colinas de basura y manejo como un endemoniado. "De Lobo para Drakus, de Lobo para Drakus, el parecido del travesti Galadriel es increíble con Cate Blanchet, la policía no logra dominarlo todavía". El camino se va ampliando, las montañas de basura se allanan, ahora sólo son cementerios de automóviles, un Cadillac de los años cincuenta muestra su decadente capota, como un príncipe azul con la encía sin muelas, una mujer con el cuello sangrante todavía presiona el timón de su Volskwagen, me despido suspirando de su belleza y entro a la primera calle de un barrio pobre sin olvidar

la blancura de aquella garganta irguiéndose en los últimos estertores sobre un escote descubridor de senos magníficos, y quiero unos como aquellos, pero que se levanten calientes bajo mis labios, salgó a la primera avenida, en fila las iridiscentes y altas lámparas públicas, me acompañan vagas formas de coches, cajas donde suenan mil músicas extrañas, la danza del cocodrilo bailarín y el gato rapero sigue hablando el lobo. "Para Drakus, el Travesti Galadriel ha degollado a 5 policías y huye en un Mercedes Benz negro con runas célticas por todos lados, gran operativo se desata para atraparlo, me voy con ellos y te espero, luego te doy ubicación" El resplandor amarillo fluyendo en las tinieblas de la madrugada penetra mis pensamientos, los embruja, esa extraña mezcla de soles muertos y signos del vacío crecen y se multiplican en forma de senos voluptuosos, de muslos robustos, invitadores al placer, las cien mil huríes del paraíso islámico me llaman, manejo y manejo, porque yo conozco esta ciudad palmo a palmo, minuto a minuto, desde las refinadas damas que aspiran el bouquet de carísimos vinos franceses hasta las hijas del infierno que venden su mutilada carne. Y así voy entrando en la parte más antigua, ante mí se yerguen los palacios erigidos por Hernán Cortés. Debajo de los neumáticos de mi coche, de la tierra, hay fantasmas más antiguos que el conquistador español. Murmuran en tétricos muros ocultos los antiguos sacerdotes aztecas musitando una plegaria náhuatl que nadie entiende. "De Lobo para Drakus, el travesti Galadriel, arriconada, conjura en alguna lengua celta a los policías, levanta un objeto brillante en su mano, emite luz, los policías la cercan, la conminan a rendirse" Y voy entrando en la antigua calle de "Las gallas", vía de burdeles delatripa: narrativa y algo más

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clandestinos, antros de placeres tambaleantes; estaciono frente a un edificio tapizado de musgos donde cabezas de ángeles barrocos ríen sin dientes y transcurro hacia el patio central, como si entrara a un cuadro de Van Gogh las bombillas amarillas son como girasoles que devoran la vista y de tanta luz nada es nítido, tanta luz es la sombra de las tinieblas dentro de decenas de mujeres apretujadas ante mesas con botellas de tequilas baratos, adulterados, mezcales que truenan la garganta; ellas, con blusas tan apretadas que los senos casi se les revientan, como bolas enormes, hongos desmesurados que proliferan en las brumas amarillas sobre el ruido de las toses y los escupitajos, de las flemas, del sudor de los proxenetas con la Santa Muerte tatuada en las espaldas, y ellas, algunas borrachas, con las piernas abiertas, comiendo tacos y coqueteando a los parroquianos. "De Lobo para Drakus, el objeto brillante en las manos del travesti Galadriel, relampaguea, los deslumbra, y ella aprovecha y salta a los tejados, corre hacia la parte vieja de la ciudad, espero que estés grabando mi historia para que escribas el reportaje, Drakus". Un anciano flaco mira despavorido a las meretrices, comprendo su deseo de penetrarlas y su indecisión, su vergüenza de mostrar un pene agonizante; un mariachi sucio y borracho canta "Sombras nada más", trata de imitar al carnicero de Tacubaya, a Javier Solís, pero sólo da lástima verlo pedir limosna a las putas apuntalado por el brillo de los botones de su traje, pura plata en toda su ropa, ¿o latón?, no sé, pero son como estrellas blancas mermando en medio de la luz amarilla. Entre los gemidos avanzó, "ven güero, güerito ven, que te la chupo rico", dice una, casi anciana, de tetas colgantes como los jardines marchitos de Babilonia, y otras dictan 58

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su menú, "te hago el francés, güero, el polaco, a la gringa, el beso negro, anal por 100 pesos más, ¿Y no quieres la masturbación cubana?" ¿Qué es eso de la masturbación cubana?, me preguntó yo que soy cubano, y que pensaba que la masturbación isleña era igual a la de todos los países, pero no, estas meretrices saben cosas que yo no sé, y se bajan la falda, enseñan sus nalgas con tatuajes, "Pancho, tigre de Santa Julia, te amo", "Soy de Papilucho", dice en un trasero blanco y enorme, sigo atravesando la bruma amarilla, fantasmales hojas de girasoles invisibles me envuelven, se propagan en mi alma, como los ecos en una caverna vacía, siempre crecen, nunca callan sus gritos, gritos y gritos de gente cogiendo, sexo, sudor, lágrimas, risas, y llego hasta el final, donde entre la bruma de los cigarros, una Irlanda, una Escocia de falacia, entre el humo una mujer alta, con falda de árabe danzarina y turbante, baila suave y mueve sus turgencias, es la más hermosa, todo lo que uno quiere de una mujer, cintura, caderas, buen trasero… "De Lobo para Drakus…" "No me jodas, Lobo, ni coger me dejas, anota todo y luego me lo pasas" "Si te jodo tu cogedera, esto es mejor, voy correteando a Galadriel por los tejados, se aproxima a la zona de los palacios, de los antiguos templos aztecas hundidos e invisibles para siempre, la policía no logra alcanzarla" Que buen trasero la vestida de hurí; así han de ser las que danzan en el paraíso de los musulmanes en un placer inagotable y eterno. La sigo, ella es la escogida. Abre pequeñas puertas, se va apagando el bullicio burdelesco entre estos muros pétreos, construidos hace tantos siglos por los conquistadores, transcurren los velos árabes en medio de la penumbra, yo sigo su sombra, silueta, signo, cifra y suma de todos los seres que mueren en

el clímax de los orgasmos… "De Lobo para Drakus, se lanza Galadriel a una alcantarilla, pronto perderé la señal, perseguiremos bajo tierra" "Gracias al demonio, que ya no te voy a oír más, pinche Lobo que ni coger dejas" Bóvedas de nervaduras, ella danza, lecho endoselado, ella baila, coquetea, estamos bajo tierra, hemos descendido, el inframundo de las mujeres donde los hombres morimos por unos minutos en el sepulcro de una vagina para salir luego en una resurrección poco heroica y que sólo desea una nueva muerte dentro de esta mujer que, al parecer no es mexicana, habla con un acento del sur. "¿Eres de Chile?" "No me gusta hablar de mí" "¿Cómo te llamas" "No digo mi nombre, sólo eres un cliente" Tan seca me deja mudo. Le toco los cabellos, son sedosos, huelen bien, ella se deja acariciar. Me asombro un poco. Ya pagué, ya tuve sexo, ya eyaculé, lo normal es que ella me abandonara y siguiera a la caza de otro cliente. Un candelabro cuelga del centro de la bóveda, su luz ilumina nuestros cuerpos desnudos. Le acaricio la espalda. Tiene la piel muy suave. Carece de los tatuajes propios de las rameras. Me doy cuenta que está a gusto. Tranquila ha dejado reposar su cabeza en mi pecho. "¿Cómo te llamas?" "Nunca sabrás mi nombre" "Por lo menos dime si eres uruguaya, chilena o algo así" "¡¡No!! Ni uruguaya ni chilena. Soy argentina". "Entonces yo te llamaré Argentina, pues de alguna manera tengo que dirigirme a ti; tú puedes llamarme Drakus, es mi clave" "Bien, Drakus", dice Argentina y sus párpados se van cerrando bajo la mortecina luz, entre los ecos silenciosos de otras mujeres muertas que quizá fueron acariciadas bajo esta bóveda. Hundidas. Subterráneas.

Supongo al travesti Galadriel huyendo perseguido por el Lobo, sin señal en su radio, perdido en conjuros de sacerdotes aztecas y católicos que se peleaban la posesión de los espíritus, almas con pieles translucidas… Dejo de suponer, miro el brillo tenue en los hombros de Argentina, en la fina cintura, en sus nalgas admirables, en las piernas robustas, y me pregunto cómo llegó Argentina hasta este tugurio. Su respiración es armónica, su aliento barre mi pecho en brisas sureñas, sueña, murmura "el oro de los tigres, Tlon Uqbar Orbis Tertius, el otro Borges, el otro Borges, el que aún vive, cuyos ojos nunca enmudecieron", dice Argentina en sus pesadillas. Se repite, vuelve, un eco bajo las piedras antiguas, alguien corre en subterráneos intuidos, abajo hay túneles negros, nadie sabe si aztecas o españoles, los pasos, step by step, los pasos, zancadas, ascienden, muy cerca de mí; centro la mirada en el rincón más oscuro de este recinto circular, escucho el crujir de bisagras, leve, suave; delicadamente muevo el cuerpo desnudo de Argentina y libero el mío. Camino descalzo hasta la oscuridad, una puerta se está abriendo, brota la luz de una estrella enceguecedora. Es Galadriel, en sus manos una jofaina de piedra verde, el agua, tambaleante, la blancura, la tez pálida, los cabellos rubios, el velo con las runas élficas. "Here is the mirror of Galadriel", me dice. Y yo la contemplo dudoso, confuso, "este ha de ser el travesti que perseguían Lobo y los policías", pienso. "Here is the mirror of Galadriel", y no logro discernir esa ronquera típica de los travestis que intentan imitar la voz de las mujeres. Es una voz de mujer. "I have brought you here so that you may look in it, if you will", me invita, me reta. En la jofaina de piedra verde el agua refleja estrellas inexistentes. "I have brought you here so that delatripa: narrativa y algo más

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you may look in it, if you will", repite, y miro el agua; al principio solo veo esas estrellas inexistentes, luego un camino oscuro que asciende por una montaña, todo se va aclarando, se distinguen siluetas, la espalda de una mujer que sube, me parece que es Argentina, en la cumbre empieza a surgir el sol. "Quita eso", le digo, "Quita eso", "Yo odio el sol, el sol me mataría" "Here is the mirror of Galadriel" "Do you wish to look one more time, Drakus? ¿Qué me aconsejas?" "I do not counsel you one way or the other. Yet I think, Drakus, that you have courage and wisdom enough for the venture." "Miraré otra vez, entonces" Vuelvo a ver en el agua la silueta de Argentina. Ya está en el amanecer, el sol me está derritiendo los ojos, pero yo la sigo, step by step, byssstttella me seduce a la cima. "Oh, me quema el sol. Lo odio" y retiro mi rostro al tiempo que una algarabía se acerca. La faz de Galadriel cae en susto. Lobo sale del rincón tenebroso, lo siguen decenas de policías. "Alza las manos, puto, maricón", le dicen a Galadriel mientras le apuntan con sus pistolas. Lobo toma una foto tras otra. Esta es una gran nota. La imagen es inaudita. Ganará mucho dinero. Las pistolas se reflejan en el espejo de Galadriel. Los gritos rebotan contra el agua. Los pies de la maga desaparecen, sus piernas también, ahora es una especie de niebla blanca flotando entre los muros. Ahora sólo se ven sus labios. Se abren, musitan una y otra vez. "Here is the mirror of Galadriel" "Do you wish to look one more time, Drakus?" "Este pinche joto es gringo", gritan los policías. E intentan asirlo, pero todo va desapareciendo. Envuelta en niebla solo resta la faz blonda de Galadriel, se marchan los cabellos, huyen los ojos, un par de labios musitan por última vez. "Here is the mirror of Galadriel" "Do you wish to look one more 60

