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C/ Laguna Grande, 3 28034 Madrid 91 739 82 97 www.zoea.com A PROPÓSITO DE LOS CONCURSOS DE FOTOGRAFÍA Y VÍDEO Durante la bajamar, un homínido de hace 2 millones de años tantea con su hábil mano la vida sésil que aquí y allá se desarrolla en las paredes de una poza. No busca nada para comer; simplemente curiosea fascinado por ese mundo ajeno a él. ¿Quién sabe qué emociones se están generando en sus circuitos neuronales para que se sienta atraído por los colores y formas de algas e invertebrados? ¿Qué lo empuja a sacar del agua una anémona para observarla a pocos centímetros de sus chispeantes ojos? Esta curiosidad innata ha llevado al hombre a explorar el mar y a desarrollar sistemas de inmersión. o a un murciélago, como nos acercamos a un congrio, a una medusa o a una langosta?.

Para muchos, las sensaciones físicas del buceo dejan de ser el motivo principal que les empuja a sumergirse, ocupando su lugar la atrayente actividad intelectual de descubrir la vida submarina.

El submarinismo ofrece esta satisfacción: prácticamente todo está a nuestro alcance.

En muchos casos la fascinación por la biología marina no queda satisfecha con el afán de conocer, sino que desata el deseo de poseer (aunque no en el sentido estricto de la posesión física de un objeto). Este hecho ha provocado otra nueva revolución en la práctica del buceo recreativo: el desarrollo de la fotografía y vídeo submarinos.

Un poco de paciencia y podremos ser espectadores de acontecimientos tan cotidianos como excepcionales que nos empujan a querer saber más de ese mundo, o al menos, a querer plasmarlo para poder admirarlo incluso desde el salón de casa. Cada día, una legión de aficionados a la fotografía y al vídeo submarino, y por demás, amantes de la vida marina, se echa al mar para obtener sus preciados trofeos: las imágenes.

No se trata simplemente de la foto submarina que nos sacamos junto a nuestros compañeros de inmersión, al igual que nos podríamos inmortalizar, por ejemplo, delante del Acueducto de Segovia. Es algo que va más allá del simple recuerdo. En la mayoría de las actividades deportivas o recreativas, el uso de la cámara se suele centrar en perpetuar distintos momentos de dichas actividades.

Lo que parece una actividad inofensiva hace temblar a muchos seres, incluso a ecosistemas completos. La proliferación de buceadores es imparable, y la afición por la imagen submarina también.

En el submarinismo, se trata, precisamente, de plasmar los distintos aspectos del medio donde se desarrolla, y no del buceador en sí. Así es como los paisajes y la vida submarina se han convertido en los motivos principales a inmortalizar por todo aquel que baja con una cámara bajo el brazo.

Afortunadamente, el primer paso para proteger y respetar la naturaleza es conocerla; esta afición facilita precisamente ese conocimiento. Un buceador que navega por aquí y por allá, curioseando y disfrutando simplemente con ver, es diferente a un buceador con una cámara bajo el brazo, puesto que desde ese momento se convierte en un cazador; si, en un cazador de imágenes,

No es de extrañar: ¡cuándo hemos podido acercarnos tanto a un águila, a un venado

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C/ Laguna Grande, 3 28034 Madrid 91 739 82 97 www.zoea.com compromiso, simplemente demuestran lo complejo de este tema.

que por muy correcto que sea, necesita sujetarse sólidamente al sustrato, rompiendo a veces su apoyo si hay corriente, o necesita inmiscuirse activamente en la vida de los habitantes marinos dejando de ser un simple observador.

En ocasiones, para captar determinadas imágenes, el fotógrafo se entromete de tal manera en la intimidad del ser vivo que deja de provocar una inocua o ligera molestia para pasar a comprometer su seguridad o la de sus descendientes: un pulpo hembra a la que le hace huir dejando la puesta a merced de los depredadores, una holoturia a la que obliga a desprenderse de sus vísceras, una esponja a la que agujerea su base para colocar un foco en su interior y conseguir cierto efecto, etc., por no citar otras fechorías ampliamente extendidas.

Toda actuación por nuestra parte tiene un impacto en el medio. Casi siempre, dependiendo del punto de vista de los interesados, tiene su vertiente negativa y/o positiva. Un ejemplo claro lo tenemos en la práctica del cebamiento, táctica muy extendida entre los cámaras submarinos para atraer a los animales y poder transformarlos con mayor facilidad en modelos.

A veces, no somos conscientes de que estamos provocando un perjuicio, como cuando nos sujetamos a gorgonias, algas o corales y, por efecto de la corriente, arrancamos repetidamente nuestro apoyo.

