Page 1

Más allá de Nº6 Prólogo

No los he olvidado. La crónica de sus vidas tal vez lo sea, lo único que merece la pena decir.

***

¿Podría confiar completa?

***

Déjame contarte una historia. Una historia que conozco. ¿Historia? No… es lo que lo que diría los humanos probablemente. Dirían que esto realmente se grabará en la historia de la humanidad. Pero para mí, los hechos de los humanos sólo son historias. A veces comedias, a veces tragedias; a veces predecibles, a veces aburridas… no son más que cuentos. Sí, los humanos siempre son unos actores malos. Representan una farsa, bailan con la misericordia de su avaricia, amor y sentimientos. Son estúpidos, ignorantes y avariciosos… Destruyen lo que han creado con sus propias manos. Aspiran a controlar sobre los demás y convertirse en los reyes del mundo. ¿Por qué es eso, me pregunto? ¿Por qué los humanos son los seres únicos incapaces de vivir las leyes de la naturaleza, sin dejar todo cómo está? Son unas criaturas tan extrañas. En la historia que estoy a punto de contaros, el personaje principal también es un humano… no. El personaje principal es realmente una ciudad. Una ciudad estado. La gente la llamaba Nº6. ¿Has oído antes ese nombre? Es la ciudad más hermosa y, a la vez, la existencia más aterradora creada por la mano del hombre. Digno estrella para un rol en una novela ¿no crees? Pero… es tan raro que, por alguna razón, siento algo de amor hacia esa ciudad, Nº6. La historia que rodea a Nº6, tan bien aquellos quienes han vivido por sí mismos en la historia, me resultan adorables. ¿Eso me hace poseedor de un “alma”?


Lo sé de dos chicos jóvenes. El día y la noche, la luz y la oscuridad, la tierra y el viento, aquel que abraza todo y aquel que intenta tirarlo todo. Son tan diferentes y a la vez tan parecidos. Pero ambos están involucrados profundamente con Nº6. Vivieron sus vidas con Nº6. ¿Qué? ¿Estás diciendo que cuándo qué? Me lo pregunto. Siento como si hubiera sido ayer, pero a la vez, siento como si hubiera sido hace mil años. Yo o siento el tiempo de la misma forma que lo hacen los humanos. No encuentro diferencia entre un momento concreto o una eternidad. Pero no los he olvidado. A veces, siento que la crónica de sus vidas sea la única que merezca la pena contar. Ven haca acá, ahora. Deja que te cuente una historia. La historia de los dos chicos y de Nº6.

Más allá de Nº6 Capítulo 1: Los días de Inukashi.

El cielo estaba girando. Lo sentía como si realmente fuera un remolino. ¿Eh? ¿Qué está pasando? Inukashi cayó en la cama y cerró los ojos. Se sentía enfermo. No sólo estaba mareado, sino que incluso tenía nauseas. Mantuvo los ojos cerrados mientras tomaba varias respiraciones profundas. Tomó aire por la nariz, dejó que el aire se asentara en su estómago y lo soltó lentamente por la boca. Una, dos, tres veces… Cualquier mal, físico o mental, se solía curar normalmente con eso… si su corazón estaba inquieto, sus pensamientos desordenados, sus heridas doliéndole o ligeros dolores de cabeza. Nadie le había enseñado eso, era algo que había aprendido incluso sin haberse dado cuenta. Pero para su estómago vacío, no había nada que pudiera hacer. No importaba lo profundo que tomara el aire para hacer que su estómago se hinchara, tan pronto como lo soltaba se volvía a aplanar. No había nada que pudiera hacer con su cuerpo, en el que aumentaba el frío de su hambre.


Odio el hambre. Es terrible. Inukashi dio una sacudida. El hambre era como un demonio. Con sus garras y colmillos afilados, arrancaba y robaba cualquier cosa que te hiciera sobrevivir, hasta las ganas de vivir. Pero en ese momento, estaba bien. Evidentemente, seguía hambriento. Inukashi no recordaba la última vez que su estómago estuvo lleno. Vacío… eso era exactamente cómo estaba su estómago. Esa era su idea. Cuidadosamente se incorporó en la cama. Ya no se sentía mareado, pero las náuseas seguían presentes. Se sintió pesado, como si alguien le hubiera atado pesas a sus brazos y piernas. Siento como si alguien me hubiera encadenado a bolas de metal, como al prisionero de algún país. Esto es malo. Se tumbó de nuevo y chasqueó la lengua mentalmente. Enfermar en el Bloque Oeste era como llamar a la Muerte. Allí, había brujos bajo tierra de naturaleza cuestionable, o aquellos que se autoproclamaban médicos, pero nadie podía darle un tratamiento médico adecuado. Al menos, Inukashi no conocía nadie. Su cuerpo estaba pesado. Con los ojos cerrados de esa forma, sentía como si empezasen a arrastrarlo en las profundidades acuosas. En momentos como estos, tengo que pensar en cosas divertidas, se dijo a sí mismo. ¿Divertidas? ¿Acaso me lo he pasado bien alguna vez? Lo hiciste. Ayer por la tarde, ¿recuerdas? Te liberaste del hambre, sólo un poco. Sí, ves, eso fue. Esa es la felicidad definitiva. Había comido algo de carne. Había una paleta de carne cruda en una descarga de restos de comida del Centro Penitenciario. No habían sido la sobras de alguien: había sido un cloque de carne que ni si quiera habían cocinado. No tenía golpes ni podredumbre. Tras una revisión más detallada, estaba peculiarmente desinflada. Tal vez al cocinero del restaurante para los empleados del Centro se le había caído al suelo, donde alguien lo había pisado. - “¡Eh! Acabas de echar a perder una paleta de carne perfecta.” - “Oh, lo siento. Pero puedes tirarla.” - “Bueno, no podemos evitarlo. No podemos usarla ya.” Habían tirado la carne a un cubo de basura metálico y se habían olvidado de ella. Al final, se las había arreglado para llegar a las manos de Inukashi junto con más basura y restos de comida… tal vez, ese fue su camino. Sea como fuere. No me importa cómo fue su viaje o cómo llegó hasta aquí. Todo lo que me importa es que estoy sujetando una paleta de carne en las manos. Qué suerte más impresionante. Literalmente, casi bailó de alegría. ¿Cuándo fue la última vez que había tenido algo tan bueno en las manos? Buscó y rebuscó en sus recuerdos, pero no salió nada. Inukashi se lamió los labios mientras sujetaba la paleta de carne, brillante por la grasa. Tragó con hambre. No sabía qué tipo de carne era, pero no le importaba… mientras que no fuera humana o de perro. Inukashi volvió a su vivienda en las ruinas y se tiró de cabeza a cocinarlo. Seleccionó


