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LA GUERRA DE CUBA 1898

LÓPEZ SORIA, FÉLIX LÓPEZ SORIA, PEDRO ANTONIO


ÍNDICE. 1. ANTECEDENTES A NIVEL POLÍTICO Y CAUSAS PREVIAS 2. ETAPAS: 2.1 GUERRA 10 AÑOS 18681868-1878 2.2 GUERRA CHIQUITA 18791879-1880 2.3 GUERRA FINAL:: GUERRA INDEPENDENCIA 1895 3. CONSECUENCIAS: 3.1 TRATADO DE PAZ: PARÍS 1898 4. PERSONAJES 4.1 4.1. EL HUNDIMIENTO DEL MAINE 4.2 4.2. CAPITÁ CAPITÁ´N GENERAL VALERIANO WEYLER 4.3 4.3 SECUNDARIOS 4.3.1 4.3.1 GENERAL DE BRIGADA WALDO GUTIÉRREZ MARRERO 4.3.2 4.3.2 GENERAL DE BRIGADA FRANCISCO PÉREZ MARTEL 4.3.3 4.3.3 LA VIDA DE LOS SOLDADOS CUBANOS 5. ARTE Y CULTURA 6. EDITORIALES 6.1 BANDO CUBANO 6.2 BANDO ESPAÑOL 7. ENTREVISTAS 8. BIBLIOGRAFÍA


1. ANTECEDENTES A NIVEL POLÍTICO Y CAUSAS PREVIAS A fines del siglo XVIII, España era una de las grandes potencias coloniales, quizás sólo superada, en poder económico y militar, por Gran Bretaña. Sin embargo, en 1825 el gran imperio en el que “no se ponía el sol”, quedaba reducido a las posesiones de Cuba y Puerto Rico, en el Caribe, y las Filipinas y territorios aledaños, en el sudeste asiático. A principios del siglo XIX, España empezaba su transición de imperio a nación, tratando de conservar los restos de su imperio ultramarino y de consolidarse como una potencia de segundo orden. A diferencia de otros territorios americanos, Cuba continuó unida a la metrópoli. Hay un consenso historiográfico a la hora de explicar este hecho. Por un lado influyó la repatriación hacia las islas del Caribe de los ejércitos realistas que abandonaban el continente y que hacían más fácil la defensa del territorio. Por otro, nos encontramos con la actitud de una burguesía criolla, que cambió libertad política por seguridades económicas. A fines del siglo XVIII, Cuba comenzó a desarrollar una importante industria azucarera, sobre la base del trabajo esclavo. En 1760 exportaba alrededor de 5.000 toneladas, que se convierten en 74.000 en 1823, año en el que Cuba abastecía el 17% de la producción total del azúcar del mundo. Es por ello que las elites criollas cubanas, a diferencia de las del resto de América, no estaban

dispuestas

a

protagonizar

ninguna

aventura

independentista que pusiera en juego el orden social esclavista y las excelentes utilidades que les reportaba el negocio azucarero. Aunque

el

mantenimiento

de

la

esclavitud

frenaba

la

vía

independentista, las elites criollas desde principio del siglo XIX comenzaron a reclamar una reforma del orden colonial en las que tuvieran una mayor capacidad de decisión sobre los asuntos que afectaban a la isla. Cohesionadas y dirigidas por Francisco de

Arango

y

Parreño,

Consejero

de

Indias

y

persona

de

influencia en la Corte, habían conseguido algunas medidas de


favor como el decreto de libre comercio. Sin embargo, en el orden político el proyecto autonómico que elaboró José Agustín Caballero para presentarse a las Cortes de Cádiz no llegó a ser discutido; el de Félix Varela, planteado a las Cortes del Trienio, sí, pero la restauración absolutista lo convirtió en papel mojado. El reformismo colonial será una actitud política constante en Cuba a lo largo de todo el siglo XIX. En este sentido, se pueden distinguir cuatro etapas: -1790-1820, liderada por Arango y Parreño -1830-1837, vertebrada alrededor de la figura de José Antonio Saco -1860-1868, representada por Francisco de Frías y Jacott y el periódico El Siglo. -1878-1895

protagonizada por la actividad política del Partido

Liberal Autonomista. Frente a las aspiraciones políticas de las elites criollas, la metrópoli desarrolló un modelo de relación colonial basado en la desconfianza,

en

donde

cualquier

concesión

a

la

isla

se

interpretaba como el primer paso hacia la independencia política. En 1825 y al calor de la emancipación de los territorios continentales, se concede a la máxima autoridad política y militar, el Capitán General, una ley de facultades omnímodas por lo

que

toda

legislación,

disposición

o

decreto

estaba

condicionada a su aprobación, pasando a controlar hasta los aspectos más nimios de la vida de la sociedad colonial. En 1837,

la

isla

pierde

su

representación

parlamentaria,

pretextándose que la relación política entre metrópoli y colonia se

regularía

a

través

de

leyes

especiales,

disposición

que

aparece en todos los textos constitucionales españoles del siglo XIX, pero que en la práctica nunca se concretó. Así asistimos a la

construcción

de

un

Estado

liberal

en

España

a

dos


velocidades, una más rápida para la metrópoli y otra más lenta para el mundo ultramarino, que se consolida como una periferia del sistema. El

término

periferia

se

aplica

a

aquellos

grupos

sociales

marginados del proceso de construcción nacional, marginación no sólo basada en el alejamiento geográfico, sino también en la diferencia étnica, en el desarraigo social, en la incapacidad para acceder a las estructuras del Estado, en la imposibilidad de integrarse en el mercado nacional y en el rechazo del proyecto nacional mismo que gestiona el centro. En la década de 1860, agotada la vía anexionista por la derrota del Sur en la Guerra de Secesión norteamericana, el reformismo redobló su campaña a favor de la modificación del orden colonial favorecido por el talante conciliador de los gobiernos de los capitanes generales Francisco Serrano (1859-1862) y Domingo Dulce (1862-1866). Aunque los partidos políticos estaban prohibidos, se autoriza la creación de un Círculo Reformista. En la metrópoli esta idea también se fue abriendo paso. A su regreso de Cuba, el General Serrano pidió en el Senado una profunda modificación del régimen colonial, actitud apoyada desde la isla por un manifiesto firmado por 24.000 personas. También distintos sectores políticos y órganos de prensa, entre los que destacaba La América y la recién fundada Sociedad Abolicionista Española, abogaban por la misma. Las presiones en Cuba y en la península, unidas a los temores que despertaban en el gobierno español la actitud que pudiera tomar Estados Unidos respecto de las Antillas una vez finalizada la Guerra de Secesión, propiciaron la convocatoria de una junta que estudiase la reforma colonial en Cuba y Puerto Rico. En noviembre de 1865, Antonio Cánovas del Castillo, Castillo en su calidad de Ministro de Ultramar, convocó una Junta de


Información como antesala necesaria para desarrollar las leyes especiales tantas veces prometidas. Además de los designados por el gobierno, en Cuba, mediante elección restringida a los mayores

contribuyentes

vocales,

en

su

de

mayoría

cada

municipio,

reformistas,

de

se

eligieron

segunda

y

16

tercera

generación, como Saco, Frías y Jacott y el antiguo abogado anexionista José Morales Lemus. Como afirmó Vidal Morales y Morales, la convocatoria “fue un rayo de luz que vino a iluminar el oscuro horizonte político de la

colonia”.

Los

comisionados

acudieron a Madrid a contestar distintos cuestionarios relativos a la reglamentación del trabajo, a la

Hacienda

relaciones

colonial,

comerciales

las y

el

régimen político, en donde los criollos se mostraron a favor de un sistema de amplia autonomía, unos con representación en las Cortes,

mientras

antiguos

reformistas

que Saco

los y

Calixto Bernal se decantaban por la erección de un Parlamento colonial. Los representantes antillanos no lograron que ninguna de sus propuestas fueran aceptadas. En su contra jugó la inestabilidad en la política interior de la metrópoli y la estabilidad en la exterior. Aunque la convocatoria la realizó un gobierno de la Unión Liberal, con Cánovas en Ultramar, cuando comenzaron las sesiones, a fines de 1866, los moderados, menos sensibles al espíritu reformista, ocupaban el gobierno. Por otro lado, se habían terminado las aventuras bélicas de Chile y México y devuelto la independencia a Santo Domingo y, frente a lo que se temía, la Guerra de Secesión norteamericana no había tenido


gran influencia en Cuba. En otras palabras, la metrópoli podía volver a estacionar el grueso de sus tropas en Cuba y Puerto Rico y la estabilidad en el Caribe hacía innecesaria una política reformista con la que atraerse al elemento criollo. En abril de 1867 se suspendieron las sesiones. Los comisionados volvían a Cuba sin ningún logro y allí se encontraron con la política de hostigamiento del nuevo capitán general, Francisco Lersundi. Aunque muchos de ellos estaban al tanto de que fuerzas democráticas tenían avanzados planes para derrocar al gobierno de Isabel II y, por tanto, era probable que la política reformista llegase a las Antillas, desanimados por las primeras medidas de los dirigentes del Sexenio – que mantuvieron a Lersundi Lersundi-, ndi renunciaron a toda actividad política. España no sólo desoyó las peticiones que se le hacían desde Cuba, contrariando de este modo a una opinión pública que había puesto todas sus esperanzas en la acción reformista, sino que incluso se permitió subir

los

impuestos

en

un

momento

muy

delicado

de

la

economía de la isla, creando el caldo de cultivo adecuado para que los cubanos buscasen otro procedimiento político a fin de satisfacer sus exigencias.

FRANCISCO LERSUNDI


Recopilando lo dicho: Los movimientos liberadores comienzan en Cuba en 1848 con la publicación

de

«El

destino

manifiesto».

En

1868

estalla

la

primera guerra de la independencia tras el Grito de Yara donde se expusieron claramente las causas: - El gobierno español es tiránico y gobierna la isla con brazo de hierro. - Impone tributos a su antojo. - No reconoce libertades (ni políticas, ni civiles, ni religiosas). -

Impone

severas

penas

(exilio

o

ejecución

por

tribunales

militares). - No permite a los cubanos ocupar cargos públicos. - Niega el derecho de reunión salvo bajo la supervisión de un jefe militar. - No existe la libertad de prensa. - Es ilegal formar partidos políticos. Fracasa la junta de información de 1867 y con esto se agudizan las

contradicciones

colonia

y

metrópoli,

además

se

va

madurando un pensamiento independentista con figuras como Félix Varela , Jose Antonio Saco y otros.


