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Stephen King

El ciclo del hombre lobo

tobillos. Alfie gritó de miedo y dolor. Sí, ahora tenía miedo, pese a sus cien kilos de buen músculo de marinero. Lo había olvidado todo, su fuerza, a su sobrino Ray, el asiento trasero de su automóvil con Arlene McCune. Sólo quedaba la Bestia, la Bestia que estaba allí, ante él, como un terrible monstruo de una película de terror, un monstruo horrible y furioso que se hubiera escapado de la pantalla. El monstruo se subió encima de la barra del café con una terrorífica facilidad muscular, los pantálones rotos y la camisa rasgada. Alfie pudo oír las llaves y las monedas sueltas que tintineaban en sus bolsillos. La Bestia se lanzó sobre Alfie, que trató de retroceder, pero tropezó con la máquina de hacer café y cayó a lo largo sobre el linóleo rojo. Allí pudo oír un nuevo rugido terrible y sintió una oleada de aliento cálido y amarillento y, después, un dolor terrible cuando las poderosas mandíbulas de aquella criatura diabólica se clavaron en los músculos deltoides de su espalda, que desgarró hacia arriba con enorme fuerza. La sangre salpicó el suelo, la barra y la parrilla. Alfie se puso en pie con un terrible desgarro, un hondo agujero que le abría la espalda. Trató de gritar y la blanca luz lunar, la luz de la luna de verano, penetró por la ventana y se reflejó en sus ojos. La Bestia se lanzó de nuevo contra él. Lo último que vio Alfie fue la luz de la luna.

1983 el ciclo del hombre lobo (cycle of the werewolf)