los trozos de verduras y sacó los huesos de los restos de comida, lanzándolos a una cazuela, y lo dejó cocer a fuego lento. Justo antes de terminar de cocinar, dividió el trozo en partes y lo lanzó dentro. Consideró apartar la mitad para dejarla curar, o llevarla al mercado para venderla, pero al final rechazó ambas cosas. Inukashi estaba al tanto de que la comida no perecedera era un producto valioso; también sabía que si llevaba la carne al mercado, le darían una cantidad de dinero decente. Pero pienso que terminaré esta carne de una sentada. Esa fue su decisión. Me permito darme un capricho de vez en cuando. Disfrutaré la buena suerte que me ha venido… la suerte que los cielos han decidido poner en mi camino de posibilidades. Esto es el Bloque Oeste, donde no puedo predecir cuál será mi destino mañana. Incluso Dios no me garantiza nada en este lugar. Puedo también disfrutar del presente sin pensar en mañana. El humo salió de la cazuela. Un olor que le hacía la boca agua empezó a vagar. Los perros se agolparon a su alrededor, atraídos por el olor. - “Lo sé, lo sé. También conseguiréis algo de comer, chicos. No os preocupéis.” Blancos, negros, con motas, pardos. Con pelo largo, pelo corto, pelo rizado. Con las orejas caídas, las orejas erguidas, con una oreja. Inukashi mantenía veinte o treinta perros con él, cuyos tamaños se comprendían entre uno que era tan grande como un ternero hasta otro que era más pequeño que un gato. Por alguna razón, ese número nunca aumentó. Nacían cachorros todos los años, lo que suponía que probablemente el mismo número de perros le dejaran o murieran. Una hembra vieja murió el día anterior. Fue una gran madre, que parió muchos cachorros y crio adecuadamente a casi la mitad de ellos. Recuerdo que sus hijos e hijas lamiendo su cuerpo frío y rígido por turnos. Los perros eran profundamente leales. Eran cálidos y amables. Tenían compasión auténtica. Nunca traicionaban a sus amigos o a su familia. Son mucho más decentes y confiables que las criaturas humanas . - “Más aterradores que el hambre, que la tierra helada, son los humanos.” Recuerdo esa que esa frase era del abuelo. Inukashi sacudió la cabeza mientras removía la cazuela con una paleta de madera. ¿Por qué tengo que recordarle? No me va a ayudar a satisfacer mi hambre. Pero, no… sacudió la cabeza incluso más violentamente. Tengo que recordarle al menos una o dos veces al año, por su bien. Tengo que recordarle y evocar lo amable que fue conmigo. Te lo debo viejo. No olvidaré las buenas acciones que la gente hizo por nosotros: esa es otra cualidad que tenemos los perros . No sé la edad que tenía el abuelo, o por qué vivió aquí en las ruinas con los perros, o de dónde venía o a dónde se fue. No siento que tenga necesidad de saberlo, o de intentar descubrirlo. Pero no habría sobrevivido si no fuera por él. Siento el peso de lo que hizo en cada milímetro de mis huesos. Era invierno cuando conocí al abuelo. Recuerdo el viento frío y la blancura de la nieve que estaba apilada frente a mí. Así que sí, era invierno. Hace muchos años.


No tenía recuerdos de su madre, ni se acordaba de su padre; aunque podía recordar con fuerza el viento gélido y la nieve bailando. Evocó los pasos que se acercaban, la lengua de un perro lamiéndole la mejilla, la calidez de un pecho humano; incluso el sentimiento de flotar por un instante cuando le levantaron en brazos. ¿Cuántos años tenía entonces? ¿Todavía era un bebé? Probablemente, eh, porque todavía estaba pidiendo leche a mamá. Seguro que los bebés recuerdan mucho más de lo que acreditan. Era un hombre viejo que habitaba en las ruinas del hotel y había recogido y criado a Inukashi. O tal vez alguien podría decir que lo había recogido, pero fue la hembra de perro la que lo crio. Era una hembra joven y acababa de parir una camada. Inukashi mamó de sus tetillas y durmió acurrucado a su tripa con los otros cachorros. Gracias a ella, había evitado la inanición. Había evitado morir de frío. Había sobrevivido. Esa perra inteligente y apacible había sido la única “mamá” de Inukashi. - “Eres un chico raro… o especial, debería decir”- el viejo había hecho esa declaración cuando Inukashi había crecido lo suficiente para poder andar y era capaz de competir con sus colegas caninos en abalanzarse por la comida. EL viejo había hablado con una voz amable, reflexiva y cálida. Inukashi también recordaba eso bien. - “¿Epesial?” - “Significa que eres diferente a los otros. Hasta ahora, nunca había oído, y mucho menos visto, a un bebé que pudiera alimentarse y crecer con la leche de perro. Cuando te traje, para ser sincero, me imaginaba que no durarías tres días. Pero te recogí de todas formas, porque quería darte un entierro adecuado.” - “¿Encierro?” - “Significa hacer un agujero en la tierra y meterte a ti dentro. Cuando murieras, planeaba ponerte bajo tierra y darte un entierro de esa forma. No podía evitar dejar que te consumieras al aire libre. No quería que te pasara lo mismo que a la mayoría de los bebés de estas tierras, que te pudrieras en mitad de una carretera, donde te picotearan los cuervos o te devoraran las alimañas. Normalmente yo habría… sí, yo te habría dejado allí. Habría pasado pretendiendo no darme cuenta. No sería diferente a lo que siempre suelo hacer. ¿Pero por qué decidí recogerte de la carretera… por qué quería enterrarte en la tierra?” - “¿Por qué?” - “No lo sé”- el viejo sacudió la cabeza lentamente, dos veces - “realmente no lo sé. No lo entiendo ni yo mismo. ¿Por qué te levanté en mis brazos ese día y te traje a casa? He visto muchos bebés, docenas, morir. ¿Por qué decidí tenderte la mano? No parece que pueda explicarlo. Eso es en parte a lo que me refería cuando dije que eras un chico raro.” Inukashi tembló. Soltó un sonido ahogado con el sentimiento de su cuerpo enfriándose hasta la punta de los dedos. Un sudor frío le cayó por la espalda. Estaba asustado. A la vez, estaba abrumado con el impulso de reírse a carcajadas. Quería echar la cabeza hacia atrás y dejar que su risa reverberara en los cielos. Estaba vivo debido a su buena suerte casi al borde de la casualidad. Si no fuera por el impulso del viejo, su cuerpo, su carne, sus huesos habrían sido presa de cuervos y alimañas.