Los conflictos provocados por los independentistas cubanos eran sistemáticamente reprimidos con dureza y la población criolla se siente

marginada

de

los

cargos

políticos,

que

eran

monopolizados por los peninsulares. Todas las colonias ultramarinas estaban mal integradas en el estado español, la lejanía representaban

a

la

propiciaba que

metrópoli

actuaran

los poderes que despóticamente.

El

inestable gobierno de Madrid se imponía con dificultad, así burócratas, comerciantes y azucareros españoles residentes en la isla, se negaban a cualquier tipo de independencia y autonomía y en la Península también había muchos intereses, pues el comercio con Cuba era un mercado prácticamente basado en el monopolio que daba a España un saldo positivo. La base económica de la isla era el cultivo azucarero, en las plantaciones trabajan esclavos, lo que creaba polémicas internacionales y nacionales por la abolición de la esclavitud Además hay intereses de potencias por la isla, especialmente de EEUU, país al que Cuba exportaba más del 90 % de la producción de azúcar y tabaco. La presión diplomática de EEUU aumentó con ofertas de compra al gobierno español que éste no atiende,

financiando

los

movimientos

independentistas

y

prestándose a ejercer el papel de árbitro si surgiera un conflicto entre España y Cuba.


2. ETAPAS: 2.1 GUERRA 10 AÑOS 18681868-1878 Los iniciadores de la Guerra de los Diez Años fueron un grupo de pequeños y medianos propietarios orientales, para los que, a diferencia de los hacendados occidentales, la esclavitud no les reportaba ninguna utilidad. Prueba de ello es que mientras que en el occidente la población esclava constituía el 30% del total, en el oriente sólo alcanzaba el 19%, concentrándose el 85% en Guantánamo y Santiago de Cuba, los dos únicos territorios que no participaron en la organización de la sublevación. Una región con una economía más precaria, donde la subida impositiva decretada en julio de 1867 y agravada por los abusos cometidos por los funcionarios encargados de su recaudación, fue el detonante de una situación altamente revolucionaria. En la región occidental, los antiguos reformistas mostraron diversas posturas: unos huyeron al extranjero y desde allí colaboraron con la revolución, siempre tratando de moderarla y de evitar que ésta tomase medidas demasiado radicales; otros se pusieron al lado de España, criticando abiertamente la postura revolucionaria. Saco la calificó de funesta, mientras que otros antiguos reformistas (Nicolás Azcárate o José María Zayas) estaban en contra de la guerra por las consecuencias sociales que podría tener. Los independentistas, ante la prolongación del conflicto, fueron adoptando posiciones más radicales, como la quema de plantaciones y la abolición de la esclavitud. Esta última medida suponía integrar en la República cubana, que aunque república en armas ofrecía un mínimo entramado institucional -constitución, ejército, asamblea parlamentaria-, a la población de color. A diferencia del ideal nacional reformista blanco enunciado por Saco, ahora era cubano aquel que estuviera dispuesto a luchar por la independencia de la isla, sin importar el color de su piel. Tras diez años de guerra ni los cubanos habían logrado la independencia, ni las autoridades coloniales habían acabado con una revolución que cada vez se mostraba más débil. En estas circunstancias, una parte de la cúpula revolucionaria decidió


pactar el final del conflicto con las autoridades españolas: en febrero de 1878 se firma la Paz del Zanjón. Zanjón Por aquellas fechas, las filas insurrectas estaban divididas en distintos sectores. Para algunos la independencia no era el fin, sino sólo el medio por el cual lograr la anexión a los Estados Unidos; otros, desconfiaban del papel cada vez más preponderante que las fuerzas más populares estaban tomando dentro de la revolución. Finalmente, éstas últimas eran las únicas verdaderamente interesadas en continuar la guerra hasta conseguir la absoluta independencia; serán las que por boca de Antonio Maceo, líder negro del independentismo, protesten en Baraguá por la firma de una paz que no reconocía la abolición de la esclavitud y, en definitiva, serán sobre las que se reconstruya, entre 1878-1895, el grueso del movimiento independentista.

La Guerra de los Diez Años, también conocida como Guerra de Cuba (en España) o Guerra Grande , fue la primera guerra de independencia contra las fuerzas reales españolas. La guerra comenzó con el Grito de Yara, en la noche del 9 al 10 de octubre de 1868, en la finca Manzanillo que pertenecía a Carlos Manuel de Céspedes. Terminó diez años más tarde con el Pacto de Zanjón, donde se establece la capitulación del ejército independentista cubano frente a las tropas españolas. Este acuerdo no garantizaba ninguno de los dos objetivos fundamentales de dicha guerra: la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud. 1- El Grito de Yara se produjo el 10.10-1868, el gobierno de Madrid envía a Lersundi que actúa con gran dureza y la insurrección se convierte en guerra civil, ahora los insurrectos piden la independencia, reclaman sufragio universal, soberanía nacional, independencia fiscal y el establecimiento del librecomercio 2- El gobierno de Madrid sustituye a Lersundi por el General Dulce, de carácter más conciliador, pero tampoco resuelve el conflicto, se envía al Gral caballero de Rodas que de nuevo actúa


con gran dureza.(presiones catalanas por los intereses económicos de su industria) 3- El barco de EEUU “Virginius” provoca un incidente, lleva armas y hombres para ayudar a los insurrectos cubanos, España lo descubre y fusiló a parte de la tripulación

MARTÍNEZ CAMPOS

4- El conflicto será resuelto por el Gral Martínez Campos, Campos tras dos años de guerra en junio de 1878 se firma la Paz de Zanjón, en ella el gobierno español se compromete a. tímidas reformas, mayor autonomía que va a contentar a la burguesía catalana amplia amnistía, Libertad a los esclavos de origen asiático y promesas de reformas legales que serán pronto incumplidas, estallará el conflicto de nuevo 1895. Cuando se intente presentar un proyecto de autonomía


2.2 GUERRA CHIQUITA 18791879-1880 Causas: La Guerra de los Diez Años (1868-1878) había terminado como un fracaso. El Pacto de Zanjón frustró casi cualquier idea independentista. El descontento, insatisfacción e incumplimiento de promesas llevaron a los cubanos a un nuevo alzamiento La Guerra Chiquita (1879-1880) fue el segundo de los tres conflictos de la Guerra Cubana de la Independencia contra España. Fue la continuación de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y precedió a la Guerra de Independencia cubana, que logró que los cubanos se independizaran de España. Comenzó el 26 de agosto de 1879, y luego de algunos sucesos menores,

la

guerra

terminó

cuando

los

rebeldes

fueron

derrotados en septiembre de 1880. El 24 de agosto de 1879 se escuchó el grito: «¡Independencia o muerte! en los campos de las inmediaciones de Rioja, próximo a la oriental ciudad de Holguín y posteriormente se extendió hacia la región de Gibara. Desarrollo: En

Santiago

de

Cuba, el

general

Guillermón

M

apresuraba

también el levantamiento, internándose en los montes. En 1878 quedó constituido el Comité Revolucionario de la Emigración Cubana, llamado asimismo Comité de los Cinco que, bajo la presidencia de José Francisco , se encargó de la búsqueda de vías de auxilio a los combatientes que continuaban la lucha en la isla; además de llevar adelante la organización, preparación y dirección de un nuevo período de lucha armada. El fin de la Guerra

de

los

Diez

Años

se

imponía

inexorablemente.

La

contribución de los emigrados fue efectiva. Se incorporó el mayor general Calixto García a su dirección, y asumió como nuevo nombre el de Comité Revolucionario Cubano.


GENERAL CUBANO CALIXTO GARCÍA La decisión de lucha era fuerte, pero la desunión e innumerables contradicciones lastraban el desempeño conspirativo. El alcance nefasto de estos problemas se pondría en evidencia al iniciarse los alzamientos armados en agosto de 1879. Dentro y fuera de Cuba se crearon clubes secretos en apoyo a la lucha. La lucha en Cuba No hubo muchos combates en esta guerra. Los pocos efectuados terminaron

con

reveses

para

los

cubanos.

A

pesar

de

la

disposición de los mambises, existía escasez de balas y el entrenado ejército español era muy superior. Causas del fracaso Pero la

ausencia

en

la

ínsula

de

jefes militares

de

gran

importancia para la dirección de la lucha, como Antonio Maceo y Calixto García, la carencia de armamentos y municiones y de ayuda exterior, condicionaban el desaliento y la falta de fe en la victoria. En occidente, los principales dirigentes del levantamiento fueron apresados y en el resto de la nación muchos líderes, entre

ellos el

propio Calixto García,

se

vieron

forzados a

capitular en 1879 y 1880. Inició a Martí como dirigente del


pueblo cubano, con lo que ganó experiencia para organizar la Guerra del 95. Importancia histórica para el pueblo de Cuba Aunque fracasó, la Guerra Chiquita contó con elementos de organización superior a los de guerras anteriores libradas en Cuba y sirvió de experiencia en el difícil camino de alcanzar la necesaria

e

impostergable

unidad

revolucionarios cubanos

JOSÉ MARTÍ

en

los

esfuerzos


2.3 GUERRA FINAL:: FINAL:: GUERRA INDEPENDENCIA 1895 1895 La Guerra de Independencia de Cuba (o la Guerra de 1895) es el nombre con el que se conoce a la última guerra por la independencia de los cubanos contra el dominio español y se trata de una de las últimas guerras americanas contra el Reino de España. La guerra se inició el 24 de febrero de 1895. El hecho es popularmente conocido en ciertos círculos como el "Grito de Baire" Baire y terminó con la rendición del ejército colonial español ante el avance militar norteamericano en 1898, con la asistencia y el apoyo de los mambises (miembros del ejército independentista cubano) en la conocida generalmente como Guerra Hispano-Estadounidense, llamada guerra hispano-cubanonorteamericana dentro de la isla. Antecedentes: El siglo XIX representó para España la pérdida de la mayor parte de sus colonias americanas de modo que hacia finales de siglo sólo contaba en América con las islas de Cuba y de Puerto Rico. En la Gran Antilla las ideas independentistas habían estado latentes desde el fin de la guerra de restauración de la República Dominicana y de la Guerra de los Diez Años (18681878), aunque también existían otras tendencias como eran la opción separatista encabezada por José Martí, Martí la autonomista de Rafael Montoro y la reformista de José Antonio Saco. Sin embargo, tendrían que pasar algunos años para que José Martí preparara la insurrección, argumentando varios agravios: Las condiciones de vida de negros y pardos, pese a la abolición de la esclavitud el 17 de febrero de 1880 y la situación comercial, que por presiones de la burguesía textil catalana habían llevado a promulgar de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas (1882)

