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Shameless (UK) ¿Qué la hizo diferente? “Shameless” es una serie que sabe mezclar de forma casi perfecta extremos casi completamente opuestos, especialmente en sus cuatro primeras temporadas. Es una serie muy desenfadada, muy políticamente incorrecta y muy exagerada. Y muy honesta, sobre todo muy honesta. Tiene momentos un tanto dramáticos y otros más bien rozando el esperpento más absoluto. Pero al mismo tiempo es una serie muy tierna y muy cercana, que te hace sentir prácticamente a cada uno de sus personajes como si fueran de tu propia familia. Y, sobre todo y ante todo, es una serie que no tiene ninguna dificultad para mezclar momentos dramáticos con otros que resultan genialmente divertidos. Y es cierto que la mezcla de drama y comedia, de cercanía y locura absoluta, es algo que podría decirse de muchas series, pero no muchas se atreven a llevarlo al extremo al que lo lleva la “Shameless” británica. Ni de la manera en que lo hace. Por poner un ejemplo, hay un momento muy concreto de la serie que resume a la perfección todo este espíritu que la define. Concretamente, se trata de los últimos minutos de la sexta temporada, que si bien no es una temporada perfecta (ni desde luego de las más representativas) sí que es absolutamente necesaria simplemente por ese final, en el que en apenas unos segundos pasa del drama y las lágrimas a las carcajadas, y además todo tiene sentido.

“Ese contraste, esa mezcla y esa locura, todo eso es “Shameless”” Ese contraste, esa mezcla y esa locura, todo eso es “Shameless”. Es brutal y exagerada, y al mismo tiempo sencilla y con un aire que resulta bastante familiar. Y precisamente por todo esto, consigue de un modo que muy pocas lo hacen ponerte en el lugar de unos personajes que tienen una vida que prácticamente nadie querría tener, y que la viven como prácticamente todos querrían vivirla. Parte del encanto de “Shameless”, de todos modos, viene de algo que comparte con muchas otras series británicas, y que resulta de algo tan sencillo (y al mismo tiempo tan complejo) como una manera de ver y entender el mundo que quizá nos puede resultar bastante más cercana que la que nos venden las series americanas. Es decir, aunque jamás hayamos vivido las mismas situaciones que sus personajes, o aunque ni siquiera nos resulten cercanos de manera inmediata, hay un algo, una mentalidad y una filosofía de vida que nos resulta familiar. Una manera de hacer las cosas que, aunque igual ni siquiera es directamente la nuestra, sí que podemos entender. Por el mismo motivo que podemos ver más cercanos a los adolescentes de Skins que a los de una serie de instituto estándar made in USA, podemos sentir una cierta complicidad con los personajes de “Shameless” que jamás podríamos llegar a sentir con personajes de series americanas por el estilo, sin que esto le quite ningún mérito a ninguna.

de desencanto y al mismo tiempo el humor y las ganas de reírse de todos y de uno mismo que transmite. Es muy suyo, y al mismo tiempo es muy nuestro, muy de todos, muy cercano. Y es algo que consigue mejor que nadie, y que sabe aprovechar perfectamente, como muy pocas han sabido hacerlo. En cierto sentido, precisamente en estos aspectos es donde se distingue de su versión americana, mucho más que en diferencias en las tramas. De hecho, la segunda temporada se separa bastante de la original, pero la primera temporada de la versión americana de “Shameless” es prácticamente un calco de la primera temporada la británica en cuanto a tramas, salvo pequeños detalles (como algún que otro cambio en los personajes. Por ejemplo, el Micky de la británica no aparece hasta la cuarta temporada (momento en que se convierte en un personaje fundamental y uno de los más memorables de la serie), mientras que en la versión americana aparece ya en la primera temporada, y con una personalidad un tanto diferente, algo menos caricaturesca), pero al mismo tiempo, el sentimiento que transmite es un tanto diferente por todos los motivos anteriores. Tiene un fondo distinto, una intención algo diferente, y una visión que no coincide del todo. Esto no significa ni mucho menos que una sea mejor que la otra (de hecho, ambas tienen muchas cosas positivas que ofrecer), sino simplemente que son diferentes. Así, la americana transmite a su manera (retorcida y con la marca Showtime) unos valores que podrían reunirse bajo la idea de la familia feliz, algo que no necesariamente hace la británica. En la versión americana, las desgracias de los personajes, todas las situaciones en las que se ven envueltos y todos esos elementos tan políticamente incorrectos con los que se atreven acaban sirviendo para volver a juntar a la familia, aunque sea a través de muchos obstáculos y no de la manera más ideal. Los hermanos Gallagher son una piña, y la familia al completo es un fin, da igual por dónde los lleve la vida. En cambio, para los Gallagher de Manchester la familia no es un fin, sino más bien una circunstancia. Es su origen, los define y explica lo que son y cómo lo son. Por supuesto que existe un nexo entre ellos, y a su manera están tan unidos como los americanos, pero de una manera totalmente diferente. Los Gallagher británicos están preparados para dejar atrás su origen, para salir corriendo hacia algo mejor y no preocuparse por mirar atrás, por lo que dejan atrás, y en ningún momento esto supone un desprecio hacia quiénes son, ni hacia su propia familia. Porque al fin y al cabo, ese nexo y ese cariño que se tienen sigue existiendo, aunque sea de una manera tan absolutamente distinta. Por último, quizá la diferencia más obvia entre la original y su versión americana, e igual incluso relacionada con todo lo anterior, se encuentra en la propia apariencia de todo y todos en ambas series. La versión americana aparenta ser “sucia”, a través de sus escenarios y a través de sus personajes. Sin embargo, en la versión británica las casas no aparentan estar sucias, sino que lo están de verdad. Y ya simplemente sin recurrir a nada más que al maquillaje y a la iluminación podemos ver cuál es la diferencia entre ambas visiones: la versión americana nos cuenta algo feo de forma bonita, mientras que la versión británica nos cuenta algo feo de forma fea, sin maquillarlo. Y en ambos casos el resultado es digno de aplauso.

Precisamente relacionado con esto está uno de los elementos más básicos y más centrales de la serie, que es justamente la sensación Mayo 2012 Zapping | 47

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Somos la primera revista online que trata exclusivamente de ese maravilloso medio que es la televisión. Esperemos que Zapping magazine os en...

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