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HISTORIA DE LA PSIQUIA TRÍA EN LA ARGENTINA PSIQUIATRÍA

Historia de la Psiquiatría Comparada con otras especialidades médicas, podría decirse que la Psiquiatría es relativamente joven, aunque sus avances son enormes y continúan desarrollándose en diferentes áreas. Por su parte, la idea sobre la locura, tan atractiva como temida para las distintas generaciones, fue cambiando significativamente con el paso del tiempo, y, a su vez, el tratamiento de quienes la padecían fue evolucionando. Pero es importante mencionar que aún en nuestros días, y pese a los adelantos, se hace sentir el estigma que pesa sobre las enfermedades mentales. Los especialistas, en este contexto, llaman a no olvidar la lucha para eliminarlo. El tema excedería ampliamente esta edición. De todas maneras, lo que nos propusimos desde Prescribe, fue repasar algunos de los grandes hitos de la especialidad, y también requerir las opiniones de figuras relevantes que dejaron su huella para que llegara a ser lo que es hoy en día. Sin duda, los descubrimientos en Psiquiatría biológica y el advenimiento de medicamentos cada vez más eficaces y con menos efectos adversos que contribuyeron a mejorar notablemente la calidad de vida de los pacientes, constituyen uno de estos hitos. Pero no debemos olvidar los aportes del Psicoanálisis y de disciplinas que, a través del arte, el trabajo y grupos de apoyo, también permitieron que muchos de estos pacientes pudieran recuperar su vida, su pasado y reinsertarse en la sociedad. En estas páginas mencionamos algunos ejemplos que lo ilustran muy claramente. En este marco, el espectro de enfermedades parece haberse ampliado –drogodependencia y otras adicciones, violencia de todo tipo, incremento de casos de demencia, entre otras– y también el de fenómenos como el del suicidio, cuyas cifras, en nuestro país, son equiparables a la de los países más desarrollados del planeta, son solo algunos de los grandes cambios a los que se debe enfrentar en la actualidad la Psiquiatría. Además de recurrir a la bibliografía, para realizar esta edición contamos con el valioso aporte de algunos de los más distinguidos psiquiatras de nuestro país, a quienes les agradecemos su excelente predisposición, datos y opiniones vertidas. En muchos casos también tomamos material de nuestro propio y amplio archivo, ya que a través de estos 13 años de existencia, hemos entrevistado a la mayoría de los máximos referentes, no solo de la Psiquiatría, sino también de otras especialidades. En este punto, cabe destacar que las fotos que presentamos en la tapa, son solamente de algunos de los profesionales que contribuyeron al desarrollo de la psiquiatría en la Argentina. Ellos son, de izquierda a derecha y en orden descendente: Carl Wernicke; Carolina Tobar García; Diego Alcorta; indiscutiblemente Sigmung Freud; Eugen Bleuler; Karl Jaspers; Karl Kahlbaum y Lucio Meléndez. Pero son muchos más los que han sumado al avance de la psiquiatría en nuestro país. La mayoría de ellos se mencionan en estas páginas. Por último, debemos mencionar el significativo esfuerzo del laboratorio Gador S.A., para poder concluir este trabajo de investigación y posterior edición, sin el cual no hubiese sido posible concretarlo.

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Historia y evolución Un largo camino recorrió la Psiquiatría hasta llegar a ser la especialidad médica altamente sofisticada que es en la actualidad. Sus comienzos y su evolución a través del tiempo. Figuras clave.

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os comienzos de la Psiquiatría fueron más bien tardíos en relación con otras especialidades, que ya se encontraban más desarrolladas cuando esta logró sentar las bases como una rama científica de la medicina. Sin embargo, podría decirse que sus orígenes son remotos, tanto, que algún estudioso considera que la historia de la psiquiatría se inició en el momento que un hombre intentó aliviar el sufrimiento de otro mediante su influencia. Pero ese intento de ayuda no siempre tuvo la misma forma. Es que a lo largo de la evolución de la humanidad, el problema de la salud mental se resolvió sobre la base de los conocimientos, el avance de la ciencia, la cultura, la política y las creencias propias de cada momento histórico. Así fue que en sus inicios, la psiquiatría tuvo que abrirse camino entre la religión y la magia, cuando la locura era considerada más como un hecho sobrenatural, producto del castigo de los dioses, o de algún tipo de posesión satánica, y, para tratarla, se recurría a

los ritos, las ceremonias religiosas, los sacrificios, y el uso de sustancias naturales. Eran tiempos en los que ni la filosofía ni la medicina clínica, podían dar respuestas satisfactorias para resolver las alteraciones actualmente consideradas “mentales”. En ese contexto, los primeros psiquiatras plantaron la bandera de la especialidad y sostuvieron que la locura era una enfermedad hecha y derecha, y como tal debía reunir los requisitos propios de una dolencia clínica: síntomas y signos estables, y su correlato anatomopatológico. Desde entonces, la psiquiatría siguió su evolución para comprender la mente y la conducta humanas, y continuó desarrollando instrumentos terapéuticos, psicológicos y farmacológicos, cada vez más eficaces. Y lo hizo sobre la base de, por lo menos, dos grandes corrientes que se entrecruzan: por un lado, el psicoanálisis, que busca el tratamiento de los trastornos mentales a través de la comprensión de fuerzas externas inmateriales, y, por otro, la psiquiatría biológica hace lo propio mediante la corrección de procesos orgánicos internos. En el medio, otras posturas que se nutren de ambas corrientes, tratan de ganar espacio con diferente suerte y rigor científico.

La locura a través del tiempo ¿Qué se entiende por locura? ¿Qué hacemos con ella? Son dos preguntas cuyas respuestas definen cómo fue evolucionando la psiquiatría, a través de los tiempos y de las distintas sociedades.

Johann Weeyer

Los griegos fueron los primeros en humanizar la locura. Decían que desvirtuaba la conducta y alteraba las

Philippe Pinel

capacidades y habilidades naturales. Relacionaron lo mental con el cerebro, al descubrir por disección que ciertas vías sensoriales terminan en el encéfalo. Elaboraron una teoría de la “disarmonía” como causal de enfermedad. Según Hipócrates, la locura era producto del desequilibrio de los humores, en especial de la bilis negra (melania chole, de allí proviene melancolía). Para tratarla, decía, había que restablecer el equilibrio humoral, con ayuda de la liberación del exceso emocional; la catarsis, por medio del teatro y las fiestas grupales en honor a Dionisios; y la actividad onírica reparadora. Los griegos hablaron de la frenitis, enfermedad mental con fiebre, y manía. Fueron los primeros en diferenciar las ilusiones de las alucinaciones. Practicaron psicoterapia e incluyeron el uso de la música y la estimulación intelectual, y también el trabajo con grupos de personas con trastornos mentales. Galeno retomó la teoría de los humores y describió diferentes tipos de alteraciones melancólicas. Relacionó la abstinencia sexual con el exceso de ansiedad. Por su parte, los romanos se ocuparon más del aspecto legal. Realizaron un 5


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aporte fundamental a la legislación sobre los enfermos mentales. En el “Código Civil” se referían a sus derechos y legislaban sobre su capacidad para contraer matrimonio o disponer de sus bienes. Dijeron que la locura era un eximente para determinados delitos. También consideraban las pasiones y las emociones como el factor causal de la enfermedad mental. Utilizaban la sorpresa, el miedo y los sustos como forma de tratamiento. Enfatizaron en la importancia del trato humanitario en las internaciones, privilegiando el silencio, la tranquilidad, los ambientes apacibles y la seguridad de los pacientes.

La Edad Media Durante la Edad Media los postulados clásicos siguieron en auge, con el agregado de un mejor trato para los enfermos. En un estudio sobre la me-

que los consideraban elegidos de Alá, destinados a decir la verdad. En tanto, Santo Tomás de Aquino, estudioso de Aristóteles, estableció que la locura debía de ser necesariamente un trastorno orgánico, dado que el alma no podía enfermar.

Estatua de Esquirol en el Hospital Esquirol, Saint-Maurice.

lancolía basado en la teoría de los humores, se nombró por primera vez la hipocondría, dando cuenta de los síntomas que la caracterizan. Los árabes protegían a los locos, por-

Mientras tanto, la población no ilustrada seguía adhiriendo a las viejas ideas de posesión demoníaca (los locos eran brujos o posesos), y a las prácticas de exorcismos para conjurarla. Entonces, persistía la antigua creencia acerca de que los astros y la luna influían sobre los trastornos mentales, lo cual dio origen al término “lunático”. En el Renacimiento, durante el período de la Inquisición, se ordenó perseguir y castigar la brujería. En otras palabras, los mal llamados “brujos” comen-

La hora del diagnóstico: CIE y DSM Con el fin de unificar criterios a la hora de realizar diagnósticos, fueron elaborados sistemas nosológicos para organizar la información. Estos manuales cuentan con una clasificación de los trastornos mentales y proporcionan descripciones claras de las categorías diagnósticas, para que los clínicos y los investigadores de las ciencias de la salud puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos mentales. Entre los más populares están el CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades), promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), elaborado por la American Psychriatic Association. El DSM, evalúa el cuadro psiquiátrico de acuerdo con distintos ejes que proporcionan información independiente, para luego dar una valoración global. Está organizado de la siguiente manera: Eje I. Eje II. Eje III. Eje IV Eje V 6

Síntomas clínicos y otras condiciones que merecen atención o tratamiento. Trastornos de la personalidad. Retraso mental Trastornos y estados físicos. Problemas psicosociales y ambientales. Escala de evaluación global del sujeto

También tiene varios bloques temáticos donde se desarrollan los criterios para los distintos diagnósticos: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16

Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia. Delirium, demencia, trastornos amnésicos y otros trastornos cognoscitivos. Trastornos mentales debidos a enfermedad médica no clasificados en otros apartados. Trastornos relacionados con sustancias. Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. Trastornos del estado de ánimo. Trastornos de ansiedad. Trastornos somatomorfos. Trastornos facticios. Trastornos disociativos. Trastornos sexuales y de la identidad sexual. Trastornos de la conducta alimentaria. Trastornos del sueño. Trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados. Trastornos adaptativos. Trastornos de la personalidad.

Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica.


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afianzó una concepción más humanitaria de los tratamientos. El psiquiatra francés Philippe Pinel (1745-1826), y luego su discípulo Esquirol, hicieron dos grandes aportes: por un lado, crearon un modelo de mayor respeto hacia los enfermos mentales. Pero fundamentalmente, iniciaron una nosografía psiquiátrica que se fue perfeccionando hasta la actualidad.

Wilhelm Griesinger.

zaron a ser torturados y asesinados en la hoguera. En dicho contexto, aparecieron pensadores que aportaron luz a tanta irracionalidad. En 1520, Paracelso sostuvo que los trastornos mentales eran enfermedades naturales, que nada tenían que ver con cuestiones demoníacas. Fue el primero en observar la tendencia hereditaria de estas patologías, y en proponer el uso de sustancias químicas para tratarlas. Por su parte, Johann Weyer (15151588) denunció que los acusados de brujos eran en realidad enfermos mentales. Por su lucha, es considerado por muchos como el primer psiquiatra. Describió los síntomas de la psicosis, la epilepsia, las pesadillas, los delirios, la paranoia y la depresión.

Pinel describió las alteraciones de las diferentes funciones psíquicas: memoria, atención, juicio y pensamiento. A su vez, dividió las enfermedades en melancolías, manías sin delirio, manías con delirio y demencia, ya sea por deterioro intelectual o por idiotez. Sobre la base de sus estudios, determinó que la locura era resultado de una combinación de factores hereditarios y de experiencia de vida. Jean-Étienne Dominique Esquirol (1772-1840), diferenció las alucinaciones de las fantasías y señaló que las alucinaciones eran percepciones sin objeto. Por su parte, J.P. Falret y J. Baillarger describieron la locura circular y la locura a doble forma, lo que hoy se conoce como psicosis maníacodepresiva. Pinel y sus discípulos también se abo-

Emil Kraepelin.

caron a una subdisciplina que más tarde se convertiría en la Psiquiatría Forense. Desde ese terreno, lucharon por imponer el concepto legal de locura sin delirio, provocada por la disarmonía afectiva. La enfermedad mental comenzó a ser pensada con basamento somático y tratada en consecuencia, bajo la nominación “enfermedades de los nervios”. Hacia fines del siglo XVIII e inicios del XIX, se postuló la correlación entre los rasgos de personalidad y la morfología del cerebro y su contenedor, el cráneo. Esta teoría sentó las bases de la Psiquiatría biológica, una prolífica línea de investigación que se mantiene vigorosa hasta la actualidad. Por esos tiempos se empezó a plantear la influencia de los astros sobre la psicología del hombre. Fueron los primeros pasos del hipnotismo, en la actualidad sofrología, una poderosa herramienta en el tratamiento de los procesos psicopatológicos con base en la sugestión, como la histeria y otras neurosis.

En 1409 fue creado en España el primer hospital psiquiátrico, una iniciativa que luego se extendió por toda Europa.

El siglo XIX La Ilustración Hacia fines de 1700, la Psiquiatría terminó de ganarse su lugar como especialidad dentro de la medicina. En ese tiempo comenzaron a aparecer los primeros tratados sobre enfermedades mentales, al tiempo que se

Karl L. Kahlbaum.

Durante el siglo XIX, los psiquiatras se dedicaron a ponerle nombre y apellido a las enfermedades mentales. La escuela francesa, basó sus teorías en el trabajo asistencial y la investigación anatomoclínica: una vez delimitados los síntomas de la patología mental, 7


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trataban de encontrar su correlato somático en la anatomía patológica. La escuela alemana, por influencia del romanticismo filosófico, se enfocaba más en la reflexión pura que en la experiencia clínica, potenciando los aspectos subjetivos. Allí nació el primer libro sobre psicoterapia y el uso del término “psicosomático”. De este modo, surgió una tendencia que propone el estudio de las manifestaciones clínicas como expresiones de disfunciones de la personalidad, que le otorga importancia a la introspección y al estudio de los sueños. Muchas de las ideas fueron luego sistematizadas en la obra de Sigmund Freud. Wilhelm Griesinger (1817–1868) En 1845, Griesinger se convirtió en el adalid del positivismo en Alemania. “Las enfermedades mentales son enfermedades del cerebro”, dijo. A él se debe el concepto de “psicosis única”, teoría que reaparece a lo largo de la historia de la psiquiatría. Sostenía que existía un único proceso fundamental: la psicosis. La melancolía, la manía, el delirio y la demencia eran etapas sucesivas del mismo proceso. Karl L. Kahlbaum (1828-1899) Con fuerte tendencia clínica asistencial, trabajó para delimitar semiológicamente las enfermedades mentales. Kahlbaum agregó al análisis semiológico del período de estado, el análisis del seguimiento de los síntomas a lo largo del tiempo, la evolución de la patología, lo que hoy en día se conoce

Karl Jaspers.

como “curso” de la enfermedad. Fue un observador prolijo, recortó del conjunto de la psicopatología, las características que permiten diagnosticar la catatonía y la hebefrenia. Emil Kraepelin (1856-1926) El estudio del curso de las insanias fue ampliado por Emil Kraepelin. A los 26 años creó una nueva clasificación de las enfermedades mentales, publicada originalmente en 1883, aunque la siguió perfeccionando hasta su muerte, y aún hoy, con algunas variantes, es el marco clínico donde se asienta el conocimiento psiquiátrico. Le interesaba particularmente la descripción y el curso de la enfermedad. Reelaboró la idea existente sobre demencia precoz, para darle el contenido de lo que hoy es la esquizofrenia, e incluyó en ellas la catatonía y la hebefrenia; y agregó, de su cosecha, la forma paranoide y la forma simple. Dio identidad a la psicosis maníaco depresiva, y creó los términos “personalidades psicopáticas” y “parafrenias”, entre otros tantos aportes que lo convierten en un maestro de la especialidad.

bía hablarse en plural respecto a ella, ya que no siempre cursaba de igual manera, que no todas terminaban en demencia; que en algunas su inicio no era precoz; y que un porcentaje de ellas se curaban. Para este psiquiatra, una lesión cerebral era la responsable de los síntomas primarios, y denominó “síntomas secundarios” a la reacción de la personalidad a los síntomas primarios. Los síntomas característicos eran la desorganización sin causa lógica del curso de las ideas, el autismo y la ambivalencia afectiva. Karl Jaspers (1883-1969) En 1913 escribió “Psicopatología General”, donde propone un método estricto para realizar los diagnósticos psiquiátricos. Diferencia el “explicar”, propio de las ciencias naturales, del “comprender”, adecuado para las ciencias del espíritu. Designa “proceso” a la irrupción de síntomas que interrumpen la continuidad histórico-vital de un individuo, como es el caso de la esquizofrenia. En cambio, llama “desarrollo” al despliegue de síntomas preexistentes hasta constituir una patología mental, como es el caso de la paranoia, donde los síntomas desconfianza, susceptibilidad y suspicacia, forman parte de la personalidad sana, previa a la psicosis. Sigmund Freud (1856 – 1939) Considerado el padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX, fue un médico neurólogo austríaco, cuyo interés científico inicial como investigador se centró precisamente en el campo de la

Siglo XX

Eugen Bleuler. 8

Eugen Bleuler (1857 – 1940) Escribió, en 1911, una monografía sobre demencia precoz, a la que sugirió llamar “esquizofrenia”. A partir de esta publicación, el término “esquizofrenia” (mente escindida) fue adoptado por todos los autores. Sostenía que la esquizofrenia no era una, sino que de-

Sigmund Freud.


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exasperación y adorado hasta el fanatismo, el psicoanálisis sobrevive en nuestros días a estos avatares.

Carl Wernicke.

neurología, y luego, progresivamente, fue derivando hacia la vertiente psicológica de las afecciones mentales. Estudió en París con el neurólogo francés Jean-Martin Charcot las aplicaciones de la hipnosis en el tratamiento de la histeria. De regreso en Viena y en colaboración con Joseph Breuer, desarrolló el método catártico. Paulatinamente, fue reemplazando tanto la sugestión hipnótica como el método catártico por la asociación libre y la interpretación de los sueños. Su búsqueda inicial, centrada en la rememoración de los traumas psicógenos como productores de síntomas, fue abriendo paso al desarrollo de una teoría etiológica de las neurosis más diferenciada, y ello dio origen al psicoanálisis, al que se dedicó ininterrumpidamente el resto de su vida. En Alemania, estudiaba las neurosis y les dio un marco teórico, una sistematización y una manera de tratarlas no utilizada hasta ese momento. Tan novedosa fue su propuesta, que terminó por formar una poderosa escuela, la psicoanalítica, que tiñó con sus postulados el espectro de la psicología y parte de la psiquiatría. Además, elaboró una teoría convincente que focaliza la etiología de las neurosis con un fuerte acento en la sexualidad. Criticado hasta la

Carl Wernicke (1848-1905) En 1874 describió la afasia sensorial. Estudió medicina en la Universidad de Breslau, que se encuentra en la frontera con Polonia, donde fue ayudante de Heinrich Neumann (1814-1884) en el Allerheiligen hospital. Se doctoró en 1870. Durante la Guerra Franco-germana (1870-1871) estuvo como ayudante del cirujano Fischer. Neumann facilitó a Wernicke una estancia de seis meses en Viena con Meynert para que estudiara anatomía. Muchos de sus biógrafos, destacan que Wernicke sentía gran devoción por este médico, uno de los pocos que citaba en sus conferencias y cuyo retrato era el único que colgaba en las paredes del auditorio de su clínica. Si bien en materia de afasias el neurólogo Henry C. Bastian (1837-1915) se anticipó al proponer la existencia de alteraciones en el ámbito de la comprensión, Wernicke también formuló una teoría general sobre la afasia que proponía la relación entre cada uno de los componentes del lenguaje y un área cerebral determinada. Según él, la afasia afectaba solamente el lenguaje, aunque pudieran presentarse determinados síntomas asociados. Su modelo asociacionista tuvo mucho éxito entre los investigadores del momento. Posteriormente, Lichteim, basándose en Wernicke, desarrolló un esquema de funcionamiento cerebral con tres centros diferentes para el lenguaje con sus conexiones correspondientes: centro motor de la palabra, centro auditivo de la palabra y centro de elaboración de los conceptos. En 1885 aceptó un puesto de profesor extraordinario en la Universidad de Breslau para suceder a Neumann, y, a partir de 1890, fue profesor ordinario de Psiquiatría que llevaba asociada la dirección del departamento del hospital de enfermedades mentales de la

ciudad. Allí se rechazó construir un edifico para una clínica psiquiátrica universitaria, lo que puso a Wernicke en una situación violenta, hasta que pasó, en 1904, a la Universidad de Halle como director de la Clínica Psiquiátrica y Neurológica. Antes de cumplir un año como director, murió en un accidente cuando estaba preparando la segunda edición de sus Fundamentos de Psiquiatría. Enrique Pichon Rivière (1907-1977) Suizo de nacimiento, se recibió de médico en la Facultad de Medicina de la UBA, e ingresó en el Hospicio de Las Mercedes. Fue uno de los introductores del psicoanálisis en nuestro país. Junto con algunos colegas, fundó la Asociación Psicoanalítica Argentina, pero, con el tiempo, tomó distancia y empezó a dedicarse a la construcción de una teoría social, que interpreta al individuo como la resultante de su relación con objetos externos e internos. Con ese marco teórico creó la Escuela de Psicología Social que lleva su nombre. Fue impulsor de una renovación general de la psiquiatría, al introducir la psicoterapia grupal en el país, y el uso del test en la práctica terapéutica. Además, es uno de los pioneros en el tratamiento psiquiátrico de niños y adolescentes. Escribió entre otras obras: “Psicoanálisis de la Melancolía” y “Psicología de la vida cotidiana”. ■

Enrique Pichon Rivière. 9


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El origen de las instituciones psiquiátricas e ideas sobre la locura El director del Hospital de Salud Mental “Braulio Moyano”, Dr. Alberto Monchablón, se refirió a los cambios que se produjeron en la concepción de la locura desde la Edad Antigua hasta la actualidad, las nuevas tendencias y los desafíos que se le presentan hoy en día a la especialidad.

luego un ser humano, en este caso, Adán”, comenta. Justamente en la etapa del Renacimiento se produjo el resurgimiento de la investigación de los órganos y toda la anatomía del cerebro, y se inició un avance hacia un conocimiento más científico de las enfermedades en general, incluidas las mentales y neurológicas. Sin embargo, para Monchablón, la psiquiatría vino atrasada en esta evolución.

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a creación de Adán” es una pintura realizada por Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina ubicada en Roma, en Ciudad del Vaticano, alrededor de 1511, donde plasmó la creación de la vida humana. Esta obra de arte, muestra a Dios como a un hombre anciano que envuelve con su brazo izquierdo una figura femenina a la que se interpreta como Eva. Detrás de ellos, un grupo de ángeles. Abajo, a la izquierda, Adán extiende su brazo izquierdo en dirección hacia la mano de Dios en idéntica posición a este. La escena representa la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. La obra consta de cientos de detalles para analizar, pero interesa destacar aquí la aparición de un elemento fundamental para la época y para la psiquiatría en particular: el cerebro humano, que contiene o enmarca las figuras de Dios, Eva y los ángeles (el mundo)”. A esta pintura se remite el doctor Alberto

Monchablón, actual director del Hospital “Braulio Moyano”, para mostrar cómo, a través del arte, se representó toda una concepción del hombre y la enfermedad mental, que significó un cambio radical al pensamiento del Medioevo. Para el psiquiatra, entonces, a medida que se acercaba el Renacimiento, aparecía la idea de que la enfermedad mental era producto de algo mucho más complejo que la apropiación de la persona por parte de los demonios, como se creía. “La idea, ya en el Renacimiento italiano, es que Dios, para crear al hombre, recurre a un cerebro. Primero tiene que tener un cerebro y después crear al hombre”, subraya. “Esto es epistemológicamente fundamental, ya que podría haber sido a la inversa: que primero creara un espíritu y luego le colocara un cerebro. Pero la idea es que ellos ya consideraban que en primer lugar tenía que tener un cerebro, para crear

Este quiebre producido a partir del siglo XV, significó una ruptura en las ideas, en clara contraposición a la Edad Media, cuando la enfermedad mental era considerada como algo que venía “de afuera” y se relacionaba “con el bien y con el mal”. De esta manera, se la concebía como el producto del mal que se introducía en el espíritu de una persona y lo enajenaba. Por entonces, se hace referencia a espíritus malignos convirtiéndose estos en la explicación para las enfermedades. Para el pensamiento de la época, los demonios entraban en la persona y la transformaban en un ser demoníaco, lo cual hizo que también se tomaran medidas extremas como el aislamiento, el encierro o la muerte, a modo de solución. “La Edad Media es una etapa muy conflictiva, cuando surge el tema de la demonización, de la caza de bru-


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jas, de mandar a la hoguera a aquellos que supuestamente estaban vinculados con un proceso de enloquecimiento -como es el caso de Juana de Arco, por ejemplo, a quien consideraron loca influida por el demonio y la mandaron a la hoguera-. Y así se podrían citar muchos más ejemplos. En realidad, hubo personas falsamente acusadas de ser manipuladas por el demonio y terminaron en la hoguera”, relata el psiquiatra. En el medioevo, entonces, no se hablaba de enfermedad, sino de demonización y allí se origina la reclusión y o muerte de los enfermos mentales. Algo similar ocurrió con la lepra, que antiguamente condenaba a quienes la padecían al aislamiento, ya que se creía que era altamente contagiosa. Pero si se trata de encontrar los orígenes de la psiquiatría, hay que remontarse incluso más atrás en el tiempo: a la Antigua Grecia. El entrevistado explica que allí se encuentra el origen, no solo de la enfermedad mental, sino de todos los supuestos en torno de ella. En este sentido, se remite al primer tratado de psicología de la antigüedad que construye Aristóteles, “Acerca del Alma”; y menciona a Alcmeón, un filósofo griego presocrático de la escuela hipocrática, quien sostuvo que los pensamientos y los sentimientos estaban localizados en el cerebro, un concepto verdaderamente revolucionario para el año 400 aC. “La escuela hipocrática en la Grecia antigua, ya pensaba que la epilepsia, por ejemplo, no era una enfermedad sagrada atribuible a los dioses que venía de afuera, sino que era una enfermedad del cerebro, de adentro; esto, unido a la ciencia alejandrina, fue cobrando cada vez más espacio. La escuela alejandrina sufre un gran cambio con el impacto de la Edad Media y con las religiones, tanto la islámica como la judeocristiana. Si bien la evolución alejandrina lleva a

un límite extraordinario, durante el helenismo se produce una detención de la mentalidad o de la ideología de los griegos, es decir que la investigación de las enfermedades mentales queda en cierto modo detenida, incluso queda detenida la investigación del cerebro”, señala. “Esto va unido a la caída del poder griego, al surgimiento del Imperio Romano y al incendio accidental de la biblioteca de Alejandría (Julio César). La caída de la cultura de Rodas bajo el Imperio Romano tardío”, agrega. “En la Edad Antigua –continúa Monchablón–, también estaba, por ejemplo, el remanido tema de los gladiadores y la lucha en los coliseos, que se inició incluso antes de Cristo. ¿Y a quiénes se enviaba a la arena del Coliseo? A los enfermos mentales, porque de este modo se los eliminaba, al igual que a los prisioneros, esclavos y enemigos. Los esquizofrénicos, en mi opinión, morían en el Coliseo (una suerte de antipsiquiatría); en cambio a los leprosos se los aislaba y recluía en los lazaretos”. Recién en el siglo XIX, la Psiquiatría pasa a ser una disciplina científica, gracias a las ideas revolucionarias surgidas a fines del siglo XVIII con la Revolución Francesa. En esa época, en los manicomios franceses “los alienados y alienadas”, tal como denomina el entrevistado a quienes padecen alguna patología mental, permanecían encadenados y enjaulados. Luego, durante la época napoleónica, se ordenó retirarles las cadenas. “Esta decisión de liberar de las cadenas a los alienados, genera un cambio humano de la enfermedad mental. Otros estaban enjaulados, además se llenaban de llagas y estaban inmersos en sus propios excrementos, era muy degradante. Liberar al paciente de las cadenas y sacarlo de una jaula implicó un recurso humano extraordinario para

ayudar al enfermo mental”, señala Monchablón en este repaso. Sin embargo, considera que el aporte más relevante llega con Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, al introducir el inconsciente humano: “Allí es donde aparece la psicología; de hecho, la psicología como tal es una creación de Freud. En forma paralela, la psiquiatría venía avanzando hacía alrededor de cien años en toda Europa; por lo tanto, la etapa de los freudianos y lo que viene luego, pertenece al siglo XX”. Freud revolucionó los conocimientos en el campo de la psiquiatría y modificó la concepción en cuanto al tratamiento de los pacientes, ya que se introdujo la biografía de los enfermos. Esto quiere decir que el sujeto dejó de ser visto solamente como un objeto con síntomas. En resumen, el psicoanálisis humanizó más el tratamiento. En tanto, otro avance importante se produjo a nivel farmacológico con la llegada, en 1952, de la cloropromacina, primer medicamento que frena las alucinaciones y los delirios: “Fue un cambio fundamental comparado con la escasez de medicamentos que se utilizaban en el siglo XIX”, (bromo, opio, láudano) refiere Monchablón. Y explica que aquello significó “un gran avance, porque la locura comienza a calmarse definitivamente con la presencia de los antipsicóticos, etapa que se mantiene hasta el presente. Lo que viene después, forma parte de la historia de la evolución del problema de la psiquiatría. Siempre se criticó los lugares psiquiátricos porque implicaban un lugar de reclusión, de encierro y afectación de los derechos humanos”, reconoce. En cuanto a las instituciones psiquiátricas, considera que “estas fueron evolucionando favorablemente, y ello se debe a la necesidad de llegar a un 13


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punto de equilibrio, dado que es imposible tener a todo el mundo encerrado (idea totalitaria y antihistórica). La tendencia actual es hacia la rehabilitación psicosocial de toda persona que presenta un proceso de alienación”, destaca.

