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LAS EXPLOSIONES LES HICIERON SUPONER QUE SU OPERACIÓN, CUYO NOMBRE EN CLAVE ERA GUNNERSIDE, había sido un éxito. En el exterior se confundieron con las que producían los equipos de combustión, por lo que la alarma fue relativa y pudieron escapar.

que la planta no tardó en ser reparada y puesta de nuevo en marcha, recuperando el pleno rendimiento en el verano de 1943. Aun así, media tonelada de agua pesada se había perdido. De nuevo los invasores mejoraron la vigilancia en las instalaciones, convencidos de que habría más intentos de destruirlas y dispuestos a evitarlo de cualquier manera. Los aliados estaban frustrados al constatar el segundo fracaso de sabotaje contra las instalaciones de Vemork, y con una conciencia clara de lo que estaba en juego, vencieron sus propias reticencias y pusieron a un lado las consideraciones en torno a las bajas civiles

y a la reacción del Gobierno noruego si efectuaban un bombardeo masivo y directo. La decisión que habían tomado era detener la carrera nuclear alemana a cualquier precio, y el 16 de noviembre de 1943, trescientos bombarderos despegaron rumbo a Vemork, donde volando a gran altura lanzaron casi mil bombas pesadas.

UN

ATAQUE COMPLEJO

Dos años atrás se había descartado un ataque de este tipo por varias razones, entre otras, la complejidad del ataque. Dicha complejidad se mostró con toda su magnitud en el ataque de noviembre de 1943, donde a pesar del temible des-

pliegue de aviones y bombas, la planta quedó casi intacta. Menos de veinte bombas dieron en el blanco y una cantidad mínima de agua pesada fue echada a perder, mientras que las instalaciones podían seguir funcionando. Dos aviones no regresaron de la misión y veintidós noruegos, en tierra, perdieron la vida como consecuencia del ataque. En resumen, el tercer ataque concienzudo y preparado que los aliados llevaron a cabo para acabar con la fabricación de agua pesada de los nazis en Noruega, acabó como los dos primeros: sin resultados que celebrar. Como era de esperar, el Gobierno noruego se enfureció, advirtiendo que en adelante su actitud sería poco colaborativa con los aliados, que al fin y al cabo, lo habían despreciado directamente al llevar a cabo el bombardeo. Los alemanes, por su parte, tomaron la determinación final de mover la producción del agua pesada, así como toda la que tenían almacenada, a un lugar seguro en Alemania. Los barriles con el agua pesada debían ser enviados a territorio germano con las máximas precauciones y extremando la seguridad, por lo que el contingente que se dispuso para vigilar el tren que serviría de transporte era considerable. El trayecto en tren se cortaba en un determinado punto, donde para cruzar el lago Tinnsjø, que interrumpía la vía férrea, los barriles con el agua pesada tendría que embarcar en un ferry que los llevaría hasta la orilla contraria del enorme y profundo lago. En enero de 1944 se puso en marcha el transporte alemán, y también un último intento del bando aliado de destruir el agua pesada, que seguía en manos enemigas. La noticia del transporte llegó a Londres, junto con una duda por parte de la resistencia: ¿Merecía la pena la destrucción, CLÍO

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Clio historia octubre 2016  
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