y

el

Arancel

Cánovas

(1891),

que

garantizaban

el

monopolio del textil catalán obligando a Cuba absorber sus excedentes de producción. Este privilegio en el mercado cubano


asentó la industrialización en Cataluña durante la crisis de la década de 1880, derivada de sus problemas de competitividad, a costa de los intereses de la industria cubana, lo que fue un estímulo esencial de la revuelta. El envío de reclutas peninsulares para sofocar la revuelta supuso una fuente añadida de ingresos para la industria textil catalana, gracias a "las remesas considerables que se hacían para el vestuario de los batallones que sosteníamos en combatir la insurrección Los proyectos de autonomía para Cuba redactados por los políticos de la metrópoli (Maura, Abarzuza, Cánovas del Castillo) cristalizaron durante el gobierno de Práxedes

con Segismundo

Moret en el Ministerio de Ultramar, en una Constitución para la isla que le otorgaba autonomía plena (25 de noviembre de 1897) con la sola reserva del cargo de Gobernador General, más los reales decretos

por

los

que

se

establecía

la

igualdad

de

derechos políticos de los españoles residentes en las Antillas y los penisulares, y se hizo extensivo a Cuba y Puerto Rico el sufragio universal (25 de noviembre de 1897). El primer gobierno autónomo estuvo presidido desde el 1 de enero de 1898 por José María Gálvez Alonso. Ninguna de las iniciativas emprendidas desde el Gobierno central tuvieron éxito a pesar de los claros avances, ya que para los intereses de la oligarquía

criolla

Estados Unidos

como de

los

América,

de la

los

intervencionistas

presencia

española

de

los

era

un

obstáculo a eliminar. La guerra El 24 de febrero de 1895 da comienzo la insurrección en Baire, localidad situada a unos 75 kilómetros de Santiago de Cuba. Las autoridades coloniales logran descabezar la insurrección en las cuatro provincias occidentales, con la detención de Julio

y

José María Aguirre Valdés. La metrópoli envía a la isla 9 000


hombres,

suspende

las

garantías

constitucionales

y

aplica

censura a la prensa. El 21 de marzo Antonio Cánovas envía otros 7 000 hombres y nombra a Arsenio Martínez Campos, artífice de la Paz de Zanjón, Capitán General de Cuba. Con la experiencia de la Guerra de los Diez Años, un mayor apoyo de las fuerzas políticas y una mayor conciencia nacional, los libertadores concibieron la campaña "Invasión al Occidente" que tenía el fin de tomar ese sector de la isla. No fue fácil someter el Oriente de Cuba, en donde las fuerzas realistas tuvieron grandes aprietos para contener a los libertadores. Sin embargo, José Martí y Antonio Maceo murieron en la contienda: Martí casi al inicio de la guerra (19 de mayo del 1895) y Maceo en una emboscada al oeste de La Habana (7 de diciembre de 1896). Entre las muchas victorias obtenidas por los soldados cubanos se destaca el cruce de Trocha de Júcaro a Morón en lo que actualmente es la provincia de Ciego de Ávila, casi al centro del país

con

el

objetivo

de

impedir

el

cruce

de

las

tropas

libertadoras hacia el occidente. La primera era una cadena de fuertes y tropas realistas que se extendía de El paso de dicha trocha representaba no sólo una necesidad para el cumplimiento de la Campaña de liberación del Occidente,

sino

además

una

victoria

que

demostraría

el

desarrollo militar de los insurgentes. Generalizada la rebelión en toda la isla, el gobierno central de Madrid destituyó al general Martínez Campos y decidió enviar a la isla al general Valeriano Weyler. Este último llevaría a cabo una guerra atroz en su afan de derrotar a los independentistas cubanos. Con un cuarto de millón de hombres, el general Weyler se propuso acabar la guerra en un periodo de 24 meses. Una de sus medidas sería colocar a los habitantes rurales en campos de concentración para de esta manera privar a los patriotas de la ayuda que el campesinado cubano le brindaba al ejército libertador. Se calcula


que murieron unos cien mil cubanos en dichos campos de concentración debido al hambre y las enfermedades, en su mayoría ancianos, mujeres y niños. Pero a pesar del incremento constante de tropas españolas, la política de reconcentración y la abrumadora superioridad de su ejército, Weyler fue incapaz de derrotar a los patriotas cubanos. Estos, conocedores del terreno y movidos por el espíritu independentista llevaron a cabo una eficiente

guerra

de

guerrillas

que

consistía

en

operaciones

ofensivo-defensivas que fueron desgastando al ejército español paulatinamente

sin

que

este

pudiera

obtener

resultados

favorables, a pesar de contar con los mejores medios militares como líneas de fortificación, ferrocarriles, vigilancia de las costas y el armamento más moderno de la época. Para finales de 1897, el gobierno español se encontró con las arcas vacías de dinero y con un ejército agotado por las enfermedades tropicales y la implacable resistencia de los cubanos. Madrid decidió finalmente destituir a Weyler, tanto por el costo político de su modo de hacer la guerra, así como por su fracaso militar al no poder derrotar a los rebeldes. Para comienzos de 1898 el ejército español apenas controlaba las principales ciudades costeras, los cubanos ganaban cada vez más y más terreno y el gobierno colonial no contaba ya con los recursos para seguir costeando la guerra. El gobierno de Los Estados Unidos reclamaba que la guerra afectaba sus intereses y le exigió a España reformas para lograr la paz. El gobierno colonial le otorgó a Cuba la autonomía, e inició una serie de reformas políticas y declaro un armisticio, pero los patriotas cubanos declararon que ya era demasiado tarde para un arreglo pacífico y aseguraron que solo se detendrían hasta lograr la independencia.

Las

tropas

independentistas

vislumbraban

la

victoria final cuando la guerra tomaría otro rumbo: el acorazado estadounidense Maine, que estaba de visita en la Bahía de la Habana, explotó. Ante esta situación Estados Unidos acuso a España de agresión y anunció una guerra inminente. Ante la


amenaza, el Capitán General de Cuba, Ramón Blanco, le propuso al General Máximo Gómez, líder de los rebeldes, una alianza para enfrentar a los norteamericanos. El general Gómez se nego rotundamente y recibió órdenes del gobierno rebelde de apoyar al ejército estadounidense para lograr finalmente la expulsión de los españoles de Cuba. La Guerra Cubano-Hispano-Estadounidense

La explosión del acorazado estadounidense Maine significó el ingreso de los Estados Unidos en la contienda. La declaración de guerra a España no se dejó esperar y los combates que antes se centraron en tierra, se trasladaron al mar: Las flotas realistas no pudieron responder a los modernos acorazados estadounidenses. La toma de Santiago de Cuba y la superioridad militar

de

las

tropas

norteamericanas,

apoyadas

en

todo

momento por las fuerzas cubanas al mando del General Calixto García (jefe cubano del departamento oriental) obligaron a los españoles, que ya estaban virtualmente acabados a rendirse en 1898. El suceso abrió paso a la ocupación estadounidense de Cuba hasta 1902.


3. CONSECUENCIAS: 3.1 TRATADO DE PAZ: PARÍS 1898 Por el Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, España renunció a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. Cedió a los EEUU, la isla de Puerto Rico y las demás que estaban bajo su soberanía en las Indias occidentales y la de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones. También cedía el archipiélago de las Filipinas y los EEUU pagarían a España la suma de veinte millones de dólares en el transcurso de los tres meses posteriores al canje de ratificaciones.

“ Art. 3°. España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las Art. 1°. España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, éstos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impuso el derecho internacional (...) Art 2°. España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas oislas Filipinas (...). Art 5°. Los Estados Unidos, (...) transportarán a España, a su costa, a los soldados españoles que hicieron prisioneros de guerra las fuerzas estadounidenses al ser capturada Manila.”


Los negociadores españoles no consiguieron obtener ni la más mínima concesión de sus adversarios. "Pero lograron lo único que era posible lograr en sus circunstancias, a saber: silenciar los argumentos contrarios y forzar al

gobierno de los EEUU a

refugiarse, a propósito de cada punto litigioso, en lo que era su exclusivo y único argumento: la fuerza. Y esto tiene y tendrá valor para todo el que no se resigne a dejar la vida reducida a un simple juego de intereses materiales" Mientras

tanto,

en

Madrid

se

fueron

apagando

los

ecos

nacionalistas de la guerra. Las críticas hacia los norteamericanos se diluyeron con la ira que ahora se dirigía hacia las autoridades españolas, las cuales enfrentaban el grave problema de hacer frente a las indemnizaciones de guerra, a la deuda cubana y a las tropas que llegaban en masa, enfermas y hambrientas desde Cuba. La perla del Caribe quedó en poder de un gobierno militar norteamericano que se prolongó hasta 1902, no sin problemas graves y apremiantes. "Cuatro quintas partes de las plantaciones de caña de azúcar se hallaban en ruinas; la zafra de 1898 fue inferior en unos dos tercios a la de 1895. Alrededor del 90 por 100 del ganado de la isla se había perdido y la industria del tabaco virtualmente había dejado de existir. Las comunicaciones estaban cortadas. Disperso, mal pertrechado y hambriento, el ejército rebelde cubano vigilaba, a pesar de todo, lo que hacían las autoridades norteamericanas. La posibilidad de una confrontación armada entre los antiguos "aliados" empezaba a preocupar a Washington El gobierno militar actuó rápida y enérgicamente, licenciando en menos de dos años al ejército cubano, al que se le abonaron salarios atrasados, a cambio de que entregaran las armas y volvieran a sus hogares. El desarme de los justicieros rebeldes no se consiguió tan fácilmente, teniendo que intervenir los generales rebeldes para


convencer a sus soldados y negociando con las autoridades norteamericanas

el

procedimiento

menos

incómodo

para

los

miembros de las tropas cubanas, quienes interpretaban el hecho como si se tratara de una derrota, o de un acto de sumisión, lo cual estaba muy lejos de su espíritu combativo. Máximo Gómez, el más popular de los jefes de la revolución cubana, si bien había aceptado la propuesta de Calixto García sobre la entrega de armas, (la que se realizó finalmente ante las autoridades municipales de cada pueblo y no a las autoridades militares norteamericanas), rehusó ir a La Habana para la izada de la bandera estadounidense en el castillo del Morro. Escribió que "la nuestra es la bandera cubana, la bandera por la que

tantas lágrimas y

sangre

se

han

derramado...