Dr. Alberto Monchablón

En síntesis, antiguamente el enfermo mental era recluido, luego se lo medicaba y, finalmente, quedaba abandonado. En cambio, en la actualidad, “la tendencia es que el paciente debe estar medicado y reinsertado en su familia y en su medio social; por lo tanto, la evolución consistió en sacar al paciente del hospital, es decir, lo que se denomina ‘desinstitucionalización’ o ‘desmanicomialización’”. Para lograrlo, “resulta fundamental la contención también a la familia del paciente, con la cual debe hacerse un plan de psicoterapia familiar y de información, es decir, de psicoeducación”, explica Monchablón. En su opinión, esta tendencia “ha dado resultados”, ya que cuando ingresó en el Hospital Moyano, en 1975, “había 3.000 pacientes y estaban todas hacinadas; y en la actualidad hay 850; sin duda se produjo una desinstitucionalización”, concluye al respecto. La inclusión de talleres y actividades en las instituciones psiquiátricas contribuyen a la reinserción de los pacientes en la sociedad. En este sentido, el Hospital Moyano cuenta actualmente con un Servicio de Rehabilitación, donde los pacientes trabajan en la fabricación de bolsas, aprenden corte y confección, trabajan el cuero y la cerámica, y también aprenden peluquería, entre otras actividades manuales. “En los servicios, el paciente tiene que recuperar todas sus habilidades anteriores a la internación en el nivel de que se trate”, informa. Y aclara que la 14

cultura de la rehabilitación y el tratamiento a través del trabajo no es nueva, sino que surgió a fines del siglo XIX. Para el doctor Monchablón, la reinserción es posible en casi la mayoría de las patologías mentales: “El enfermo maníaco depresivo remite, es decir que se recupera totalmente; en cambio, en el esquizofrénico, la remisión es parcial. En este caso, tiene mucha importancia el tema de los medicamentos, aunque también la tiene el enfoque interdisciplinario y las psicoterapias individuales, grupales, familiares y realización de actividades. No hay peor cosa para un paciente esquizofrénico –explica–, que permanecer inactivo; por lo tanto, la idea es que este Hospital sea un centro o un gran taller de actividades. No puede haber pacientes tirados en la cama sin hacer nada, tienen que estar en actividad constante, y de hecho lo están”. Sin embargo, más allá de la tendencia

hacia la desinstitucionalización, la realidad marca que muchas pacientes no tienen la posibilidad de irse del hospital porque no tienen una familia ni los recursos económicos necesarios para la subsistencia. Quienes sí pueden ser “desinstitucionalizadas”, concurren diariamente al hospital por la mañana, desayunan, desarrollan actividades, almuerzan allí, y, por la tarde, regresan con sus familias. A las pocas pacientes que pudieron reinsertarse laboralmente pero no tienen adonde ir, el Moyano les ofrece un lugar para dormir, lo que se conoce como “hospital de noche”. El director de la institución reconoce que aún se requiere mayor inversión para generar dispositivos periféricos, como, por ejemplo, casas de medio camino. “Hay muchas pacientes recuperadas que no tienen ubicación porque hoy en día ya de por sí resulta difícil conseguir un trabajo, y a esto se le suma el estigma que pesa sobre la enfermedad mental. A una persona que esté viviendo en el hospital, seguramente le ‘bajarán la persiana’ cuando vaya a buscar trabajo, por lo tanto, es muy difícil que puedan reubicarse luego de un brote esquizofrénico, por ejemplo”, admite el especialista. En la actualidad, uno de los problemas que más preocupa al doctor Monchablon, se relaciona con el tratamiento del enfermo mental: “Para mí, el desafío más grande en este momento es la droga (las patologías duales); es dramático porque afecta a la gente más joven y destruye el cerebro; por lo tanto, constituye un desafío social desde todo punto de vista, un desafío político, un desafío interdisciplinario, y, por otra parte, un desafío sobre la enfermedad mental en general, ya que debe haber más inversión de parte del Estado en el tema”, subraya. ■


HISTORIA DE LA PSIQUIA TRÍA EN LA ARGENTINA PSIQUIATRÍA

Un enfoque particular sobre la Psiquiatría en la Argentina Muchos especialistas dedicaron sus esfuerzos a la revisión histórica de la Psiquiatría en nuestro país. Este interés fue lo que llevó al Dr. Juan Carlos Stagnaro a realizar sus aportes desde un enfoque diferente sobre el cual comenta en esta entrevista.

L

a revisión histórica de la Psiquiatría como especialidad médica orientada a prevenir, evaluar y diagnosticar problemas vinculados con la salud mental, adquirió relevancia desde diferentes ámbitos. Uno de los primeros trabajos elaborados en nuestro país sobre esa temática fue “La locura en la Argentina” (1919), escrita por José Ingenieros. El primer texto sobre el alienismo, como se lo designaba, del que se tenga registro, fue la tesis doctoral de Diego Alcorta (1801-1842), médico y profesor de Ideología en la Universidad de Buenos Aires, que se desempeñaba además en el Hospital General de Hombres. Su escrito fue la primera tesis latinoamericana y argentina de la especialidad, y fue presentada ante la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1827). A esta le sucedieron otras tesis presentadas ante la misma Facultad sobre temas referentes al alienismo durante el siglo XIX. El introductor de la especialidad en nuestro país, primer profesor de la cátedra de Enfermedades Mentales de la Facultad y primer director del Hospicio de las Mercedes, actual Hospital Borda, fue el médico riojano Lucio Meléndez (1844-1901). El doctor Stagnaro retomó los estudios realizados durante años y contribuyó con sus investigaciones en este campo

desde una mirada diferente y con una metodología moderna de investigación en historia. El especialista lo explica de la siguiente manera: “Con ‘moderna’ me refiero a una cantidad de recursos metodológicos para efectuar el análisis historiográfico que supera ampliamente la etapa del positivismo de la época de Ingenieros”. Por otro lado, junto con un grupo de investigadores de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), con los que fundó el Capítulo de Historia y Epistemología de la Psiquiatría de esa institución, en 1995, Stagnaro convocó los encuentros nacionales con investigadores de la Facultad de Psicología y de instituciones psicoanalíticas, que llevan por título “Encuentros Argentinos de Historia de la Psiquiatría, la Psicología y el Psicoanálisis” y que

“Con ‘moderna’ me refiero a una cantidad de recursos metodológicos para efectuar el análisis historiográfico que supera ampliamente la etapa del positivismo de la época de Ingenieros”.

se realizan anualmente desde hace más de una década. Junto a investigadores españoles, el psiquiatra argentino también creó la Red Iberoamericana de Historia de la Psiquiatría, en la cual trabajan en conjunto con colegas mexicanos y brasileños, entre otros colegas de diferentes países, con la consigna de escribir una historia psiquiátrica del continente, donde, según Stagnaro “la Argentina tuvo un liderazgo muy claro”.

Algunos hitos “La idea que dominó durante toda la Edad Media el pensamiento social acerca de la locura, es aquella que la vinculaba con la posesión demoníaca o la exaltación mística. Sin embargo, a partir del Renacimiento, esta concepción comenzó a ser rechazada y combatida por algunos médicos, entre los que se destacó Jean Wyer. Se planteó entonces la posibilidad de que muchas de las mujeres que eran acusadas por la Inquisición de brujería y de posesión demoníaca, en realidad estaban enfermas; y los médicos reclamaron que se les permitiera ensayar sus tratamientos en ellas, y, solo si fracasaban, el tribunal eclesiástico podía proceder con su bárbaro método”, relata Stagnaro. Cristalizó, a partir de entonces la disputa entre dos visiones opuestas de la enfermedad mental: una médica, vinculada con una concepción naturalis15


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ta, y la otra ligada a la vieja concepción mística. Así transitó el pensamiento sobre la locura los siglos XVI y XVII. Fue el doctor Philippe Pinel quien, en coincidencia con algunos médicos de otros países europeos, llevó el problema de la locura al campo de la medicina, durante el “Siglo de las Luces”. Para estos médicos, “nadie, cuando enloquecía, estaba completamente loco como se suponía hasta entonces, ni nadie estaba para siempre loco. Ambas creencias suponían que el remedio para la locura así concebida era el encierro de por vida, apartado de la sociedad en instituciones de guarda. Estas eran los llamados ‘hospitales generales’, en Francia -que de hospitalarios no tenían nada- instituciones que no contemplaban diferencias entre sus miembros y donde convivían locos, delincuentes, prostitutas, niños abandonados, ancianos, es decir, todo aquel que pudiese ser considerado marginal en la sociedad. Eran instituciones más bien carcelarias, sin presencia de médicos a pesar de su nombre”, describe el doctor Stagnaro. Y agrega que, en esa época, apareció un movimiento que recibió la designación de “filantrópico” porque, siguiendo las ideas de Rousseau acerca de la bondad originaria del hombre corrompido luego por la sociedad, reclamó al Estado la función de hacerse cargo de reparar esa injusticia y proteger al ciudadano. Estas ideas, así como las surgidas del Enciclopedismo, confluyeron con otras para determinar el estallido de la Revolución Francesa. El entrevistado recuerda que, “el Comité de Salvación Pública, órgano del gobierno revolucionario, encomendó al ciudadano Pinel que fuera a los asilos de Bicêtre, y posteriormente de La Salpêtrière, los dos grandes hospitales generales o asilos parisinos, con el objeto de realizar las modificaciones que creyera conveniente para que 16

Dr. Juan Carlos Stagnaro

las instituciones cumplieran con las condiciones necesarias para el cuidado de los pacientes”. Lo que el especialista hizo, entonces, fue humanizar el tratamiento de las personas; trasladó a otras instituciones a todos aquellos que no padecían alguna enfermedad mental y dejó solo a quienes necesitaban tratamiento. “Jean Baptiste Pussin, a la sazón administrador civil de Bicêtre, había observado que con algunas de las personas internadas en el intervalo entre

“La Argentina fue uno de los países pioneros en América Latina por su desarrollo en la especialidad; incluso más avanzado durante las primeras dos décadas del siglo XX, que varios países europeos”.

una crisis y la siguiente, se podía mantener una conversación, y que algunos se curaban y podían irse, por lo que no eran locos todo el tiempo”, remarca el psiquiatra. Y agrega: “Esto se lo transmitió a Pinel, quien sagazmente lo comprendió y la utilizó para su reforma institucional y para concebir e instituir su célebre tratamiento moral”.

Nacimiento de la Psiquiatría La Psiquiatría tuvo sus primeros desarrollos como especialidad médica durante la segunda mitad del siglo XVIII y primeras décadas del XIX. Un momento fundamental de esa evolución puede ubicarse en torno de 1800, en París, justamente con la obra de Philippe Pinel, profesor de Medicina, quien plasmó sus observaciones y propuestas de transformación institucional y nuevos recursos terapéuticos en su famoso “Tratado médico filosófico sobre la alienación mental”, en las dos ediciones, de 1800 y 1809. El doctor Stagnaro refiere que “la Argentina fue uno de los países pioneros en América Latina por su desarro-


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llo en la especialidad; incluso más avanzado durante las primeras dos décadas del siglo XX, que varios países europeos”. Por otro lado, señala que los aportes realizados por Freud a fines del siglo XIX con su creación de la teoría psicoanalítica, sirvieron luego, en el siglo XX, para explicar teóricamente, desde la psiquiatría, las enfermedades mentales, los signos, el porqué se produce la enfermedad y, en consecuencia, cómo se debe actuar para modificarla.

En la Argentina En nuestro país, la Psiquiatría como especialidad médica surgió en el contexto del conjunto de innovaciones impulsadas por la denominada “Generación del 80”. “Meléndez –dice Stagnaro–, le imprimió al hospicio una dinámica de hospital, con la confección de una historia clínica, una forma pautada para la recepción de los pacientes, reglas para la internación, y formación del personal auxiliar que luego serían los enfermeros”. Y continúa: “Promovió la salida rápida del hospital, y, de ser posible, propugnó el tratamiento de los enfermos en su domicilio; él se encargaba personalmente, al dar de alta a ciertos pacientes del hospicio, de tratar de reinsertarlos socialmente. Luego del retiro de Meléndez, Domingo Cabred heredó la cátedra y la dirección del hospicio, y llevó adelante algunos de los proyectos iniciados por su maestro”. “Durante muchísimos años, hemos fundamentalmente abrigado nuestro sistema de salud entre los muros de las instituciones construidas en el marco de los dos grandes proyectos sanitarios integrales con los que contó nuestro país: uno fue el de la ‘Generación del 80’, con la Comisión Nacional de Hospitales que dirigió Cabred; y el

otro, el generado por el doctor Ramón Carrillo bajo el gobierno de Juan Domingo Perón”, repasa.

provincia de Santa Fe, adonde fundó la primera cátedra de psiquiatría Infantil del mundo, en 1920.

En la década comprendida entre 1920 y 1930, se desmoronó el ambicioso proyecto de Cabred. Las instituciones sufrieron abandono y deterioro, y se convirtieron, casi sin excepción, en “depósitos” de pacientes crónicos, por lo que muchos fueron trasladados a las grandes colonias asilo como la “Vidal Abal” de Oliva, en Córdoba, la Colo-

En los años posteriores, otras dos grandes médicas, Carolina Tobar García y Telma Reca, con sus aportes señeros ampliaron el horizonte de la subespecialidad. En opinión de Stagnaro, fueron estas dos grandes psiquiatras de niños quienes conformaron, junto con Ciampi, el grupo fundador de la psiquiatría infantojuvenil en nuestro país.

“... la especialidad ha estado tradicionalmente muy ligada a la realidad social; los psiquiatras siempre fuimos muy sensibles a ella, entonces muchos sufrimos de distintas maneras el embate represivo por el compromiso al que adheríamos como médicos”.

Simultáneamente, se desarrolló la línea de la psiquiatría alemana impulsada por Cristofredo Jacob; la psiquiatría legal, con figuras como De Veyga, Ramos Mejía y el mismo Ingenieros, a los que sucedieron otros brillantes psiquiatras. Y también debe subrayarse la aparición en nuestro país del movimiento psicoanalítico y la enseñanza señera de Enrique Pichon Rivière.

nia para retrasados mentales de la localidad de Torres (“afortunadamente hoy en franca y promisoria transformación”, destaca Stagnaro), o el “Open Door” de Luján, para mencionar las principales.

En las décadas de 1960 y 1970, comenzó en la Argentina un interesante movimiento de transformación institucional en el que cabe destacar la imagen emblemática del servicio de psicopatología del hospital “Aráoz Alfaro”, de la localidad de Lanús, dirigido por el doctor Mauricio Goldenberg. En la misma época florecieron numerosas experiencias de psiquiatría comunitaria y servicios intermedios en la comunidad. Precisamente en esos años, Stagnaro fundó, junto con otros colegas, el primer “Hospital de Día para niños y adolescentes” en el Hospital Infanto-Juvenil “Carolina Tobar García” de la ciudad de Buenos Aires.

Durante 1920, también se desarrolló en la Argentina la psiquiatría infantojuvenil. Su principal figura fundacional fue el psiquiatra italiano Lanfranco Ciampi (discípulo del gran psiquiatra romano Sancte de Sanctis, inventor del concepto de esquizofrenia infantil), quien se radicó en Rosario,

En 1976, la llegada de la dictadura militar produjo un impacto negativo en el ámbito de la psiquiatría, con gran perjuicio para los profesionales y sus pacientes. El doctor Stagnaro considera que “esto se dio porque la especialidad ha estado tradicionalmente muy ligada a la realidad social; los 17


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psiquiatras siempre fuimos muy sensibles a ella, entonces muchos sufrimos de distintas maneras el embate represivo por el compromiso al que adheríamos como médicos. Se prohibieron las actividades grupales, se encarcelaron y secuestraron profesionales, se empujó al exilio a otros, se desmantelaron planes y servicios”, recuerda. Antes de la dictadura militar, existía en el país la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP), fundada por especialistas de todas las corrientes de esta disciplina. Durante el período comprendido entre 1973 y 1976, la Federación se involucró en las luchas sociales, especialmente en el campo sanitario. Esta participación de sus miembros tuvo consecuencias durante la dictadura: no se permitió su funcionamiento y, por lo tanto, los profesionales vinculados con la salud mental quedaron desorganizados.

El nacimiento de APSA Hacía fines de la dictadura militar y en el marco de un congreso de la Sociedad Mundial de Psiquiatría realizado en el exterior, un grupo de psiquiatras comenzó a vislumbrar la posibilidad de volver a organizarse. Así fue que, en 1983, crearon la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), con miembros en el país y en el exterior, ya que muchos de ellos estaban exiliados. Con el correr del tiempo, APSA fue adquiriendo una mayor dimensión: “Ingresaron muchos especialistas y la institución creció rápidamente”. En los últimos años, luego de un cuarto de siglo de existencia y al cabo de intensos debates y reuniones, “los socios de APSA decidieron realizar una amplia transformación y renovación 18

“En el Instituto Superior de Posgrado de APSA se realiza una intensa tarea de enseñanza, al tiempo que se trabaja un diseño curricular para delinear el perfil del psiquiatra argentino”. institucional, que, entre otros muchos cambios, se expresó en los siguientes: se transparentó financieramente la gestión, se reformaron los estatutos y se reformuló, mediante concursos de nivel universitario, el Instituto Superior de Posgrado. Para propender a esa

transformación”. El doctor Stagnaro fue elegido por los socios para ocupar el cargo de presidente de la institución. “En la actualidad –sostiene Juan Carlos Stagnaro–, APSA es la primera asociación psiquiátrica argentina por su número de adherentes y su efectiva presencia federal, realiza los congresos más importantes del país y, junto con los de la Asociación de Psiquiatras de Brasil, los más numerosos de América Latina y del mundo. En el Instituto Superior de Posgrado de APSA se realiza una intensa tarea de enseñanza, al tiempo que se trabaja un diseño curricular para delinear el perfil del psiquiatra argentino”. APSA, uno de cuyos miembros y expresidente, el doctor Alfredo Cía, asumió como presidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina (APAL), también realiza la tarea de formación permanente y recertificación periódica de los especialistas desde el Comité de recertificación que comparte con la Asociación Médica Argentina (AMA). APSA, a la que adhieren prácticamente todas las asociaciones provinciales de Psiquiatría; además, colabora a través de sendos convenios con las universidades de Buenos Aires, del Comahue, de Tucumán y con el Ministerio de Salud de la Nación. “La idea consiste en abarcar la formación de profesionales en nuestra especialidad de todo el país con el mismo programa”, explica el doctor Stagnaro, quien también está a cargo de un programa que convoca a los profesores titulares de Psiquiatría de todo el país, en cuyo contexto se procura debatir sobre la formación en salud mental y psiquiatría de los médicos generalistas que son alumnos suyos en las carreras de Medicina. ■


HISTORIA DE LA PSIQUIA TRÍA EN LA ARGENTINA PSIQUIATRÍA

De los antiguos loqueros a la biología y la psicoterapia La historia de la Psiquiatría en la Argentina refiere, por un lado, a las instituciones, y, por otro, a las mujeres y los hombres que desarrollaron su tarea en un ámbito en el cual la salud mental se encontraba en las sombras.

C

omo sucedía en la Europa del siglo XIX, la salud mental de las personas solía formar parte del concepto de indigencia, y, además, se encontraba subsumida al régimen de la salud en general. En Buenos Aires, los orígenes del tratamiento de los insanos mentales se remontan al primer hospital porteño “San Martín”, fundado el 9 de enero de 1611. Para conocer el perfil de estos nosocomios en nuestro país, bien vale remitirse a las palabras de José Ingenieros en su libro “Los Antiguos Loqueros de Buenos Aires” (1920), donde dice: “Puede afirmarse que hasta 1670 la existencia del Hospital San Martín fue esencialmente nominal; el cuidado de su capilla y su par de ranchos era una modesta sinecura municipal, que sólo por excepción se había relacionado con la asistencia de algún infeliz que no hallaba amparo en casa alguna del pobrísimo villorrio donde era difícil ser desconocido”. Recién en 1799, con el traslado de los “locos” del Hospital de Santa Catalina (ex San Martín) al Hospital General de Hombres, aparecen referencias sobre un tratamiento diferenciado para “convalecientes, incurables, locos y contagiosos”. “Estos –según el relato de Ingenieros– ocupaban dos ranchos aparte, contiguos al edificio del hospital; el de locos e incurables (loquero), era un depósito de maniáticos y dementes, y el estar allí se consideraba

una pena más cruel que permanecer en la cárcel del Cabildo”. Acerca de su situación y el tratamiento, el doctor Albarellos escribió: “Los dementes se alojaban en unos cuartos aislados que daban a un espacioso corralón, que estaba al fondo del edificio, corral que aunque grande, estaba muy alambrado y servía a la vez (hasta 1821) de cementerio. Los desgraciados dementes, que afortunadamente eran pocos en ese tiempo, vegetaban sin ninguna clase de tratamiento especial”.

describió de la siguiente manera: “Consistía en un cuadrilongo de cuarenta varas por veinte y cinco de ancho, edificado en todos sus costados, con corredor corrido todo de bóvedas, algunos árboles en su centro; parecía haber sido destinado para celdas de los jesuitas que lo construyeron, por ser todo compuesto de cuadros aislados, con puerta al corredor, piezas todas hermosas y muy secas... Ahí se mantenían encerrados y con un centinela en la puerta los locos, a los cuales pasaba visita uno de los médicos cuando se enfermaba de otra cosa que su demencia, pues para ella no se les prodigaba entonces ningún tratamiento. A estos locos los cuidaba, o mejor diré los gobernaba, un capataz que generalmente tenía una verga en la mano, con la cual solía darles algunos golpes a los que no le obedecían sus órdenes, y por medio del terror se hacía respetar y obedecer; cuando algún loco se ponía furioso, en uno de esos accesos que suelen tener las demencias crónicas, se

En la época del Virrey Vértiz, entre las medidas de avanzada, surgió el Protomedicato, institución desarrollada entre 1778 y 1822, que no tomó decisiones de importancia en relación con la reclusión y asistencia de los “alienados”. No obstante, señalaba Ingenieros que, por entonces: “La fundación de la Casa de Corrección para mujeres concentró en ella algunas alienadas del Cabildo y de los Antiguo Hospital General de Hombres. Conventos de Monjas; muchos alienados varones pasaron del Hospital Santa Catalina y del Cabildo a la Residencia, cuando ésta se habilitó. Eran casi todos negros y mulatos; muy pocos criollos indigentes”. En 1822, la ampliación del Hospital General de Hombres incluyó un “cuadro de dementes”, que el doctor Albarellos

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les encerraba en un cuarto sin muebles y muchas veces sin cama, donde permanecían mientras les duraba la exaltación mental. Varias veces sucedió que estos infelices se peleaban entre ellos y se hacían heridas más o menos graves; y siendo yo estudiante fui testigo de dos casos de muerte causada por un loco a otro, sirviéndose como arma del pie de un catre de madera fuerte”. Ingenieros se refirió también a la suerte final del “cuadro de dementes” del Hospital General de Hombres: “En 1881 se llevaron algunos dementes seniles del Hospital al Asilo de Mendigos; otros, que permanecieron mezclados con enfermos crónicos, fueron pasados a los dos nuevos pabellones construidos con ese fin, en el Hospicio de las Mercedes, en 1883, fecha en que fue demolido el secular Hospital General de Hombres”. La situación no era diferente para las mujeres. “En 1790 –relataba Ingenieros–, la Hermandad de la Santa Caridad adquirió parte del terreno en que más tarde se edificó el Hospital General de Mujeres. El 1 de julio de 1822 pasó a ser propiedad del Estado, teniendo en esa fecha 62 camas. La Sociedad de Beneficencia no llegó a hacerse cargo de su administración; siguió sostenido por el gobierno hasta 1838, fecha en que Rosas le retiró todo recurso. Subsistió por la buena voluntad de algunos médicos y vecinos, llegando su miseria a tal extremo que ‘el servicio de enfermeras y sirvientas lo desempeñaban mujeres salidas de la cárcel pública’”. En 1852, la Sociedad de Beneficencia pidió que las “alienadas” dejaran de ser llevadas a la cárcel de mujeres, para pasar a ser recibidas por el Hospital General de Mujeres. Según Ingenieros, con esta medida aumentó el número de asiladas, y pronto se formó un “patio de dementes”, análogo al que existía en el Hospital General de Hombres. En 1854 fueron trasladadas 20

64 alienadas del hospital a la Convalecencia, que luego se transformó en el Hospital Nacional de Alienadas”.

todo el territorio, y una clase política capaz de hacerse cargo de un proyecto económico y social”.

En las provincias

Pero este andamiaje, tras una fisonomía sólida y singular, requería de personas. “Esta nueva Argentina se encuentra ya embarcada en una transformación social que no conoció ninguna otra nación de la América española, me refiero al fenómeno inmigratorio, lo que Romero llama ‘el fin de la Argentina criolla’ y el comienzo de la Argentina aluvial. Se produce un vertiginoso cambio cultural, con la modernización social y el desarrollo industrial, ya que comienza la concentración urbana en torno de la Capital, y el surgimiento de las masas como fenómeno político-social del cual se debe dar pronta respuesta y rápida organización”.

La situación no difería demasiado en el interior del país. Se sabe que a mediados del siglo XVIII, en Córdoba, los religiosos betlemitas asistían a todos los enfermos, incluidos los “padecimientos nerviosos y mentales”. En tanto, en un inventario del Hospital San Roque, de Córdoba, en 1813, se detalla que “había un corralón, al que conducía un pasadizo cubierto, en cuyo trayecto había entre otras dependencias los lugares secretos y el cepo con herrajes para locos”. Lo mismo ocurría en Rosario y otras ciudades del país, donde “la reclusión se hacía en la policía o en los conventos, según el rango, el sexo y la tranquilidad de los enfermos; esta situación se modificó después de 1870, en que se estableció la costumbre de enviar los agitados y los indigentes a los nuevos manicomios de Buenos Aires”, relataba Ingenieros.

La Generación del 80 En esta historia primigenia de la Psiquiatría argentina, resulta insoslayable tener en cuenta la concreción de los estamentos de la República comprendiendo a sus habitantes, a partir de lo que dio en llamarse la Generación del 80. Se venía de un país criollo en el cual la salud estaba enmarcada dentro del ámbito de la caridad, para pasar a un abordaje estatal científico-positivista. Según el doctor Norberto Conti, expresidente del Capítulo Historia de la Psiquiatría de APSA (Asociación de Psiquiatras Argentinos): “Si nos situamos en la Argentina de 1880, vemos que se ha producido una inflexión, un cambio fundamental en la historia; me refiero a la constitución del Estado nacional. Veamos que para que hubiese Estado, era necesario un ejército nacional que asegurara la soberanía en

Sobre la inserción de las masas inmigratorias en la nueva Nación, el psiquiatra destaca el libro Las Multitudes Argentinas (1899) de José Ramos Mejía, trabajo considerado como el primer exponente de la historiografía positivista argentina, que le valió a su autor el elogio del alienista italiano Césare Lombroso. Sin dudas, la Generación del 80 buscó comprender la realidad imperante a través de la matriz teórica del positivismo. Por el lado de la psiquiatría, se destaca la matriz spenceriana, sustentada en el biologicismo y el evolucionismo. Sobre estos, observaba el doctor Conti: “Su proyecto intelectual consistió en interpretar los fenómenos históricos y sociales con los principios de las ciencias naturales y, desde esa perspectiva, intentaron resolver los problemas que se planteaban”. En esta línea, resultan centrales los pensamientos de José María Ramos Mejía, Carlos Octavio Bunge y José Ingenieros. Forman parte de esta generación Agustín Álvarez, José Nicolás Matienzo, Rodolfo Rivarola, Luis María Drago, Norberto Piñero y Emilio Mitre.


