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12 / año 2 núm 2

Colaboraciones de Gabriela Conde · Diego Reyes Rojas · Nadie Diego Salas · Mariana Carbajal Rosas · Julia Bonilla Alejandro Abogado de la Serna · Edgar Omar Avilés Geney Beltrán Félix · José Miguel Barajas · Axel Juárez

yletrados

abril - agosto del 20

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Entrevista con

Yuri Herrera

Arte Gráfico de

Teresa Irene

Barrera Figueroa


enero - marzo del 2012 / año 2 núm 1

Directorio Consejo editorial Bryan Klett García Marlén Gutiérrez García Enrique Padilla Yolanda Fernández Aburto Marco Antonio Larios Quirino

CONTENIDO Carta Editorial

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Jesús Caraveo Traconis

Poemas

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Diseño José Manuel López Rocha Bryan Klett García

Alejandro Abogado de la Serna

El mar del padre

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Mariana Carbajal Rosas

Poemas

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Nadie

Creación de públicos

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Axel Juárez

Poemas

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Diego Andrés Reyes Rojas

Semblanza: Teresa Irene Barrera Figueroa

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(y)letrados

La celda en la ciudad

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Geney Beltrán Félix

Oriana ya no existe

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Mayco Osiris Ruiz

Entrevista con Yuri Herrera

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Gabriela Conde

Los trabajos del Reino (fragmentos)

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Yuri Herrera

Palabra

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Julia Bonilla

Las líneas de la carretera

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Edgar Omar Avilés

Poemas

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Diego Salas

Semos trescientos

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Miguel Barajas

Inventario

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Contacto y correspondencia Honorio Rodríguez #17, int. 1 C.P. 91020, Col. Ferrer Guardia Xalapa, Veracruz, México. Twitter: @Yletrados yletrados@gmail.com about.me/revistayletrados facebook.com/revistayletrados

Agradecimientos José Luis Martínez Suárez (y)letrados es una revista electrónica creada sin fines de lucro. Prohibida su venta, copia, impresión o reproducción total o parcial sin autorización del editor. Todos los textos y el arte gráfico son propiedad de sus autores y aparecen en (y)letrados con plena autorización de éstos para su edición, reproducción y divulgación en formato electrónico. El arte gráfico, incluida la portada, pertenece a Teresa Irene Barrera Figueroa. Las fotografías e imágnes de Yuri Herrera, así como la portada de Trabajos del Reino (Periférica, 2008), fueron conseguidas en internet y en todos los casos queda expresamente acotada su procedencia.


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CARTA EDITORIAL

La vehemente disputa entre vivir o leer no se resuelve en la necedad de un juego de palabras: vivir para leer, leer para vivir. Encuentro más interesante quizá la relación de Ricardo Piglia, donde la lectura es el arte de construir una memoria personal a partir de experiencias y recuerdos ajenos. Las escenas de los libros leídos vuelven como recuerdos privados, acontecimientos entreverados en el fluir de la vida, experiencias inolvidables que vuelven a la memoria, como una música. Habla de lo que sabes, proclama el título del libro de relatos escrito por Geney Beltrán; no como consejo, sino a manera de advertencia, o quizá una grave sentencia sobre sí mismo. La frase podría sondear lo obvio e incluso lo redundante, sin embargo, mucho se ha dicho y mucho más dudado en torno a la literatura para qué. En 2004, José Ángel Leyva le pregunta esto a su hijo, entonces de siete años, y obtiene posiblemente la respuesta más sana: para saber del mundo. Más aún, la literatura es el arte de la réplica, no de un argumento o de una idea, sino la réplica al mundo. «Los libros que conservo son la vida», explica Lucio en El último lector de David Toscana, cuando dicha vida no consiste en otra cosa que en extender la mano para encontrarse con los otros, arrancarles la propia identidad. Son estas apenas breves acotaciones que desbordan la capacidad de una carta editorial, el influjo con el que pretendo acomodar la crisis que vivimos actualmente; el bólido ideológico de hacer y pensar las cosas por inercia nos ha traído hasta este llano de incertidumbre social y que sólo podrá frenarse a través de la réplica al mundo y pronunciándose. A favor o en contra, sobre la literatura, sobre la gente, sobre el mal de ojo. Reconocer que no sé no es una respuesta. Pensar al argumento como el grito más sonoro, y ubicarlo; luchar por el espacio. Creo, es ahora más que nunca cuando apremian proyectos de preservación y difusión de la cultura. Tomar la palabra es reclamar un espacio propio. Más importante aún, es dar cavar la trinchera de la identidad. Pero claro, una vez escrito hay que defenderlo, advierte Hemingway.

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ALEJANDRO ABOGADO DE LA SERNA

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Cantar Del Norte ¿Y, qué hago yo en esta milicia bruta de pólvora y machete, de oro y troca? ¿Por qué seguir en esta vida loca de entregas en un tráiler por la ruta? ¿Y, dónde acabaré, sino en la gruta de algún rancho por culpa de mi boca? ¿o, cuándo mi familia será poca? ¿o, quién me matará, qué hijo de puta? ¿Si no es para comprar seguridad de qué me servirá todo el dinero? (pues siempre he de vivir en soledad). ¿Y qué obtendré si no lo merecido? un día poder morir como un guerrero, ser dueño de los versos de un corrido.


Me adentro por la calle percudida en busca de una puerta con ventana, la encuentro y luego toco una campana al tiempo que espero una bienvenida. –Qué tranza, Gallo ¿qué dice la vida? –Aquí carnal, venía a armar una juana. –Chingón, la banda ¿cuánto traes de lana? –¿De cómo en adelante es la movida? –La neta de a tostón, está torcido. –¿Te cae de madre? Vengo bien jodido. –Al chile, de carnales, te armo un veinte. Afirmo y le agradezco por el paro, el ríe con la fuerza de un disparo; la bala está en el oro de su diente.

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Necte

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MARIANA CARBAJAL ROSAS

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El mar del padre

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Mi padre, a los cinco años, huyó del internado en que mi abuela lo había dejado, no por crueldad o indiferencia sino porque era un niño hiperactivo y ella una mujer de cánones. Se escapó y sonsacó a varios de sus amigos. Se fueron a la playa. Lo sé porque una tarde de solaz me narró la huída y el valor que juntó para lanzarse a las aguas desde un alto peñasco. Se sumergió entre un nido de burbujas que vio ascender a la superficie con reflejos de mariposas de agua. Estoy segura de que él amaba el mar por sólo ese día, y que cada vez que volvía a verlo o a pensarlo, era un niño pequeño huyendo de la escuela, con sus amigos y con los zapatos llenos de arena. Ese día la sal se secó sobre su piel y el sol le requemó las mejillas. Miró el horizonte desde lo alto de las piedras y se llenó de aire marino. Mi abuela me cuenta, porque no deja de hacerlo, que estaba en una labor cuando escuchó por la ventana: –Mami, mami, mamita.


yletrados 7 Y que sale enojada a ver al chamaco: –¿Qué haces aquí? –Te quería ver… –Chamaco, váyase a la escuela. Y no sólo se había escapado de la escuela, se robó la llave del portón. Se fue a la playa y encima se trajo a un amiguito a comer. La abuela los regresó a los dos y a los dos los castigaron. Le digo: Ay abue, pues ya lo hubieras dejado, pobre. Ahí le conté lo que yo sabía de mi padre, del niño y del mar. El recuerdo del hijo pequeño le nublaba los ojos y le deformaba la boca.

El mar de ese entonces ya no es el mismo, ahora nadie puede nadar ahí porque la piel se llena de salpullido. Yo no he visto ese mar que él describió. Lo vislumbré a través de sus ojos y su sonrisa. El mar que yo conozco es el de él.

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NADIE

Poemas

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La piel La piel es una muralla última pared del mundo que nos comprime nos juega y nos envuelve.

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Mendigo No verte es una mierda pero algún día toda se volverá composta y florecerás pequeña y fértil. Sin que alguna palabra pordiosera te toque.


Axel Juárez

Creación de públicos:

Nuestro deseo es conocer mejor el mundo en el que vivimos, para poder transformarlo de la mejor manera. El teatro es una forma de conocimiento y debe ser también un medio de transformar la sociedad. Puede ayudarnos a construir el futuro en vez de esperar pasivamente a que llegue. Augusto Boal

La creación de públicos es un conjunto de técnicas y estrategias que tienen como objetivo lograr el interés de un grupo específico hacia un servicio o producto, haciendo que el grupo esté consciente de sí mismo así como del producto que consume y de sus características: sus costos, beneficios, utilidad, etc. Las aplicaciones de la creación de públicos son muy numerosas, prácticamente en cualquier campo de la comunicación en donde se requiera de participación y organización social. La importancia de la creación de públicos respecto a otras técnicas de persuasión como la mercadotecnia reside en el manejo que hace de las personas hacia las que se dirige, es decir, el público y no el consumidor como en la mercadotecnia. Los orígenes de la creación de públicos se remontan al teatro del oprimido y a sus técnicas de animación sociocultural, este tipo de teatro lleva a cabo una interacción actor-audiencia en la que los actores en determinado momento promueven el diálogo con sus espectadores, rompiendo la barrera que normalmente los separa, o cuarta pared, como la entendía Bertolt Brecht; en esta dinámica los espectadores tienen la capacidad de dirigir en determinado momento el curso de la obra. Este método teatral fue sistematizado por el brasileño

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un espacio para la teatralidad social y la imaginación sociológica

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Augusto Boal en los años sesenta influenciado en gran parte por el teatro épico de Bertolt Brecht y la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire. El teatro épico que también se conoció como teatro de la alienación o teatro de política surgió en el siglo XX y promulgaba un compromiso político en sus obras, era una forma de hacer teatro bastante comprometida con los problemas sociales de su época. La pedagogía del oprimido es una obra del educador brasileño Paulo Freire publicada en 1970, en ésta el autor sintetizó sus ideas educativas señalando que a través de la alfabetización y la educación popular se debía crear una conciencia colectiva en las masas populares, conciencia relacionada con su realidad y con la necesidad de una «pedagogía de la liberación» para llegar a la justicia social. Como podemos observar, tanto el teatro épico como la pedagogía de la liberación apelan a una conciencia social y a actores comprometidos; en el caso del teatro épico, comprometidos con su realidad social y, en el caso de la pedagogía del oprimido, comprometidos con su propia educación y con el uso de ésta en la creación de una realidad social más justa. Estos elementos en común, la conciencia social y los actores «activos», se conjugan en el teatro del oprimido y en la creación de públicos.

