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Medicina e Historia / LA VACUNA DE LA VIRUELA

EDWAR JENNER, junto a estas líneas. Abajo, una grabado que muestra la travesía del barco comandado por el doctor Balmis.

con hombro” era original, pero al mismo tiempo muy delicado, al tratarse de niños. A través de la vacunación de los niños se aseguraba la viabilidad del virus y, en consecuencia, su capacidad para generar una respuesta inmunológica. Los niños que fueron escarificados con el fluido de la viruela de las vacas (cowpox) recibieron el nombre de “niños vacuníferos”. Balmis recomendó la recolecta de niños de edades comprendidas entre 5 y 8 años que no hubieran padecido la viruela porque esto ofrecía una cierta garantía, puesto que los adultos sí podrían haber padecido la infección. Lógicamente las familias normalmente estructuradas eran reticentes a “prestar” a sus hijos para una aventura de tales dimensiones. El propio Balmis reconocía que “ningún padre es capaz de dar a sus hijos a un forastero desconocido”. Desde el primer momento se optó por reclutar a niños procedentes de Inclusas. En compensación la Corona se comprometía a hospedarlos, cuidarlos y formarles en una profesión que les garantizase y permitiese su integración laboral en la sociedad. El grupo inicial de niños elegidos estaba formado por 4 procedentes de los hospicios de Madrid y 18 de los orfanatos de Santiago de Compostela, haciendo un total de 22 niños, conocidos como “galleguitos”. El número era inferior a los 25 que había calculado inicialmente Balmis para asegurar el éxito de la misión. Esta táctica operativa conllevaba introducir un nuevo miembro en el 44

CLÍO

equipo, una persona que tuviese los conocimientos necesarios para atender y cuidar a los niños durante la travesía. Para este puesto Balmis eligió a Isabel Sendales y Gómez, la rectora de la Casa de Expósitos de A Coruña. Sería la encargada de cuidar no solo de los niños que partían desde España, sino de todos aquellos que fuesen incorporándose a la expedición. Hay que tener en cuenta que el individuo “fuente” o “depósito” no era útil para una nueva inoculación, habría que obtener en los pueblos por donde se pasase nuevos niños vírgenes transportadores de pústulas útiles. Los niños actuaron como reservorios naturales de la vacuna, garantizando el transporte de la vacuna en perfectas condiciones biológicas. En cuanto al puerto idóneo para la salida de la expedición, en primer lugar se optó por Cádiz, por su tradición americanista, pero a medida que se fue perfilando el proyecto el puerto de A Coruña fue ganando adeptos. En este puerto se habían establecido los buque-correo con destino a La Habana, Montevideo y Buenos Aires, los cuales además trasladaban a viajeros y mercancías. En cuanto a la ruta, inicialmente se propusieron tres diferentes: la del doctor Francisco Requena, la del doctor José Flores y la del doctor Xavier Balmis. El 26 de mayo de 1803 el Consejo de las Indias dictaminó una ruta para la expedición, la cual no se cumplió, Balmis tuvo que hacer modificaciones sobre

la marcha, motivadas por la necesidad de propagar con rapidez la vacunación.

RUMO

A

AMÉRICA

El 30 de noviembre de 1803 la expedición partió con viento favorable y mar propicia del puerto de A Coruña a bordo de la corbeta “María Pita”, de unas doscientas toneladas, capitaneada por Pedro del Barco. Balmis llevaba instrumental quirúrgico e instrumentos científicos, así como la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Moreau de Sarthe, para ser distribuido a las Juntas de Vacuna que se fundaran. La corbeta partió con dos niños inoculados. La primera escala fue Santa Cruz de Tenerife, donde fueron recibidos de forma calurosa. La expedición no podía comenzar mejor. En la isla permanecieron atracados durante un mes para cumplir la primera de sus misiones, vacunar a la población y establecer en el puerto tinerfeño un centro de vacunación que permitiese difundir y mantener la vacunación en el resto de las islas del archipiélago. Una vez se completó la misión, la corbeta puso rumbo hacia Puerto Rico, donde atracó casi un mes después, tras una travesía tranquila y sin incidentes. Durante el viaje el doctor Balmis vacunaba dos niños cada vez, para asegurarse la continuidad de la cadena humana. En Puerto Rico la expedición no disfrutó de los halagos y atenciones de las autoridades locales que habían tenido en Tenerife. Todo fueron contratiempos, por

Clio historia octubre 2016