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José María Ramos Mejía Una figura que marcó rumbos Historiador, sociólogo y psiquiatra argentino, José María Ramos Mejía (18421914) nació en Buenos Aires, en el seno de una familia acomodada; creció en la estancia familiar en la etapa que se sentían los ecos y las consecuencias de la dictadura de Rosas, que había sido derrotado en Caseros en 1852. Este ambiente ejerció una poderosa influencia en la orientación y formación del futuro historiador, neurólogo y catedrático de Enfermedades Nerviosas y Mentales en la Facultad de Medicina de la UBA. En 1875 fundó el Círculo Médico Argentino y en 1879 se graduó como doctor en medicina con la tesis “Apuntes clínicos sobre traumatismo cerebral”. A partir de entonces, ocupó cargos importantes en la administración pública. En 1880 fue elegido diputado nacional, y, dos años más tarde, vicepresidente de la Comisión Municipal de Buenos Aires, donde gestó la Asistencia Pública, institución que dirigió desde 1873. Fue el fundador del Departamento de Higiene, en 1887, Todos ellos se enfrentaban a las consecuencias del aumento inusitado de la población urbana, como lo eran “el hacinamiento, la marginalidad, la delincuencia y la locura”. Padecimientos que iban en paralelo con una concepción política también positivista, simbolizada por el orden y el progreso, que arrinconaba como enemigos a los delincuentes y a los locos. En cuanto a los primeros, pronto quedarían comprendidos dentro del derecho positivo, considerándolos a través del concepto del “criminal nato”. Con respecto a la psiquiatría, “este es el momento crucial en la constitución de la psiquiatría argentina, el momento que la sociedad necesita una respuesta científica, moralmente adecuada e institucionalmente organizada para resolver la presencia social de este fenómeno humano. La respuesta debe ser cien-

que dirigió durante dos años. A él se debe además la creación de la cátedra de Neuropatología, entonces denominada “Patología nerviosa”, con la que se iniciaron institucionalmente en el país los estudios de psiquiatría. Desde 1908 hasta 1912 se desempeñó como presidente del Consejo de Educación. Entre sus obras se destacan “La neurosis de los hombres célebres en la historia”, “Los simuladores de talento”, “La locura en la historia” (obra prologada por Paul Groussac), y “Rosas y su tiempo”. Pero “Las multitudes argentinas” (1899), es considerado su libro más importante. Se trata de un estudio de psicología colectiva que sigue el modelo establecido por Le Bon en Psychologie des foules, publicado un año antes. Partiendo de un sociologismo evolucionista de marcado cariz biológico, analiza la dimensión social y política de la inmigración masiva y la gobernabilidad de las masas; y aplica a la historia social los principios de la historia natural, como era característico en la corriente positivista.

tífica, porque la psiquiatría europea se ha inscripto ya en el terreno de las ciencias médicas y biológicas, y porque el pensamiento que impera en la

cultura argentina exige que todo tratamiento serio de cualquier fenómeno biológico o social, normal o patológico, sea abordado científicamente (…)

Vista del Hospital “Braulio Moyano”. 23


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En el caso de la psiquiatría argentina, esa matriz se constituye a través de manicomios, colonias de alienados, asociaciones profesionales, publicaciones, enseñanza universitaria y el desarrollo de una nueva capa profesional de rápido ascenso social”.

El nacimiento de las instituciones En este contexto fueron surgiendo nuevas instituciones, pero, principalmente, se encauzaron muchas de las existentes. Si bien los hospicios se fundaron con anterioridad a este período, recién alcanzaron su funcionamiento satisfactorio en cuanto a infraestructura y nivel científico, hacia 1880. Durante este período, la creación de instituciones psiquiátricas se abrió en diversas direcciones. En 1884 fue fundado el Hospital Melchor Romero; en 1890, el Hospital de Alienados de Córdoba; y, en 1908, se inauguraban el Asilo Quinta de Lomas, La Colonia de Torres en la provincia de Buenos Aires y la Colonia de Oliva en la provincia de Córdoba.

“...el siglo XX trajo la revolución psicoanalítica, y, más precisamente la década de 1950, la revolución psicofarmacológica”. Quirúrgica (1864), los Anales del Círculo Médico Argentino (1877), los Archivos de Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal (1902), los Archivos de Pedagogía y Ciencias Afines (1906) y la Revista de Filosofía, Cultural, Ciencia y Educación (1915). Ya avanzado el siglo XX, el concepto de “salud mental” fue ganando espacio sobre el de “locos” o “alienados” de aquellos positivistas, con el consecuente auge de la psiquiatría moderna y la psicofarmacología, y también de nuevas consideraciones en cuanto a psicología. Y esta nueva cosmovisión, de alguna manera, ya es parte del presente.

Hospital Braulio Moyano Al mismo tiempo, la psiquiatría comenzaba a institucionalizarse en relación con otro tipo de dispositivos. Por un lado, a través de las instituciones de investigación y transmisión de conocimientos, “entre las cuales fueron creadas, en 1873, la Cátedra de Higiene Pública; en 1875, la Cátedra de Medicina Legal y el Círculo Médico Argentino; en 1891, la Asociación Médica Argentina (AMA); en 1907, el Instituto de Criminología, y, en 1908, la Asociación de Psicología de Buenos Aires”. Por otro lado, las publicaciones de enseñanza y divulgación, que se ocupaban en forma total o parcial del problema de la denominada “locura” en ese entonces, y temas conexos. Entre estas figuran la Revista Médico24

A más de 150 años de su nacimiento, este hospital refleja una concepción de la idea de asistencia monovalente de

“José M. de Uriarte, quien, siguiendo el modelo de Pinel, Esquirol y Parchappe, instauró el trabajo entre los pacientes como recurso terapéutico de suma importancia”.

las enfermedades mentales. La historia dice que en 1852, el Estado le otorgó a la Sociedad de Beneficencia la custodia del Hospital de Mujeres y la Casa de Expósitos, para lo cual encomendaron a la Sociedad Filantrópica que dispusiera de unos terrenos, denominados “La Convalecencia”, y su acondicionamiento para tal fin. Señala el doctor Pablo Juan Parés: “De la mano del doctor Ventura Bosch (Sociedad Filantrópica), comienzan a acondicionar una de las construcciones en la parte alta de ‘La Convalecencia’, hacia el verano de 1854. Fue inaugurado el 15 de marzo con el traslado de 60 enfermas de la mano de la Sociedad Filantrópica; el 18 de marzo, por nota firmada por Ventura Bosch, transfiere el mismo a la Sociedad de Damas, tomando posesión definitiva el 23 de marzo de 1854”. Con el nacimiento de la “Casa de mujeres dementes”, se originó la historia del Hospital Moyano. “La idea -señala Parés- germinó en una Casa que luego se convertiría en hospital Neuropsiquiátrico modelo, a sólo 50 años de su creación con la tutela de la Sociedad de Damas de la Beneficencia”. Así y todo, debe señalarse el límite inicial entre el proyecto benefactor y el proyecto científico. “Por esa razón – relataba Parés–, fue que se pidió el asesoramiento de un médico ilustre, el doctor Ventura Bosch, quien elaborará un programa para un gran hospital, tomando el modelo de los hospitales franceses”. Recién a fines del siglo se fue terminando la construcción de los grandes pabellones. Ventura Bosch murió joven, víctima de la fiebre amarilla, y sin llegar a ver los avances producidos. De este modo, en la historia del hospital se entreteje una intrincada red de relaciones grandes y pequeñas, de héroes y también de seres anónimos y olvida-


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dos, y de figuras que llegaron al bronce como las de Ventura Bosch, Christofredo Jakob y Braulio Moyano, entre otros. En la página Web del Hospital se destaca la obra de “ilustres médicos, profesores, investigadores, valientes enfermeras y religiosas y toda clase de hombres y mujeres”, que trabajaron en pos del crecimiento del nosocomio con esfuerzo y amor, en épocas difíciles, con la consigna: Suaviter in Modo, Fortiter in Re. Más tarde, el siglo XX trajo la revolución psicoanalítica, y, más precisamente la década de 1950, la revolución psicofarmacológica con sus pioneros, los doctores Martínez Dalke, Vicente Armando, Roberto Saubidet, Guillermo Accuse Ruiz y Carlos Márquez, entre otros no menos destacados. Por cierto que en nuestros días las cosas han cambiado. Y mucho. Nuevas terapéuticas y filosofías, y nuevos enfoques abren un camino impensado en épocas de su creación.

Hospital Municipal “José Tiburcio Borda” El antecedente de este hospital data del 11 de octubre de 1863, cuando fue inaugurado el asilo para orates “De San Buenaventura”, en homenaje al doctor Ventura Bosch, quien propulsó la obra. En 1879, Lucio Meléndez y Emilio R. Coni describían la vida en la institución en su primera época con estas palabras: “Los alienados vivían en completa aglomeración, muchos de ellos sin otra cama que el desnudo y frío suelo, en calabozos húmedos, oscuros y pestíferos. Los cepos para sujetar y calmar a los furiosos y los que contenían las mismas camas eran de uso frecuente como único medio de calmar la agitación. Por desgracia, uno de nosotros ha conocido esas ca-

APSA: Historia y Epistemología El Capítulo de Epistemología de APSA fue creado entre 1996 y 1997 por el doctor Noel Feldman, un psiquiatra rosarino, histórico de la especialidad del último medio siglo en la Argentina que, además, militó por los derechos humanos; perteneció a APSA y también a la Federación Argentina de Psiquiatras. En Francia, fue alumno de Henri Ey. Más tarde tuvo que emigrar; fue profesor en Canadá durante varios años y, con el retorno de la democracia, volvió a vivir en Rosario, aunque viajaba con frecuencia a Canadá para dictar sus cursos. Contaba el doctor Noberto Conti (Prescribe N.º 30) que Feldman creó el Capítulo de Epistemología en concordancia con los intereses del Capítulo de Historia de APSA, pero como un área separada. “Al morir el doctor Feldman, este capítulo quedó acéfalo y comenzó a disolverse, ya que los jóvenes profesionales que él había formado quedaron muy dolidos y no pudieron hacerse cargo en ese momento. Entonces, la decisión de APSA fue unir los dos capítulos, cuyas líneas de investigación están totalmente entrecruzadas”, y aclara que en otros países del mundo, las áreas de Historia y Epistemología constituyen una sola área. A partir de ese momento, el capítulo comenzó a denominarse Capítulo de Epistemología e Historia de la Psiquiatría.

mas y cepos, que nos recordarán siempre aquella época tan funesta para el alienado”. “Llegada la hora de las comidas, el alienado era obligado a concurrir con el plato para recibir simplemente un poco de caldo o un pedazo de carne como único alimento, de manera que aquel que por la especialidad de su delirio obedecía a la voz de Dios, que le mandaba hacer penitencia para purgarse de sus culpas, quedaba sin tomarlos y moría de consunción por el abandono en que se le dejaba”. Y continuaban: “Según los datos que hemos podido recoger de algunos colegas, administradores y empleados de aquel entonces, los agentes terapéuticos empleados en el tratamiento de los alienados puede decirse que se redu-

cían a la sangría general, sedal, revulsivos cutáneos y el opio”. “El médico asistía todos los días al Hospicio, y así que se retiraba para no volver hasta el día siguiente, la mayor parte de los empleados hacían otro tanto. Por las noches cerraban con llave las puertas de las habitaciones, dejando dentro a los alienados, y se retiraban a sus casas, procurando llegar al Hospicio antes de la venida del médico”. “Es duro decir que la asistencia médica no era posible. En tal situación las prescripciones del médico estaban de más, puesto que no quedaba ningún empleado o enfermero para llamarlos. Durante el día todo se encontraba en completo desquicio y los desgraciados alienados eran las víctimas contra quienes se ensañaban los rudos e inhumani25


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tarios asistentes, que parecían rentados para cometer actos de crueldad”. El Hospicio de San Buenaventura tuvo como primer director a José M. de Uriarte, quien, siguiendo el modelo de Pinel, Esquirol y Parchappe, instauró el trabajo entre los pacientes como recurso terapéutico de suma importancia. Pero su dirección fue breve. En 1876 asumió el cargo Meléndez y lo desempeñó hasta 1893. Para Osvaldo Loudet (1862-1894), fue el verdadero reformador de la institución, “el émulo más perfecto de Esquirol en los márgenes del Plata”. También propuso a la Municipalidad de Buenos Aires el proyecto para fundar una colonia de alienados en una zona rural. No obtuvo la aprobación, pero el proyecto permaneció, y fue concretado por su sucesor, Domingo Cabred. Su intención era poner fin al hacinamiento en los hospitales de la ciudad, atestados de enfermos provenientes de las provincias. Durante la gestión de Meléndez se llevó a cabo una minuciosa estadística; se realizaron obras de ampliación, y el 5 de mayo de 1887, siendo intendente municipal Torcuato de Alvear, fueron inauguradas las nuevas instalaciones bajo la advocación de la Virgen de las Mercedes, patrona de presos y asilados. El mismo Meléndez fue padrino de la ceremonia junto con el director de la Asistencia Pública, José María Astigueta.

doctores Borda, Jones y Brandan. Del 5 de agosto de 1903 data la creación del Consultorio de Odontología. Al año siguiente, fue demolido el edificio del asilo y, un año después, lo declararon Hospicio Nacional. Los consultorios externos de Psiquiatría y Neurología del entonces Hospicio Nacional fueron creados en 1931, a instancias de la Liga Argentina de Higiene Mental. En 1949 cambió su denominación de “Hospicio de las Mercedes” por la de “Hospital Nacional Neuro-psiquiátrico de Hombres”; y, en 1967, “Hospital Nacional José T. Borda”, para finalmente llegar al nombre actual, “Hospital Municipal José T. Borda”. A partir de 1957, se estableció la Residencia Psiquiátrica. Y en 1993 fue designado Hospital Asociado a la Facultad de Medicina, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), por resolución de su Consejo Directivo N.° 1831/93. En el sector declarado Monumento Histórico Nacional funcionan, entre otras unidades, el Centro de Investigaciones Neurobiológicas del Ministerio de Salud, uno homónimo del mismo nosocomio, y un laboratorio de investigaciones especializadas en electro-

Meléndez se preocupó muy especialmente por la situación de la locura y por la locura del delincuente, razón por la cual proyectó sendos pabellones destinados a tal fin que se concretaron años más tarde. En 1897 fue creado el Laboratorio de Anatomía Patológica a cargo del doctor Christofredo Jakob, y, en 1900, se inició la primera Escuela de Enfermería Psiquiátrica, cuyos profesores fueron los 26

Alfredo Olivera, fundador y director de “La Colifata”.

neurobiología, todos integrantes de la mencionada tradición científica.

“La Colifata”, algo más que una radio El 3 de agosto de 1991 nacía Radio “La Colifata”, la primera radio del mundo en transmitir desde un psiquiátrico. Veinte años antes, sin recursos técnicos, económicos ni institucionales, comenzó esta aventura que contó con el apoyo de muchos periodistas. “La Colifata” comenzó a ser retransmitida en varias radios, y, al poco tiempo, por iniciativa de los mismos oyentes, fue colocada una antena en la terraza del Hospital Borda. Esta antena permitía que la voz de los que estaban encerrados allí, fuera escuchada. Hoy en día, con 22 años en el aire, siguen siendo escuchados. Para ellos, la radio no es juego: a muchos los ayudó a recuperar un pasado, a ponerlo en palabras y a crear un presente compartido, a partir del cual poder pensar en un futuro. “La Colifata” cosechó premios y reconocimientos tanto en nuestro país como en el exterior; ayudó en el camino de la externación de cientos de internos del Borda y, sobre todo, acompañó luego a cada uno, como soporte de una vida en comunidad y en el pleno ejercicio de sus derechos. Gracias a esta iniciativa, muchos internos también pudieron viajar y conocer América y Europa. Consolidada y modelo que se replica en el mundo y en el interior del país, “La Colifata” es en la actualidad una Asociación Civil sin fines de lucro, que históricamente recibió apoyo del exterior. En los últimos años, el 85% del financiamiento provino principalmente de Francia, a través de la Academia Nacional de Artes y Ciencias; de España, a través de Manu Chao, Aquarius y Sony; y de los Estados Unidos, a través de Francis Ford Coppola.


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ta Carmen de Patagones; los que no se murieron fueron subidos a los barcos y traídos a Buenos Aires; los hombres fueron llevados prisioneros a la Isla Martín García; las mujeres, como servidumbre en las casas de familias ricas; y los chicos fueron los primeros internados en el patronato de menores”. Sobre el fenómeno de la inmigración, también resalta que “en 1912, dos tercios de la población argentina era extranjera y un tercio eran argentinos nativos”. De este modo, “Argentina se va formando con un conglomerado poblacional: originarios, criollos, inmigrantes”.

Dr. Héctor Basile

Vale destacar que la radio se transformó en una herramienta fuerte y valiosa que abrió espacios para trabajar sobre el estigma de la locura, a la vez que logró constituirse en un espacio clínico de inusitada potencia.

Pioneros en Psiquiatría Infantojuvenil En nuestro país, más precisamente en Rosario, Santa Fe, el médico italiano Lanfranco Ciampi creó la primera cátedra de Psiquiatría infantojuvenil del mundo. El doctor Héctor Basile se explaya en su obra sobre este y otros hitos, y también describe el contexto en que ocurrieron. La Argentina tiene el mérito de haber sido pionera en esta área. El doctor Basile, autor del libro “Historia de la Psicología y la Psiquiatría Infanto Juvenil”, destaca que, “a la hora de hablar de esta materia, es necesario señalar el medio social existente antes de la llegada de los inmigrantes: qué pasó con la conquista del desierto, qué pasó con los pueblos originarios: a los sobrevivientes se los hizo caminar has-

En este contexto nació en nuestro país, más precisamente en Rosario, Santa Fe, la primera cátedra de Psiquiatría infantojuvenil del mundo. Al respecto, Basile relata: “En 1918-1923 se creó en la ciudad santafesina esta primera Cátedra y su fundador fue el italiano doctor Lanfranco Ciampi (18851968), quien seguía la corriente neuropsiquiátrica de su maestro Sancte De Sanctis, y que había realizado en Roma cursos con María Montessori, sobre sus métodos de enseñanza escolar de niños discapacitados mentales”. Sobre Ciampi, detalla que tuvo una

temprana vocación por la psiquiatría infantil, y que, mientras cursaba sus estudios de medicina en la Real Universidad de Roma, ya se preocupaba por la curación o mejora de los niños “anormales, débiles y discapacitados mentales”. Ciampi llegó a nuestro país en marzo de 1922, inicialmente contratado por un período de tres años, para crear y dirigir una escuela para niños ‘retardados’ en la ciudad de Rosario, y luego por el Poder Ejecutivo Nacional para la organización de la Escuela de Niños Anormales y Retardados, y como jefe del Laboratorio de Psiconeuropatología de la Facultad de Medicina de Rosario. “Habiendo impulsado y creado con su presencia en dicha casa de estudios la Cátedra de Psiquiatría Infantil, le tocó inaugurarla como Profesor Titular el 12 de marzo de 1923”, relata Basile. El psiquiatra argentino resalta, además, el traslado de la Escuela, en 1925, al Hospicio de Alienados creado en Rosario el año anterior. Ciampi se convirtió en el director del Hospicio en 1927, y en el director de la Cátedra de Psiquiatría para Adultos, al año siguiente. Sobre la moderna concepción de la especialidad por parte de Ciampi, refiere: “Para él, las enfermedades mentales que se desarrollan en la edad evolutiva tienen su especificidad clínica diferente a la de los adultos. En este sentido, citando a De Santis sostenía que ‘el niño no es un adulto pequeño y por consiguiente su psiquiatría no puede ser una psiquiatría pequeña. El niño tiene su personalidad particular y por ende una psiquiatría específica’”. Además, destaca al ilustre italiano como “introductor académico de las ideas de Sigmund Freud y el psicoanálisis en las cátedras y praxis psiquiátrica de nuestro país”. También hace especial hincapié en lo que Ciampi definía como “higiene mental”, según ‘la nueva psiquiatría dinámica, en oposición a la psiquiatría 27


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del viejo manicomio’, que se proponía “luchar contra todos los factores exógenos de las enfermedades mentales, cuyo impacto se debía reconocer, en cada caso, a través de la escucha y el encuentro personal con cada uno de los pacientes”. Según el doctor Basile, se trató más bien de un intento de articulación entre dos instituciones de saber con características muy diferentes: el hospicio y la escuela. Por eso, “la Escuela para niños retardados ocupó un lugar central en el dispositivo terapéutico organizado por Ciampi y el personal que se ocupaba de la atención de estos niños eran médicos y maestras especialmente preparados para tal fin”.

Hospital Infanto Juvenil “Dra. Carolina Tobar García” En homenaje a la célebre médica psiquiatra que le dio nombre, fue inaugurado el 20 de diciembre de 1968. Hasta la actualidad, es el único hospital monovalente en el campo infantojuvenil en las áreas de asistencia, prevención, rehabilitación y docencia. Su predio, lindante con el Hospital Borda, había sido destinado originariamente a la escuela de enfermería y abandonado desde fines de la década de 1950. Su primer director fue el doctor Rodolfo Cerutti, quien desempeñó ese cargo desde 1968 hasta 1973. El personal original de la institución estaba integrado por profesionales y voluntarios que trabajaban con niños y adolescentes en el Servicio 32 del Hospital Borda, dedicado entonces a la psiquiatría infantil. En primer lugar fueron creados sus Consultorios Externos y luego el Hospital de Día. En 1969 quedó inaugurado el Servicio de Internación con un contingente de niños de la Colonia Montes de Oca. Con el transcurso de los años, a los servicios existentes se 28

agregaron otros sectores de niños y adolescentes.

Federación Argentina de Psiquiatras La creación de la desaparecida Federación Argentina de Psiquiatras (FAP) se remonta al 8 de octubre de 1959, y su experiencia finalizó en diciembre de 1983. Durante el primer período, que llega hasta 1969, se habrían registrado contradicciones y tensiones entre los diferentes grupos de psiquiatras, para constituir una organización gremial, profesional y científica que llevara adelante un proyecto en el campo de la Salud Mental. El surgimiento de esta nueva problemática se produjo a partir de los cambios ocurridos en nuestro país y en el mundo al finalizar la Segunda Guerra Mundial, cuando el capitalismo necesitó reformular un nuevo pacto social en el que debía asegurar el desarrollo económico. Para ello, el Estado se encargaba de la seguridad social y económica de los ciudadanos. Este “estado de bienestar” planteó una respuesta a la crisis del capital y al problema del empleo, con un Estado activo que utilizaba los mecanismos de redistribución social en la producción de servicios sociales para el conjunto de la población. Los antiguos manicomios comenzaron a ser reestructurados para dar paso a experiencias institucionales nuevas, como las comunidades terapéuticas, los hospitales de día y el trabajo preventivo con la comunidad. Se destacan también el psicoanálisis, la psicología institucional y la psiquiatría social. Es precisamente en este contexto que surge el concepto de “salud mental”, como aglutinador de esta nueva corriente que intentaba superar el manicomio como forma de asistencia. Algunas señales de estos cambios se encuentran en la creación del Instituto Nacional de Salud Mental (1957); las nuevas carreras de Psicología en Rosa-

rio (1954) y, en la Universidad de Buenos Aires (1957) junto con las de Antropología, Sociología y Ciencias de la Educación. Además, surge el primer Servicio de Psicopatología en un Hospital General, ganado por concurso por Mauricio Goldenberg en Lanús, Provincia de Buenos Aires. Estos y otros hechos tenían como objetivo el descentramiento de la psiquiatría y los manicomios como únicos actores en la enfermedad mental. De ahí la configuración del nuevo “campo de la Salud Mental”, que abarcaba distintos actores e instituciones, al cual la mayoría de los psiquiatras apoyaron parcialmente en sus inicios. En este contexto nació la FAP, en la ciudad de San Luis y en el marco de la III Conferencia de Asistencia Psiquiátrica, organizada por la Comisión Argentina Asesora de Salud. Uno de los temas de dicho encuentro fue: “Títulos habilitantes para el estudio y tratamiento de los enfermos psíquicos”. De este modo, los profesionales considerados como el ala más conservadora de la especialidad, alertaban sobre los riesgos “frente a la invasión de actores extraños a la medicina, dispuestos a desvirtuar toda su historia, su técnica y sus penosas conquistas terapéuticas”. En las mesas redondas se debatió sobre el tema, y, si bien los especialistas que intervinieron aceptaron que el psicólogo podía participar en el diagnóstico y el tratamiento de un paciente, las conclusiones del encuentro siguieron la opinión del relato oficial. En resumen, “deben ejercer la psicoterapia únicamente los médicos”. Quienes recuerdan aquel debate, aseguran que terminó muy mal y con el retiro de la delegación de alumnos de Psicología de la Universidad de Rosario. En 1960, durante la IV Conferencia de Asistencia Psiquiátrica en Buenos Aires, fueron aprobados los estatutos de la FAP y se organizó federativamente,


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dividiendo el país en siete regiones: Noroeste, Nordeste, Centro, Litoral, Sur, Cuyo y Capital Federal. Cada una de ellas nombraba sus autoridades que, a su vez, estaban representadas en las asambleas generales por delegados. Desde su creación, se propuso como un organismo científico, profesional y gremial, y en sus objetivos se entretejían la defensa corporativa como la promoción de la prevención, el mejoramiento global de la asistencia, la investigación y la educación.

poderoso factor de progreso de la especialidad”.

A través de sus estatutos, la Federación se alineaba en el mismo camino de las “cartas de buenas intenciones” para la Salud Mental que la Argentina de fines de la década de 1950 había escrito. Pero la FAP quedó, hasta fines de la década siguiente, como una organización sin poder efectivo.

A comienzos de la década de 1960, la FAP se había convertido en una institución con muchos jefes, que no logró tener una influencia sobre los psiquiatras más jóvenes, ni en los psicoanalistas, los cuales se mantuvieron ajenos a ella.

Las ideas acerca de la Salud Mental se multiplicaban en otros organismos y agrupaciones, además de los ya mencionados. En los 70, el psiquiatra Gervasio Paz, entonces presidente de la FAP, planteó: “Después de la Revolución Libertadora se creó la Comisión Argentina Asesora de Salud Mental. En ella ingresaron psiquiatras del interior y de la Capital, pero, en general, con formación académica y con un espectro ideológico que iba de la derecha al centro y a la izquierda. De ahí surgió una Comisión que organizó los primeros Congresos de Psiquiatría, y en esa Comisión estuvieron Pichon Rivière, Bleger y Goldenberg, entre otros. La FAP no será nada más que el desarrollo de esa Comisión, su ampliación y su institucionalización con la tentativa de ser un gremio profesional, no meramente un organismo que convocaba Congresos. Sería la primera organización de los psiquiatras. Juntó gente de todas partes”. Por su parte, Gregorio Bermann escribió en 1965: “Con una buena dirección, la FAP puede llegar a ser, no sólo el organismo que unifique a los psiquiatras del país, sino también un

El episodio clave parece haber sido el concurso por la titularidad de la Cátedra de Psiquiatría, en el cual Mauricio Goldenberg fue derrotado a raíz de “una oscura maniobra de los psiquiatras manicomiales”, según los historiadores que, además, aseguran que no se trató solo del concurso, sino que se disputaba cuál sería la versión oficial de la Psiquiatría.

Con la elección de una nueva Comisión Directiva presidida por Guillermo Vidal, a fines de 1966 comenzaron las transformaciones institucionales. Esta surgió a partir de una alianza de los psiquiatras reformistas del interior con los de Buenos Aires. Al año siguiente, la FAP inició la publicación de la “Gaceta Psiquiátrica”, su boletín oficial, en cuyo primer número ya era evaluado críticamente lo realiza-

Dr. Humberto Mesones Arroyo

do hasta octubre de 1967 y cómo la FAP nunca había funcionado efectivamente. En un fragmento del texto se planteaba lo siguiente: “Diversas causas impidieron su desenvolvimiento. Entre éstas deben destacarse, por su especial trascendencia, la precaria estructura federal que se le imprimió de entrada y la falta de una categorización de sus miembros... No nos llamemos a engaño. La FAP está en marcha, más todavía, es mucho lo que falta para que entre de lleno en el terreno de los hechos tangibles. Por ahora no pasa de proyecto. Un proyecto halagüeño, ciertamente, pero mero proyecto al fin”. La unidad que se procuraba desde la FAP también se refería a sus actividades científicas, que intentaban ser abiertas y convocantes. Por ejemplo, en octubre de 1968, la regional Capital organizó un coloquio sobre esquizofrenia, con la participación de cuatro expositores de diferentes perspectivas teóricas y clínicas: Mauricio Goldenberg (enfoque psiquiátrico), Edmundo Fischer (enfoque biológico), Julio Ortiz de Zárate (enfoque genético) y David Liberman (enfoque psicoanalítico). Ese año también se cambiaron los estatutos de funcionamiento. La siguiente generación de psiquiatras reformistas comenzó a tener una participación efectiva en la dirección de la FAP, lo cual permitió la paulatina incorporación de la Psiquiatría en el campo de la Salud Mental. En mayo de 1969, se inició la huelga general cuya consecuencia fue una eclosión social en la ciudad de Córdoba (“el Cordobazo”), que marcó el principio del fin de la dictadura de Juan Carlos Onganía. Al mismo tiempo, marcó un punto de inflexión en las luchas sociales y políticas del país y la FAP comenzó a movilizarse en el campo de la Salud Mental. Ya no se proponía únicamente una defensa corporativa de los psiquiatras. En el editorial de fines de 1969 se proclamaba: 29


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“Debemos hacer una unión indestructible de toda la familia psiquiátrica en defensa de nuestros intereses, que no son otros que los intereses de la salud de nuestro pueblo. Pero debemos terminar con los grupos, con los localismos...” Se iniciaba de este modo la inclusión dentro del campo de la Salud Mental; el de esta dentro de la Salud; y, finalmente, a los psiquiatras con el conjunto de los trabajadores. Esto condujo a la conformación, años más tarde, de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental (CTSM), en la cual participaba la FAP junto con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, la Asociación de Psicopedagogos, la Asociación de Asistentes Sociales y los psicoanalistas. El comienzo de la década de 1970 constituye otro momento histórico. La FAP realizó sus actividades en todo el país y se inició la experiencia de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental con el Centro de Docencia e Investigación (CDI), proyecto novedoso de formación interdisciplinaria. Pero la represión ejercida por grupos de derecha y luego por la dictadura militar, diezmaron las organizaciones profesionales y gremiales. La FAP llegó hasta el final de la dictadura. Emiliano Galende escribió: “En diciembre de 1983 cerramos las puertas

de la FAP en Capital (no sin cierto orgullo de haber transportado hasta allí su nombre y sus banderas), conscientes de que se abría un nuevo tiempo histórico y de que éste requería de nuevas ideas y nueva organización”.

Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP) La AAP fue fundada el 27 de octubre de 1972, durante una reunión científica del Instituto Nacional de Salud Mental, en Córdoba. Su primer presidente fue el doctor Carlos León Morra, y los estatutos establecían explícitamente que los fines de la recién nacida institución eran “asistenciales, docentes y estrictamente profesionales”. A Morra lo sucedieron en la presidencia los doctores Felipe Miguel Cía, Humberto Mesones Arroyo y, en la actualidad, Néstor Marchant, “quien asumió en Mendoza hace muchos años y, debido a su dinámica vocación de servicio, ha sido reelegido varias veces”, señala el doctor Mesones Arroyo sobre la autoridad actual. Respecto de las circunstancias de la fundación, comenta que, en aquel momento, “el país estaba ya involucrado en el enfrentamiento ideológico y subversivo, y la FAP había adoptado una tendencia favorable a la acción armada, de modo que hubo que apartarse para resguardar los fines profesionales, científicos y académicos de la especialidad. Luego la FAP se disolvió y muchos de sus miembros se exiliaron”.

La huerta del hospital San Francisco de Asís de Corrientes. Se había creado una cooperativa integrada por los enfermos, que trabajaban y cobraban lo recaudado por las ventas (1971). 30

Las décadas de 1960 y 1970 fueron “el principio del caos y el enfrentamiento”, recuerda Mesones Arroyo, uno de los fundadores de la AAP, que por entonces era presidente

Habitación de un paciente en el Hospital San Francisco de Asís de Corrientes, decorada por él mismo. (1971)

de la regional NEA de la desaparecida FAP y miembro de su Consejo Directivo, presidido por Juan Gervasio Paz y cuya secretaría estaba a cargo de Silvia Berman. Al respecto, relata que a comienzos de la década de 1970 “encontraron a un vocal de la Comisión, de La Rioja, cuyo nombre he olvidado, armando bombas en su consultorio. Entonces, en una reunión que tuvo lugar en Rosario, manifesté que debíamos hacer público nuestro rechazo como institución psiquiátrica a esa actividad de uno de los miembros. Me contestaron que eso sería hacer política. Envié mi renuncia, que fue rechazada, pero me expulsaron. Tal vez porque el tema salió en los diarios”. En la AAP, se mantuvo férreamente la censura a toda manifestación ajena a la especialidad y a todo lo concerniente a la atención de los enfermos. De hecho, sus fundadores y primeros miembros tenían cargos asistenciales o universitarios, “es decir, no se aceptaban colegas que solo se dedicaran al ejercicio privado”, aclara Mesones. Superado el marco de crisis, la Asociación, que en 1973 ya era miembro de


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la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA, por sus siglas en inglés) fue, durante más de una década, “la única y más numerosa asociación de médicos psiquiatras en la Argentina. Luego se abrió a la cooperación multidisciplinaria e incorporó también a profesionales que se desempeñan en el ámbito privado”, comenta el expresidente. Y agrega que, las “Jornadas de Octubre” organizadas por la AAP tenían lugar, alternadamente, en la Ciudad de Buenos Aires y en alguna ciudad del interior del país. Pero, “curiosamente, quienes vivían en las provincias, pidieron que se celebraran en Buenos Aires porque les resulta más fácil la centralización”. En 2012 se realizó la edición n.º 40 de dichas jornadas, que, al coincidir con el Congreso Internacional anual, fueron corridas a septiembre, a pedido de quienes tienen responsabilidades docentes. “Otra tradición, aunque menor, que se perdió”, reflexiona. Vale destacar que, en la actualidad, la AAP organiza anualmente estos encuentros de carácter internacional, en cuyo marco son abarcados todos los temas y escuelas de pensamiento e investigación en psiquiatría y psicología. La docencia, en tanto, continúa siendo una de las prioridades de la institución, que canaliza a través de la realización de cursos y encuentros. Cuenta con más de 30 secciones científicas distintas. Además, edita dos publicaciones (Alcmeón, Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, Año XXI, y Revista de Psiquiatría Forense, Sexología y Praxis, Año XX). En este aspecto, entre otros numerosos libros publicados, vale destacar el Tratado de Psiquiatría, en dos volúmenes de 1011 y 2095 páginas, Ed. Guía. Buenos Aires, 2005, cuyos autores son los doctores Néstor Marchant y Alberto Monchablón, que contiene numerosos capítulos escritos por distintos miembros de la Asociación.

Dr. Roger Montenegro

“Las motivaciones iniciales de la Asociación, en defensa de los derechos de los pacientes y sus familiares, se mantienen hasta hoy y seguirán siendo la guía ética”, concluye el doctor Mesones Arroyo.

Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) Fundada en 1983, la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), es una entidad sin fines de lucro, y actualmente es miembro de la Asociación de Psiquiatras Latinomericanos (APAL) y de la Asociación Mundial de Psiquiatría. Desde julio de 1985 edita una publicación cuatrimestral, la revista Sinopsis, en cuya edición N.º 36, de noviembre de 2003, los doctores Roger Montenegro, Alberto Bertoldi y Miguel Ángel Materazzi, recuerdan: “En oportunidad del Congreso Mundial de Psiquiatría, que tuvo lugar en Viena en agosto de 1983, un grupo de colegas tuvimos la iniciativa de convocar a una reunión –a través de improvisados carteles– a los aproximadamente 90 psiquiatras argentinos asistentes al Congreso.

Concurrieron alrededor de 60 colegas, de los cuales la mitad estaban por entonces residiendo en diferentes países, muchos debido a la diáspora operada en el período de la dictadura militar”. El grupo tomó conciencia del vacío institucional psiquiátrico que existía en el país, patentizado por el hecho de que todos los allí presentes habían gestionado su participación en el encuentro científico individualmente, lo que contrastaba con el interés societario demostrado a través de la respuesta espontánea a la improvisada convocatoria. “Cabe mencionar que la Federación Argentina de Psiquiatras había prácticamente colapsado tiempo atrás como producto de irreconciliables contradicciones internas, a las que se sumaron las consecuencias directas e indirectas del terrorismo de Estado implantado con especial saña contra la gran mayoría de los profesionales de la especialidad de nuestro país y la región”, aclaraban. “Entonces, APSA toma ese relevo como institución legal, participativa y democrática”, le contaba a Prescribe el doctor Roger Montenegro en una entrevista realizada en 2003. Más tarde, el éxito rotundo logrado por los congresos organizados por la nueva institución a partir de entonces, le valieron a Montenegro el reconocimiento internacional que lo llevó a presidir la Asociación de Psiquiatras de América Latina. Con una extensa trayectoria nacional e internacional, este psiquiatra es actualmente miembro del Consejo de Dirección de la Fundación Mundial para la Salud Mental (WFMH, por sus siglas en inglés), y creó, a finales de la década de 1990, la Fundación Contener, una asociación sin fines de lucro que trabaja en el país para la defensa del enfermo neuropsiquiátrico y su familia. ■ 31


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Diego Alcorta

La primera contribución psiquiátrica comunicada en el país Nacido en Buenos Aires el 11 de noviembre de 1801, Diego Alcorta cursó estudios primarios en la escuela de Francisco Argerich y fue luego becado en el Colegio de la Unión del Sur, donde también se matriculó su amigo de la infancia, Manuel Belgrano. Diego Alcorta fue el quinto hijo de un matrimonio humilde. Pudo cursar sus estudios en la Escuela de Medicina gracias al apoyo de personas que repararon en “el ingenio y la viveza que denotara desde muy joven” (José Ingenieros). En su paso por las aulas del Colegio de la Unión del Sur, se destacó como un alumno sobresaliente, y, luego del bachillerato, como un docente entusiasta. Con su graduación, en 1823, se convirtió en uno de los primeros médicos argentinos. Para acceder al cargo de doctor en medicina, Alcorta presentó su tesis “Disertación sobre la manía aguda”, el 26 de junio de 1827. Fue la primera en su tipo, y provocó una conmoción en los conocimientos psiquiátricos en el país, ya que se trata de un verdadero estudio científico, alejado de los conceptos más tradicionales acerca de la locura, que entonces abundaban en causas tales como el “humor maléfico” y el “castigo divino”. Alcorta describió la manía como una enfermedad de la que pueden identificarse causas, síntomas, momentos de desarrollo, y para la cual existen distintos tratamientos, uno de los cuales es la psicoterapia. En la tesis, recomienda también la realización de necropsias, como modo de hacer progresar la ciencia psiquiátrica y la anatomía patológica, y menciona especialmente la herencia como factor desencadenante de la manía. En 1828, fue designado catedrático de Ideología en la UBA, institución joven aún. En ese cargo, sucedió a Crisóstomo Lafinur y Juan Fernández de Agüero. Los contenidos de la Cátedra de Ideología respondían a un movimiento filosófico que integraba el racionalismo analítico francés con el empirismo inglés. Al frente del curso, que dirigió hasta 1842, Alcorta tuvo una gran ascendencia sobre los alumnos, entre quienes se encontraban Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, y llevó la enseñanza de la ideología a su máxima expresión. Algunos de los fragmentos de sus clases fueron publicados por Gutiérrez en su obra “Origen y desarrollo de la enseñanza pública y superior”. En un fugaz paso por la política, fue diputado en 1833, cargo en el que duró tan solo un año; desde allí se opuso con vehemencia a otorgar facultades extraordinarias a Rosas, pero pronto estuvo en el bando de los derrotados. No obstante, alcanzó a proponer un proyecto de Constitución para la Provincia de Buenos Aires de claras tendencias liberales y democráticas. Falleció en 1842. Se lo recuerda como un hombre “digno y dado a hacer favores, sin discriminación”, a quien “su profesión de médico lo tenía a merced de sus amigos. Y toda vez que podía ser útil, lo hacía desinteresadamente”. Los historiadores relatan innumerables anécdotas que dan cuenta de su gran generosidad. Muchos sostienen que, para la neuropsiquiatría, es de lamentar que las circunstancias lo apartaran de su vocación inicial, ya que quedó frustrada una vocación en ciernes que hubiera beneficiado la asistencia de los alienados en Buenos Aires.

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Los que abrieron huellas Son solo algunos de los hombres y mujeres que contribuyeron a cambiar la historia de la Psiquiatría y dejaron sus huellas. Algunos hicieron de la medicina, y particularmente de su especialidad, un verdadero apostolado. Muchos también incursionaron en las letras, en la filosofía y en la política. Tuvieron como denominador común la dedicación y una gran humildad.

Lucio Meléndez (1844-1901) Médico positivista riojano, nombrado primer profesor titular de Patología Mental cuando fue inaugurada la cátedra, en 1886. Fue director del Hospicio de Hombres (actual Hospital Borda) entre 1876 y 1893, institución donde se destacó por abocarse a la práctica forense y por organizar los pabellones de locos delincuentes. Publicó una gran cantidad de trabajos sobre la especialidad en la Revista Médico-Quirúrgica y en los Anales del Círculo Médico Argentino. Mientras se desempeñaba como practicante en el Hospital General de Hombres de Buenos Aires, participó activamente en la asistencia a las víctimas de las epidemias de cólera y fiebre amarilla ocurridas en 1869 y 1871, respectivamente. En 1875 fue nombrado profesor sustituto de Clínica de las Enfermedades de la Piel, y, en 1876, profesor sustituto de Nosografía Quirúrgica. 36

Su primer trabajo publicado data de 1876 y trata de un caso de locura por anemia cerebral. En 1879, en coautoría con Emilio R. Coni, escribió una “Estadística sobre los alienados de la provincia de Buenos Aires”, que fue leída el 13 de septiembre de ese año en la reunión de la 6.ª Sección (Psiquiatría) del Congreso Internacional de Ciencias Médicas de Amsterdam. Ese extenso trabajo, en el cual analizan múltiples aspectos de la situación sanitaria y de las instituciones, constituye el estudio inaugural de Epidemiología y Salud Pública de la psiquiatría argentina.

Mental del Escolar”. Años más tarde, obtuvo los títulos de médica psiquiatra y médica legista. Se desempeñó como médica psiquiatra en el antiguo Hospital Nacional de Neuropsiquiatría y en Sanidad Escolar.

En 1884, la Academia de Medicina creó nuevas cátedras, entre otras la de Patología Mental, y Meléndez ganó por concurso el cargo de profesor titular. Murió en 1901, cuando tenía 57 años.

Junto a Lanfranco Ciampi, fundó y organizó las primeras escuelas diferenciales de la Ciudad de Buenos Aires. Para ellas, dictó los cursos de capacitación docente, y en el Instituto Neuropsiquiátrico María Cecilia Estrada de Cano, y de la Liga Argentina de Higiene Mental, institución donde fue jefa de Consultorios, directora (sucedió a Ciampi) y miembro de la Comisión Directiva.

Carolina Tobar García (1897-1962) Nacida en Mercedes, San Luis, se graduó como maestra normal en 1917. Egresó como médica de la UBA en 1929, y su tesis trató sobre “Higiene

Becada en los Estados Unidos, en 1931 y 1932, realizó estudios de neuropsiquiatría infantil. A su regreso, publicó el libro “La educación de los deficientes mentales”. También escribió, en 1938 y en colaboración con la educadora Martha Salotti, “La Enseñanza de la lengua”.

Durante el I Congreso Nacional de Puericultura, realizado en Buenos Aires en octubre de 1940, Tobar García presentó un magnífico trabajo: “Coeficiente Evolutivo Psíquico Normal en la Edad Escolar”. En este trabajo – cuenta el doctor Héctor Basile–, demostraba el profundo sentido de la responsabilidad social que la caracterizaba, al mismo tiempo que describía los conceptos psicopatológicos de su época, cuando la psiquiatría infantojuvenil aspiraba a tener entidad propia”. En 1956 se convirtió en la primera médica forense de la República Argentina, y en 1961 inauguró la primera


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Escuela Diferencial Privada, a la que le fue dado su nombre. Viajó a Rusia en respuesta al pedido de un matrimonio que deseaba que su hija fuera atendida por ella. Allá, también consultó sobre la enfermedad que la aquejaba. El 5 de octubre de 1962 falleció como consecuencia de una leucemia linfoidea.

provincia de Tucumán. Cantón consiguió que en 1897, fuera aprobada la Ley N.º 3.548, que ordenaba la creación de una Colonia Nacional de Alienados con sujeción a las reglas del nuevo sistema escocés de hospitalización y asistencia médica de los asilos de puertas abiertas, de allí el nombre “Open Door”. Representó al país en el Congreso Nacional de Antropología Criminal realizado en 1896 en Ginebra, Suiza. Allí propuso una moción, que fue aprobada, en la cual sostenía que los alienados delincuentes (en referencia a aquellos enfermos mentales que hubieran cometido un delito), no debían ser alojados en secciones especiales de las cárceles, sino que debían ser tratados en hospicios e instituciones especializadas. Esta idea propuesta por Cabred se mantiene vigente en la actualidad.

Domingo Cabred (1859-1929) Nacido en Corrientes, en 1881 se graduó en la UBA con la tesis “Locura refleja”. Ingresó en el Hospicio de Las Mercedes en 1884, y se convirtió en su director en 1892. Allí creó el Laboratorio de Anatomía Patológica, “para permitir establecer la correlación del síntoma con la anatomía patológica”, para lo cual contrató a Christofredo Jakob. Se retiró del hospital en 1916. Reconocido por su gran tesón, fue profesor titular de Clínica Psiquiátrica, y, bajo su influjo, nacieron hospitales, colonias y asilos, entre ellos, la Colonia Nacional de Alienados en Luján (luego “Open Door”, y actualmente “Doctor Cabred”); la Colonia de Alienados de Oliva, Córdoba; la Colonia de Retardados de Torres, y varios hospitales generales. Sucedió a Meléndez como director del Hospicio de las Mercedes y logró el apoyo del también médico Eliseo Cantón, quien entonces era diputado por la

El Departamento con esas características creado por Cabred en el Hospicio de las Mercedes, fue el primero en su tipo en Sudamérica. En 1900 también creó el Instituto de Psiquiatría, el cual fue posteriormente anexado a la Facultad de Medicina de la UBA. Considerado como un neurólogo ilustre en los círculos científicos del ámbito nacional, fundó además, en 1903, la Liga Argentina de Lucha contra el Alcoholismo motivado por sus estudios realizados, en los cuales sostenía que el consumo excesivo de alcohol destruía y dañaba al hombre y su personalidad. Autor prolífico de artículos y otros trabajos sobre estos temas, Cabred murió en Buenos Aires el 27 de noviembre de 1929.

Christofredo Jakob (1866-1956) Nació en Alemania y se recibió de médico en 1890, en Erlangen. A través del doctor Cabred, el gobierno

argentino, presidido por Roca, lo contrató para hacerse cargo del Laboratorio de Clínica del Hospicio de las Mercedes, que era una réplica exacta del laboratorio de anatomía patológica en el que trabajaba en su país, donde ya había publicado “Atlas del cerebro en estado normal y patológico” (Munich 1895). Fue profesor titular de Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Buenos Aires, materia que se dictaba en edificios del Hospicio de las Mercedes. Posteriormente, y, ya desvinculado de la Facultad de Medicina, fue contratado como director del Laboratorio del Hospital Nacional de Alienadas, cargo que desempeñó entre 1912 y 1945. Fue además el primer catedrático titular de Biología de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires y, con el mismo rango, lo nombraron en la de Biología y Sistema Nervioso y Anatomía y Fisiología Patológica de la Universidad de La Plata, cátedras que también inauguró. Su producción escrita incluye estudios neurobiológicos, zoológicos, botánicos, paleontológicos, geográficos, hidrobiológicos, embriológicos, de anatomía normal y patológica general y nerviosa, histofisiopatológicos, neuro37


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lógicos y psiquiátricos, psicológicos y filosóficos, entre otros. De la nómina se desprende la influencia que su obra ejerció en el inventario científico nacional, en el cual, y por espacio de alrededor de medio siglo, fue uno de sus más selectos representantes. Dedicó 70 años de su vida al examen de la organización, funciones y enfermedades del sistema nervioso. Sus estudios lo llevaron a concluir la existencia de un cerebro visceral en 1911, hallazgo que fue avalado por Papez en 1937. Además, exhaustivamente graficadas, sus investigaciones fueron publicadas en la Folia Neurobiológica Argentina (1939 y 1946). Cabe destacar en este punto, que la Folia está realizada sobre la base del examen personal de 20.000 cerebros humanos. Más allá de haber sido uno de los cultores más trascendentes de la neurobiología mundial y un investigador ejemplar, fue un hombre de gran cultura clásica, eximio dibujante, músico, poeta y catedrático notable, y sentía horror por todo aquello que denotara presunción o vanagloria. Estas condiciones fundamentales determinaron que se impusiera el nombre de Christofredo Jakob al Hospital Neuropsiquiátrico de Salta, que más tarde mudó al de Dr. Miguel Ragone. Falleció en Buenos Aires, próximo a cumplir 90 años de edad, el 6 de mayo de 1956.

Arturo Ameghino (1869-1948) Nació en La Plata (Buenos Aires) en 1880. Fue uno de los grandes psiquiatras argentinos de principios del siglo XX y el sucesor, en la famosa Cátedra de Psiquiatría, de José T. Borda. Se recibió de farmacéutico y luego continuó con sus estudios sobre medicina. Ejerció durante algunos años en un hospital de Mercedes, provincia de Buenos Aires, y 38

luego viajó a Francia para perfeccionarse. Entre 1911 y 1914 cursó estudios neuropsiquiátricos en la Universidad de París. De regreso en la Argentina, se convirtió en jefe de Clínica Neurológica de la Facultad de Medicina y en médico interno en el actual Hospital Borda. Fue docente y, entre sus principales logros se cuenta la fundación, en 1927, de la mítica Revista Argentina de Neurología, Psiquiatría y Medicina Legal.

También clasificó las enfermedades mentales en seis categorías básicas, de acuerdo con su origen funcional u orgánico. Murió en Buenos Aires en 1949.

En 1931, fue designado al frente de la Cátedra de Psiquiatría, que habían comandado Meléndez, Cabred y Borda, en la cual lo sucedió Gonzalo Bosch. Ameghino formaba parte de la Cátedra desde 1917, cuando fue nombrado jefe de la Sección de Psicología Experimental y se mantuvo en ella hasta 1943. Durante este tiempo, se convirtió en el primer semiólogo para las enfermedades psiquiátricas, y en un gran médico legal, reconocido por los informes que efectuaba de las autopsias realizadas, y por sus explicaciones acerca de la alienación y la emoción violenta. En 1936, viajó a Chaco, donde visitó las poblaciones aborígenes de la región. Permaneció allí por varias semanas y produjo un excelente trabajo acerca de las costumbres de los tobas, chiriguanos y matacos. Además de ser químico, médico psiquiatra y neurólogo, fue un gran escritor, y en su prosa, de alto vuelo literario, se podían notar las influencias de su amigo Leopoldo Lugones. Algunas de sus obras más destacadas fueron: “Datos para la profilaxis mental en la República Argentina” (1923); “El incremento de la locura en la República Argentina después de la guerra” (1923); “Catatonia y demencia” (1923); y “La educación de anormales en la República Argentina” (1924).

José Tiburcio Borda (1869–1936) Nació en Goya, Corrientes, el 28 de enero de 1869. En 1891 ingresó en la Facultad de Medicina de la UBA y cuatro años más tarde fue nombrado practicante menor interno del Hospital de las Mercedes, donde se quedó a vivir hasta su muerte. Esta convivencia con los enfermos mentales le aportó una experiencia clínica incomparable, que junto con sus trabajos de investigación en los laboratorios de anatomía patológica, le permitió realizar trabajos científicos reconocidos internacionalmente. Durante 11 años fue discípulo de Jakob, de quien tomó la disciplina, el rigor científico y la ideología de relacionar la clínica con la anatomía patológica del encéfalo, como explicación de las enfermedades mentales. “Algunas consideraciones sobre el pronóstico de la alienación mental” fue el título de su tesis doctoral. Entre 1922 y 1930 se desempeñó como profesor titular de la Cátedra de Clínica Psiquiátrica, y fue nombrado miembro titular de la Academia de


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Medicina en 1930. Entre sus investigaciones anatomopatológicas de alcance mundial, resaltan: “Topografía de los núcleos grises de los segmentos medulares del hombre”, “Parálisis general progresiva, contribución al estudio de las lesiones celulares de la corteza cerebral en la demencia precoz” y “Consideraciones sobre tumores del encéfalo”.

Braulio Moyano (1906-1959)

con quienes entabló una estrecha amistad de por vida, como Hugo Spatz, Max Hallervorden y Pío del Río Hortega. A su regreso a la Argentina, se convirtió en médico interno del mismo hospital donde vivió y realizó todo su trabajo de investigación. De gran vocación científica, consiguió deslindar la patogenia del signo de Argyll-Robertson en la parálisis general progresiva, a partir de numerosos estudios neuroanatómicos que desarrolló con Roque Orlando. Posteriormente, se hizo conocido mundialmente por su trabajo sobre la enfermedad de Pick (1932), en el que describe el signo de la afasia amnésica o nominal como punto de partida de la desintegración del lenguaje de recepción. Otros escritos que lo hicieron célebre son “Histopatología de la esclerosis lobar progresiva y simétrica” (1931), “Demencia senil y demencias preseniles” (1933), “Sobre la anatomía patológica de la parálisis infantil” (1936) y “Anatomía patológica de la arterioesclerosis cerebral” (1938).

Nacido en Mercedes, San Luis, fue discípulo de Jakob, con quien trabajó en el Laboratorio de Neurobiología del Hospital Nacional de Alienadas. Durante un viaje a Europa, completó su formación junto a grandes científicos

Se lo recuerda como un trabajador incansable, de carácter humildísimo, dedicado completamente a la investigación. Para ello optó por vivir en el hospital neuropsiquiátrico que lleva su nombre y no casarse. Si bien otros

investigadores de gran fuste como el mismo Christofredo Jakob y Mario Crocco también lo hicieron después de Moyano, en algún momento abandonaron esa inmersión completa. Cuando Ramón Carrillo asumió con rango de ministro de Salud de la Nación, inmediatamente le ofreció a Moyano que lo acompañara como su segundo, pero el investigador declinó la invitación porque, adujo, “no servía para trabajar en tan altas funciones”. Nombrado secretario general de Investigaciones Científicas, estableció su despacho en la habitación del manicomio donde vivía; en 1944, y, cuando cobró una importante suma por un premio nacional, la donó para comprar una casa para su familia en San Luis, a la que apenas tenía tiempo de visitar. Disgustado por los cambios en la administración científica que trajo la revolución militar de 1955, pasó su último mes de vida muy pensativo, contemplando el invierno desde los ventanales del laboratorio a su cargo en el Hospital Borda, en la actualidad Centro de Investigaciones Neurobiológicas y Monumento Histórico Nacional, donde antes había investigado su maestro, Christofredo Jakob. Falleció a los 53 años. El Hospital Nacional de Alienadas lleva su nombre. ■

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Innovador y pionero El Dr. Arturo Corrales es una referencia ineludible al hablar de la especialidad en el Norte argentino. Con una extensa trayectoria, se desarrolla en diversos ámbitos y en muchos de ellos fue pionero.

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er pionero, es un denominador común en el devenir profesional del doctor Arturo Corrales. Al repasar su todavía muy activa carrera, es recurrente encontrar que el médico haya dado el primer paso en diversas prácticas relacionadas con la salud mental. Quizás, esa sea una de las cuestiones por las que se lo distingue especialmente. Pero no la única. La provincia de Tucumán es escenario de varios de los hitos protagonizados por el doctor Corrales. Allí estableció, en 1977, una comunidad terapéutica, la primera que existió en el “Jardín de la República”. El médico, por esos años, dirigía el Hospital Psiquiátrico “Nuestra Señora del Carmen”. Su interés por la Psiquiatría Administrativa, Social y Comunitaria, lo llevó a concretar esa iniciativa fundacional para la provincia norteña. La creación del modelo institucional denominado “Comunidad Holo-Sistémica”, en 1982, es otro de los momentos destacados en la vida profesional del psiquiatra. El doctor Corrales aplicó ese sistema en el hospital tucumano por cinco años, y lo difundió ampliamente, en congresos y reuniones científicas. Pero el modelo, no quedó encerrado en las fronteras de un nosocomio, sino que salió al territorio, para buscar influir en aquellos que no tenían posibilidades de recibir un tratamiento profesional de excelencia. Así fue que, en otra propuesta destacada de la historia de este psiquiatra, la “Comunidad Holo-Sistémica” fue aplicada en villas de emergencia. Durante dos años, se llevó a la práctica en zonas de necesidades extremas, en el campo de la prevención primaria, especialmente centrado en los niños 40

que pasaban una situación de mayor riesgo. Esa experiencia en asentamientos, fue filmada y se promovió, tanto en Tucumán como en el resto del país. Con un permanente interés por innovar, se abocó con énfasis al campo de las denominadas “terapias breves”. Para 1993, el doctor Corrales reservaba otra de sus iniciativas: la “Flash Terapia”. Esta práctica terapéutica familiar, es uno de los puntos de su actividad, que hoy se desarrolla en el trabajo con familias de barrios marginales, con el objeto de realizar investigación de los aspectos comparativos en la estratificación social y el abordaje terapéutico, acorde con el contexto social. Versátil, el terapeuta incursiona también en el ámbito del psicodrama. En ese terreno, se inscribe otro de sus proyectos dignos de resaltar, el denominado “Esquema Dinámico de Roles”. Además, en este contexto, propo-

ne nuevas formas de desarrollar el abordaje por imágenes. También lo empresarial ingresa en el amplio rango de acción del doctor Corrales. Su tarea profesional, se expande a empresas familiares y al ámbito administrativo empresarial. A estos campos lleva sus iniciativas relacionadas con los principios holo-sistémicos. La historia profesional del doctor Corrales se inició, oficialmente, en 1964, cuando se recibió de médico. De allí en adelante, no ha dejado de formarse, y de formar a nuevos psiquiatras. Al año siguiente de recibirse, comenzó su actividad docente, y fue profesor de Neuropsiquiatría en la Escuela de Enfermería. Su desarrollo en el campo de la enseñanza, tiene como punto de referencia al doctor Juan Dalma (ver recuadro), en cuya cátedra el profesional inició su experiencia en la docencia. En 1967, tiene lugar un momento importante en su carrera docente: dirige la Escuela de Psicología de la

Con el Dr. Roger Montenegro (der.), en plenos preparativos del I Congreso Argentino de Psiquiatría del cual el Dr. Arturo Corrales fue presidente; el primero luego de la dictadura.