tanto el teatro épico como la pedagogía de la liberación apelan a una conciencia social y a actores comprometidos


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La creación de públicos echa mano de varias de las técnicas de la mercadotecnia para lograr la persuasión y la transmisión de mensajes a grandes grupos, a pesar de esto hay serias diferencias entre las técnicas de la mercadotecnia y la creación de públicos, estas diferencias están relacionadas principalmente con la ética al aplicar estas técnicas y con el tipo de grupos al que están dirigidas, así como el manejo de los mismos. La mercadotecnia, en su afán por vender un producto, muchas veces no toma en cuenta principios éticos al aplicar sus estrategias de mercado o técnicas persuasivas, ni genera en los grupos a los que se dirige una conciencia crítica. En la creación de públicos se busca captar el interés de un grupo específico en torno a un servicio o producto, esto se hace mediante las técnicas de promoción, publicidad y persuasión aunque con una perspectiva ética y de conciencia social, generando en los grupos formados una actitud activa, al contrario de la pasividad del consumidor atraido por la mercadotecnia y orientado al mero consumo. De lo anterior se hace notar otra gran diferencia entre la mercadotecnia y la creación de públicos: el tipo de grupo al que se dirige. La mercadotecnia va canalizada hacia los consumidores y la manipulación de su conducta de consumo, ella crea y manipula consumidores muchas veces apelando a la inconsciencia, impulsividad, necesidad de distinción y demás elementos que configuran a nuestras sociedades de consumo. La creación de públicos por el contrario, y como su nombre lo indica,

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está dirigida a crear y manejar a un público, éste se entiende como un conjunto de personas conscientes de sí mismos en torno a un servicio o producto y con una noción de unidad, gran diferencia frente Mercadotecnia al consumidor manipulado mercadotécnicamente y + Conciencia social con una inconsciencia que lo hace susceptible de + Ética más manipulaciones. A diferencia del consumidor, ______________________ el público condiciona la funcionalidad del objeto, Creación de públicos servicio o producto, en torno a sus beneficios y costos que pueden ser a corto, mediano y largo plazo, es decir, toma conciencia de lo que le ofrecen y cómo se lo ofrecen, valora la persuasión sin mentira. Formar públicos a diferencia de consumidores permite incidir en realidades concretas, lograr una mayor participación social, mejores relaciones públicas y estrategias para organizarse y, sobre todo, generar en las personas la integración de equipo y la toma de decisiones de manera asertiva. Una manera de entender a la creación de públicos es mediante una sencilla fórmula, ya que de la mercadotecnia se toman varias de sus técnicas persuasivas, primordialmente las enfocadas en la transmisión de mensajes a grandes grupos, técnicas por demás eficaces en volver atractivo un producto, en saberlo mostrar creativamente o incluso generar la necesidad del mismo; la conciencia social entra en escena respecto al conocimiento de los demás integrantes del público o de una realidad social determinada, en el estar consciente del bienestar de los demás y su relación con el producto o servicio; la ética por su parte le da a la creación de públicos una esencia que la distingue de otras formas de manejar grupos, la configura como una corriente filosófica e ideológica que pone por encima del producto o servicio al consumidor, lo ve como público, como parte activa, justo como se logra en las dinámicas dentro del teatro del oprimido, interrogando a la audiencia, dejándola incidir en el curso de la obra, volviéndola protagonista y no sólo espectador pasivo. La construcción de públicos requiere de estar consciente de ciertos conceptos como el de grupo, comunicación, estructuración, espacio


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público, sociedad, participación social, relaciones públicas, cultura, publicidad, multitud, público, opinión pública y masas, conocer las relaciones entre estos conceptos y saberlas utilizar en el discurso de la creación de públicos es vital. Tener presente la aplicación amplísima de esos conceptos y técnicas es otra herramienta necesaria, saber que se puede incidir en la traducción cultural y el multiculturalismo, la gestión cultural, en el análisis de audiencias, en los procesos de difusión, en el diseño social, las campañas persuasivas y el diseño motivacional, por poner algunos ejemplos de aplicación. La creación de públicos debe realizarse con plena conciencia del compromiso social, valores éticos y el respeto hacia los públicos. Justo como cuando un actor del teatro del oprimido genera dinámicas participativas y hace uso de una variedad de técnicas de improvisación y comprensión de su público, así el creador de públicos, que puede tomar la forma de animador sociocultural, gestor cultural, diseñador motivacional, etc., tiene la responsabilidad de manejar a su público mediante principios éticos y con el mejor conocimiento del mismo. Tanto un actor del oprimido como un creador de públicos debería conocer hasta donde pueda a su público para tener una perspectiva emic en el sentido antropológico, es decir, ponerse en los zapatos del otro, tener un sentido de la alteridad, esto serviría mucho para diseñar estrategias pensando en una mejor recepción del producto o servicio. En la relación creación de públicos-ciencias sociales una imaginación sociológica como la que describió Charles Wright Mills sería una herramienta más que deseable, ya que ésta permitiría al creador de públicos mirar más allá de su entorno y personalidad, dejando entrever una relación entre la historia, la naturaleza humana y las estructuras sociales, con esa mirada cualquier gestión cultural, animación sociocultural, diseño social o motivacional y manejo de públicos en general se enriquecería e incidiría en su realidad inmediata de forma más efectiva.

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DIEGO ANDRÉS REYES ROJAS

Poemas

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Canción

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Un trombón mi otoño cuando tú te fuiste y pensé que la mujer de sal fue también de barro tibio: moléculas de mi costilla que bailaban las canciones que silbé una tarde con la boca seca Un trombón mi otoño cada árbol marchito frío sordo no me ames baila y vete Un monótono trombón como la voz de Gainsburg dijo que serías el ruido que molesta mi ventana cuando yo quiero seguir durmiendo Pero ahora soy más viejo que las hojas muertas mucho más hermoso que su trayectoria al viento y no importa la monotonía no se quiebran las palabras a la hora de comer ni dejamos de bailar ciertas canciones que silbé una tarde con la boca seca.


Los domingos en el parque hay gente tordos que se ocultan en los árboles del camellón. Descansamos en las bancas carcomidas por el óxido miramos al cielo veteado de nubes contaminantes y embarramos nuestras caras [con la espera del siguiente día Los domingos caminamos en los acueductos secos y escuchamos las canciones que el invierno nos ofrece bajo un domo bien iluminado. Bailaremos los domingos a instancias de cualquier canción porque nuestra fe es un pájaro migrante o el descaro preferido de un lagarto al sol. y quiero decir que se acalambra el tiempo que los hombres viven como pueden y no necesitamos saber demasiado.

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Quiero decir

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Teresa Irene Barrera Figueroa yletrados

Nació en la Ciudad de México en 1981. Estudió la Licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su trabajo se diversifica en pintura, ilustración, animación, docencia en Historia, talleres culturales y artísticos, museografía y desarrollo comunitario. Ha trabajado de cerca con poetas y músicos tradicionales en proyectos de video e ilustración. Forma parte de la asociación civil Grupo Huitzitzilin, en Tepetzintla, Ver., colaborando en la planeación y realización 17 de talleres artísticos infantiles juveniles y para maestros rurales, así como la planeación del proyecto de museo comunitario de Tepetzintla. Las pinturas e ilustraciones de Teresa Irene remiten a la iconografía popular, al arte urbano y a la pintura barroca, apoyados en sus conocimientos sobre música, poesía y cultura tradicionales. Sus imágenes evocan paisajes urbanos y rurales, pero también oníricos; animales, plantas y personajes reales o imaginarios, llenos de color y movimiento.


GENEY BELTRÁN FÉLIX

La celda en la Ciudad yletrados

O invisivel esconde-se no visivel Murillo Mendes

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¡Va a llegar bien tarde! Sale del metro corriendo, choca aquí y allá con gente apresurada, zombis morenos y friolentos medio ocultos en bufandas y gorros. ¡Han de ser ya pasadas las nueve!, tal vez las nueve y veinte. ¿Dónde dejó ese jodido reloj? Al salir de la estación se queda un instante sobre la acera –desorientado– mirando la calle. Como hormigas cansadas ruedan hacia el sur los coches de este lado de la avenida; en medio se ven los rieles del metro y en la banda de allá los autos huyen con rabia animal hacia el norte. Cree dudar un segundo. Lo marea la extrañeza. Se acomoda la corbata, se toca el bigote y luego los lentes. Sus ojos buscan en la esquina –tan sólo a diez pasos– el puesto de revistas. Ahí se encuentra ahora una carreta de hamburguesas. Avanza hacia la esquina, espera un momento a que pasen tres señoras con bolsas negras que penden de sus manos como gallinas muertas, levanta la vista y ve el cielo nublado, denso, frío. Una capa de vómito gris sobre la Ciudad. El contador dobla a la izquierda; luego de cuadra y media se detiene y entra en un edificio. El vigilante se halla de espaldas; él no lo saluda siquiera. Sanguijuela, piensa –como que la sola vista de Remigio lo fastidia; sus aires patanescos le recuerdan a un profesor odiado de la Facultad de Contaduría. Nervioso, se para ante el elevador, pulsa el botón y al salir en el cuarto piso titubea: ¿acaso ayer remozaron la entrada? Toma hacia la derecha y empuja la flamante puerta de vidrio. Vaya que aprove-


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charon el domingo, se dice. Frente a la computadora del escritorio descubre a la nueva recepcionista, una muchacha alta, de ojos grandes y apariencia felina. El viernes su jefe le dijo que a partir de hoy una secretaria muy guapa tomaría el lugar de Selene. Así le gustan a Martínez, claro – piensa–: mujerones. Carraspea y meloso pronuncia: –Buenos días, señorita. La mujer lo ve apenas; se levanta y sin responderle se da media vuelta. Igual es medio sorda, él intuye. Busca su tarjeta del lado del reloj. ¿Eh?, ¿quién la habrá tomado? Abandona la recepción y se encamina hacia su cubículo. –¿Qué se le ofrece? Vuelve la vista; es la voz siseante de la nueva. Con arrogancia y sin decir una palabra el contador prosigue su marcha. ¡Si ella no le contestó el saludo hace un rato! Pero al poner un pie en el área contable se queda perplejo. ¿Quién es ese tipo en su escritorio? Y hasta se tomó la libertad de mover su PC. No sale de su asombro cuando desde el cubículo le lanza el intruso una pregunta: –¿Buscaba usted a alguien? –¿Qué? ¿Se puede saber qué está… haciendo usted en mi lugar? ¿Dónde está el señor Martínez? –¿Martínez? ¿Quién es Martínez?

