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1$32/(Ð1 GUADARRAMA EN LA SIERRA DE

NO DESTACA LA SIERRA DE GUADARRAMA POR SUS ALTÍSIMAS CUMBRES. LA MEDIA DE LAS MONTAÑAS QUE LA CONFORMAN RONDA LOS 2.000 M DE ALTITUD Y SU PUNTO CULMINANTE LO CONSTITUYE EL PICO DE PEÑALARA CON SUS 2.428 METROS. ESTÁN LEJOS LOS 3.479 METROS DEL MULHACÉN, O LOS MÁS DE 3.000 DE MUCHOS DE LOS RISCOS PIRENAICOS. SIN EMBARGO, POR SU SITUACIÓN GEOGRÁFICA, LAS TEMPERATURAS MÍNIMAS QUE SE ALCANZAN EN ESTAS CUMBRES, ACOMPAÑADAS DE FUERTES VIENTOS, TIENEN POCO QUE ENVIDIAR A LAS QUE SE DAN EN CIMAS MUCHO MÁS ALTAS. TAMBIÉN HAN SIDO HISTÓRICAMENTE DESTACABLES LAS COPIOSAS NEVADAS, AUNQUE CADA VEZ SON MENOS FRECUENTES E INTENSAS.

POR ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO

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UIZÁ PARA EL VIAJERO O VISITANTE ACOSTUMBRADO A LA INMENSIDAD DE LOS ALPES, LA SIERRA DE GUADARRAMA NO ERA MÁS QUE UNA PEQUEÑA BARRERA MONTAÑOSA FÁCIL DE SUPERAR, un pequeño accidente que a buen paso y con la fortaleza del caminante entrenado en desniveles mayores, se podía librar sin apenas esfuerzo. Algo así debió pensar Napoleón Bonaparte la Nochebuena del año 1808, en plena Guerra de la Independencia española, cuando decidió atravesar la sierra de Guadarrama por el Alto del León, desde las tie-

rras madrileñas hacia las segovianas. Frío, viento y nieve, muchísima nieve, se encontró el Emperador. Cargados con su pesados cañones, más de 50.000 soldados iniciaron la subida a pie de aquel modesto puerto de montaña. La nieve y el hielo hacían patinar a hombres y animales, y los pesados cañones resbalaban cuesta abajo, de tal modo que tuvieron que ser desmontados y trasladados por piezas. Así lo contó el Barón de Marbot: “Llegamos al pie del Guadarrama durante la noche y vimos que era un pueblecillo muy pobre donde nos instalamos como pudimos. El frío había traspasado mis vendas y me producía un gran dolor en la herida.

Al punto del alba, el ejército iba a ponerse en marcha, cuando los batallones de vanguardia que se habían internado en la sierra retrocedieron para advertir al Emperador y al Mariscal que una espantosa tormenta hacía imposible el avance. La nieve cegaba a los hombre y a los caballos, y un impetuosísimo viento acababa de arrojar a muchos de ellos por un precipicio. Otro que no hubiese sido Napoleón se hubiera detenido, pero queriendo dar alcance a los ingleses a toda costa, habló a los soldados y ordenó que los de un mismo pelotón se agarrasen del brazo a fin de no ser llevados por el viento". Y añade: "La caballería echó pie a tierra, debiendo marchar en el CCLLÍÍOO

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Clio historia octubre 2016  
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