debemos

permanecer unidos con el fin de poner fin a esta ocupación militar injustificada" Sin embargo, los norteamericanos estaban allí y de alguna manera ellos lo habían hecho posible, en su afán de desprenderse del yugo español. Aceptaron la ayuda proveniente de los EEUU, sin saber de qué manos interesadas procedían y ahora sus jefes agotados, aunque esperanzados en vagas promesas, dirigían sus pedidos a Washington, en procura de créditos para poner en marcha la isla que aparecía marchita después del fragor de la guerra. "El resultado inmediato de esta dominación creciente fue la formación de un poderoso grupo de presión en Washington que pretendía mejorar las relaciones comerciales con Cuba" Pero mientras persistía la desconfianza hacia las intenciones norteamericanas, crecía también el nacionalismo cubano y se hacía fuerte. El descontento de los libertadores al ver cambiar su tierra de amo, no se dejó esperar. Si bien Puerto Rico y Filipinas continuaron por más décadas como colonias, ya no de España sino de Estados Unidos, las presiones cubanas por constituir su


propio país hicieron que bien pronto Estados Unidos preparara su retirada. Ese descontento propició las condiciones necesarias para ello, aunque dejando abierta la posibilidad de una nueva intervención como garantía de independencia (redacción de una constitución conforme a la llamada Enmienda Platt aprobada por la Asamblea Constituyente cubana el 12 de junio de 1901): el 20 de mayo de 1902 nacería la República de Cuba con la toma de posesión de su primer presidente, don Tomás Estrada Palma. Sin embargo, no será hasta 1909 con la presidencia de José Miguel Gómez (del partido liberal) que termine el Gobierno de Intervención norteamericano y no sin antes (2 de julio de 1903) firmar el arrendamiento de la base de Guantánamo aún hoy poseída por los EE. UU. La independencia no mejoró la situación de los más desfavorecidos (recalquemos de nuevo que los movimientos independentistas obedecieron mansamente a los intereses de la oligarquía plantadora dominante), produciéndose después de la secesión colonial levantamientos del sustrato poblacional negro, que en 1912 propició otra intervención estadounidense. Los países latinoamericanos, que en su mayoría no tuvieron injerencia en esta guerra, vieron confirmadas sus sospechas. EEUU había demostrado con el despliegue de su potencial militar, que estaba decidido a hegemonizar el Caribe, controlar el futuro canal interoceánico y liderar económicamente el resto del Continente. En adelante, los países más ilustrados iniciaron una política de defensa

de

concordancia

la con

libre la

determinación tan

de

proclamada

las

naciones,

soberanía

lograda

en a

comienzos del siglo XIX. Así, la Argentina, Chile, Venezuela y México,

se

opondrán

a

los

intentos

norteamericanos

de

panamericanización del continente. Los forcejeos diplomáticos se manifestarán

en

las

Conferencias

que

para

tal

efecto

se

convoquen a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Poco a poco y bajo las apremiantes circunstancias históricas, las repúblicas latinoamericanas irán cediendo a los designios de la emergente potencia del Norte. Argentina será la última en hacerlo y

sólo

después

de

haber

realizado

grandes

esfuerzos

por


mantenerse al margen de las grandes potencias y de haber agotado todas sus posibilidades en ese sentido. La pérdida de las colonias, y muy especialmente de Cuba, provocó una profunda crisis identitaria, social, política y cultural en España, dando paso a una época en la que manifestaciones culturales, como la Generación del 98 o el Regeneracionismo, se vieron marcados por la crisis y el contexto histórico, tratando entre otros temas la "Pérdida de personalidad histórica" de España.


4.2 PERSONAJES Y OTROS HECHOS 4.2.1 EL HUNDIMIENTO DEL MAINE

El acorazado Maine entrando en la bahía de La Habana.

El acorazado Maine hundido en la bahía de La Habana.

Con la excusa de asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla, el gobierno estadounidense envió a La Habana el acorazado de segunda clase Maine. El viaje era más bien una maniobra intimidatoria y de provocación hacia España, que se mantenía firme en el rechazo de la propuesta de compra realizada por los Estados Unidos sobre Cuba y Puerto Rico. El 25


de enero de 1898, el Maine hacía su entrada en La Habana sin haber avisado previamente de su llegada, lo que era contrario a las prácticas diplomáticas tanto de la época como actuales. En correspondencia a este hecho, el gobierno español envió al crucero Vizcaya al puerto de Nueva York. A pesar de lo inoportuno de la visita, la población habanera permanecía tranquila y expectante y parecía que el capitán general, Ramón Blanco, controlaba perfectamente la situación. Por otra parte, a pesar de que el Maine tuvo un gélido recibimiento por parte de las autoridades españolas, Ramón Blanco y el capitán del navío, Charles Sigsbee, simpatizaron desde el primer momento y se hicieron amigos.18 Sin embargo, a explosión ilumina por los aires. De oficiales. El resto baile dado en su

las 21:40 del 15 de febrero de 1898, una el puerto de La Habana. El Maine había saltado los 355 tripulantes, murieron 254 hombres y 2 de la oficialidad disfrutaba, a esas horas, de un honor por las autoridades españolas.

Sin esperar el resultado de una investigación, la prensa sensacionalista publicaba al día siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo». A fin de determinar las causas del hundimiento se crearon dos comisiones de investigación, una española y otra estadounidense, puesto que estos últimos se negaron a una comisión conjunta.19 Los estadounidenses sostuvieron desde el primer momento que la explosión había sido provocada y externa. La conclusión española fue que la explosión era debida a causas internas. Los españoles argumentaron que no podía ser una mina como pretendían los estadounidenses, pues no se vio ninguna columna de agua y, además, si la causa de la explosión hubiera sido una mina, no tendrían que haber estallado los pañoles de munición. En el mismo sentido, hicieron notar que tampoco había peces muertos en el puerto, lo que sería normal en una explosión externa. Tradicionalmente ha sido una opinión muy extendida entre los historiadores españoles el creer que la explosión fue provocada por los propios estadounidenses para utilizarla como excusa para su entrada en la guerra. Algunos estudios actuales apuntan a una explosión accidental de la santabárbara, motivada por el


calentamiento de los mamparos que la separaban de la carbonera contigua, que en esos momentos estaba ardiendo. Otros estudios recientes han señalado que, dados los desperfectos causados por la explosión, si la misma hubiera sido provocada por algún artefacto externo, ésta habría hecho al barco saltar (literalmente) del agua. Algunos de los documentos desclasificados por el gobierno de EE.UU. sobre la Operación Mangosta (proyecto para la invasión de Cuba posterior al fracaso de Bahía de Cochinos) avalan la polémica hipótesis de que la explosión fue causada en realidad por el propio gobierno de EE.UU. con el objeto de tener un pretexto para declarar la guerra a España.[cita requerida]

España negó desde el principio que tuviera algo que ver con la explosión del Maine, pero la campaña mediática realizada desde los periódicos de William convencieron a la mayoría de los estadounidenses de la culpabilidad de España. EE.UU. acusó a España del hundimiento y declaró un ultimátum en el que se le exigía la retirada de Cuba, además de empezar a movilizar voluntarios antes de recibir respuesta.[cita requerida] Por su parte, el gobierno español rechazó cualquier vinculación con el hundimiento del Maine y se negó a plegarse al ultimátum estadounidense, declarándole la guerra en caso de invasión de sus territorios, aunque, sin ningún aviso, Cuba ya estaba bloqueada por la flota estadounidense. Comenzaba así la Guerra Hispano-Estadounidense, que con posterioridad se extendería a otras colonias españolas como Puerto Rico, Filipinas y Guam.


4.2.1 CAPITÁN GENERAL VALERIANO WEYLER

Valeriano Weyler y Nicolau (Palma de Mallorca, 17 de septiembre de 1838 – Madrid, 20 de octubre de 1930) fue un noble, político y militar español, marqués de Tenerife y duque de Rubí, grande de España,

capitán

general

de

Cuba

durante

la

sublevación

independentista de José Martí y Máximo Gómez. Fue famoso por su denostada política de Reconcentración. Participó en Guerras Carlistas, Guerra de Independencia cubana Biografía Hijo del médico militar madrileño Fernando Weyler y Laviña, cursó estudios castrenses en la Academia de Infantería de Toledo, obteniendo la graduación de teniente a los veinte años después de haber vivido en el Real Colegio Mayor de San Bartolomé y


Santiago de Granada. Diplomado en Estado Mayor, es ascendido a comandante con tan solo 24 años y destinado a Cuba y posteriormente a Santo Domingo. En la última etapa de su vida pasaba largas estancias en su finca El Bohío (choza), en la localidad segoviana de San Rafael, donde era visitado por el monarca Alfonso XIII que también pasaba temporadas en el cercano Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. Estrategias y tácticas militares El general Weyler está considerado uno de los mejores estrategas militares de la historia de España. Su misma concepción de la estrategia como campo específico, unido a sus originales aportaciones en esta materia, le sitúan a la altura de los grandes tratadistas sobre esta materia. La concentración de poblaciones en lugares determinados, las trochas y otras innovaciones, inicialmente aplicadas durante la Guerra de Secesión por los generales Sheridan y Hunter cuando devastaron completamente el valle de Shenandoah y por el también general Sherman al arrasar Georgia y Carolina del Sur, fueron fielmente copiadas y seguidas en otros conflictos como Horatio Kitchener en las Guerras de los Bóeres o la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial. La diferencia entre estas tácticas estriba en que en América hubo auténticos campos con ganado y cultivos y no prisiones de concentración. Es importante tener en cuenta que las medidas del General Weyler fueron excesivamente exageradas y manipuladas por la prensa estadounidense lo que granjeó la impopularidad internacional a España y facilitó el apoyo popular a la entrada norteamericana en guerra. La campaña de Santo Domingo El 16 de agosto de 1861 la República Dominicana solicita la anexión a España, promovida por Pedro Santana. Se le condecora con la Cruz Laureada de San Fernando por su actuación en la acción del río Jaina, en Santo Domingo, donde al mando de una tropa de 150 hombres, defendió con éxito la posición durante tres días contra 500 asaltantes, retirándose finalmente sin abandonar muertos, heridos ni material.


