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URANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII LA VIRUELA, A LA QUE EL HISTORIADOR BRITÁNICO THOMAS MACAULAY DEFINIÓ COMO “EL MÁS TEMIBLE DE TODOS LOS MINISTROS DE LA MUERTE”, tomó el relevo a la peste como el azote de la Humanidad. A la elevada mortalidad, en algunos casos próxima al 20%, había que añadir la ceguera y la desfiguración facial irreversible como señas de identidad. Se calcula que a finales del siglo XVIII morían en Europa anualmente unas 400.000 personas a consecuencia de esta infección.

D

VIRUELA

VACUNA... O

¿HUMANA?

En 1796 un médico rural inglés, el doctor Edward Jenner, descubrió un remedio eficaz y seguro para combatir la enfermedad, más allá de los rezos, sangrías, purgas y ayunos que venían practicando los galenos desde tiempo inmemorial. Este médico observó que quienes se infectaban de la viruela de las vacas (cowpox), una enfermedad leve y sin secuelas, no padecían la grave viruela humana (smallpox). Esta observación la confirmó científicamente al infectar a un niño de 8 años (James Phipps) con viruela vacuna, adquirida por una ordeñadora de vacas, y

un tiempo después someter al niño a la inoculación de líquido procedente de una lesión de viruela humana, observando que el niño no desarrollaba la enfermedad. La verdad es que si este ensayo clínico lo hubiera hecho en la actualidad el doctor Jenner habría terminado en la cárcel, ya que no sería inaceptable desde el punto de vista de la ética médica. A partir de este momento se empezó a difundir la técnica de Jenner que consistía, básicamente, en inyectar en la piel el líquido obtenido de la vesícula provocada por la inyección de una lesión de la viruela vacuna. Fue precisamente por CCLLÍÍOO

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Clio historia octubre 2016  
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