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Se da una palmada en la frente. ¡Es el colmo! ¿Cómo que quién es Martínez? Buscando calmarse, sin embargo, responde: –Martínez, el jefe, ¡hombre! El gerente de contabilidad, ¿quién más? El intruso lo ve y sonríe. Es un tipo alto y robusto, de cuarenta años, piel blanca y mucho cabello, de expresión jovial y animosa. Se levanta de su lugar y hace el gesto de acompañarlo a la salida, con benigno aire de león que no quiere utilizar su fuerza: –Me temo que se ha equivocado de oficina. Aquí no hay ningún Martínez. Él se queda boquiabierto. Mira al intruso como esperando la carcajada que disuelva la broma y dé pie a las explicaciones. Martínez renunció, usted es ahora el jefe, yo seré su asistente. Algo así. ¿Cómo se va a equivocar de oficina? ¡Si aquí mismo ha trabajado quince años! Cuando se da cuenta, ya está frente al elevador. El intruso le dice: –Buenos días, mucha suerte –y se da media vuelta. Él, sorprendido, ve cómo el hombre se para ante la nueva secretaria y con dejo coqueto le habla en voz baja mientras ambos lo miran de reojo, ¡apostaría que con sorna, alimañas! El elevador se abre. Él sale a mitad de la calle y se planta frente al edificio. ¿Cómo se pudo haber equivocado? ¡Tendría que haber dos edi-


–Hay un error –dice apenas ve por la ventanilla–. ¿Ésta es Buganvillas? –Claro –responde el taxista–. Ahí está el número 123. Hacia la derecha, la casa de dos plantas tiene el número 123. Hay un jardín pequeño, espacio en la cochera para un auto, la fachada es de un color verde boscoso y un letrerito avisa cortésmente SI ME TAPA MI SALIDA YO LE PONCHO LAS LLANTAS. –No, hay un error. El chofer lo mira molesto. ¿Pues qué cree que no conoce su trabajo? ¡Pero es que no..! En Buganvillas 123 hay un edificio de seis pisos. Él, su esposa y su hijo viven en el 202, un departamentito de dos recámaras. ¿De dónde sacaría para comprarse una casa? Su esposa es secretaria en una oficina, ¿cuándo juntaríamos para una casa como ésta? –Aquí no es… –insiste él ya con voz muy insegura, pero se le ocurre entonces la explicación del embrollo–. ¿No habrá otra calle con el mismo nombre? Voy a la colonia Flora Nacional. Si me presta su Guía la busco… –Ésta es la colonia Flora Nacional –responde el conductor, marcando las palabras con encono. Es un hombre fornido y grande, de voz ronca, bigote y barba espesa y negra. Tiene pinta de guardabosques, cuidado, se dice el contador.

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ficios exactamente iguales en la Ciudad! Se lleva la mano izquierda al bigote y luego se acomoda los lentes. Caramba, qué friega. Se revisa la corbata y el saco y se pasa la mano derecha por el cabello. ¿Ahora qué hago? Camina en sentido contrario al de la estación del metro. Aunque conoce esta calle desde hace tres lustros, ahora todo lo teme cambiado; ahí están los edificios, pero creería recordarlos un poco menos grandes, menos grises y feos. Éste era de fachada guinda, aquél tenía vitrales de… ¿Y la fonda? Suspira. Estoy cansado, piensa; al llegar a su casa hablará con el jefe por teléfono. Ando con diarrea, señor Martínez, me siento bien molido –o si no diarrea será entonces cualquier otro achaquito simple que no exija una visita al doctor. Tomarse un día, ¡qué tendrá de malo! Vería esos programas de la televisión que sólo ven las amas de casa, le daría la sorpresa a su hijo pasando por él a la escuela, quizá cocine… Sigue caminando y al llegar a la esquina extiende el brazo y un taxi amarillo hace alto. De él desciende un muchacho de unos veintidós años, no muy gordo, no muy bajo, cargando cuatro libros gruesos. El contador sube y cuando se da cuenta ya le ha dictado al chofer la dirección de su casa. Se recarga en el asiento trasero y cierra los ojos. Luego de veinte minutos el taxi se detiene. –Servido, amigo.

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–¿De veras es aquí, me lo jura? Mecánicamente, toma de la cartera un billete y le paga. –¿Qué es esto? –¿Qué es qué..? –Esto –y el chofer muestra el billete. Él toma el billete de la mano del conductor y lo mira perplejo. Levanta la mirada temiendo encontrar los ojos del taxista, se sabe con esa expresión de borrego que espera, quizá merecido, un puñetazo en la cara. –Ah, caramba. ¿Yo se lo di? –Mire, no estoy para bromas… La voz trae amenaza. Él observa el billete, ¿será de otro país? Tiene el dibujo de una mujer; alrededor de ella se ven unos como gatos grandes, y los letreros se hallan en un idioma y un alfabeto para él desconocidos. ¿De dónde salió este billete? Abre otra vez su cartera. Está vacía. Mete la mano en los bolsillos del pantalón. No encuentra nada. –No sé qué pasa… –murmura. El conductor suspira. Fija la vista hacia el frente y dice: –Mira, cabrón… mejor bájate a la chingada o te llevo a la delegación. ¡Bájate, qué la chingada! ¿¡Es que no me entiendes, pinche rata!? El contador desciende del taxi musitando Disculpe usted, no sé qué pasa,


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muchas gracias… Ya en la banqueta revisa su cartera. No tiene nada, ni sus credenciales. No trae ni las fotos de Ingrid e Iván. Él ni se dio cuenta… Le preocupa que den las dos y él llegue tarde a la escuela de su hijo: de veras querría sorprenderlo, habría deseado llevar de ahí a su esposa e Iván a comer a un restaurante. –Qué día –farfulla. Camina sin saber dónde se halla o a dónde va. Toma hacia la esquina más próxima: a doscientos metros se divisa una avenida de doble carril. Mira las casas. Hay aquí y allá varias tiendas, pero todas tienen los letreros y anuncios en ese alfabeto descompuesto. Los trazos son serpentinos, las formas de las letras o números parecen provenir de una cultura alienada. ¿Qué barrio es éste? La gente entra y sale de los almacenes, él camina a pasos lentos y es empujado varias veces mientras escucha palabras y gritos en un código gutural que ni de lejos comprende. Los rostros mismos de los peatones le parecen deformes, a ratos carnavalescos y sobre todo malignos, irracionales… Al llegar a la avenida toma hacia la derecha. Arrastra ya tanta fatiga que ni ganas le dan de volver la vista. Oye el motor de los autos que pasan a su izquierda; de vez en cuando distingue portones eléctricos y jardines solitarios más allá de verjas grue-

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sas y altas. No hay una banca, un parque, no hay peatones tampoco. Rumbo de ricos, qué curioso –piensa. Prosigue en el mismo sentido hasta que desemboca en otra avenida, ésta ya más imponente. Tiene cuatro carriles, bardas grises y altísimos pasos a desnivel; es una telaraña vial de pavimento sin fin. La entrada del puente peatonal, una estructura de fierros amarillos, se halla pocos pasos a su derecha. Le llega el rabioso ruido de los autos. Sube al puente. Nadie puede suicidarse así, se dice luego. No hay manera de aventarse a los carriles, esperando ser arrollado por los coches. ¿Qué hace él pensando esto, tan optimista?, se regaña. Al llegar al otro extremo del puente, sobre la lateral opuesta de la avenida, ofuscado descubre que… vaya, ¿a quién se le ocurre dejar así las cosas? Está cerrado: el puente no tiene salida, falta la escalera. Se rasca la cabeza, suspira y se da media vuelta. Su desespero se alimenta de saber que no sólo no llegará a tiempo a la escuela para recoger al niño, sino que acaso no pueda aprovechar la tarde libre para llevarlo al cine a ver un estreno de caricatura, juntos comer palomitas, el refresco de manzana que les gusta. Porque ya nada parece extrañarle. Sólo se siente agotado, desea regresar a su casa, ver a Iván y a Ingrid. Su hijo anduvo con

catarro, ojalá esté mejor. Sin embargo, al regresar al primer extremo ahora sí no lo cree: ya no hay escalera. Es como si en estos minutos el puente se hubiese convertido en una jaula soldada en el aire sobre el paso de los autos. ¿Es todo una trampa? Tal vez lo quieran secuestrar. Cree ver la imagen de su hijo en un crucero, lavando parabrisas a raíz de la muerte del padre, asesinado al no haber tenido Ingrid para el rescate. Traga saliva. Pero no hay nadie. Mira el cielo. Todo se ve gris: una niebla espesa y sucia. Comprende: no puede salir del puente peatonal, no puede aventarse al paso de los carros, ninguna otra persona pasa por aquí. Es una pesadilla, ¿qué más? Se recarga y sienta. Nervioso espera ahora el fin del sueño. Descubrió el juego; ya nada importa. Sólo cabe esperar. No. Se ahoga. Fuera de sí hay sólo autos que corren a toda velocidad. El ruido es del infierno. Por fin grita, sudoroso y muerto de frío. Su voz se pierde. Los autos pululan bajo el puente: es su rugido un zarpazo en los oídos, en la cabeza, en el cuerpo. No habla: sólo aúlla, no ve a nadie. ¿E Iván? ¿Qué será de él? El frío le arranca las vértebras. Se pone de pie, busca jalar


más pequeña, ve sus oscurecidos contornos acercarse a su cuerpo. Grita, no se escucha a sí mismo: sólo los autos abajo, una jauría de hienas hambrientas. Al amanecer es ya sólo un cadáver, contraído el rostro en una mueca de fijos gestos asustados. A su lado pasa, sin mirarlo, Iván con un trapo y una cubeta en la mano izquierda. Cruza el puente peatonal rumbo al siguiente semáforo. Ω

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la malla con las manos: «¡Iván!», grita. «¡Espérame!» Grita por varios minutos a lo lejos, en dirección a la esquina, sus ojos detenidos en la silueta de un chamaco de la edad de su hijo que tiende una franela sobre los parabrisas de los autos. Ya ronco y lloroso, al final, levanta la mirada. Calla por fin. Lejos ve cómo el sol se pone. La noche se adensa y cae como un bulto pesado sobre la Ciudad, la avenida, el puente, su piel. Los autos siguen, y ahora él ve cómo la celda se va haciendo

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MAYCO OSIRIS RUIZ

Poema yletrados

Oriana ya no existe

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(Canto contra mí mismo) He aquí la lluvia idéntica y su airada maleza. La sal, el mar deshecho… José Emilio Pacheco 1. Ahí la tiene. ¿No la ve? Mejor siéntala, siéntala de palmo a palmo a través del vestido, dígale que se le acabó el tiempo, que siempre sí las estrellas se fueron a la mierda, que ella misma no acaba de convencerlo justo en este momento en que la siente agonizar bajo el vestido. Dígale así, sin tanta faramalla, la poesía no le sirve, la belleza no es un secreto para nadie, más bien está a la vuelta de la esquina, prensada en las melenas de los albañiles que le tiran el perro a las muchachas. Ándele, no se acobarde, mire cómo se desangra, sienta el pulso cada vez más bajo, esta conmoción como de cristales rotos bajo la carne, convénzala de que se muera de una vez y para siempre, de que da pena tan sólo al respirar, de que esto ya no tiene arreglo, de que el regreso es cosa de poetas y eso no augura nada bueno.