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Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Paralelamente a su función de enseñanza y formación de nuevos médicos especializados en salud mental, el psiquiatra desarrolló un amplio espectro de estudios que le permitieron expandir su conocimiento, y transformarse en un profesional completo. A dos años de haberse graduado como médico, decidió reforzar su preparación, y se instrumentó en Organización y Administración Hospitalaria, en la Escuela de Salud Pública de la UBA. Su capacitación como terapeuta fue constante: en 1970, realizó su primera Instrumentación Superior en Psicoterapia, con el doctor Rojas Bermúdez; entonces obtuvo el título de psicodramatista de la Asociación Argentina de Psicodrama. El camino del doctor Corrales como profesor, se enmarca en el mismo carácter destacado que su actividad médica. De este modo, en 1972, alcanzó un punto saliente en la trayectoria de todo docente de nivel superior: logró tener una cátedra propia. El terapeuta, fue nombrado profesor titular de la cátedra de Psicopatología de la Universidad del Norte “Santo Tomás de Aquino”. Sus estudios se diversifican. En Terapia Familiar, el doctor Fidel Lebensohn es su formador, en el Centro de Terapia Familiar de Rosario. En Sexología Clínica, se instruye de la mano del doctor Juan Carlos Kusnetzoff, en 1986. En la docencia, su avance registra varios momentos destacables, como la titularidad de la cátedra de Semiología y Psicopatología de Posgrado de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), en 1988; o el cargo de profesor adjunto de Salud Mental I, en la Facultad de Medicina de la casa de altos estudios tucumana, alcanzado en 1991. En plena actividad, el doctor Corrales

El Dr. Corrales con el Vicedecano de la Universidad Nacional de Tucumán, cuando recibió el título de Profesor plenario.

continúa dando clases en la UNT. Se desempeña en el posgrado de la carrera de Médico Legista, donde dicta las materias Psicología Médica y Psiquiatría Forense.

Divulgación, actualización y galardones Publicar artículos para dar a conocer sus experiencias y las de sus colegas, es otra de las múltiples actividades del doctor Arturo Corrales. En diarios, revistas y libros, ha dejado plasmadas enseñanzas, innovaciones y reflexiones sobre su especialidad.

“...en 1972, alcanzó un punto saliente en la trayectoria de todo docente de nivel superior: logró tener una cátedra propia”.

“Técnicas de Acción en Terapia Familiar”, se denomina el proyecto en el cual trabaja actualmente. Será un futuro libro, que se sumará a su desempeño en el mundo editorial, que ya lo tiene como autor de “Sexología Femenina” y coautor de “Lecciones de Ginecología”. En lo gráfico, el especialista acentúa su carácter de pionero. En 1985, fundó la primera revista de psiquiatría publicada en el Norte argentino –“Grupo Psiquiátrico de Perfeccionamiento Permanente del NOA”–, y tuvo distribución nacional e internacional. Su relación con las revistas, se traduce también en la participación en los comités científicos de varias publicaciones, como “Revista Argentina de Psiquiatría Biológica”, “Clepios”, “Sinapsis” y “Salud Mental Indolatinoamerícana”. Su mirada sistémica, llegó también a los periódicos. El médico psiquiatra, colaboró con el diario santiagueño “El Liberal”, donde escribió sus opiniones en las páginas de la sección económica. Para difundir y actualizarse al mismo tiempo, el doctor Corrales es un asiduo participante de congresos, conferencias y reuniones de profesionales 41


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de la psiquiatría. Desde 1965 a la actualidad, no ha dejado de ser parte de este tipo de encuentros. Solo por citar algunos momentos salientes de su actuación en congresos, se puede enumerar que fue presiden-

te del primer encuentro de Psiquiatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos; del primer Congreso Latinoamericano de Psicodrama y Sociodrama (en 1970); del primer Seminario Internacional de Terapia Familiar Sistémica (en 1985); vice-

presidente de las primeras Jornadas de Sexología del NOA (en 1990); miembro del Congreso Mundial de Psiquiatría, realizado en España, en 1996; y conferencista en las universidades de Sheffield y Complutense de Madrid.

Juan Dalma, científico y humanista El doctor Juan Dalma llegó a la Argentina a fines de la década de 1940, con el objetivo de realizar gestiones para la Dirección General de Sanidad Pública del Gobierno de Milán. Entonces, ya era un médico reconocido, especializado en Salud Pública y Psiquiátrica.

“Días en los cuales debéis hacer –después de un hondo examen de conciencia– un voto de renuncia a muchas cosas y de dedicación absoluta a otras, a veces muy pesadas”.

Nacido en 1895 en la ciudad de Fiume, sobre el Adriático, en 1914 se inscribió en la Universidad de Budapest para estudiar medicina, pero tuvo que interrumpir sus estudios a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial, en la cual participó como auxiliar sanitario de trinchera. Al finalizar la guerra, los retomó y se graduó en 1920 como doctor en Medicina y Cirugía.

Su biógrafo, el doctor Diego Pró, decía que “en la vida de este personaje intervinieron variados elementos históricos, sociales y culturales, propios de las zonas del mundo en que vivió y fue realizando su destino, y que provienen de varias nacionalidades (…) Esos elementos formativos, reunidos y fundidos en síntesis superior, daban sustento y carácter a este hombre excepcional”. Además de ser investigador en los campos científicos de la biología, la neuropsiquiatría, la psicología y el psicoanálisis; historiador de la medicina; médico forense y docente universitario, incursionó en el mundo de las artes y fue admirador y estudioso de la obra de Leonardo Da Vinci. El doctor Horacio Descole, quien era rector de la UNT, al conocer la noticia de la llegada del científico al país, lo contactó y lo convenció de quedarse en Tucumán. En 1948 se incorporó como regente de la Universidad, cargo que tomó oficialmente en 1949, cuando regresó de un viaje de estudios por Europa, enviado por Descole para visitar universidades europeas con la finalidad de recopilar antecedentes que sirvieran de base para la creación de 42

una Escuela de Medicina en Tucumán. De este modo, el médico italiano inició y orientó entre 1949 y 1951, la nueva dependencia de la Universidad. Sirvió durante dos años y medio la cátedra de Clínica Neurológica desde el año 1956. Estuvo al frente de la cátedra de Medicina Legal y Toxicomanía entre 1959 y 1965; y atendió la cátedra de Psicología Médica desde 1964. Además, dictó varios cursos de la Historia de Medicina para la carrera del doctorado.

Pero su actividad trascendió el ámbito de las cátedras universitarias en Tucumán para extenderse a las facultades de Medicina de todo el país y del exterior. Durante el Rectorado del doctor Adolfo Piossek, se concretó una aspiración del Consejo Superior sobre la necesidad de crear un Instituto de Higiene y Medicina, cuyo objetivo sería investigar y estudiar las enfermedades de la zona a fin de combatirlas y contribuir al saneamiento ambiental. Esto se concretó en 1942 y fue nombrado al frente de este el doctor Cecilio Romaña, oriundo de la ciudad de Santa Fe, quien se especializó en enfermedades tropicales en renombradas instituciones médicas del mundo. Por su valor científico fue convocado a sumarse a la Universidad de Tucumán. En 1949, Romaña elevó al Consejo Universitario el informe que presentó Dalma sobre la necesidad de crear una Escuela de Medicina dependiente de la Facultad de Ciencias Biológicas. Proponía que el primer curso entrara en funcionamiento a partir de 1950 y que, cumplido el plan, se otorgara el título de médico. En el informe mencionado, exponía los motivos para tal creación: en primer lugar resaltaba la carencia en el Norte argentino de una Escuela de Medicina, lo que motivaba una emigración importante hacia otros centros del país de jóvenes estudiantes. Por otra parte, consideraba que la creación de una escuela médica en el Norte capacitaría a los profesionales para el medio donde deberían actuar. Precisaba que a las enferme-


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La amplia trayectoria del doctor Corrales, le ha valido distinciones y responsabilidades. Por el lado de los reconocimientos, se ha alzado con el premio “Solidaridad”, otorgado por el Círculo Sardo, y tiene un galardón que lleva su nombre: el premio “Dr. Arturo

Corrales”, que entrega el Colegio de Psiquiatría Biológica y Psicofarmacología de la República Argentina. En la Universidad Nacional de Tucumán, donde aún se desempeña, fue nombrado “Profesor Plenario” de la Facultad de Medicina.

dades regionales tales como la de Chagas o del bocio endémico; las enfermedades de la primera infancia de elevada mortalidad; el efecto de las alturas o del clima sobre el organismo y las toxicomanías locales, entre otras, se sumaban los problemas sanitarios que debían ser estudiados y resueltos por el Estado con la cooperación de la escuela médica. Dalma también fue un estudioso del médico italiano Paolo Mantegazza, quien recorrió los países de América del Sur a fines del siglo XIX realizando observaciones e investigaciones de las enfermedades en relación con la geografía y el clima de cada lugar. Resultado de estos viajes, la UNT publicó en 1949 el libro de Mantegazza “Cartas médicas sobre la América Meridional”. La publicación había sido traducida por el doctor Juan Heller y lleva un prólogo del médico higienista Gregorio Aráoz Alfaro. El doctor Dalma ya era entonces regente de la Universidad y esta obra también lo ilustró para enriquecer aún más los aportes volcados en el informe. A las razones mencionadas para la creación de la escuela, agregaba Dalma las de índole económica, ya que se planteaba una situación de desigualdad si un ciudadano de condiciones modestas deseaba que su hijo estudiara medicina. Este valioso informe fue el resultado de observar la realidad local y consultar y recoger sobre el lugar en los distintos países de más experimentada tradición de estudios, los métodos y programas de enseñanza. Como resultado de sus gestiones, en 1949 el Consejo Universitario aprobó la Resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Biológicas y creó la Escuela de Medicina durante el Rectorado del doctor Descole. El plan de estudios comprendía siete años –al igual que en Buenos Aires y Córdoba– además de seis meses de internado hospitalario retribuido para aquellos que no se dedicaran a especialidades. El doctor Dalma, que fue nombrado director de la Escuela, sostenía que la medicina no debía ser tomada como una profesión, sino como un sacerdocio: “Días en los cuales debéis hacer –después de un hondo examen de conciencia– un voto de renuncia a muchas cosas y de dedicación

Entre las responsabilidades que debió asumir, a partir de su experiencia y capacidad, hay que resaltar que ocupó el cargo de presidente del Sistema Provincial de Salud (SIPROSA), un puesto que equivale al de ministro de Salud. Además, fue nombrado titular

absoluta a otras, a veces muy pesadas y duras”, decía en una carta a los alumnos escrita en 1950. Manifestaba también que la vocación verdadera tenía que ver con la ética, saber ayudar al prójimo, luego de una investigación meticulosa, de un reconocimiento agudo, intuitivo y razonado; y con ser compasivo. Otro aspecto era la vocación intelectual que hace del médico un investigador, aún en los casos en apariencia más banales, para poder ver, razonar, meditar y concluir; y, finalmente “la vocación social que hace del médico el misionero humano y el técnico por excelencia en medio del pueblo, el que mejor conoce sus inmensas necesidades, sus grandes anhelos de vida digna, humana y de progreso”. En conclusión, la Escuela de Medicina tuvo una importancia trascendental para la región. Nació con un concepto moderno de la ciencia médica y acorde con las exigencias del momento. Las facultades de Medicina de Córdoba, Buenos Aires, La Plata, y la de Rosario, sirvieron también de guía para la de Tucumán, agregándose como propio el estudio de las enfermedades regionales. Dalma cumplió cabalmente con el objetivo para el cual fue convocado. En su recorrido por los principales países de Europa dio preferencia en su visita a los de enseñanza preclínica, más interesante desde el punto de vista de la organización de una facultad nueva. Fue un gran científico y humanista, dotado de una personalidad humilde, que supo darle un sello distintivo a toda su obra. Aunque extranjero, no tardó en enamorarse de la provincia de Tucumán, la cual conoció profundamente desde diversos aspectos, y también a sus habitantes. Gran estudioso, todos los temas eran de su interés y así lo atestigua su voluminoso archivo, correspondencia, publicaciones y su biblioteca, que pasaron a formar parte del Centro de Estudios Juan Dalma dependiente del Centro Cultural Alberto Rougés de la Fundación Miguel Lillo. 43


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del Consejo de Salud del Noroeste Argentino (COSANOA), un cargo para el que fue votado por todos los ministros de Salud del Noroeste del país. Fue también director de dos hospitales tucumanos: Nuestra Señora del Carmen y Colonia Obarrio. Hombre de iniciativa permanente, la intensa actividad del doctor Corrales se comprueba también en el empuje que el profesional muestra a la hora de generar agrupamientos de colegas de su disciplina. De este modo, fue fundador y presidente de la Sociedad de Psiquiatría de Tucumán; del Colegio de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo; de la Asociación de Terapia Familiar Sistémica de Tucumán; de la Asociación de Terapia Familiar y Salud Familiar; y del Círculo de Sexología y Terapia de Pareja. Un párrafo aparte merece la Fundación Ayuda al Niño Necesitado (FANN), que creó en 1987. Esta institución, que trabaja con niños tucumanos en situación de riesgo, muchos de ellos con discapacidades, consta de tres áreas: guardería infantil, Instituto para el Desarrollo Infantil y escuela primaria, en las cuales se desempeñan equipos multidisciplinarios que apuntan a la prevención primaria. Por la tarea de la FANN, que ya lleva 25 años,

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el doctor Corrales recibió el “Bronceto Sardo”, el máximo premio que entrega la comunidad sarda, muy numerosa en la provincia de Tucumán. En este recuento de algunos de los aspectos destacados de la vida profesional del doctor Corrales, resta señalar a dos médicos que, para el terapeuta, son esenciales en el marco de la historia de la psiquiatría en Tucumán: “Desde un punto de vista académico la figura del profesor doctor Juan Dalma, afamado neuropsiquiatra que fue invitado a Tucumán para hacer sus aportes a la formación de la Facultad de Medicina.

“Hombre de iniciativa permanente, la intensa actividad del doctor Corrales se comprueba también en el empuje que el profesional muestra a la hora de generar agrupamientos de colegas de su disciplina”. En la parte asistencial, resalta la figura del doctor Manuel Corbalán, “un pionero tanto en la atención psiquiátrica oficial como en la particular; creó el Instituto Frenopático para el tratamiento de los enfermos mentales”.

Con sus hijos, también psiquiatras: de pie, Alvaro (izq.) y Alejo; a su derecha, Adrián.

Médico, docente, creador de nuevas prácticas profesionales, divulgador de las cuestiones psiquiátricas y hombre preocupado por hacer de la disciplina un instrumento para mejorar la calidad de vida de los más necesitados. Todas esas definiciones se unen en el nombre del doctor Arturo Corrales, un profesional imprescindible dentro de la Psiquiatría nacional. ■


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“Hay que generar conocimiento original” El Dr. Marcelo Cetkovich se refiere al pasado, el presente y el futuro de la Psiquiatría, y destaca los aportes que las neurociencias cognitivas están haciendo hoy en día.

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l doctor Marcelo Cetkovich Bakmas, jefe del Departamento de Psiquiatría de INECO y del Departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, considera que la psiquiatría argentina actual “pasa un buen momento”. Y agrega que “la formación de los profesionales es bastante buena. Los especialistas se manejan con marcos conceptuales diagnósticos apropiados, y, en general, buscan formación adecuada para el manejo clínico y farmacológico”. Pero, por otro lado, opina que “aún estamos en deuda en lo que se refiere a producción científica original. Solo algunos grupos y esfuerzos individuales han ganado espacio en revistas de renombre internacional. Salvo excepciones, los congresos se mantienen en la modalidad ‘scholar’, son pocos los que presentan datos provenientes de investigaciones propias”.

Consultado sobre cuáles fueron a su criterio los hitos en la historia de la psiquiatría en nuestro país, señala que la primera tesis doctoral de la Facultad de Medicina, fue sobre un tema psiquiátrico (la disertación sobre manía, de Diego Alcorta). “Hubo un momento fundacional que luego se diluyó, cuando Domingo Cabred contrató a Christofredo Jakob para que abriera un laboratorio de neurobiología en el viejo Hospicio de las Mercedes”.

“Hubo un momento fundacional que luego se diluyó, cuando Domingo Cabred contrató a Christofredo Jakob para que abriera un laboratorio de neurobiología en el viejo Hospicio de las Mercedes”.

No obstante, el entrevistado señala que la preeminencia del pensamiento animista y precientífico, se pone en evidencia “cuando se sanciona una ley de Salud Mental que aduce que se pueden defender los derechos humanos de las personas con padecimientos psíquicos desde una postura francamente antipsiquiátrica y desprovista de todo contenido científico”. Y explica: “Es abrumador ver cómo, quienes participaron en su redacción, ponen en evidencia su ignorancia sobre los temas que el mundo desarrollado considera verdaderamente relevantes a la hora de ocuparse de las enfermedades mentales. Esto fue un atraso y

En la actualidad, “los dos laboratorios que fundó Jakob están prácticamente abandonados. La influencia del pensamiento no médico generó décadas de alejamiento del pensamiento científico crítico en psiquiatría, que estaba circunscripto a pequeños círculos. Sin embargo, la psicofarmacología y la psiquiatría biológica tuvieron un fuerte desarrollo a partir de la década de 1970. Hoy en día están bien posicionadas”, comenta.

las consecuencias las van a pagar los pacientes, lamentablemente”. A la hora de mencionar a los que considera referentes principales en la especialidad, el doctor Cetkovich reconoce que es difícil dar nombres: “Además de Jakob y su progenie (Orlando, Outes, Goldar, Benítez) recuerdo, por su influencia en mi formación, a Marta Nachón y a Carlos Márquez. En nuestro país ha tenido mucho desarrollo el psicoanálisis en sus diversas escuelas, pero no podría responder a la pregunta sobre si esto ha sido efectivamente favorable”. En cuanto a sus maestros, no duda en afirmar que la doctora Marta Nachón ha sido una de las mejores, “con un conocimiento clínico refinado”. La primera persona a quien le escuchó hablar de epigénesis en psiquiatría, un tema candente en la actualidad. Su maestro, el profesor Diego Luis Outes, realmente era permeable al interés de los jóvenes: “Enseñaba como nadie el amor por conocer los

“Además de Jakob y su progenie (Orlando, Outes, Goldar, Benítez) recuerdo, por su influencia en mi formación, a Marta Nachón y a Carlos Márquez”. 45


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secretos del sistema nervioso y el respeto por los maestros. Su homenaje a su maestro, Braulio Moyano, es una pieza de literatura. Más cerca en el tiempo, me cuesta encontrar referentes”, reconoce. Dentro de la Psiquiatría, el doctor Cetkovich se orientó hacia el diagnóstico y tratamiento de las psicosis endógenas y los trastornos de ansiedad, y participó en diversos estudios tendientes a vislumbrar las bases biológicas de los padecimientos mentales. Pertenece a la Escuela Argentina de Psiquiatría Biológica. “Sus objetivos fueron, en un contexto en el cual nadie lo hacía, buscar las bases neurales de los padecimientos psíquicos. Por lo tanto, fuimos la primera geDr. Marcelo Cetkovich neración que aprendió psiquiatría estudiando neurociencias. Luego se sumarían a esto cia”, refiere al respecto. los psicofarmacólogos. Hoy en día, las neurociencias cognitivas están Consultado sobre los cambios en mateproduciendo aportes de importan- ria de fármacos, señala que “los avances de la farmacología han sido extraordinarios. En la actualidad contamos con fármacos muy eficaces. Pero también hemos aprendido sus límites y mucho sobre cómo utilizarlos de manera correcta. Sin embargo, estamos lejos de donde pensábamos que íbamos a estar hace 30 años. Seguimos sin tener respuestas contundentes para ciertos aspectos de los trastornos del ánimo y las psicosis”.

“... la psicofarmacología y la psiquiatría biológica tuvieron un fuerte desarrollo a partir de la década de 1970. Hoy en día están bien posicionadas”.

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En la actualidad, a través del Instituto de Neurología Cognitiva, está llevando a cabo, por un lado, estudios tendientes a revelar el funcionamiento cognitivo en

los trastornos mentales, lo que se ve reflejado en investigaciones originales publicadas en revistas científicas de gran prestigio como Bipolar Disorders. “En ese estudio, la licenciada Teresa Torralva demuestra que el funcionamiento cognitivo de las personas con trastorno bipolar es deficitario en un contexto ecológico, un aporte absolutamente original”, remarcó. Por otro lado, con el laboratorio de Psicología Experimental de INECO está llevando a cabo colaboraciones cuyo objetivo es dilucidar las bases neurales del procesamiento emocional y la toma de decisiones en personas con trastornos mentales. También está estudiando la intercepción en los cuadros de ansiedad. Acerca del futuro de la Psiquiatría, el doctor Cetkovich cree que luego de años de adormecimiento, “la especialidad se ha despertado y comenzamos a ver mayor producción científica. Esto es muy relevante, dado que para brindar buena calidad en la atención primaria, también hay que generar conocimiento original, algo que estaba un poco perdido”. ■

“Aún estamos en deuda en lo que se refiere a producción científica original”.


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Psiquiatría biológica

La evolución de la farmacología Comenzó a partir de la década de 1940 y, a partir de entonces, se inició todo un desarrollo de la industria farmacéutica con la elaboración de moléculas de avanzada. Los primeros fármacos.

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as razones que originaron el nacimiento de la especialidad en la década de 1940, “se basaron en un intento de buscar el desarrollo de moléculas que permitieran corregir los desórdenes biológicos que dan pie a las enfermedades”, refería el doctor Roberto Fernández Labriola, expresidente del Capítulo de Psiquiatría Biológica de APSA y cofundador de la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica (1971) de la que fue presidente entre 1978 y 1985, durante una entrevista realizada por Prescribe (Edición especial “Historia de la Medicina”, 2009). Y explicaba: “Estábamos ante cuadros de depresión grave, con posibilidad de que el paciente se suicide, y comenzábamos a considerar estudios que se habían realizado en Estocolmo, donde se indicaba que el cerebro tiene una disfunción muy importante de la serotonina central. Entonces, era mucho más científico, en lugar de tratar la depresión con algo que cure, darle serotonina. Ahí nació todo un desarrollo de la industria farmacéutica, que empezó a elaborar moléculas de avanzada, que ya no buscan combatir el síntoma, sino resolver el problema biológico que produce el síntoma”. En este sentido, destacaba la importancia de los denominados “inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina”, de los cuales el Prozac® fue el primero y generó una verdadera revolución en los Estados Unidos, “donde modificó el curso del tratamiento de la depresión”, comentaba. Y aclaraba, además, que se trata de fármacos que no tienen un efecto inmediato, “pero que al cabo de un tiempo (se calculó que esa latencia es de alrededor de 21

días), se empieza a modificar la cantidad de serotonina que hay en el cerebro, porque tiene colocado el soporte químico, que es la molécula que todos los días promueve que la serotonina siga”. En el caso de depresiones más comunes, en las cuales influyen elementos exteriores (problemas económicos, una ruptura sentimental, por ejemplo), si bien existe una base endógena, principalmente hay factores exógenos, y por eso son susceptibles de recetar el fármaco, que contribuye a que se recomponga en alguna medida la situación química, y, al mismo tiempo, tal como ocurre en las depresiones duras, se debe hacer la psicoterapia correspondiente, para que el paciente aprenda a manejar sus problemas y elaborarlos de una manera distinta. De modo que en estas depresiones, no necesariamente se debe prolongar en el tiempo la medicación.

Los primeros fármacos Inventado por el doctor Henri Laborit, cirujano y escritor, filósofo y sabio, la clorpromazina, medicamento neuroléptico, está categorizado entre los antipsicóticos clásicos o típicos, y su descubrimiento para uso posterior en psiquiatría se encuadra en lo que se conoce como “Cuarta revolución en Psiquiatría” (las tres primeras “revoluciones” fueron la creación del primer hospital psiquiátrico del mundo, en 1409, en Valencia, con una intención humanitaria y asistencial; la segunda, cuando Phillipe Pinel 1745-1826-, creador de la Terapia Moral, pasó a la historia de la especialidad por liberar a los enfermos mentales de las cadenas y de los tratamientos inhumanos a que eran sometidos, y se iniciaba así la activi-

dad psicoterapéutica; y la tercera ocurre a mediados del siglo XIX bajo las concepciones de Emil Kraepelin -18561926- y de Sigmud Freud -1856-1939-). La acción tranquilizante y sin producir sedación, fue descubierta por casualidad y dio origen a la idea de utilizarla con pacientes psiquiátricos. La curiosidad reside en que fue creada como un antihistamínico; pero, al observar un cirujano francés que administrada antes de una operación (con el fin de disminuir una hinchazón), tenía efecto calmante, se pensó en su uso con pacientes psicóticos. Resultó un éxito, ya que calmaba a los esquizofrénicos agitados y activaba a los embotados. De este modo, la clorpromazina permitió que muchos de estos pacientes abandonaran los manicomios e hicieran una vida relativamente “normal”. Su origen data de la década de 1950, en París, y luego se abrieron caminos que tuvieron como consecuencia el nacimiento formal de la Psiquiatría biológica. El doctor Roberto Fernández Labriola, comentaba en la entrevista mencionada que, “si arrancamos con el Ampliactil (N. de la R.: su principio activo es la clorpromazina), estamos entre los medicamentos denominados ‘antipsicóticos’, porque trabajan sobre la mayor de las enfermedades mentales que es la psicosis”. Luego, casi por la misma época, y también absolutamente por casualidad, se descubrió el primer fármaco antidepresivo, que se llamaba imipramina, que es el Tofranil. Hasta entonces en el caso de la psicosis, se los contenía y nada más. Y en el caso de los deprimidos, se les daba estimulantes, como las anfetaminas. El Tofranil tuvo latencia: se vio que el paciente se ponía mejor cuando pasaban 20 días. Entonces todos 47


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pensaron que si un fármaco necesita darse un tiempo para producir tal efecto, era porque durante ese tiempo va corrigiendo algo”. Así surgió la psiquiatría biológica, “para tratar de entender qué es lo que el fármaco produce dentro del cerebro para modificar la enfermedad”. Luego se produjo el advenimiento de las benzodiacepinas (el primero fue el Valium®), a partir de la cual, hasta la actualidad, han ido surgiendo ininterrumpidamente fármacos antipsicóticos, antidepresivos o ansiolíticos. Más tarde comenzaron a llegar los de mayor

elaboración, a partir de tener en cuenta, entre otros aspectos, que no todas las depresiones son iguales, dado que pueden ser monopolares y bipolares. Entonces comenzó el advenimiento de una gama de medicamentos específicos dirigidos a tratar la bipolaridad. El primero, que trabajaba tanto en la depresión como en la manía (tipicidad bipolar) fue el litio. Sin embargo, tenía múltiples contraindicaciones, como, por ejemplo, el daño renal, ya que al tratarse de un metal totalmente ajeno al organismo, puede resultar peligroso si es incorrectamente administrado.

El litio continúa vigente, pero, a diferencia de lo que ocurría en sus primeras épocas, se toman muchos recaudos, como, por ejemplo, la cantidad de sodio que tiene el organismo, y, en relación con ello, la cantidad de litio que se puede suministrar en verano o en invierno. Hoy en día es posible dosar su cantidad en sangre, y, de este modo, conocer cuál es la banda en la que el litio tiene un piso, arriba del cual es eficaz, y un techo que si se sobrepasa, es tóxico renal. Sobre las alternativas al litio que co-

Breve reseña de la historia de la Psicofarmacología Por el doctor Sergio Halsband (*) Se han utilizado drogas psicoactivas desde la más remota antigüedad, con fines religiosos o terapéuticos. Existen registros del empleo del opio y otras sustancias en Egipto, la Mesopotamia y China hace varios milenios. El alcohol es otra droga ancestral: Hipócrates, en uno de sus aforismos prescribía el vino disuelto en agua en partes iguales para tratar la ansiedad y el miedo. Esa misma fórmula, alcohol etílico al 5%, todavía se utilizaba hasta hace pocas décadas en algunos establecimientos para las mismas indicaciones, bajo el nombre de “Poción de Todd”. El siglo XIX produjo algunos avances: la morfina, principal alcaloide del opio, fue sintetizada por Serturner en 1806. Balard descubrió la bromina en 1826. Liebig, el hidrato de cloral en 1832. Neimann identificó la cocaína como principio activo de la coca en 1860, y Von Baeyer sintetizó en 1864 el ácido barbitúrico, cuyos derivados se utilizaron ampliamente en la primera década del siglo XX. A fines del siglo XIX, Emil Kraepelin estudió en forma científica y experimental los efectos de diversas sustancias psicoactivas sobre las estructuras mentales. Pero la psicofarmacología cobra un impulso extraordinario a mediados del siglo XX, que es cuando aparecen los grandes grupos psicofarmacológicos: los antipsicóticos, los antidepresivos, los ansiolíticos y los estabilizadores del ánimo. En ese siglo, la Argentina hizo su aporte a esta historia. Posiblemente, su exponente más preclaro fue Edmundo Fischer (1905-1975), emigrado de Hungría, que investigó el papel de los metabolitos de aminas biógenas en el desarrollo de la enfermedad mental y su correlación con la acción de los psicofármacos.

