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JULIO 2013

Barack Obama, Eric Holder, Gary Pruitt, Edward Snowden. Foto: Internet

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Espionaje en tiempos de Obama El espionaje contra reporteros y editores de la agencia de noticias Associated Press, las intervenciones telefónicas contra ciudadanos estadunidenses y el espionaje en internet en varios países europeos, además de China, ha minado la credibilidad de Barack Obama y de otros gobiernos, cuyos ciudadanos han sido espiados masivamente sin su consentimiento; de acuerdo con la información revelada a partir de las filtraciones del ex técnico de la CIA (Central Intellingence Agency) y asesor de la NSA (National Segurity Agency), Edward Snowden. La paranoia orweliana de Obama como respuesta a la amenaza terrorista pierde sustento, en esta colaboración Naief Yehya advierte que las estrategias de seguridad deberían dirigirse contra sospechosos, pero no contra grandes porciones de la población en Estados Unidos y en muchas partes del mundo. El tema es acompañado por otros análisis de Raúl Trejo, Jenaro Villamil, Manuel de Santiago y Perla Gómez, quienes advierten sobre los riesgos al ser más visibles cuando se utiliza internet, por ello recomiendan fortalecer los protocolos de seguridad e incrementar el debate sobre seguridad y libertades, una de ellas el derecho a la privacidad.

• Naief Yehya / Corresponsal en Estados Unidos

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ueva York.- Podría pensarse que el gobierno del presidente estadunidense Barack Obama se tambalea ante una serie de ominosos escándalos que han ido estallando prácticamente desde su reelección. Primero la incapacidad de proteger al embajador Chris Stevens y a otros tres empleados de la embajada estadunidense en Bengasi, Libia, de la turba que atacó e incendió el edificio; luego la revelación de que el Internal Revenue Service (el servicio de impuestos internos) había puesto particular énfasis en verificar las solicitudes de exención de impuestos de organizaciones políticas conservadoras afiliadas al Tea Party (que a pesar de tratarse de grupos militantes se presentaban como organizaciones para el “bienestar público”) y finalmente, al descubrirse que el Departamento de Justicia había obtenido de manera

secreta los registros telefónicos privados de numerosos periodistas y editores de la agencia noticiosa Associated Press (AP). Estos escándalos presentan una imagen poco elogiosa de un gobierno que gusta de imaginarse iluminado, justo, responsable y distinto al precedente, pero que puso en evidencia su incompetencia, rencor y paranoia. El asunto de AP resulta significativo por sus consecuencias potenciales en detrimento de la democracia. Simplemente, el gobierno de Obama decidió ahorrarse el trámite de interrogar a los reporteros sobre el origen de su información y comenzó a espiarlos directamente, al exigir en secreto los registros de por lo menos 20 líneas telefónicas (incluyendo algunas personales), durante un período de dos meses. Paradójicamente una acción semejante puede considerarse


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La provocación Aparentemente la historia de este escándalo comienza en mayo de 2012, cuando la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), pidió a AP detener por cinco días la publicación de información sobre un ataque terrorista frustrado, que intentó un grupo de jihadistas de Yemen, en el que presuntamente se pensaba emplear una bomba oculta en la ropa interior (semejante a la que intentó detonar Umar Farouk Abdulmutallab en un vuelo de Ámsterdam a Detroit el día de navidad en 2009, que también falló). Inicialmente las autoridades aplicaron un embargo a la historia hasta el 7 de mayo con la promesa de que luego AP tendría la historia en exclusiva por una hora. Este tipo de arreglos son comunes y normalmente se hacen como un contrato de honor en el que ambas partes ganan algo y de no cumplir, el periodista se arriesga a no recibir más primicias o incluso ser ignorado en el futuro. Erin Madigan, el portavoz de la agencia AP declaró con respecto a la información sobre ese ataque fallido: “No publicamos nada hasta que oficiales de alto rango con conocimiento directo de la situación nos garantizaron, en más de un sector del gobierno, que el peligro a la seguridad nacional había pasado y nadie corría peligro. El único acuerdo fue de no publicar la historia hasta que cualquier riesgo de seguridad fuera resuelto”. Sin embargo, eran tiempos electorales y la Casa Blanca quería aprovechar el incidente para enfatizar los triunfos en la guerra contra el terrorismo por parte de Obama, además de que se cumplía un año del asesinato de Osama Bin Laden. Por lo tanto la Casa Blanca cambió de opinión ya que querían dar ellos mismos el anuncio de la operación, por lo que ofrecieron a AP que esperara un día más a cambio de tener la exclusiva durante cinco minutos. La noticia, como todas aquellas que anuncian algo que no sucedió, tenía de entrada poco potencial popular y sin duda perdería su atractivo en pocos minutos en el frenético e irrefrenable ciclo noticioso regido por los tiempos de internet y la televisión por cable. De permitir que AP diera la noticia antes que el gobierno, este perdería el control de la historia y la agencia podría darle el énfasis que quisiera, lo cual no sería particularmente beneficioso para la campaña de Obama. AP no

