Issuu on Google+

-1REGISTROS

FORMAL Y COLOQUIAL FORMAL

- Tratamiento y estilo cuidados y elaborados. - Temática especializada y planificada. - Selección y riqueza del léxico: variado, culto y técnico. - Estructuras sintácticas complejas y cohesionadas. - Orden lógico y correcto de los elementos de la oración. - Objetividad, claridad y precisión. - Acentuación fonética correcta. - Pronunciación y entonación correctas. - Propio de personas cultas e instruidas. - Sus usuarios son capaces de usar otros registros. COLOQUIAL - Estilo informal y espontáneo. - Temática cotidiana, no especializada. - Ausencia de planificación. - Léxico reducido y predispuesto al uso de jerga y argot. - Estructuras sintácticas de gran simplicidad: oraciones cortas e incompletas... - Alteración del orden lógico oracional: redundancias, repeticiones... - Tono subjetivo: diminutivos, interjecciones, interrogaciones retóricas... - Apelaciones al interlocutor: vocativos, imperativos, muletillas... - Pronunciación descuidada y enfática. - Desajustes en la entonación y acentuación. - Único registro empleado por los usuarios de nivel sociocultural bajo. - Varía según las características dialectales y socioculturales de los usuarios. Los rasgos generales más destacados del registro coloquial son: carácter dialogado (presencia física de un emisor y un receptor, que se alternan en el uso oral de la palabra); espontaneidad y falta de formalización y confluencia del código verbal y el no verbal. Entre los rasgos lingüísticos destacan; en el plano fónico se produce un cierto relajamiento en la articulación de los sonidos como diptongaciones forzadas (vete de ái ¡vete de ahí!), reducción de grupos consonánticos (istrución instrucción), yeísmo (gayina gallina) o pérdida de un grupo de fonemas (taluégo hasta luego), es resumen, dicción rápida, tendencia al desgaste y entonación expresiva. Las relaciones de tratamiento entre los hablantes (apelación al oyente) se expresan mediante los siguientes recursos: tratamientos pronominales (tú/usted), tratamientos nominales (apodos, hipocorísticos (Pili por Pilar) o fórmulas como don o señor, expresiones cariñosas (hijo de mi vida, pichoncito, princesa.), insultos que resaltan rasgos físicos o defectos de las personas, así como sus conductas sociales o sexuales o fórmulas de cortesía con las que se muestra la deferencia del hablante hacia su interlocutor. La manifestación de la subjetividad y la expresividad del hablante se refleja de modo particular en la ampliación de la modalidad de la frase en función de la actitud personal


(sorpresa, asombro, admiración, reproche, enfado, exhortación...); en la organización subjetiva del mensaje mostrada en la dislocación sintáctica (*Yo en vacaciones me gusta leer) y en condensación sintáctica (empleo de expresiones de término único como interjecciones, estructuras oracionales sin predicado o con abundantes elementos elípticos); en el énfasis lingüístico mediante expresiones como superlativos con sustantivos (Mañana es la finalísima), redundancia semántica (Ese tío no es una persona humana) e incompatibilidad semántica (Tiene una paciencia infinita) o en creaciones léxicas espontánea. Se tiende a la economía y comodidad, lo que implica descuido formal e imprecisión expresiva. Algunos rasgos son formaciones regresivas como apócope y aféresis (cole, bici, chacha), concordancias improvisadas (Se arreglan toda clase de electrodomésticos), muletillas (o sea, bueno), frases hechas, expresiones estereotipadas, refranes y palabras comodín (cosa, chisme, rollo, cacharro, chorrada...) Las variedades de registro en las que predomina la espontaneidad y una menor preocupación por el lenguaje pertenecen al llamado registro coloquial (o lengua coloquial), el que utilizamos con mayor frecuencia en nuestra vida diaria. Aunque el registro coloquial sea una de las modalidades del habla que más se aleja de lo normativo, este fenómeno está determinado más por la situación en que se emplea que por el desconocimiento de la norma. Así pues, lengua coloquial no equivale a lengua vulgar: coloquial se refiere a un registro o variedad individual, vulgar alude a una variedad social de la lengua.