2. ¿Entonces qué, mi bien amado, se anima? Levántele el vestido, mire que debajo no hay oro ni diamantes, acabe de convencerse: ni mármol duro y eterno, acaso un boleto al paraíso, dos minutos, ida y vuelta, todo pagado. Y usted aquí, muriéndose por encontrar las palabras, tapándole el ojo al macho con cursilerías, tapizándole los defectos con resanador barato. No sea ridículo, métale mano, déjela ser mujer, que se libere, que grite y se retuerza de gusto en sus palabras. Al fin y al cabo ya no existe, al fin y al cabo todo es caos, desorden de galaxia, rastros de la demencia ridícula que somos.

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Mire: la vaina es de esta forma. Deje de buscar pretextos, de soñar con siglos de oro, rómpale el ritmo al verso, bájele dos rayas a la rima, dígale a esta puta por su nombre y déjese de estupideces: sea moderno, ayúdele a entender que se acabó, que ni amadises ni quijotes fueron nunca felices, más bien se hicieron a sí mismos la maldad, se devanaron los sesos queriendo conquistar lo inconquistable. ¿Y para qué? –Usted dígame.

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3. Se acabó. No hay Oriana. Hay esta puta. Ah, mi querido señor, convénzase, véala ahí, dígame si no es la misma de hace mil años, dígame si no alcanza a ver su rostro luminoso debajo del maquillaje, si la minifalda no es la sombra de mil vestidos bordados con oro y pedrería, si esas bolsas bajo los ojos no le recuerdan el brillo de los astros de otro tiempo. Dígamelo sin miedo, al fin que ya no es un secreto, grítelo a los cuatro vientos y dígale puta en lugar de mi hermosa, bésele la concha en lugar de la manos, arrodíllela usted y no la inversa. Que no le dé pena no hablar de lo sublime eso déjeselo a los entendidos o a los atormentados, hable de lo vano y lo inmediato –es lo de hoy–, llénese la boca de improperios cántele loas a la mediocridad, pero ante todo convénzase: su Oriana ya no existe, queda esta puta, y ella es acaso más grande que todas sus Orianas juntas porque nunca ha ambicionado ser Oriana, porque se cagaría en Oriana si supiera.


yletrados 4. Y sépalo de una vez, por si le queda duda: la poesía también nos dejó hablando solos. Mírela ahí, desnuda en el escaparate del burdel, lanzándose al abismo con la última de las Orianas. De cualquier modo, no se amedrente. Mejor acérquese y ya por no dejar, pregúntele cuánto cobra. Si le contesta no regatee, sea derecho, páguele lo que pida, dígale a ver, vámonos entendiendo, revuélquese con ella en el motel más inmundo, no le ponga peros: su Oriana, señor, ya no existe.

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Foto por Misha Maclaird: www.revistateina.org

entrevista con

Yuri Herrera

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Yuri Herrera nació en Actopan, Hidalgo, en 1970. Es autor de Trabajos del Reino (Tierra Adentro, 2004 y Periférica, 2008), ¡Éste es mi nahual! (Gobierno del Estado de Hidalgo / Fundación Arturo Herrera Cabañas,  2007); Señales que precederán el fin del mundo (Periférica, 2009) y Los ojos de Lía (Sexto Piso, 2012). Ha sido ganador del Premio Binacional de Novela Frontera de Palabras y del I Premio Otras Voces, Otros Ámbitos a la mejor obra de ficción publicada en España.


Herrera es considerado por la crítica como uno de los escritores mexicanos contemporáneos más importantes. Su obra ha construido ya un aquí en la literatura mexicana; quiero decir un espacio en el que conviven la belleza lingüística de su prosa y el significado de las palabras, quiero decir un entramado, un mundo, otro, preciso y deslumbrante. Con la generosidad que caracteriza a Yuri Herrera, pudimos conversar con él.

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GABRIELA CONDE

◊¿En qué estás trabajando ahora? Mira, es un libro que se suma a las dos novelas anteriores, sin que así haya sido planeado desde el principio. Es una novela que tiene un registro lingüístico parecido, que topa algunos temas que de algún modo se tocan con los otros temas, y es básicamente la historia de un hombre que tiene que salir a la calle en un momento en el que no quiere salir, en el que lo mejor que puede hacer es no salir, pero que tiene que salir. Es cómo se enfrenta a lo que hay ahí afuera y cómo va él aprendiendo a reaccionar.

◊Era Ricardo Piglia quien decía esto de la idea fija… que todos tenemos dos o tres temas y al final siempre tratamos de enunciar la misma historia… Es un poco esto de las tres novelas, sí hay una temática ahora, o bueno, una idea, una historia. Puede que haya algo de eso, la verdad es que yo no sabría bien definir cuáles serían ésos. Hay algo que tiene que ver con la violencia, pero en toda la literatura hay violencia, y hay algo que a mí me importa mucho: creo que la literatura habla sobre situaciones límite. Es decir, no habla sobre

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hombres buenos o malos sino cómo uno se está definiendo siempre en estas situaciones límite. En estas novelas hay distintas situaciones límite que tienen que ver con la violencia, pero con distintos tipos de violencia. Tal vez esto sería una de mis obsesiones, cómo uno se redescubre a sí mismo, se reinventa ante ciertas situaciones.

◊Hay un momento en el que uno dice:

«bueno, quiero ser escritor». Creo que algo tiene que ver, sí, con una vocación o con

un aprendizaje, pero ¿tú puedes ubicar un momento así? Desde muy chavito. Recuerdo, estando en primaria, me ponía a escribir cosas. Decidí que quería escribir, que quería contar historias; decidí que quería enterarme de historias. Me cuesta trabajo todavía ahora definirme, porque sigo siendo una persona muy insegura. Publico poco, más que corregir, reinicio las cosas. Aun hasta el día de hoy me cuesta un poco de trabajo.

◊Tienes dos libros ya de niños y ahora estás estrenando uno con Sexto Piso.

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¿No te lo dieron? Los ojos de Lía es la historia de una niña que empieza a ver lo que está sucediendo, que empieza a ver cierta violencia, sobre todo silencios frente a la violencia, y es algo que le molesta. Es algo que la descontrola, porque sucede en paralelo con sus propios cambios, con su manera de ver el mundo. Tiene que ver con la manera de ajustar su mirada y tam-

Por Javier Caballero y Dorian López mexico.cnn.com/nacional/2010/12/03/yuri-herrera


◊¿No se habla de violencia, entonces? Es México, es… Hay una imagen violenta, más que una escena violenta hay una imagen violenta, pero yo diría que lo más importante del libro es lo que le está sucediendo a ella. Lo demás es algo sobre lo que se sugiere, algo sobre lo que se habla o no hablan los demás protagonistas. Pero no es, digamos, una sucesión de anécdotas violentas.

◊En

este «no hablar» me acuerdo de Trabajos del reino, que también era un discurso del poder, de las cosas que se dicen o no se dicen… la ficción, ahora en México; el discurso desde el cual nos hablan los gobernantes, lo que no dicen. Sí es recurrente este tema. De pronto el psicoanálisis decía que era más importante lo que no se dice, es decir, todos estos silencios del gobierno sobre lo que está pasando en el país…

La literatura habla sobre situaciones límite. Es decir, no habla sobre hombres buenos o malos sino cómo uno se está definiendo siempre en estas situaciones límite. el poder. Y cómo se matiza o cómo se resiste esa versión es también una manera de resistirse o de rebelarse contra la imposición de cierto poder. Es algo que me importa mucho y tratado de otra manera, pero eso está presente también en este libro.

◊Cuando hablas del lenguaje… nacer en

cierto lugar, hablar cierto idioma… es algo que te sucede, pues. Tú estudiaste en El Paso, vives en Estados Unidos, y de las No, bueno sí, claro, o sea el poder es uno cualidades más impactantes, avasalladoras de los temas que a mí me importan mucho, de tus textos, es el cuidado del lenguaje, los distintos tipos del poder, y cómo se la invención de las palabras: ese destino. reproduce la versión de algo que ha suce- ¿Tendrá que ver que te hayas ido, que dido, eso es también una forma de ejercer hables otro idioma?

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bién con encontrar una manera de reaccionar ante lo que sucede y para lo cual no la han preparado.

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No creo que la realidad tenga una manera fiel de ser reflejada, sino que siempre hay una elección. Y esa elección implica una serie de decisiones.

◊¿Cómo se forma un escritor? ¿En un aula? Yo creo que no hay ninguna regla allí… pero creo que ir a talleres es una forma absolutamente legítima… y es una forma muy productiva. Lo que creo es que no es la única manera. Yo las virtudes que veo a estar en los talleres es confrontarte con otros lectores, con lectores que están entrenados; a confrontarse también con otros escritores. Creo que la competencia no es mala. Salirte de tus espacios seguros: eso me parece muy bien. Y cuando uno trabaja con gente que ya lleva mucho tiempo escribiendo, uno descubre trucos para ir descubriendo tu propia voz. Creo que es un error cuando uno sólo quiere escribir como la persona que está dirigiendo el taller, o pensar que hay un conjunto de reglas estáticas sobre cómo escribir. Pero yo creo que uno no tiene que tenerle miedo a la confrontación con gente más experimentada o con otros que están aprendiendo como tú, porque todos ellos son lectores, y uno tiene que confrontar todo tipo de lectores.