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Históricamente las sociedades abiertas mantienen un delicado equilibrio entre la prensa y el poder.

estar dispuesto a ser enviado a prisión para proteger sus fuentes, y si bien esto es un caso extremo, algunos gobiernos consideran que ese castigo no es suficiente, por lo que están dispuestos a violar la ley y romper un contrato intrínseco con los medios con tal de descubrir la identidad de las mismas.

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legal de acuerdo con un principio conocido como la “doctrina de la tercera parte”, la cual señala que una persona no cuenta con la protección de la Cuarta enmienda si ofrece voluntariamente información, como puede ser cuando se marca un número telefónico, el cual es considerado información “sin contenido”. Así mismo, la información que tienen las compañías de telefonía celular, que no sólo incluye los números marcados, la hora y lugar en que se marcaron, sino también la localización del usuario en todo momento, tampoco está forzosamente protegida por la Constitución. Más delicado aún, es el hecho de que el contenido de un correo electrónico puede ser objeto de escrutinio debido a que se considera que fue compartido con Google, Hotmail o Yahoo de manera voluntaria. Históricamente las sociedades abiertas mantienen un delicado equilibrio entre la prensa y el poder, entre lo que se puede decir sin poner en riesgo los secretos del Estado y la necesidad de informar. La frontera que delimita cuando la información se convierte en herramienta que puede ser usada por criminales o enemigos del gobierno es muy ambigua. Sin embargo, la amenaza de que al revelar secretos se expone la paz y el bienestar, ha sido usada en prácticamente todos los continentes desde la invención de las naciones para reprimir críticos, disidentes e inconformes. No hay sociedad abierta sin filtraciones que permitan a la población conocer lo que el gobierno le esconde o hace a sus espaldas, por tanto, la importancia de proteger a las fuentes es enorme. Usualmente un periodista debe

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aceptó el acuerdo y dio la noticia, con lo que la historia del no atentado casi pasó desapercibida y se olvidó rápidamente. Probablemente este desafío fue el motivo de la represalia del Departamento de Justicia, por lo que la causa no tuvo nada que ver con seguridad nacional, sino con tiempos políticos y con el deseo de castigar una actitud que consideraron hostil.

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...la estrategia del presidente Obama consiste en endurecer aún más su política antifiltraciones, perseguir, acosar, castigar y mostrar una cara agresiva y frenética con el argumento histérico de las amenaza terroristas.

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La represalia Una acción de espionaje de telecomunicaciones y de “minería de datos” intimida a los informantes que usualmente proveen con información a las agencias por lo que el Departamento de Justicia intentó dar un golpe doble, por un lado, desarticular redes creadas y funcionales de informantes y por el otro, restarle credibilidad a AP. Al mismo tiempo mandaba un mensaje a quienes se atrevieran a provocar al gobierno. En su esfuerzo por silenciar a los informantes clandestinos, también espiaron a reporteros de Fox, amenazando con levantar cargos contra un reportero por ser co-conspirador de una filtración relacionada con las capacidades armamentistas de Corea del norte. Sin duda, estas acciones son contraproducentes para Obama, un académico, supuestamente liberal y experto en la Constitución, que aunque no ha sido implicado directamente ya ha quedado estigmatizado por cometer abusos semejantes a los perpetrados por la administración Bush, que él criticó con severidad: con frases que hoy se revelan como slogans huecos como: “la política de vigilancia de Bush antepone una falsa elección entre las libertades que apreciamos y la seguridad que proveemos”. Es importante considerar que el gobierno de Obama ha sido mucho más severo con las filtraciones de información que cualquier gobierno precedente, algo que declaró, como si se tratara de un orgullo, el año pasado. Epidemia de filtraciones En junio pasado, Eric Holder (Fiscal General de los Estados Unidos) nombró a Ronald C. Machen para investigar la filtración de la información del ataque yemenita frustrado y aparentemente estaba dispuesto a confrontar a oficiales de todos los niveles, como a John Brennan, el actual director de la CIA, que entonces era