¿Es malo cebar a los peces?. La respuesta no es tajante; hay que barajar una serie de consideraciones, como son el tipo de alimento, la cantidad, la frecuencia, las características del lugar o el objetivo que se persiga. ¿Qué pasa si el cebo –por ejemplo un huevo duro- no corresponde a la dieta natural de esa especie?, ¿hasta qué punto podemos afirmar que es una barbaridad?. Se puede pensar que es mejor dar un alimento extraño antes que machacar el primer erizo o caracola que veamos. ¿o tal vez no?.

Seguramente, en una zona donde es difícil que alguien vuelva a bucear antes de que pasen varios meses o años, esta acción no tendría demasiada importancia, pero ¿qué pasa si esto ocurre en lugares muy frecuentados?. Obviamente la misma acción no tendrá el mismo efecto: en el primer caso habrá suficiente tiempo para que el medio se recupere con normalidad; en el segundo, las modificaciones adquieren un carácter casi irreversible o con posibilidad de recuperación a muy largo plazo.

Cebar a los pocos peces que se encuentran en una zona diezmada puede atraer también a otros peces de distintas especies, con lo que en poco tiempo, una zona despoblada aumenta su diversidad.

Todo el litoral español y, con más razón, todos los destinos tropicales explotados por el turismo del buceo, pertenecen a este segundo caso. Si tenemos en cuenta que los arrecifes donde practicamos nuestra “inofensiva” actividad, se forman durante miles de años, podemos hacernos una idea de la pérdida incalculable de que podemos ser causantes.

Pero alimentarlos en exceso porque se trata de una atracción para los buceadores, ¿es perjudicial o no?, ¿llegarán a semidomesticarse y a olvidar su instinto cazador?. Ni siquiera los biólogos sostienen una postura común. La mayoría prefieren estudiar cada caso antes de generalizar. Todas estas preguntas sin respuesta no indican una postura ambigua o sin

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C/ Laguna Grande, 3 28034 Madrid 91 739 82 97 www.zoea.com El hombre moderno conserva su curiosidad ancestral, y en la actualidad ha potenciado su capacidad de explotar los recursos en beneficio propio. A diferencia del homínido de hace dos millones de años que abrió estas líneas, la cultura y la educación nos brindan la posibilidad de utilizar dichos recursos de modo racional, distinguiendo entre lo beneficioso y lo perjudicial para el equilibrio ecológico.

Por esta razón, debería ser nuestro sentido común el que frenara nuestro impulso de sacar una imagen a toda costa. No se defiende a ultranza la actitud radical de algunos proteccionistas, ni la de los que se encuentran en el extremo opuesto. Lo que no podemos negar es la evidencia de que los fondos marinos ofrecen una nueva forma de explotación: la del submarinismo y sus aficiones asociadas (en el caso que nos ocupa, la fotografía y el vídeo). La correcta gestión de este recurso tiene aún mucho que recorrer.

Una vez más se invita a tener sentido común a la hora de obtener imágenes submarinas, pensando más allá de nuestra acción individual.

Actualmente proliferan los concursos de fotografía y vídeo. En muchos casos se trata de un pretexto, jamás confesado, de promocionar una localidad o un centro de buceo. Y, sí, publicidad consiguen, pero ¿a qué precio?. No hace falta ser intencionadamente irreverentes con la naturaleza para dañarla al querer sacar una imagen a toda costa. El simple hecho de hacer fotos o vídeo, aunque seamos muy cuidadosos y respetuosos con el medio, supone que nuestros apoyos, aleteos, roces con las paredes y agarres suelan ser más frecuentes e intensos que si fuéramos sin las cámaras bajo el brazo. Este aspecto lo tienen que tener presente los organizadores de concursos de fotografía o vídeo. En sus cláusulas de participación deberían quedar reflejadas ciertas normas que ayuden a que el entorno, después de un concurso, quede sin ningún tipo de secuelas. Así mismo, sobra decir, que alguna de esas cláusulas deberían ser lo suficientemente duras como para desalentar a muchos cámaras a que pongan en práctica métodos cuestionables de captación de imágenes. Es posible obtener elegantes imágenes submarinas. Si bien, exige del fotógrafo u operador ciertas cualidades que se pueden cultivar, como son: destreza, paciencia e intuición.

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A PROPÓSITO DE LOS CONCURSOS DE FOTOGRAFÍA  

Consideraciones a tener en cuenta al organizar o participar en competiciones o concursos de fotografía o video subacuático

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