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En 1949, los trabajos del australiano John Cade atestiguaron la eficacia del litio como antimaníaco, pero las muertes producidas en su estudio demoraron la utilización de este agente hasta principios de la década de 1970. Hasta hoy en día sigue siendo una droga de primera elección para el trastorno bipolar, al menos en algunas de sus formas. Se suele situar el año 1952 como fecha de la denominada “revolución psicofarmacológica”, por los trabajos de Jean Delay y Pierre Deniker sobre la eficacia antipsicótica de la clorpromazina, sus resultados efectivamente desafían los paradigmas sostenidos hasta el momento sobre la incurabilidad de las psicosis, a pesar del relativo éxito que se obtenía con la convulsoterapia. Poco después, Paul Janssen descubrió el haloperidol, butirofenona de alta potencia. También en la providencial década de 1950 aparecieron los primeros antidepresivos, que en esta época se clasificaban en dos grandes grupos: los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), con derivados hidrazínicos como la iproniazida; y los tricíclicos, cuya droga madre es la imipramina. Esta década, también asiste a la aparición del primer ansiolítico moderno, el meprobamato, que sustituyó a los barbitúricos, pero luego fue desplazado por las benzodiazepinas, desarrolladas por Leo Sternbach. La primera benzodiazepina, el clordiazepóxido, comenzó a ser comercializada en 1960. Los primeros antipsicóticos y antidepresivos (podemos


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menzaron a surgir, relataba el doctor Fernández Labriola, “uno de los primeros que la industria farmacéutica encontró, que era eficaz para mantener el estado de ánimo entre un piso y un techo aceptable, fue el Valcote®, que precedió a muchos otros, como el Topamac®, uno de los que hoy en día están dentro de la familia”. Con respecto a la depresión, hay que destacar que, a medida que aumentaban las investigaciones se iban descubriendo nuevos aspectos de la enfermedad y nuevas maneras de tratarla.

En este sentido, existen cientos de moléculas, cuyos aspectos son distintos entre sí y suelen ser eficaces en pacientes no respondedores a las moléculas anteriores. Un grupo importante en drogas antidepresivas lo constituye el de los tricíclicos (entre los primeros figuraban el Tofranil y el Arafranil), pero más tarde surgió un grupo denominado IMAO (inhibidores de la monoaminooxidasa), cuya función consistía en inhibir la monoaminooxidasa, que, cuando aumentaba en gran medida, hacía que el paciente se deprimiera.

agregar el litio), además de lograr una eficacia inédita hasta ese momento, son los primeros psicofármacos que no actúan en forma rápida sino que necesitan un tiempo de latencia de días o semanas de administración ininterrumpida para producir efectos. Además, no se conocía su mecanismo de acción y su descubrimiento fue por serendipia, es decir por azar, como cuando se observó la mejoría anímica de pacientes tuberculosos tratados con isoniazida o iproniazida como tuberculostáticos. Las primeras familias de fármacos (fenotiazinas, butirofenonas, tricíclicos, benzodiazepinas) estaban agrupadas con estructuras químicas comunes y ligeras variaciones entre un producto y otro. Los mecanismos de acción de los antipsicóticos comienzan a ser conocidos a partir de las investigaciones de Carlsson, que en 1963 postuló la teoría dopaminérgica. La psicofarmacología clínica precedió a la psicofarmacología básica. Este descubrimiento, junto con la teoría monoaminérgica de la depresión, tuvo un importante valor heurístico, ya que dio pie a la aparición de nuevas generaciones de psicofármacos. Los primeros antidepresivos de última generación fueron los inhibidores de recaptura de serotonina (ISRS) fluoxetina, sertralina, paroxetina, fluvoxamina y citalopram, no más eficaces que los anteriores, pero sí de más amplio espectro, más seguros y mejor tolerados, sin los riesgos de los IMAO y tricíclicos, incluyendo los molestos efectos anticolinérgicos, pero con otro perfil de efectos colaterales e interacciones farmacocinéticas. Posteriormente aparecieron moléculas de acción dual, como venlafaxina, bupropión, duloxetina, mirtazapina y desvenlafaxina, y de mecanismos diferentes, como agomelatina. Estas ya no son familias químicas como las clásicas porque son drogas de diseño.

El conocimiento del cerebro En relación con las últimas décadas, el doctor Fernández Labriola destacaba también el abordaje cada vez más exhaustivo del cerebro. “Desde los 60 en adelante, el conocimiento del cerebro ha sido espectacular”. Esto está relacionado con el desarrollo de las neurociencias, con el conocimiento de lo que pasa con el cerebro, con la tomografía por emisión de positrones (PET), la tomografía por fotón único (SPET) y la tomografía computada (CT), entre otros

También fue muy importante la aparición de los llamados antipsicóticos atípicos, que prácticamente no presentan extrapiramidalismos y mejoran la dimensión cognitiva de la esquizofrenia. No están exentos, sin embargo, de otros problemas, como el aumento de peso. La primera droga que reunía esas características fue la clozapina, que apareció en los 60, la cual fue luego retirada del mercado por los efectos hemáticos que a veces produce, y, posteriormente, fue rehabilitada. Luego aparecieron la risperidona, la olanzapina, la quetiapina, el sertindol, la asenapina, y, con un mecanismo de acción novedoso, agonismo parcial dopaminérgico, el aripiprazol. En el campo de los estabilizadores de ánimo, al litio se sumaron los anticonvulsivantes, como la carbamazepina, el ácido valproico y la lamotrigina. En cuanto a los ansiolíticos, las benzodiazepinas se siguen utilizando ampliamente, y en las últimas décadas aparecieron unas pocas alternativas, como la buspirona y, más recientemente, el pregabalin. También se han difundido los hipnóticos no benzodiazepínicos como la zoplicona, el zolpidem y el zaleplon. Actualmente está en marcha un vigoroso desarrollo en la investigación de nuevos productos, aprovechando el mayor conocimiento del mecanismo íntimo de acción de los psicofármacos. Con respecto a nuestro país, si bien actualmente no es cuna de patentes de nuevos psicofármacos, desarrolla productos de excelente calidad que incluso se exportan, y participa en numerosos ensayos clínicos a escala mundial que aportan evidencias para la práctica prescriptiva. (*) Magíster en Psiconeurofarmacología. Univ. Favaloro. Profesor Titular Regular de Psicofarmacología del Instituto Superior de Formación de Postgrado de APSA. Presidente Honorario del Capítulo de Psicofarmacología de APSA. Director de PROAPSI (Programa de Actualización en Psiquiatría). sergiohalsband@gmail.com

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avances. Igualmente, señalaba, “es tan complejo el funcionamiento del sistema nervioso central, con el cerebro como disco duro, que diría que aún falta muchísimo por conocer”.

Salud Mental En las últimas décadas, se incorporó cada vez con mayor énfasis el concepto de Salud Mental. Para algunos psiquiatras, resulta más amplio y abarcador ya que incorpora distintos aspectos como, entre otros, el sociológico, laboral, emocional y lo puramente psiquiátrico (psicofarmacológico, anatomía cerebral, funcionamiento cerebral, consumo cerebral de oxígeno y glucosa). Otros, en cambio, no están de acuerdo. En este caso, vale remitirse a la entrevista al doctor Luis Semper, en esta misma edición, quien señala: “Sería semejante a que la Clínica Médica, ejercida por los médicos, fuera sustituida por la especialidad de ‘salud física’” y explica sus razones. En lo que sí coinciden la mayoría de los especialistas, es en que mientras en una época, todos los casos parecían poder ser resueltos a través de la Psi-

cología, el vertiginoso avance de las neurociencias pareció dirigir todo hacia lo biológico. Por supuesto, la respuesta parece encontrarse en tratamientos farmacológicos y psicoterapia, en conjunto, y en la medida que cada caso particular lo requiera.

Origen y futuro La historia institucional de la Psiquiatría Biológica en el mundo comenzó en 1944, cuando George Thompson, eminente científico norteamericano, consideró que era necesario reunir a los psiquiatras asistenciales e investigadores muy interesados en las funciones fisiológicas del cerebro y en las bases neurológicas de la conducta humana. Junto con otros nueve científicos se reunieron en el Hotel Farmont de San Francisco, en junio de 1945, y fundaron la Sociedad de Psiquiatría Biológica. La generosidad de estos hombres llevó a que un grupo de discípulos y seguidores de distintos países del mundo, se involucraran en sus proyectos, osados para la época, sobre todo a partir de la década de 1960, cuando ya la era de la

psicofarmacología ratificaba todas y cada una de sus ideas de avanzada de años anteriores. El mundo de la ciencia comenzó, con cierta reticencia, a tenerlos en cuenta, pero murieron sin tener el reconocimiento que merecían. Edmundo Fischer, señaló en 1965, que “la psicofarmacología nos enseña sobre las averías de la neuroquímica susceptibles de ser modificadas por agentes químicos y la química cerebral nos enseña a elegir mejor los agentes terapéuticos a utilizar… es un maravilloso diálogo entre psicofarmacología y neuroquímica”. Quienes lo acompañaban no tardaron en entusiasmarse con la idea, y, en 1971, decidieron fundar la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica, durante una reunión en el Hotel Savoy, en septiembre de ese mismo año. Luego, en 1974, en Buenos Aires tuvo lugar el I Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica. Y más tarde, en 1981, se realizó el I Congreso Argentino de la especialidad. ■ Fuente: Prólogo de Psiquiatría Biológica. 25.º Aniversario, aportes argentinos. Capítulo de Psiquiatría Biológica de APSA.

Edmundo Fischer El fundador de la Psiquiatría biológica argentina Húngaro de nacimiento, el doctor Edmundo Fischer (1905-1975) llegó a nuestro país en 1948 y se consagró a dilucidar el correlato bioquímico de los trastornos mentales en el laboratorio de Psicofarmacología y Neuropsiquiatría Experimental del Hospital Borda. Investigó el papel de la feniletilamina (FEA) en algunos casos de depresión, y de la bufotenina, metabolito de la serotonina, como generadora de alucinaciones. Para él, en la fármacoterapia de las enfermedades psíquicas se basaba el hecho de que los procesos psíquicos pueden ser modificados por los fármacos que influyen en los centros nerviosos superiores. Fue el psiquiatra biológico, el investigador, el farmacólogo, el científico que más influencia ejerció en la formación de los profesionales e investigadores en psiquiatría molecular de nuestro país durante la década de 1960; fue el formador de quienes se convirtieron en maestros de toda la generación de psiquiatras biólogicos y neuropsicofarmacológicos que vinieron más tarde. Escribió y publicó el primer libro sobre el tema en América Latina, “Introducción a la Psiquiatría Biológica”, con sus discípulos Roberto Fernández Labriola, Bernardo Héller y Enrique Rodríguez Casanova. En la entrevista realizada por Prescribe en 2009, así lo evocaba el doctor Fernández Labriola: “Todo el desarrollo de lo que fue la psicofarmacología en la Argentina fue su escuela. Siempre decía que hasta los años 50, el psiquiatra era simplemente una especie de guardián docto de un paciente, frente al cual no se podía hacer nada para ayudarlo a revertir la situación”. Y en su recuerdo, también establecía una comparación de épocas: “El cerebro estaba intocado hasta entonces, a diferencia de lo que pasaba con las demás especialidades de la medicina. Decía Fischer: ‘No se puede comparar la función del riñón produciendo orina con la función del cerebro produciendo vida psíquica’”.

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“Hace 50 años el péndulo se fue demasiado para el otro lado” Así lo manifestó la Dra. Andrea Márquez López Mato, especialista en Psiquiatría biológica, respecto a los cambios que se produjeron en la concepción de la enfermedad mental. Su visión desde la psiconeuroinmunoendocrinología.

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n la psiquiatría, el advenimiento del psicoanálisis dio cosas positivas y algunas negativas también, porque, de pronto, hizo que todos los problemas fueran psicológicos; que la depresión, por ejemplo, respondiera a conflictos intrapsíquicos, que los tratamientos fueran de psicoterapia, que no tenía sentido medicar”, comienza la doctora Andrea Márquez López Mato. Aunque, advierte, “hace 50 años, el péndulo se fue demasiado para el otro lado, y entonces, la depresión pasó a ser solo biológica, era solo una alteración cuanti- y cualitativa de neurotransmisores que se trataba únicamente con psicofármacos; los factores psicológicos no se tenían en cuenta y eran solo vivenciales. La psicoterapia era ‘un adorno’ para acompañar al paciente. Es decir que de ser todo psicológico pasó a ser todo biológico, dentro del cerebro. Y después aprendimos que, en realidad, todo se complementa”. La entrevistada es directora del Instituto de Psiquiatría Biológica Integral y, en el ámbito de la psiquiatría, se dedica específicamente a la psiconeuroinmunoendocrinología, rama que estudia la interrelación entre todos los sistemas de control del organismo humano, y que, además, permiten vivir en concordancia con los otros y con el medio ambiente. En esta disciplina que combina psiquiatría, neurología, endocrinología, e inmunología, la mente y el cerebro se complementan, forman parte del organismo, e incorporan, además, la cultura.

Resulta importante entonces dar cuenta de la importancia de la cultura, ya que esta influye en el diagnóstico de las enfermedades. “Entendamos que la cultura forma parte de la enfermedad mental. No la produce, a veces hay toda una línea de antipsiquiatría que dice que el paciente era el sano y la cultura es la que lo enferma; a esto se llamaba ‘chivo expiatorio’; y de pronto es el paciente el que asume la enfermedad de toda una cultura enferma. Eso era la antipsiquiatría, lo que produjo que muchas personas no tuvieran su posibilidad de cura; entonces, entendamos que la cultura modifica, acentúa, disminuye, disimula algunas enfermedades, pero la enfermedad es el hombre en su relación con la cultura”, plantea. Para la especialista, “el cerebro es el que produce mente”, pero este no es equiparable a otro órgano, sino que se trata de algo más complejo, ya que la produce en interacción con la cultura. Y “esta no debe entenderse como algo que está fuera del sujeto, sino que forma también parte del cerebro”. Y se remite a un aforismo que dice “si cambiamos el cerebro, cambiamos la mente”: “Quiere decir que si cambiamos la neuroquímica, la neurofisiología del cerebro, cambiaremos el modo en el que procesamos nuestra relación con el mundo. Pero, a la inversa, también es cierto que si cambiamos la mente, vamos a cambiar el cerebro. Es decir que si cambiamos lo que se denominaría ‘psicología’ o ‘cogniti-

vismo’, cambiamos el cerebro, porque hoy en día se sabe que el cerebro es neuroplástico y que aprende; se sabe que las neuronas van desarrollando distintas conexiones. Esto hace que si cambiamos el entorno, cambiemos también el cerebro”, detalla. Si bien la psiconeuroinmunoendocrinología no es un concepto nuevo, ya que viene desarrollándose en el país desde hace alrededor de 30 años, “pasa a convertirse en un nuevo paradigma en cuanto regresa a la medicina holística, a la medicina de la interrelación, a la medicina que estudia al hombre en su totalidad, tal como ocurría hace 40 años atrás con los médicos de familia o generalistas”, señala. La novedad, entonces, se encuentra en que esta rama de la medicina radica en “incorporar el estudio sobre cómo se modifica el organismo en relación con su entorno”. En dicha área, la doctora López Mato menciona como uno de sus grandes maestros, al doctor Ricardo Rozados, quien fue el iniciador del Servicio de Psiconeuroendocrinología en el Hospital Borda, en 1984. De su mano, dedicó muchas horas al estudio de pacientes psicóticos y su relación psiconeuroinmunoendocrina. En aquella época, “se hacía algo complejo, como eran las curvas de TCH y TRH en pacientes esquizofrénicos. Lo hacíamos en el hospital público, donde en la actualidad resulta difícil solicitar un hemograma quizás; sin embargo, en ese momento no solo realizábamos un 51


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mejor tratamiento, sino que además hacíamos investigación”. Y aclara que el tratamiento “no era mejor que hoy en día, sino que se contaba con más recursos para hacerlo”.

Dra. Andrea Márquez López Mato.

Junto al doctor Rozados se inició entonces en esta especialidad y 15 años más tarde se abrió el Máster de Psiconeuroinmunoendocrinología en la Universidad Favaloro, de la mano de otros grandes, que fueron pioneros en el país. Algunos de los profesionales iniciadores de la Maestría fueron los doctores Jaime Moguilevsky, Daniel Cardinali, Jorge García Badaracco, y Jaime Smolovich, entre otros. Además, reconoce al doctor Alberto Monchablón como un gran referente de la psiquiatría, especialmente “por sus amplios conocimientos en clínica psiquiátrica”. Pero mi primer maestro fue el Profesor Carlos Márquez; digo ‘Profesor’, con mayúsculas, porque es mi papá”. Hay que destacar que el doctor Márquez, quien murió hace varios años, luego de estar retirado de la profesión por razones de salud, fue uno de los iniciadores de la psiquiatría biológica en nuestro país y a quien muchos psiquiatras reconocen como un verdadero maestro y referente. La psiquiatría biológica llegó a la Argentina de la mano del húngaro Edmundo Fisher, cuya historia es paralela a la del médico alemán Cristofredo Jakob, quien se hizo cargo del Laboratorio de Clínica Psiquiátrica y Neurológica del Hospicio de las Mercedes (el actual Hospital Borda) durante la presidencia de Roca. Según el relato de la entrevistada, Fisher realizaba experiencias con sus colegas, entre quienes estaba el profesor Márquez, “para buscar las alteraciones neuroquímicas; y Jakob, por su parte, buscaba las alteraciones neuroanatómicas. Todavía no existía la biología molecular que hoy día habría maravillado a Fisher. Y también estaría maravillado Jakob con la microscopia 52

electrónica, las nuevas técnicas de disección y las neuroimágenes funcionales”, comenta. Y añade que, en la época de Jakob, “todo era microscopio óptico y disecar fibras”. En cambio, en nuestros días, es posible “colocar un resonador y observar sus funciones sin siquiera dormir al paciente; una verdadera maravilla lo que se puede hacer ahora. Seguramente, Fisher y Jakob estarían juntos buscando neuroimágenes y neuroquímica en el paciente vivo”, imagina.

Avances Si bien la concepción de locura y los intentos por eliminar el estigma en quien padece algún trastorno mental, avanzó en cierto modo de manera positiva, la doctora Márquez López Mato considera que se modificará realmente cuando se haga mayor difusión de los conocimientos actuales de las enfermedades. “En la actualidad, un paciente esquizofrénico puede casarse, tener hijos, estudiar, hacer una vida normal, medicado y con terapia de por vida; y esto también sirve para eliminar el estigma que pesa sobre estos pacientes”. Y agrega que también resulta de utilidad para dicho fin, “lo que

ahora conocemos sobre neurobiología, no solo del cerebro, sino de todo el organismo en relación con las enfermedades mentales. Entonces, si a un paciente depresivo o esquizofrénico, se le explica el metabolismo alterado que tiene, y se le explica que la esquizofrenia es una enfermedad neurometabólica, como lo es la diabetes, por ejemplo, esto lo ‘desculpabiliza’, al paciente y a su familia. Es decir –aclara–, hoy se discrimina menos porque se sabe que alguien no se volvió loco a causa de alguna fuerza extraordinaria y entonces podría pasar a ser peligroso, sino que se volvió loco porque tiene una alteración neurometabólica que es necesario corregir. Y esto contribuye en buena medida a desestigmatizar”, remarca. Otro hito en esta historia, que también hicieron su aporte para cambiar la idea que se tenía sobre la locura, fueron los nuevos medicamentos. Al respecto, la psiquiatra comenta que, “en los últimos diez o 15 años, contamos con líneas de antidepresivos y antipsicóticos que cambiaron el rumbo de la enfermedad, no solo porque eliminan los síntomas, sino que además nos ayudan a resocializar al paciente. Por supuesto –aclara–, que esto se logra no solo con los fármacos, sino también con otros lineamientos de terapia. Sin embargo, antes, esas mismas terapias sin los fármacos actuales no eran útiles”, reconoce. Otro de los avances relevantes fue el advenimiento del PET cerebral para diagnóstico de las enfermedades: “Esto ocurrió hace algunos años en Mendoza. Poder estudiar el metabolismo cerebral al mismo nivel que un oncólogo estudia todo el organismo para saber si hay metástasis, es algo que no teníamos hace diez años; lo mismo que estudios neuroquímicos y estudios genéticos con los que tampoco contábamos en esa época. Esto nos ayudó a tener otra visión”, concluye la profesional. ■


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“Estamos en una etapa paradigmática” El Dr. Mariano Outes, jefe del Servicio de Terapia a corto plazo del Hospital de Salud Mental “Braulio Moyano”, recordó sus primeros pasos en el mundo de la medicina, a sus protagonistas y acontecimientos importantes. Se refirió además a los cambios que propone a la especialidad la nueva Ley de Salud Mental.

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a psiquiatría es una parte muy importante de su vida. Tal vez sus visitas al Hospital Borda, cuando apenas tenía 9 años, marcaron posteriormente su profesión e hicieron de ella un modo de vida. Aquellos recorridos por el Borda formaban parte de las visitas que le hacía a su padre, el doctor Diego Luis Outes, quien entonces se desempeñaba como jefe de Anatomía Patológica, e investigaba además la fisiopatología de las enfermedades mentales. Sentimientos de alegría y admiración por el trabajo de su padre se mezclan en el recuerdo de esta primera etapa. La que le siguió, lo llevó a reencontrarse con las enfermedades mentales, aunque esta vez ya no como testigo sino como protagonista.

Terapia a Corto Plazo, “donde pude armar un equipo de trabajo maravilloso”, resalta. Egresado de la UBA, desde hace cinco años es jefe del Servicio de Terapia a Corto Plazo de este nosocomio. El Servicio recibe a pacientes con patologías agudas, con un tiempo máximo de internación de 90 días. “Es decir que aquí llegan aquellos cuyas patologías comenzaron hace poco tiempo y el desenvolvimiento del brote es de corto plazo. Se trata la psicosis aguda y también la psicosis crónica, que se ha reagudizado con el paso del tiempo”, relata. Y explica que cubren “un amplio espectro antes de que la patología se establezca como proceso crónico. Aquí vemos lo nuevo y lo viejo, de manera que podemos interactuar como agentes de prevención y acción específica en casos de primera vez como reingresos ocasionales”.

na, conoció a los que considera grandes referentes, quienes marcarían su camino por la profesión y a quienes recuerda con admiración. Por consejo de su padre, siguió maestros o modelos que, a su criterio, no abundaban en aquella época, y en la actualidad “ya no quedan”. Es así que comenzó a aprender el oficio de alienista al lado de sus dos grandes maestros: el doctor Juan Carlos Goldar y su discípulo dilecto, el doctor Darío Raúl Rojas. El doctor Outes es y se siente parte de la historia de la Psiquiatría argentina, entre otras razones porque su padre perteneció a la escuela argentina-germana de neuropsiquiatría, cuyo iniciador fue el doctor Christofredo Jakob. “Esta escuela tuvo muy pocos discípulos y uno de ellos fue el doctor Braulio A. Moyano. De modo que Jakob, Moyano, Outes (padre) y Goldar, son los cuatro pilares más importantes que tiene esta escuela neurobiológica argentina dentro de la historia del país, historia que ha sido muy respetada por todos nuestros colegas”, refiere.

Toda su vida estuvo orientada hacia la medicina. Un largo camino de estudio y compromiso lo convirtió en médico psiquiatra con orientación clínica. Y hoy, a los 49 años, evoca aquellos primeros pasos por la profesión. “Lar- Mientras cursaba la carrera de medicigos años fructíferos de aprendizaje, de estudio, de conocer bibliotecas y libros que me llevaron a aprender con sólidos conocimientos para que después, progresivamente, pudiera acceder a diferentes cargos y al Departamento de Agudos del Hospital Moyano, al cual accedí por la Guardia, como ‘changarín’”, relata. Luego fue coordinador de Día y Planta, y quedó seleccionado por con- El Dr. Diego Luis Outes (centro), y los doctores Jacinto Carlos curso para desempeñarse en Orlando (izq) y Juan Carlos Goldar.

Durante la presidencia de Roca, en 1899, el doctor Domingo Cabred tomó contacto con Jakob para traerlo a nuestro país. En el ámbito de la psiquiatría, este médico alemán es una figura muy importante, ya que forjó los cimientos de la escuela neurobiológica argentina. “Los 53


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médicos se instruían en la vieja Europa; escuelas de Neurología y Psiquiatría eran las elegidas”, relata el entrevistado. Y aclara que la escuela sanitaria argentina tiene una inspiración centroeuropea: “Cabred, que viajaba a congresos en Francia, fue quien trajo específicamente las primeras ideas para lo que luego fueron las colonias de Open Door y Montes de Oca, con tratamientos abiertos”.

Dr. Mariano Outes

Referente importante de la psiquiatría argentina, el doctor Cabred imitó un modelo europeo que procuraba ofrecer una solución a la gran masa migratoria que debían absorber los hospitales de la Capital. “Este modelo sanitario constaba de hospitales monovalentes para varones, para mujeres, e infantojuveniles, con colonias descentralizadas en la provincia de Buenos Aires, adonde eran derivadas otras patologías que podían resocializarse desde otro lugar con talleres operativos, talleres de rehabilitación, sembrado, ganado; esa era la idea original: que el paciente que tuviera una oligofrenia o una patología de larga data, en vez de estar en un casco urbano, pudiera resocializarse con oficios de distinta naturaleza en el conurbano; o en otras provincias como Córdoba, Mendoza y Salta”. Sin embargo, los hospitales de la Capital continuaron recibiendo, durante muchos años, la gran demanda de enfermos del interior del país y también de extranjeros. El hospital Moyano llegó a tener casi 5.000 camas, “y hoy en día, con 800, se ven los vestigios de lo que era el nivel de asistencia”, señala el psiquiatra. Y continúa: “En este Servicio, que tenía 30 camas, había no solo jefes de servicio, sino también cinco jefes de sección, médicos de cabecera cada dos o tres pacientes, cuatro o cinco enfermeras por turno y talleres; era impresionante”, recuerda. 54

Para el doctor Outes, Cabred es uno de los iniciadores del “alienismo sanitario” en este país Y aclara que “alienista” era la denominación que se le daba a las personas que trabajaban con las enfermedades mentales. “Alien hace referencia a algo extraño, y, como en aquella época las enfermedades ni siquiera estaban denominadas, se hablaba de ‘alienismo’. Este paradigma cambió cuando se pudo conocer la etiología de las enfermedades”, explica. Y continúa: “Esta era la escuela que trajo Jakob, quien hacía anatomía comparada de mamíferos en nuestro país, algo que en Europa estaba en sus inicios”. Para el doctor Outes, la psiquiatría actual se encuentra en una etapa paradigmática como consecuencia de la nueva ley 26.657 de salud mental promulgada el 2 de diciembre de 2010. “Los alienistas que en un tiempo eran brillantes y respetados en todo el mundo, hoy por hoy estamos en desuso, y estos hospitales pueden llegar a cerrarse. Tiene esta ley una inspiración claramente desmanicomializadora”, reflexiona el psiquiatra. Frente a una tendencia hacia un menor

tiempo de internación, lo que convertiría a los pacientes en ambulatorios, considera que esto no debe hacerse sin un rearmado progresivo de la trama, con dispositivos como casas de medio camino u hostales, entre otros mecanismos. “El año pasado fue reglamentada y este año está comenzando a aplicarse; a mi criterio con resultados adversos, ya que esto beneficia de alguna manera la medicina privada, que, obviamente, tratará de absorber a todas esas personas que en algún momento se quedarán sin posibilidad de tratamiento”, opina. Y sostiene que las preguntas que habría que hacerse son, entre otras: “¿Hay trabajo para nuestros pacientes?, ¿hay subsidios?, ¿hay formas de reintegrar al enfermo a la sociedad?; ¿o esto es solamente una ley que quedó inscripta en el Boletín oficial y su espíritu es hueco?”. Por otro lado, en relación con las enfermedades mentales, considera que “hoy en día han cambiado gracias a la mejora de los psicofármacos que permitieron mantener a los pacientes compensados. En cuanto a las nuevas demandas, observa cambios fundamentalmente en el trastorno de personalidad y los trastornos por drogas: hoy se trabaja mucho más en la patología dual que en descubrir clínicamente cuadros psiquiátricos tradicionales”, sostiene. Y agrega que, en la actualidad, existe una “explosión” de la demanda a través de la droga “que nos complica muchísimo el panorama, en jóvenes y no tan jóvenes. La patología de la mediana edad, la no inclusión en sistemas de trabajo, las frustraciones afectivas, son algunas de las situaciones que conducen con mayor frecuencia a la depresión y al consumo de algún tipo de droga ‘calmadora’”, concluye el profesional. ■


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“No se puede cambiar Psiquiatría por Salud Mental” El Dr. Luis Alberto Semper, representante de la segunda generación de una familia de psiquiatras, repasa su trayectoria, recuerda a sus maestros y opina sobre aspectos actuales de la especialidad.