Ronal C. Machen

León Panetta

Película Zero Fark Thirty

el asesor en jefe para contraterrorismo de Obama. El 6 de junio se reveló que el exsecretario de Defensa, León Panetta, era culpable de haber filtrado (accidentalmente) información al guionista de la película Zero Dark Thirty, Mark Boal, debido a que se encontraba en un auditorio con agentes de la CIA. Algunos de los casos en contra de los filtradores fueron heredados de la administración Bush, sin embargo, Obama nunca se ha manifestado en contra de esa política, ni ha llevado a


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The Guardian y el Washington Post revelaron que el espionaje de la NSA también comprende la captura de información de internet directamente de los servidores de nueve de las principales empresas proveedoras de servicios en línea: Google, Apple, Microsoft, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Yahoo.

@nyehya

An

cabo acción interna alguna para detener esta cacería de brujas, por el contrario ha presumido su política antifiltraciones. Justo al tiempo en que Holder declaraba no sentir el menor remordimiento por haber exigido los registros telefónicos de AP en nombre de la seguridad nacional, el periodista Glen Greenwald reveló en un artículo en The Guardian que la National Security Agency (NSA) pidió y obtuvo los registros de todas las llamadas telefónicas (a partir de abril pasado, celulares y de tierra, nacionales e internacionales) de la empresa Verizon (podemos intuir que lo mismo está sucediendo con las otras empresas telefónicas). Esta intromisión sin precedente fue hecha bajo la propuesta de ley Patriot del 2001, la cual Obama criticó severamente en su breve paso por el Senado y en su campaña presidencial. Supuestamente estos datos consisten únicamente en listas de llamadas de un teléfono a otro que comprenden los números, hora, duración y localización de las mismas, pero no se incluye el contenido de la llamada, ni la información personal de quienes hablan. Lo que se busca es interpolar esta información (o metadata) con bases de datos existentes para establecer patrones entre números conocidos y una vez detectados registros sospechosos entonces proceder a requerir más información. Al día siguiente The Guardian y el Washington Post revelaron que el espionaje de la NSA tam-

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Glenn Greenwald

bién comprende la captura de información de internet directamente de los servidores de nueve de las principales empresas proveedoras de servicios en línea: Google, Apple, Microsoft, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Yahoo. El gobierno de Obama recurrió inmediatamente al argumento de que se trataba de una mínima intromisión que además era legal y llevaba seis años en operación. Nunca explicaron de qué manera analizar las comunicaciones de todos era un mejor recurso que vigilar únicamente a los sospechosos. Este tipo de acciones de espionaje, vigilancia e intimidación masiva de civiles son estrategias paranoicas de control comparables a las usadas por los Estados más represivos y tienen como objetivo claro, crear una atmósfera de temor y sospecha, no por nada la American Civil Liberties Union, declaró que se trataba de una acción que va “más allá de lo orwelliano”. Como respuesta, Holder amenazó que muy seguramente se investigará a Greenwald y a quien sea responsable de haber filtrado la información a The Guardian. El 8 de junio, el informante reveló su identidad, se trató de Edward Snowden un exagente de la CIA empleado por una empresa privada dedicada a proveer seguridad para las agencias de inteligencia estadunidenses. Aparentemente, la estrategia del presidente Obama consiste en endurecer aún más su política antifiltraciones, perseguir, acosar, castigar y mostrar una cara agresiva y frenética, con el argumento histérico de las amenaza terroristas. Como en otros casos similares, no cabe duda de que el juicio de la historia no será complaciente ni comprensivo con estos excesos. Ahora es claro que, como afirma el editorial de The New York Times del 7 de junio: “La administración ya ha perdido toda credibilidad en este asunto”.

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Espionaje en tiempos de Obama