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time, Drakus?" "I don't know" Don't know, no sé si mirar, sé que te vas y nada dejas. Lobo asombrado con la cámara en mano flashea al vacío. Los policías continúan en la persecución de lo invisible. Lobo los sigue y me quedo junto a la ausencia de Galadriel: una extraña premonición de vacío. Miro a Argentina. Sigue dormida: habla de famas y cronopios, murmura ensalmos, encantamientos, algo borbotea bajo su piel, como las marmitas de los cuentos árabes preparando los hechizos, y temo, temo al embrujo que podría salir de esa piel sureña para aniquilarme en la luz, pues si yo la sigo hasta el sol seré como un pedazo de hielo arrojado al fuego; por eso Argentina debe marcharse de mi vida, no ser más que una prostituta a la cual pagué, y punto. "Despierta, despierta, Argentina" y le sacudo sus hombros desnudos. "Despierta, maldito fantasma de Tlon Uqbar Orbis Tertius, despiertaaaaa" Y abre los ojos verdesmiel en la faz bronceada. Desnuda se mueve como una serpiente enroscándose en mi cuello. "Vamos, vamos afuera, vámonos de esta cripta". La tibieza y la suavidad de su piel casi me cautivan. ¿La seguiré? Pero tengo un cálculo mental infalible del tiempo. "¿Qué hora es, Argentina?" "Las seis de la mañana" "No puedo salir, vete tú" "No, vámonos juntos" "¡¡¡Puta maldita, el sol me mata, lo odio!!!" "¡¡¡Vámonos!!!" "¡Vete, Argentina, o te estrangulo! ¡No me conoces, no juegues, Drakus es Dragón. Soy el Dragón de las Tinieblas!" Digo, y la sacudo por los hombros, la empujo y de una bofetada la tiro al suelo. "¡Vete!", repito. Los ojos de Argentina en pánico. Sin recoger su ropa huye desnuda escaleras arriba. Escucho como la tapa de hierro se cierra con un crash de tumba clausurada.

Retrocedo, algo se me ha caído dentro. Estoy más hueco que antes. Ese golpe que le di se llevó algo. No sé, pero algo de mí. Ahora soy más pobre. Mísero. Paupérrimo. Retrocedo hasta la cama. Abro mi laptop. Empiezo a cargar las fotos del basurero. La niña asesinada. La cara pálida contra el rojo sangre. Todos mis movimientos son algo mecánicos. Cómo si yo no tuviera que ordenar nada a mi cuerpo. La vieja costumbre de contemplar la muerte, me guía. Soy un armazón vacío que actúa con tranquilidad, con una paz de tumba. Me he puesto como capa el más frío de los inviernos. No me hace sufrir; tampoco vivir. Voy, simplemente, como río del paraíso o del infierno. Fluyo. Hago correr mis palabras en la computadora. Narro el caso. Busco el lado más comercial. Despertar el morbo de los lectores. No hay mayor espectáculo que el de la sangre y el sufrimiento de los semejantes, reflexionó el viejo Nietzsche en alguno de sus libros. Pero el verdugo se cansa. Ya no disfruta nada a cada nuevo golpe de hacha. Cada nueva letra que va poniendo hasta terminar la noticia es un copo de nieve en sus manos. Dedos enteleridos que la envían por internet a la redacción y pienso en la persecución del ¿travesti? Galadriel. ¿Será buena nota? Lo es, pero no sé si podría escribirla. Había algo inasible en los velos que envolvían su cara. Creo que no. No es una historia que quiera transmitir. Algo me hace pensar que realmente era Galadriel. La voz de Lobo vuelve a surgir del radiotransmisor. "Pinche… No hay ni una foto. Todas veladas, Drakus". Yo sabía, pienso, mientras me acuesto, que aquellos velos blancos no eran publicables. La cama es blanda. Miro los arcos pétreos, las nervaduras que encierran esta noche artificial en la que vivo. Afuera debe de haber sol. La sola idea

me lastima. Cierro los ojos. Qué dulce Argentina. Un instinto certero para el sexo, para la caricia, para amar. ¿Para amar? No creo. Es una prostituta. No aman. Se venden. Pero noté amor en sus manos cuando recorrían mi cuerpo. No lo sé. Ni debe de interesarme. A la mierda. "A la chingada… Perdí mi nota. ¿Y ese güevón del Drakus habrá tomado alguna?" Nada, no tomé nada, cierro los ojos, todo gira en un universo lejano. ¿Travesti? No parecía, tal vez si era Galadriel. Argentina enroscada a mi cuerpo. La basura. El ser amarillo de cabeza deformada. Hallan entre los cadáveres niña. Duermo. Sueño. Estrellas amarillas que rompen los ojos refulgen en un sótano tenebroso. Si yo tuviera a Argentina, si cada día despertara a mi lado, con esa cabellera castaña rodeando el rostro bronceado. Si yo tuviera a Argentina y no tumbas, bóvedas góticas, románicas, historias tan viejas que no recuerdo, falsas estrellas. Lobo enfurecido, "chingada madre, estúpido maricón", esta cripta, la cama mullida, los ojos cerrados, giran los astros como girasoles muertos, pétalos con gotas de sangre rebanan cabezas de gatos, las cabezas me persiguen, a mi, que soy Drakus, y vuelo, a duras penas vuelo, lapso, oscuridad, Argentina, el oro de los tigres, muerte, frío, la extraña ausencia, me veo dormir como quien contempla a una estrella apagada, cuyo resplandor ya se fue de todas las memorias, todo el tiempo de la luz lo duermo, ignoro al sol, transcurre siempre hacia las sombra, lo sé, lo sé Argentina, ¿Qué mala pisada te llevó a esta oscuridad donde yo transito cada noche? ¿Cuál? ¿Tráfico de mujeres? ¿Cuál? Ni me importa, nunca más veré a Argentina. No tomé su teléfono. Levántate. Ya anocheció otra vez. Hora de trabajar. Vamos, a buscar carroña. Lávate la boca. Sé un buitre decente. Báñate. Rasúrate. delatripa: narrativa y algo más

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Chaleco de periodista. Cámara profesional. Grabadora. Abre la puerta. Salgo al estacionamiento. Mi coche negro, como el de Batman, soy bastante vanidoso, me espera. Sintonizo, espío las señales policiacas, voy manejando en el tráfico de Reforma, es temprano en la noche, la gente regresa de trabajar y se va de farra. Una niña se quemó con el gas. Una mascota fue secuestrada. Los nietos tiraron a la abuela a la calle. Apareció un dedo humano dentro de un tamal. Nada que me atraiga. Aunque podría inventar una buena historia del tamal. Pero no, no tengo deseos. Además, son apenas las 10 de la noche. Tengo mucho tiempo para sacar notas. Me voy al Diamond. También tengo deseos de farra, de ver mujeres en cueros, de bailes exóticos. Recuerdo a Argentina. Qué imbécil, ni siquiera tomé su teléfono. ¿Y para qué? Nunca podrás tener una relación estable con nadie. Siempre estarás solo. Ella es una puta y tú un dragón de las tinieblas. Llego al Diamond. Las sombras envueltas en luces multicolores me rodean. Una negra baila su danza africana y adivino el fuerte olor de su vulva, aroma de fiera, más lluvioso que él de las blancas; al son de tambores se contorsiona, pantera importada. Y luego suben al estrado otras bailarinas, ni sé como son, estoy un poco adormecido por el whisky y por el recuerdo de Argentina.. La fortaleza de sus muslos y la melodía de su voz mientras decía "hasta la hora del ocaso amarillo, cuantas veces habré mirado al poderoso tigre de Bengala ir y venir por el predestinado camino". Ese poema también estaba en mis más viejos recuerdos infantiles. Yo era un adolescente y mi padre me llevaba a aquel patio andaluz donde los poetas recitaban sus sueños y también rememoraban a Borges, prohibido por la dictadura, y en susurros 62

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conjuraban: Después vendrían otros tigres… Argentina, murmuraba, Argentina: la vaga luz, la inextricable sombra… Argentina, eso soy, la inextricable sombra con la cual tuviste sexo de una manera apasionada, pero yo ansiaría, del mito y la épica, oh, un oro más precioso, tu cabello, Argentina, un oro viejo, pues tiene esa sombra de los altares desvencijados donde el metal padeció la suciedad del tiempo. ¿Dónde estarás ahora, Argentina? Nunca te encontraré. Nunca, murmuro mientras un ruido, gritos, me sacan de mi sopor, y veo el tropel de las mujeres desnudas, como gacelas despavoridas ante el rugido de los leones, en las llanuras, entre las mesas, dislocando sillas, las figuras de venus sudorosas perseguidas por la sombra y el terror de manos negras, enguantadas, rastrillar de armas; hombres corpulentos, altos, enmascarados, y ellas, las esclavas de Churchs Letuce sin escondite, babel de pieles, rusas, colombianas, húngaras, huyendo de los policías de la Procuraduría General de la República, un cuerpo élite que ahora caza indocumentadas para supuestamente buscar al delincuente que las importó a México. He disparado, autómata costumbre de reportero, varias veces mi cámara, tengo un excelente reportaje, espero qué salgan bien las fotos. Me sacude la mano esquelética de José Magdaleno, "Vamos, acompáñame a su comandancia, llevo 15 mil pesos por cada una, a ver si las chispo" "Vamos", le contesto y en mi coche perseguimos la caravana de policías. Llegan a una mísera calle en Camarones donde está su cuartel general, las bajan, las meten, cierran, "Apresta la cámara", me dice José Magdaleno, "Se asustan con los periodistas, yo te he hecho la valona a ti regalándote todas las mujeres que has querido, ahora ayúdame a recuperar mis

reses". Me escondo de tras de un arbusto. José Magdaleno llama una y otra vez a la puerta. Hasta que al fin sale uno de los enmascarados. Dialogan un buen rato. Se cierra la puerta. Pasan 20 minutos. Vuelve a salir el enmascarado. Los oigo discutir. "20 mil pesos por cada una, dice el comandante" Regatea. José Magdaleno ofrece 10 mil. Regatean. "Ni tu ni yo, 15 mil por cada una" "Hecho", dice José Magdaleno. "Dame el dinero", "No, saca las mujeres y te lo doy" "El dinero primero". Es mi momento. Desde las sombras flasheo y flasheo una y otra vez. Me adelanto cámara en mano ante el horror del policía. "Pinche culero, Magadaleno, tenías un reportero aquí" "Y tengo las fotos tuyas extorsionando a Magdaleno. Saca a las mujeres o las publico", les digo a los policías. "Cabrón, Magdaleno, pinche güey", dice el enmascarado y se mete echando espuma por los ojos, por la nariz, por las orejas. En pocos minutos se oye un tropel de tacones. Otra vez me escondo. Las húngaras ya están con José Magdaleno. Las sube a su camioneta. Entonces pienso que podría extorsionar yo a los policías y ganarme un buen dinero. Que me paguen por las fotos. Avanzo hacia la puerta de la comandancia, pero antes de que pueda tocar veo que tengo frente a mi la figura de Galadriel. El tiempo se me hace muy lento. Parece que estamos fuera de él. "Here is the mirror of Galadriel", me dice, "I have brought you here so that you may look in it, if you will" "Estúpida, no quiero nada con la luz" y disparo una fotografía tras otra, pero Galadriel se difumina en las luces blancas y de pronto estoy en la temporalidad, en la rapidez, en la demencia del minuto que sucede a otro segundo. El policía me grita, me reclama, dice que no los extorsione, que soy injusto, que ya liberaron a las húngaras,