Qué milagro fue, qué suerte. En el interior de su corazón había una tormenta de miedo, alivio y el impulso punzante de deshacerse en una risa histérica. En ese momento, Inukashi ya se había dado cuenta de lo ardua que era la tarea de sobrevivir cada día en el Bloque Oeste. Sentía que su futuro estaba lleno de tribulaciones y adversidades, como si estuviera escalando un acantilado empinado con las manos desnudas. Pero quería vivir. Quería vivir y sobrevivir y estrechar los límites de su vida, incluso durante un minuto, durante un segundo. Para eso, haría cualquier cosa, s in importar lo antiestético, deshonesto o vergonzoso que fuera. Morir era fácil. Todo lo que necesitaba era una cuerda y un árbol con ramas robustas. También podía saltar por un barranco. O podía correr gritando en el Centro Penitenciario… también era una opción. Los guardas que estuvieran patrullando le dispararían directo al pecho o a la cabeza sin ninguna duda. Terminaría con todo en un momento, sin importar el método que eligiera. No sufriría mucho. Al menos, no pensaba hacerlo. Por eso era por lo que sabía lo sencillo que era elegir la muerte. Era tan evidente como que el sol salía por el este. Pero no quiero. Inukashi apretó el puño, aunque todavía era muy pequeño. No terminaré con todo tan fácilmente. No elegiré la muerte a mi voluntad. Sobreviviré y haré lo que haga falta. Avanzaré al desafío. Desafiaré al destino que me abandonó en la carretera del Bloque Oeste; desafiaré al mundo que hace que sobrevivir sea semejante dificultad; desafiaré a los tipos que han hecho el mundo así… y ganaré. De hecho, estoy ganando ahora mismo mientras continuo sobreviviendo. Como un muchacho, Inukashi no sabía cómo hablar. No sabía cómo convertir la resolución de su corazón en palabras para decírselo a los demás. Pero el viejo, sin embargo, sonreía tranquilamente y le ponía una mano en la cabeza. - “Tengo la sensación de que serás capaz de hacerlo”- murmuró. Fue como un año después, al principio del invierno, cuando el viejo desapareció. Su cama ya estaba vacía cuando Inukashi se levantó esa mañana, y el viejo no estaba en ningún lado que pudiera verse desde las ruinas. Pero Inukashi tampoco siguió con una búsqueda afanosa. En algún lado de su corazón lo había dejado, saberlo no le serviría de nada. Estaba desconcertado, pero no solo. Los perros estaban con él. Mientras los perros estuvieran allí, estaría bien. El abuelo probablemente también lo supiera. Sabía bien cuándo se iría. ¿Sintió que el final de su vida se acercaba o encontró un lugar al que debía ir? Fuera lo que fuese, probablemente esté en algún lugar fuera de aquí ahora, en algún lugar de la tierra. La gente no puede convertirse en las estrellas del cielo, pero siempre vuelven a la tierra. También pueden dejar sus recuerdos. Gracias, abuelo. Nunca olvidaré lo que hiciste por mí. De vez en cuando, me aseguraré de recordarte y evocar algunos recuerdos de aprecio. Pero sabes, tu cara está empezando a emborronarse últimamente. Todavía puedo recordar cosas pequeñas: tu barba rala y desaliñada; cómo tu cabeza que estaba perdiendo pelo brillaba en rosa; cómo tu ceja derecha era inusualmente gruesa; lo suave que siempre era tu voz. Recuerdo esas cosas claramente, pero parece que no puedo evocar tu cara. ¿Me pregunto por qué? Pero bueno, ahí lo tienes. Hoy te he recordado. Eso es suficiente ¿verdad? Dio otra vuelta en la cazuela con la espátula.


Un perro moteado ladró. Otro de los perros metió baza y empezó a ladrar también. - “Lo sé, los é. Bien, demos el festín por comenzado. Juntaos a mi alrededor, chicos. Tenéis que esperar hasta que se enfríe para poderlo comer. Lo vais a pasar muy mal después si se os quema la lengua.” En el momento en el que Inukashi había terminado de repartir la sopa en los platos de los perros y había empezado a sorber su porción de caldo con sabor a carne, se había olvi dado completamente del viejo. El pasado tendía a meterse en medio de las cosas. Si seguía dándose la vuelta, no sería capaz de seguir avanzando. Inukashi comió un trozo de carne y saboreó el sabor y la sensación de tenerlo en la boca. Sintió como si fuera un desperdicio tragárselo; quería saborearlo eternamente. Pero el trocito pequeño se deslizó con demasiada facilidad a lo largo de su garganta y se acomodó en su estómago. En el momento en el que se acabó ese delicioso caldo de carne, sintió como el calor le llegaba hasta los huesos. Irradiando calidez, se tumbó en la cama. Los cachorros se retorcían unos sobre otros para escalar y lamerle toda la cara. Sus lenguas pequeñas y rosadas eran reconfortantes. Estaba feliz. Hasta sentía como si se hubiera hecho con toda la felicidad del mundo. Inmerso en su gozo, Inukashi cayó dormido. Sintió nauseas. Tenía miedo de que el techo empezase a dar vueltas de nuevo si abría los ojos. ¿Qué se me ha metido? Una parte de la cabeza empezó a darle punzadas suaves. Su cuerpo se sentía aún más pesado. Estaba empezando a sudar. Era una febrilidad antinatural, tan diferente de la calidad de la noche anterior. Las lenguas de los cachorros ya no eran tan reconfortantes. La piel le escocía irritablemente. Nunca antes había sentido a sus perros tan irritantes. Ninguna cantidad de respiraciones profundas mejoraba su condición. ¿Qué se me ha metido? Justo después de preguntárselo, sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. El miedo se encendió en lo más profundo de su corazón. Esto es bastante serio. ¿Qué pasará si me doy cuenta de que no puedo volverme a levantar? ¿Y si no puedo volverme a mover? Era terrible caer enfermo en el Bloque Oeste. Un habitante enfermo del Bloque Oeste no tardaba mucho en morir, privado de comida decente y viviendo en la miseria, tal y como estaba él. Sólo una herida pequeña era suficiente: un corte en dedo meñique, un arañazo a lo largo de la pata. También tenía achaques pequeños: mareos y nauseas. Cayó de nuevo en la cama. Su consciencia empezó a desvanecerse.