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ijo de un psiquiatra y de una licenciada en Filosofía y Psicología, para el doctor Luis Alberto Semper, los temas relacionados con estas disciplinas eran moneda corriente en la mesa familiar. Y, a modo de anécdota, cuenta: “Como si fuera poco, nací en un hospital psiquiátrico, el Vidal Abal, en Oliva, en Córdoba”. En realidad, pertenece a la segunda de tres generaciones de psiquiatras: su padre, el doctor Juan Carlos Semper, se desempeñó como psiquiatra en la Colonia Vidal Abal. En 1954 se radicó en Corrientes, donde fue profesor titular en las cátedras de Psiquiatría y Psicología Médica, y responsable de la cátedra de Neurología; fundó la cátedra de Medicina Legal de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), y fue miembro del Consejo Académico de la Facultad de Medicina de la UNNE y profesor Extraordinario de esta casa de altos estudios. Además se desempeñó como director del Hospital Psiquiátrico “San Francisco de Asís” (Rama femenina). La tercera generación está formada por su hija Natalia y su sobrina Nadia. El doctor Luis Semper estudió medicina en la UNNE, y recuerda que allí tuvo “el privilegio de trabajar con quien considero mi primer maestro, el profesor Walter Nigri, en actividades vinculadas con la neurología y la neurocirugía”. Ya recibido, completó su formación en Psiquiatría y más tarde

en Neurología en la ciudad de Mendoza, donde luego de concluir la residencia, fue designado como jefe de Servicio de EEG del Hospital “El Sauce”. Los profesores Julio Herrera y Jorge Nazar fueron dos figuras destacadas en su formación; y resalta especialmente la del profesor doctor Juan Vilapriño; sin embargo, reconoce, “siempre consideré como mi maestro al doctor Ernesto Padín, con quien además cultivamos una profunda amistad”. Hace 30 años se radicó en la provincia de Corrientes, donde ejerce desde entonces. “Formé parte de un equipo con la doctora Andrea López Mato, con quien comparto una herencia y un destino semejante en la psiquiatría (N. de la R: ambos son hijos de prestigiosos psiquiatras); Oscar Boullosa y Dr. Juan Carlos Semper

Marcelo Cetkovich, a quienes se unieron luego Estela Lecuniek y Jorge Albin”. El equipo –recuerda– estaba dirigido por el doctor Jorge Ciprian Ollivier. A mí me fue confiada la responsabilidad del Centro de Psiquiatría Biológica Filial Corrientes, desde donde participamos en trabajos de investigación, coautoría de varios textos vinculados con la psiquiatría, y también en actividades científicas”. El doctor Semper tiene 60 años, y, durante su trayectoria, ocupó importantes cargos: entre otros, fue presidente de la Sociedad de Psiquiatría de Corrientes, vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Biológica y presidente del Colegio Argentino de Neuropsicofarmacología. Además, participó de la fundación de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, y del Colegio Paraguayo (y luego el Cubano) de Neuropsicofarmacología. En la actualidad, ejerce la primera vocalía de la Asociación Argentina de Psiquiatría (AAP), es miembro de la Asociación Americana de Psiquiatría y está al frente de la Fundación para la Ayuda del Enfermo Neuropsiquiátrico “Dr. Juan Carlos Semper”, de Corrientes. En el área asistencial, se desempeñó como jefe del Servicio de Psicopatología del Hospital Escuela “Gral. San Martín” de Corrientes, y, actualmente, es el director del “Instituto Semper” de Psiquiatría Biológica. Entre otras actividades destacadas, es coautor de 55


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varios textos de la especialidad y autor del ensayo “Qué es la Esquizofrenia”, que va por su segunda edición. “Con mi equipo, hemos presentado más de 50 trabajos en congresos internacionales, y obtuvimos el primer premio al mejor trabajo en España, en el Congreso Virtual “Psiquiatría.com”. El trabajo, “Correlaciones Neuropsicobiológicas de las Psicosis Cicloides”, fue distinguido por sus aportes al estudio de la esquizofrenia, la diferenciación de estas y el estudio combinado de técnicas de neuroimagen y neurocognitivas en dicha patología.

Dr. Luis Alberto Semper.

Luis Semper, considera que la psiquiatría argentina “fue pionera, especialmente en Latinoamérica, y ha trascendido en algunas disciplinas, al mundo, como, por ejemplo, en la psiquiatría biológica y el psicoanálisis. En este punto, recuerda que “el primer Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica se realizó en nuestro país bajo la presidencia del doctor Edmundo Fischer. Otro presidente argentino de la Asociación Mundial de Sociedades de Psiquiatria Biológica fue el doctor Ciprian Ollivier, con quien tuve el honor de trabajar”. Además, destaca que la psiquiatría argentina hizo aportes en investigación, tanto en psicopatología como en psicofarmacología, y “también en docencia, a través de textos que fueron referentes obligados para la formación de médicos psiquiatras en los países latinoamericanos. La Argentina, junto con Francia, son los países que han desarrollado de manera contundente la práctica del psicoanálisis, desde la investigación a lo asistencial”, subraya. Para el doctor Semper, “la globaliza56

praxis se requiere de una formación eminentemente médica, pero también psicológica antropológica, sociológica y filosófica. De este modo, es la única rama de la medicina que intenta abordar al hombre en su totalidad, en el medio social y cultural en que se desenvuelve”.

Psiquiatría vs Salud Mental

ción, entre otras circunstancias, nos ha dejado relativamente relegados en cuanto al desarrollo de la psiquiatría respecto de otros países, como, por ejemplo, Brasil”. Y agrega que considera la especialidad como una de las más abarcadoras, ya que “para su

“El primer Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica se realizó en nuestro país bajo la presidencia del doctor Edmundo Fischer”.

El psiquiatra no está de acuerdo con que en nuestro país “se pretende cambiar esta especialidad por la de Salud Mental”. Y argumenta: “Este concepto no es inocente, ya que implica que otras profesiones no vinculadas directamente con la salud, como la Asistencia Social, por ejemplo, puedan ejercer bajo esa especialidad. Sería semejante a que la Clínica Médica, ejercida por los médicos, fuera sustituida por la especialidad de ‘salud física’, donde podrían ejercer, por ejemplo, profesores o licenciados en Educación Física”. “Esto no es un problema de jerarquización de profesiones –aclara–, sino de incumbencias. Esto mismo ha llevado a que la actual Ley de Salud Mental, emanada del Poder Legislativo, haya sido confeccionada sin la mínima participación de las dos entidades que nuclean a los psiquiatras argentinos, la AAP y APSA. Dicho de una manera más sencilla, la Ley de Salud Mental fue diseñada por cualquiera que no fuera psiquiatra”, resume contundente. Aunque cree que se trata de “un problema que solamente el tiempo decantará por su peso. Como en todas las cosas, aparecen modas, pero siempre perduran aquellas que realmente se sustentan por su consistencia”, concluye. ■


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Salud Mental: avances y desafíos de la especialidad El doctor Oscar Taber, analiza aspectos del desarrollo de la Psiquiatría en el país, y valora positivamente las posibilidades actuales de la disciplina.

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l dato no está comprobado por cifras oficiales, pero es de público conocimiento, aunque no se sepa si es verdadero: la Argentina es uno de los países con más psicoanalizados del mundo. De esa máxima, parten algunas de las reflexiones del doctor Oscar Taber, en este repaso por la historia de la Psiquiatría nacional. El médico psiquiatra, señala que la salud mental es “uno de los pilares fundamentales para mantener y mejorar la calidad de vida”. Y ese pilar, tiene un amplio recorrido dentro de las fronteras de nuestro país, que se encarga de sintetizar en esta entrevista. El doctor Taber tiene una reconocida trayectoria profesional, que se inicia con un hecho destacado: su graduación como médico con solo 21 años de edad. Proveniente de una familia abocada a la medicina, comenzó su vínculo con la Psiquiatría en el Instituto Modelo del Hospital General “Doctor Guillermo Rawson”, tras lo cual, se desempeñó en el Servicio de Psicopatología del Hospital General de Agudos “Parmenio Piñero”. Fue jefe del Departamento de Emergencias Psiquiátricas del Hospital de Emergencias Psiquiátricas “Torcuato de Alvear”, y director del mismo, luego del fallecimiento de la doctora Ana Giller, que lo había llevado al nosocomio, como colaborador. El especialista, también recorrió el camino de la docencia: en la Facultad

de Medicina se desempeñó como profesor adjunto en Psiquiatría y Salud Mental; y en la Facultad de Psicología, en la Universidad de Belgrano, tiene el cargo de profesor titular de la especialidad. Palabra autorizada en lo que concierne a psiquiatría, plantea que “la difusión de los conocimientos en salud mental, los diversos tratamientos psicoterapéuticos y el psicoanálisis, han significado los avances que llevan a la situación actual en la materia”. Y añade que, “las distintas psicoterapias, los psicofármacos y la rehabilitación, dan hoy en día posibilidades hasta ahora no conocidas en la historia de la humanidad, evitando de este modo la marginación y el aislamiento del enfermo mental”. A propósito de esta segregación de los

“Los recursos emocionales, intelectuales y afectivos, se vieron intensamente requeridos para poder cambiar, evolucionar y permanecer equilibrados al mismo tiempo”.

pacientes con enfermedades mentales, el psiquiatra introduce parte de la historia de la especialidad en la Argentina, en la que se reproduce la separación, al menos, desde lo estrictamente geográfico: “El Hospital de Enfermedades Infecciosas ‘Francisco Javier Muñiz’, y los hospitales psiquiátricos Borda y Moyano (ex manicomios de hombres y mujeres), quedan situados a muy pocas cuadras de distancia el uno del otro, en la zona sur de la ciudad, entre los barrios de Barracas y Parque de los Patricios. Luego de la epidemia de fiebre amarilla, que asoló la ciudad a fines del siglo XIX, al correrse la población hacia lo que hoy conocemos como Barrio Norte, la zona sur quedó relegada por muchos años para los segregados”, relata. El Barrio Norte, en cambio, “tuvo como sede el desarrollo de ‘villa Freud’, lugar donde eligieron asentarse los psicoanalistas”. Al revisar la historia y compararla con los hechos actuales, el doctor Taber encuentra positivo el paradigma de atención al paciente psiquiátrico que en el presente se desarrolla: “Hoy, hospitales generales, centros asistenciales, centros de salud, han incorporado equipos multidisciplinarios para la atención y recuperación de los enfermos mentales, y de prevención en salud mental, para la integración con el resto de la población”, destaca. Y continúa: “La Argentina es una tierra fértil, donde todo crece y pros57


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forma parte, se da lo que Taber propone como “una comprensión abarcativa e integradora del ser humano”.

pera, en la que tuvo la oportunidad el desarrollo intelectual, el psicoanálisis, de una manera tan interesante y significativa”. En nuestro país, como en pocas partes del mundo, los psicólogos “crecieron y se multiplicaron. Y, del ámbito privado, se extendieron a los hospitales públicos, a los diarios, las revistas, escuelas, colegios y ámbitos laborales”. En definitiva, “somos uno de los países más psicoanalizados de la tierra, lo cual garantiza nuestro bienestar y salud mental, ¿O no?”, ironiza. Para el doctor Taber, las particularidades de la psiquiatría en nuestro país, se vinculan con los vaivenes argentinos en las diferentes épocas históricas. Así expresa su razonamiento sobre este punto: “La Argentina, en los últimos 70 años, disfrutó y padeció de intensos movimientos de cambios culturales, sociales, políticos y económicos, que conmovieron a sus pobladores. Los recursos emocionales, intelectuales y afectivos, se vieron intensamente requeridos para poder cambiar, evolucionar y permanecer equilibrados al mismo tiempo”. Y concluye: “El recurso del trabajo emocional de las personas devino, sin duda, en un apoyo fundamental en el mantenimiento de la salud mental de la población. El psicoanálisis, fue una de las columnas que sostuvo esa estabilidad. Estabilidad que, a su vez, requirió de una cuota necesaria de elasticidad”. Estos permanentes cambios en la realidad cotidiana, a los que se refiere el médico, implican que los profesionales también deban acompañar esas modificaciones. Es necesario que existan “profesionales con mentalidad evolutiva”, considera.

Sobre el quehacer psiquiátrico Una definición del doctor Taber, sintetiza su sentimiento por la tarea médica a la que se ha dedicado: “Lo que me 58

Receptivo y satisfecho por los avances en la materia, el psiquiatra asevera que, “así como se pasó de la segregación y el aislamiento del enfermo mental, a su integración y participación, se pasó del tratamiento de la enfermedad mental al de los cuidados y la protección de la salud mental”. Todo un cambio de óptica, y de concepción para el campo de la psiquiatría. Dr. Oscar Taber.

brindaba, como experiencia profesional y humana, una mañana en los consultorios de un hospital general, no me lo permitía experimentar en un mes de práctica privada en el consultorio”. La frase, es toda una declaración de principios. Otro punto importante, para el psiquiatra, es que atender pacientes en hospitales le permite estar en contacto con otros médicos, lo que “facilita ampliamente el intercambio de opiniones”. Y destaca que resulta fundamental enmarcar y enlazar la psiquiatría con otros aspectos del devenir humano: “El campo psi –señala–, ha tenido una expansión y un desarrollo fundamental en la recuperación de la enfermedad mental, en su prevención y en el mantenimiento de la salud mental. La integración de los distintos aspectos del ser humano, debería abarcar el cuidado de sus aspectos bio-psico-familio-sociales, es decir, abarcar la comprensión de las facetas biológicas, psicológicas, psíquicas, familiares y sociales, que una política sanitaria deberá tener en cuenta adaptándose a los tiempos y circunstancias que se vivan”, opina. En esa interrelación necesaria, de la que la Psiquiatría

En esta evolución constante de la disciplina, subraya algunos aspectos que considera salientes: “Los grandes hospitales de atención de la salud mental, se vieron ampliamente impactados por el desarrollo de la psicofarmacología, que humanizó y revolucionó los tratamientos. Por otro lado, la concepción psicoanalítica del proceso de enfermar psíquico, se constituyó en uno de los pilares de recuperación de los pacientes”. Para el futuro, se vislumbran nuevos desafíos para los psiquiatras, que, al parecer, tendrán más trabajo. Según pronostica la Organización Mundial de la Salud, las patologías mentales se producirán con mayor frecuencia. En esos casos, “el padecimiento es muy alto”, indica el doctor Taber. “A partir de allí, la búsqueda de la mejora en la calidad de vida del paciente, se transforma en prioridad para la solución del problema. Y la prevención, es el recurso fundamental al que puede apelar el propio individuo”, aconseja. El doctor Oscar Taber, tiene claro qué se espera de la psiquiatría en los próximos años, y lo resume en una frase: “Hoy, que hemos podido agregar años a los promedios de vida del ser humano, debemos preservar la calidad de esos años, y, sin duda que de la salud mental dependerá esa calidad de vida”. ■


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APSA: Una institución comprometida con la salud pública A casi 30 años de su nacimiento, la salud pública y el compromiso con sus socios siguen marcando el rumbo de la institución. Su vicepresidente actual (*), el Dr. Horacio Vommaro, se refiere al pasado, el presente y el futuro de APSA, y opina sobre algunos temas que continúan generando debate en el campo de la psiquiatría.

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ablar de la historia de APSA es hablar también del retorno a la democracia en nuestro país, y, con esto, de la recuperación de derechos para los profesionales de la salud mental que sufrieron los efectos de la política represiva durante la dictadura militar instalada en 1976. “El antecedente de APSA fue la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP), que tuvo una importante historia de defensa de la Salud Pública y de compromiso social. La represión ejercida por los grupos de derecha y la dictadura diezmó las organizaciones profesionales y gremiales, y puso fin a la FAP”, relata el doctor Vommaro. Y recuerda que “la experiencia y trayectoria de la FAP en defensa de la salud del pueblo y del ejercicio profesional, en el compromiso hacia la especialidad y el sufrimiento humano, fue uno de los motivos para tratar de recuperar la institución de los psiquiatras. Así nace la Asociación de Psiquiatras Argentinos. Para ello, fue necesario tener presente que se abría un nuevo tiempo histórico y de que este requería de nuevas ideas y organización, por lo que se propuso conformar una nueva asociación de acuerdo con las circunstancias sociales y políticas”. A partir de estas ideas fundacionales, APSA transitó por diferentes momentos y se requirieron muchos

esfuerzos para convertirla en una institución representativa de los profesionales y un espacio participativo para sus socios. “Pienso que en un momento, APSA pasó por una situación en la cual, de alguna manera, perdió ese espíritu creador, ese espíritu innovador que tuvo como idea fundacional”, considera el doctor Horacio Vommaro. Por dicha situación, en 2005, un grupo de profesionales se autoconvocó con el objetivo de rescatar ese espíritu creador bajo el lema “Una nueva cultura para APSA”; para ello, el problema fue ubicado “no en los hombres, sino en el programa y el tipo de institución que necesitaban”, explica. Para el actual vivepresidente de la Asociación, esta había perdido vida institucional y espacios de participación activa de los socios: “Se había transformado solamente en el congreso de Mar del Plata, había perdido incluso el posicionamiento en el tema

“El compromiso con la salud y la salud mental como parte de la salud pública, es el alma de APSA”.

de la salud pública, de la salud mental, en la injerencia, debate y discusión de los programas, y las leyes que atañen a estas”. El programa que se planteó durante el encuentro histórico del Club del Golf en 2007, el cual “tuvo como eje central de la nueva cultura a los socios y la necesidad de promover espacios para su participación”. Según el doctor Vommaro, “la Comisión Directiva que surgió de la Asamblea de socios realizada el 15 de marzo de 2008, tuvo como primer compromiso con los socios, cumplir con el programa que ellos votaron”, subraya. El segundo eje sobre el cual se trabajó, fue el compromiso con la salud pública y la salud mental como parte de ella. Este fue un tema destacado también en el XXV Congreso Argentino de Psiquiatría realizado en 2009: “El compromiso con la salud y la salud mental como parte de la salud pública, es el alma de APSA, y, a partir de ahí, entonces, se generan las distintas instancias de discusión y debate”, remarca el entrevistado. En este sentido, surgieron varias propuestas para cumplir con el programa en cuestión. Resultado de ello son el casi medio centenar de capítulos de APSA que expresan la docencia, la producción científica y la investigación, de las diferentes subespecialidades del quehacer psiquiátrico. 59


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Además, destaca, se le otorgó un espacio relevante al Instituto de Formación de Posgrado de APSA, en lo que se refiere a la carrera de especialista, a la educación médica continua, a los cursos de actualización y a la investigación. Se firmaron convenios con universidades nacionales y colegios médicos de varias provincias; y se desarrolló la carrera de especialista en distintos ámbitos de nuestro país.

Dr. Horacio Vommaro

Por otro lado, en 2010 fue creado el Observatorio de Psiquiatría y Salud Mental del que participan los jefes de los servicios de Salud Mental de los hospitales generales, profesionales de guardias, expertos en psiquiatría legal, directores de hospitales monovalentes y docentes universitarios de todo el país, con el objeto de reunir información de la realidad clínica y sanitaria para realizar una evaluación y proponer nuevas líneas de acción. “Hicimos un foro en Mar del Plata en el marco del congreso de 2012, del cual participaron 40 profesionales, entre jefes de los servicios de los hospitales generales y directores de hospitales monovalentes”, destaca el psiquiatra. Y agrega que la Comisión Directiva actual trabajó además en la carrera de Educación Médica Continua y firmó un convenio con Editorial Panamericana para realizar un curso de tres años de duración.

Epidemiología “Nos lanzamos a desarrollar una investigación epidemiológica sobre salud mental, algo que no existe en nuestro país”, continúa el doctor Vommaro. Y añade que, con estos datos, “es posible pensar en una distribución de los recursos materiales, financieros y humanos en las diferentes regiones del país”. 60

El actual vicepresidente de APSA señala que la Argentina “es un país muy extenso, donde es necesario tener en cuenta estos aspectos y las particularidades regionales. Por eso damos importancia a las asociaciones de psiquiatras de cada provincia, para que expresen la realidad provincial y regional en materia de salud mental. Son cuestiones muy importantes por tener en cuenta y tendrán un espacio prioritario en nuestro próximo congreso”. Los cambios atravesados por la institución y la generación de nuevos espacios, también se tradujo en un incremento en el número de socios. Vommaro informa que, desde que asumió la actual Comisión Directiva, en marzo de 2008, se registraron 1.200 nue-

“Trabajamos incansablemente en los contenidos formativos que avancen en el perfil del psiquiatra que el país necesita”.

vos socios, una cifra muy importante, según el psiquiatra, pero no solo por la cantidad en sí, sino por su participación activa en la vida de la institución. “Se incrementaron los espacios de debate y de discusión. Las resoluciones de la Comisión Directiva surgen del debate, y, al mismo tiempo, son sometidas a debate. En cada resolución importante participaron aproximadamente 300 socios”, relata. El profesional destaca las múltiples cuestiones sobre las cuales se ha trabajado, a su criterio, para ampliar las redes de intercambio, discusión y participación, y, de este modo contribuir a generar un cambio fundamental en las distintas facetas de la Asociación. En este sentido, también menciona los canales de información, entre los que se cuentan el Boletín semanal, boletines especiales, la página Web, la Red Científica Virtual, investigaciones e información de interés para los profesionales, y la edición de la revista Sinopsis. “Otro aspecto importante es el Capítulo de los Psiquiatras en Formación (PEF), que nuclea a residentes, concurrentes e integrantes de las distintas carreras de especialidad. Este Capítulo desarrolla innumerables espacios de enlace con los psiquiatras en formación de nuestro país”, resalta. Y añade, también como un logro, la posibilidad de acreditar residencias en Psiquiatría, Psiquiatría infantojuvenil, Enfermería psiquiátrica y Salud mental.

Una tarea dinámica El compromiso mantenido desde APSA con la salud es un compromiso dinámico, según define el doctor Vommaro, y, en su opinión, es lo que impide el estancamiento. “Siempre se


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“Siempre hay que pensar que las instituciones están en permanente movimiento, son dinámicas, y siempre puede haber una APSA mejor”. puede mejorar la asistencia, siempre se puede mejorar lo que el paciente merece, su dignidad y las condiciones de trabajo de los profesionales; esto también es muy importante. Por ello trabajamos incansablemente en los contenidos formativos que avancen en el perfil del psiquiatra que el país necesita. Son tareas dinámicas, y, de alguna manera, no solo hay que estar permanentemente actualizado, sino con una mente abierta y creativa a nuevas situaciones que se nos presentan en un país donde han cambiado muchísimas cosas; en el mundo han cambiado muchísimas cosas. Siempre hay que pensar que las instituciones están en permanente movimiento, son dinámicas, y siempre puede haber una APSA mejor”, subraya.

to de nuevas patologías en el ámbito de la salud mental o en la modificación de las ya existentes, el tema aún está en discusión. Según el psiquiatra, “los criterios de salud y enfermedad se han ido modificando en las diferentes épocas histórico-sociales. Es evidente la evolución tanto del concepto de salud/enfermedad como de las teorías que tratan de explicarlo. Los conceptos de salud y enfermedad están culturalmente determinados”. Y agrega que “la producción social de subjetividad incluye la eficacia en la acción, la velocidad, el pragmatismo, hábitos de consumo y el culto por la imagen. La subjetividad anclada en la lógica del consumo favorece modalidades adictivas, satisfacción pulsional inmediata, y desinvestidura del pensamiento y la palabra. Sabemos que hay una estrecha relación entre el orden social de la normatividad y el orden normativo del sujeto”. En este punto, reafirma “que algo cualitativamente distinto subyace en la demanda actual, como desafío a la creatividad teórica y a generar dispositivos que vinculen los procesos de salud/enfermedad con las condiciones de existencia de las personas”.

El debate Cambios culturales El mismo contexto demanda además abordajes diferentes y profesionales preparados para hacer frente a las diferentes problemáticas. Una de las cuestiones fundamentales en las que hace hincapié el doctor Vommaro, es la del paciente y su familia: “El tipo de familia actual nada tiene que ver con la que existía años atrás. El esquema de familia fue variando y modificándose con el tiempo”. Acerca de si estos y otros cambios culturales influyeron en el surgimien-

En el marco de la celebración del Día Mundial de la Salud Mental, en 2012, la Asociación emitió una declaración a la que adhirieron las asociaciones de psiquiatras de todas las provincias del país. Esta es el fruto del debate que hace años viene planteando sobre la situación de la salud mental en la Argentina, la discusión en relación con políticas sanitarias y las legislaciones en este campo. En dicha declaración, la institución renueva el compromiso que históricamente mantuvo en la defensa de los derechos humanos de los pacientes,

sus familias y los trabajadores del sector; su postura respecto a la consideración de la Salud Mental como parte de la Salud Pública, y la importancia de atender las capacidades de sus pacientes más que sus imposibilidades. Además, hace una fuerte defensa del hospital público como institución que debe ampararse por el derecho a la salud de los sectores sociales más desfavorecidos. La declaración manifiesta que “La aplicación inmediata de esta Ley (26.657) en los hospitales generales que no cuentan con los recursos y la estructura adecuada para dar respuesta a la demanda creciente en Psiquiatría y Salud Mental, ha traído como consecuencia que los pacientes vean vulnerado su derecho a la salud, porque no se les ofrecen los servicios adecuados, ni se respetan premisas básicas que parten de los principios sanitarios de accesibilidad, oportunidad, equidad y calidad en la atención de ellos y de su entorno familiar y comunitario (…) Al carecer muchas instituciones de recursos humanos y materiales necesarios para su adecuado funcionamiento se confirman nuestras reiteradas advertencias acerca de las imprecisiones en los términos y en los alcances de muchos artículos de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 que los vuelve inaplicables tal cual están…”

“El tipo de familia actual nada tiene que ver con la que existía años atrás. El esquema de familia fue variando y modificándose con el tiempo”. 63


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“...los criterios de salud y enfermedad se han ido modificando en las diferentes épocas histórico-sociales”. Según el doctor Vommaro, el punto de desacuerdo con la ley en cuestión, gira en torno de que esta reglamentación legisla sobre la terapéutica, ámbito en el que no debería hacerlo. Al respecto, aclara que “el Estado debe legislar sobre los derechos, sobre el derecho de los profesionales y sobre las condiciones de trabajo; tiene que legislar sobre las instituciones y las incumbencias de las instituciones, pero no sobre la terapéutica, ya que esta compete a las ciencias humanas, sociales, psicológicas, antropológicas y biológicas”. En la declaración emitida, APSA menciona que la ley no contempla la cobertura de los grupos etarios más vulnerables como son los niños, adolescentes y ancianos. Por otra parte, enumera las siguientes cuestiones con las que está absolutamente en oposición: ● La sustitución del término “trastorno mental” por el de “padecimiento mental”, lo que conlleva el riesgo de patologizar reacciones normales de la vida cotidiana y banalizar el trastorno mental. ● La psicofarmacología es parte de la terapéutica y se debe hacer un uso racional de esta. En el Artículo 12 de la Ley se confunde medicar con castigar. ● La internación es un dispositivo terapéutico. El criterio de inter64

nación voluntaria desconoce que el Estado debe proteger al que no puede protegerse por sí mismo, y este criterio se completa cuando se explicita la internación involuntaria al expresar que se actúa solo en caso de riesgo. En definitiva, no se protege al paciente. Al no entender la internación como una intervención terapéutica, se la reduce al hecho de actuar compulsivamente ante el riesgo. Se desconoce un criterio fundamental que rige nuestra práctica psiquiátrica: la internación no implica la privación de la libertad, sino precisamente intentar devolver la libertad psíquica a quien por razón de su enfermedad, la ha perdido ya en su espacio interior. El paciente con trastorno mental es sin duda un sujeto de derecho pero también una persona vulnerable. Afirmar que la ley no tiene en cuenta las incumbencias institucionales y por lo tanto expone a los pacientes a que no reciban la alternativa terapéutica más conveniente (art 7 inc. d) y “basada en fundamentos científicos” (art. 7 inc. d) Manifestar que al carecer la ley de un criterio psicopatológico y de una concepción del síntoma; cuando se refiere el equipo “interdisciplinario” lo hace sin considerar las competencias e incumbencias de cada una de las disciplinas que concurren a la organización de dicho equipo.

Finalmente, APSA renueva su compromiso y esfuerzo por la realización de un trabajo efectivo con la comunidad y el reordenamiento del sistema sanitario de Salud Mental acorde con las necesidades actuales de la población. “Siempre hemos colocado en el centro la necesidad de la transformación institucional en salud mental. Los

psiquiatras hemos sido promotores para que efectivamente se conformen equipos de carácter multidisciplinario. Hay cuestiones de la ley en las cuales no hay discusión; por el contrario, estamos dispuestos a garantizar que eso se efectivice en la práctica, para que no sea solo una expresión declarativa, pero la ley tiene que ser una ley que pueda ser aplicable, que pueda legislar sobre lo que va siendo construido, lo que va siendo instituido. De otro modo, es una ley de expresiones de buenos deseos”, señala el doctor Vommaro. Y concluye: “La ley pone la medicación como una modalidad de castigo y la internación como una modalidad de encierro, olvidando que la psicofarmacología es parte de la terapéutica y que la internación es un recurso terapéutico. Esto es una cuestión de fondo”. ■

“La ley pone la medicación como una modalidad de castigo y la internación como una modalidad de encierro, olvidando que la psicofarmacología es parte de la terapéutica y que la internación es un recurso terapéutico. Esto es una cuestión de fondo”. (*) Esta entrevista fue realizada durante el último período del Dr. Horacio Vommaro como vicepresidente de APSA. Actualmente es presidente de la institución.


