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CUENTOS QUE VALEN

Hay quienes dicen que los antiguos valores se han perdido... Yo digo que simplemente estรกn dormidos y cautivos... Estรก en nosotros despertarlos con un gran grito de reflexiรณn liberadora.


CUENTOS QUE VALEN Recopilación de cuentos basados en valores humanos realizada por estudiantes de 6º año del colegio EPED Nº2 “Maestro escultor Vicente Lucero” para la materia Lenguaje Visual II


La palabra “felicidad” nunca podrá tener sentido, mientras exista en el mundo un niño triste.


Ă?ndice El rico y el pobre El plato negro Arena y piedras En busca del tesoro Cadena de favores Una visita al mago Pobrezas Los culpables


EL RICO Y EL POBRE En algún lugar del norte de Europa vivía el conde Walsegg, dueño de una enorme fortuna: entre sus bienes se contaban casas, tierras y animales. Sus negocios lo obligaban a viajar con frecuencia y solía llevar consigo una bolsita con una importante cantidad de monedas de oro. Una vez se le perdió en el camino, pero como llevaba mucha prisa no se detuvo a buscarla. A la orilla de ese camino vivía Roderick, un hombre muy pobre, dentro de una modesta choza en la que apenas tenía lo necesario. Una mañana que salió a buscar algunas hierbas para comer, se encontró la bolsita llena de relucientes monedas. En el pueblo cercano preguntó si no sabían quién era su dueño, pues quería devolvérsela. No logró saberlo. Esperó varios meses a que apareciera el propietario. Como nadie llegó a pedírsela, después de un año pensó que podía usar las monedas sin sentirse culpable por hacerlo. Con ellas compró una granja y le regaló su chocita a un pobre hombre que no tenía dónde dormir. Mediante su esfuerzo la finca fue prosperando poco a poco. Llegó a ser una de las más hermosas y productivas de la región: contaba con lechones, pollitos y vacas que producían abundante leche. Pasaron muchos años. Una tarde el conde Walsseg andaba por el mismo camino. Como se hacía de noche se acercó a la finca y preguntó si podía quedarse allí. Roderick lo invitó a pasar, le asignó una habitación y le propuso que cenaran juntos. Animados por el calor de la fogata y una jarrita de vino comenzaron a charlar. El visitante, admirado por el orden y riqueza de la finca, le preguntó cuándo y cómo la había comprado. —La adquirí hace varios años gracias a una pequeña bolsa de monedas de oro que encontré en el camino. Nunca pude hallar a su dueño —explicó Roderick. —¿Cómo era esa bolsa? —preguntó el visitante. —Pequeña, de piel marrón, con un lazo… ¡Espere! ¡Voy a buscarla para mostrársela! Al verla, el conde reconoció que era la bolsa perdida años atrás y se lo informó a su anfitrión. —Entonces toda esta finca le pertenece a usted. Con gusto se la puedo entregar —dijo Roderick. —No querido amigo. Eres un hombre trabajador y honrado que supo aprovechar bien ese hallazgo y se merece lo que tiene. Disfrútalo —asentó Walsseg antes de despedirse.

CUENTO TRADICIONAL NORDICO


EL PLATO NEGRO Por los caminos de la India dos vendedores iban de pueblo en pueblo ofreciendo trastes, artículos para limpiar la casa y brillantes adornos. Echaban suertes con una moneda para ver quién podía anunciarse primero. Cuando éste acababa, el otro promovía sus artículos. Así lo hicieron en una vieja aldea. Cuando el primer vendedor pregonaba “¡Trastes, ollas, joyas para las señoritas!” una pequeña y su abuela se detuvieron. A la niña le fascinó un brazalete. —¿Cuánto cuesta? Preguntó, triste, la abuela, ya que eran muy pobres. —Más de lo que pueden pagar —respondió el vendedor. —En la casa conservamos un viejo plato negro de metal ¿puede tomarlo a cambio? Caminaron rumbo al hogar. La humilde morada no tenía muebles y el piso era de tierra. Cuando le mostraron el plato, el vendedor lo examinó. Al frotar el reverso notó que era de plata pero el tiempo lo había ennegrecido. —Este cacharro no vale nada. Se los cambio por una escobeta —propuso. —Gracias, señor, preferimos conservarlo —informó la abuela. El vendedor se retiró pensando en volver al día siguiente para convencerlas. Llegó el turno del segundo vendedor para recorrer el pueblo. La niña y su abuela salieron a su encuentro. De nuevo, la pequeña pidió un brazalete. Los tres se dirigieron a la choza para ver el plato. De inmediato el hombre reconoció su valor. —Señora, este traste es de plata. Los objetos que traigo no bastan para pagarlo. —No lo sabíamos. ¡Todo falta en esta casa! ¿Podría darnos el brazalete y alguna otra cosa útil? —preguntó la abuela. El vendedor les entregó toda su mercancía. A la salida del pueblo le mostró el plato a su colega y le contó lo que había ocurrido. Éste se enfureció por haber perdido la oportunidad de estafarlas. Pero lo pensó un rato y luego decidió: —Si unimos tu honestidad y la hermosa mercancía que me queda haremos el mejor negocio. ¿Podemos trabajar juntos? —Claro que sí —respondió el hombre honrado. Desde entonces fueron los comerciantes más exitosos de la región.