Era esta de Santo Domingo una guerra de sorpresas y batallas fugaces y violentas que se sucedían repetidamente; el mismo tipo de combates en el que se vería envuelto tantas veces a lo largo de su vida, en Cuba y Filipinas. Fue pues en tierras dominicanas donde comenzó a convertirse en un experto en la peculiar forma de batirse en el medio tropical. Había que aceptar que aprendió pronto y bien aquel oficio. Así, a diferencia de la mayoría de los hombres que acabaron alcanzando los más altos grados del Ejército español, casi o al mismo tiempo que él, muchos de los cuales eran «africanistas», al menos en parte de su formación como Martínez Campos, Polavieja, Ahumada, ... y tantos otros; por no citar los de la generación precedente: López Domínguez, Caballero de Rodas, Valmaseda, etc.: Weyler fue esencialmente «antillanista». Los acontecimientos se desarrollaron aceleradamente. El 10 de octubre de 1868 se inició el alzamiento y ya el día 20 los revolucionarios cubanos habían tomado la ciudad de Bayamo, la segunda en importancia de la zona oriental de la isla, donde fundaron un gobierno en armas. El general Blas Villate, conde de Valmaseda, fue enviado a la región sublevada para enfrentar el movimiento; su segundo al mando era el brigadier Valeriano Weyler. Se trataba de dos militares derrotados en Santo Domingo,[1] donde habían aprendido algo que conocieron muy bien los ayacuchos: las dificultades irremontables de luchar contra un ejército irregular, apoyado por los campesinos, que servían al enemigo de informantes veraces y les suministraban alimentos, mientras respecto a los soldados de España actuaban como desinformadores y evadían toda ayuda. Frente a este tipo de guerra, las estrategias prusianas de moda en Europa carecían de valor. De 1878 a 1883 ejerce como Capitán general de Canarias.. En 1883 obtiene el nombramiento de Capitán general de Filipinas, permaneciendo en el cargo hasta 1891. Capitán general de Cuba Nombrado Capitán general de Cánovas del Castillo, sustituyó órdenes de zanjar los intentos las armas. En el breve período

Cuba en febrero de 1896 por al general Martínez-Campos, con independentistas por la fuerza de que ocupó esta capitanía general


solo consiguió frenar un tanto la lucha de los independentistas, y su mayor éxito fue la muerte en una escaramuza del lider rebelde, lugarteniente general Antonio Maceo, pero a pesar de estos los "mambises" cubanos estos siguieron siendo particularmente fuertes en el centro y el oriente de la isla, donde las largas campañas de verano destruyeron las fuerzas españolas al son de las enfermedades y las tácticas guerrilleras del general Máximo Gómez, jefe militar máximo de los independentista, para entonces Weyler ordenó el encierro forzoso a la población rural del occidente cubano en campos de reconcentración, hecho conocido en la historia como la Reconcentración de Weyler. Weyler La proclama que daba inicio a la reconcentración decía: 1. Todos los habitantes de las zonas rurales o de las áreas exteriores a la línea de ciudades fortificadas, serán concentrados dentro de las ciudades ocupadas por las tropas en el plazo de ocho días. Todo aquel que desobedezca esta orden o que sea encontrado fuera de las zonas prescritas, será considerado rebelde y juzgado como tal. 2. Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes. 3. Se ordena a los propietarios de cabezas de ganado que las conduzcan a las ciudades o sus alrededores, donde pueden recibir la protección adecuada. El plan de Weyler, al alejar a los campesinos de sus tierras, resultó en la pérdida de las cosechas, provocando una hambruna generalizada, que unida a las enfermedades provocadas por las pésimas condiciones de salubridad en los campos, terminaron diezmando a la población. La situación se complicaba a medida que avanzaba la guerra. Los sufrimientos y calamidades aumentaban por la irregular forma de vida en barracones, almacenes o refugios abandonados, durmiendo en patios o a la intemperie, en condiciones higiénicas deplorables, y sin acceso suficiente a alimentos. Es difícil determinar con certeza la cantidad de personas reagrupadas como consecuencia de las órdenes dictadas por Weyler. Se estima que para diciembre de 1896 unos cuatrocientos


mil cubanos no combatientes se catalogaban como reconcentrados en lugares escogidos o no con ese objetivo. Más difícil aún es establecer las cifras exactas de fallecidos, pero la propaganda antiespañola estima que entre 750.000 y 1.000.000 de cubanos murieron en los campos de concentración creados por Valeriano Weyler (imposible dado que la población de Cuba en 1895 era de 1.500.000 habitantes). Las fuentes más conservadoras establecen la cifra en algo más de 300.000. Aún antes de terminada la guerra cubana, los muertos caídos en el campo de batalla, por las enfermedades y la reconcentración decretada por Weyler, ascendían aproximadamente a la tercera parte de la población rural de Cuba. La reconcentración acabó hacia marzo de 1898, en pro de la nueva política pacifista propiciada por el general Ramón Blanco y Erenas e impuesta por las circunstancias. Sobre Cuba pesaba la enorme fatiga de casi cuatro años de lucha y el cansancio acumulado de la Guerra de los Diez Años, la Guerra Chiquita y la batalla cotidiana del exilio durante los quince años de paz preparando una nueva guerra. Sobre los campos cubanos desolados por la reconcentración ordenada por Valeriano Weyler se había llevado a cabo una lucha que agotó los recursos españoles, quienes a su vez dominaron todos los centros urbanos fundamentales, hasta la rendición de Santiago de Cuba. España se había obligado a mantener sobre las armas a tantos soldados como hombres cubanos en edad militar. Miles de estos hombres pelearon en el campo con las tropas insurrectas que en continua movilidad evitaban todo encuentro frontal, ya que precisamente su objetivo era mantener dividido y disperso al ejército español. De esta forma la guerra se alargaba, paro no se exponía el triunfo cubano al resultado de una sola batalla contra un ejército cuyos jefes estaban formados en las modernas técnicas militares prusianas. El tiempo estaba a favor de la causa cubana. La famosa frase de Cánovas del Castillo pronunciada poco antes de morir:[4] «Hasta el último hombre, hasta la última peseta», era una prueba de que hombres y pesetas se estaban agotando en España. La tardía concesión de la autonomía, no aceptada por los revolucionarios, y exiguamente impuesta en las ciudades, fue también muestra de la debilidad española. Naturalmente que librar


una guerra reciedumbre.

de

agotamiento

exigía

una

altísima

dosis

de

Fue retirado de Cuba en octubre de 1897, cuando Sagasta sustituyó al asesinado Cánovas. Pero el mal ya estaba hecho, y la prensa norteamericana de Hearst y Pulitzer reclamaban a gritos la intervención en Cuba, presuntamente para acabar con la «matanza de civiles» aunque en verdad solo pretendían apoderarse de la Isla, ignorando la lucha de los independentistas cubanos. Cargos posteriores En 1909, siendo Capitán general de Cataluña, reprimió con dureza las protestas y altercados durante la Semana Trágica de Barcelona. Ministro de Guerra en tres ocasiones, simultaneado en una de ellas con el Ministerio de Marina, fue Senador vitalicio por designación real. Se opuso a la dictadura de Primo de Rivera, interviniendo en la Sanjuanada contra el Dictador, que lo detuvo pero no se atrevió a encarcelarlo, aunque lo condenó al ostracismo e hizo que desapareciese su nombre de las calles y plazas que le había otorgado tal distinción. En 1930 ya cercana la hora de su muerte, seguía presionando al rey Alfonso XIII para que destituyese a Primo de Rivera.


4.2.3 4.2.3 SECUNDARIOS 4.2.3. 4.2.3.1 3.1 GENERAL DE BRIGADA WALDO GUTIERREZ MARRERO


4.2.3.2 4.2.3.2 GENERAL DE BRIGADA FRANCISCO PÉREZ MARTEL


4.2.3.3 4.2.3.3 LA VIDA COTIDIANA DE LOS SOLDADOS CUBANOS La guerra condiciona un tipo particular de vida cotidiana, dadas las condiciones especiales en que vive el hombre, con rupturas profundas en el modo y ritmo de vida, para lograr la adaptación y desarrollar una profunda capacidad de resistencia; esta cualidad no podría explicarse si no logra ver detrás de cada hecho extraordinario, un heroísmo cotidiano que lo hacen posible jefes y soldados, pero también la población civil. Logrando sobrevivir en la manigua La lucha iniciada el 10 de octubre de 1868, con intervalos en las acciones armadas, no concluiría hasta 1898 con el abandono total de las fuerzas españolas de la Isla, aunque no de la forma esperada por los cubanos: con la intervención del ejército norteamericano y el mantenimiento de un gobierno de ocupación militar, como punto de partida de un nuevo período que duraría más de cincuenta años. Durante la Guerra de los Diez Años se intentó en más de una ocasión extender el conflicto a toda la Isla a través de campañas invasoras, como ninguna de estas logró su propósito más allá del territorio villareño, el mismo se mantuvo concentrado en la región centro oriental, situación que permitió a los españoles enfrentar a los combatientes cubanos en un espacio más pequeño, resultando más cómodo, aunque no por ello más fácil, la distribución de su contingente armado y la ejecución de estrategias de lucha que permitieran el aplastamiento de los insurgentes nacionales. La intención española de sofocar rápidamente el alzamiento iniciado aquel 10 de octubre se vio frustrada, durante diez años se mantuvieron los cubanos sobre las armas, combatiendo al ejército español más numeroso que envió la Península hacia sus posesiones de Ultramar, incluyendo el proceso de luchas emancipadoras llevadas a cabo en el continente durante la primera mitad del siglo XIX. Durante esos años de lucha las fuerzas cubanas no solo tendrían que enfrentar a un ejército que frecuentemente triplicaba sus fuerzas, sino afrontar las dificultades que planteaba la carencia de alimentos, en ocasiones los más esenciales, para subsistir,