Un viento gélido entró a lo largo de una grieta en la ventana. El frío trajo de vuelta a Inukashi a la Realidad. Quería gritar. Quería pedir ayuda a gritos, tan alto como pudiera. Que alguien me ayude… alguien, por favor. Un perro se levantó por su cuenta en una esquina de la habitación y se acercó hacia él. Se sentó sobre sus patas traseras, a su lado, y le miró. Era un perro grande y marón, una cría de la familia de la madre de Inukashi. Había heredado su inteligencia y unos ojos negros y profundos. El perro se sentó con las orejas levantadas, como si estuviera esperando una orden de Inukashi. - “… Quiero que… los llames…”- señaló fuera de la ventana. Más allá se extendía un cielo invernal con nubes de nieve pesadas. La luz pasaba con dificultad a través de las nubes y malamente alcanzaba el suelo que estaba debajo. Una vez más, el Bloque Oeste terminaría el día tan frío como había empezado. El perro abrió empujando la puerta deteriorada y dejó la habitación. Sus bisagras oxidadas chirriaron desagradablemente. Se suponía que Inukashi se había acostumbrado a ese sonido, y todavía le perforó los tímpanos y empeoró sus nauseas. - “Por favor. Llámalos…” Ayudadme. El perro se lanzó a bajar las escaleras. Los cachorros se agacharon juntos y gimotearon apenados.

Estaba soñando. Soñando algo de hacía mucho tiempo. ¿De hace cuántos años? El viejo hacía mucho que había desaparecido. Inukashi estaba solo… pero con sus perros. Había conseguido la habilidad de conseguirse algunas sobras de comida, tanto como aprender por sí mismo cómo cocinarla o venderla. Estaba bajando unas escaleras. Eran peldaños de cemento que llevaban bajo tierra, no tan dañados como los de la vivienda de Inukashi. El edificio en su parte superior era mayormente ruinas, pero parecía que sus partes inferiores seguían intactas. Una vez que Inukashi alcanzó el fondo, s e encontró con una puerta. Extendió el brazo con cuidado para agarrar el picaporte. El edificio estaba localizado cerca de la entrada del Bloque Oeste. El bosque circundante cercano estaba salpicado con barracones. También esas cercanías se aproximaban a la Ciudad Santa, Nº6. Para ser exactos, era la pared exterior de Nº6. La pared especial hecha con una aleación especial brillaba en dorado mientras se emergía frente a él. La pared marcaba una división clara entre “ahí” y “allí”, cielo e infierno. Dentro de esas paredes no había escasez: camas calientes, comida abundante, instalaciones médicas con tecnología punta, hogares acogedores. No había amenazas para la vida, y uno podía vivir sin ni si quiera saber lo que era pasar hambre o frío. Inukashi también había oído que allí tampoco existían ni el miedo ni el sufrimiento.


Una utopía, merecedora del título de “Ciudad Santa”. Inukashi no había oído mucho de Nº6 en el Bloque Oeste. Todos se callaban y se negaban a tratar el tema como si el mismo nombre fuera un tabú. Negocios sospechosos, había pensado Inukashi… o más bien, sentido. Las utopías y las ciudades santas simplemente no existían en ese mundo. Nº6 era una ciudad estado que habían fundado los humanos. Siempre que hubiera humanos involucrada en ella, algo iba a desmoronarse. Vuestro ideal no es mi perfección y la felicidad para mí puede que sea algo que no podáis soportar. Ese es el mundo humano para vosotros. Los humanos no pueden crear una utopía. Lo mejores para lo que son capaces es para pelear, desentonar, inclinarse un poco por otra persona y entonces sentar la cabeza en algún lugar intermedio. Eso es. ¿Nº6? Ese lugar es tan sospechoso que hace que se me pongan los pelos de punta. La cosa más inteligente es mantenerse a tomar por culo de lejos . Ese era el porqué Inukashi nunca se había aventurado a acercarse a ese lugar. Odiaba ver la pared de Nº6 en su campo de visión. Si ese día hubiera experimentado una recolecta mejor, probablemente no se hubiera acercado mucho a ese lugar. Pero tras vagar todo el día por el Bloque Oeste, sólo había conseguido una o dos puntas de verduras y una tira de carne seca. Malamente era suficiente para poder alimentarse a sí mismo, mucho menos a sus perros. En ese momento, Inukashi no sabía de dónde sacar alimentos regulares o sobras de comida. Su única elección era agarrarse el estómago y gorronear desesperadamente. En el mercado, se ganó una paliza sonora del gremio de carniceros; en la taberna, la gerente le gritó palabrotas, pero siguió sin inmutarse. Inukashi llevaba mucho tiempo acostumbrado a los malos tratos, los insultos y el dolor físico. Tengo que hacer algo con esta hambre. Cuando volvió en sí, había estado en el bosque. Parecía que casi inconscientem ente había caminado por ese camino, intentando encontrar aunque fuera una nuez que recoger. Allí fue donde encontró ese edificio abandonado desmoronándose. De forma casual, puso una mano en la pared y esta se deslizó a un lado sin poner resistencia, revelando unas escaleras que llevaban al sótano. Inukashi movió la nariz. Entrecerró los ojos y extendió las orejas. No sintió ni olió la presencia de nadie. Completamente abandonado, ¿eh? Bajó cuidadosamente, paso a paso. Inukashi sabía que se suponía que una anciana rara y un niño (asumió que era su nieto) vivían allí. Les había visto un par de veces antes. La anciana tenía una mirada severa en los ojos, como si no hubiera sonreído ni una sola vez en su vida. Lo sé, lo sé. Me acuerdo. Esa anciana estaba mal de la cabeza. Atacó a alguien importante de Nº6… el alcalde, o el presidente, o lo que fuera. Y todo por su cuenta. Cojeó hacia él, cuchillo en mano y la dispararon hasta la muerte. Espera… ¿o la detuvieron y la dispararon? Fuera como fuese, acabaron con ella muy rápido. No hay que sorprenderse, jaja.


