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Ezequiel Bottaro

LA IMAGINACIÓN IMPACIENTE


Bottaro, Ezequiel La imaginación impaciente / Ezequiel Bottaro. - 1a ed . - Sarandí : Ezequiel Bottaro, 2017. Libro digital, PDF Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-42-6169-4 1. Microrrelatos. 2. Narrativa Argentina Contemporánea. I. Título. CDD A863

Asesor editorial y maquetación: Matías Cukierman @Cuk_MH - facebook.com/cukeditor Asesora literaria: Maumy González www.aquateca.com.ar - difusion.aquavioleta@gmail.com © Ezequiel Bottaro, 2017 Reservados todos los derechos de esta edición

Hecho el depósito que establece la Ley 11723. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin permiso del escritor.


Presentación Este libro contiene veintisiete microrrelatos, textos narrativos brevísimos que cuentan una historia. Forman parte de mi obra La imaginación impaciente, escrita y publicada en el año 2006. Fueron seleccionados, revisados y corregidos especialmente para la presente edición con el objetivo de revivir la experiencia de aquel título. En esa ocasión, mi propuesta era explorar con el lector el potencial que llevan, en su interior, las palabras. También, jugar con la capacidad humana de contar y de crear para dejar expuestas las proyecciones de la imaginación. Hoy, casi once años después, considero que sigue siendo una gran invitación. El mundo de la imaginación es infinito y explorarlo todavía me resulta tentador. El género del microrrelato se presenta como ideal para esa aventura. Tiene la particularidad de ofrecer historias que dan lugar a inventar circunstancias, escenarios, consecuencias y múltiples variantes de los caminos que podría recorrer la historia. Ya lo alertaba en la contratapa de aquel libro: “No hay tiempo para detenerse en detalles, en contar el resto de la historia, en explicar el porqué, en aclarar los sucesos”. Eso facilita que en cada lector se genere la chispa necesaria para jugar con la imaginación, para disfrutar mientras fluye entre las posibilidades del cuento. Incluso, terminar de cerrar su significado. Te invito a compartir este espacio de complicidad y a reencontrarnos con estas historias para llenarlas de vida.

Ezequiel Bottaro (Zeku)


Índice Presentación............................................................................................3 Sobre La imaginación impaciente...................................................... 5 La imaginación impaciente..................................................................8 Ejecución...................................................................................................9 El jugador............................................................................................... 10 Sutil..........................................................................................................11 Activismo político................................................................................ 12 Noche de guardia en la Seccional 4.ta.............................................13 Descreídos............................................................................................. 14 Préstamo................................................................................................ 15 Sobre el amor....................................................................................... 16 La señora Cachi Dochento ................................................................ 17 La inseguridad en la Seccional 4.ta ................................................ 18 Mala praxis............................................................................................ 19 Sin cable a tierra................................................................................. 20 El autor................................................................................................... 21 Lotería..................................................................................................... 22 Rutinas de la Seccional 4.ta.............................................................. 23 Pasarse de listo.................................................................................... 24 Apariciones............................................................................................ 25 Con la frente en alto........................................................................... 26 A las 6.30 a. m. ....................................................................................27 Un caso de gatillo fácil en la Seccional 4.ta.................................................. 28 Pescadores............................................................................................ 29 La azafata.............................................................................................. 30 Amores.....................................................................................................31 La urgencia y la Seccional 4.ta......................................................... 32 Encuentros estéticos...........................................................................33 Filántropo............................................................................................... 34 Sobre el autor....................................................................................... 35


Sobre La imaginación impaciente Hace algunos años, Ezequiel cebaba unos mates y me explicaba qué era un microrrelato; también me iba contando los que estaba escribiendo, la base de lo que luego fue La imaginación impaciente. Después leí a Monterroso. Y cuando descubrí esos textos me parecieron desafiantes: cómo decir tanto en tan breve espacio. La magia consiste en combinar el silencio y la sugerencia de una manera justa, dejando espacio a la imaginación del lector. Un gesto, a la vez, generoso y arriesgado: qué y cómo decir; qué leerá el otro. Los artífices de este texto, que se ha leído a sí mismo de un tiempo a esta parte, no sólo no subestiman al interlocutor, sino que además le permiten dialogar con su perspectiva de mundo. Cada texto nos enfrenta a la consciencia del sentido común, pero todos esconden un guiño que no sólo lo devela, sino que también lo resignifica. En ocasiones, el microrrelato nos prepara para la tranquilidad de la obviedad cuando una palabra nos sorprende explotando de sentidos diversos y abriendo otras posibilidades. Inmediatamente, otro texto nos


