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Estela recuerda que luego del secuestro de Horacio, el mismo tipo que lo llevó volvió a cruzársele en el camino como para demostrarle que la seguían persiguiendo, para mantener vivo el terror. Estela habla y sus palabras traen las imágenes del dolor, del desgarro, de la impotencia. Esas palabras que fueron silenciadas porque, como ella misma dice, «llegó un momento en que temíamos pensar». Y a pesar de los 30 años transcurridos, o tal vez por eso mismo, el recuerdo lejano se fue haciendo presente para traer con palabras una imagen de la persona que fue Horacio. Para Viviana, que tenía 11 años cuando desapareció su padre y hoy intenta redescubrirlo en el testimonio de quienes lo conocieron.

CÓRDOBA, VIENTRE DE REBELDÍAS Córdoba había sido durante la década del 70 el lugar de la resistencia estudiantil y obrera a los gobiernos militares que se venían sucediendo. Desde 1966, con la muerte del estudiante y obrero Santiago Pampillón, se reavivó el fuego que en menos de tres años generaría el Cordobazo, la lucha entre la policía y el pueblo cordobés. Con ello se abría paso al fermento de ideas, tendencias y organizaciones que serían protagonistas destacados de la década siguiente. «De esa experiencia surgieron algunos de los mejores cuadros políticos de la década siguiente. Carlos Scrimini, Nicki Ceballos, Chacho Camilión, Jorge Damonte, Carlos Azócar, Huevo Rubio, Abel Bohoslavsky, entre otros, compartirán después la militancia con los luchadores obreros», señala la nota titulada “Córdoba, el vientre de la rebeldía”, de Ángel Stival y Juan Iturburu, en la Revista Los ‘70. Chacho Camilión era hermano de Raquel, la primera mujer de Horacio Poggio, y ya vivía en Córdoba cuando la pareja decidió dejar Concepción del Uruguay para radicarse en la ciudad mediterránea, donde unos años después nació Viviana. Horacio trabajó en una fábrica de automotores y luego en el Sindicato de Luz y Fuerza, donde conoció a Agustín Tosco, combativo líder de los Gremios Independientes, con quien trabó una relación de profunda amistad; era el tiempo de la movilización de los trabajadores que terminaron gestando el Cordobazo. En Córdoba se destejía una compleja madeja de organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y obreras. Ernesto Ponsatti, dirigente sindical del gremio de prensa y editor del órgano

Generaciones y encuentro: Sebastián y Viviana (hijos), Beatriz e Isabel, (hermanas) María Elva (mamá) sobrinos y nietos de Horacio Poggio.

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/ el miércoles / 24 de marzo de 2010

Los que lo conocieron Isabel Poggio de Embon (hermana): «Horacio era un sol. Era un luchador por la igualdad y para que desapareciera la pobreza. Tenía pasión por los libros y prefería comprarse uno antes que ropa. Tenía su propia biblioteca que por desgracia desapareció durante la dictadura, él había llevado sus libros a lo de un amigo para que así no los destruyeran pero los encontraron y los quemaron». Cristina Scolamieri (compañera de militancia de Horacio en el Malena): «Horacio era un morocho de ojos oscuros, lindo, con una nariz bastante fea (risas). Era una persona muy dulce, muy pensante. Era un gran lector, antes que político era un gran intelectual, un tipo valioso, un pensador de verdad, un tipo que leía a Lenin y a Marx antes de los 20 años. Hubo gente que dijo que Horacio estaba en la lucha armada pero es mentira. Era un tipo muy intuitivo, capaz y coherente, quería igualdad y que todos tuvieran educación sin importar quienes fueran sus padres. Horacio había estado en la toma de escuelas de Concepción del Uruguay cuando el gran debate de la educación, la Laica y la Libre, cuando tomaron el Colegio Nacional y la Escuela Normal. Era un tipo claro, coherente, preocupado por muchas cosas, pero siempre pensó en su familia, en los hijos que tenía y los que iba a tener. Era un tipo formado, que no quede como un soñador adolescente... Era un pensador y si no hubiese pasado lo que pasó, hubiera sido un dirigente o un filósofo. No se creía mejor que nadie ni más bueno que el resto, decía que en la lucha por los ideales los primeros beneficiados éramos nosotros mismos, porque éramos felices pensando y luchando. Y él hacía lo que le daba alegría». Jorge Lattanzio (compañero del Centro de Estudiantes de la Normal): «Nos conocimos en el Centro de Estudiantes y tuvimos una buena relación. Cuando ya no vivía acá nos escribimos, incluso Horacio me escribió pidiendo disculpas por las diferencias personales que tuvimos en el secundario... Eso muestra su honestidad ideológica, así era él. Firmaba las cartas y después hacía un dibujito de Fidel o del Che Guevara, era buen dibujante, hacía caricaturas. Lo hacía feliz pelear por la gente que el quería, por los pobres, quería cambiar el sistema. Su ideología avanza desde haberlo leído a Viñas hasta la historia de la Revolución Cubana. Su evolución intelectual es esa, va hacia la izquierda y termina en la izquierda. Lo que más lo condenó a Horacio fue el lugar de trabajo en Córdoba, en el Sindicato, junto a Tosco. Para los milicos eran un peligro». Leopoldo Kohon (amigo de Horacio): «Nos conocimos porque él era presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal y yo integraba el Centro del Colegio. Horacio era un año mayor pero nos hicimos amigos y fuimos a estudiar juntos abogacía a Santa Fe, donde convivimos tres años. Las experiencias que compartimos fueron muchísimas: desde un Congreso en Rosario donde se creó la Cooperativa Argentina de Estudiantes Secundarios, pasando por la creación de la Confederación Entrerriana de Estudiantes Secundarios y antes la Federación de Estudiantes Secundarios de Concepción del Uruguay (Fescu). Mi primera borrachera fue el día en que Horacio se iba de Santa Fe, estábamos en un bar de la estación de colectivos. Fue un gran vacío su partida: él era mi amigo más fuerte». Memoria, Verdad y Justicia

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