teniendo que ingeniárselas de las más diversas formas para lograr sobrevivir en esas condiciones. Los usos y costumbres alimentarias de los cubanos, mantenidos de generación en generación se vieron alterados al producirse el estallido insurreccional. Las propias privaciones a que se vio sujeto el soldado cubano, contribuyeron a crear una percepción diferente de la cultura material en este aspecto particular; la convivencia de chinos, africanos y cubanos , contribuirían a crear una base común en cuanto a hábitos alimentarios, costumbres, modos de vida, etc., que también darían lugar a un sentimiento identitario dentro de la población. Es muy poco común que un país, o territorio en particular, tome sus previsiones y acumule suficientes recursos como antesala a involucrarse en un conflicto armado. En el caso cubano, tal cuestión además de no preveerse, al menos hasta donde tenemos conocimientos, hubiese resultado imposible a causa de la decisión de Céspedes de adelantar el inicio de las acciones. Este elemento, por tanto, nos está planteando desde ya una de las principales dificultades que afrontó el soldado cubano para garantizar su alimentación: la falta de recursos, esta cuestión se vería agudizada por las propias características económicas de la región oriental, caracterizada, casi en un sentido totalitario, como la más retrasada y con menos desarrollo. En esta dirección apunta el hecho de que en ese territorio se concentraba menos del 10% de la producción insular de azúcar, principal renglón productivo del país. Las plantaciones de café si bien tenían en la zona oriental, y en particular el territorio comprendido entre Santiago de Cuba y Guantánamo, uno de los mayores índices, el rendimiento resultaba inferior si se compara con la parte centro occidental. Similar situación acontecía con el rendimiento y calidad de la producción tabacalera, muy inferior a la producida en la región pinareña. Si esto no resultara suficiente, la producción de cultivos menores y de carne tampoco tenían en la parte oriental de la Isla un espacio privilegiado, aun cuando las tierras de esa parte tenían buena fertilidad y se dedicaban a su cultivo algunas extensiones, prevalecía un retraso tecnológico que las ponía en desventaja con otras del territorio nacional; si bien existían regiones como la de


Tunas o Bayamo que se caracterizaban por su riqueza ganadera, los compromisos comerciales contraídos con otras regiones generaban una disminución en la cantidad de cabezas destinadas al consumo local, a todo lo anterior se unían las diferencias productivas de los territorios, contribuyendo a la desigualdad en cuanto a las posibilidades de abastecimiento. En consecuencia la producción de artículos alimenticios apenas sobrepasaban la producción local con un destino de consumo muy similar. Las carnes de res y cerdo, esta última la más utilizada, así como la de aves, unido al cultivo de frutas, vegetales, tubérculos, algunas variedades de legumbres, miel, café, casabe, azúcar, constituían los alimentos de mayor consumo en aquel Departamento. Las insuficiencias productivas muchas veces se vieron agudizadas por frecuentes períodos de sequía, como la que aconteció en 1867 y que barrió con las cosechas de tabaco y viandas, a la vez que ocasionó gran cantidad de muertes en la masa ganadera. Fue muy común en esta etapa de lucha del pueblo cubano contra el dominio colonial español el establecimiento de poblados en el interior de los bosques, donde encontraba refugio la población que huía de la ferocidad española, y sobre todo buscando un espacio donde poder vivir y alimentarse al menos con lo más esencia, las PREFECTURAS, la producción en estas prefecturas era muy variable y respondía a las peculiaridades propias de cada región. Así, en la parte oriental, en zonas elevadas, las mismas se instalaban en regiones intrincadas y poco accesibles, cultivándose en ellas productos como boniatos, ñames, yuca, calabaza, malanga, variedades de frijoles y vegetales, etc. Esto se combinaba con la crianza de cerdos y algunas aves de corral. En territorio llano la situación era más compleja y frecuentemente eran utilizadas las viviendas o bohíos particulares de los pobladores del campo como refugio, el nivel de producción de las prefecturas allí era muy escaso, solo legumbres y productos de ciclo corto como calabaza, boniatos, etc., variedades que de cualquier forma no resultaban muy difíciles de adquirir teniendo en cuenta que estas, prácticamente, podían obtenerse de forma silvestre, es decir que una vez sembradas podía ser temporalmente abandonado su cuidado de ser necesario para huir de la


persecución española y al cabo de un tiempo, cuando regresaban al sitio, estas ya tenían frutos. Pero no siempre las producciones que se obtenían de las prefecturas permitía cubrir las necesidades de quienes en ellas buscaban refugio, con lo cual mucho menos se podía garantizar un abastecimiento estable a los combatientes cubanos; por otra parte, la llegada de expediciones con socorros para los insurrectos fueron muy escasas en la Guerra de los Diez Años, las pocas que llegaron generalmente aportaban algunos contingentes de hombres, armas, municiones y medicinas, muy pocas contribuían con suministros alimentarios. Esta dificultad con el apoyo externo se iría complejizando en la medida que avanzó el conflicto a causa de las propias contradicciones existentes en el exterior entre los diferentes líderes cubanos. Por estas razones el suministro de alimentos y de otros recursos necesarios para la vida era adquirido sobre la marcha y de forma no sistemática, tampoco se apreciaba una homogeneidad en el abastecimiento de las fuerzas ni la dieta que esta consumía, tal situación ocasionaba que la organización de los recursos alimentarios variase constantemente y la improvisación se convirtiese, por tanto, en la regularidad, echando mano a lo que apareciese y pudiera ser aprovechado para la alimentación, lo mismo podían disponer un día de variados recursos y en un par de días más carecer totalmente de ellos. . Pero no siempre fue así. Muchas veces el soldado cubano debió ingeniárselas para lograr subsistir sin los alimentos mínimos; en más de una ocasión, a pesar del forrajeo, la noche debía ser recibida con el estómago vacío y solo algunas frutas, y en ocasiones ni siquiera estas. Tampoco el café era estable para su consumo, de ahí que con bastante asiduidad este fuera sustituido por la conocida canchanchara, u otras variaciones de bebidas como la conocida con el nombre de agua mona (compuesta de agua tibia endulzada con miel de abejas) y la otra nombrada ponche mambí (similar compuesto al anterior enriquecido con raíz de jengibre). Animales como la jutía, o aves comunes como palomas, codornices y perdices, cotorras y un sinnúmero de ellas, pasaron


a formar parte de la dieta cotidiana del soldado cubano, violando incluso la prohibición establecida de no disparar contra ellas. Y es que la necesidad de lograr alimentarse obligaba al cubano, no solo a comer lo que antes no había comido, sino a pasar por encima de las restricciones, como sucedía con el consumo de la carne de caballo, animal esencial en la lucha que se llevaba a cabo y para cuya protección se había decretado la degradación de los jefes y oficiales que permitieran su consumo o lo hicieren con el suyo propio. Sin embargo, no podían impedir que en momentos de crisis, cuando la carne escaseaba, la de este animal fuera de las más apetecidas. Por eso no debe extrañar que muchas de las acciones armadas ejecutadas por los mambises, además de la intención principal que era derrotar a su adversario, tuvieran como propósito lograr abastecerse de alimentos, situación de la que no escaparon fuerzas comandadas por oficiales con la experiencia de Máximo Gómez o Calixto García. Todas estas dificultades persistieron durante gran parte de la guerra, incluso después de 1876, año en que para disminuir las penalidades de los insurrectos se dieron ordenes de establecer fincas en los grandes distritos no cultivados, así como la siembra de gran cantidad de vegetales en todos los campamentos cubanos. Esta indicación resultaba muy conveniente para garantizar alimentos, pero las propias características irregulares del conflicto impedían su puesta en práctica, no solo por la propia movilidad de las fuerzas y el constante traslado de los campamentos, sino también la persecución española, que además de condicionar lo anterior, ocasionaba que las prefecturas y sitios destinados al refugio de la población igualmente fuesen abandonados en ocasiones, afectándose por tanto los cultivos. En Camagüey las extensas llanuras quedaron desoladas por la tea incendiaria y la política de exterminio llevada a cabo por las fuerzas españolas, el ganado prácticamente inexistente y las cosecha de viandas reducidas a las que se obtenían en los sitios de labor controlados por el Ejército Español. En Las Villas la situación no era menos desesperada, y se agravaría tras cinco años de guerra con la llegada de combatientes procedentes de la zona oriental enfrascados en el


empeño invasor, ocasionando más escasez aun de alimentos, al extremo de agotarse practicante las jutías y algunos animales que contribuían a suplir la carencia de carne de ganado vacuno. Las carencias de alimentos fue algo que incluso alcanzó a los órganos de dirección de la guerra, tanto la Cámara de Representantes, como Carlos Manuel de Céspedes, llegaron a manifestar en alguna ocasión la ausencia de alimentos, o el regocijo por poder disponer de una cierta cantidad de boniatos, alguna jutía o un poco de café[5]. ¿Cómo entender esta contradicción? ¿Se producía suficiente o no?, y si se producía suficiente, ¿a dónde iba a parar? Sin intención de dar conclusiones definitivas, no es el objetivo de este breve trabajo, creemos que ambos puntos de vista son acertados, solo que en el fondo cada Esa situación de insuficiencia era la que ocasionaba que los soldados se quejaran, aduciendo falta de calzado, vestuario, pero sobre todo alimentos, aspecto que más los golpeaba; por otra parte el principio de territorialidad que imperaba para proveerse la tropa de recursos, es decir acudir a la prefectura más cercana a la zona en que operaba, condicionaba que no siempre cuando llegaban a estos sitios encontrasen lo que buscaban, más aun cuando en ocasiones esa tropa acudía allí para extraer recursos por varios días. La situación de privaciones condujo a más de una actitud censurable por parte de algunos combatientes cubanos que cometieron robos y hurto de viandas, reses, cerdos, caballos, etc. Más de un caso de estas infracciones fueron comprobados y sometidos a castigos sus ejecutores, quienes eran puestos en el cepo, separados temporalmente de la tropa o destinados a cumplir otras actividades de aseguramiento, siendo despojados de sus armas, castigo este último que resultaba no solo doloroso para el combatiente, sino también deshonroso.