Inukashi se burló de ella mentalmente. Era un rumor que había oído en el mercado. No estaba seguro de su veracidad. Su estómago gruñó. Sonaba como un grito de ayuda. No puedo aguantarlo más. Dame comida. Rápido, rápido, rápido, rápido, rápido. Mierda ¿no hay algo por ahí? Pan mohoso, carne pudriéndose, no me importa. Cualquier cosa para callar a mi estómago. Agarró el picaporte. La puerta no estaba cerrada. Era un poco pesada pero con un empujoncito, la abrió sin mucha fuerza. - “¡Oh!”- un sonido no muy parecido a una respiración o al habla se escapó de su garganta“¿Qué coño es esto?” Había montones de libros hasta donde le llegaba la vista. Estaban por doquier y por todas partes, apilados cuidadosamente o esparcidos por el suelo negligentemente. El propio suelo era casi indistinguible. La habitación parecía que no tenía nada que no fueran libros. Ese momento fue el primer encuentro de Inukashi con los libros. Conocía palabras; también podía escribir, mientras que no fuera muy difícil. El viejo le había enseñado. Pero Inukashi no tenía conocimientos sobre lo que fuera un libro. Nunca había oído la palabra “libro” , ni tampoco sabía que se refería a esas hojas de papel con palabras impri midas atadas. No tenía ni idea de dónde empezar a entenderlos. Percibió instantáneamente que no eran comida. Para asegurarse, cogió un libro de un grupo cercano a la puerta y le dio un mordisco. Lo había elegido porque la manzana madura que había dibujada sobre un fondo blanco parecía deliciosa. Terrible. Inukashi se limpió la boca con el dorso de la mano y lanzó el libro a un lado. Duro, seco y, definitivamente, no es algo que pueda comer. Avanzó, dando patadas a los libros que estaban en su camino. Sólo parecía que hubiera libros en ese lugar. Tsk. Todo el trabajo echado a perder. Inukashi chasqueó la lengua y estaba a punto de darse la vuelta cuando su corazón palpitó temblorosamente. Había encontrado algo que no eran libros. Estaba colocado en una estantería (llena de libros)… algunos tomos se habían quitado para hacerlo espacio. Era una caja pequeña plateada, colocada sobre una toalla. ¿Qué es esto? ¿Hay alguien viviendo aquí? Movió la nariz de nuevo. Al igual que la vez anterior, no olió nada. Inukashi bajó la cajita plateada de la estantería. Abrió la tapa. Se encontró a si mismo dejando escapar un silbido. La caja había resultado ser un botiquín, con vendas, pinzas, gasas y numerosas medicinas almacenadas cuidadosamente en su interior. Había hasta un bisturí. Parecía como algo que se había utilizado en Nº6. Inukashi no tenía ni idea de cómo había terminado eso allí. No tenía intención de averiguarlo, tampoco. No le importaba la historia de su viaje. Lo que le importaba era lo que tenía en las manos. Eso era todo.


Los objetos médicos se encubrían en el Bloque Oeste. Los desinfectantes, especialmente, se intercambiaban a un precio muy alto. A veces, un botecito de desinfectante podía acabar costando dos monedas de plata. Inukashi acercó la nariz. Esto es puro al cien por cien, sin aditivos… la cosa es buena. Fíjate en la forma en la que me pica la nariz. Je, olvida la plata… si tengo suerte, esto debe transformarse en monedas de oro. He encontrado algo bueno. Mi suerte se ha dado la vuelta por fin. Inukashi se sonrió a sí mismo mientras cerraba la tapa de la caja. Estaba a punto de levantarlo en sus brazos cuando se dio cuenta de que había una mesa pequeña cubierta de libros. En la parte superior, había un ratoncillo. No estaba vivo. Estaba trabajado hábilmente, pero se notaba claramente que era artificial. Inukashi avanzó hacia adelante, sosteniendo, todavía, la caja contra el pecho. La tripa descubierta del ratón mostraba sus partes internas complejas. ¿Un robot? Inukashi estaba a punto de acercarse cuando sintió un escalofrío violento de repente. Notó como se le ponía la carne de gallina en la espalda. - “No te muevas”- oyó una voz en su oreja. Esa vez, la piel de cada milímetro de su cuerpo de punta. No era por la cuchilla que le estaba presionando contra el cuello. Era por la voz carente de calidez. Todos los sentimientos en ella estaban en suspensión congelada. Su explosión gélida heló hasta los propios sentimientos de Inukashi. Era la voz de un asesino. Era la voz de alguien que podía tomar una vida humana sin dudarlo, sin ninguna duda sentimental. Y… y sobre todo eso… ese chico me pilló por detrás . Si Inukashi pudiera jurar sobre algo, sería sobre su habilidad para sentir la presencia de las personas. Su sexto sentido era tan bueno como el de cualquier perro. Cuanto más sentimental fuera la persona, Inukashi podría sentir mejor la presencia en su piel. Gracias a esa habilidad, había sido capaz de escapar de peligros y conflictos una y otra vez. Pero en ese momento, no había sentido nada. No era capaz de discernir ni la forma de la persona que se le había acercado por detrás. ¿A lo mejor no es humano? ¿Un muerto que ha salido de las profundidades del Infierno? ¿Un demonio? ¿Un cambiante(1)? Sus dientes se negaban a juntarse. Sus molares castañeteaban, haciendo un sonido mecánico extraño. Resonaba en sus orejas. Clic, clic. Clic, clic. Clic, clic. Clic, clic. Inukashi hizo rechinar sus dientes y apretó el estómago. - “Es… espera un momento aquí. Yo sólo estaba…” - “Deja la caja.”