Todos los hablantes emplean la lengua en un registro coloquial, en el que pueden darse vulgarismos y transgresiones de la norma; pero solo ciertos grupos -aquellos precisamente que no han sido alfabetizados- utilizan de forma sistemática la variedad que llamamos lenguaje vulgar. Algunas desviaciones características del uso coloquial pueden llegar a generalizarse en el habla común y modificar la propia norma. Por ejemplo, el empleo de la forma masculina del determinante ante nombres que comienzan con a tónica, en un principio restringido al artículo (el agua), se ha ampliado a un (un aula) y se está extendiendo con fuerza a otros determinantes (*este águila o *este agua, que aún se consideran incorrectos). La norma es más flexible en el uso coloquial que en los registros más formales, y ciertos hechos lingüísticos son aceptables en el primer caso y considerados vulgares en el segundo. Es lo que sucede con la pérdida de la /-d-/ intervocálica en los participios en -ado -en ejemplos como Ya he terminao, ¿Sigues enfadao?—, que es admisible en una conversación entre amigos, pero no debería serlo en un discurso parlamentario. CARACTERÍSTICAS

DEL

REGISTRO

COLOQUIAL

Espontaneidad. La falta de planificación propia del registro coloquial le da una espontaneidad y una fuerte dependencia de la situación comunicativa que afecta tanto a los contenidos como a su organización. Por otro lado, la misma provisionalidad de la comunicación determina una escasa preocupación por las cuestiones normativas. Expresividad. El hablante suele implicarse fuertemente en el mensaje e incluir numerosos elementos subjetivos y valorativos. Eficacia. El hablante busca la forma más rápida y eficaz de expresarse, eliminando lo que


considere menos pertinente y reforzando lo que, a su juicio, sea más importante, aun a costa de sacrificar la exactitud y la precisión. RASGOS LINGÜÍSTICOS DEL REGISTRO COLOQUIAL Las peculiaridades de la lengua coloquial se manifiestan tanto en la forma y en el contenido de oraciones y palabras como en su pronunciación. Particularidades que afectan a la forma o al contenido de las oraciones Entre las particularidades de este tipo, las más destacadas son las siguientes: Escasa complejidad sintáctica. Se emplean preferentemente frases cortas con pocos elementos de conexión. Los intentos de complicar sintácticamente el discurso suelen producir anacolutos (incongruencias sintácticas). Primacía de la expresividad sobre el orden sintáctico. Se tiende a colocar en primer lugar el elemento más importante desde el punto de vista informativo o expresivo, lo que, a menudo, da lugar a anacolutos: El ordenador yo pienso que va muy lento. Uso de procedimientos lingüísticos para regular el desarrollo de la conversación: a) iniciar o cerrar la conversación (saludos y despedidas), b)ceder el turno de palabra, proponer, continuar o cambiar el tema ( /pasando a otra cosa.../, /en cuanto a.../, / veamos.../, /por cierto.../), c)y comprobar el flujo de la comunicación (¿entiendes?, ¿no?, ¿eh?).Destacan entre estos elementos los imperativos sin valor léxico (mire...; oiga...; escuche...) y las interrogaciones retóricas (¿Quién me lo iba a decir?}.Frecuentes interrupciones, suspensiones, repeticiones o reelaboraciones de lo dicho, que complican y retrasan el progreso de la información. Particularidades que afectan a la forma o al contenido de las palabras Las peculiaridades más destacables en este caso son las siguientes: Restricciones en el léxico. Se utiliza habitualmente un vocabulario muy limitado y de carácter genérico. Los términos son sustituidos muchas veces por explicaciones (lo que está a la derecha de las naranjas...), por deícticos (esos de ahí...) o por palabras baúl (verba ómnibus) que adquieren gran extensión semántica: chisme, cosa, tema, hacer... Un vocabulario muy expresivo, con un mayor empleo de frases hechas, términos de argot, localismos y dialectalismos, interjecciones, diminutivos, aumentativos y despectivos, y deformaciones en las palabras (acortamientos expresivos y uso de hipocorísticos: Chelo, Kike), especialmente en la conversación oral. Numerosos apelativos y referencias al interlocutor (vocativos, imperativos deslexicalizados, interrogaciones retóricas: hijo, oye, ¿no me digas?). Empleo frecuente de procedimientos expresivos de intensificación, ponderación valorativa y atenuación:morfológicos (requetebién, /etilo), sintácticos (¡a de veces que..., de miedo, guapa guapa, pelín rara), léxicos(molar, guay). Particularidades que afectan a la pronunciación La pronunciación se distingue en el registro coloquial por los siguientes rasgos: Tendencia a la relajación de ciertos sonidos, que puede llegar a transgredir la norma. Esta relajación coexiste con otros recurso, como alargar las sílabas o exagerar la pronunciación de las consonantes, que a veces se utilizan con una finalidad expresiva y otras son reflejo de las vacilaciones del hablante.


Entonación muy expresiva, que transmite la actitud del hablante ante lo que dice (ironía, burla, reticencia...). Uso de la entonación y otros recursos paralingüísticos (ritmo, silencios...) como organizadores del discurso, para dar énfasis a ciertos temas, marcar transiciones entre unos temas y otros, iniciar o terminar la comunicación, imponerse en el uso de la palabra...


registros lingüísticos