6. ARTE Y CULTURA Generación del 98 , también llamada generación del desastre en alusión a la pérdida de Cuba por España. Habrá que esperar hasta 1934, con la conferencia de Pedro Salinas sobre "El concepto de generación literaria aplicado a la del 98", para que se fije definitivamente esta manera de identificar a una generación que representó un fenómeno importante por cuestionarse la tarea intelectual frente a España y la política española, y plantearse el dilema de una literatura acorde con esas inquietudes. Muchos de sus representantes estaban ligados a la Institución Libre de Enseñanza , que dirigía Francisco Giner de los Ríos . Sobresalen autores como Ángel Ganivet (1862-1898), autor de Idearium español (1897); Joaquín Costa (1846-1911); Miguel de Unamuno (1864-1937), con obras como En torno al casticismo (1895), Vida de Don Quijote y Sancho (1905) y Del sentimiento trágico de la vida (1913); Ramiro de Maetzu , quien enumeraba los engaños que dominaban a España en el campo de la prensa, la política, la oligarquía y el caciquismo, la literatura y la ciencia, las supuestas glorias históricas, y, como otros jóvenes rebeldes de su tiempo (el mismo Unamuno o Martínez Ruiz , Azorín), rechazaba la guerra colonial en todas sus manifestaciones; José Ortega y Gasset , que, en realidad, trascendió el marco de esta generación. Debe mencionarse también la obra de Azorín ( El alma castellana (1900); La ruta de don Quijote (1905), Antonio Machado ( Soledades y Campos de Castilla, sobre todo), Pío Baroja ( La raza; La lucha por la vida , 1904), Ramón María del Valle-Inclán , Vicente Blasco Ibáñez, Gabriel Miró. Es Azorín quien propone la denominación de "Generación del 98" en unos artículos de 1913. Incluye en dicho grupo a autores como Unamuno, Baroja, Maeztu, Valle-Inclán, Benavente, Rubén Darío, que se caracterizan todos ellos por su espíritu de protesta y su profundo amor al arte. Entre otras influencias, Azorín señala las parnasianas y las simbolistas. Aunque la idea fue rechazada inicialmente por algunos miembros de la generación como Baroja, el concepto se impone finalmente.


Pedro Salinas ya aplica en un ensayo de 1935 al 98 el concepto de "generación literaria", que establece unos "requisitos requisitos generacionales": • 1. Nacimientos en años poco distantes: 1864-1875 • 2. Formación intelectual semejante: autodidactismo • 3. Relaciones personales: amistad, tertulias, revistas, "Grupo de los Tres",... • 4. Participación en actos colectivos propios: homenaje a Larra,... • 5. Presencia de un guía: Nietzsche, Schopenhauer, (Unamuno) • 6. Lenguaje generacional: ruptura con el lenguaje precedente • 7. Anquilosamiento de la generación anterior Un espíritu de protesta y rebeldía animaba a la juventud del 1898, provocado en parte por la actualidad contemporánea de determinadas doctrinas revolucionarias: • UNAMUNO: pertenece al PSOE, marxista • MAEZTU: ideas revolucionarias / anhelos socialistas • AZORÍN: anarquista • BAROJA: simpatías por el anarquismo Este hecho es un indicio de la crisis de la conciencia pequeñoburguesa. Los jóvenes del 98 conforman la primera generación de intelectuales. El "grupo grupo de los Tres": Tres Constituyen este grupo Baroja , Azorín y Maeztu , amigos que firman artículos bajo el pseudónimo de "Los Tres". En 1901 publican un manifiesto en el que expresan su deseo de cooperar a la generación de un nuevo estado social en España, lo cual se debe a la miseria y hambruna contemporánea en España. El medio que canalizaría las fuerzas para resolver esta situación sería la "ciencia social". Se alejan estos autores pues de sus compromisos políticos y sólo confían ya en la "ciencia social". Su posición es ahora la de un reformista de tipo regeneracionista . La campaña política de los Tres estuvo marcada por el fracaso, lo cual les condujo a un hondo desengaño. En esto les había precedido Unamuno , que había negado su apoyo al grupo de los


Tres por su pérdida de interés por temas económicos y sociales. Ahora aspira sólo a modificar la mentalidad del pueblo. En 1905 los Tres abandonan el camino de la acción e inician un giro hacia posturas idealistas. Siguen sintiendo la preocupación por España pero desde un esceptismo desconsolado o desde la actitud contemplativa de un soñador .

Actitudes, Ideas y Temas: Temas En 1910 Azorín manifiesta que cada autor se ha creado una fuerte personalidad, lo que ha provocado un cambio en sus orientaciones, ideas políticas, sus sentimientos estéticos,... Lo único que conservan es la lucha por algo que no es lo material bajo; es decir, un anhelo idealista. Se configura la mentalidad del 98, marcada por los siguientes rasgos:


• 1. Idealismo • 2. Entronque con las corrientes irracionalistas europeas: Nietzsche, Schopenhauer è neorromanticismo • 3. Preocupaciones existenciales y religiosas: interrogantes sobre el sentido de la vida, el destino del hombre è precursores del existencialismo • 4. Tema de España: subjetivismo - anhelos y angustias íntimas: exaltación redentora, visión impresionista o escepticismo è en el plano de los valores, ideas y creencias Los autores mencionados sufren una importante evolución ideológica. Unamuno se encerró cada vez más en su "yo", Baroja se recluye en un radical escepticismo y Azorín deriva hacia posturas conservadoras. Maeztu se convierte en seguidor de la derecha nacionalista. Lo dicho hasta ahora nos lleva a delimitar lo que puede considerarse "grupo del 98". Lo compondrían, en principio, Baroja, Azorín y Maeztu (los Tres), unidos entre sí por las juveniles afinidades que hemos visto. Y, por no pocos aspectos, cabe agregar a Unamuno . Muy discutible, en cambio, es incluir en la nómina a Machado y Valle, sin negar las afinidades temáticas entre éstos y aquéllos. Significación literaria del 98: Los noventayochistas contribuyen poderosamente a la renovación literaria de principios de siglo. Como los modernistas, repudian la retórica o el prosaísmo de la generación anterior (con excepciones). Retrocediendo en el tiempo, Larra fue considerado un precursor. También sintieron una especial reverencia por algunos clásicos: Fray Luis de León, Cervantes, Quevedo,... y muestran fervor por la literatura medieval: el Poema de Mio Cid, Berceo, Jorge Manrique, el Arcipreste de Hita. Estas preferencias explican sus novedades estilísticas. Azorín afirmaba por ejemplo, que una obra era mejor, cuantas menos y más elegantes palabras hicieran brotar más ideas. Es ésta la primera nota común del lenguaje generacional, la voluntad de ir a las ideas, al fondo. Con esto enlaza el "sentido de la sobriedad" y la voluntad antirretórica que va acompañada de un exigente cuidado del estilo


(por la repulsa del prosaísmo). El estilo predominante es pues antiretórico y cuidado. Otro rasgo común es el gusto por las palabras tradicionales y terruñeras. Todos los noventayochistas ampliaron el caudal léxico gracias a su conocimiento del habla de los pueblos o de las fuentes clásicas. Cabe reseñar también el subjetivismo, otro rasgo esencial de la estética del 98. De aquí proviene el lirismo, que desvela el sentir personal de los autores. También de aquí proceden la dificultad al intentar separar lo visto de la manera de mirar: paisaje y alma, realidad y sensibilidad, que llegan a fundirse íntimamente. Señalemos también las innovaciones en los géneros literarios. En el 98 se configura el ensayo moderno con su flexibilidad para recoger temas muy variados. Profundas novedades se observan también en la novela. En el teatro los intentos renovadores no tuvieron apenas éxito En suma, la renovación estética de los noventayochistas es tal, y tales sus logros literarios, que la crítica ha abierto con ellos - y los modernistas - la Edad de Plata de nuestra literatura. Las excepciones fueron fundamentalmente El Socialista, órgano del Partido Socialista, y los diarios El Imparcial y Heraldo de Madrid. Como ejemplo del más radical ultrarreaccionarismo se pueden poner a El Motín, republicano, y Blanco y Negro, primera de las publicaciones de la empresa de los Luca de Tena y que desde su primer día defendieron a la monarquía. Blanco y Negro no tuvo inconveniente en publicar párrafos como estos: El trístemente celebrado José Martí, jefe civil de la actual insurrección y titulado presidente de la República, quedó muerto en dicho combate, sostenido entre los ríos Cauto y Contramaestre. Y aunque no resulte cierta la noticia de haber muerto en dicho encuentro los cabecillas Estrada y Máximo Gómez, basta con el cadáver de Martí para que la insurrección quede descabezada y nuestras tropas sostengan el vigoroso espíritu y valiente entusiasmo de que tantas muestras van dando en esta campaña (1-VI-1895). La más negra es que no se busca por los enemigos de España ni las autonomías, ni la anexión, ni la total independencias de la isla