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Un camino de contradicciones Un repaso por el pasado y el desarrollo que ha tenido la Psiquiatría en nuestro país, hacen pensar en un futuro promisorio; sin embargo, aún quedan sombras como la de la nueva Ley de Salud Mental, sobre la cual coindicen todos los especialistas consultados.

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n la especialidad Psiquiatría, la Argentina muestra contrastes importantes: por un lado, una tradición de casi un siglo y medio de desarrollo, grandes maestros y referentes, y el haber sido pioneros en la práctica de algunos de los métodos más modernos de la terapéutica en diferentes momentos de esta historia. Además, en la actualidad, cuenta con profesionales de excelente nivel, aunque, al parecer, hay un déficit en la cantidad de enfermeros especializados. Sin embargo, este panorama que se podría considerar brillante, parece no

haber logrado cristalizar un sistema de Salud Mental ajustado a las necesidades nacionales. Los recursos a nivel público resultan insuficientes, algunas instituciones requieren un rediseño profundo, y el presupuesto es extremadamente magro, tanto a nivel nacional como provincial. Las casi tres décadas de gobiernos democráticos tampoco lograron subsanar dichas carencias. Por eso, la Psiquiatría continúa su camino en un marco de contradicciones, en el cual, profesionales y no profesionales del área, en su gran mayoría, continúan dando lo mejor de sí para sostener el sistema.

La historia de la atención psiquiátrica en nuestro país, muestra una enorme evolución en el tratamiento de los pacientes, que se hace más notable a partir del advenimiento de los psicofármacos de segunda generación, pero también de las múltiples terapias complementarias que se han ido sumando a través del tiempo, y que, en algunos casos, pueden dar mayor o menor resultado. Lo cierto, en definitiva, es que cada tratamiento dependerá de cada caso particular. El concepto de “salud mental” surge en la década de 1950, como aglutina-

Buenos Aires, sede del XV Congreso Mundial de Psiquiatría Organizado por la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA, por sus siglas en inglés), se desarrolló en septiembre de 2011 en Buenos Aires, y tuvo como anfitrionas a la Asociación de Psiquiatras Argentinos y a la Asociación Argentina de Psiquiatras, que, en función de este acontecimiento, postergaron sus respectivos congresos hasta 2012. “Nuestro legado, nuestro futuro” fue el lema de este encuentro internacional que resultó un suceso en todos sus aspectos. Precisamente, el legado refería a aquellos logros que trascendieron el paso del tiempo; en tanto que en las tendencias actuales más prometedoras se vio reflejado el futuro, en las diferentes áreas de investigación y en la práctica psiquiátrica. “El legado alude a la inmensa tarea científica que ha venido desarrollando la WPA durante más de 50 años y que ha sido tan útil para generaciones de psiquiatras de todo el mundo, sobre todo para aquellos residentes que geográficamente se encuentran alejados y distantes”, explicaban sus organizadores. En cuanto a lo más destacado, mencionaron que “lo sobresaliente del legado es la psiquiatría clínica y la clasificación de las enfermedades mentales; mientras que el futuro es llegar al nivel social del enfermo mental tan acuciado por el abuso de sustancias y la pobreza material”. “El enfoque clínico para el abordaje de las patologías mentales y la noción clara de utilizarlo en bien de los pacientes, sus familias y la comunidad, respetando su libertad y sus derechos”, fue otro de los puntos sobresalientes del legado. 65


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dor de una nueva corriente que intentaba dejar atrás el manicomio como forma de asistencia. En nuestro país, 1957 fue un año destacado, ya que se crearon el Instituto Nacional de Salud Mental y la carrera de Psicología de la UBA; tres años antes, había sido creada la de la Universidad Nacional de Rosario. Entre otros acontecimientos sobresalientes, también nació el primer Servicio de Psicopatología en un Hospital General, ganado por concurso por Mauricio Goldenberg en Lanús, Provincia de Buenos Aires. Los años 60 son conocidos como “la época dorada del psicoanálisis y de la psiquiatría”, ya que fue entonces cuando cobraron fuerza los grupos y terapias relacionados con el psicoanálisis”. A partir de la década siguiente, la psicofarmacología y la psiquiatría biológica experimentaron un desarrollo importante y en la actualidad se encuentran muy bien posicionadas. En la década de 1990, se asiste a nuevas expectativas de reestructuración de la asistencia psiquiátrica. En este período, se destaca la integración de la psiquiatría a los hospitales y la comunidad; y se crean los COSAM (Centros Comunitarios de Salud Mental Familiar), muy diversos en su tipo de trabajo, que, en algunos casos fueron de psiquiatría comunitaria, y lograron experiencias valiosas y sólidas que aun continúan vigentes. Luego surgieron los talleres dentro de las instituciones psiquiátricas, como dispositivo clínico y como una alternativa más eficiente y ajustada de dejar definitivamente a un lado la denominada “institucionalización”, como modelo clásico de la psiquiatría. Como contrapropuesta, aparecen las políticas de desmanicomialización, que fueron incorporadas por la OMS (Organización Mundial de la Salud) en sus recomendaciones a partir de la década de 1980. En 2004, la OMS plantea que los 66

La cuestionada Ley de Salud Mental Si bien la Psiquiatría es una especialidad con diferentes niveles de cuestionamientos en el mundo, en nuestro país, hay un punto en el cual todos los profesionales consultados, para el presente y para otros trabajos, coinciden plenamente: la Ley Nacional de Salud Mental es calificada, en líneas generales, como una ley antipsiquiátrica y desprovista de todo contenido científico, justamente por no haber sido consultada con ninguna de las asociaciones científicas que entienden al respecto. Por lo tanto, origina importantes problemas de praxis a los especialistas. En esta edición, varios entrevistados coinciden en que resulta abrumador ver cómo, quienes participaron en su redacción, desconocen absolutamente aquellos temas que el mundo desarrollado considera verdaderamente relevantes a la hora de ocuparse de las enfermedades mentales. Para muchos de ellos, sino para todos, esta ley constituye un verdadero atraso y “las consecuencias las van a pagar los pacientes, lamentablemente”. trastornos mentales se encuentran inseparablemente vinculados con los derechos humanos. “El estigma, la discriminación y las violaciones de derechos humanos que sufren las personas y las familias afectadas por trastornos mentales son intensos y profundos (…) las limitaciones en los derechos humanos básicos de individuos y comunidades vulnerables, pueden actuar como poderosos determinantes de los trastornos mentales. Por lo tanto, no es de sorprender que muchas de las medidas de prevención efectivas estén en armonía con los principios de igualdad social, igualdad de oportunidades e igualdad de atención de los grupos más vulnerables (…). No se debe permitir que la

“En nuestro país, 1957 fue un año destacado, ya que se crearon el Instituto Nacional de Salud Mental y la carrera de Psicología de la UBA”.

búsqueda de mayor evidencia científica sobre la efectividad y la rentabilidad, se convierta en una excusa para dejar de implementar la urgente necesidad de políticas sociales y de salud”. Los talleres, junto con el tratamiento del paciente y su entorno familiar, parecen ser los caminos más efectivos para la futura reinserción de este en la sociedad. Según muchos especialistas, esto implica, no reemplazar conceptos como el de enfermedad por padecimiento, ni renunciar al Hospital Público, sino generar espacios de interacción, comprensión y expresión sobre las situaciones que provocan el desequilibrio en el proceso salud-enfermedad. Sin dudas, la psiquiatría siempre ha estado vinculada con otras cuestiones, fundamentalmente de tipo social. Y los últimos años, en la sociedad se registraron cambios, algunos muy marcados a los cuales, desde esta especialidad se trata de dar respuesta. Por cierto que no en soledad, sino de manera multidisciplinaria. Por un lado, la antigua pirámide demográfica con muchas personas jóvenes y pocos adul-


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Mauricio Goldemberg, un precursor lo dejó, había 150. Luego continuó trabajando en el mismo sentido en los hospitales de Buenos Aires. Como resultado, produjo la transformación más significativa del dispositivo psiquiátrico desde los tiempos de Domingo Cabred.

En 2006, pocos meses antes de su fallecimiento, en Washington, se había dispuesto poner su nombre al Servicio de Psiquiatría del Policlínico de Lanús, al que había accedido como director por concurso 50 años atrás. Allí, en lo que muchos llaman “la experiencia Lanús”, desarrolló propuestas dinámicas y creativas, alentó el trabajo en equipo, formó a una pléyade de profesionales y benefició a los pacientes con avances conceptuales como las terapias grupales, el psicodrama, el uso de la farmacología o la inserción en la comunidad. Se desempeñó en el hospital Alvarez y en el hospicio de las Mercedes (actual hospital Borda), entre otros centros de distintos países, y la concepción que impulsó desde Lanús es que la mayoría de los enfermos mentales pueden beneficiarse con tratamientos de duración transitoria, y que son curables; es decir, lo contrario de la reclusión en hospicios, con períodos extensos de internación. Allí comenzó con un equipo mínimo y con el paso de los años llegó a tener una sala de internación para 32 pacientes, 20 consultorios externos y un hospital de día con 30 plazas; lo integraban profesionales con diferente formación distribuidos en 12 departamentos. Ejerció la dirección hasta 1972. Había comenzado el Servicio con seis profesionales, y cuando tos mayores, se revirtió prácticamente en todo el mundo y la Argentina no es la excepción. Así surgieron subespecialidades como, entre otras, la gerontopsiquiatría. Pero también hay otras problemáticas que tienen presencia constante en los congresos de la especialidad como son la violencia en todas sus formas, las adicciones, la inseguridad, fobias, ataques de pánico. En definitiva, muchos trastornos existieron siempre, pero cambiaron sus denominaciones, otros se incrementan significativamente tal vez producto de la sociedad actual, donde la inseguridad, la violencia, la precariedad laboral e incertidumbres varias, son moneda corriente. Lo cierto es que,

Fue testigo del hacinamiento y del uso de los chalecos de fuerza, pero él buscó priorizar el respeto al paciente y a su familia. En este psiquiatra convivieron una excelente formación biológica con un gran interés por el psicoanálisis y el contexto comunitario. Fue profesor en la UBA, y, hacia fines de la década de 1960, estuvo al frente de Salud Mental de la Municipalidad de Buenos Aires e impulsó los servicios de psiquiatría ambulatorios, en los hospitales porteños, y creó diversos centros de Salud Mental. En 1972 ingresó en el Hospital Italiano, por concurso. Cuatro años más tarde se radicó en Venezuela, como asesor de la OMS durante 20 años. En 1983, Raúl Alfonsín le ofreció dirigir la Salud Mental en el país, y si bien brindó su asesoramiento, no regresó. Desde hacía una década vivía en Washington, con su esposa y una hija, Isabel, médica en el hospital de la Georgetown University.

“ ...fue creada por el doctor Alejandro Lagomarsino, cuyo programa de psicoeducación para familiares (en el que pacientes estabilizados coordinan las actividades junto con los profesionales) constituye un hito en la psiquiatría social”.

superada aquella antinomia psicofarmacología vs psicoanálisis, la tendencia actual pone el acento en la inter- y en la multidisciplina.

Las primeras ONG Por otra parte, hay que destacar la creación de numerosas ONG surgidas para dar apoyo a los pacientes psiquiátricos y, sobre todo, a sus familiares. Una de las primeras en la Argentina, con más de 20 años de vida, es la Fundación Bipolares de Argentina (FUBIPA), primera institución de ayuda mutua para familiares y pacientes con ese trastorno, fue creada por el doctor Alejandro Lagomarsino, cuyo programa de psicoeducación para familiares (en el que pacientes estabilizados coordinan las actividades junto 67


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con los profesionales) constituye un hito en la psiquiatría social. “Alejandro ha sido generoso con miles de personas a quienes abrió las puertas al fascinante mundo de las asociaciones de usuarios y al trabajo comunitario. Durante más de 20 años llevó adelante el Consejo de Administración de la Fundación, donde fue maestro en la poco habitual tarea, para los que somos médicos, de conformar un sólido equipo de trabajo de pacientes, familiares y profesionales”, dice en un editorial de la publicación “El Subibaja”, donde lo recuerda y homenajea, el doctor Carlos Vinacour, actual presidente de la Fundación que hoy lleva el nombre de su creador. Y destaca que, “a partir de llevar a fondo la práctica del modelo biopsicosocial, Alejandro Lagomarsino ha mostrado su solidaridad y humildad en un mundo en el que esas virtudes son patrimonio de los grandes. Su legado reside en los cientos de pacientes que, a lo largo del país, se reúnen semanalmente para brindarse apoyo, luchar contra la autoestigmatización y mejorar su calidad de vida”. Estas instituciones se multiplicaron en su lucha contra la estigmatización del paciente psiquiátrico y también, en muchos casos, el de la enfermedad de Alzheimer, poniendo el foco en el estrés de quienes deben cuidar de ellos.

en los inicios de su carrera, en el Hospital Fiorito, este psiquiatra y psicoterapeuta comenzó a hacer cine-debate con los pacientes de dicho hospital. La actividad, entonces novedosa, fue ganando gran aceptación. Sin embargo, su enorme crecimiento y su vínculo con lo terapéutico llegó con su trabajo sobre el estudio de obras expresivas de “sufrientes graves”, tal como prefiere llamar a los pacientes, según le contó a Prescribe, en una entrevista realizada hace algunos años. Allí también relataba que, entre 1963 y 1970, realizó con sus pacientes una producción creativa de alrededor de 5.000 obras, entre las que incluyó plástica, música y expresión corporal, escultura, literatura y teatro. “La idea principal fue incorporar el concepto psicoanalítico de ‘objeto intermediario’. Aquellos sufrientes que no podían verbalizarme los contenidos inconscientes, a través de una obra lo podían hacer”, explicaba. Sin embargo, su reconocimiento a la labor en esta área llegó a fines de la década de 1970, cuando el doctor Jaime Rojas Bermúdez, uno de los pioneros del Psicodrama en la Argentina, organizó un Congreso Internacional de Psicodrama en la Facultad de Medicina que, según Materazzi, fue inédito.

El arte y las enfermedades mentales Dentro de la tendencia creciente a concebir técnicas destinadas a brindar apoyo psicoterapéutico a varias personas simultáneamente, emergió, en 1970, una nueva disciplina: el Psicocine. Propuesta original creada por el doctor Miguel Ángel Materazzi, se trata de una psicoterapia grupal programada que integra teatro, psicología, enfoque sociológico y el cine. Cuando estaba 70

Dr. Miguel Ángel Materazzi

Fue a través de una película que presentó en ese congreso, que Materazzi planteó por primera vez, entre otras cuestiones, si era factible la psicoterapia a través de la expresión creativa. Ese fue el origen de esta nueva técnica denomina Psicoterapia Grupal Programada - Psicocine. En aquella entrevista con Prescribe, contaba que su motivación a crear esta técnica, era “la idea de la resocialización, incorporar a los sufrientes a la sociedad. La primera experiencia me hizo notar que después de haber filmado con ellos fuera del hospital, ellos me esperaban todos juntos, recuperaban el sentimiento gregario, uno de los aspectos que primariamente se pierde en los trastornos psíquicos severos. Y, de pronto, me dicen que quieren seguir filmando porque la han pasado muy bien. A partir de estos resultados, es que nace esta técnica”. La técnica psicoterapéutica original fue desarrollada por primera vez en el Hospital Borda, cuando aún formaba parte del área de la Nación. En 2000, cuando la técnica celebró sus primeros 30 años, su iniciador publicó el libro “Psicocine 2000”, un cuyas páginas se pueden leer, entre otros datos, que los primeros aportes a la cinematografía comercial de la psiquiatría, la psicología, el psicoanálisis y la sociología se deben, en primer lugar, a los alemanes en la década de 1920 cuando, a través de su famoso expresionismo, produjeron filmes con rigurosa metodología y asesoramiento. Tal característica de la psiquiatría alemana fue determinante para descubrir más tarde los horrores del nazismo, ya que fueron encontradas cientos de películas que describían con lujo de detalles esa barbarie. Pero también resultó decisiva la actuación del creador del psicodrama, Jacobo Levy Moreno, cuando tuvo la idea de filmar una sesión de grupo, en la que se incluyó, para luego sacar conclusiones desde afuera, junto con el grupo. “El quehacer cinematográfico es un


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modelo de integración grupal y tiende a un equilibrio armónico en tanto y en cuanto su producto, el filme, sea auténtico y constituya un mensaje que informe y forme. Fueron estas características las que me llevaron a introducirlo como nuevo canal psicoterapéutico”, explicaba Materazzi, cuya pasión por el cine y sus amplios conocimientos sobre el tema también influyeron decisivamente para el desarrollo de esta técnica. Y aclaraba, entre otros puntos, que “a un sufriente psíquico severo, psicótico,

no se lo va a ayudar con sólo darle un medicamento, ni tampoco haciéndole entrevistas piscoterapéuticas: necesita el medicamento, las entrevistas, los trabajos grupales y los trabajos expresivos, siempre de acuerdo con la predisposición que cada uno tenga, por supuesto”. El Psicocine se fundamenta en que es una terapia grupal de corte programático diferente a la de libre discusión, y es una técnica psicoterapéutica que trascendió las fronteras. Muchas de las películas que filmó, fueron realizadas

con pacientes psicóticos y drogodependientes. “Su núcleo fundamental es la creatividad mediante la dramatización, tanto corporal como verbal, lo que amplía los medios de comunicación con los otros”, detallaba. El doctor Materazzi es médico psiquiatra, psicoterapeuta, docente de la UBA, exdirector del Hospital Borda, exdirector Provincial de Salud Mental y presidente de la Fundación FINTECO (Fundación para la Investigación Interdisciplinaria de la Comunica-

Jaime Guillermo Rojas-Bermúdez y el Psicodrama Psiquiatra, psicoanalista (International Psychoanalytic Association) y psicodramatista, comenzó sus actividades psicodramáticas en Buenos Aires, en 1957, en varios hospitales, entre ellos el Hospital de Niños y el Hospital de Clínicas. En 1962 tomó contacto con Jacob Levy Moreno, creador del Psicodrama, en el Moreno Institute (Nueva York), y, al año siguiente, a través de una beca de la Academy of Psychodrama and Group Psychotherapy, se formó allí y obtuvo su certificación como director de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo. En Buenos Aires fundó la Asociación Argentina de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo, que logró el reconocimiento de la Dirección Nacional de Salud Mental del Psicodrama como técnica psicoterapéutica válida. De este modo comenzó a difundir en Latinoamérica, especialmente en nuestro país, Brasil y Uruguay, donde se extendió rápidamente y se fundaron numerosos grupos de estudios. La aplicación del psicodrama al tratamiento regular de diferentes pacientes, y los aportes de otras ciencias y estudios como, por ejemplo, el psicoanálisis y la neurofisiología, lo condujeron a un replanteamiento progresivo de la teoría y metodología psicodramáticas. De este modo, elaboró nuevas técnicas y conceptos que fueron articulando un modelo de psicodrama diferente del tradicional moreniano. Este nuevo encuadre se fundamenta en la lectura de formas emergentes y el esclarecimiento de sus contenidos o significados; y en una concepción de la organización mental basada en elementos de las neurociencias. Así, surgen conceptos, técnicas y líneas metodológicas como, entre otros, contextos de psicodrama, objeto intermediario, imágenes psicodramáticas, psicodanza, y técnicas de comunicación estética. Estas ideas, generadas en las décadas de 1960 y 1970, continúan ampliando y profundizando su desarrollo hasta la actualidad, con la incorporación, además, de nuevas investigaciones y estudios. En 1969, Rojas-Bernúdez presidió el IV Congreso Internacional de Psicodrama y Sociodrama que tuvo lugar en Buenos Aires, al que Moreno asistió como presidente honorario. Continuó las actividades psicodramáticas formativas y asistenciales en Latinoamérica, participó en múltiples congresos sobre la temática, y desarrolló los estudios psicodramáticos en relación con los aportes de la neurofisiología y la etología. Desde 1981 extiende la formación en psicodrama también en España, donde realizó cursos en instituciones públicas y privadas, y, a partir de 1989, se estableció en Sevilla donde, además de su labor psicoterapéutica y formativa en el Centro de Psicodrama, promovió la realización de numerosas jornadas y encuentros. Publicó “Teoría y técnica psicodramáticas” (Paidós, 1997). Dos años antes había fundado, con un grupo de profesionales formados en la teoría psicodramática por él desarrollada, la Asociación de Psicodrama y Psicoterapia de Grupo (ASSG).

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ción), entre otros cargos relevantes. También recibió múltiples distinciones, en el país y en el exterior, por su labor relacionada con el Psicocine.

De cara a los grandes cambios Entre los cambios a los que debió hacer frente la Psiquiatría, figura el incremento alarmante en la tasa de suicidios, aspecto en el que la Argentina presenta cifras muy similares a las de los países más desarrollados del mundo. Según la OMS, las tasas mundiales de suicidio se incrementaron un 60% en los últimos 50 años, especialmente en los países considerados en vías de desarrollo. Este dato fue difundido en septiembre de 2007 en el marco de la presentación del Programa Nacional de Prevención del Suicidio, cuya finalidad es capacitar a los profesionales que podrían detectar tempranamente los signos de alerta. Otros datos dados a conocer en ese momento señalaban que el suicidio figura entre las tres principales causas de muerte entre jóvenes de 15 a 34 años; que por cada suicidio concretado, hay alrededor de 20 intentos; que casi 3.000 personas se suicidan cada día en el mundo (una cada 40 segundos), y que el suicidio se encuentra entre las diez causas principales de muerte en el nivel mundial. El 90% de los suicidios se vincula con problemas mentales, especialmente depresión y abuso de sustancias; sin embargo, resulta de factores complejos y es más probable en situaciones de crisis socioeconómica, familiar o individual. Entre estas últimas figuran la pérdida de un amigo íntimo o de un familiar, vivir solo, la pérdida del trabajo o problemas en este contexto, fracaso en los estudios y problemas de castigos o abuso sexual, sobre todo en chicos y adolescentes. Referente y pionero en la materia, el doctor Héctor Basile ilustraba para 72

Prescribe, un aspecto de estos cambios durante una entrevista publicada en 2010: “Antes se suicidaban con mayor frecuencia las personas de mediana edad. Pero hoy se suicidan los adolescentes y los viejos”. Entre las razones, mencionaba que “los adolescentes no encuentran un ambiente adecuado para desarrollarse, como así tampoco los viejos, mientras que los adultos estamos ocupados constantemente en la lucha por la vida. Por otra parte, los ancianos tienen condiciones sociales y biológicas que los hacen más vulnerables y los adolescentes se encuentran en medio de múltiples cambios, en busca de su identidad. Entonces, sus frustraciones resultan más serias justamente porque no cuentan con las defensas suficientes para sobreponerse a la adversidad”, argumentaba el psiquiatra que integra la Red Mundial de Suicidólogos. Un dato todavía más sorprendente e inquietante que arrojan estudios realizados entre 1980 y 2007, es que las muertes por suicidio superan notablemente a las que son causadas por homicidio. Esta situación, vale aclarar, no se da solo en nuestro país, sino en la mayoría de los países del mundo. Las razones pueden ser múltiples. En

el caso de los adolescentes, en la Argentina, hay zonas donde la tasa de suicidios es netamente superior a otras, como en la Patagonia y el Noroeste. “Se puede decir que existen epidemias periódicas de suicidio” – comentaba Basile– y también hacía notar que la tasa de suicidio adolescente es muy alta comparada con la de la población en general. Además, los adolescentes “constituyen los grupos de más alto riesgo, en la Argentina y en todo el mundo desarrollado, ya que las razones obedecen a las propias de la crisis de la civilización occidental. Las crisis de desarrollo de los adolescentes son iguales en todos estos países”. Y confirmaba un triste dato: “En una de las cosas que más nos parecemos al mundo desarrollado es en la tasa de suicidios”. Algo importante para destacar es que en la actualidad, existen múltiples redes de contención al suicida, e incluso un Plan Nacional de Prevención del Suicidio promulgado por la exministra de Salud de la Nación Graciela Ocaña y preparado por la Mesa Nacional de Prevención del Suicidio. Lo integran profesionales y ONG dedicadas al tema y propone la evaluación, formación de recursos humanos y puesta en


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marcha de planes de prevención y asistencia a lo largo de diez años.

ma unánime que se denominara “Red Argentina de Suicidología”.

dador al Prof. Dr. Sergio Andrés Pérez Barrero, gestor y fundador.

El tema mereció un espacio destacado en el XV Congreso Mundial de Psiquiatría que tuvo lugar en Buenos Aires en 2011. Una de las conferencias trató sobre “Suicidio en un mundo cambiante”, y cobró mayor relevancia justamente debido al incremento en las cifras de suicidio y autolesiones en diferentes edades y patologías mentales, que tampoco distingue contextos sociales.

La Red quedó integrada por instituciones, asociaciones, centros, personas y grupos de todo el país, abocados, desde sus respectivos ámbitos, a la problemática del suicidio. Luego se sucedieron otros congresos, que tuvieron lugar en las ciudades de Córdoba (2005), Corrientes (2006), Buenos Aires (2007), Mendoza (2008), Jujuy (2009) y Rosario (2010). En el contexto de estos encuentros, fue sumando distintos organismos, fundaciones y asociaciones, siempre con el objetivo de aunar esfuerzos y fortalecer a sus distintos miembros en la difícil tarea de prevención, contención y posvención de las conductas suicidas.

Según quedó establecido, la conformación de la Comisión Directiva, deberá estar integrada por un 50% de “voluntarios” y 50% de “profesionales”, con un mínimo permitido de 40% y 60%, respectivamente. Este equilibrio permitiría que las decisiones tomadas en nombre de la Asociación no sean netamente científicas o desde las vivencias personales, sino dialogadas “dentro de un marco de respeto, aunando vivencia y conocimiento”.

La Red Argentina de Suicidología Es una de las tantas instituciones surgidas de la mano de estos cambios. La historia de la Red tiene sus orígenes en 2003, en el marco de las VII Jornadas Nacionales de Prevención del Suicidio, V Jornadas de Suicidología del Mercosur, II Jornadas Provinciales de Prevención del Suicidio y III Encuentro Nacional Universitario sobre el Suicidio Adolescente, que tuvieron lugar en la ciudad de La Plata. El encuentro tuvo la particularidad de reunir, por primera vez, un gran número de entidades de todo el país dedicadas a la prevención del suicidio y con el objetivo común de unir esfuerzos y proyectar una serie de acciones que den sustento a la idea directriz, que es la vocación de prevenir. Este accionar se tradujo al año siguiente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con la realización del Congreso Nacional en la Universidad de Buenos Aires, donde los asistentes representantes de diversas entidades, manifestaron la necesidad de conformar una red, al menos virtual, que se denominó “Red Nacional de Prevención del Suicidio”. Aquel encuentro pasó a ser, entonces, el I Congreso Argentino de Prevención del Suicidio. Más tarde, y en virtud de conformarse la Red como referente en nuestro país y también a nivel internacional, se decidió en for-

Antecedentes Vale aclarar, en esta historia, que el 10 de mayo de 2005, en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, un grupo de personas formuló el Acta Constitutiva de una Asociación Civil sin fines de lucro denominada “Red Mundial de Suicidiólogos”. La primera Comisión Directiva de la Red Mundial quedó conformada de la siguiente manera: Presidenta: Silvia Alicia Britos (Argentina) Vicepresidentes: Humberto Correa (Brasil) e Ivonne Rendón (Bolivia) Secretario: Sergio Albornoz (Argentina) Tesorero: Oscar Abaurrea (Argentina) Vocales titulares: Héctor Basile y Mabel Alba Ulloa (ambos de Argentina) Vocales suplentes: Emma Saad (Ecuador) y Alfonso Reyes Zubiría (México) Revisores titulares de cuentas: José Luis Pedreira (España), María Soledad De la Cerda Etcheves (Chile) y Dolores Mosquera (España) Revisor suplente de cuentas: Julia Woodbridge (Costa Rica). Se otorgó el título honorífico de Fun-

El futuro En nuestros días se abre un futuro pleno de posibilidades, con recursos terapéuticos que se multiplican, un enfoque comunitario de la prevención y de la rehabilitación que se combina con recursos como la internación en períodos agudos en unidades monovalentes y servicios especializados de los hospitales generales, las instituciones intermedias como hospitales de día y de noche, casas a medio camino y familias sustitutas, para aportar a profesionales y pacientes una serie de herramientas eficaz y efectiva. Por su parte, la investigación tiende a acercar enfoques de vertientes teóricas diversas en procura de síntesis más comprensivas del fenómeno psicopatológico; y el trabajo en equipos interdisciplinarios, constituye otra herramienta de probada eficacia. Si se articulan entre sí estos elementos, el futuro se vislumbra prometedor. No obstante, los especialistas remarcan que no se debe olvidar la necesidad de luchar contra el más temible de los obstáculos culturales: el estigma que aún pesa sobre la enfermedad mental. Para lograrlo, se requiere un esfuerzo enorme de toda la comunidad para informar y enseñar sobre esta dimensión de lo humano y combatir los prejuicios que genera el miedo a la locura, del que, al parecer, todos somos portadores. ■ 73


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