- “¡Es… está bien, está bien! Haré lo que dices”- Inukashi, temblando, devolvió la caja a la estantería. - “Ah… Ahí la tienes. La he devuelto. Es suficiente ¿verdad?” - “¿Suficiente? ¿Me estás tomando el pelo?” La cuchilla se movió sólo suavemente. Sintió una sacudida de dolor fuerte. Se esforzó por controlar el grito que estaba a punto de salir de su garganta. Estaba sudando por las axilas. - “El robo equivale a morir en este lugar. No deberías quejarte si te matan.” - “S… sí, pero quiero decir, no puedo quejarme si ya me han matado ¿no? E… eh, vivo en las ruinas, de todas formas… ¿las conoces? Está al final del camino, las ruinas de un hotel. Esa es mi casa. Vivo allí con mis perros. Me llamo… eh, bueno, no tengo nombre, pero sabes, quién lo necesita en un lugar como este ¿no? La gente me llama “Inukashi”… el prestamista de perros. Los perros son parte de mi negocio. Ja, ja, pero a quién le importa mi nombre ¿verdad? Aunque me gusta un poco. Ja, ja. Así que si quieres llamarme por mi nombre, es Inukashi.” Inukashi siguió hablando. Sentía que si cerraba la boca, le cortarían la garganta en el silencio en el que caería después. - “Eh, vamos. Te lo suplico. Lo lamento, ¿así que me perdonarás? ¿Por favor? Lo siento. No lo volveré a hacer”- intentó implorarle patéticamente- “No me mates. Estoy de rodillas. Ayúdame, por favor. No… no quiero morir todavía. No quiero morir, de verdad. Lo siento. Lo siento. Lo siento. No volveré a tocar tus cosas otra vez. Lo prometo. Por favor, tan sólo, no me mates.” Inukashi no estaba actuando. Estaba suplicando por su vida seriamente. No me mates, por favor. Déjame ir. Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor. El cuchillo se levantó. De repente, la base de su cuello se sintió más ligera. Inukashi soltó una respiración larga. Le dolían los músculos del cuello, como como si hubieran estado tensos todo el rato. El punto de su cuello palpitó suavemente cuando lo presionó con la mano, pero no salió sangre. El portador del cuchillo le había hecho un corte ligero, poco profundo, tan superficial como la primera capa de piel del cuello, para paralizar a su víctima con el miedo. No era suficiente para sangrar, pero sí lo suficiente para hacer sentir dolor a su víctima. Lo sabía. El tipo que está detrás de mí no es humano. Es un muerto, un demonio, un cambiante… Inukashi se dio la vuelta lentamente, sujetándose todavía el cuello. La verdad era que no quería darse la vuelta. Quería irse directamente a la salida de ese lugar. Pero sus pies dudaron; sintió como si al momento de dar la vuelta y salir corriendo, un cuchillo se le clavase profundamente en la espalda. Se dio la vuelta despacio, lentamente. ¿Eh?


Tuvo que parpadear. Sabía que tenía la boca abierta. La figura frente a él no era un muerto, un demonio o un cambiante. Era un niño llevando una camisa a cuadros. Podría ser una chica. No, era un chico. Una chica no podría hacer una voz tan gélida como esa. EL chico sólo parecía una chica. El chico tenía el pelo largo hasta por debajo de sus hombros y su frente. Su cara blanca y pequeña estaba proporcionada de forma increíble. Inukashi tuvo que imaginarse los ojos del chico parpadeando con intenciones asesinas, pero eran tranquilos e inescrutables. Los ojos del chico tenían un color raro. Un gris oscuro elegante. Era la primera vez que Inukashi veía semejante color. El chico parecía ser más alto que Inukashi, pero imaginó que sus edades serían similares. Inukashi tampoco estaba seguro de su edad. El chico envainó un cuchillo, todavía inexpresivo. Inukashi se sintió abrumadamente aliviado. Entonces, se sintió irritado consigo mismo por sentirse aliviado. ¿Me estaba amenazando este enano? Quería chasquear la lengua con frustración. Mierda, nunca seré capaz de superar esta vergüenza. - “Podrías haber elegido una camisa mejor para ponerte”- Inukashi puso una sonrisa superficial mientras le temblaba la mejilla. Planeó parecer tranquilo y sereno- “Pero la calidad no parece tan mala. No es algo con lo que te cruzarías normalmente en el Bloque Oeste.” - “Es una camisa prestada.” - “¿Prestada? ¿Dónde te han dejado una prenda de ropa tan buena? ¿Eh? No me digas que la conseguiste en Nº6.” Intentó que fuera una broma, pero una vez que le salieron las palabras, sintió como si esa fuera la única posibilidad. La calidad superior de la camisa era evidente a primera vista. Parecía suave al tacto, cálida y duradera. El botiquín que acababa de devolver a la estantería también era un producto del interior de las paredes, no había duda de ello. - “¿Quién demonios eres? No me digas que vienes de ahí…”- la voz de Inukashi se fue apagando. Acababa de ver al chico sacar un trozo de carne seca del bolsillo de su camisa y dando un mordisco en un extremo. - “Eh… no me digas que eso…”- Inukashi pensó en la bolsa que llevaba colgada de la cintura. Estaba vacía. Definitivamente, había puesto carne seca allí, pero ya no estaba. - “Me quedo con esto”- dijo el chico- “como compensación por tu robo.” - “¡Mi… mierda! ¿Quién es el ladrón ahora? ¡Devuélvemelo!” Je. El chico se rio. Su sonrisa parecía tanto inocente como despreocupada. - “¿Quieres intentarlo por la fuerza, Inukashi?” - “Dem…”- Inukashi se mordió el labio. No podía ganar contra de cabeza cuando sus instintos se lo estaban diciendo.


