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L EC TU R A S COM PU L SIVA S

Una de novela histórica Por JOSÉ MELERO MARTÍN · Ilustración AGU MÉNDEZ

No hay duda de que la novela histórica es un género en alza. Se trata de una fórmula al parecer infalible: unos personajes atractivos, una trama creíble y un escenario histórico bien documentado que dote de profundidad a la trama. El lector tiene la sensación de entretenerse a la vez de estar aprendiendo sobre su época favorita. La edad media suele ser uno de los tiempos favoritos de los escritores, quizá por sus contrastes con el nuestro. Feudalismo, guerra y religión se dan la mano para conseguir libros tan populares como “El nombre de la rosa”, de Humberto Eco (si no lo han leído, háganlo, vale la pena) o “Los pilares de la tierra”, de Ken Follett, por mencionar algunos de los más populares. Sin embargo la novela histórica no es un invento reciente, de hecho el género como tal nació en el siglo XIX, en plena época romántica, de la mano del famoso escritor escocés Walter Scott, el cual escribe una serie de novelas ambientadas en la Edad Media inglesa. La novedad consistía en situar a un personaje, real o no, en una trama histórica, de modo que el escritor tiene la oportunidad de dibujar un fresco costumbrista de la época de la que se trate y al mismo tiempo, aunque no siempre, utilizar la distancia histórica para realizar un crítica a la sociedad presente. Como es lógico, uno de los atractivos del género es la posibilidad de disfrutar de la labor de documentación que el escritor ha debido realizar para ambientar el libro, en algunos casos tan exhaustiva que podríamos hablar de historia novelada. Mi primer contacto con este tipo de ficción fue gracias a la famosa novela de Mika Waltari, Sinuhé el egipcio, la cual nos traslada al Egipto faraónico de la mano de un médico que cae en desgracia por culpa de una desafortunada historia de amor. Recuerdo que la lectura de este libro me asombró por la profusión de detalles referentes a la vida cotidiana de una época tan remota. ¿Cómo podía el autor conocerlos? Ahora sé que el mismo hecho de que me formulase aquella pregunta era una medida de la calidad del escritor, cuya destreza lo hacía todo verosímil. Después de Sinuhé, hubo otro personaje que me fascinó aún más y este fue Claudio, emperador romano del siglo uno de nuestra era que gracias a la pluma de Robert Graves, se convirtió en alguien cercano y entrañable cuyas peripecias cortesanas se narran en los dos de los libros que hoy recomendamos en esta entrega de Lecturas compulsivas.

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Número 20 de la revista Zoom Málaga. Fran Perea, Andrés Calamaro, Edu Gómez, Palosandro, Marruecos, Lecturas Compulsivas, Moda,...

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