que cumplieron el trato. Y yo vivo la mística del mal, el descenso a lo más bajo del infierno es tan intenso como el ascenso a la gloria donde ángeles y arcángeles, tronos y potestades, alaban sin cesar al UNO, pues en los antros de Lucifer en lugar de las cítaras escuchas el gemir de los condenados, tan inspirador, de una sonrisa sardónica que aparece en mis labios. "Ese era el trato con José Magdaleno, conmigo es otro, dame 50 mil pesos o publico las fotografías. ¿No querrás que los vecinos oigan los disparos mientras me asesinas, verdad? ¿Ni mi sangre manchando la entrada del cuartel de la PGR? Dame el dinero". Atónitos ante mi descaro, ellos, los expertos en la extorsión, me entregan todo lo que pedí bajo los consabidos "chinga tu madre cabrón, hijo de puta, maldito joto, todos ustedes los periodistas son iguales de putos, por eso amanecen con un balazo en la cabeza, toma, hijo de la chingada y vete". "No me voy, dime donde está esa que se disfraza como hada de las películas, la tal Galadriel". "Ah, dice el drogo del capitán que se esfumó como la niebla, pero seguro fue su alucine, siempre está coco, vete ya pinche puto periodista o te meto un balazo aquí mismo" Y me voy, solitario en mi coche a través de las negras calles, sin sonidos, sin almas; me voy, no porque tema al balazo, no lo temo, no sabe ese imbécil que las balas no penetran en un alma vacía… Morí hace mucho tiempo, no recuerdo cuando, no supe cómo ni por qué, pero estoy seguro de haber perdido mi vida. Antes un hilo de emociones, de alegrías y tristezas, recuerdos, nostalgias, anhelos, me unía al mundo; ahora ya nada tengo que ver con él, nada me importa. El dinero que le quité a la policía no es para ningún buena obra, ni siquiera es para comprar cosas útiles para mí, es para tirarlo, para desperdiciarlo en cualquier fruslería, en cualquier capricho sin profundelatripa: narrativa y algo más

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didad, en cualquier puta, en cualquier disfraz que me guste, creo que la muerte está cerca, nunca vieron a Galadriel, sólo la vi yo, y Lobo no pudo fotografiarla, era una mensajera del reino de la muerte, yo creo. Me voy deslizando entre las sombras de una gran avenida, con noctámbulos en las aceras, luces rojas, letras resplandecientes, bares, table dances, juegos de azar, restaurantes de comidas exóticas que respiran con la leña de países sin mapas; sigo oyendo mi radio, un corazón humano cayó desde la Torre Latinoamericana erizado de agujas negras, un niño entonó una alabanza a Huitzilopochtli en la cumbre de la pirámide del sol y ascendió a los cielos, un payaso se comió una… No más mamadas, y apago las ondas policiacas, la noche trae otros sonidos más tiernos para un alma atormentada, percusiones lejanas, gemidos de mujer enamorada, un tango se escucha, lo trae el viento, no logro discernir de donde, detengo el coche, una mujer canta… "Alma… que en pena vas errando, acércate a su puerta, suplícale llorando" Conozco esa voz, susurró junto a mi oído mientras le hice el amor, es la voz de Argentina que sigue… "Perdona si te pido mendrugos del olvido que alegre te hace ser". Tal vez sale de esa calle oscura. Y lentamente voy metiendo mi coche, ya no hay luces rojas, ni azules, ni verdes en las fachadas. Detrás de sucios cristales se adivinan velas o faroles de espíritu amarillento. Repite la voz de Argentina. "Perdona si te pido mendrugos del olvido que alegre te hace ser" "Oh, Argentina", pienso, "Nada me hace ser alegre a mí. Nada te puedo dar que tenga que ver con la felicidad". Pero ella continúa el tango. "Mi pobre alma en pena que cae moribunda al pie de tu balcón" Su voz me hace pensar en atardeceres, en soles que se despiden para siempre dejando, como 64

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lágrimas, las llamaradas color naranja en un cielo impávido. Aquí, frente a esta puerta antigua, la voz de Argentina es muy fuerte, grita, grita una frase muy conocida, una frase del Gran Borges. "Esa ráfaga del tango, esa diablura, los atareados años desafía". "Nada puede desafiar a los atareados años y al olvido que provocan", pienso, empujo la puerta y entro a un salón de piso liso y negro, circular, custodiado por candelabros en las paredes y en el aire el tango tristísimo. "Perdona si te pido mendrugos del olvido…" Baila Argentina entre las luminarias, el cuello de cisne en collar de perlas, vestido negro y ajustado, los hombros desnudos, y repite "Esa ráfaga del tango, esa diablura, los atareados años desafía". Y baila, sigue la danza, los complicados, elegantes pasos del tango que semejan el bostezo de una noche. Levanta, mueve sus piernas en círculos perfectos, cuadrángulos e isósceles, geometría de la pasión, se acerca, me toma por la cintura y su aliento tibio y perfumado calienta mi cuello. "Recuerda, por favor, recuérdame", me dice. "¿Qué debo recordar, Argentina?" Ella da una vuelta, otro paso de suma belleza, toca con los cabellos revueltos los sueños de los muertos, los desaíra, y vuelve contra mi faz. "Los atareados años que pasaste junto a mi". "Me has confundido", le digo, "Nunca he pasado años junto a ti, te conocí en un prostíbulo de mala muerte". Enfermo de nostalgia y terco como las amantes traicionadas suena otra vez el tango. "Esa voz que vuelvo a oír, un día fue mía y hoy de ella es apenas un eco el que escucha mi pobre alma en pena, que cae moribunda al pie de su balcón" "Esa voz tuya que vuelvo a oír", me dice Argentina sollozando y se va al centro de la pista, los cabellos bate y algo se entristece en mí, siento mucha pena por ella. Quisiera decirle: "Si, ya

me acuerdo, fuimos novios ¿en Argentina?, ¿en Cuba?, fuimos novios, nos casamos, y la luna de miel fue maravillosa, junto a una playa solitaria de atardeceres cálidos, con el sonido de las olas, suave, yo te hacía el amor, cada tarde, cada noche, cada mañana…" Otro golpe de tango, tres pasos más elegantes que el oro de los tigres, y Argentina ya está frente a mí. Me dice, como si hubiera oído mis pensamientos. "Así fue, junto a una playa, con las olas a nuestros pies me besabas" "No, Argentina, no fue así". Pero, ¿escuchas mis pensamientos? Ya me volviste loco. "No, Argentina, te conocí hace apenas 72 horas en un prostíbulo, Argentina, esa es la realidad" "No, con las olas a nuestros pies me besabas, eras mi marido, durante muchos años, luego te perdí" "Ha de estar loca", pienso, y la tomo por los hombros, pues ha comenzado a llorar, y nunca sé qué hacer cuando una mujer llora; yo, que ni a hombre llego, mucho menos a caballero, que sólo soy un Dragón de las Tinieblas, torpe y tartamudo en el lenguaje del amor, yo mismo, ahora estoy frente a sus lágrimas, y sólo acierto a poner su cabeza, su frente, contra mi pecho. Comenzamos a danzar. Caen las perlas de su cuello, hay resplandores en nuestras espaldas mientras la noche fluye hacia el amanecer. Corremos por cada surco del cuerpo. Y preguntas, reclamos. "Ahora no te dejaré escapar, dime el número de tu móvil", exige Argentina. Sé lo doy. "Eres mi marido, aunque no te acuerdes" "Pobre loca", pienso, "Pero le cumpliré sus caprichos, le diré que sí" "Si, lo soy Argentina, así que también dame tu número". Y me lo da, lo guardo. Seguimos besándonos. Su saliva huele mejor que los perfumes de las palmeras egipcias. Los labios, sus labios, ¿cómo definirlos?, no encuentro una sola metáfora en el universo babélico de las lenguas. Y me rindo. Mejor perecer a ese

paraíso que se abre y se cierra en caricias. A los símbolos ya no pregunto. Es ella la que me cuestiona. "Drakus es tu clave. Dime tu nombre. El verdadero". "¿Mi nombre? Si ahora te lo digo" Y abro la boca, empiezo a mover las mandíbulas, la lengua, mis cuerdas vocales vibran, pero ningún sonido sale. "No escucho nada", dice Argentina. Intento una y otra vez, pero sólo hay silencio, nada, la vacuidad es mi esencia, y no puedo nombrarla. "No tengo nombre, Argentina, lo siento" "Lo perdiste, si recuperas tu ser, recuperaras tu nombre" "No creo que pueda Argentina, lo perdí entre tanta sangre, quedó en algún basurero, en algún prostíbulo de mala muerte, en alguna de mis múltiples traiciones, o en alguna isla en medio del mar, cuyo nombre no recuerdo; ya no tengo nombre, Argentina, lo siento" "Te ayudaré a recordar, recordar es volver a ser" "Eso suena a otro tango", pienso, y se lo voy a decir, pero una nube creciente empieza a obnubilarme, miles de ruidos amenazadores, pájaros que empiezan a piar, el amanecer está próximo. Miro con terror el salón circular. Los vitrales de las ventanas pronto filtrarán los malditos rayos solares. Abandono la desnudez de Argentina. Ella tiembla de frío. Extiende sus manos hacia mí. "No puedo, no puedo, el sol me mata" "No, ven, me estoy congelando, es la hora más fría de la noche" "Precisamente.", digo, mientras mis ojos buscan una escapatoria. "Precisamente es la hora más fría porque en unos minutos va a amanecer y moriré". Allá, en el perímetro del círculo, allá hay una argolla metálica, como aquella que Aladino asió; hacía ésta huyo, la tomo, la alzo con fuerza. El piar de los pajarracos es cada vez es más fuerte. Argentina grita. "Vuelve, no puedes dejarme sola y desnuda, la luz no te hará delatripa: narrativa y algo más

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nada" El sol está a punto de salir en el oriente. Pronto me provocará dolores en todo el cuerpo. Termino de abrir la loza. Ante mí la boca oscura del sótano. "Vuelve", grita Argentina. Contra mi espalda la amenaza de un fulgor por nacer. Bajo dando traspiés. "Regresa, por Dios". Jalo la loza. Truena sobre mí la clausura. Desciendo por escalones resbalosos. Recuerdo al Efrit que guarda el anillo mágico de los hechiceros del desierto. Pero no lo encontraré. Fue sólo una fantasía árabe tan difusa como las alfombras persas o los muros del Alhambra. Hay objetos en los peldaños, tropiezo; chillido de ratas, reptar de gusanos albinos, seres que no conocen la armonía de las esferas ni la luz del caos. Se acaban los escalones. El suelo es plano. Una débil nube amarilla lo cubre todo. Camino. Veo una vela agonizante en una esquina. Junto a ella un espantapájaros con cabeza de papa y gorro de calabaza seca. Muñecas sin ojos, un caballo de madera que se balancea, clavos de línea de tren, grandes, herrumbrosos, periódicos amarillentos con noticias de un pasado que nadie conoció. Y que yo no leeré, pues sólo busco la salvación en este rincón. Me tiendo. Murmuran las ratas. Sueño con un espejo de aguas parlantes "Here is the mirror of Galadriel. Do you wish to look one more time, Drakus?" Contesto "Yes, I will" Y veo, en el agua, a Argentina ascendiendo hacia un resplandor. Una luz que me matará, but, sorry, I will. "I promess you, Argentina", digo en mis sueños, junto al susurro de las ratas estalla otra vez mi radiotransmisor. "Lobo, Lobo para Drakus, levántate pinche güevón, que secuestraron al heredero de los Front Du Boeuf, andale, ya es de noche, miedoso, Drakus, Drakus…" "Ya voy, Lobo idiota".

