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Pero las atrocidades no terminaron allí. La placa fue arrancada y, ya después del golpe de Estado, en marzo de 1977, manos anónimas profanaron la tumba de Chilo. Sí, en su ciudad entrerriana y tranquila de Concepción del Uruguay, donde “no pasaba nada”. El inexplicable odio de la derecha no tenía límites: abrieron un boquete, introdujeron por él combustible y prendieron fuego. Luego dejaron una inscripción que decía: “Los zurdos hijos de un millón de putas no tendrán paz ni después de muertos”. Aunque hubo algunos testimonios (un empleado del cementerio), denuncias judiciales y presentaciones, nunca se supo quiénes fueron los responsables de estos hechos. Una carta anónima que recibió Luisa acusaba a un oficial del Ejército, de apellido Palacios, de haber tenido participaón en el atentado. Pero no concluyó allí el calvario de los Zaragoza. El 9 de junio de 1977, exactamente dos años después de la aparición del cadáver de Chilo, su hermano Néstor, estudiante de Medicina, fue detenido en su domicilio de calle 35 de La Plata, junto con otros tres estudiantes con quienes compartía el lugar (Juan José Riqueza, José Luis Suárez y Luis Dimattía), por un comando del Ejército Argentino, con personal de civil y en uni-

forme. Neco nunca apareció. Luisa se instaló en La Plata, donde recibió la solidaridad y el apoyo de los amigos y compañeros de ambos, que conformaron la Comisión de Solidaridad con la Familia Zaragoza. Además, se sumó a los organismos de lucha por los derechos humanos, y hasta su muerte, siguió bregando, esperanzada, por la aparición con vida de su adorado Neco. Berta Schultz de Steimberg, madre de una joven desaparecida y compañera de lucha de Luisa en La Plata, recordaba a esta incansable y orgullosa madre, que luchó hasta que la salud ya no se lo permitió: “Luisa tenía grandes problemas físicos, muchas dolencias a pesar de las cuales no se perdía nada, íbamos juntas a todos lados”. La historia de los hermanos Zaragoza siguió dando frutos amargos: Luisa Cecchini, luego de tantos años de lucha, estuvo internada en una clínica de Concepción del Uruguay, y en 2002, después de una semana de agonía, falleció el 9 de junio de ese año. El mismo día que había marcado dolorosamente, dos veces, la vida de esta madre.

HONRA ETERNA Nunca importó (¿acaso tiene importancia para la derecha asesina?) que los propios compañeros de Chilo Zaragoza y de su hermano Neco se definieran como “ardientes enemigos del accionar de los grupos terroristas de la ultraizquierda”, como los describen sus amigos y compañeros de la Comisión de Solidaridad, aquellos que hablaban de su “inextinguible fe en el futuro”. Posición de la que –en el caso de Neco– ni siquiera logró desviarlo el profundo dolor por la terrible muerte de su hermano. Su sentimiento, como el de Chilo, era de “repudio a la violencia terrorista, fuera del signo que fuera”. Una compañera de militancia de Chilo habló en un reciente homenaje acerca de las causas por las que militó. Estas fueron sus palabras: “Liberación o Dependencia. Por la construcción de una central única estudiantil que confluya a la construcción del frente de liberación nacional y social, por los postulados de la Reforma Universitaria (cogobierno, universidad abierta al pueblo, de excelencia y al servicio de las necesidades populares). Estas eran las banderas que como militante levantó Chilo. Su secuestro y asesinato apuntó a frenar la lucha de los alumnos de Bioquímica (de los cuales era delegado) contra la modificación del Plan de Estudio que impulsaban sectores reaccionarios. Luchábamos contra el cientificismo y la imposición de líneas de investigaCONTÍNUA EN LA PÁGINA SIGUIENTE

Memoria, Verdad y Justicia

el miércoles / 24 de marzo de 2010 /

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Desaparecidos uruguayenses  

Historias de vida de los hijos y las hijas de Concepción del Uruguay que fueron víctima del terrorismo de Estado en los años 70. Un trabajo...

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