Supongo que tiene que ver la cuestión de los viajes en la medida en que cuando trabajo el lenguaje es menos porque esté buscando deliberadamente un estilo, o tratando de ser original, sino que más bien lo que intento hacer es encontrar una manera precisa de decir algo. No tanto por la obsesión de ser diferente. Cuando viajas o cuando simplemente tú te das la oportunidad de escuchar a otras personas, descubres que hay múltiples maneras de hablar ◊¿Ya te puedo preguntar lo que es narrar? sobre una misma cosa, y que esas múltiples maneras no responden nada más a una No, todavía no. cuestión ornamental, sino que responden a diversas formas de conocimiento: una ◊Es que ya no tengo más preguntas… forma de conocimiento, una forma distinta de reconstruir los objetos del mundo. ¿Ésas eran todas las preguntas?


Mira, para mí, narrar implica reconstruir un pedazo de mundo, digamos. A veces hay gente que piensa que la realidad puede ser narrada fielmente, que se puede reflejar, que eso implica ser realista, y eso a mí me parece una ilusión. Yo no creo que la realidad tenga una manera fiel de ser reflejada, sino que siempre hay una elección. Y esa elección implica una serie de decisiones: decisiones éticas, decisiones estéticas, que diría, además, como corporales, casi casi. Es decir, uno decide cuál es la mejor manera de contar una historia. No es que simplemente se encuentre la historia. Uno tiene que decidir cuál es el ritmo, cuál es el punto de vista, sobre todo, cuáles son las emociones que subyacen en esta historia y cuáles son las emociones que uno espera suscitar del otro lado de la historia. Narrar, en ese sentido, implica formular una manera en la cual puede ser recibida una historia por alguien más. Cualquier anécdota puede ser contada en clave trágica o en clave cómica. Cualquier anécdota puede ser contada desde la intimidad o desde la superficialidad, y no es que una sea más legítima que otra, sino que eso sólo implica una serie de decisiones en las que se involucran las obsesiones personales de quien las está escribiendo, su educación y, digamos, algunos objetivos

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◊No, no, aquí tengo más. ¿Qué es narrar?

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que pueden o no cumplirse a la hora de comunicarse con alguien más. Escribir ficción para mí implica tomar fragmentos de la realidad como insumos para construir algo más que se le tiene que añadir a la realidad, pero sin tener la pretensión de que se está diciendo la verdad. Es cierto, y esto se ha dicho muchas veces, que la ficción dice la verdad de otra manera, y esa otra manera implica descubrir ciertos sentimientos que existen en una época determinada, descubrir ciertas ideas, pero no tanto es la verdad en el sentido en el que funciona la verdad jurídica, como una serie de hechos con causas y con consecuencias específicas que tienen un efecto sobre el mundo sensible. La ficción lo que hace es

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tomar todo eso para construir otras historias, que se ven posibles pero que no son necesariamente verificables. ¿Te parece?

ciencia ficción, de chico leí toda la trilogía de Isaac Asimov sobre la Fundación, algunos libros de Clifford D. Simak, que me parecen muy buenos. Ibargüengoitia, es ◊Perfecto. Y… tus libros favoritos, hay también un autor que de chavo fue para miles… los libros que te marcaron… ésa mí muy importante. Pero si te dijera alguno es clásica, ¿no, Yuri? de mis libros más importantes, más allá de cuáles fueron los libros con lo que me iniFragmentos de la Biblia, jaja… No, yo cié, te diría que para mí La sombra del como me hice adicto a lectura fue leyén- caudillo fue para mí muy importante; dome un libro tras otro todas las historias Porque parece mentira la verdad nunca se de Sherlock Holmes. Y leía también mucha sabe, de Daniel Sada… El libro vacío.


◊También eres de los escritores que usan ◊¿Crees mucho las nuevas tecnologías… eres de los más seguidos en Twitter, y además siempre estás opinando, sobre… Bueno, no soy de los más, creo yo. Sí participo…

◊Muy participativo… Todos lo días… pero no muchísimo.

◊¿Lo usas como laboratorio?

que las redes han cambiado nuestra manera de escribir?

No creo todavía… es decir, creo que la manera telegráfica en que nos comunicamos a través de las redes sociales ha creado un cierto tipo de lectura y de lectores, pero que eso no ha eliminado otras formas de leer. Creo que hoy más que nunca tenemos muy distintos objetos culturales conviviendo al mismo tiempo y retroalimentándose.

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Otros dos que son como casi… canónicos De distintas maneras. Yo creo que justo el para mí, por ejemplo, pienso en El otoño asunto con las redes sociales es que no se en Pekín de Boris Vian y El gatopardo de le metan a una sola función o a un solo Lampedusa, por distintas razones. En escri- espacio. Un puede tontear con lo amigos tores mexicanos he encontrado una serie y ponerse a hacer chistes, y ponerse a hacer de registros que a mí me han alimentado también aforismo o recomendar libros, o mucho, sobre cómo relacionarte con algu- pedir que se recomienden libros u opinar nos tipos de dramas, con algunos tipos de mucho sobre política. Eso de distintas paisajes. Lo que yo veo en Boris Vian es maneras ha ido funcionando así en varios una absoluta libertad, la de quien se sabe países, con distintos resultados. Yo hago dueño de su lengua, dueño de su texto. Y todas estas cosas, no soy como un tuitero en El gatopardo hay una cosa que a mí me serio, en términos de que dedique mi me interesa mucho, que es esta conjunción cuenta a una sola cosa, entonces no lo hago entre arte, política, historia. Y lo que hace todo el día, pero sí estoy como pendiente ahí Lampedusa es reconstruir un cierto de lo que está sucediendo allí. Ya es algo momento importantísimo en la historia que es irremediable dentro de la vida culitaliana, pero lo hace de una manera muy tural. Buena parte de nuestras discusiones estilizada, como con una gran precisión. se dan allí, por más limitadas que sean.

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Yuri Herrera

Trabajos del Reino

Él sabía de sangre, vio que la suya era distinta. Se notaba en el modo en que el hombre llenaba el espacio, sin emergencia y con un aire de saberlo todo, como si estuviera hecho de hilos más finos. Otra sangre. El hombre tomó asiento en una mesa y sus acompañantes trazaron un semicírculo a sus flancos. Lo admiró a la luz del límite del día que filtraba por una tronera en la pared. Nunca había tenido a esta gente cerca, pero Lobo estaba seguro de haber mirado antes la escena. En algún lugar estaba definido el respeto que el hombre y los suyos le inspiraban, la súbita sensación de importancia por encontrarse cerca de él. Conocía la manera de sentarse, la mirada alta, el brillo. Observó las joyas que le ceñían y entonces supo: era un Rey. La única vez que Lobo fue al cine vio una película donde aparecía otro hombre así: fuerte, suntuoso, con poder sobre las cosas del mundo. Era un rey, y a su alrededor todo cobraba sentido. Los hombres luchaban por él, las mujeres parían para él; él protegía y regalaba, y cada cual, en el reino, tenía por su gracia un lugar preciso. Pero los que acompañaban a este rey no eran simples vasallos. Eran la Corte. Lobo sintió envidia de la mala, y después de la buena, porque de pronto comprendió que este día era el más importante que le había tocado vivir. Jamás antes había estado próximo a uno de los que hacían cuadrar la vida. Ni siquiera había tenido la esperanza. Desde que sus padres lo habían traído

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Fragmentos

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Trabajos del Reino (España: Periférica, 2008).

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Trabajos del Reino (España: Periférica, 2008).

de quién sabe dónde para luego abandonarlo a su suerte, la existencia era una cuenta de días de polvo y sol. Una voz atascada de flemas lo distrajo de mirar al Rey: un briago le ordenaba cantar. Lobo acató, primero sin concentrarse, porque todavía temblaba de la emoción, mas luego, con esa misma, entonó como no sabía que podía hacerlo y sacó del cuerpo las palabras como si las pronunciara por primera vez, como si le ganara el júbilo por haberlas hallado. Sentía en sus espaldas la atención del Rey y percibió que la cantina se silenciaba, la gente ponía los dominós bocabajo en las mesas de lámina para escucharlo. Cantó y el briago exigió Otra, y luego Otra, y Otra y Otra, y mientras Lobo cantaba cada vez más inspirado, el briago se ponía más briago. A ratos coreaba las melodías, a ratos lanzaba escupitajos al aserrín o se carcajeaba con el otro borracho que lo acompañaba. Finalmente dijo Ya, y Lobo extendió la mano. El briago pagó y Lobo vio que faltaba. Volvió a extender la mano. –No hay más, cantorcito, lo que queda es pa echarme otro pisto. Date de santos que te tocó eso. Lobo estaba acostumbrado. Estas cosas pasaban. Ya se iba a dar la vuelta en seña de Ni modo, cuando escuchó a sus espaldas.

Trabajos del Reino (España: Periférica, 2008).


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–Páguele al artista. Le acercó la pistola como si le palpara Lobo se volvió y descubrió que el Rey las tripas y disparó. Fue un estallido simple, atenazaba con los ojos al briago. Lo dijo sin importancia. El briago peló los ojos, se tranquilo. Era una orden sencilla, pero quiso detener de una mesa, resbaló y cayó. aquél no sabía parar. Un charco de sangre asomó bajo su cuer–Cuál artista –dijo–, aquí nomás está este po. El Rey se volvió hacia el borracho que infeliz, y ya le pagué. lo acompañaba: –No se pase de listo, amigo –endureció –Y usté, ¿también quiere platicarme? la voz el Rey–, páguele y cállese. El borracho prendió su sombrero y huyó, El briago se levantó y tambaleó hasta la haciendo con las manos gesto de No vi mesa del Rey. Los suyos se pusieron alerta, nada. El Rey se agachó sobre el cadáver, pero el Rey se mantuvo impasible. El bria- hurgó en un bolsillo y saco un fajo de bigo hizo un esfuerzo por enfocarlo y luego lletes. Separó algunos, se los dio a Lobo y le dijo: regresó el resto. –A usted lo conozco. He oído lo que –Cóbrese, artista –dijo. dicen. Lobo cogió los billetes sin mirarlos. –¿Ah sí? ¿Y qué dicen? Observaba fijamente al Rey, se lo bebía. Y El briago se rió. Se rascó una mejilla con siguió mirándolo mientras el Rey hacía una torpeza. seña a su guardia y abandonaba sin prisas –No, si no hablo de sus negocios, eso la cantina. Lobo aún se quedó fijo en el todo mundo lo sabe… Hablo de lo otro. vaivén de las puertas. Pensó que desde Y se volvió a reír. ahora los calendarios carecían de sentido Al Rey se le endureció la cara. Echó la por una nueva razón: ninguna otra fecha cabeza un poco para atrás, se levantó. Hizo significaba nada, sólo esta, porque, por fin, una seña a su guardia para que no lo siguie- había topado con su lugar en el mundo; y ra. Se aproximó al briago y lo agarró del porque había escuchado mentar un secrementón. Aquel quiso revolverse sin éxito. to que, carajo, qué ganas tenía de guardar. El Rey le acercó la boca a una oreja y dijo: –Pues no, no creo que hayas oído nada. ∂ ¿Y sabes por qué? Porque los difuntos tienen muy mal oído.

