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ORGANO DE DIFUSIÓN DEL SEMINARIO MAYOR DE MANIZALES

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ste año, dedicado a prestar un servicio pastoral como Diácono en el lugar que asigne el Señor Arzobispo, debe ser realizado por todos los seminaristas una vez terminen sus estudios en el Seminario y habiendo presentado y aprobado los exámenes “Universa Theologiæ” y “Ad Audiendas Confessionis”. Al finalizar, será el Señor Arzobispo quien decida llamar a cada Diácono al Presbiterado, después de escuchar la evaluación de la Junta deÓrdenes”.

AÑO

DE DIACONADO

Comienzo De La Misión

Increíblemente surgen oportunidades de negocio en las que una persComo cima del proceso inicial de formación de los pastores, el Señor Arzobispo, Monseñor Gonzalo Restrepo, ha decidido retomar el Año de Diaconado para tener una mayor seguridad en la decisión de ser Sacerdote para toda la vida, tanto por parte de la Iglesia que debe hacer una sabia elección como también de los Diáconos Transitorios que asumen mayor responsabilidad como ministros ordenados en lo que será su futura misión pastoral. San Pablo resume así lo que la Iglesia espera del Diaconado: “También los Diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios; que guarden el Misterio de la Fe con una conciencia pura. Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán Diáconos”. (1Tim. 3, 8-10). 1. “DEBEN SER DIGNOS”: “Para mí es lo mismo que un Padre”… dice la gran mayoría de los fieles cuando trato de explicar por qué uso el distintivo clerical sin ser Sacerdote. Es cierto que los feligreses no se interesan por qué año cursa un seminarista o por qué ministerio ha recibido, se interesan porque sean fieles servidores del Señor y solícitos pastores del rebaño de Jesús. Por eso el primer reto del Año de Diaconado es mostrar con trabajo y oración, en la vida familiar y social, que ha habido un cambio en mi forma de vivir la vida y que sin dejar de ser quien soy, con virtudes y defectos, he optado por seguir el camino de la santidad. Esta es la dignidad del Evangelio que no se basa en el estrato o en el trabajo, ni siquiera en los pecados, sino que nos viene de nuestra relación con Dios, sea esta una relación de hijos a través de la Iglesia o una relación personal sin intermediarios o simplemente una relación de “creados a imagen y semejanza” y ya. Ser dignos significa entrar en comunión profunda con el Señor para ser lo que Él quiere de nosotros y este año es el indicado para que el candidato al Sacerdocio discierna seriamente lo que será de su vida y ministerio y para que aprenda acerca de la praxis ministerial y ser “digno” testigo, es decir, “testigo por

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3. NO DADOS A LA BEBIDA NI A NEGOCIOS: Precisamente los mensajes del Papa Francisco son muy claros respecto a la austeridad y la pobreza que debe caracterizar a las personas consagradas. El sacerdote es el hombre observante de los consejos evangélicos y en este año he podido aprender que la clave para un ministerio exitoso es el abandono a la Divina Providencia, es decir, la pobreza de espíritu (cf. Mt. 5, 3). El pobre de espíritu es capaz de obedecer, porque puede someter su voluntad a la autoridad sin caer en minimalismo ni servilismo y es capaz de ser célibe y casto, porque se ha despojado de Z todo, negándose a sí mismo para seguir al Señor, consciente de que ya no se pertenece; además, alcanza a discernir la voluntad del Padre con más facilidad porque ha conseguido callar la voz de su orgullo para escucharle a Él. Como Diácono en un Parroquia el futuro presbítero debe dar testimonio de sencillez, desapego y confianza en el Señor.

vocación no por profesión”, del amor de Dios y de la salvación que se nos da en Jesucristo. 2. “SIN DOBLEZ”: En la Parroquia la Inmaculada Concepción de Salamina, lugar donde aprendo y trabajo, he notado que las personas son muy amantes de la tradición. Al analizar muy bien el cambio generacional, veo que en algunos de los más jóvenes han quedado las tradiciones de sus padres y abuelos, pero se ha ido perdiendo el sentido que tenían. Esto me ha puesto a pensar seriamente en la actitud farisea que condenaba Jesús y que muchos cristianos hemos tenido.

