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MEMORIAS DE UNO. Recuerdo esto desde que llegue aquí; y las escribo para recordarlas toda mi vida. Desde pequeño a ser un hombre de campo que ha aprendido a vivir de lo que tiene. Cada día escribo un poquito de lo que me pasa a menudo. A veces, escribo lo que me había pasado hace años atrás. Pero esta vez , cómo vivía en mis años de juventud. Una bonita mañana del primer lunes de aquel mes, me levanté de la cama con ganas de ir hacer lo mismo: proteger al ganado, ordeñar y sembrar la huerta. Sí, era un simple pastor que vivía en lo alto de la colina alejado del pueblo más cercano. Mi convivencia era pacífica, tranquila y con un ambiente de campo. Me acostumbré a la buena vida cuando llegué con la edad de un adolescente, hace más de veinticinco años. La vida en el campo es de lo más relajante. Sientes el aire que choca contra la frente y escuchas el canto de los ruiseñores y ves el atardecer desde lo alto de alguna elevación geográfica. Además, aunque parezca ridículo, con el paso del tiempo, aprendes a amar la naturaleza de una manera que después te arrepentirías si decides marcharte. Yo me acostumbré con los años. Cuando nunca has sido nada en la vida o no supiste aprovechar el tiempo en el colegio, rápidamente te mandan a trabajar o a echarte de casa porque ya no vales para nada. Yo lo fui. Fui siempre un vago, y claro, aquí me veis, en el campo. Pero al principio creí que iba a ser duro. Levantarse todos los días (a una hora que nunca te habías imaginado levantarte) y hacer lo mismo para el consumo humano en el mercado. Mis padres me dejaron aquí como aprendiz de un pastor. Dicho pastor le llegó la hora y me dejó en manos los quehaceres de la granja. Sabía que hacía lo correcto, aunque siempre tuve esa sensación de angustia si iba a hacer algo mal. Después de varios años, me sentí más cómodo. Vives solo. Sin nadie alrededor. Puedes hacer lo que quieras, pero eso sí, debes de trabajar todos los días para llevarse algo a la boca, si no, que Dios me salve que no me pase como mi instructor el pastor. Cada día me sentaba en un banco a ver a las ovejas hacer lo mismo. Comer y quedarse quietas. Aburrido. Pero te acostumbras. Cuando llega el atardecer, siempre cogía un trozo de queso y un trozo de pan para sentarme a comer contemplando la maravilla de la tarde. En ese momento estoy solo, aunque rodeado de animales, pero siempre tienes esa sensación de querer tener a un semejante tuyo quien te escuche y no se quede mirándote fijamente cuando le hablas, como en el caso de los animales (yo no lo intenté más de una vez porque podría decirse que me había vuelto loco)


¿Qué más puedo contar? Ah sí. Lo más duro es ver parir a una vaca. De eso mejor no hablo. Que lo pasé mal porque me tocó A MÍ hacer tal trabajo. También hacía otros productos para el comercio; como queso, leche, o a veces esquilaba a las ovejas. Un día por casualidad llamaron desde el pueblo cercano diciéndome que podrían ofrecerme un buen trabajo en preparación de quesos. ¿Qué le podría responder? No estaba tan seguro de abandonar la vida en el campo a cambiarme a un pueblo o a una ciudad para cambiar mi rumbo de vida. Echaría de menos tantas cosas que probablemente me arrepentiría. La oferta era buena, pero no siempre piensas que puede ser mejor. En el campo, además de la soledad, también hay cosas positivas y negativas: En el caso de los positivos, respiras aire natural; hay una paz inimaginable; ves la naturaleza crecer con los años; puedes echarte en la hierba fresca; ver el alba por la tarde; los árboles y las flores siempre alegran a uno el día, y sobre todo, ver el atardecer ocultándose por encima de la colina. Una belleza. En los negativos, a veces hay peligro de que te ataquen algunos animales pero siempre está esa ley de que no debes de molestarles. También existe ese miedo de que haya tormenta y pasarlo mal, pero no siempre ocurre. A mi me hubiera gustado aprovechar más el tiempo, saberlo todo, explorarlo todo. Pero la soledad de varios años me llevaba a aceptar el cargo. No sabía exactamente por qué me querían, pero sabía de una cosa, me iban a pagar y tendría un hogar mucho mejor del que tenía. Estaría rodeado de gente y podría relacionarme con ellos. ¿Qué podría hacer? Sólo yo lo sabía. Después de varios días de espera, decidí darle una respuesta. Sabía que sí elegía una de las dos, tarde o temprano me iba a arrepentir. ¿Y tú que opinas?

By (((N0ble))) 2012 Todos los derechos Reservados. Jessica Solíz Morales. Esta historia fue creado el día 23 de Marzo de 2012

a la 1:00 de la madrugada. El fin era de entregarlo para un concurso de relatos cortos del instituto “Francisco Salinas”, que, justo el 23 de

Marzo, me presentaba al concurso de “Relato Corto” de “Coca-Cola”(que, por cierto, gané el 6º puesto) Debido al problema de no tener Internet en casa, tuve que pedírselo a mi profesora de Sociales que me lo

fotocopiara, ya que mi impresora funcionaba con Internet mediante conexión Wi-Fi.

Total, que al final no presenté este relato. Yo creo que iba a ganar.

Cuando lo he leído (hoy 25 Diciembre 2013 -23:50 ) flipé de ver que, en esa edad, lo bien que escribía y que, a pesar del tiempo y de las horas, hice un buen trabajo. Con razón gané el premio. Tal vez estaría “inspirada”...


Memorias de uno