A PARTIR DE UNA LEYENDA BUDISTA


ARENA Y PIEDRAS Por el ardiente desierto del Sahara, llevando una pesada carga sobre los hombros, iban caminando dos amigos, Farouk y Ramsés. Habían perdido a sus camellos varios días antes y estaban agotados por la enorme distancia que habían recorrido a pie. Llevaban casi una semana sin probar alimento y el agua se les terminaba bajo el inclemente rayo del sol. Las piernas les dolían de tanto caminar y tenían quemada la piel del rostro y los brazos. Aunque entre los dos habían elegido esa ruta, Farouk le reclamó a Ramsés haber escogido un camino largo y desconocido. Su furia iba en aumento: gritaba, manoteaba, le dijo un insulto y otro. Incluso llegó a darle una bofetada. Ramsés se quedó callado y la nariz le sangró un poco, pero no respondió a la agresión. Con mirada profunda de tristeza se sentó y escribió sobre la arena con su dedo índice: “Hoy mi mejor amigo me pegó en la cara”. A Farouk le sorprendió este hecho, pero no le preguntó nada. Intrigado, Farouk le preguntó: —¿Por qué ayer que te ofendí escribiste en la arena y hoy has escrito en la piedra? Ramsés le explicó sonriendo: —Los errores de nuestros amigos se los lleva el viento por la noche. Cuando amanece y el sol sale de nuevo ya no podemos recordarlos. Sus pruebas de lealtad, sin embargo, quedan grabadas para siempre en nuestro corazón.

LEYENDA ARABE


EN BUSCA DEL TESORO Dos hermanos tenían algún dinero ahorrado y pensaban cómo emplearlo para asegurar su futuro. Al recorrer un camino que no conocían vieron un plantío de vides que estaba a la venta. Parecía abandonado. Llamaron a la puerta de la casa contigua y conversaron con el dueño. —¿Por qué lo vende? —preguntaron. —Lo compré hace tiempo porque decían en el pueblo que aquí estaba escondido un tesoro. Lo busqué pero no lo encontré. Me aburrí, me quedé sin dinero y ahora quiero irme a probar fortuna en otra parte, allá cruzando las montañas. —¿Si compramos el plantío y lo hallamos será nuestro? —Dudo que aparezca, pero hagamos el trato. Los hermanos llevaron la suma y, a cambio, recibieron la propiedad. Cuando tomaron posesión de ésta, todas las plantas estaban marchitas. La tierra que las rodeaba era seca, lisa y compacta. —Bueno, manos a la obra —exclamaron y se pusieron a trabajar desde el primer día. Comenzaban cuando salía el sol, y acababan cuando éste se ponía. Retiraron toda la basura y hojas secas acumuladas. Humedecieron la tierra para que se aflojara. Después empezaron a cavar con sus palas. En los primeros dos meses abarcaron apenas la mitad. El tesoro no aparecía y ellos siguieron buscando. Pasó más tiempo sin que tuvieran éxito. Pero notaron que algo estaba cambiando. Por una parte, se habían vuelto más fuertes. No experimentaban la fatiga de los primeros días, además, sus brazos y manos ya eran poderosos. Por otro lado, al recibir agua suficiente y extender sus raíces por la tierra floja, las vides comenzaron a dar grandes racimos de uvas. Había transcurrido un año. Un día se les ocurrió llevar las uvas al mercado y lograron venderlas bien. Pronto todos buscaban su fruta para preparar jaleas y mermeladas. Recuperaron el costo del plantío, y siguieron ganando más a lo largo de los años. Con el tiempo supieron cuál era el tesoro oculto en aquel terreno: la recompensa al esfuerzo continuo.