5. SE LES SOMETERÁ A PRUEBA: Es muy importante que el Año de Diaconado se viva junto a sacerdotes ejemplares en su vida de fe, en su ministerio y en su vida personal. Gracias al ejemplo del presbiterio, el futuro sacerdote aprende la santa obediencia como un valor fundamental para mantener la comunión de la Iglesia. A lo largo de este año se llega a asimilar mejor la entrega y la promesa hecha al Obispo el día de la ordenación: somos llamados a servir con sencillez y sin interés al lugar donde seamos enviados. En el Año de Diaconado se comprende mejor el hecho de entregar al Señor el “timón de la vida”, poniendo cada uno su propia existencia al servicio de una comunidad que es la Iglesia y que está distribuida por todo el mundo, sin excluir a quienes no pertenecen a ella. 6. SERÁN DIÁCONOS: Finalmente, puedo decir que la experiencia del Año de Diaconado, a diferencia del Año de Pastoral, confronta la vida y la vocación poniendo en las manos el ministerio de la Iglesia y sobre la espalda la gran responsabilidad que ello implica. Este año crece mucho más la identidad sacerdotal que el Seminario se ha esforzado por sembrar en todos los alumnos, la misma que debe brillar en todo momento y lugar donde estemos. Es realmente importante que quien se prepara a ejercer el ministerio sagrado, sepa cuidar su propia identidad y evitar a toda costa ocultar la gracia que Dios le ha regalado y con la cual debe iluminar a quienes le rodean; de esta manera, se sacará el máximo provecho de esta experiencia de formación y se tendrá más madurez y sentido de Iglesia al momento de ejercer el sacerdocio y entendiendo que todo ministerio en la Iglesia debe estar en comunión con los otros servicios eclesiales .

Es muy fácil dejarnos llevar por el activismo y perder el “amor primero” de la vocación, por eso en el Año de Diaconado se ponen cara a cara el llamado del Señor y el llamado del mundo; la doblez está en seguir ambos llamados y perder la recta intención del corazón, pero la salida a este dilema la he encontrado en la oración personal y en el trabajo dedicado. Alguna vez conversando con un formador, llegamos a la conclusión de que un sacerdote realmente entregado a su rebaño y realmente enamorado del Señor no fallará nunca y el mejor consejo para el Diácono Transitorio es poner esto en práctica: enamorarse todos los días, pero del Señor a través de la oración y trabajar todos los días, pero por la construcción del Reino a través del testimonio; el aprendizaje de ambas cosas se puede pulir sobre todo en este año de formación y antes de dar el sí definitivo. El Papa Francisco ha hablado de un ingrediente más para mantener la rectitud de intención y la perseverancia en la vocación: la fraternidad, la comunión en el equipo de trabajo. Y tiene toda la razón: Un buen equipo de sacerdotes siempre se motivará para la oración y el trabajo, para el diálogo y la obediencia a la Iglesia.

Toda la vida del ministro sagrado es un acto permanente de adoración al Misterio de Dios que le ha sido confiado y por eso la dedicación a la oración personal y comunitaria, así como la participación y la presidencia de los ritos sacramentales, debe ser impecable. Frente al Misterio de la Fe es cuando el obispo es más obispo, cuando el presbítero es más presbítero, cuando el diácono es más diácono, cuando el cristiano es más cristiano. En este año se cultiva la conciencia pura del ministro de Dios de que hablaba san Pablo y es el contacto con los niños, los enfermos, los campesinos y todos en la parroquia, lo que ayuda a cimentar un verdadero celo pastoral y a fraguar un corazón capaz de amar con integridad a Dios y al prójimo.

GABRIEL HERNANDO QUINTERO GONZÁLEZ Diácono Transitorio

4. QUE GUARDEN EL MISTERIO DE LA FE CON CONCIENCIA PURA: De las cosas más edificantes que hay en la vida de la parroquia son las visitas a los enfermos y a las veredas. Es impactante el testimonio de muchos hermanos que sufren y que han adquirido por esas situaciones dolorosas un progresivo abandono a la voluntad de Dios. Son personas con una fe inquebrantable que dan lecciones de vida sin decir una sola palabra y que llaman la atención del Sacerdote para cuestionarle sobre su propia fe. De esta manera se aprende a ser muy delicados con lo sagrado y sobre todo se entiende que en el Año de Diaconado nos preparamos para ser guardianes del Misterio de Dios, el cual debemos transmitir, explicar, amar y enseñar a amar.

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