arrima al cliché que no es tal. Por suerte, un sentido del humor sutil y bien elegido va dándonos respiro entre todas las significaciones que van haciéndose lugar entre los silencios que la obra va repartiendo para dejarnos imaginar. Aunque distintos, todos estos microrrelatos condensan grandes historias que no necesitan ser dichas. Casi con timidez, se dejan ver los vértices de la alienación, del amor idealizado, de las apariencias y las sombras. Hay una serie de ellos que se centran en las peripecias de un grupo de policías, que se parecen a la idea conocida que tenemos de ellos y nos permite reconciliarnos con una perspectiva del mundo compartida. Ante ellos, seguramente sonreiremos con indulgencia. Pero no es más que una trampa para avanzar de nuevo a la transformación de nuestras expectativas. La multiplicidad semántica, lo transmutación de lo obvio, la esperanza del secreto, los avatares de la edad, la mirada del otro. Todos y cada uno arman un caleidoscopio que el autor ha sabido reencontrar, relevar y regalarnos. No sólo al nivel de lo que nos cuenta, sino también en el acto de volver a publicar. Reeditar es renovar el pacto de leerse, desde nuevas experiencias, con otros aprendizajes, ampliando el desafío,


renovando la impaciencia. Es una forma de construir una complicidad que nos hace humanos y únicos, que nos hermana como lectores y como amigos, como personas a las que nos gusta que nos cuenten historias, respetando e incentivando nuestra capacidad de crear. Este libro condensa esas posibilidades y muchas otras que se me deben de escapar por no poder desasirme de mi propia visión de mundo. Entrar aquí será una forma de entrar a uno mismo y, simultáneamente, salirse de sí. Después de todo, la imaginación es la posibilidad de jugar y a eso nos han invitado. La impaciencia depende de quién ahora se anime, entre y sepa que, al final, será el mismo, pero no. Alejandra Dughera Primavera del 2017


La imaginaciรณn impaciente


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Ejecución

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La banda compartió su música sin preocuparse por las melodías de la fonola que estropeaban el monótono sonido de los disparos. Al terminar, ya no quedó nadie vivo para aplaudir, pero el trabajo estaba hecho.

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El jugador

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Una mala mano de naipes lo dejรณ tildado como un flipper que acaba de recibir un golpe. En las siguientes, las deudas se multiplicaron. El juego terminรณ cuando intentรณ huir de la mesa y el cobrador le hundiรณ un cuchillo en el vientre.

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Sutil

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Un hombre con botas de goma se acercó al mostrador de la tienda del bosque. —Un encendedor, por favor –dijo. —¿Pesca? –preguntó el vendedor. —No, incendio forestal.

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Activismo político

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El intendente jadeaba durante el discurso, la panza no le permitía respirar correctamente. —¡El pueblo tiene que comer! –arengó. La muchedumbre se abalanzó sobre el escenario y se lo comió.

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Noche de guardia en la Seccional 4.ta

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El comisario Lorenzo observaba las estrellas desde la terraza de la seccional. —Lo que me indigna –dijo– es que la gente no respeta este laburo, y eso que nosotros exponemos nuestras vidas por ellos. —A mí lo que me indigna –replicó el cabo Ramírez– es que yo tuve la idea de subir, pero a usted le tocó la reposera.

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Descreídos

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—¿Alguien cree en los vampiros? –preguntó Vlad. Los otros chicos que estaban en el baño se rieron. —Yo tampoco creía, hasta que mi mamá me contó que ella era uno. Todos volvieron a reír, incluso él. Recordó el consejo de su madre: “No converses con la cena, después tenés pesadillas”.

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Préstamo

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—Voy a dejar la puerta sin llave –dijo Bartolomé–. Acordate de que el balcón está hacia tu derecha. —Gracias, Barto, en serio. —Ni me hables. Sólo te pido un favor: no grites al caer.

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Sobre el amor

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—Ni siquiera he visto una mujer desnuda –dijo el anciano. —Si no puede responderme qué estoy sintiendo –dijo el hombre–, vine en vano. —En vano, no. Ahora ya sabe a qué personas no tiene que preguntarles.

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La señora Cachi Dochento

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Le habían pasado los años. Sin embargo, todavía intoxicaba con sus senos cuando salía a varear con su caniche. No había perdido la habilidad para seducir a sus presas. La excepción eran los que la recordaban de joven, esos eran inmunes.

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La inseguridad en la Seccional 4.ta

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—Confirmado –dijo el cabo Ramírez desde la puerta de la oficina–. Falta uno de los nuevos. El comisario Lorenzo lo miró. —¿Está seguro? —¡Los contamos tres veces! —¿Será posible? –Lorenzo golpeó el escritorio–. ¡Que nos roben un teléfono es el colmo!

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Mala praxis

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—¡No se lo permito! –el instrumentista retuvo el brazo del cirujano. —Soltame. Se lo merece. —Y nuestro juramento, ¿dónde queda? —¡En el mismo lugar que su conciencia! –dijo el cirujano y perforó el intestino antes de cerrarle el abdomen al paciente.

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Sin cable a tierra

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Madrugaba eléctrico, vivía enchufado y no me preocupaba la sobrecarga. Hasta que una noche exploté y me liberé de la tensión.

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El autor

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—Escribir es morir un poco –dijo mientras firmaba su epitafio.