de Cuba sino el exterminio de los blancos, sean españoles, sean criollos. (14-XII-1895). Miguel de Unamuno publicó un artículo titulado "Paz y trabajo" en El Socialista, del que son estas líneas, en consonancia con lo que esta publicación venía ofreciendo a sus lectores: Al celebrar la fiesta del 1º de mayo los obreros españoles conscientes de su dignidad y de su posición social, imponerse como primer deber el de protestar de la guerra que lleva a Cuba a morir y a matar a tantos trabajadores, cuyo progreso moral y material en nada dificultan los insurrectos y sí los que contra ellos los envían. (1-V1896). La postura de El Imparcial queda reflejada en este párrafo: Cada bohío es una estación telegráfica y cada campesino, un servidor de la insurrección. Como consecuencia, los soldados españoles ni siquiera pueden dormir en las casas de los pueblos, por-que les robaron incluso las armas y municiones. Los movimientos de las columnas peninsulares son inmediatamente reseñados por los "pacíficos" con toda suerte de detalles, mientras las informaciones alternativas están plagadas de errores. De este modo, el juego de marchas y contramarchas se revela agotador y estéril. Los soldados se mueren literalmente de hambre, mientras experimentan las enfermedades e infecciones propias de un país tropical. Tal es el balance de " tantas idas y venidas inútiles como hacen nuestras columnas". (12-VII-1896). Y así se manifestaba Heraldo de Madrid en un artículo titulado "Para los heridos de Cuba": ...a medida que avanza el tiempo es mayor el número de soldados que regresan de Cuba imposibilitados para seguir prestando los duros servicios de la guerra (...). No pocos regresan inutilizados por completo; sus lesiones los han dejado sin medios de acción para ningún oficio. Muchos vuelven consumidos por las fiebres, destruídos por el vómito, víctimas de la anemia, extenuados y demacradísimos. La piel pegada a los huesos, los ojos hundidos en las órbitas, sin fuerza para andar, perdido el apetito, en la mayor miseria fisiológica, causa lástima infinita verlos. Estos últimos constituyen la mayoría de las bajas del glorioso ejército. (23-X-1896). Y en otro firmado por Gonzalo de Reparaz: Aquellos 200.000 muchachos que la Patria mandó a la manigua para defender la


integridad del territorio han muerto o enfermado casi todos víctimas de tres causas que, habiéndose podido remediar no se han remediado. La primera, el hambre. El soldado ha comido poco y malo, y en ocasiones no ha comido nada. A veces su único alimento ha sido un pedazo de galleta agusanada (...). Las medidas higién-cas aconsejadas por la subinspección de Sanidad Militar en las instrucciones impresas en 1º de abril de 1896, no se han cumplido. El cansancio, esa era la segunda causa de mortalidad (...). Al soldado no se le daba cama ni abrigo, ni tiempo siquiera para dormir. (6-XI-1897).


6. EDITORIALES 6.1 BANDO CUBANO La guerra que sufrieron los cubanos a finales del siglo XIX ya se veía venir desde principios del mismo, las autoridades de La Habana habían advertido a las españolas que debían atender sus problemas, cosa que no sucedió, y ello provocará que a mediados de siglo se fraguase una tendencia anexionista con EEUU por cuestiones económicas al ser este el primer mercado destinatario de sus u productos y porque mantenían un régimen esclavista, al que los hacendados cubanos no estaban dispuestos a renunciar. Los isleños consideraban que las soluciones vendrían más de EE.UU que de Madrid, donde no se escucha a los cubanos, a sus peticiones de estatuto de economía radicalizando cada vez más su intolerancia lo que hizo que el separatismo ganara adeptos. Declarada la guerra las fuerzas españolas eran superiores pero los cubanos conocían perfectamente el terreno donde se movían y contaban con la decisiva ayuda de EE.UU. los isleños sufrieron un tremendo exterminio aunque las bajas españolas también fueron considerables. las condiciones de vida fueron tremendas pero no estaban dispuestos a seguir bajo el imperio español. Lo que queda claro es que EE.UU ya había pretendido en vano comprar la isla a España por 50 millones $ y después por 130 millones

$,

y

al

final

cambio

su

estrategia

apoyando

el

independentismo cubano, pues era esencial para la integridad del territorio americano. España no atendió a estas señales y jamás pensó que EE.UU le declararía la guerra.


6.2 BANDO ESPAÑOL La

guerra

de

Cuba

en

España

provocaba

dos

posturas

enfrentadas, Maura, Sagasta, Silvela y Cánovas eran partidarios de concederles la autonomía, Romero Robledo y sus seguidores creían que dicha autonomía era una vergüenza y significaba dar en bandeja la isla a los separatistas. En 1895 se aprueba en las Cortes una Ley autonómica para Cuba,

pero

había

llegado

tan

tarde

que

la

guerra

de

independencia ya estaba en marcha. los independentistas con Martí a la cabeza vieron que para evitar que su pueblo se conformara con la autonomía o con la anexión a EEUU tenían que levantarse en armas, comenzando así la definitiva insurrección. España era superior en número de efectivos pero a la par tenia que sofocar las revueltas de Filipinas y no contaba con el problema de EEUU en esta contienda. Los españoles peninsulares creyeron que el problema sería sofocado rápidamente y asumió la contienda como necesaria y la victoria como indudable. Poco a poco el pueblo empezó a rebelarse ante una situación que se alargaba y donde el reclutamiento forzoso y continuo, las innumerables baja por muerte o enfermedades, el pago que a los ricos

les

permitía

librarse

de

la

guerra,

las

penurias

económicas...etc. hizo que el pueblo perdiese el interés por salvar aquella lejana isla. Al final la derrota de España como potencia fue más una derrota moral al ser aplastada por una potencia extranjera y no por una guerra civil entre "españoles".


8. ENTREVISTA Crucero acorazado Crist Cristó ristóbal Colón

Ubicamos nuestras entrevistas en el puerto de Cádiz un 8 de abril de 1898, donde el crucero acorazado Cristóbal Colón está a punto de zarpar junto al Infanta María Teresa bajo el mando del Almirante Cervera con rumbo a San Vicente, Cabo Verde, adonde tienen pensado arribar el 15 de abril, allí les esperan tres destructores y tres torpederos al mando de Fernando Villaamil, y el 18, se les unieran procedentes de La Habana el Vizcaya y el Oquendo, En primer lugar entrevistamos al capitán de navío Díaz Moreu: P. Buenos días Sr. Moreu, ¿qué graduación tiene y en qué barco sirve? R. Soy capitán de navío a bordo del crucero acorazado Cristóbal Colón P. ¿Desde cuándo sirve en la marina? R. Desde 1873. P. ¿A qué misión se dirigen? R. A defender nuestros territorios en Cuba de estadounidense y doblegar las fuerzas rebeldes provincia de ultramar. P. ¿Qué funciones desempeña? R. El gobierno del barco y de la tropa embarcada P. ¿Cómo cree que se desarrollará la contienda?

la invasión en nuestra


R. Tanto la tropa como los oficiales daremos hasta la última gota de nuestra sangre para salvaguardar los intereses de la patria y de la corona. Dios está de nuestro lado y la victoria será nuestra. P. Buena mar. R. Gracias. Después entrevistamos a Juana de Mena, madre del soldado de infantería Santiago García de Mena, que ha sido reclutado para la misión cubana. P. Buenos días Sra. de Mena, ¿Quién embarca de su familia?. R. Mi único hijo, Santiago García. P. Un día importante para usted, supongo. R. Es un día muy doloroso señor, pues su padre sirvió en esa guerra y me lo devolvieron muy enfermo, el pobre no se vale desde entonces, y ahora se me llevan al hijo que tanta falta hace en casa. P. Pero será un héroe de guerra y un orgullo. R. Los pobres no comemos con el orgullo y ya son muchos años perdiendo a nuestros familiares y amigos en esa lejana guerra y como siempre ocurre en este desgraciado país ni el gobierno ni generales ni almirantes darán la cara ante viudas y huérfanos, todos mirarán hacia otro lado o nos querrán consolar con palabras como honra, patria y bandera. P. Bueno, ánimo y fortaleza, seguro que todo acabará pronto. R. Dios le oiga. ¿Qué pasó con el Cristóbal Colón? Arribaron a Curaçao el 14 de mayo y a Santiago de Cuba el 19 de mayo, donde son bloqueados por la flota estadounidense el 27 de mayo. Ante el avance de las tropas estadounidenses por tierra, el capitán general Ramón Blanco, ordenó a la flota de Cervera que abandonase Santiago El Cristóbal Colón, que era el único barco que parecía poderse poner a salvo al ser el más rápido de ambas flotas, fue el tercer buque en salir de la bahía de Santiago el 3 de julio de 1898. El


Colón, un buque rápido, consiguió tomar distancia de los barcos enemigos hasta que consumió todo el carbón de buena calidad que llevaba y tuvo que comenzar a utilizar un carbón de mala calidad cargado en Santiago de Cuba. Perdió velocidad y fue alcanzado por los estadounidenses. Su comandante, el capitán de navío Emiliano Díaz y Moreu, como en los otros casos decidió embarrancarlo y evitar que cayera en manos del enemigo. La tripulación abrió las válvulas que inundaron el barco en la desembocadura del río Turquino, a unos 90 kilómetros de la entrada de la bahía de Santiago. Fue el buque español menos dañado y hoy es el pecio mejor conservado de la flota de Cervera. El Cristóbal Colón, de hecho, prácticamente quedó indemne, y eso que un crucero acorazado nada tenía que hacer frente a un poderoso acorazado. Los norteamericanos intentaron reflotar el Colón con la intención de incorporarlo a su flota, pero la precipitación hizo que no tuvieran en cuenta el hecho de que la tripulación española hubiera abierto las válvulas de fondo para inundar el buque, con lo cual zozobró y se perdió definitivamente. Fue el máximo exponente de la improvisación y mala planificación de la escuadra española, pues, sin su artillería principal, se mandó un buen barco a un combate en el que no tenía ninguna posibilidad


9. BIBLIOGRAFÍA •

la intervención norteamericana en cuba y la opinión pública andaluza por Rosario Sevilla Soler

http://www.rinconcastellano.com/sigloxx/

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La prensa de España, Cuba, Puerto Rico y Filipinas y las guerras de Independencia. Pedro Pascual mdc.ulpgc.es/cgi-bin/showfile.exe?CISOROOT=/tebeto...96...

Wikipedia

La supervivencia del soldado cubano durante la guerra de los 10 años. Yolanda Díaz Martínez

• •

Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos (1988). Weyler, nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta. ISBN 8408-02327-6.

De Diego García, Emilio (1998). Weyler, de la leyenda a la Historia. Madrid: Fundación Cánovas del Castillo. ISBN 8488306-48-2.

Moreno Fraginals, Manuel (1995). Cuba–España, España– Cuba. Historia común. Barcelona: Grijalbo Mondadori. ISBN 84-397-0260-4

LA GUERRA DE CUBA  

PROCESO DE LA GUERRA HISPANO CUBANA DE 1895