Maldita sea. Debería traer a mis perros. Si los tuviera conmigo, acabaría con él de un mordisco. Pero sus perros no estaban allí. Inukashi estaba solo. - “… Bien. Quédatelo.” - “Eres un buen chico. Deberías saber cuándo escuchar. Te ayudará a vivir más.” - “¡Maldita sea, deja de ridiculizarme!” Sólo mira. Conseguiré mi venganza. Inukashi retrocedió hacia la puerta. Agarró el picaporte. No había necesidad de quedarse más de lo necesario. El chico se sentó encima de un montón de libros y no dijo nada. Sólo tenía la mirada fija en Inukashi. Los movimientos de Inukashi estaban rodeados por completo con esa mirada. Sus piernas y sus brazos se agarrotaron y entorpecieron, rechazaban moverse con fluidez. - “¿… Qué demonios eres…?”- repitió la pregunta que había hecho unos momentos antes. Esa vez, estaba más serio- “¿Vives aquí?” - “Sí.” No esperaba respuesta. - “¿Sólo?” - “Sí.” - “Esta casa lleva abandonada siglos. No hay nadie que haya vivido en ella durante años … al menos, eso era lo que se suponía. ¿De dónde demonios vienes? ¿Y por qué tienes una camisa y un botiquín que son evidentemente de Nº6? Oh, y ese muñeco ratón… ¿qué es? Parece un robot. ¿No me digas que has construido eso?” Inukashi sabía que tenía que huir cuanto antes, pero su boca siguió moviéndose. Una pregunta tras otra se le escapaba de los labios. - “Hablas mucho ¿no crees? Me sorprende que no te hayas mordido ya la lengua por hablar tanto”- el chico sacudió la cabeza. Una sonrisa divertida se extendió en su cara. Inukashi se encontró a sí mismo casi atraído hacia él. Su corazón latió más rápido. Este chico es peligroso. Más peligroso que un asesino, y cojonudamente más molesto. Ese era otro presentimiento suyo. Y estaba seguro de que no es taba equivocado. - “¿Cuál es tu nombre?” El chico ladeó la cabeza ligeramente- “Nezumi.” Su nombre, dado de forma inesperada y repentina, parecía poco común para un humano. - “¿Qué tipo de nombre es ese? ¿Es tu verdadero nombre?” - “Podría decir lo mismo del tuyo, Prestamista de perros. No es un nombre adecuado, seguro.” - “Hmpf… bueno, podrías decir eso. Nezumi, ¿eh? Al menos es fácil de memorizar.”


- “¿Así que planeas recordarlo?” - “Eeeh… bueno…”- Inukashi sintió como si estuviera tonteando con él. Si no lo callaba rápido, quedaría atrapado en el complot de Nezumi. Como un insecto atrapado en una tela de araña, quedaría inmovilizado y moriría poco a poco. Peligro, peligro, peligro. - “Bueno, hasta luego, Nezumi. Si tenemos suerte, puede que nos volvamos a encontrar de nuevo.” - “Si tenemos suerte.” A la mierda con la suerte. Me aseguraré de no volver a ver tu cara otra vez. Inukashi deslizó la mano detrás de sí, abrió la puerta y salió fuera. Tan pronto como terminó de abandonar la habitación, empezó a correr escaleras arriba tan rápido como pudo. Como a medio camino en las escaleras, Inukashi se encontró a sí mismo dándose la vuelta. Pudo ver la puerta herrumbrosa. - “Nezumi ¿eh?”- murmuró. ¿Seré capaz de escapar sin tener que verte otra vez? Si tenemos suerte. La frase que había escuchado justo un momento antes reverberó en el interior de su cabeza. Si tenemos suerte. Probablemente nos volveremos a ver. Tenía ese sentimiento repentino. Estaba casi cerca de una creencia firme. En adelante, volvería a ver a ese chico una y otra vez. Crearían una conexión. Su cuerpo casi se retorció con asco. Pero en el fondo de ese asco vagaba algo ligeramente tierno. Murmuró para sí de nuevo. - “Nezumi, ¿eh?”

- “¿Me has llamado?” Oyó una respuesta asombrosamente nítida. ¿Eh? - “¿Me has llamado, Inukashi?” Abrió los ojos. Había mucha luz. Su habitación, aparatada en un rincón de las ruinas, estaba llena de luz. Más allá del cristal de la ventana podía ver el azul del cielo tras un agujero en las nubes.


El azul se le clavó en las retinas. Nezumi le estaba mirando a la cara. Sus ojos se encontraron. Eran los mismos ojos gris oscuro y elegantes que la primera vez que se encontraron. - “¿… Qué… estás haciendo aquí…?” - “¿Eh? ¿Qué trato es este? Fuiste tú el que nos llamaste. Usando a este chico como mensajero, ¿te acuerdas?”- un perro marrón movió el rabo detrás de Nezumi. - “¿Ll… llamado? ¿A ti? Psh, por supuesto que no. Estaba llamando a…” - “¿Entonces a quién estabas llamando?” - “Estaba…” - “¿Inukashi, estás despierto?”- una cabeza de pelo blanco se asomó detrás de Nezumi. - “Shion.” - “Síp, soy yo. Debes haber pasado un mal rato. Todo está bien. Haremos que te sientas mejor en un momento”- Shion sonrió. Inukashi estaba a punto de llorar. Se detuvo a sí mismo de aferrarse a Shion y de sollozar. Shion, estaba asustado. Pensé que iba a morir. Estaba tan asustado, tan solo, y no sabía qué tenía que hacer, por eso te llamé. - “Toma, bebe esto”- Shion le ofreció un cuenco mellado. Tenía un líquido denso verde. Un olor parecido al de la tierra le perforó la nariz. - “¿Qué…?” - “Son hierbas medicinales. Lo encontré en un libro de medicina oriental en la estantería de Nezumi y pensé que podía probarlo. Estuve buscando por el bosque y encontré un montón de cosas. Esto calmará las náuseas, y también te ayudará a recuperarte del agotamiento.” - “… ¿Eh? ¿Oriental?” - “Es una clase de medicina que se transmitió en el este. El libro decía que aumenta la capacidad curativa de tu cuerpo. Vamos, inténtalo.” - “Tápate la nariz. Lo hará soportable”- dijo Nezumi. Inukashi se tapó la nariz tal y como le habían dicho y se bebió de un trago la bebida. Pensó que no sabía tan mal. La amargura que se deslizaba en su garganta parecía darle fuerza. Dejó escapar una exhalación larga. Realmente han venido por mí. Recibieron mi señal de auxilio. Les supliqué que vinieran sin ofrecerles nada a cambio. Shion colocó la mano en la frente de Inukashi. Se sintió fría y reconfortante. - “Será mejor que te quedes en cama por un tiempo. No tienes neumonía, pero tienes los síntomas de un resfriado. Y anemia, también…” - “Si me quedo enganchado en la cama, mis perros se morirán de hambre. ” - “Haremos algo con eso. Me haré cargo de las tareas de alquiler y Nezumi te mantendrá el suministro de comida. ¿Cierto?”