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Polvo y sol. Silencios. Una casa endeble bajos a la izquierda, y cómo el fuelle suelta donde nadie cruzaba palabras. Sus padres y aprieta el aire para colorear sonidos. eran una pareja perdida en un mismo rin–Y abrácelo bien –le dijo–, que éste es cón, sin nada que decirse. Por ello a Lobo su pan. las palabras se le fueron acumulando en Al día siguiente se fue al otro lado. los labios y luego en las manos. Tuvo es- Esperaron sin fruto. Después, su madre cuela fugaz, en la que entrevió la armonía cruzó y ni promesas de vuelta le hizo. Le de las letras, el compás que las ataba y las dejaron el acordeón para que se metiera en dispersaba. Fue una hazaña íntima, porque las cantinas, y en ellas supo que los boleros para él los trazos en el pizarrón eran bo- admiten cara suavecita pero que los corrirrosos, el profesor lo tenía por bestia y se dos reclaman bragarse y figurar la historia confinó a la soledad de su cuaderno. Aún mientras se la canta. También aprendió consiguió dominar de puro fervor propio las siguientes verdades: Estar aquí es cosa las costumbres de las sílabas y los acentos, de tiempo y desgracias. Hay un Dios que antes de que lo mandaran a ganar la vida dice Aguántese, las cosas son como son. a la calle, a ofrecer rimas a cambio de lás- Y, quizá, la más importante: Apártate del tima y centavos. hombre que está a punto de vomitar. La calle era un territorio hostil, un forNunca reparó en esa cosa absurda, el cacejeo sordo cuyas reglas no comprendía; lendario, porque los días se parecían todos: lo soportó a fuerza de repetir estribillos rondar entre las mesas, ofrecer canciones, dulces en su cabeza y de habitar el mundo extender la mano, llenarse los bolsillos de a través de las palabras públicas: los carte- monedas. Las fechas ganaban nombre les, los diarios en las esquinas, los letreros, cuando sucedía que alguien se apiadaba eran su remedio contra el caos. Se paraba de sí o de los otros y sacaba su pistola y en la banqueta a repasar una y otra vez con acortaba la espera. O al descubrir Lobo los ojos una salva cualquiera de palabras los pelos y los tamaños que se instalaban y olvidaba el ámbito fiero a su alrededor. caprichosamente en su cuerpo. O cuando Un día su padre le puso un acordeón en unos dolores como tajos adentro del crálas manos. Fríamente, como la indicación neo lo tumbaban durante horas. Finales y para destrabar una puerta, le enseñó a caprichos así eran la huella más notable combinar los botones de la derecha con los para ordenar el tiempo. En eso se le iba.


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Y en saber de sangres. Podía descifrar cómo se le cuajaba en las sabandijas que le decían Ven, chiquito, ven, y lo invitaban a los rincones; cómo trababa las venas de los miedosos que sonreían sin tener por qué; cómo se hacía agua en el cuerpo de los que ponían de nuevo y de nuevo la misma herida en la rocola; cómo era piedra seca en ceñudos con ganas de torcer. Cada noche volvía Lobo al rincón donde carboneaba, a mirar las paredes y sentir que le crecían las palabras. Se puso a escribir canciones de cosas que le pasaban a otros. Del amor no sabía nada pero estaba al tanto; lo mentaba en medio de dichos y saberes, le ponía notas y lo vendía. Pero era una repetición lo suyo, un espejo de la vida que le contaban. Aunque tenía la sospecha de que algo más podía hacer con las canciones, ignoraba cómo arrojarse, porque ya todo estaba dicho, y entonces qué caso. Apenas quedaba esperar, continuar, esperar. ¿A qué? Un milagro.

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Están muertos. Todos ellos están muertos. nuestro cantadito bajo las uñas, hay que Los otros. Tosen y escupen y sudan su desnudarlos con estas pieles. Hay que curmuerte podrida con engaño pagado de sí tirlos, hay que apalearlos. mismo, como si cagaran diamantes. Sonríen Machín les escama oír mentar de esta los dientes pelados cual cadáveres; cual mal sueño que cobra vidas y palabras. Les cadáveres, calculan que nada malo les pue- escama que Uno sume la carne de todos, de pasar. que Aquel guarde la fuerza de todos. Les Simón. escama quién es y cómo es y cómo se lo Tienen una pesadilla los otros: los de dice. Sólo se atreven a saberlo cuando se acá, los buenos, son la pesadilla; la peste abandonan a la verdad de sí mismos, en el de acá, el ruido de acá, la figura de acá. pisto, en el baile, en el ardor, jodidos, para Pero acá es más de veras, acá la carne está eso estaban buenos. Mejor quisieran oír viva, el grito recio, y aquellos son apenas nomás la parte bonita, verdá, pero las de un pellejo chiple y maleado que no atina acá no son canciones para después del percolor. Un reflejo hecho materia blanda y miso, el corrido no es un cuadro adornanprendido de alfileres. do una pared. Es un nombre y es un arma. A los muertos no se les pide permiso. Al Cura que les escame. Quién quita y al menos, no a los pinches muertos. Se hace final averiguan que ya son carne agusanada. lo que se hace. Se agarra el modo y se presume, como quien pronuncia el nombre, Ω y no se fija en lo que les buiga a los demás. O sí: para sentir su espanto, pues, porque el susto de los otros alimenta bien, remacha que la carne de los buenos es brava y necesaria, que hace bulto y zarandea las cosas. Habría que tomarlos de la crin y restregarles la cara contra esta verdad puerca y áspera y maloliente y verdadera, que les dé tentación. Hay que sentarlos en las púas de este sol, hay que ahogarlos en el escándalo de estas noches, hay que meterles


JULIA BONILLA

Palabra

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Poema

Palabra, 45 serás tú la que me invoques y acompañes. La que refuerce la sonrisa de esta mejilla fría. La que blasfeme los nombres de ellos, los que se hincarán ante este cuerpo inmóvil, morado/ sediento/ cuarteado. Ante esta piel que revienta y estos ojos que brotan. Quizá podrán acercarse a la verdad, aunque no pueda abrir mi boca.


EDGAR OMAR AVILÉS

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Las líneas de la carretera

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La carretera de la sierra serpenteaba entre tortuosos acantilados. La noche se metía hasta los pulmones, generando un aliento entrecortado de angustia. Natalia apretaba su bolsa en cada curva. Yo no quería confesárselo, pero me sabía perdido. Había cuidado de seguir todas las indicaciones del mapa, pero en algún punto había tomado mal el camino. Mientras más buscaba cómo volver a la ruta, más me iba adentrando en esa carretera de pesadilla. –¿Estás seguro de que vamos bien para Xontepec? –me preguntó en un balbuceo. –No –le confesé, tras escuchar el rugido de un trueno. Una delgada lluvia empezó a anegar el parabrisas. Intenté prender la radio para amortiguar los nervios, pero no había señal. A cada momento temíamos desbarrancarnos en alguno de los quiebres de esa carretera que casi se desmoronaba. Luego de discutir, decidimos que cuando encontráramos una población, la que fuera, nos quedaríamos en ella a pasar la noche. Pero con los kilómetros sólo se sucedían curvas cada vez más abruptas, la lluvia arreciaba y la luz de los faros resultaba insuficiente. Mientras ascendíamos por una curva de pesadilla, iluminamos un cuerpo. Un par de coyotes o quizás un caballo pequeño. Tuvimos que estar a pocos metros para descubrir que era un hombre tirado en medio de la carretera.


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botella de tequila que pensábamos beber en Xontepec. Se disponía a curarle la nuca, pero el hombre le pidió que primero curara su mano. Nos explicó que el caballo se la había pisoteado. Natalia se abrió camino entre los dedos retorcidos para limpiarle las heridas y moretones de la palma, después le limpió la nuca y desgarró su chal para usarlo como vendaje. Lamenté la pérdida de la costosa prenda, pero me sentí muy orgulloso de tener una mujer como ella. Al final, el hombre nos pidió un sorbo del tequila. Se le iluminó la cara con una sonrisa. Entre trago y trago acunaba la botella como si fuera un bebé. –¿Sabe si estamos lejos de Xontepec? –le Prendí la luz interna. Bajé el cristal. pregunté. Había forma de sortearlo y seguir adelanTomó una bocanada de aliento, su mite, pero decidimos ofrecerle ayuda cuando rada se volvió aún más extraña, extendió vimos que se movía. Le pedí a Natalia que la palma de la mano lastimada. Se empezó sacara el paraguas de la guantera mientras a quitar el vendaje. Mariana le rogó que yo sacaba la pistola que escondía bajo el no lo hiciera, pero él la ignoró. Su mano tapete trasero. Era un hombre maduro, tal latía dolorosamente. Su palma tenía líneas vez de unos cuarenta y cinco años. Estaba y recovecos que nunca había visto. La genvestido con un gabán. Sangraba de la nuca te del campo usa tanto sus manos que y de una mano. Tenía esa mirada que sólo generan muchas más líneas que la gente los locos y los perros tienen. de la ciudad, pensé de pronto. –¿Podemos ayudarle, amigo? –Ustedes están… aquí –dijo, señalando –Me caí… del caballo –respondió con con el dedo índice de su izquierda una línea voz entrecortada. sangrante que empezaba en la base del Luego de que vimos que no estaba he- pulgar derecho. Entre frase y frase daba rido de gravedad, lo ayudamos a incorpo- más tragos a la botella de tequila. La lluvia rarse. A falta de alcohol, Natalia sacó la le pegaba el pelo en la cara–. Ustedes tie-

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nen que llegar… hasta acá –dijo, señalando bajo su dedo meñique derecho. Su voz tenía un acento musical, como si su lengua nativa fuera el náhuatl o el purépecha–. Hay varias formas de llegar –y empezó a señalar caminos entre los laberintos de las líneas de su palma. Aquel loco estaba cada vez más borracho. Le dije a Natalia que nos retiráramos, que no tenía sentido perder más tiempo con él. Que podía resultar peligroso. Asintió, pero antes de retirarnos, le preguntó: –¿Qué pasa si nos caemos por…? –le fue imposible encontrar la palabra exacta–. Las líneas de su mano se cortan en las heridas o en los bordes de la palma… Natalia se ha emborrachado con el aliento de este tipo, pensé muy sorprendido. El hombre empezó a reír. –Mire, señito, creo que por el pisotón del caballo… ustedes se han perdido... La carretera se… descontroló…–el hombre reía entre sorbos de tequilla. Luego se puso muy serio. Le pedí a Natalia, casi como una orden, que se subiera al automóvil. El paraguas no había servido de mucho, estábamos empapados. Encendí el coche. Natalia se quedó mirando al hombre y bajó de nuevo el cristal. –No gusta que lo llevemos a su pueblo –le dijo.

