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E

n casa, después de una larga odisea de más de 13 meses en altamar. Un náufrago que a bordo de una maltrecha embarcación se perdió como un grano de lenteja en la inmensidad del mar, quien asegura se alimentó de aves, pescado crudo que agarraba con las manos y bebió agua de lluvia, además de la sangre de tortugas para hidratarse. Un moderno Robinson Crusoe, pero sin poder salvar a Viernes, claro. El largo retorno comenzó después de su salida de Islas Marshall donde estuvo casi dos semanas, luego llegó a Honolulu en las islas estadounidenses de Hawái y donde se evaluó su estado de salud. El viceministro para los salvadoreños en el exterior, Juan José García, aseguró que de eso dependía que volara a la costa, mientras Estados Unidos le concedió un visado de tránsito para seguir su viaje a casa. De Los Angeles voló a El Salvador. En Garita Palmera su familia, sus amigos, sus vecinos todos los esperaban como un héroe, se transformaron. La espera fue tan lenta que paralizaba el corazón de su madre: “Oh, mi hijo”, dijo a periodistas. Su llegada desató un maremoto de sentimientos. Aplausos, abrazos, lágrimas, vivas y agradecimientos a Dios. Tras tantos meses sin noticias, por fin en casa. Su hija, Fátima, a pesar de recordarlo, colocó en la puerta de la humilde vivienda de ladrillos, muy cerca del mar, un letrero grande hecho con hojas de palmera que reza: “Bienvenido”. El retorno sólo cierra un capítulo de manera amable. Lo que sigue, nadie lo sabe, pero todos estarán atentos a lo que diga, a lo que haga, al menos por un tiempo estará bajo los reflectores. Es la increíble historia de José Salvador Alvarenga, de 37 años, un salvadoreño regordete que, según él, salió la mañana del 21 de diciembre de 2012 de Costa Azul, comunidad pesquera ubicada entre los municipios de Tonalá y Pijijiapan, en la costa de Chiapas, al sur de México. Partió con Ezequiel Córdoba, un joven de 22 años que supuestamente murió al mes que el mar se los había tragado, el cuerpo, dice José Salvador, lo arrojó en algún lugar de la inmensidad azul. La historia de Alvarenga tiene muchos huecos e imprecisiones, él dice que no recuerda muchos detalles. Sin embargo, habrían pasado más de 500 días recorridos en una lancha descubierta, de siete metros, a la deriva, desde la comunidad de Costa Azul, Chiapas, al atolón de Ebon en Islas Marshall, en el Océano Pacífico, a unos 10 mil 400 kilómetros, donde fue rescatado. El pescador conocido en Tonalá

chiapas

Llegó a su casa el náufrago salvadoreño después de sobrevivir a un naufragio de 13 meses.

rescatado en las Islas Marshall, Salvador dice comió pescado crudo y aves.

Para mí es difícil imaginar a alguien que haya podido sobrevivir durante 13 meses en el mar” Tom Armbruster embajador estadounidense

como ‘La Chancha’, por ser un hombre con sobrepeso, es retraído, no habla mucho de su familia, de hecho, la gente que lo conocía no sabían que tenía una hija, a la que dejó cuando tenía un año y meses y que ahora es una adolescente de 14 años. La jovencita dice que ya amaba a su padre, del que no recordaba mucho, pero a su regreso lo va querer más. “Siento una gran felicidad de saber que

está vivo”, y dice visiblemente emotiva, “ya lo quiero abrazar”. Fátima, una chica morena y delgada cuenta con ansiedad los minutos. La mujer de José Salvador no habla mucho, “estoy feliz porque está bien”, pero prefiere que los suegros tomen la palabra. José Salvador (inicialmente se dijo que se llamaba José Iván) es originario de la empobrecida comunidad costera Garita Palmera, en El Salvador, donde comenzó a pescar a los 14 años. En menos de un mes, la vida de este hombre, ya con el cabello cortado, aún débil y quien es ayudado por paramédico para poder caminar, ha cambiado, incluso su hazaña le permitió la semana pasada hablar con un hermano en Maryland, Estados Unidos, con quien no tenido comunicación en muchos años.

En el salvador con su hija Fátima en brazos.

En todo momento se monitoreó su estado de salud.

lunes : 03 de marzo de 2014 : sureste 15


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