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Lotería

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—Treinta y uno –anunció en la televisión el chico de la lotería. El anciano aplaudió, feliz. Había acertado todos los números. Ya estaba listo para elegir el cartón ganador y llevarse el pozo acumulado.

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Rutinas de la Seccional 4.ta

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Se disputaba quién les daría de comer a los reos. —¡Piedra, papel o tijera! –dijo el cabo Gómez. Un puño cerrado y una palma se enfrentaron. —¡Gané! –dijo el cabo Ramírez. —OK, ganaste. ¿Por cuánto arreglamos?

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Pasarse de listo

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—¡Quiero tres deseos más! –exclamó el hombre. —Concedido –dijo el genio–. Te los otorgaré tres segundos antes de tu muerte.

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Apariciones

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Julio no creía lo que veía. Sacó sus lentes del bolsillo de la camisa y, al ponérselos, casi les dobló una patilla. No estaba viendo un fantasma, sino el rostro de su hijo treinta años después.

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Con la frente en alto

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Los pusimos en fila. Nos miraban fijo. Un barbudo nos sacó la lengua. Pero lo que me dio arcadas fue ver a uno sonreír justo antes de que disparáramos.

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A las 6.30 a. m.

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Sofía salió del departamento y dejó la taza de café por la mitad y las galletitas fuera del tarro. Llegó a la estación de trenes. Caminó a toda velocidad entre los otros pasajeros; pero, mientras subía, se dio cuenta de que no había empujones ni insultos. Miró a su alrededor. Hombros caídos, pies arrastrados y rostros grises. Sintió pavor, ya nadie se resistía, y gritó para despertarlos.

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Un caso de gatillo fácil en la Seccional 4.ta

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El cabo Ramírez se paró, sacó el arma y le disparó a la sota de copas. El comisario alejó la mesa de un empujón. —¡Ignorante! –gritó–. Cuando dije “mátela”, me refería a que tirara el ancho de basto.

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Pescadores

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En la barra del club era algo corriente escuchar exageraciones sobre la pesca. También inventos acerca de animales marinos absurdos. —Hoy encarné con una mojarra cobarde –dijo un viejo jubilado–, cuando quería colocarla en el anzuelo temblaba.

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La azafata

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Nos conocimos de Buenos Aires a Berlín. Unos meses después, durante una tormenta de nieve en New York, volvimos a vernos. Esa tarde hablamos de las parejas, los hijos y los vuelos constantes. Pero a la hora de amarnos, las dos convinimos en que lo mejor era hacerlo en París.

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Amores

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A principios de siglo, Bode y Berta se conocieron en un balneario de Berlín. Compartieron un verano inolvidable, hasta que ella regresó a Italia. Después de dos guerras, siguieron sin reencontrarse, aunque se amaban como el primer día. Ambos tuvieron pareja e hijos, y ese amor secreto hasta la tumba.

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La urgencia y la Seccional 4.ta

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—¿Dónde está el subcomisario? –le preguntó el comisario Lorenzo al cadete Amaya, que estaba de guardia en el mostrador de entrada. —Manejando la camioneta, comisario. —¿Y Ramírez? —Empujándola. —¿Qué pasó? —Se quedó sin combustible. El cabo Gómez fue a la estación de servicio a buscar un bidón, pero como no regresaba fueron a buscarlo. —¿Quién fue el imbécil que ordenó eso? —Usted, cuando pidió que la pizza llegara de inmediato.

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Encuentros estéticos

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—Parece un pulóver –dijo ella. —Es bello –dijo él acariciándose el pecho. —A mí me da cosita. —A mí, abrigo –dijo él. Se puso la camisa y abandonó el cuarto.

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Filántropo

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El ladrón abrió la caja fuerte. Encontró un papel en su interior. Lo leyó: “Si me lo hubiera pedido, habría obtenido mucho más”.

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Sobre el autor Ezequiel Bottaro nació el 5 de diciembre de 1981 en San Martín, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Está certificado como Coach Ontológico avalado por la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP) y la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional (FICOP). Ha realizado diversos cursos de formación y perfeccionamiento en torno a esta profesión. En su faceta de autor, escribe obras literarias de forma autodidacta desde temprana edad y ha ido incorporando aprendizajes a través de la participación en talleres. Forma parte de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Publicó el libro de microficciones


La imaginación impaciente (2006), del cual se seleccionaron y se revisaron los cuentos para esta edición. Además, la novela corta Bancala (2015). Actualmente, vive en el partido de Avellaneda, trabaja en la gerencia de RR.HH. de una reconocida empresa como Analista de Gestión del Cambio y recientemente publicó una novela corta sobre liderazgo personal Emergencia (2017). Además, a través de su página web www.zeku.com.ar, y las redes sociales, usuario Zekuezebottaro, ofrece: servicios de coaching, reflexiones, contenidos y herramientas para todos los que buscan crear resultados extraordinarios.

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La imaginación impaciente  

Selección de mirorrelatos del libro de libro homónimo.

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Selección de mirorrelatos del libro de libro homónimo.

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