El hombre la miro con ternura. –Mi pueblo es éste… Esta es mi casa –luego alzó la botella de tequila, le brindó un sorbo y sonrió. Yo sonreí por condescendencia y volteé a ver a Natalia para ver si ya podíamos arrancar. Apenas lo había hecho, cuando el hombre nos gritó. Me detuve. Se nos acercó con pasos tropezados. –Ustedes van a desbarrancarse… No hay modo de que no sea así… Pero ella es una buena mujer… Y no sería justo… –el hombre otra vez se quitó el vendaje y luego empezó a torcer la palma derecha, buscando juntar la base del pulgar con la del dedo meñique. Al no conseguirlo, dejó la botella a sus pies y con la izquierda se ayudó haciéndose presión. Un trueno rompió la noche. La sangre de las heridas nuevamente abiertas escurría por su muñeca hasta gotear entre la lluvia. –Váyanse. ¡Ahora!... No aguantaré mucho… Sólo tienen unos minutos –Natalia descolgó el escapulario que pendía del espejo del parabrisas y lo puso en el cuello de aquel hombre. Luego me pidió que arrancara. Tras ponernos en marcha llegamos a Xontepec en pocos minutos, a través de una carretera casi recta.

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DIEGO SALAS

Poemas Este papel vacío Este papel vacío no remedia un tren despedazado por la noche ni los golpes bajos que trae la lluvia, tampoco la corona del silencio o ciertas ruinas que una distancia cuida con los pocos dientes que le quedan. Este papel vacío no remedia nada. Es apenas un viejo bisturí hundido para cortar una luciérnaga o bala o tierra de esas que se multiplican cada día cuando creen que nadie las está mirando.

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Los siguientes textos fueron publicados en La caja para encender bajo la Dirección General de Publicaciones / Programa Cultural Tierra Adentro 2012.

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Latitud

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La parte ciega de las aguas en lo oscuro. La que nos llena el hambre con su alforja, la rota del hilo por lo sonoro hueco, por la insepulta caverna de poner tu nombre a aullar, la tierra larga donde nadie, donde la magra semilla de la muerte, donde el vaivĂŠn mĂĄs necio, donde el asma de restar, falla de quĂŠ, la rueda infinita que nos mancilla con su carne, con su pĂŠtreo sabor del alba en la ceniza.


Es lo que nos descose las esquinas con su aguja, el ensartado animal adentro, el que nos envaina este doler, el que flama la boca y roe desde ti casi todos los ruidos.

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Aseveraciones

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Relaciones Parece que el pájaro naufraga sobre un río lleno de penas. En realidad el pájaro sólo hunde el pico entre las aguas, en realidad el pájaro sigue volando perdido en el ruido o el nombre del ruido que sus aguas llevan.


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No el silencio

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Uno es el ruido que el tiempo amasa con su golpe. La tregua blanda para tragar, ese delgado rinc贸n donde se amontona la miseria. Uno es el cuentagotas, los muros doblados de la rabia, hasta la pantera es uno, ese gramo infinito, largo por los brazos del olvido. Uno es todos los pedazos, la causa del racimo del odio, no ese viejo cordel que le amarra los pulgares al dolor, no la hormiga construyendo huecos cada noche, no el silencio.


El que mira tu ruidos como un relámpago romperse la boca con el paso de los días es un ciervo que inunda la tierra y duerme. Los demás seguimos los pasos que podemos, ojo tras ojo, avanzamos aun sabiendo que la casa tras la noche estará cerrada.

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Seguimos

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JOSÉ MIGUEL BARAJAS

Semos trescientos yletrados

Publicado en la edición del 3 de julio de 2012, p. 11 de La Jornada Jalisco youblisher.com/p/373709-La-Jornada-Jalisco-Edicion-Impresa-3-de-julio-de-2012/

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Aventuró alguna vez Paul Valéry que la historia, ante todo, es musa. En sus Miradas hacia el mundo actual (1931), le pareció el producto más peligroso que la química del intelecto haya elaborado: justifica lo que uno quiere. No enseña rigurosamente nada, pues contiene todo y da ejemplos de todo. En su Historia de la antigüedad (1880), Justo Sierra dijo que la ciencia histórica consiste en la investigación de los hechos humanos que se han sucedido en el curso de los siglos y de las leyes generales que nos rigen. Aristóteles en su Poética precisa no ser oficio del poeta sino del historiador contar las cosas como sucedieron y no como se hubiera deseado que fueran: la poesía es término medio de filosofía e historia. De estos tres modos de concebir la historia –elegidos, sí, de manera parcial pero no arbitraria– resalto dos aspectos: reflejan el pensamiento de la época en que fueron vigentes; se nos presentan a nosotros, lectores de la naciente década segunda del siglo XXI, de forma simultánea. ¿Qué se entiende hoy entonces por historia de México? En el discurso oficial, el Estado mexicano, con base en el artículo 3° constitucional, imparte la materia de Historia desde el cuarto y hasta el sexto año de primaria. Creada el 3 de octubre de 1921 durante el gobierno de Álvaro Obregón, la Secretaría de Educación Pública se ocupa de la elaboración y distribución de libros de texto gratuitos para la enseñanza de los contenidos en materia educativa. Los libros tienen su destino pero también su origen: José Vasconcelos apostó la piedra más pesada con los llamados «clásicos verdes». Con Torres Bodet nació la idea que devino la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.


Desde hace 48 años, según se afirma en su sitio oficial, la CONALITEG «fundamenta su accionar en el esfuerzo de los mexicanos por alcanzar la igualdad mediante la educación de nuestra niñez y juventud». Pero toda palabra, además de metáfora, es prejuicio. ¿A qué se refiere –quien eso asevera– con «alcanzar la igualdad mediante la educación de nuestra niñez y juventud»? De acuerdo con el sitio oficial de la Reforma Integral de la Educación Básica, «la transformación educativa que plantea el Plan Nacional de Desarrollo 20072012, y los objetivos señalados en el Programa Sectorial de Educación 2007-2012 (PROSEDU), son el marco que da rumbo y sentido a las acciones de política educativa que se impulsan en el México de hoy y el de las próximas décadas, […] la principal estrategia para la consecución de dicho objetivo en el ámbito de la educación básica, la constituye la Reforma Integral de la Educación Básica, cuyos propósitos» están expresados con la vacuidad propia del discurso oficial y su peligro. Sobre ello, Karina Avilés en la edición nacional del lunes 24 de agosto de 2009 de La Jornada, «Quita SEP estudio de la Conquista y la Colonia de los libros gratuitos», ha dado noticia. Los libros de texto gratuitos en materia histórica para el ciclo 20122103, del cuarto a sexto año de primaria, pretenden abarcar en 566 páginas siglos de existencia humana. En sólo una página, décadas, procesos históricos son agotados. La 132 del libro de cuarto año concluye en pocas líneas las «Castas y otros grupos sociales» durante el así llamado Virreinato. La 132 del libro de quinto pretende exponer en un párrafo la memoria del general «Cárdenas y la expropiación petrolera». La 132 del sexto año se ocupa, sin más, de una

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Los libros de texto gratuitos [...] del cuarto a sexto año de primaria, pretenden abarcar en 566 páginas siglos de existencia humana. En sólo una página, décadas, procesos históricos son agotados.

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yyletrados letrados 56 «Evaluación» para el alumno. Quien sólo cursa la educación primaria, y con fortuna comprendió algo, no sabrá jamás de la Historia Antigua de México de Francisco Xavier Clavijero, de la Historia de la destrucción de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas, de los cinco tomos de México a través de los siglos, de los diez de la Historia Moderna de México o de la Invención de América de Edmundo O’Gorman, aunque la educación sea un derecho ciudadano y una obligación estatal. La retórica, desde sus inicios, es un deporte de combate. Libros recientes como Lenguaje y poder simbólico (2001) de Pierre Bourdieu o Piel negra, máscaras blancas (1952) de Frantz Fanon, documentan las variantes que ha tenido la palabra en cuanto arma de fuego. Fanon entiende que hablar es existir absolutamente para el otro. Un hombre que posee el lenguaje posee por contrapeso el mundo expresado e implicado por ese lenguaje: hay en la posesión del lenguaje una extraordinaria potencia. En México el lenguaje que articula el


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mundo ha sido de las televisoras. Bourdieu sostiene que el derecho más rigurosamente racionalizado no es sino un acto de magia social que tiene éxito: una ficción que repetida de manera sistemática deviene realidad. Y la semiósfera –que no es sino, de acuerdo con Yuri lotman, la realidad de la significación de lo humano–, más allá de las páginas de los libros de texto, está plagada de discursos que confunden los procesos históricos en el imaginario de la sociedad que lo sostiene. La escritura de libros de historia para niños no es asunto ligero. No en vano los antiguos se valieron de la fuerza alegórica del mito que, también es cierto, fortalecieron con el logos. Abundan libros sobre la Revolución mexicana. Pocas páginas exponen en tan breve espacio lo que el diálogo de Juan Rulfo contiene sobre el tema: «–Les voy a dar cien mil pesos –les dijo Pedro Páramo. ¿Cuántos son ustedes? »–Semos trescientos. »–Bueno. Les voy a prestar otros trescientos hombres para que aumenten su contingente. Dentro de una semana tendrán a su disposición tanto los hombres como el dinero. El dinero se los regalo, a los hombres nomás se los presto. En cuanto los desocupen mándenmelos para acá.» Aquellos, por el poder simbólico de la palabra, fueron 300. Hoy, una parte cada vez mayor de la sociedad mexicana ha dicho: «Yo soy 132». En 50 años, cuando los libros de texto enseñen la historia de México, ¿qué contenido y de qué modo tratarán la página 132? Una condición primera es que haya patria todavía; la segunda, que la educación básica permanezca un asunto de interés público. El resto, pertenece al tiempo.