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Atrás queda la lentitud de la pesadilla y hundo el pie en el acelerador. Las luces de Avenida Patriotismo: estrellas fugaces no me guían. "Se llevan al niño Front Du Boeuf rumbo a Cuajimalpa, Drakus" "Ya te oí, pinche Lobo, voy a mil por hora, que te crees, a mi no se me escapa una nota como esa" Y otra vez el pie hasta el fondo. Maldito semáforo en Puente La Morena, ya está en amarillo, va a cambiar a rojo, pero me puedo meter en el flujo de coches que todavía dobla hacia izquierda, aunque sea el último, me dará tiempo. Acelera más, más. Que no te alcance la roja de Puente La Morena, métete, métete ya a Puente La Morena, está la roja, no importa, ya viene el flujo desbandado de Patriotismo. Crash, crash, sientes el trueno dentro de tu carro. Todo el poste se hundió en tus costillas. Trak, trak, las oiste traquear. Debes de tener por lo menos 3 o 4 rotas. El coche ya no rueda. Está encima del camellón de Puente La Morena. El radiotransmisor habla solo. "De Lobo para Drakus, de Lobo para Drakus…" Volé por lo menos 3 metros. Sé que es el final. No necesito el diagnóstico de ningún médico. Soy reportero. He cubierto miles de accidentes. Estallamiento de vísceras, seguramente. Ahora empiezan las hemorragias internas. Sólo podrían salvarme miles de operaciones. Debo de tener todos los órganos destrozados. No quiero que nadie me meta el bisturí. Sé lo que quiero. Una sola cosa. De mi chaleco de reportero saco el celular. Pulso rumbo a Argentina. "Argentina, Argentina, Puente de la Morena esquina con Patriotismo", balbuceo y la sangre me sale por la boca. "Repite, repite", dice ella. "Puente de la Morena y Patriotismo, Puen…" Pero ya no puedo seguir hablando, dentro de mi garganta una lluvia de sangre anega las

palabras, burbujean, son tan solo el rumor de un río escarlata hundiéndose en la noche. Se va empapando el chaleco, la armadura que en tantas batallas me acompaño, y sonrío. Oigo el rumor de la gente, los curiosos se asoman a las ventanillas para ver mi agonía. Qué buena foto si pudiera levantar mi cámara. La prueba para ilustrar a Nietzsche: no hay mejor espectáculo para los seres humanos que el de la sangre y el sufrimiento. Por eso Dios nos ha negado el privilegio de ser animales. Tan sólo humanos que manejan inútiles ambulancias. Luces rojas, azules, amarillas, ulular de patrullas, voces de vulgares policías y enfermeros, me sacan del coche. Y ya no sabes nada. Estás en el viaje al Hospital de la Cruz Roja. Radiografías. Ultrasonidos. Directo al quirófano. Tratan de arreglarte por dentro. Saben que es inútil, pero lo intentan, por lo menos deben reportar que hicieron un esfuerzo. Que te alargaron la vida unas horas. Te mandan a una cama de moribundo junto a otros moribundos. Buscan tus identificaciones, tus credenciales, tus tarjetas, los números del periódico para el cual trabajas. Llaman. Intentan localizar a algún familiar tuyo. "¿Esposa?" "No tiene" "¿Hijos, tíos, madre, padre?" "No sabemos, es extranjero, tal vez su familia esté en otro país" "¿En cuál país?". "Quien sabe, nunca nos dijo". "¿Y si muere? Está muy mal, podría morir, es lo más seguro. ¿Qué hacemos si muere?" "Lo que ustedes quieran" "¿A la fosa común?" "Bueno, da igual, era un sangrón, un pesado, no se llevaba con nadie, lo que ustedes hagan estará bien". Y vas despertando de la anestesia, oyes las últimas palabras; no te inmutan, nunca esperaste misericordia. Conozco demasiado bien a los humanos, demasiado humanos. ¿La piedad? Yo nunca la tuve. Tampoco la espero. Espero una sombra del pasado. ¿Dónde estará mi celular para llamarla? Me lo han quitado.

Estoy en un mugroso piyama, yo que nunca usé estas asquerosas madres. Tengo miles de agujas conectadas a mi cuerpo. Supongo que ellas me hacen vivir. Yo vivo todavía. Otros mueren. Oigo sus estertores cerca de mí. Toses y flemas. Crujidos de huesos. Sonidos leves. Pasos. Son tacones. Es una mujer. Pero no una enfermera. Ellas son gordas y su sonar contra el suelo semeja la algarabía de tambores obesos. Se acerca. Los tacones cada vez más lentos. Una mano suave se posa en mi hombro. Miro hacia arriba. Es Argentina. Vestida de negro. El cabello rubio se desparrama. Está llorando, solloza desconsolada. Sonrío. "No llores por mí, Argentina, no valgo la pena". "¿Cómo no?, eres mi marido". "No soy argentino, es difícil que te hayas casado conmigo en tu país, además, no conozco tú país" "No fue en mi país, fue en el tuyo" "¿El mío?" "Sí", y continua llorando. "No llores por mí, Argentina". Y en esa frase se me van casi todas mis fuerzas. Ella me pasa la mano por mi frente, está tibia. Y entonces recuerdo. Ese calor yo lo había sentido muchos años atrás. Sí, tal vez ella tiene razón. Nos conocemos. "Por lo menos recuerda tu nombre", me pide ella. "Sí, sí, claro, no es Drakus" Y viene a mi mente la albura de su vestido de novia. El momento en que el sacerdote pronuncia mi nombre. MI NOMBRE. Ya sé cuál es. Y se lo digo a Argentina. Y también recuerdo que el suyo es Argentina. Argentina. No lo inventé. Acerté cuando se lo puse en aquel putero de mala muerte. ¿Qué pasaría con nosotros? No me explico. Yo convertido en un Hijo de Puta y ella en Puta. Nada que ver con aquel momento en que su vestido blanco me embelesaba junto a altares de oro. El oro es amarillo. Cómo el sol. Y entonces recuerdo que pronto amanecerá. "Cierra las cortinas, Argentina, no quiero morir ciego. Recuerda que yo no delatripa: narrativa y algo más

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puedo ver el sol". "Sí puedes, créeme" y dice mi nombre con tanta dulzura que le creo. La aurora se está levantando. Los primeros rayos del sol empiezan a deslizarse contra el cuerpo escamoso del Dragón de las Tinieblas. Cual la nieve al primer embate de la primavera el reptil se deshace mientras Argentina me acaricia y pronuncia mi nombre. Mi nombre. El que me puso mi madre. El que está unido a Argentina para siempre. La miro fijamente. Ya no puedo hablar. Un dolor intenso me invade la espalda. Sé que mis costillas rotas

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acaban de pinchar mis pulmones. Dejo de respirar. Todavía veo, veo la luz en el rostro de Argentina. El sol ha emergido contra su cabellera y brilla como la de las valquirias. Me llevará, en unos segundos al Vahalla con mi padre Wotan. La cama estará vacía. Siento como empiezo a flotar, y le digo las últimas palabras. Argentina, Argentina, punto final de la nada, me aventuro en el ser.

Erotismo: Libertad a través del cuerpo, de la voz y la palabra Blanca Vázquez

E

l ser humano se aviene con el erotismo, porque ambos se convierten en elementos necesarios para el placer y el gozo de la sensualidad y la espiritualidad del individuo. El erotismo ha sido causa de análisis y cuestionamientos a través de la evolución social e histórica, algunos lo reconocen e identifican, otros ni siquiera saben que existe o qué significa. Hablar de erotismo vulnera la línea de lo correcto y lo bien visto, y aunque es una actividad humana, se le ha asignado un lugar aparte, ha sido resguardada bajo llave de conciencia, en la alcoba o en la mente, permitiéndonos así, sentirnos puros, libres e inofensivos, sin carga moral que nulifique nuestros actos.

¿Qué es el erotismo?, si nos cuestionamos biológicamente el erotismo es el conjunto de sensaciones y reacciones de todo tipo, que de algún modo se relaciona con la atracción sexual. La academia de la lengua lo define como pasión de amor // amor exacerbado // apetito sexual. Encontramos así, definiciones que se distancian y al mismo tiempo unen sus significados. Y es que comúnmente cuando pensamos en erotismo también pensamos en sexo y amor, logrando que se cometan errores y se piense que cuando se realiza el acto sexual el erotismo también se encuentre presente. George Bataille expone que "La actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica" (Bataille: 2003, p.33) porque el sexo es una práctica que puede prescindir del erotismo y el erotismo puede exceptuar al sexo de sus prácticas. Dividir este binomio no es fácil, erotismo y sexualidad "son reinos independientes aunque

pertenecen al mismo universo vital" (Paz: 2003, p.17), a un espacio que los une y al mismo tiempo los separa. El sexo no sólo lo llevamos a cabo los humanos, los animales al igual que nosotros se activan sexualmente para reproducirse. Sin embargo, los hombres "han hecho de su actividad sexual una actividad erótica" (Bataille: 2003, p.15) -a pesar de las antiguas tradiciones moralistas del sexo reproductivo- y satisfacen su deseo sexual, después de un encadenamiento de deseos reprimidos en la mente y en el cuerpo. La sexualidad se ve transfigurada con el erotismo, "El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo" (Paz: 1993, P.15). El erotismo dice Octavio Paz en La llama doble es "sexualidad transfigurada: metáfora", es el cambio de sentidos de lo cotidiano y normal, es desear el cuerpo de otro, es conjugar el placer de las sensibilidades corporales, nos pertenece a todos porque "El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre" como menciona George Bataille en su libro El erotismo, es la sensualidad proyectada con la intención de provocar una reacción en aquel objeto que deseamos. Y hablo de objeto no como un elemento desvalorizado y menospreciado, sino como el componente de nuestro centro sexual y erótico con el que se busca establecer un vínculo para poder disfrutar nuestra pasión y escalar un más allá de la simple función sexual. La morfología del cuerpo esta provista de sentidos que van a permitir que se conformen "mapas" o zonas erógenas, que son las "partes del cuerpo cuyo estímulo resulta más excitante" (Gispert: 1993, p. 105) y van a identificar los delatripa: narrativa y algo más