CUENTO TRADICIONAL


CADENA DE FAVORES Winston era hijo de una rica familia, poseedora de extensas tierras en la Inglaterra del siglo XIX. Durante sus vacaciones visitaba la casa de campo y, aprovechando las raras mañanas en que salía el sol, se metía a un lago de aguas limpias. Un sábado, siguiendo esa costumbre, comenzó a nadar. Pero en esa ocasión se alejó más de lo prudente, hasta llegar a una zona de mayor profundidad. Sin sentirlo, perdió el control de sus movimientos, se sumergió y empezó a ahogarse. Casualmente pasaba por allí Alexander, un campesino de la misma edad de él que había llevado a pastar un rebaño de ovejas. Al ver que alguien se estaba ahogando, se lanzó de inmediato al lago, nadó hasta donde se hallaba Winston y lo rescató. Cargado en sus espaldas, lo llevó hasta la orilla y lo ayudó a recuperar el conocimiento. Cuando Winston reaccionó le preguntó: —¿Cómo te llamas? —Alexander ¿y tú? —Winston. ¿Dónde vives? —En aquella casita que se ve en la montaña. El pequeño Alexander regresó con sus ovejas y Winston volvió caminando a su casa. Dos semanas después un elegante carruaje subió por la montaña. Winston y sus padres bajaron de él y llamaron a la puerta. Una vez que Alexander y sus padres los invitaron a pasar explicaron el motivo de su visita.

VERSION LIBRE DE UN RELATO APOCRIFO


“No hay en el mundo exceso más bello que el de la gratitud.” —Jean de la Bruyère “La única esperanza de alegría está en las relaciones humanas.” —Antoine de Saint-Exupéry “Dar confianza es una prueba de valentía; ser fiel, una señal de fuerza.” —Marie von Ebner-Eschenbach —Hace una semana Alexander salvó a Winston de morir ahogado. Estamos muy agradecidos con él y nos gustaría darle una recompensa. —Disculpen, señores, pero lo hice sólo por ayudar —intervino Alexander. —Y precisamente por eso queremos corresponder. En este momento les ofrecemos pagar los estudios de su niño hasta que concluya una carrera profesional. Los padres de Alexander aceptaron emocionados, pues carecían de dinero para que el niño tuviera una profesión y pensaban que toda su vida sería pastor. Consciente de la gran oportunidad que se le abría Alexander se desvelaba estudiando y era el mejor alumno de su clase. A los 22 años obtuvo su título como doctor y se dedicó a investigar nuevos medicamentos. Uno de sus mayores éxitos fue el hallazgo de una sustancia para curar infecciones respiratorias. Mientras tanto, Winston destacaba como militar y periodista. Al regresar de uno de sus numerosos viajes cayó enfermo de pulmonía y los médicos dieron pocas esperanzas de curación. Alexander lo supo y se presentó al hospital para ofrecer tratarlo con su nueva sustancia. Los especialistas aceptaron incrédulos pero, para su sorpresa, el paciente comenzó a mejorar y pronto estuvo fuera de peligro. Un tarde recibió la visita de Alexander: —Es la segunda vez que me salvas la vida. ¿Cómo puedo recompensarte ahora que eres un médico importante? —le preguntó Winston. —De una forma muy sencilla: recuerda siempre que llegué a serlo gracias a ti.