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HAY FESTIVAL en Xalapa: Hay espacio en «¡Hay vienen!» Del 3 al 7 de octubre estará en Xalapa este festival de talla internacional que contará con la participación de artistas y escritores como Enrique Vila-Matas, premio Nobel J.M.G. Le Clèzio y Susana Baca. La revista electrónico-literaria (y)letrados está buscando colaboradores para la elaboración de un dossier e invita al público en general a participar en dicho proyecto. LINEAMIENTOS Para los textos: Nota, memoria, crónica, entrevista, reseña o crítica sin extensión mínima establecida y no superior a 3 cuartillas con interlineado de espacio y medio, en Times New Roman a 12 puntos. Favor de enviar cada colaboración en su propio documento incluyendo en el nombre o seudónimo del autor y el título. Para audiovisuales: Fotografía, archivo de audio o video, collage o cualquier otro recurso audiovisual que refleje la presencia del Hay Festival en Xalapa. La publicación de estas colaboraciones dependerá de la calidad de grabación. Una vez más, tu apoyo es vital para la realización de todos nuestros proyectos. ¡Ayúdanos a llevarlos a buen puerto! ¡Muerte al anonimato! No habrán límites en la cantidad de contribuciones por persona. Todas las colaboraciones serán recibidas en la dirección de correo electrónico yletrados@gmail.com


Alejandro Abogado de la Serna (México, D.F., 1991) desde temprana edad comienza a escribir narrativa, pero fueron sus estudios musicales lo que lo llevaron al verso, para así adentrarse de lleno en la poesía clásica a los dieciséis años. Ha sido becario por parte de la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM) y la Universidad Veracruzana (UV) para asistir al Curso de Creación Literaria para Jóvenes por tres años consecutivos (2009 - 2011). Cuenta con publicaciones en diversos medios digitales. Actualmente estudia Lengua y Literatura Inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Mariana Carbajal Rosas (Córdoba, Ver., 1985) ha vivido de saltimbanqui entre indecisiones y apasionamientos, pero en todos sus caminos ha prevalecido su amor al cine. Estudió letras para convertirse en una mejor lectora, ahora se dedica a buscar el cine desde la literatura y a aprehender el tiempo, lo que ha resultado ser una batalla campal. Nadie (Xalapa, Ver., 1990) estudia Artes Visuales en la UV. Axel Juárez (Xalapa, Ver., 1985) es melómano y diletante empedernido. Estudió Informática en la UV y ahora estudia Sociología en la misma institución. Se interesa en la investigación de fenómenos cibersociológicos, particularmente en la transformación de prácticas culturales debido al uso constante de las nuevas tecnologías de la información. Fue ganador del premio al Estudiante Universitario «Carlos Fuentes», en la categoría de ensayo, de la Feria Internacional del Libro Universitario de la UV, en 2012. Diego Andrés Reyes Rojas (Aguascalientes, Ags., 1989) cursa la carrera de Lengua y Letras Hispánicas de la UV. Fue becario del Curso de Creación Literaria para Jóvenes Xalapa en el 2010 y 2012 en Monterrey de la FLM. Publicó la plaquette Cartas desde las islas como parte de la colección 7 Pecados Capitales de la editorial Filo de Agua, además de haber sido incluido en antologías de Punto de partida y en otras revistas de circulación nacional.

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Inventario

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Geney Beltrán Félix (Culiacán, Sin., 1976) es narrador, ensayista y crítico. Obtuvo el premio José Vasconcelos en el 2002 por el libro El biógrafo de su lector, un ensayo sobre la obra de Macedonio Fernández (Tierra Adentro, 2003). También es autor de El sueño no es un refugio sino un arma (unam, 2009) y Habla de lo que sabes (Jus, 2009). Ha publicado en numerosas revistas y suplementos, como Letras Libres, Nexos, Revista de la Universidad de México, Laberinto, Luvina, Tierra Adentro, Crítica, entre otros. Cartas ajenas (Ediciones B, 2011) es su primer novela.

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Mayco Osiris Ruiz (Xalapa, Ver., 1988) es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la uv. En julio de 2011 fue seleccionado, en el rubro de poesía, para participar en el Curso de Creación Literaria para Jóvenes impartido por la flm en la ciudad de Xalapa. Algunos de sus poemas se han publicado en revistas como Literal: Latin American Voices y Punto de partida. Actualmente estudia la maestría en Literatura Mexicana en la misma universidad y prepara una tesis sobre los procesos de metaforización en la poesía de Eduardo Lizalde. Gabriela Conde (Tlaxcala, Tlax., 1979) ha publicado el libro de relatos Espejo sobre la tierra (itc-conaculta, 2004). Ha sido becaria en la categoría de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para las Culturas y las Artes (fonca) y de la flm. Textos suyos han aparecido en diversos diarios y revistas como Tierra Adentro, Marvin, Blanco Móvil, Guardagujas, Complot, Ordadrek, y Documenta Magazine, entre otros. Julia Bonilla (México, DF, 1985) Nací en la ciudad de México, sin embargo, mis primeros números y primeras letras las aprendí y comprendí en Dolores Hidalgo, Gto., fue este lugar en donde conocí a mi canta-autor preferido: José Alfredo Jiménez. De regreso a la ciudad de México cursé la enp 5 «José Vasconcelos», al concluirla me fui un año a explorar las tierras sureñas de Chiapas. Regresé al Distrito Federal para estudiar Lengua y Literaturas Hispánicas, en C.U. (Lo mejor que me ha pasado) En todo esto que he escrito tengo un fondo, una constante: el boxeo, que al igual que las letras, forman parte de mi estilo de vida. Actualmente curso un diplomado de «Creación Literaria» en la sogem. Amo la literatura brasileña. En poesía a Pizarnik, Pessoa, Bonifaz Nuño. Mi tesis de literatura va enfocada al erotismo en la(s) novela(s), Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa.


Diego Salas (Xalapa, Ver., 1984) es egresado de Underground Ad con sede en Buenos Aires, ha sido becario del fonca en 2005-2006. En 2010 publicó Andar bajo el sello de la editorial de la uv, y La caja para encender, a través del Fondo Editorial Tierra Adentro, en 2012. También publicó el relato «Gourmet» en la gaceta anual de Editorial Norma, en 2011. José Miguel Barajas García (San Andrés Tuxtla, Ver., 1983) es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas (2004-2008) y egresado de Lengua Francesa (2005-2010) por la UV. Ha colaborado en La Palabra y el Hombre, Semiosis, Este País, La Jornada Jalisco, Somorgujo, Círculo de poesía, Fundación, Adlibitum, Mexiko Kafkiano y el periódico Paideia. Textos suyos aparecen en los volúmenes Cámara nocturna. Ensayos sobre Salvador Elizondo (conaculta, 2011), La magie de l’eau. Quand l’eau fait vibrer les contes (ccc ifal, 2007) y Remolinos (uach, 2007). Actor aficionado del grupo Énfasis Teatro; adepto de la Barbomancia; Premio Nacional de Ensayo Juan Rulfo 2008. Ha sido becario de ensayo en la flm en 2010-2011 y 2011-2012 con el proyecto Vías paralelas.

Arte Gráfico Teresa Irene Barrera Figueroa (México, DF, 1981) Mayate (Portada), A bailar, que el mundo se va a acabar (4-5), Caracolito (6-7), Nel y Simón (8), Guajolotes (10-11), Como es arriba es abajo y Pajaritos (14-15), Ilustración de pescado gis (16-17), Cerro del Chiquihuite lluvia (19), Desde la azotea (20), ¡Vuela sombra del Cavernario! (22-23), Cerrito (24-25), Pez beta azul (27), Otros peces (28-29), Calamidades (38), Asimilación del mensaje (45), Bailan por las calles (47), Para que supieras (50-53) y Negrito (56).

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Edgar Omar Avilés (Morelia, Mich., 1980) es maestro en Filosofía de la Cultura y licenciado en Comunicación. Autor de cuatro libros de cuentos: Cabalgata en Duermevela (Tierra Adentro, 2011. Premio Nacional de libro de cuento Joven «Comala» 2011), Luna Cinema (Tierra Adentro, 2010. Premio Nacional de Libro de Cuento de Bellas Artes «San Luís Potosí»2008), Embrujadero (Secretaría de Cultura de Michoacán, 2010. Premio Michoacán de Libro de Cuento «Xavier Vargas Pardo» 2010) y de La Noche es Luz de un Sol Negro (Ficticia, 2007. Mención honorífica en el Premio Nacional de Libro de Cuento «Agustín Yáñez» 2004) y de una novela: Guiichi (Progreso, 2008). Becario de Jóvenes Creadores del fonca 2009-2010 y 2011-2012.

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Revista cultural emblemรกtica de la Universidad Veracruzana con mรกs de medio siglo de circulaciรณn trimestral. Visita nuestro portal en la pรกgina de la UV www.uv.mx o nuestro facebook La Palabra y el Hombre


La revista (y)letrados está buscando colaboradores e invita a las personas interesadas en la creación literaria y las artes visuales a enviar textos o arte gráfico para ser incluidos en sus siguientes números. LINEAMIENTOS Para los textos: Poesía, cuento, ensayo o alguna otra forma de expresión literaria: entrevista, crónica, reseña, dramaturgia… no sobrepasar las diez cuartillas, interlineado de espacio y medio, en Times New Roman a 12 puntos. Favor de enviar cada colaboración en su propio documento incluyendo el nombre o seudónimo del autor y el nombre de la obra. Para el arte visual: Fotografía, pintura, collage, grabado, escultura, instalación… con resolución mínima de 150 dpi, considerando el formato de la revista (20 × 24 cm) y las mismas especificaciones de envío que los textos. Como muestra (mínimo 15 imágenes), aceptamos también ligas a portafolios electrónicos. Todas las colaboraciones deberán acompañarse por una semblanza del colaborador que incluya por lo menos sus datos generales (año y lugar de nacimiento) y serán recibidas en la dirección de correo electrónico yletrados@gmail.com Búscanos en: www.facebook.com/revistayletrados www.about.me/revistayletrados

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Muerte al anonimato

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6to número / abril - agosto / 2012