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puntos que nos producen el deseo. La vista y el tacto están provistos para el erotismo, a través de ellos se generan los estímulos, pero éstos tienen que fusionarse con la imaginación y la fantasía. Es aquí donde radica la diferencia entre el animal y el hombre, mientras que el primero cubre una necesidad biológica sin reflexión, el segundo reviste su deseo de visiones, de imágenes que brindan placer y satisfacción. El erotismo es una de las más representativas y evidentes manifestaciones humanas y en ella se mezcla el amor y la sexualidad. La palabra amor tiene diversas acepciones, muchas de ellas pueden escapar a la idea de concretar su indisoluble relación con el sexo, hablemos entonces de amor erótico, que es "el anhelo de fusión completa, de unión con una única otra persona" (Fromm: 1980). Esta modalidad de amor, funde el deseo y el sentimiento. Y aunque mucho se habla de que no existe un amor eterno, el amor erótico tampoco es la excepción, pero esta unión física lleva ya una carga emocional que no deprecia esta relación, sino por el contrario la dignifica. Quién no ha experimentado ese desasosiego cuando se encuentra cerca o lejos de su objeto del deseo, quién no imagina no solo sus formas corporales sino también su olor, su presencia, su voz. Todos, todos y cada uno de nosotros en algún momento de nuestras existencias hemos estado erotizados, por aquél otro, ese otro que es nuestro objeto y que se convierte en un deseo que "agita el corazón más violentamente que ninguna otra pasión" y "que hace más agudos a todos los sentidos" (Descartes: 1999, p. 139). Y aunque los actos eróticos también responden a la intuición, la forma en cómo los complacemos es lo que marca la diferencia entre el animal y el humano. Octavio Paz nos plantea que el erotismo "es la forma de dominación social del instinto" (Paz : 2003), es decir, el instinto no lo satisfacemos en cualquier lugar, en cualquier 70

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momento, con cualquier persona. El instinto se ha visto modificado por la visión social que ha obligado que el ser humano encuentre tiempos y espacios apropiados. Sin embargo, han dejado en muchos casos encerrado al erotismo en cuatro paredes, respondiendo al lugar de la alcoba, de la noche, de lo prohibido. Los individuos socialmente nos vemos sometidos a las normas que rigen los dictámenes "generales" y no es común escuchar a nuestro derredor acerca de nuestras experiencias eróticas, por el contrario, todo se esconde, se mitifica a lo individual, a lo privado. Y no pretendo decir que es una necesidad que todos expongamos nuestras prácticas íntimas, pero sí que es necesario que nuestra mente se libere de que el erotismo es un escalón cercano a la depravación y a lo prohibido. Ser erótico, significa ser sensible con nuestra humanidad y con los senderos de emociones que nos envuelven, con ello buscamos encontrar placer, "el placer que contrae todo el cuerpo, lo crispa a veces hasta el sobresalto, haciéndolo pasar por todos los colores...todos los jadeos posibles" y "que produce una sobrexcitación general con gritos extraviados" (Foucault : 1986, p.118). El erotismo es una sexualidad socializada, porque se ha visto resguardado en reglas y normas que no ofendan a los miembros de las sociedades, "la vida social del individuo afuera de casa se rige por intercambios y valor de productos y su vida familiar se basa en ley divina y moral" (Marcuse: 1983, p.185), por ello el erotismo ha sido excluido de la cotidianeidad y se le ha confinado a los más oscuros recintos de la intimidad. El Marqués de Sade opinaba que "las pasiones son los medios que la naturaleza utiliza para cumplir su designio de hacer a los hombres felices" (Sade: 2003, P. 30) a pesar de ello, a pesar de los años, de la apertura y de la modernidad, al erotismo se le ha seguido observando como incitadora de pecados y pasiones anormales. Se dice entonces que cuando se erotiza se convierte

uno en animal, y eso, en cierta forma no debe ser ofensivo. En el libro Un más allá erótico: Sade, Octavio Paz señala que el animal no imita al hombre, pero sí el hombre imita la sexualidad animal (las quejas, los gemidos, los relinchos, los arrullos, los mordisqueos, las posturas, los juegos), es una ceremonia que nos satisface pero que al mismo tiempo nos avergüenza. "El erotismo es el reflejo de la mirada humana en el espejo de la naturaleza" (Paz: 2003) que se ha visto reglamentada para cuidar las formas. El erotismo no ha permanecido estático, por el contrario, "cambia con los climas y las geografías, con las sociedades y la historia, con

los individuos y los temperamentos."(Paz: 2003, p. 15). Lo que para uno puede parecer erótico, para otros definitivamente no lo es y se convierte en actos ofensivos y degradantes. Basta echar una mirada a nuestra historia humana y darnos cuenta que el erotismo ha sido adoptado de diferentes maneras. El erotismo no sólo explora anatomías, sino que cavila sensaciones, glorifica imágenes y purifica la existencia humana para que reviva en la vida de hombres y mujeres que viven en su constante presencia pretendiendo ser libres. Libres a través del cuerpo, de la voz y la palabra.

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Frente a la página en blanco Nadia Contreras

* Palpar el mar, la mar. Con paso regular caminar su orilla y con los ojos cerrados adivinar el impulso de la ola, su espacio de luz. Detenerse o sentarse sobre la arena, y en la actitud de quien escribe, ordenar el pensamiento, el abismo. La mirada, detrás de la sombra o en la inmovilidad de la luz, busca y explica. Frente a la ola, esa claridad deslumbrante.

* Aproximarse al espejo. Mirar lo que no se quiere ver o lo que el color desaparece. Y ya dentro, el espejo como una puerta abierta, reanudar la marcha hacia adelante, hacia la existencia fija, orilla de la ola. Atrás, la masa negra de lo inacabado: una piel desesperada y la agonía de lo que no tiene respuesta. Avanzar y no detenerse hasta que la mano palpe otra luz. Allá donde el mar recomienza, su movimiento se repite una y otra vez.

* Desde la cúspide del viento o lo que es un rostro, una cama, un escritorio, arrojarse para mirar de nuevo. Fuera del día, de la noche, de lo existente o lo no existente, arrojarse con los brazos abiertos, como quien busca otra orilla, o un tiempo muy largo sobre la arena de alguna playa. Arrojarse porque sí. Si él o ella comienzan a pensar, acaso por precaución, la escritura se inmoviliza en lo no visto. En la caída, el corazón a punto de reventar y el aire golpeándonos fuertemente la cara, la precisión de lo devastado, penetrar la palabra, esa piedra nos moldea.

* Trazos que asemejan la luz en una terraza y, al fondo, el estallido blanco del mar. Colores que proceden de la ventana de la memoria y tocan el límite de la hoja, ese horizonte. O manchas. En el esfuerzo, la mano que tiembla, pinta el sentido del agua en un fondo muy oscuro. ¿Cuál es la diferencia? No hay más que seguir el impulso. 72

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La despedida Alfredo Yanez

I El trabajo Roxana Armín, indocumentada, hondureña. Con apenas 17 años tenía el cuerpo de una mujer mayor. En su rostro la vida le había dibujado una imagen fría, pero era tiempo de trabajar y de mostrarse contenta para las personas. Comenzó a desprenderse de la ropa cotidiana para vestirse de su prenda laboral. Se maquilla el rostro, delineador negro, mismo que utiliza para remarcar el lunar de su mejilla derecha; un sostén rojo aprieta sus pechos, los hace más grande a la vista de los demás. Afuera de la habitación se escuchaba la música a todo volumen. Roxana terminó de arreglarse, apagó la luz, y por último, la oración de siempre para la siempre aventurada noche.

II Un baile El lugar de trabajo se encontraba semivacío, pocas mesas ocupadas, tres personas platicando la barra, otros dos entrando al lugar. La mirada de Roxana se dirigió hacia un caballero apuesto y muy sonriente, que se encontraba cerca de la pista de baile. La persona parecía amigable y decidió abordarlo. La música de fondo era el jazz de "blue in Green" y aprovechando el sonido del saxofón llegó al caballero. Roxana acercó sus labios al oído de él y dijo Hola hermoso. Sin esperar respuesta se colocó al frente de su silla y le dio la espalda, luego, acomodo las palmas de sus manos en cada rodilla del hombre. Roxana empezó a bailar, su cadera se movía como serpiente. Los glúteos firmes de Roxana se sentaron en la entrepierna del caballero. Dejó caer su espalda sobre el pecho

de él, con su mano izquierda empezó acariciarle el cabello. Cada vez que Roxana bailaba lo hacía de forma apasionada, sensual, se dejaba llevar por sus impulsos. Gotas de sudor aparecieron en su frente, Roxana se puso de pie, volvió a tomar los brazos del hombre, le beso las palmas, le ensalivó los dedos. Se acarició el pecho con las manos de él como si fuera una lenta lectura de braille para ese ciego cuerpo; deslizó las manos con delicadeza por su cuello, cintura, rodeó su ombligo, y luego, le abrió la palma de las manos e hizo que tocará sus nalgas. Roxana trató de intercambiar miradas, pero notó que el caballero tenía los ojos cerrados e interpretó esto como una señal de satisfacción. Decidió cerrar los ojos también, continuaba conduciendo la mano, paseándola por sus muslos, la pantorrilla, la sonrisa del caballero era encantadora. Roxana quería más emociones, se aventuró, abrió la palma de la mano del hombre, la colocó en su sexo y cerró fuerte sus piernas, las abrió lento y comenzó a frotar la lencería que cubría su vientre, con el ritmo que ella conocía para satisfacerse sola, el otro brazo colocado en los pechos reproduciendo el ajetreo ocasionado por el momento de excitación. Roxana quería más sensaciones, pero las manos del caballero eran frías y tenía poca respuesta al baile, prácticamente él no se movía.

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III Mi amigo Con voz enfurecida, Roxana detuvo el baile, se irguió frente al hombre, miró alrededor y gritó en son de burla ¡¿Quién viene con el muerto?! Después de algunos segundos, se escuchó: - Yo señorita, es mi amigo- contestó un hombre (por cierto, muy bien vestido) que se encontraba a dos sillas del lugar. -Le sucede algo a su amigo -dijo Roxana en tono bravo y continuó hablando- se acaba de dormir o ¿acaso no le gusto, o siempre es así de frío? -a lo que el hombre respondió: Usted tiene un cuerpo espectacular y mi amigo no, no siempre fue así. El amigo tomó una silla y se la ofreció a Roxana, con la mano izquierda llamó al mesero y dijo Traiga lo que la señorita ordene. Le diré algo breve: Víctor mi amigo, era una persona muy alegre. De joven viajó por casi todo el país y en su libreta siempre escribía las historias que los lugareños le contaban. Recuerdo que no faltaba una reunión donde hablemos un tema y él pedía la palabra -¡Ahí va otra vez con sus anécdotas!decíamos sólo para vacilar. Hace una semana estaba alterado. "Nos hemos vuelvo insensibles y desaprovechamos el privilegio de vivir" gritaba en el teléfono; Estás molesto, le dije. "El hambre, el dolor, la injusticia existe aunque no lo veamos, por ejemplo si alguien nos pide dinero en la calle y desviamos la mirada: la tristeza y el sufrimiento siguen ahí, no desaparecen porque nos negamos a verlo o pensar en eso". "Estas deprimido" le dije y empezó a reír y continúo riendo: Un hombre a mi edad, a los treinta años no puede desperdiciar la vida en deprimirse. Al ritmo que vamos nos queda 74

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menos tiempo de los que ya caminamos, y Victor seguía riendo. El hombre hablaba y Roxana ordenó otra copa, mientras ponía atención.