Nezumi se encogió de hombros ligeramente- “Claro, puedo hacer algo con eso. Pero me lo debes, Inukashi. Te lo pediré con intereses.” Inukashi consiguió una sonrisa débil desde donde estaba tumbado. Los comentarios de Nezumi, que normalmente le enfadaban constantemente, sonaban increíblemente amables en ese momento. Hay algo preocupantemente mal conmigo. Si lloro aquí y ahora, quién sabe lo mucho que se burlarán de mí después más adelante. Si voy a llorar, sólo tiene que ser cuando sólo esté Shion por aquí. Aguántalo. Lágrimas, no caigáis . - “Dime, Inukashi”- Shion sonrió incluso más amablemente- “no creo que tengas que preocuparte por tu resfriado, a juzgar por tu fuerza física. Pero la herida de tu dedo del pie es otra historia.” - “¿Dedo del pie? Oh, el dedo gordo de mi pie derecho ¿no? Me ha estado doliendo un tiempo”- Inukashi se hacía heridas constantemente. Si fuera una herida considerablemente grave, normalmente se la lamía para curarla. - “Se está infectando”- apuntó Shion- “Si te lo dejas así, se hinchará con pus y es posible que no fueras capaz de andar. Así que…” - “¿Así qué?” - “Necesitas una operación.” Shion sacó el mismo botiquín. No parecía más viejo que cuando Inukashi lo vio por primera vez. - “¿Shion, qué estás…?” - “Voy a cortar la herida, sacar el pus, desinfectarla y a coserla de nuevo. Eso es todo. Acabaré en un instante.” Shion ya llevaba puestos guantes de goma y estaba sujetando un bisturí. Era una cuchilla pequeña y plateada, afilada a la perfección. Inukashi sintió cómo se le enfriaba la espalda. - “¿Cortar? Espera, espera un momento, Shion. Aguanta, ¿Qu… qué tal analgésicos (2)? ¿O gas para dormir?” - “No tengo.” - “¿Qué quieres decir con que no…?” - “Está bien. Acabaré rápido. Disculpa, Nezumi, ¿podrías sujetar a Inukashi? Asegúrate de que no se mueva.” - “Vale.” Nezumi sujetó las caderas de Inukashi con las dos manos. La parte inferior del cuerpo de Inukashi estaba completamente inmovilizada. - “Creo que pueden ser novedades para ti, Inukashi”- Nezumi sonrió de una forma extrañamente provocativa- “pero Shion adora coser a la gente. Puede parecer inocente, pero es un completo sádico.”


- “¿Qu…? ¡Detente!”- gritó Inukashi- “¡Tengo miedo! ¡Ayuda!”- todo eso estaba más allá del poder de Inukashi para poner cara de valiente. Estaba a punto de llorar. - “Tranquilízate”- dijo Nezumi impertinentemente- “sólo escucha lo que diga. Además, incluso yo podría decirte que esa herida es bastante seria. Podrías estar arriesgando la vida si la dejas sin curar. Puede que Shion no lo haya dicho directamente, pero puede que esto sea lo que está detrás de tu enfermedad.” - “No me importa lo que esté tras ella. ¡Duele! Para”- gimió- “¡Que alguien me ayude! ¡Ten piedad, Shion!” - “Esta bien. No te muevas”- dijo Shion- “Oh, mira ¿lo ves? Todo este pus se había acumulado ahí dentro. Me sorprende que pudieras andar así. Debe haber estado insensibilizado con el dolor. Bien, acabaré rápido.” - “No estoy insensibilizado”- sollozó- “Ayyy, ¡No lo cosas! ¡Duele!” - “No llores”- dijo Nezumi- “Eres un buen chico. Te recompensaré.” Una melodía dulce salió de los labios de Nezumi. Meció cariñosamente el corazón de Inukashi. Durante un instante, Inukashi volvió a ser el niño que estaba en los brazos de alguien. Estaba libre de sufrimiento. Estaba en un lugar para dormir tranquilamente. - “Buen chico. No pienses en nada. Sólo duerme. Te protegeremos con todo lo que tenemos. No te entregaremos a la Muerte, no importa lo que ocurra.” Te protegeremos con todo lo que tenemos. Inukashi abrió los ojos y miró a Nezumi. Después, miró el perfil de Shion mientras el chico se agachaba a sus pies. Ambos chicos estaban serios. Varias rayas de sudor manchaban las mejillas de Shion y formaban gotitas en su barbilla. Te protegeremos con todo lo que tenemos. No era una mentira. Ese mundo estaba lleno de mentiras, pero las palabras de Nezumi eran ciertas. Incluso i todo ese mundo fuera una invención, Inukashi sabía que podía confiar en esas palabras sin dudarlo. Inukashi no pudo aguantarlo más. Se le saltaron las lágrimas. Siguieron saliendo. Sentía como si se ahogara con las lágrimas. Gilipollas, hacerme llorar. Inukashi presionó los dos puños sobre sus ojos y lloró en silencio. El cielo seguía azul en la ventana.


Notas (1) Cambiante: no he sabido muy bien cómo adaptar o traducir esto, la palabra que usaba originalmente era “shapeshifter” (literalmente: cambiaformas). Lo he encontrado como tramoyista, pero no me termina de cuadrar, ya que no me suena de ningún ser que habite en el infierno con ese nombre. Para más detalles: http://es.wikipedia.org/wiki/Cambiante (2) Analgésicos: o painkiller, no estoy segura de si se refiere realmente a esto o es algo de anestesia (como ponía Hamykia en sus resúmenes). Queda pendiente para comparar con la versión japonesa.

Nº6 Beyond Capítulo 1  

Traducción de la novela de Asano Atsuko, Nº6, al español a partir de la versión inglesa que da 9th avenue para Entre Ratones y Flores (blogs...

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you