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El legado francés / MUJER Y REVOLUCIÓN

tras oían las voces de las revolucionarias coreando cantos como este: "Hasta Versalles llevamos con orgullo nuestros cañones. Deberías habernos visto, unas simples mujeres con un valor que no se nos puede reprochar". Las conocidas desde entonces como “mujeres de octubre” se convirtieron en el símbolo de los primeros tiempos de la revolución.

LAS MADRES DE LA REVOLUCIÓN Sin ninguna intención violenta, aquellas madres, esposas, trabajadoras, consiguieron forzar la vuelta del rey a la capital y que Luis XVI aceptara la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa el 26 de agosto de 1789 entre otros decretos pro-

mulgados tras la Toma de la Bastilla. Las “heroínas de la Revolución” y su marcha a Versalles simbolizaron el fin de la autoridad real y del antiguo régimen de privilegios demostrando que ellas también podían formar parte de la revolución, ya fuera desde el anonimato y a través de los levantamientos populares con intenciones reivindicativas y no violentas. A pesar de que en esa ocasión las reivindicaciones de las mujeres no fueron explícitamente “feministas”, ya mostraron su coraje y su intención de no quedarse tras los muros de sus empobrecidos hogares esperando un milagro. Fue poco después cuando la participación activa en los ejércitos revolucionarios se utilizó como elemento reivindicativo de los derechos de las mujeres. En este sentido, de nuevo Théroigne de Méricourt,

"LA MUJER TIENE DERECHO A SUBIR AL CADALSO; Y ANÁLOGAMENTE DEBE TENER DERECHO a subir a la tribuna de oradores" (Olympe de Gouges). DETENCIÓN de Luis XVI.

EL ÁNGEL ASESINO QUE TERMINÓ CON MARAT EN EL VERANO DE 1793, LA REVOLUCIÓN FRANCESA HABÍA TOMADO UN CAMINO VIOLENTO Y RADICAL QUE PASÓ A LLAMARSE PERÍODO DEL TERROR. Extremistas jacobinos consiguieron hacerse con la Guardia Nacional y eliminar de la escena política a los girondinos, representantes de las posturas más moderadas. El 13 de julio de aquel año terrible, una joven de orígenes aristocráticos asesinaba a uno de los líderes más carismáticos de los denominados jacobinos, Jean-Paul Marat. Charlotte Corday quiso así terminar con el Terror en Francia, pero conseguiría todo lo contrario. Charlotte Corday empezó a simpatizar con las ideas moderadas de los girondinos cuando tenía alrededor de 23 años. Sus ideas se afianzaron cuando, tras la ejecución de Luis

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CLÍO

XVI en enero de 1793, los sucesos se precipitaron y la revolución se radicalizó. Los jacobinos y sans-culottes, defensores a ultranza de la república y la democracia, hicieron todo lo posible por desbancar a los girondinos de la escena política. Charlotte Corday, defensora de sus propios ideales, no dudó en terminar con aquella situación de Terror iniciada el 2 de junio de aquel mismo año por Robespierre. Se decidió así a marchar a París y terminar con uno de los radicales más influyentes. Jean-Paul Marat, médico, periodista y político, formaba parte del grupo de los Jacobinos junto con otros políticos, como Danton o Robespierre. Marat era el editor de la famosa publicación L’ami du peuple, en la que escribía sobre la revolución en sus aspectos más radicales.

El 9 de julio de 1793, dispuesta a llevar a cabo su cometido, Charlotte Corday marchó hacia París. Tras alquilar una habitación en el Hôtel de Providence se dirigió a la Asamblea Nacional para encontrarse con Marat. Como allí no estaba el jacobino, Charlotte se presentó en su casa. Tras varios intentos por conseguir una entrevista con el periodista con el pretexto de que iba a facilitarle los nombres de los principales miembros de La Gironda dispuestos a organizar un levantamiento, consiguió acercarse a él. El retrato de Jacques-Louis David, La muerte de Marat, nos da una visión muy real de la escena que terminó Charlotte. El líder jacobino trabajaba sumergido en una bañera debido a una enfermedad que sufría

Clio historia octubre 2016  
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