IV El viaje Nos conocimos en la universidad -¿le estoy consumiendo mucho de su tiempo?- dijo el hombre -Para nada, continúe- respondío Roxana. -Visitaré Europa por algunos negocios de trabajo y él vino a esta ciudad para encontrarnos y juntos emprender el viaje. Claro, él iba por la aventura, por las historias que rodean el ambiente de esas ciudades. Sin embargo, esta mañana, muy temprano, en su habitación de hotel, lo encontraron acostado boca abajo en el piso, frente a la puerta de su cuarto; idiopático, ha dicho el médico, significa que no tiene la menor idea. El azar, la alineación de astros, el destino, aún no se sabe con certeza qué ocurrió, tal vez el simple y rápido beso de un infarto. Sé que no le gustaban los hospitales, por eso traje su cuerpo a este sitio, a esta hora de la madrugada no he podido encontrar otro local que este abierto cerca de la funeraria. Roxana dudo un momento e interrumpiendo al caballero pregunto -¿Esta muerto?El hombre dirigió la mirada hacia el cuerpo de su amigo y asintió con la cabeza. -Pero no se espante señorita, en menos de una hora nos retiramos; tenemos que llegar al velorio. Roxana se asombró, volteo a ver el cuerpo de Víctor, al que le había bailado minutos antes y dijo De verdad ¿está muerto? - Si señorita- respondió el caballero

-¿Y por qué esta sonriendo? -mencionó Roxana con voz temblante.

Roxana sintió erizar su cuerpo, un aire frío se instaló junto con un sepulcral silencio

- Imagino que disfruto la vida- respondió el caballero con una sonrisa en el rostro.

Dos narraciones Angélica Santa Olaya

Infalible "Qué amante mágico sabría desaparecer a tiempo y daría autorización para que lo olvidarais y pudierais imaginarlo según vuestros deseos" Janine Aeply

Los poros se encuentran cara a cara. Sudor. Saliva. La lengua en el pabellón de la oreja. En el cuello. En la quijada. La quijada en la puerta del cielo. Otra vez la lengua en la oreja. Gemido. - ¿Cuándo hacemos el amor fantaseas con otros hombres? - No. Dos etéreos. pero musculosos brazos de obsidiana envuelven su cuerpo de cristal. Sudor. Saliva. Un orgasmo fenomenal.

Y una tarde… -¿Te besó el güey? Las faldas escocesas lamen el verde del pasto. Las tobilleras se entrelazan en un abrazo cómplice. El blanco triángulo de la entrepierna se ofrece al viento de la tarde. - ¡Contesta güey! ¿Te besó o no te besó? Los labios indecisos dibujan una O redonda y muda. Por encima de ellos, una brizna de hierba sube y baja entre los braquets que refulgen con la luz del sol. - No te besó güey. Las palabras gotean como el rocío en la tierra después de la lluvia. Un sabor a hierba mezclada con saliva y chicle de menta se instala en el paladar antes virgen. delatripa: narrativa y algo más

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Clint Eastwood y la moral Luis Valdez

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a sea con pistolas bajo un sarape o cuidando su Gran Torino, Clint Eastwood cumple la función de patearnos el trasero y enseñarnos que en tiempos duros, la moral se enseña aunque sea a regaños. El secreto de los personajes de Clint Eastwood no es el escenario desértico ni los suburbios repletos de inmigrantes que se defienden a manera de pandillas. El héroe sufre y en la mayoría de las ocasiones, a pesar de su mal carácter y sus gestos duros, se redime com una persona con moral justiciera. Son batallas individuales que a primera impresión luchan por la sobrevivencia, pero la carga de moral lo justifica todo.

En los chili westerns no resultaría muy convincente que uno de los hermanos Almada fuera un justiciero así porque así. No se la creemos tanto como a un pistolero que llega de quién sabe dónde y se encuentra con un pueblo lleno de impunidad, de pistoleros y secuestradores. En Por un puñado de dólares, la llegada al pueblo simplemente fue de paso, sin algo en especial por qué estar ahí. Hay víctimas, claro, pero estas víctimas no le interesan al personaje hasta que alguna conveniencia le jala a actuar. Un puñado de dólares que el pistolero va obteniendo de aquí y de allá, de ambos bandos de la delincuencia organizada en un pueblo. Los personajes western de Clint Eastwood son unos vendidos, sí, pero las circunstancias los orillan a ser justicieros involuntarios.

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Me pregunto si al jinete pálido le interesa defender a los niños, o a las viudas o a los desamparados. ¿Obra bien porque es lo justo, o sólo para afectar a los que se lo merecen? Si no tienen una pizca de miedo a la muerte o cariño a la vida, ¿Por qué interesarse en preservar la vida ajena? En El Bueno, el Malo y el Feo, ¿por qué el bueno es bueno y porqué el malo es el malo? Puede ser más un destino que manipula a los protagonistas, que un rol tomado a sabiendas por el personaje. En Gran Torino el protagonista tampoco se preocupa por caer bien. Ya tiene suficiente edad como para vivir sin tener que caerle en gracia a los vecinos. Y lo que logra que se gane la estima de los semejantes no es su carisma, sino sus actos de moral. Unos actos de moral que benefician a unos y afectan a otros. ¿Saben los personajes de Clint Eastwood lo que es la moral? No, ni les interesa en lo más mínimo. Simplemente han sobrevivido hasta la edad en que la historia los ha tocado. Si mueren, como en la mayoría de los casos, no es por un plan preconcebido, sino porque fue lo moralmente necesario. Sí, es un tipo duro, un maestro regañón. Un moralista involuntario que odia la moral con toda su alma, pero sólo así ha logrado sobrevivir y justificar sus sacrificios.

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La pureza más grande Víctor Garduño Centeno

A

nte la combinación alcohol-literatura lo primero que me ocurre es la imagen de Saulo de Rode. Saulo es un poeta de quien aprecio más la autenticidad de sus versos que la aspereza de su trato. También, como casi todo el gremio, es un alcohólico… y de aquellos que hacen alarde de esa condición. En las borracheras se habla de literatura o más bien de la vida literaria, pero escuchar por qué el vaso para el whisky debe de ser ancho y ajeno, a diferencia del recipiente para el ron, o cuál es el ingrediente secreto para el mejor martini, resulta muy aburrido para quien solo bebe cerveza, como Saulo de Rode. Así que amenazaba siempre con "escuchen, individuos, les voy a llevar a El Dzalbay, para que sepan lo que es una verdadera cantina". Un día cumplió su amenaza. El Dzalbay es una cantina minúscula. Su única puerta está en la esquina que forman las calles 64 y 53; el sol cuando deja herir por la ventana de la 64 continúa enseguida por la de la calle 53, no tienen agua ni en las tuberías por lo tanto el ron, imposible imaginar ahí whisky o ginebra, lo sirven en desechables, la mayoría toma cerveza de la botella. Sólo después de una encarnizada discusión sobre si Borges debía admirar a Reyes o Reyes a Borges, pudimos vencer nuestra resistencia a la botana: un platito de guacamole con 78

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tostadas. Lo único gratificante del lugar fue no tener que dejar propina pues al consumir el guacamole apareció en el fondo del plato una moneda de cinco pesos. Sin embargo Saulo había sentenciado: "Dirá lo que sea la Secretaría de Salubridad, pero ésta es una de las cantinas más antiguas de Mérida. Víctor, aquí vamos a celebrar cuando publiquen mi nuevo libro". Círculos de sangre es el nuevo poemario de Saulo de Rode, me lo obsequiaron antes que lo presentaran. No pude acudir a la presentación, pero el día siguiente se publicó un artículo en el que apareció algo que podría denominarse lapsus crítico, eran ocho palabras: "Círculos de sangre no tiene toda la profundidad". Corrí a la relectura. Busqué defectos en el poemario; después de un rato me interrumpió el remordimiento que me preguntaba a cuántos seres queridos le había hecho lo mismo… Me dediqué entonces a buscar perfecciones y otro remordimiento me asaltó: a cuántos compañeros de los primeros talleres había atormentado de la misma manera. Concluí: lo que me gusta no tiene que ser perfecto y a fin de cuentas Saulo, como muchos, es alguien que busca desde su laberinto, la más grande pureza en sus textos. Aunque sabemos por Eduardo Lizalde, o

desde los Karamosov, que la más grande pureza es abyección. Antes de una semana me saludan en la calle y me dicen "Saulo quiere verte, le urge hablar contigo. ¿Supiste del comentario sobre su libro?" A partir de ese momento empezó a preocuparme ver a Saulo sin recurrir otra vez a la relectura, y aquello de "lo que me gusta no tiene que ser perfecto" servía para mí, pero no para lo que exigiría oír de su libro. Opto por no acudir a los bares, temiendo encontrarlo. Me veo obligado a "manchar", como dice el poeta Raúl Renán, la coca light con un poco de ron o ginebra para poder beber en auto o caminando. Llegar a las esquinas y antes de cruzar primero observaba si Saulo no aparecía. Siempre con el temor de encontrarme con él. Un día fue inevitable. Me gritó, corrió tras de mí. Me alcanzó jadeante, más borracho que yo. Tenía en la axila

Círculos de sangre. Traté de improvisar un juicio sobre su libro: cuando me dijo con desesperación: Victor, te he buscado. Tenemos que hablar. El juicio sobre su poemario no lo conseguía. Victor, la verdad… Veo los ojos de Saulo casi con lágrimas y decido hacer lo que siempre en estos casos cuando nada tengo que decir: empezar hablar y dejar que las palabras me lleven. Es un instinto que me salva. Mi angustia no puede ser más grande, pero la de él es asfixiante, casi tiembla, quita el libro de la axila y lo dobla con desesperación entre sus manos para decirme: Víctor, Victor … ¡Cerraron El Dzalbay!

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A esa altura de la tarde no se distinguía el ruido de las balas. Jorge Bettancourt Castro

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ólo los cañones y los tanques eran mis puntos de referencia; cada ciertos minutos sentía la voz fuerte y ronca de mi compañero, del cual desconocía su nombre, que junto con gritarme hacia dónde nos moveríamos, me enganchaba a su brazo y corríamos unos pasos, algunas veces, o unos metros, hacia donde él estimaba un lugar más seguro. Estaba ciego, completamente ciego, una explosión me dejó sin ese básico sentido hace unas horas atrás. Quizás por el instinto de supervivencia, pero mis demás sentidos creó haberlos potenciado al máximo en esas horas; podía sentir el olor a sangre y saber cuándo tenia un cuerpo a mi lado, ya que este olor se acentuaba mucho, e incluso podía reconocer el peculiar olor del uniforme quemado por la pólvora; también mi tacto se sintió favorecido, podía reconocer la diferente tela de los uniformes y saber casi al instante cual era el rango de quienes me rodeaban. Compañeros corriendo a mi alrededor. Tierra saltando a mi cara lanzada con fuerza por alguna explosión cercana, y el sabor salado de la transpiración y la sangre que bajaba por mi frente era lo que rodeaba mi boca. Escúchame bien, ¿me oyes? -gritaba mientras me zamarreaba- vamos correr unos dos metros, baja la cabeza, es en línea rectame continuaba gritando mientras yo trababa de apuntar mi nariz a su cara como en señal de concentración- ¡toma un arma!- me entregó un revólver, pero se me cayó de las manos,

estaba bañado en sangre- ¡no lo dejes caer!gritó- Vamos; yo voy primero trata de seguirme, yo te voy guiando a la cuenta de tres, uno….dos…-se sintió una explosión fuerte, parecida a las anteriores, pero esta vez unos metros más cerca de nosotros, mi compañero retomó la cuenta - ahora, dos y tres!!. Sentía sus pasos delante de mí. Por más que traté de seguirlo muy de cerca, me perdí; con tanto alboroto y muerte a mi alrededor, me desconcertaba, sólo atiné a tirarme al suelo y a cubrirme la cabeza. Nunca antes en mis meses en la guerra había sentido miedo de morir, tal vez el sentido perdido era quien me hacia esa mala pasada; pero palpaba la muerte junto a mí, tocándome la piel; me di cuenta que no sabía el nombre de mi lazarillo, no sabía el nombre que debía gritar para tratar de salvarme, para no entregarme así tan inocentemente a manos de la muerte. Pasaron unos segundos que para mi fueron horas y nuevamente me tiraron de los tirantes de mi uniforme, era él, mi anónimo guardián. ¡Te dije que corrieras detrás de mi!, increpó; Perdóname, perdóname,- supliqué. Tomó mi mano y puso en ella una pistola, la tomó fuerte -apunta y sólo dispara- Pero ¿hacia dónde?- pregunté mientras sostenía el arma en posición de disparar -¡a cualquier lado, están en todos lados sólo dispara! Comprendí lo critico de nuestra situación. Vacié un cargador y lo cambié por otro que tenía en mi cinturón; no sabía si mis disparos delatripa: narrativa y algo más

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acertaban, pero la desesperación hacia que disparara en dirección de cualquier sonido que me sonara enemigo.

sangre algo con que defenderme; por fin encontré un cuchillo. Lo sostuve con fuerza, no sé por cuantos minutos.