UNA VISITA AL MAGO DEL AHORRO

Ana es una niña que recibe de su mamá diez pesos para gastarlos en su escuela. De ese dinero, ella ahorra la mitad todos los días, lo guarda en su alcancía, por lo que al final del año ¡tiene mil! ¡Es rica! Pero, para Ana, tener tanto dinero es un problema que resolver, pues se pregunta qué hacer con él. Quiere comprarse tantas cosas y al mismo tiempo no gastárselo todo. Desea comprar los caramelos de colores que tanto le gustan, la muñeca de trapo que venden en la tienda de la esquina y visitar a su abuelo a quien ve tan poco por vivir tan lejos. Esta situación llegó a oídos del Mago del Ahorro quien, sin más, tomó su varita mágica y voló a visitar a la niña. Al llegar le dijo: —Hola Anita, vengo a darte consejos para que planees bien cómo gastar tu dinero, pero también cómo seguir ahorrándolo. —¡Tú sí me comprendes, Mago!— exclamó la niña, entusiasmada. —Sé exactamente a lo que te refieres —respondió divertido. —Quieres saber cómo emplear tu dinero sin gastarlo todo, es decir, planear bien qué hacer con tus ahorros. Entonces, dio un giro a su varita, hizo aparecer un lápiz y una libreta y escribió: —¡Esta es la fórmula mágica! Puedes ahorrar de tres formas: a corto, mediano y largo plazo. A corto plazo significa ahorrar en periodos breves para adquirir algo barato, como los caramelos que tanto te gustan. A mediano plazo es ahorrar en periodos más o menos largos para comprar algo un poco más caro, como la muñeca que quieres. En cambio, ahorrar a largo plazo es hacerlo en periodos más amplios para algo que resulte caro, como un viaje a la lejana casa de tu abuelo. —¡Zas! ¿Eso significa que puedo ahorrar, gastar y seguir ahorrando? —Así es —sonrió el Mago—. Puedes hacerlo de esa forma. Entonces, la niña sacó un calendario de su cajón, tomó el lápiz y la libreta que le dio el Mago y comenzó a planear su ahorro y sus compras en el tiempo. Hizo cálculos y vio que el dinero que había ahorrado le podía servir para todo lo que quería y, aún así, seguir ahorrando para otras metas. Utilizaría una alcancía para cada tipo de ahorro: una de color amarillo, para el corto plazo, una naranja, para el mediano, y otra de color azul para el largo plazo. ¡Que buena idea! Ana, desde que siguió el consejo del Mago del Ahorro, es una niña afortunada pues ya conoce cómo ahorrar, planear y utilizar su ahorro. Ana sabe de tesoros.

VERONICA HUACUJA


Frase 1: El conocimiento nos hace responsables. — Ernesto “Che” Guevara

Frase 2: No puedes escapar a la responsabilidad de mañana evitándola hoy. — Abraham Lincoln

Ref lexiona ¿Cuál fue el consejo que le dio el mago a Ana para ayudarla a utilizar correctamente su dinero? ¿Por qué crees que haya sido un buen o mal consejo? ¿Cómo piensas que se relaciona el valor de la responsabilidad con el hábito del ahorro?

Aplícalo en... TU PERSONA: ¿Qué significa decir “asumir las consecuencias de tus propios actos”? LA FAMILIA: ¿De qué trabajo o tareas soy responsable en casa y ante quien debo responder con ello? LA ESCUELA: Dialoguemos sobre nuestras responsabilidades para el cuidado de nuestra escuela y los mecanismos para rendir cuentas. LA COMUNIDAD: Entrevistar a alguna persona que tenga responsabilidades colectivas en la localidad para que comparta sus experiencias.


POBREZAS POR EDUARDO GALEANO

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar. Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida. Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar basura, como si fuera aire, sin pagar nada por ella. Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión. Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas. Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos. Pobres, lo que se dicen pobres, son los que no saben que son pobres. De “PATAS ARRIBA”


LOS CULPABLES DE ESTAS HOJAS

Nicolás Fantagossi Emilce Gonzalez Miriam Chacon Jesica Sacco Lorena Baldez Celeste Olivieri Agustín Di Marco Pablo Llanos Nicolas Palacio Matias Toledo Franco Cuello Johana Miranda Mario Penalva Gabriel Lobos Daiana Lucero Ayelen Giannecchini Cinthia Gómez Melanie Meder

Jose Lemos Daniela Avila


Recopilación de cuentos basados en valores humanos realizada para la materia Lenguaje Visual II por estudiantes de 6º año del colegio EPED Nº2 “Maestro escultor Vicente Lucero” como complemento del taller “Aprendiendo a convivir”

Cuentos que valen  

Compilación de cuentos que hablan sobre valores humanos realizado por alumnos de 6º Año del colegio EPED Nº2 para la materia Lenguaje Visual...