Ya…vamos a correr, en esa dirección detrás de una muralla, solo sígueme ¿ok? Esta vez rápido, es en esta dirección -me tomó el brazo y apunto- ¿comprendes?, toma estos cargadores y corre. A la cuenta de tres… -Espera espera- interrumpí- cuál es tu nombre- xxx me dijo- ok, el mío es... Ahora no me importa, gritó; Sólo corre cuando cuente tres. Una, dos -una fuete explosión detonó a mi lado; a mi cara saltaron esquirlas que se me clavaron también en mis manos, algunas atravesando mis pantalones y clavándose en mis muslos; sangre y restos de carne pude tantear en mi uniforme, carne ajena -¡xxx, xxx!- grité con toda mi fuerza, pero no hallé respuesta; empecé a arrastrarme hasta dar con él, pero fue imposible. Lo más que pude palpar creo la parte inferior de su cuerpo. El pánico me inundó; ciego y sin ojos ajenos para ayudarme, mi arma la había perdido en la explosión, así que busqué en el suelo húmedo y charcoso de

Después de entender mi situación lo llevé directo a mi garganta; prefería decidir el lugar de mi muerte, la profundidad del corte, que esperar esa ruleta rusa que sin duda me tocaría; era cosa de minutos, a mi lado escuchaba gritos, retorcer de metales y huesos.

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Hice un corte en ambos brazos, para morir lentamente, reconozco que no tuve la "valentía-cobardía" de cortar mi cuello como fue mi primera intención. Deseaba irme despidiéndome de a poco de todo y todos, repasé mentalmente mis amigos, familia y deseos. Sentía como si mi alma se estuviera desinflando, como si estuviera suspendida; el rechinar de huesos y los olores se hacían más débiles, mientras mis sentidos percibían éso, también estaba rezando por ellos los que estaba a mi alrededor.

Descubriendo el eco de los Paniagua Susana Mota López

J

esús Gardea, el cuentista chihuahuense, nos atrapa bajo el ardiente sol y el inclemente frío en una tierra yerma e inhóspita de los desiertos del norte de México, dentro de la diégesis de la narrativa de El tornavoz* nos describe y transmite la soledad interior, la demencia, y la desolación de sus aislados personajes en un pueblo árido de nombre Placeres, semejante a un páramo de tolvaneras. Si Delicias se llama el lugar donde nació Gardea, ¿por qué nombrar con sarcasmo "Placeres" al pueblo de su cuento si los sustantivos son sinónimos? El autor escogió así este nombre con bastante ironía debido al ambiente triste de Placeres ad hoc con ese carácter apático de los personajes que deambulan por sus calles desiertas. Mas como Placeres es un pueblo ficticio, con una parca actividad productiva de sus contados habitantes; no hay locales comerciales, unas cuantas casas, una bodega, una policía, unos callejones solitarios, y una iglesia, y claro, en nada es parecido a la verdadera Delicias, Chihuahua.

El título El tornavoz lo explica así Gardea: "Techito abombado entre el cielo y la tierra",1 dos veces: una en el epígrafe y la otra en el epílogo, para expresar que la voz narrativa torna y retorna como un eco que nos itera una y otra vez la soledad del alma en donde empieza y termina la historia melancólica de Jeremías Paniagua y su abuelo como en un tornavoz, como en un techito abombado en donde repercute la voz narrativa para que el lector capte mejor la recepción de la

soledad física y espiritual de un pueblo. Como lector, esta percepción le hace sentir la sequedad en la boca por ese viento polvoso tanto como la angustia en el espíritu de los habitantes del pueblo. Físicamente nacemos solos, pero al trascurrir nuestra vida, la hacemos feliz o infeliz de acuerdo a cómo sepamos hacerla trascender y evolucionar mediante las circunstancias y nuestros hechos. En consecuencia, el leitmotiv de este cuento es la soledad y el tema es la búsqueda del sentido de la vida, del ser o no ser. Esta es una historia llena de imágenes abstractas, "la historia de la familia Paniagua", desde el tío abuelo Cándido Paniagua, el abuelo Felipe Paniagua, el padre Isidro Paniagua hasta el nieto Jeremías Paniagua, todos están involucrados en la misma desesperanza, desilusión, y desvarío de vivir atrapados en un pueblo seco, árido y tostado por el inclemente sol y las tolvaneras en verano, y el viento helado en las noches de invierno. Como si estos personajes vivieran en un encarcelamiento de completa abulia, sin sentido de evolucionar, sin ilusiones de perpetuarse, sin esperanzas y sin futuro. Inclinados a soñar despiertos para buscar el sentido de lo que son o no son. ¿Por qué ilustraciones abstractas? Por el lenguaje tan sencillo y a la vez tan complejo que Gardea usa en los diálogos y la narrativa, algunas veces en lengua coloquial y otras veces se perciben en el estilo del autor, en la diégesis, algunas analogías metafóricas. En el primer caso: Isidro

* Dispositivo, como la concha del apuntador o el techo de encima del púlpito, que sirve para evitar la dispersión de la voz en sentido no útil. Pantalla. María Moliner, Diccionario de uso del español. Madrid, Gredos, 2007, p. 2906. 1

Jesús Gardea, El tornavoz. México, CONACULTA, 2004, pp. 7-126. delatripa: narrativa y algo más

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le enseña la foto antigua de Cándido a Olivia, su mujer, y le pide describirlo por fallarle la vista, ella le contesta: "Las narices son rectas, de agujeros pequeños"2, e Isidro aclara: "Para respirar el aire fino de las iglesias, Olivia", lo que aparece aquí es que, dentro de la lengua cotidiana hay una variante diafásica por no adecuarse las necesidades del hablante en el uso concreto y puntual de su lengua: el ser humano tiene una nariz, no varias e Isidro hace la descripción en plural por su simpatía hacia el tío Cándido y está viendo al tío con la vista de su corazón que lo extraña. En el segundo caso dentro del relato: Cuando Cándido le relata a Isidro, su sobrino, la percepción que tiene de Capuchinas en las tardes de cada sábado: "Esa será la almendra. […] Llevo el sol de frente, pero no me ciega, no me cala; es como el ojo de un animal. Un dulce ojo de perro. […] Huele a incienso y a pena sobre pena; y a oro sombrío, y la carne silenciosa de las tallas".3 Al mencionar la almendra, Cándido se refiere al génesis de su vida infeliz desde la conversación con su indiferente y apático hermano Felipe, la prepotente y castradora de su cuñada Ilda y los constantes enfrentamientos que tenían con él que lo obligaron a recluirse; además, los tristes recuerdos del "episodio del espejito inventivo"4. Cándido compara al sol con el ojo humilde de un perro y cuando huele el incienso le produce pesar; ambas imágenes le recuerdan a la muerte del espíritu, y el color dorado de las hojas de otoño es para él "oro sombrío": el color ocre dorado de la decadencia de la naturaleza, del otoño de Cándido sin la luz y el calor del amor de familia. Asimismo, la muerte se representa en las esculturas de madera de los otrora personajes de santidad que estáticos y solitarios contemplan la soledad interior de Cándido: la muerte de su alma. 2

Ibid., p. 51.

3

Ibid., p. 43.

4

Idem.

5

Ibid., p. 27.

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El escenario de Placeres remite a ese otro pueblo fantasma, caluroso y polvoriento: Comala de Juan Rulfo, y el ambiente climatológico a esos pueblos extremosos, con un calor infernal de más de 40°, ya sea en el norte o en el sur de México. Se conjugan el viento, el frío, el calor y éstos juegan con estos seres faltos de voluntad o de energía para emprender una acción o una decisión, así como juega el viento seco con las hojas muertas del otoño de uno que otro árbol que motea entre las calles y las casas, y su escaso follaje cubre con una alfombra de cobre el suelo del pueblo. Unos seres ávidos del color de las florescencias, del verdor de los campos, y del cantar de los arroyos. Unos personajes encerrados en la melancolía. Y Cándido Paniagua se lo aclara al sobrino: "La soledad nos vuelve muy susceptibles, como ninguna otra cosa, al vacío del mundo y de los cuerpos que en él son. Y tú dirás: ?y cómo tío Cándido, puede usted darse cuenta del horror'. Y yo te respondo entonces, que por la aguda nostalgia que uno siente, delante de esos vacíos, de la luz; esa hambre nuestra de primaveras"5: Es la gran tristeza de vivir enajenado. Los elementos como la lámpara y el calentador de petróleo podrían interpretarse como enseres de pueblos recónditos de los desiertos de México en una época a principios del siglo XX, de cuando la Revolución se fraguaba y se desarrollaba, pero, aún ahora, en pleno siglo XXI hay pueblos alejados de la civilización, en el desierto, que bien podrían ser otros Placeres. Más ahora que la cruda sequía está despoblando esas áreas del norte del país. Los otros elementos vitales para la diégesis son las hojas, el viento, y el espejo que en recurrentes acciones se presentan para recrear más el escenario del tornavoz. Para la simbología, las hojas muertas representan

tristeza, otoño, decadencia y en conjunto simbolizan a los seres humanos. Y las hojas cobrizas de algunos árboles del pueblo aparecen en el patio de Felipe, frente al cuarto de Cándido, y hasta en la vestimenta. Jeremías muchacho recoge una muy especial cerca de la bodega -punto de reunión de su padre con Omar y sus amigos jugando a ser espiritistas. Igual las hojas color ocre juegan con el viento haciendo remolinos de otoñizo paisaje en Placeres como si el viento jugara con los pobladores desolados-, para continuar en la isotopía del otoño. El espejo, lo encontró Cándido tirado en el patio de su hermano y lo conservó como amuleto por muchos años para hacerle recordar sus vicisitudes en la época de su exclusión de un mundo que no lo comprende. Gardea nos describe la iglesia de Capuchinas con habilidad arquitectónica de un pasado que regresa en los recuerdos de Cándido Paniagua a través de ese particular espejo detalladas como isotopías: las torres, las palomas que anidaban en ellas, el atrio, los nichos, la fachada con sus tallas6, las columnas, el techo de bóveda, la cúpula, las bancas de madera, el retablo, el presbiterio, el retablo con cornucopia7, y los estofaditos8. Esta iglesia es el verdadero hogar de Cándido Paniagua, el único lugar fresco, a la sombra, con su única familia: las esculturas de los santos, vírgenes y ángeles que le daban la paz que él necesitaba. Son parte de los bellos recuerdos de ese pasado que lo persigue. Ése era su refugio. Los cuadros escénicos en el desarrollo de la narrativa principian con el nacimiento de Jeremías Paniagua, con un padre que al ver a su hijo "La soledad estaba martillándole el corazón"9 y lo único que logra repetir es el nombre de su tío Cándido Paniagua como una premonición. En un

retroceso de las escenas al pasado; se detecta que Cándido no vive, sobrevive, en casa de su hermano Felipe y su cuñada Ilda, por la vida tan humillante que le dan, y el que lo anima a contarle su historia y escucharlo es su sobrino Isidro, padre de Jeremías. A Cándido se le presenta una psicosis desde que se cambia de la casa de su hermano al cuarto del patio, y al vivir ahí, completamente solo, como un perro olvidado, con un plato, un tenedor y una chamarra, pasando noches de insomnio y comiendo sólo vegetales, con el calor sofocante, el frío inclemente, y la humillación de sentirse abandonado, con los días recordando su pasado una y otra vez, y todo eso conjugado lo llevaron al límite de sus delirios. Isidro lo presencia y a la postre se contagia inconscientemente. Continúa la narración con las vivencias de Cándido y con la cercanía de su sobrino Isidro, intercalada con los sucesos de la vida de Isidro con Olivia y el pequeño Jeremías. Isidro nunca olvida los avatares del tío y sin desearlo se interna en la misma abulia. El personaje de Omar Vitelo y otros tres amigos intervienen para hacerle creer que se comunica con los muertos. Los cinco anhelan encontrar una ocupación que les cambie esa vida tan melancólica y se vuelven remedo de espiritistas. Lo esencial de su amistad con Omar Vitelo es que comprendió que por la foto antigua que éste le dio, su tío vivió en otra casa, feliz como nunca lo pudo ser en la de su familia. Mas a él también le alcanzan las noches de insomnio, la soledad apabullante y la apatía que lo conduce a la misma realidad del tío: la psicosis. La enfermera Martha Licona es otro personaje clave, primero aparece cono receptora del bebé Jeremías en el parto de Olivia Paniagua.

6

Las tallas son esculturas de madera para decorar la iglesia.

7

Vaso en forma de cuerno que representa la abundancia.

8

Son decoraciones o esgrafiados de madera en oro, con dos capas de pintura contrastante en que sobresalga la capa inferior de la capa superior. Ibid., p. 100.

9

Ibid., p. 10. delatripa: narrativa y algo más

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Se ausenta, regresa al pueblo y reaparece en la vida de aventuras de Jeremías muchacho y su amigo Colombino. Es el amor imposible de Omar Vitelo, un foráneo que también sufre de soledad, como Martha. La soledad interior les rebasa a ambos y no les permite construir un destino venturoso. Sin embargo, a los dos no les afecta tanto al grado de adquirir una enfermedad mental, Martha canaliza el calor y la soledad con su natural sensualidad que inquieta a un Omar impávido y reprimido. Como lo dice Gardea: "Climas como el de Placeres favorecían más bien el amor de las cosas de adentro"10. Ellos lograban controlar sus emociones. La ausencia de Cándido en Placeres duró tres años y fue en la casa de Omar Vitelo, precisamente. A su regreso demostró ser asiduo lector de novelas de escritores del siglo y la iglesia de Capuchinas fungía de biblioteca. Pero esas lecturas iban acompañadas de su voz alta que compartía con los santos, vírgenes y ángeles que decoraban la nave de la iglesia. Comenta Gardea que los que lo veían pudieran tomarlo como un loco, pero en realidad la mejor lectura es en voz alta. La psicosis se va desarrollando de generación en generación, y en la tercera se presenta debido a las voces que escucha Jeremías en todas partes, y al hecho de, según Vitelo, silenciar el canto de las chicharras con sólo verlas. Vitelo cree que es el fantasma del muerto Cándido y de algún

10

Ibid., p. 83.

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modo él se comunica con Jeremías, como en el pasado lo creía de su padre, Isidro. Respecto a las voces que trae el viento y escucha Jeremías en un árbol de su casa, Gardea involucra al lector con la trama haciéndolo pensar en que la abstracción de Cándido se aparece en la mente de Jeremías. Jeremías ha absorbido el halo de tristeza que imperó en su familia cuando escucha las voces que le dicen una palabra: Tornavoz. En suma, la narrativa finaliza con el inicio del insomnio y la psicosis de Jeremías, mismo que acabó con Cándido, y con Isidro. Para finalizar, al sujetarse al análisis crítico del cuento, se observa una isotopía con los elementos de viento, arena, sol, polvo, hojas muertas y soledades que como en una cinta de Moebius, la diégesis actúa como un remolino de hojas (los pobladores psicóticos) violentadas por el viento abrasador, y van recorriendo el anverso y reverso gentilmente de las historias de los personajes desde una generación a otra en un estío eterno como eterno es el sentido de la existencia.

Bibliografía GARDEA, Jesús, El tornavoz. México, CONACULTA, 2004. MOLINER, María, Diccionario de uso del español. Madrid, Gredos, 2007.

Esos tus ríos de agua viva Adán Echeverría

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ilma miró la polea sola en el travesaño y supo que la soga y el cubo habían caído al pozo. Tendría que meterse. Era lo único por hacer. Su padre le enseñó desde niña que no esperara que le resolvieran las cosas: ayuda a tu madre, dijo antes de morir. Y se acostumbró a resolverlo todo. Con calma miró los alrededores del patio de casa. Se quitó el vestido de tela de algodón, quedando en ropa íntima, para bajar en busca del cubo. Descendió con cuidado por las paredes mohosas. Tres metros llenos de verdín que se le iba impregnando en las manos, manchándole el anillo que su padre le regaló al cumplir los quince. Tomó el cubo sin soltarse de unas rocas salientes de la pared, justo cuando unas sombras la cubrieron. Reconoció la voz de su primo Gerardo y uno de sus amigos.

su primo Gerardo le resultaba súper atractivo. Iba a verlo meter goles en los partidos de fútbol. Era el ídolo del pueblo y todas sus amigas morían por él. - Mejor no vengas a esta casa, así evitarás las tentaciones. - Vengo a ver a mi tía. Pero hoy no hay nadie. No vayas a ir con el chisme. -dijo golpeando en el muslo a su amigo. Las sombras se esparcieron. Rilma feliz por la noticia, sonreía ruborizada. Subió distraída, llevaba los pezones endurecidos por el contacto con el agua fría. La lámina del cubo iba aporreándose en las rocas mientras escalaba. El anillo salió de su dedo y al intentar cogerlo, resbaló, golpeándose la cabeza entre las rocas. Segundos después su cadáver apareció flotando. Tenía los cabellos en movimiento, como medusas negras intentando escapar y buscar refugio entre las sombras.

- Vas a ir a entrenar. - No sé. - Todavía piensas en tu prima. - Es mi prima y no puede gustarme -gruñó. - Se te pasará. -el amigo hizo una pausa y se recargó en el brocal, dejando caer ese polvillo de roca vieja- ¿Se ha dado cuenta? - Para nada, cuando nos vemos, digo o hago cualquier majadería para despistar -Rilma sonrío mientras intentaba, untando la mano en la pared, limpiar el verdín que se había quedado en su anillo. Los últimos dos años, delatripa: narrativa y algo más

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Nos vemos en el slam

por Mario Pineda Quintal

¿Qué tan románticos y pornográficos podemos ser? Imaginemos que una mañana despertamos y escuchamos miles de rolas amorosas. Las letras nos recuerdan a la mujer o al hombre que queremos sentir en completa desnudez por el simple hecho de amarlos. Nos quitamos la ropa de dormir y vamos por sus cuerpos que también nos esperan mostrando la vagina, el pene, el pecho, las tetas, los culos y las piernas. Un te amo, un beso, nadie pregunta por un condón, nadie cierra las ventanas, nadie dice "dónde no nos vean". Todos queremos demostrar cuánto amor sentimos hacia nuestras respectivas parejas. Salimos a las calles y en las banquetas comenzamos el acto, primero las caricias, los dedos jugueteando con la entrada de la vagina y acariciando la piel de los testículos, mordidas en el cuello, apretones en las nalgas, los primeros gemidos, el enredo de piernas. Algunos paramos y miramos a otras parejas, pero más que morbosear, envidiamos el gran amor que representan, ya que vemos una masturbación compartida o una verga acariciando una sonrisa antes de irse al fondo de la garganta. "Nosotros podemos hacerlo mejor, nos conocimos antes que ellos, nos hicimos novios antes que ellos, nos casamos antes que ellos, cojamos más, querámonos más" Nadie desea mostrar un amor pasajero, de un solo beso, de dos o tres penetradas, de una tarde en la playa. Los más enamorados buscamos lugares públicos, abiertos. En los jardines de los parques algunos hombres están de rodillas penetrando y abriendo piernas, culos femeninos o masculinos atrapando vergas y choques de tetas. entre los gemidos de todo esto se escuchan frases

como "me volvería a casar contigo, vamos a casarnos, cuándo me vas a pedir que sea tu novia, ¿quieres ser mi novia?". En las tiendas comerciales y en los bancos varias parejas discutimos el tiempo de permanencia frente a las cámaras de seguridad para demostrar con excelente realismo las posiciones más lujuriosas. "Nosotros nos damos un beso antes de irnos a trabajar", "nosotros nos abrazamos cuando dormimos", "nosotros la mayoría del tiempo caminamos agarrados de la mano". Todos nuestros actos de parejas enamoradas justifican una o hasta dos horas de grabación haciendo el perrito, la estrella, el puente de madera, pierna en alto, el ventilador, el caracol y otras más. En los museos se guardan en las bodegas los cuadros y las esculturas. Hoy las obras de arte son las que se hacemos con el amor carnal. En todas las salas existe la misma exposición con diferentes autores y reveladores títulos "Así fue nuestra primera vez", "Así se la chupe en un baño público", "Así hacemos el amor cuando le ponemos seguro a la puerta", “Así brinco sobre él", "Así acarició sus nalgas con mi verga", "Con esta cogida nos enamoramos para siempre". Todos los artistas permitimos que nuestras obras sean fotografiadas con flash y grabadas con los celulares. "Suban las imágenes al face, al twitter, al youporn, el amor en carne propia merece ser visto por todo el mundo", gritamos con el ego que palpita en nuestros penes y nuestras vaginas. Nadie tiene ganas de orgías, ni de infidelidades. Cada quien siente dos testículos, cada quien admira un monte de Venus. En las delatripa: narrativa y algo más

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carteleras de los cines desaparecen las películas de acción, drama, terror y cualquier otro género que no sea de absoluto amor y pornografía. Las parejas se sientan en las butacas levantando el separador de los asientos para que las manos no tengan dificultad en cruzar caricias a las pieles. Los rozones y los apretones no ocurren por la excitación que deben provocar el actor y la actriz que está cogiendo en el escritorio. Son rozones y apretones de sugerencias, de opciones, de "con ese escote te quiero ver", "cuando me la metas haz ese movimiento circular", "primero besos en la cabeza y luego toda la

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saliva en los huevos", "cárgame así pero también trata de morderme las tetas". El público sale de los cines a poner en práctica las enseñanzas del reparto de actores. Algunas se quedan en los pasillos otras regresan a los lugares más públicos. Quizás en este día nunca exista el cansancio, ni ganas de dormir, quizás el amor le dé más horas, para que todos y todas, con tanta cogida, puedan asegurar la eternidad con sus parejas, y todos y todas lo sepamos, aplaudamos, envidiemos, estemos orgullosos de ser mejores y reconozcamos tanto romanticismo.


Revista delatripa Nº 6